CAPÍTULO 7:
Me desperté con el sonido del móvil. Abrí los ojos poco a poco y al principio, estaba un poco desorientada, sin saber exactamente dónde me encontraba. Esta no era mi habitación. Detrás de mi, noté calor y una mano que me agarraba familiarmente uno de mis pechos. Otra cosa que tampoco había cambiado, me reí para mis adentros. Veréis, es una costumbre que tiene Killian. Desde la primera vez que pasamos la noche juntos y todas y cada una de las que siguieron, siempre nos despertamos así, con él agarrándome un pecho. Yo siempre me metía con él preguntándole si tenía algún tipo de trauma infantil, si su madre no le había dado el pecho de bebé o algo así. Él siempre se hacía el ofendido y me castigaba con ataques de cosquillas en la barriga, que siempre llevaban a otras actividades matutinas mucho más placenteras.
Vi que la luz de la pantalla de mi móvil estaba encendida y traté de cogerlo de la mesilla de noche, sin mover a Killian para no despertarlo. Cuando por fin lo conseguí, vi que tenía un mensaje de mi hermano:
David: Dile a Killian que es hombre muerto. P. D: Me alegro de que estés bien. ;)
Me reí mientras lo leía y volvía a dejar el móvil, para relajarme de nuevo en los brazos de Killian. Aún era temprano, todavía podía disfrutar un ratito de estar con él, antes de tener que ir a casa y enfrentar la realidad.
Cuando justo cerré los ojos para intentar dormir de nuevo, noté como Killian se movía contra mí y me abrazaba más fuerte, a la vez que me daba un beso en la parte de atrás del cuello.
- ¿Quién demonios te manda mensajes a estas horas inhumanas de la madrugada? – me dijo con voz más de dormido que de despierto, mientras hundía su cara en mi pelo.
- Ah, ¿no te lo he dicho? Tengo un novio en Nueva York… - bromeé con él.
- Te crees muy graciosa, ¿verdad, Swan? – me dijo, pinchándome con su dedo entre las costillas.
Me reí y me giré entre sus brazos para poder verle bien la cara:
- Era mi hermano y que sepas, que ha expresado sus deseos de matarte. Prometo que no le he dado detalles, pero ha debido de deducirlo él solito – le dije entre risitas.
- Es lógico, Swan. ¿Quién en su sano juicio iba a pasar la noche en mi casa sin acostarse conmigo? – me dijo de broma, enarcando una ceja.
- ¿Es ésa tu forma de conquistar a una chica? – le dije yo haciéndome la ofendida
- A ti ya te conquisté hace años, amor, o eso espero – me dijo cambiando el tono a uno más serio, mientras me miraba fijamente a los ojos.
Levanté una mano y le acaricié la cara suavemente. Primero, sus mejillas, seguido de sus cejas, su frente, hasta llegar a sus labios, donde posé suavemente mis dedos. Él me miró con ternura y me mordió jugando un dedo, para después darme un beso en él.
- ¿Sabes qué? He echado de menos esto. Mucho.
- Y yo, Swan. Ni te lo imaginas.
Decidí que era tiempo de vacilarlo como en los viejos tiempos:
- Hacía muuucho tiempo que no me despertaba con una mano agarrándome una teta – le dije riéndome.
Él contestó gruñendo y enterrando su cabeza contra la almohada, mientras decía:
- Oh, Swan, ya estabas tardando… ya me preguntaba si se te había olvidado.
Me reí a carcajadas al verle la cara de resignación que ponía.
- Eres adorable, Jones.
- ¿Adorable, eh? Te voy a enseñar yo lo que es ser adorable – me dijo a la vez que me echaba hacia atrás en la cama y se ponía encima de mi.
Yo notaba hacía donde se dirigía esto, pero antes de que pudiese ni siquiera besarme, le pasé una pierna por encima de la cadera y nos giré en el sitio, de modo que era yo la que estaba encima ahora.
- Me parece que no, guapito. Hoy me toca a mi ser la adorable – le dije yo juguetona.
Me eché hacia delante y comencé a besarle el cuello, muy despacito, apenas rozándolo con los labios. Hice lo mismo en el otro lado, siguiendo por sus hombros, su clavícula, su pecho, hasta que Killian protestó y levantó las caderas de la cama:
- Swan, por el amor de Dios, bésame en condiciones. Me estás volviendo loco…
Puse mi cara a la altura de la suya y le aparté el pelo de la cara. Dios, qué guapísimo era. Poco a poco, me fui bajando y lo besé en los labios. Fue como un choque brutal. En el momento en que nuestros labios se juntaron, algo estalló en Killian y empezó a devorarme. Nunca nadie me había besado así. Sólo él.
Rompí el beso, ante la protesta de Killian y repetí mi camino hacia abajo. Le besé el esternón y después le di un pequeño mordisco en cada uno de los pezones. Era algo que siempre le había vuelto loco y parecía que seguía siendo así. Seguí bajando, hasta llegar a su hueso de la cadera, donde me paré y apoyé mi cara, a la vez que miraba hacia él y le decía, copiando sus palabras de la noche anterior:
- ¿Qué dices, Killian? ¿Te apetece? – le pregunté en broma mientras le tocaba suavemente su zona más sensible.
Lo escuché reír entre gemidos y decir por lo bajo:
- Ésa es mi chica, siempre aprovechando la oportunidad para devolvérmela…
No lo dejé que siguiese hablando y me puse a ello. Lo agarré entre mis manos y lo lamí de abajo a arriba, hasta llegar a la punta, donde ejercí un poco más de presión. Él no paraba de gemir. Cuando por fin lo metí en mi boca, noté como su mano se posaba en mi cabeza, apartándome el pelo de la cara, pero sin empujarme hacia él. Bajé mi cabeza una y otra vez, de arriba a abajo, ayudándome con mi mano, hasta que noté como Killian me tiraba del pelo un poco más fuerte para pararme.
- Swan, ven aquí – me dijo, con los dientes apretados.
Le hice caso y me senté montándolo a la altura de la cintura, mientras él me acaraciaba las piernas y después subía una de sus manos para juguetear con uno de mis pezones. Ahora la que gemía era yo.
- Killian, necesitamos un condón.
- Maldita sea, es cierto. En la mesilla de noche, Swan.
Le pasé rápido el preservativo, y se lo colocó rápidamente. Sin esperar más, me levanté sobre mis rodillas y agarrándolo con una mano, lo coloqué a la altura de mi vagina, bajándome poco a poco, hasta quedar unidos completamente.
En la habitación sólo se escuchaban nuestras agitadas respiraciones y nuestros gemidos y jadeos. Empezamos poco a poco a marcarnos un ritmo y de repente, Killian se incorporó y se quedó sentado, abrázandome fuertemente. Ante el cambio de ángulo, solté un grito de placer y comenzamos a movernos más rápido.
- Dios, Killian, sigue así…sigue… - dije entre jadeos.
- Swan… - dijo él muy bajito, mientras me besaba el cuello.
Poco después, ambos explotamos y gritamos de placer. Nos quedamos un rato abrazados, tratando de recobrar el aliento. Killian me acariciaba la espalda, mientras me decía al oído lo increíble que era. Me dejé caer encima de él, exhausta y me acurruqué contra su pecho.
- Ha sido increíble, Swan. Al final voy a tener que darle las gracias a tu hermano por despertarnos con su mensaje.
Solté una risotada y lo besé en los labios para que dejase de hablar.
- Shhh, Jones. Hora de dormir. Estoy agotada.
Dicho eso, ya no me contestó, simplemente me besó en la frente y me abrazó más fuerte contra su pecho.
- Te quiero – me susurró contra mi pelo, tan bajito que casi no lo escucho.
- Y yo a ti – le contesté medio dormida. – Ahora a dormir.
La próxima vez que me desperté, el sol ya entraba por la ventana del dormitorio de Killian y había algo más que era diferente: él no estaba en la cama conmigo. Por un momento, me entró el pánico y pensé que todo había sido un sueño y que él se había marchado. Respiré hondo y dejé mis miedos de lado. Me levanté de la cama y me puse la camiseta que Killian me había prestado y le cogí de su cajón unos calzoncillos para usar a modo de pantalones cortos. Me recogí el pelo como pude en una coleta y salí de la habitación para buscarlo. No me llevó mucho tiempo encontrarlo, sólo tuve que seguir el olor a comida que había en el pasillo. Llegué a la cocina y allí estaba mi chico, sin camiseta y haciéndome el desayuno. ¿Qué más se podía pedir?
Me acerqué sigilosamente y lo abracé por detrás, dándole un beso entre los omóplatos.
- Mmmm…¡qué bien huele! Guapo y aún encima, sabes cocinar. Estoy impresionada. Hace siete años no sabías hacer ni un huevo frito.
- Se aprenden muchas cosas en siete años, Swan, ya te las iré enseñando poco a poco – me contestó guiñándome un ojo, mientras se giraba para darme un beso de buenos días en condiciones.
Seguimos preparando el desayuno. Era increíble lo sincronizados que nos movíamos por la cocina, a pesar de todo el tiempo que habíamos estado separados y sin ni siquiera vernos. Cuando todo estaba listo, nos sentamos a la mesa y comenzamos a comer. Killian parecía no poder sacar las manos de encima de mí, posando una sobre mi muslo mientras comíamos y parando de vez en cuando para darme un beso.
- Dios, estoy tan enamorado de ti, Emma – me dijo muy serio, a la vez que noté como se sonrojaba. – Es como volver siete años en el tiempo.
Dejé el tenedor encima del plato y me levanté, para sentarme acto seguido en su regazo y abrazarlo fuertemente.
- Espero que sea tu forma de decirme que tú también estás enamorada de mi, Swan.
Cuando me dijo estas palabras noté un tono de inseguridad, como si por un momento tuviese miedo de que yo no le correspondiese y todo hubiese sido una noche loca y punto.
- Pues claro que estoy enamorada, Killian. Siempre has sido tú, por eso el resto de mis relaciones nunca han funcionado.
- No puedo decir que lo sienta – me dijo, con una sonrisa.
Terminamos de desayunar y nos sentamos un rato en el sofá, mientras Killian hacía el crucigrama del periódico y yo lo incordiaba, como era costumbre, poniendo el pie encima del papel, para que no pudiera leer. Me hacía mucha gracia ver como se enfurruñaba y me cogía el pie y me lo mordía jugando.
Estuvimos un rato así, deleitándonos el uno en el otro y en lo sencillo del momento, hasta que yo dije:
- Killian, estoy feliz, y por más que quiero retrasar el momento todo lo posible, es hora de que hablemos.
- Lo sé, Swan… - suspiró él dejando el periódico en la mesa. – Yo también estaba tratando de retrasarlo – dijo mientras echaba la cabeza hacia atrás, apoyándola en el respaldo del sofá.
- Ayer he hablado con Graham – comencé yo
Killian levantó la cabeza otra vez rápidamente y me miró fijamente:
- ¿Cuándo?
- Antes de venir hasta aquí. He aclarado todo con él. Hemos quedado en que seremos amigos, pero nada más.
- Ya, y seguro que él se va a conformar… - dijo él por lo bajo.
- Ey, Killian – le dije agarrándole la cara para que volviese a mirar para mi. – Estoy aquí, contigo. Graham es mi amigo, nada más. No hay nada de lo que preocuparse. Te quiero a ti.
- Dilo otra vez – me dijo acariciándome la cara. – No me canso nunca de oírtelo decir.
- Te quiero a ti, Killian Jones.
- Bueno, pues si el tema con Graham está aclarado, queda enfrentar a tu hermano – dijo pasándose una mano por el pelo de forma nerviosa.
- No te preocupes tanto, idiota. Mi hermano David te adora. A veces pienso que debería de ponerme celosa.
Me miró con tono divertido y dijo:
- Sí, sí, me adora y todo lo que tú quieras, pero te animó para que empezaras algo con Graham. No sé yo como tomarme éso…
Lo hizo porque pensó que era lo más fácil para mi. Y realmente, ser era lo más fácil. Seguir negando que sentía algo por ti y empezar algo con Graham. Pero, lo más fácil no siempre es lo mejor. Y yo he tomado una decisión y quiero estar contigo, y mi hermano David nos va a apoyar. Estoy segura. Y aunque no lo apoyase, soy mayorcita y tomo mis propias decisiones – dije muy seria.
- Me encanta cuando hablas así. Me pones tanto… - me dijo él juguetón, intentando recostarme contra el sofá y colocarse encima de mí.
- Ah, no, no. Sé lo que estás intentando hacer y no te va a funcionar – le dije yo, empujándolo suavemente e incorporándome otra vez. – No vas a distraerme con sexo para no seguir hablando – le dije apuntándolo amenzadora con mi dedo índice.
- Está bien, Swan, está bien. Seguiremos hablando, pero que sepas que eres una aguafiestas – me dijo poniendo pucheritos.
- Una vez aclarado todo con Graham y comunicándole las noticias a David, sólo queda una persona con la que debemos hablar: Milah.
- ¿Qué pasa con ella? Yo ya he hablado con ella hace un par de días y lo hemos dejado.
- Killian, os íbais a casar en seis meses. Se merece una conversación seria. Tienes que hablar con ella. Prométemelo.
- Te lo prometo, Swan. Dios, ¿cómo haces para que me vea incapaz de negarte nada? – me preguntó, riéndose.
- Un mago nunca revela sus secretos – le contesté bromeando. – Bien, ahora que ya está todo hablado, creo que tenemos unos minutos para relajarnos un ratito y me gustaba el plan que intentaste hace un ratito – le dije echándome hacia atrás.
- ¿Lo ves, Swan? Esto tampoco te lo voy a negar.
Riéndonos, nos acostamos en el sofá y comenzamos a besarnos. Al final lo que iban a ser unos minutos de "relajación", terminaron siendo un par de horas, hasta que decidimos comportarnos como gente respetable y vestirnos para ir a hablar con mi hermano David y Mary Margaret. ¡Esto iba a ser digno de ver!
