Especial: San Valentín


Silvia y Setsuna: *Forever Alone*

Basado en Luz


Sigyn & Steve

Habían llegado hace poco tiempo desde Asgard. Había pasado un mes desde la última batalla y el Capitán paseaba nervioso por la Torre.

'Haz que tenga un buen momento' Eran las palabras que resonaban en su mente. Las instrucciones que la castaña le había dado eran claras. Hacer que Sigyn tuviera un buen momento durante esa fecha, considerada especial entre las parejas.

El problema del patriota es que nunca había celebrado esa fecha con nadie y no tenía idea sobre qué hacer. Había conocido a Sigyn en Asgard y se habían limitado a hacer cosas… Asgardianas.

Tal vez sacarla a pasear en la moto sería una buena idea. Que conociera el lugar y conocerse más ellos.

La tomó por sorpresa y le indicó que lo acompañara. La Diosa, temerosa, accedió y se subió a esa usual maquina utilizada para transportarse. Mientras recorrían la ciudad durante el atardecer, Sigyn fijó la vista en un lugar que le llamó la atención. Un club de baile.

-¿Qué es eso? ¿Podemos ir, Steve?- Preguntó la rubia, haciendo que el patriota detuviera su moto frente al Club.

Su mirada melancólica apareció en el instante. Era un club de baile, sí. Pero ambientado curiosamente, en su época. Con música de su época.

-¿Steve?- Volvió a preguntar la Diosa, viendo la expresión que tenía el Capitán.

-No pasa nada, Gyn – Respondió el patriota, sonriéndole a la rubia. Steve dejó la motocicleta en el pequeño estacionamiento del lugar y ambos, tomados de la mano, entraron al Club.

Steve pagó la entrada de ambos mientras Sigyn observaba maravillada el ambiente. Ese lugar era totalmente diferente a la Torre Stark e incluso, se le hacía parecido a Asgard.

Se dieron cuenta que el lugar estaba dividido en tres partes. Una para cenar, otra algo parecido a una sala de estar y la tercera, la pista de baile.

El lugar estaba casi vacío y la mayoría eran parejas de todas las edades compartiendo por San Valentín.

Luego de cenar y descansar apropiadamente, ambos compartieron una copa de champagne y se dirigieron a la pista. Eran el centro de atención, ambos rubios, altos y guapos.

Comenzaron un suave baile, Steve tomando la mano y la cadera de Sigyn, manteniendo la distancia. Era un baile algo extraño para la Diosa, pero le gustaba ver así de contento a Steve.

-No sabía que bailaras tan bien- Soltó el patriota haciendo reír a la rubia.

-En Asgard es costumbre saber bailar. Hay muchas formalidades- Respondió la Diosa - ¿Y tú? ¿Dónde aprendiste?-

-… En Asgard también. Pero fue por obligación y me enseñó alguien de aquí – Contestó - ¿Te gustó todo esto?-

-Sí, el lugar es agradable. Y la compañía- Respondió la rubia haciendo que el Capitán se sonrojara un poco.

La música cambio a una aún más lenta, por lo que Steve acercó a la rubia a su cuerpo, bailando totalmente juntos.

-Esta es una celebración muy bonita. Se me conoce como la Diosa de la Fidelidad y me siento muy a gusto celebrándola contigo, Steve- Soltó la rubia apoyando la cabeza en el pecho del patriota. Pudo sentir como los latidos del Capitán eran fuertes y rápidos.

-Me alegra demasiado escuchar eso- Comentó Steve.

Se quedaron ahí hasta que el lugar cerró. Cuando salieron de Club y fueron en dirección a la moto, el capitán delicadamente tomó el mentón de la rubia depositando un tierno beso en sus labios.

Sigyn había cambiado su mundo completamente. Y estaba seguro que esa sensación existiría por siempre.


Pepper & Tony

El genio llevaba todo el día esperando a Pepper en el departamento. Tony había terminado su trabajo y papeleo diario antes de tiempo para darle una sorpresa, pero ella no llegaba. Decidió tomar su teléfono móvil y llamarla un tanto exasperado.

-Estoy de camino a casa ¿Qué sucede?- Preguntó la CEO con voz agotada.

-Nada, Pep. Solo que me prometiste que llegarías temprano- Reprochó el genio.

-¿En serio, Tony? Si yo empezara a reclamarte…- Suspiró.

-Solo apresúrate- Bufó al cortar la llamada.

Maldijo por lo bajo y supuso que toda la Torre estaría haciendo cosas ridículas de pareja ese día. Y también supuso que él era el único esperando como idiota a su dama. Revisó que cada detalle estuviera perfecto, aunque no acostumbraba a hacer esas cosas, la CEO había demostrado que se lo merecía. Que ellos se lo merecían.

Pepper entró al piso con la mirada cansada y luego de besar los labios del genio, puso las manos en su cintura y levantó una ceja.

-¿Qué? Es fondue, Pep. Pan y queso. Y vino- Soltó Tony rodando los ojos.

-Se perfectamente lo que es un fondue, Tony – Bufó - ¿Pero… tu… esto?- Preguntó.

-Cámbiate de ropa y vuelve aquí. Y no cuestiones lo que hago- Respondió cerrando los ojos.

La pelirroja solo asintió y fue a quitarse esos malditos tacones. Y el traje formal al cual ya se había acostumbrado, cambiándolo por ropa casual.

Cuando volvió al salón del departamento, se encontró las luces apagadas y a Tony sentado en la alfombra, apoyado en uno de los sillones mirándola como si fuera a capturar una presa.

El genio le sirvió una copa de vino mientras ella se acomodaba a su lado, mirando la luz de las velas que apenas alumbraban el lugar.

-Quien diría que terminaríamos así ¿No, Pep?- Soltó Tony riendo suavemente.

-Nadie, luego de que saque la basura muchas veces…- Respondió irónica.

-Oh, vamos. Siempre fuiste tú. Y muy a mi pesar, supongo que lo serás siempre- Devolvió con sarcasmo el genio, haciendo que la pelirroja sonriera.

-Gracias por esto- Dijo Pepper sonriendo.

-Han sido años de aguantar al genio, billonario, playboy y filántropo... – Respondió el, bebiendo un largo trago de vino.

-Los años más largos de mi vida, Señor Stark- Comentó la pelirroja.

El genio rió y tomo un trozo de pan, lo unto en queso y se lo dio a Pepper. Ella abrió la boca y dejó que el la mimara.

-Sabes, Pep… cuando pensé en lo del fondue… casi… traigo uno de fresas con chocolate- Confesó el genio desviando la mirada. Pepper suspiró, Tony nunca cambiaría.

-No sabes lo mucho que valoro que recuerdes algo de tu esposa, Tony- Rió la pelirroja.

Chocaron nuevamente sus copas y rieron. Comieron y disfrutaron del ambiente tan cálido que se había formado.

Tony abrazó a Pepper por sobre el hombro y ella se apoyó en él. La mente del genio divagaba ¿Cómo había tardado tanto en darse cuenta que Virginia era prácticamente, la mujer hecha para él?

Por lo menos, desde el día en que comenzaron a salir y por el resto de sus días, Pepper era suya.


Jane & Thor

El Dios del Trueno no acababa de entender lo que Bruce Banner le había dicho ¿En Midgard se celebraba un día especial con la pareja… y ese día era hoy?

Tomó su teléfono móvil (el cual a duras penas sabia usar) y marcó el número de Jane. La astrofísica se encontraba en plena investigación junto a Selvig pero le dedicó un momento a Thor.

-¿Si?- Preguntó ella.

-Jane, me han informado que hoy es un día especial. Quiero pasarlo contigo ¿Puedes?- Preguntó el rubio haciendo que Jane soltara una risita.

-Estoy trabajando, Thor ¿Es necesario?- Preguntó la astrofísica.

-Por supuesto- Respondió el rubio sonriendo. A Jane se le encogió un poco el corazón y accedió.

-Está bien. Te espero aquí en una hora- Dijo la astrofísica cortando la llamada y explicándole la curiosa situación a sus compañeros de trabajo.

Jane había aceptado, eso era bueno ¿Pero qué harían? A su mente solo se le venían ideas vagas, una cena juntos, un paseo…

Asgard.

Esperó a que la hora midgardiana pasara y tomó su martillo, partiendo en búsqueda de Jane. Caminó un poco hasta llegar al remolque de la astrofísica, encontrándola ahí, sentada y bebiendo café.

-¿Cómo estás?- Saludó Jane sonriendo. El rubio tomo la mano de ella, besándola.

-Bastante bien- Respondió Thor – Guarda en tu bolso lo que necesites para dibujar, iremos a dar un paseo- Agregó.

-¿Dónde?- Preguntó Jane haciendo lo que el rubio había pedido. Al no recibir respuesta, le dedico una mirada un tanto seria.

-Asgard- Contestó. La tomó por la cintura y llamó a Heimdall – Queremos ir a Asgard-

Y el dichoso remolino los tragó, apareciendo en el Bifrost ya reconstruido.

-¿Recuerdas cuando te dije que te traería aquí? Ahora está reconstruido, así que puedes verlo mejor. Y dibujarlo, si quieres- Comentó el rubio sacando una gran sonrisa en la astrofísica.

-Esto es… maravilloso- Dijo Jane mientras recorría el puente-arcoíris. Ya no estaba quebrado como la última vez que lo vio. Ahora estaba completo, con los colores más bellos del mundo y con lo que supuso, sería el lugar para viajar entre un mundo y otro.

El rubio la veía caminar de aquí para allá, sonriendo en todo momento, tomando notas y dibujando. Tal cual como la había conocido.

La astrofísica se sentó en el borde del puente, dejando los pies en el aire. Thor se sentó a su lado mientras veía como sonreía y seguía dibujando Asgard.

-Tengo un poco de hambre- Comentó ella.

-¿Quieres ir al castillo? Prepararé algo- Respondió el rubio poniéndose de pie, extendiendo la mano para ayudar a Jane, la que asintió suavemente.

Mientras caminaban a la cocina del castillo ante la mirada curiosa de algunos Asgardianos, ellos platicaban felices.

Thor sorprendió a Jane con una deliciosa comida, la que disfrutaron amenamente. Cuando terminaron, fueron a la habitación de Thor para descansar.

-Me has regalado un día perfecto, gracias- Dijo la astrofísica abrazando suavemente al rubio, haciendo que este sonriera alegremente.

Durante ese abrazo todo lo sucedido se le vino a la mente. Tuvo que pasar por el exilio para conocer a aquella maravillosa mujer. Y no le molestaría pasar por eso de nuevo siempre y cuando tuviera a Jane a su lado.

El abrazo culminó con el delicado beso que Jane le dio, pero que el intensificó guiándola hacia la cama, en donde el rubio la amó como si fuera la primera vez.


Betty & Bruce

Luego de decirle a Thor e intentar explicarle lo que el día significaba ¿Qué haría el? Betty estaba lejos, bastante lejos y asumió que pasaría ese día… solo.

Habían estado conversando a través de mensajes casi toda la mañana y a medio día, la espía le dio una sorpresa. Le cubrió los ojos con las manos y susurró en el oído del doctor:

-Sorpresa-

-¿Be… Betty?- Murmuró el doctor.

-Tengo la tarde libre- Comentó la espía. Quitó sus manos de la cara del doctor y delicadamente se sentó sobre su regazo, pegando su frente con la de él - ¿Qué quieres hacer?-

Bruce suspiró. No se sentía animado para nada, investigar mañana tarde y noche lo estaba agotando. Le sonrió y se encogió de hombros, esperando que ella propusiera algo.

Betty ladeó un poco la cabeza. Quería saber que estaba pasando por el cerebro de su pareja, pero no lo conseguía. Las marcadas ojeras del doctor le dieron una pequeña idea, que tal vez, sería el mejor regalo juntos que podrían tener.

Tranquilidad.

-No hay nadie más en la Torre trabajando. Solo estas tú, los demás tuvieron misiones- Suspiró la espía. Le tomo la mano, haciendo que se pusieran de pie, para caminar hasta el elevador y subir hasta el piso en donde convivían todos los Vengadores.

Entraron y efectivamente, no había nadie. Betty comenzó a sacar cosas del congelador para preparar algo especial para Bruce, mientras que el doctor la observaba minuciosamente. Tan pequeña. Tan perfecta. Y a pesar de todo lo que habían vivido, seguían juntos.

Al terminar, ella preparó la mesa y sirvió dos abundantes platos de comida. Se sentaron juntos mientras conversaban alegremente de banalidades, la chica distrayendo al doctor de sus actividades diarias, esperando que por un minuto, dejara de pensar.

Luego estuvieron abrazados por largo rato en uno de los amplios sillones de la sala de estar, hasta que de manera pretenciosa, Betty se puso de pie y camino hasta la habitación del doctor.

Ambos tenían miedo.

Pero él la siguió. Y poco a poco fueron fundiéndose en un beso tan apasionado que el doctor casi rompe la puerta de su recamara de una patada, para cerrarla. Literalmente se lanzó sobre ella y recorrió el cuerpo de Betty con sus labios, hasta que el condenado reloj de pulsera comenzó a sonar por los latidos agitados de Bruce. La espía tomó el aparato y lo lanzó lejos, dando rienda suelta a lo que estaban a punto de hacer.

Bruce ya no tenía por qué preocuparse. Ellos ya no tenían de que preocuparse,

Ya cuando las sabanas de la cama se enredaron entre sus piernas, el doctor soltó un suspiro que llenó el lugar e hizo que su pareja riera sonoramente. Bruce bufó, pero Betty se acomodó para abrazar al doctor de manera que escuchara sus latidos. Él cerró los ojos, apoyándose en el pecho de la espía, deleitándose con esa tranquilidad que ella le entregaba.

Hasta que se durmió profundamente.

El sueño más reparador que había tenido en mucho tiempo.


Natasha & Clint

La espía y el arquero estaban en una misión fuera del país. Alejados por cientos de kilómetros, cada cierto tiempo Clint la molestaba por medio de los intercomunicadores.

-Nat ¿Crees que hoy llegues temprano?- Preguntó el arquero en medio de su misión. Estaba en Latinoamérica, investigando (más bien, vigilando a la distancia) a una persona bastante poderosa que había hecho un viaje hasta allí.

-No lo sé, Barton- Suspiró Natasha. Estaba en Asia, sacándole información a un tipo que solía investigar a Bruce, para despistarlo totalmente.

-Señores ¿Pueden dejar de jugar con los aparatos y trabajar?-

Fury hizo que los dos soltaran un suspiro y volvieran a lo suyo. Por su parte, Clint siguió hablándole a Natasha hasta que la espía no contestó más. Se preocupó, ni siquiera le había dicho que estaba ocupada o que ya no podía contestarle.

Pero insistirle a la pelirroja sería una pelea segura cuando se vieran, así que se limitó a seguir con su trabajo y terminarlo lo antes posible para tener un momento agradable con ella. En cuanto a la persona que estaba siguiendo tomó un avión hasta Los Ángeles, dio por finalizada su misión y se subió a un jet, que piloteó hasta una base de SHIELD y luego condujo su automóvil hasta la Torre Stark.

Ya era de noche. Estaba oscuro. En una parada. Vio una pequeña tienda de flores, en donde había un ramo bastante grande con una variedad de rosas. Y a pesar de que siempre evitaba ese tipo de cosas, ese era un día especial y ¿Por qué no?

Las compró todas.

Blancas, rosadas, rojas, azules, negras. Todas adornaban un ramo gigantesco que estaría orgulloso de entregarle a la chica que le había dado tantos problemas, a la que salvó de un fatal destino y a la mujer que actualmente amaba con todo su corazón.

Las acomodó en la habitación de Natasha y esperó ahí. Las horas pasaban, ya era de madrugada, casi las 3 am. Y la pelirroja no llegaba. Trató de no ser víctima del sueño, pero los parpados le pesaban cada vez más y no pudo evitar dormirse sentado en el suelo a los pies de la cama de la espía.

Cuando ella llegó, venía con una caja de pizza en la mano, para cenar junto a Clint. Pero se lo encontró roncando, lo que causo que riera suavemente y se sentara junto a él.

-Barton- Susurró en el oído del arquero. Este despertó abruptamente, sonriendo, pero cambió su expresión al ver que Natasha tenía un corte en la mejilla. Se puso de pie rápidamente, fue en búsqueda de un poco de alcohol y una toalla para limpiar. Delicadamente sano la herida de la espía, viendo que esta se quejaba un poco por el ardor que provocaba el líquido y sonrió.

-Huele bien- Bromeó el arquero al terminar, apuntando la caja de pizza. Ella la abrió y le dio un trozo a Clint. Comieron en silencio hasta que ella se puso de pie para acostarse y dormir. Pero se encontró con la sorpresa.

Clint había llenado la cama con las rosas que había comprado. Era precioso, pero se ocultaría como siempre tras su máscara de seriedad y dureza.

-Barton…- Murmuró. Pero el arquero no la dejo continuar, porque la besó rápidamente para después abrazarla unos largos minutos.

Hasta que ella se rindió y devolvió el abrazo, escondiéndose en el cuello de él, ocultando su sonrisa.


Coni & Loki

Loki había estado solo todo el día. Estaba atardeciendo y recorría los pasillos de la Torre pero no se encontraba con nadie, hasta que el mayor de los hermanos Stark apareció ante su mirada.

-¡Stark!- Lo llamó. El genio se giró para ver al Dios, que estaba con su armadura y el casco puesto.

-Sácate eso aquí, Reno- Bromeó Tony sonriendo. El pelinegro rodó los ojos - ¿Qué harán hoy? ¿Procrear? – El genio al ver la expresión casi horrorizada de Loki se largó a reír – Vamos, hoy es San Valentín- Suspiró.

-¿Qué?- Preguntó el pelinegro. El genio arqueó una ceja y sacó su teléfono móvil, buscando en Wikipedia que era San Valentín para que así Loki lo leyera. Le entregó el aparato al Dios, quien leía rápidamente.

Día en la que las parejas de enamorados expresan su amor y cariño mutuamente.

-¿Y? – Preguntó Tony.

- No lo creo, Stark- Respondió el pelinegro – Ni ella ni yo tenemos tiempo para esas estupideces- Bufó. Pero el genio se cruzó de brazos con esa respuesta. Como si no conociera a su hermana, que se volvía loca con ese tipo de celebraciones y ahí iba el Reno opacándolo como siempre.

-No quiero saber que mi hermana pasó un mal rato por tu culpa ¿Quedo claro?- Gruñó Tony dejando solo al pelinegro. Este volvió a su apariencia normal, una remera negra y pantalones del mismo color.

Le dio miles de vueltas a lo que Stark le había dicho. Como siempre, fue a parar a la habitación de la castaña hasta que esta llegara para dormir juntos, como todos los días. Los ventanales de la habitación mostraban una ambientación invernal, una tormenta de nieve, que a Coni tanto le gustaba.

Y a pesar de que fuera también estaba nevando, a ella le gustaba algo más intenso. Casi destructivo.

Nieve.

Jotunheim.

Esa era la idea más absurda que había pasado por su cabeza en toda su vida ¿De verdad llevaría a su mujer a una tierra en donde seguramente los asesinarían?

O tal vez no era tan absurdo, con un poco de magia. Y su mente paró en seco ante la realidad. Ella todavía no era su mujer.

Sus pensamientos fueron disipados cuando la vio entrar a la habitación. Estaba vestida completamente de blanco y tenía puesto un sombrero bastante extraño, el que Coni quitó y lanzó en un rincón del lugar, para luego suspirar y lanzarse sobre la cama.

-Tu cara. Es mi traje de Chef… pasé todo el día infiltrada en una universidad de California buscando a mutantes, pero no encontré nada. El Jet de SHIELD no llegaba, pensé en venir volando, pero no podía. Estoy agotada… dormite todo el viaje y mi cerebro a penas funciona. Ni siquiera pensé en usar magia- Suspiró.

Loki rió ante ese comentario y la abrazó por sobre el hombro. Entendía sus quejas y que no estuviera acostumbrada a la magia. Se puso de pie y la vistió con la armadura de Asgard que habían preparado para ella. Harían un corto viaje, más que nada, para distraerla.

-Vas a tener que usarla ahora. No te separes de mí hasta que yo lo diga- Ordenó el pelinegro. Ella se puso de pie y asintió, tomándole la mano.

Calidez.

Loki cerró los ojos para concentrarse y ambos aparecieron en Jotunheim, en un bosque que había conocido la última vez que estuvo ahí. Con el cetro hizo un campo de energía para ser indetectables por un par de horas. Cuando abrió los ojos, vio como Coni estaba boquiabierta y apretaba su mano fuertemente.

El ambiente era hermoso a ojos de la castaña. Sentía como los copos de nieve la golpeaban. El lugar estaba congelado, los arboles eran los más blancos que había visto. Y el prado en el que supuso que estaban, parecía un lugar lleno de pureza.

Loki soltó su mano, dándole a entender a la castaña que ya podía separarse un poco. Ella camino suavemente hasta quedar bajo un gran árbol cubierto de nieve.

Todo el cansancio, el estrés y el agotamiento mental se habían ido al demonio. Ahora estaba como una niña pequeña recorriendo el lugar.

La siguió hasta que el bosque terminaba y comenzaba un lugar llano pero que era igual de blanco que el anterior. Cuando se dio cuenta, la armadura de Coni estaba desapareciendo.

¿Acaso se iba a desnudar…ahí? Titubeo un minuto antes de acercarse más, pero vio como las alas negras comenzaban a salir de su espalda.

Verla transformarse lentamente era el privilegio más grande que le había tocado. Normalmente solo aparecía un destello de luz y ella ya estaba luchando. Pero esta vez vio cómo su cuerpo cambiaba completamente, la armadura se adaptaba a su cuerpo, las alas se extendían majestuosas ante la tormenta.

-¿No crees que aquí hace demasiado frío para estar… así?- Bufó Loki al ver como la armadura cubría poco y nada del cuerpo de la castaña.

-Es el primer lugar en donde siento esto - Murmuró Coni – Gracias…- Agregó sonriendo.

Esa sonrisa hizo que olvidara lo helado que estaba el lugar. La calidez que Coni le entregaba por medio de sus sonrisas o sus miradas lo hacía sentirse como un imbécil. Si no hubiera sido por ella, su suerte no sería la misma.

-¡Loki! Eso… ¿Es un gigante de Hielo? Tenemos que irnos. Ahora- Murmuró la castaña volviendo a la normalidad, tomando la mano nuevamente del pelinegro, quien se concentraba mientras aparecían en la habitación de Coni.

El pelinegro podía escuchar como el corazón de ella explotaría en cualquier momento, por lo que instintivamente la abrazó. Escuchaba como le reprochaba haberla llevado a Jotunheim sin avisarle, por el gigante de hielo y agradeciéndole por el momento y el paisaje perfecto.

En el momento que sintió que la castaña se había tranquilizado, rompió el abrazo para besar su frente, su nariz, sus mejillas, haciendo que se estremeciera ante su mirada.

Si él provocaba que ella se estremeciera así con una simple acción, definitivamente... ella era su mujer.


¡Hola! Este capitulo salió de la nada por la fecha. Esperamos que lo disfruten como siempre y por cierto, pueden seguir pidiendo capítulos... Agradecemos los reviews y las visitas y nos leemos en el ClintPeterTasha!


*Espacio publicitario para Setsuna* Comenzé a escribir un fanfic de Harry Potter llamado Destino. Pueden encontrarlo en la seccion correspondiente o buscarlo en mi perfil. Si les gusta me dejan algun comentario ¿Si?