7

El aterrador mensaje

-¿Cómo dice? - preguntaba Alan, convencido de que no había oído bien.

-Que cómo lo has logrado - repitió Snape, mirándolo con impaciencia. -Eso es magia defensiva bastante avanzada, Alan, ejecutar un hechizo tan ágilmente. ¿Dónde has aprendido eso? - Snape veía a Alan con interés.

-Me lo enseñó Alexa, profesor - respondió Alan, nervioso. No sabía si lo que acababa de decir metería a Alexa en problemas.

-¿Y dónde lo ha aprendido ella? - el interés de Snape iba en aumento. Parecía un comerciante en una subasta al que le mostraban un jugoso artículo.

-No lo sé, señor, supongo que lo leyó y lo practicó… - dijo Alan, ya un poco más tranquilo. Si algo era seguro, era que, por la cara de Snape, no castigarían a nadie, nuevamente.

El profesor retiró su mirada de Alan y escribió algo en un pergamino, y a Alan se le encogieron las tripas. Intentó asomarse por un lado para ver si conseguía averiguar lo que era, porque bien podía ser una nota para la profesora de herbología, informándole que debía castigar a Alexa, o podía ser una nota para el director de Hogwarts, informándole que Alexa debía ser suspendida. Este pensamiento agobió al muchacho: si expulsaban a Alexa, Alan no tendría a nadie con quien hablar, pues Ginny probablemente habría hablado con su hermano Ron o con Hermione Granger y la habían convencido de que no hablara con él… Pero mientras Alan digería esto, Snape dijo:

-Entrégale esto al señor Malfoy, Alan. Él sabrá que hacer con esto.

El chico tomó la nota envuelta en un rollo, y aunque Malfoy no pintaba en absoluto con lo que estaba pensando, Alan preguntó:

-Señor… ¿Qué es esto? - Alan observó al profesor con miedo, y Snape debió haberlo notado, porque de inmediato dijo:

-Tranquilo, Alan, no tiene nada que ver con la señorita Longbridge. Es una nota para el equipo de Quidditch de Slytherin. Malfoy es su nuevo buscador. - reveló Snape con un dejo de orgullo en su voz.

Alan sintió cómo su miedo se drenaba rápidamente, y se fue calmando hasta el punto en el que sonrió.

-De acuerdo, profesor - dijo, como siempre, antes de retirarse.

Minutos más tarde, en la sala común de Slytherin, Alan le entregó el rollo de pergamino a Malfoy, quien no le agradeció. Al contrario, casi se lo arrebata de las manos.

Alan se alejó mientras Malfoy gritaba de alegría y los gorilas que tenía por compañeros lo felicitaban. Alan asumió que lo que le dijo el profesor Snape era verdad, y se fue a su cuarto, mucho más tranquilo.

Unos días más tarde, Alan y Alexa salían hacia los jardines y escucharon una conversación potencialmente perturbadora.

Vieron a los del equipo de Quidditch de Gryffindor (acompañados de Ron Weasley y Hermione Granger) hablando con los del equipo de Quidditch de Slytherin.

-Tranquilo, Wood, tengo una nota. - decía el capitán del equipo de Slytherin. - "Yo, Severus Snape, concedo permiso al equipo de Slytherin para entrenar hoy en el campo de Quidditch debido a su necesidad de entrenar a su nuevo buscador." - le leyó al capitán de Gryffindor.

-¿Tienes un buscador nuevo? - preguntó éste, altanero. -¿Quién?

Y entonces observaron a Draco Malfoy salir desde atrás de todos los jugadores.

-Por eso estaba feliz la otra noche cuando entré en la sala común de Slytherin - le susurró Alan a Alexa. -Le han permitido la entrada al equipo de Quidditch. Supongo que le tenía tantos celos a Harry Potter que sobornó a todo el equipo para que lo dejaran entrar - especuló, aunque Alan no tardó en darse cuenta de que tenía razón; el equipo de Slytherin les mostró siete escobas nuevas que, según el capitán de Slytherin, eran del mes pasado, el último modelo que salió.

-Un generoso regalo de parte del padre de Draco - alardeó el capitán de Slytherin.

-¿A que son bonitas? - le oyeron decir a Malfoy con su típica voz socarrona. - Si el equipo de Gryffindor subasta sus viejas Barredoras 5, puede que consigan suficiente oro para conseguir escobas nuevas. He oído que los museos pagan mucho por ellas.

Los de Slytherin se partían de risa.

-¡Pero en el equipo de Gryffindor nadie ha tenido que comprar su entrada! - terció Hermione desde atrás. - Todos entraron por su valía y esfuerzo.

Malfoy se le acercó con cara de pocos amigos.

-¡Nadie pidió tu opinión, sangre sucia inmunda!

Todo el mundo se paralizó. Incluso Alan y Alexa, que estaban unos metros más allá, se veían incómodos.

El momento en el que Malfoy y Hermione se veían se prolongó por más tiempo del debido, hasta que Ron salió desde atrás, sacó su destrozada varita y gritó:

-¡Pagarás por eso, Malfoy! - le apuntó a la cara del rubio. - ¡Come babosas! - Ron sacudió su varita, pero aparentemente su hechizo se había vuelto contra él, porque el pelirrojo salió disparado hacia atrás con un haz de luz verde.

Alan y Alexa quisieron acercarse, pero cuando notaron que Ron empezaba a escupir babosas, decidieron alejarse lo más posible de él.

-¿Qué le habrá pasado a Ron? - preguntó Alexa extrañada.

-No lo sé, pero cómo me hubiera gustado que hubiese acertado. - gruñó Alan. - Malfoy no debería decir esas cosas. Pobre Granger…

Al pronunciar aquellas palabras, Alan sintió que la mirada asesina, envenenada y maléfica de Alexa le carcomía las tripas, y añadió en un susurro:

-¡Alexa, Malfoy la llamó "sangre sucia"!

Pero en lugar de mejorar la situación, lo que hacía era empeorarla.

-Y te sientes triste por tu querida Granger, ¿no? - chilló Alexa.

Aquello pareció contrariar un poco a Alan, y ambos se detuvieron en una esquina de un corredor, cuando Alan acorraló a la chica, que lo miraba molesta, contra la pared.

-Alexa - empezó Alan calmadamente. - Por favor, no vuelvas a decir algo así. - el chico le dedicó una mirada seria y penetrante, y los ojos azules de Alexa parecían dejar atrás el enojo con el que veían al muchacho. Ese era uno de los dotes que Alan tenía para calmar a la gente: su penetrante mirada y unas palabras de cortesía. - Además…

Se cortó allí. Alguien se aproximaba. Alan y Alexa se apresuraron a esconderse detrás de la esquina del muro. Sin embargo, vieron que era Ginny que se aproximaba con el diario en la mano, y caminaba lentamente y con la mirada perdida. Parecía que estaba en una especie de trance. Llevaba algo que Alan y Alexa reconocieron como la gata del conserje. Dicho animal se veía tan estático que, o estaba muerto, o paralizado.

-¿Ginny? - se extrañó Alexa. -¿Qué hace ella aquí?

Alan también iba a hacer esa pregunta, pero de repente vieron cómo Ginny posaba sus dedos sobre la pared y los movía, como si estuviera escribiendo. Se asomaron un poco para ver mejor y lo que vieron los aterró: la pelirroja parecía estar escribiendo con su propia sangre. Alan y Alexa vieron que el mensaje rezaba:

LA CÁMARA DE LOS SECRETOS HA SIDO ABIERTA.

TEMAN, ENEMIGOS DEL HEREDERO.

Alan y Alexa volvían a esconderse detrás del muro.

-¿Qué demonios ha sido eso? - decía Alexa.

-No lo sé, pero sea lo que sea, es algo horrible. Tenemos que contárselo a alguien - aconsejó Alan.

-¿Estás loco? ¡Van a creer que estuvimos implicados! - susurró la chica.

-¿Qué te hace pensar eso? - preguntó el chico.

Pero Alexa no tuvo tiempo de responder, porque en ese momento, una varita le apuntaba a Alexa a la cara. Alan volteó y observó a Ginny, varita en ristre, y la cara un tanto desencajada.

-¿Qué estás haciendo? - dijo él, pero en lugar de responder, la chica les lanzó un hechizo. Alan y Alexa consiguieron evadirlo y sacar sus varitas a la vez que ambos gritaban juntos:

-¡Expelliarmus!

El hechizo de Alan le quitó la varita de la mano a Ginny, pero el de Alexa la impulsó hacia atrás y le golpeó la cabeza contra la pared. Ginny cayó al piso inconsciente.

Alan miró a Alexa aterrado. Si los encontraban allí… Las circunstancias parecían lo suficientemente sospechosas como para que los expulsaran a los dos: un mensaje aterrador en la pared, ambos con sus varitas en ristre y Ginny inconsciente. Así que a Alan sólo se le ocurrió levantar a Ginny y llevársela junto con Alexa hasta la enfermería.

-¿Qué le ha pasado? - chilló la señora Pomfrey cuando éstos entraron en la enfermería.

Alan y Alexa se miraron.

-Tropezó - mintió Alan casi al instante - y se golpeó la cabeza.

La señora Pomfrey colocó a Ginny en una camilla y cuando se retiró, Alan y Alexa volvían a mirarse.

-Tenemos que contárselo a alguien, Alexa - decía el muchacho con severidad.

-¿Pero a quién? - preguntó.

Alan se lo pensó por un momento y luego respondió:

-Iré a contárselo al profesor Snape. Él nunca hace muchas preguntas.