¡Lo acabé! ¡Yeey! Quería subir ésto desde ayer pero el mundo conspiró en mi contra. Pero pues ya ven, entonces lo traigo un 24 de diciembre y sólo puedo decir ¡Feliz Snoggletog! :3

Espero que lo disfruten. Éste va con temática navideña. Es en viñetas. Capítulo único.

P.S. Agregué un párrafo extra al capítulo anterior de "El Acertijo", por si alguien se quiere pasar a leerlo. Es pequeñito, pero fue para dejar bien en claro que el final era ese y ya se acababa :)


Tradición

Categoría: HTTYD

Género: Romance, Modern AU.

Clasificación: K

Palabras: 2991

Paring: Hiccstrid

One-shot en Viñetas

Del "Especial Snoggletog Secreto" para el Foro Canciones del Antiguo Berk. Intercambio de regalos con YouDisloyalBastard, que pidió (copio y pego) "me gustaría que incluyera algo relacionado con superhéroes, una fiesta, y por supuesto, beso bajo el muérdago, Hiccstrid :3" También mencionó que lo quería AU.

Resumen: Hiccup y Astrid tienen su propia tradición navideña, empezó cuando tenían 5 años en el jardín de niños y ha continuado hasta la fecha.


Las fiestas decembrinas han sido una tradición desde tiempos inmemoriales. No importa la religión que se practique, lo importante es pasar tiempo con los familiares y amigos. Además de tener una excusa para comer hasta hartarse.

Algunas personas crean sus propias tradiciones navideñas por su cuenta, como leer un buen libro al calor de la hoguera mientras los copos de nieve caen afuera y se acumulan en el quicio de la ventana. O quizá preparar cierta comida con la irremplazable receta de la abuela. Sea cual sea la tradición, lo cierto es que en la isla de Berk, no faltaba ninguna. Había tradiciones navideñas hasta para repetir.

Hiccup nunca pensó que él desarrollaría su propia tradición navideña con la niña rubia que cargaba un hacha de juguete para todos lados en el jardín de niños.

Todo comenzó la fiesta de Navidad cuando tenía cinco años. No era Navidad, desde luego, era el último día antes de salir de vacaciones. La profesora había dicho que podían acudir vestidos con pijamas y verían películas de renos y muñecos de nieve todo el día comiendo galletas y tomando chocolate caliente. No habría clases. Para un infante de esa edad, era el paraíso.

Hiccup había llegado con una pijama roja de "The Flash" y un termo de Batman para el chocolate caliente. No había muchos otros niños aún en el salón y la maestra recibía a los que llegaban en la puerta, que permanecía cerrada para que no entrara el frío. Snotlout, su primo, no tardó en señalarlo burlonamente y reírse con todos los dientes. Sí, incluso con el que le faltaba. Los gemelos Thorston y Fishlegs se acercaron al escuchar el alboroto. Los demás niños seguían perdidos jugando con los juguetes que estaban repartidos por toda el aula.

— ¡A Hiccup le gustan los superhéroes más patéticos! ¡Ja, ja! — dijo con su voz aguda de infante cerca del perchero donde Hiccup acababa de colgar su abrigo.

Hiccup apretó su termo en sus diminutos puños.

— ¡Claro que sí, a todos les gusta Batman! — rebatió lo más valiente que pudo. A Snotlout no le agradó que le llevaran la contraria y frunciendo su pobladas cejas, empujó a su primo que trastabilló hacia atrás y se tropezó con uno de los dos libreros que estaban al fondo del salón antes de caer de sentón entre ambos muebles.

— ¡Pero a nadie le gusta Flash! — dijo Snotlout. Se señaló la pijama de Hulk que exhibía y declaró — ¡Éste sí es un superhéroe! El único verde.

Con el pequeño intercambio que habían tenido no se dio cuenta que la puerta se había vuelto a abrir y Astrid había entrado al salón y lo había visto empujar a Hiccup cuando se quitaba el abrigo. Cuando escuchó su burla y la ridiculez de que Hulk era el único superhéroe verde, fue su turno para fruncir el ceño.

— ¿Qué dijiste? — preguntó amenazadoramente y el pequeño bully se dio la media vuelta para encararla. Astrid estaba usando una pijama de Linterna Verde claramente para varones mientras alzaba un puño en su dirección.

— Eh… yo… — dijo Snotlout nerviosamente — ¡Meh! Tienes suerte de que no le pegue a las niñas. — declaró, luego se dio media vuelta y se alejó a toda prisa a molestar a alguien más.

Astrid se acercó a Hiccup y recogió el termo. Él se puso de pie rápidamente.

— A mí también me gusta Flash. — dijo al entregarle el recipiente que por suerte había conservado su contenido dentro para hacerlo sentir mejor, aunque tampoco era mentira.

Iba a decirle que también le gustaba Batman, cuando los gemelos estallaron en risitas y luego en una canción que hablaba de besos, árboles y ellos mismos. Astrid los miró con una mueca hostil, acostumbrada a responder a cualquier burla con un puñetazo.

— ¿Qué? — demandó.

Fishlegs fue el que se molestó en señalarles lo que desde su perspectiva no resultaba tan obvio. Apuntó con un dedito regordete encima de sus cabezas y entonces lo vieron. Ni siquiera era natural, si no de plástico y estaba atorado en una guirnalda que colgaba entre los libreros justo donde ellos estaban parados. Allí, ofendiendo a la coincidencia y conspirando con el destino, estaba un muérdago.

— ¡Tienen que besarse, tienen que besarse! — dijo Ruffnut mientras que su hermano seguía cantando. Tan alto se reían que ahora todo el salón les ponía atención.

Hiccup sintió que se le calentaba la cara. Todavía no llegaba la edad en la que pensaba que las niñas tenían gérmenes pero definitivamente tampoco había llegado la edad en la que pensaba que las niñas olían bonito. Francamente, no sabía que pensar. A Astrid, por su parte, no le gustaban los besos ni de su mamá.

El momento se alargó lo suficiente como para que todos se unieran a la cancioncita y a las risitas. Astrid infló la cara en una mueca que le destacaba el sonrojo. Después tomó a Hiccup de las mejillas tan fuerte que casi lo hace poner cara de pescado. Le estampó el beso con brusquedad y sus narices se aplastaron una contra la otra. Después de los larguísimos 4 segundos que estuvieron en la misma posición, casi les dolió.

Ese día, Astrid recordaría que los besos no eran tan malos si sabían a chocolate caliente y a galletas.

Ω

Tenían once años cuando Snotlout estaba castigado por haber incendiado con fuegos artificiales el arbolito de Navidad. Había sido culpa de los gemelos, en realidad. Pero eso no impidió que sus padres lo castigaran y le dijeran que no podría hacer la fiesta que quería en su casa.

Como no se quería quedar sin fiesta, había convencido (amenazado) a Hiccup para que la reunión fuera en la residencia Haddock. Aún a esa edad, a Hiccup no le gustaban las fiestas. Si eran con adultos incluían ropa incomoda que debía usar y siempre mantener una apariencia frente a los conocidos importantes de su padre, mientras que si eran con niños de su edad tenía que mantenerse fuera del camino de los demás.

Pero Snotlout lo había sugerido enfrente del tío Stoick y la tía Valka, a quienes les encantaba la idea de tener a los amigos de Hiccup en la casa, ergo la fiesta navideña se llevó a cabo en su mansión.

Los invitados corrieron a cargo de su primo y la mayoría formaban parte del equipo de fútbol en el que jugaba desde el año pasado.

Incómodo en su propia casa, Hiccup continuamente tomaba el plato de las botanas, desaparecía en la cocina y se demoraba en llenarlo. Fue en uno de esos viajes en los que un carraspeo lo hizo voltear hacia la entrada, donde Astrid lo miraba servir papas fritas subido en una de las sillas para alcanzar la alta barra de la cocina. Traía un paquete en las manos envuelto en papel rojo con un listón verde.

— Astrid — dijo él — ¿quieres algo? — preguntó arrugando la bolsa vacía y arrojándola al bote de la basura.

— No — dijo ella acercándose— Bueno, sí. Quería darte esto. — se sentó con un brinco en el banco que él tenía a un lado y le entregó el paquete que cargaba. — Mi mamá dijo que debía darte algo porque eras el anfitrión. — se excusó, pero Hiccup sabía que cuando Astrid estaba avergonzada escondía los puños en los bolsillos, justo como ahora, que los escondía en su sweater.

— Oh. — Hiccup empezó a paniquearse. Sacó la cajita que él mismo traía en un bolsillo esperando una oportunidad adecuada y se la entregó. Astrid la recibió gratamente sorprendida.

Hiccup rasgó el papel y Astrid abrió la caja. Él se encontró con unos lápices de dibujo, ella con un collar con un dije de un hacha y un martillo. A pesar que había dejado de cargar la de juguete, Hiccup sabía que aún la conservaba.

Hiccup la miró con los ojos muy abiertos. Nadie sabía que le gustaba dibujar, ni siquiera sus papás. Miró a Astrid con las cejas alzadas y ella rodó los ojos. Deseó no haberlo hecho.

— S-siempre estás dibujando — dijo ella, tratando de ignorar lo que acababa de ver sobre sus cabezas. — No era tan difícil de adivinar qué te gusta.

Astrid fingió estar muy interesada inspeccionando el collar, pero aun así le dirigía miradas al techo como temiendo que en cualquier momento sonara una alarma y pusiera a Hiccup sobre aviso. Pero Hiccup parecía estar muy entretenido abriendo la cajita metálica donde venían los lápices. Ella le dirigió una mirada a la ofensiva plantita colgada sobre sus cabezas y Hiccup escogió ese momento para mirarla.

— Gracias, Astrid.

Ella asintió y le agradeció también. Hiccup miró hacia arriba con curiosidad. Por supuesto, tenía que pasar que se encontraría una vez más bajo el muérdago con Astrid en el único lugar de la casa en el que a su madre se le había ocurrido colocarlo. Estaban sentados justo donde su madre le entregaba el desayuno a su padre y éste le daba un beso de agradecimiento. El muérdago era inofensivo en una familia de tres, por lo que nunca se le hubiera ocurrido semejante situación.

Se preguntó si Astrid aún recordaría el jardín de niños y aquélla fatídica Navidad. Tenían cinco años, seguramente ya se le había olvidado. Como esta vez no había nadie que los instara a perpetuar el acto, decidió que mejor había que ignorarlo.

— Um, será mejor que lleve esto a la sala. — dijo refiriéndose al olvidado plato de las botanas.

Intentó pararse ignorando el agraviante muérdago en las alturas, pero cómo no, se le enredaron las piernas en las patas de la silla y se fue hacia delante. Se apoyó una mano en acto reflejo sobre la barra y otra sobre el hombro de su amiga. Ella lo sujetó también para que no se fuera hasta el suelo. Hiccup quería esconderse en un hoyo, no podía enderezarse sin volverse a enredar y no dejaba de disculparse.

— ¡Espera! — dijo Astrid con brusquedad y lo ayudó a ponerse de pie sin ningún otro percance. Se bajó de la silla ella también.

Era evidente para los dos que el otro ya se había dado cuenta de la situación por lo que ambos se quedaron parados todavía bajo el muérdago sin saber si la persona que tenían enfrente prefería ignorarlo o no. Finalmente Astrid, siempre Astrid, decidió que si ya había pasado una vez y no había sido tan malo, no podía ir mucho peor ahora.

Soltando un suspiro que arrojaba todo al demonio, lo jaló del sweater y le dio un beso torpe en los labios. Al menos esta vez no se golpearon la nariz. Esta vez, además, sintió sus labios con un diferente contexto y con sabor a ponche de frutas.

Ω

Tenían dieciséis años cuando Snotlout aprendió a no confiarles la pirotecnia a los gemelos y la fiesta fue en su casa como siempre debía de ser. Como además era la edad en la que intentaba conseguir novia, había colgado muérdagos por todo el lugar. En cada marco de puerta, junto a la chimenea, incluso en las ventanas. Tenía la esperanza de que Astrid se pararía bajo uno de los muchos que había y él estaría cerca para pararse a su lado al instante. Pero Astrid ya tenía experiencia con el muérdago y se había hecho experta en evitarlo.

Hiccup se había mantenido en una esquina con un vaso de ponche en la mano deseando con todo su ser que a ninguno de los invitados se le hubiera ocurrido echarle alcohol. Lo último que necesitaba era que lo detuviera un tránsito en su camino a casa y él trajera aliento alcohólico. Por si las dudas, dejó el vaso en una mesa lejos de él.

Miró su reloj y deseó que las manecillas avanzaran más rápido y pronto fuera una hora decente para largarse de ahí sin ser grosero. No era que Snotlout lo fuera a notar, pero su madre lo haría y no quería que pensara que su primo y él no se llevaban bien. Tan inocente ella. Su tía siempre había sido amable con él, después de todo.

Cuando faltaban apenas unos minutos para media noche y alguien sugirió jugar a "Never Have I Ever", decidió que ya era hora de correr. Tomó su chaqueta y su bufanda y se dirigió a la puerta. Nunca esperó encontrarse a Snotlout bloqueando la entrada y a Astrid abrigada para salir con los brazos pegados a los costados y las manos en puño inclinada hacia delante en una clara posición ofensiva a unos cinco generosos pasos de distancia de la puerta.

— Hazte a un lado, idiota. Que ya voy tarde. — dijo Astrid echando chispas. Su madre la había llamado hacía unos buenos diez minutos pidiéndole que regresara a casa. Sus parientes habían llegado recién para pasar las fiestas en Berk, una noche antes de lo previsto en lugar de a la mañana siguiente como se tenía planeado y necesitaba ayuda.

— Lo sé, nena. Dame un beso y podrás irte cuando quieras — dijo Snotlout con una sonrisa satisfecha recargado en el marco de la puerta.

Hiccup reparó en el muérdago que colgaba de la entrada y sintió que quería patear a su primo no por primera vez. Eso era bajo, hasta para él.

— No desprecies la tradición, Astrid. Ambos sabemos que quieres algo de Snotlout. — dijo muy seguro de sí mismo, flexionando un brazo y exhibiendo sus músculos que no la impresionaban.

Ella, que hasta el momento se había estado conteniendo, parecía lista para saltarle encima y despellejarlo vivo. Hiccup le aplaudiría, tomaría una fotografía y la conservaría para la posteridad. Pero lo mejor sería resolver el conflicto pacíficamente. Entró a escena y se colocó a un lado de su primo. Como por fin había dado el estirón, se regodeó en el hecho de que ahora era más alto que él.

— ¿Entonces la cumplirás con quien sea que tenga la desdicha de pararse al lado de ti? — preguntó sarcástico sorprendiéndolo al aparecer de la nada.

Snotlout lo miró molesto listo para comenzar una discusión, pero después le dirigió una mirada fugaz a Astrid que seguía lista para soltarle un puñetazo a la primera oportunidad y decidió que dos contra uno no valía la pena. Soltó un bufido y se alejó murmurando algo así como "tú te lo pierdes". Ambos lo miraron alejarse y Astrid respiró lentamente logrando calmarse.

— Uh… — comenzó Hiccup. No era su intención ser el caballero en brillante armadura porque sabía que Astrid no lo necesitaba, pero eso no evitaba que se sintiera bien consigo mismo por haberle ganado a Snotlout una de tantas. — Puedo llevarte, s-si quieres. — dijo mostrando las llaves del auto en una mano. Tenía años que no tartamudeaba frente a Astrid. Sintió que se le calentaba el rostro.

— Seguro — dijo ella torciendo una sonrisa. — Me salvarías la vida.

Hiccup abrió la puerta y le hizo un gesto para dejarla pasar primero. No había segundas intenciones en su ofrecimiento, pero Astrid sonrió con diversión maliciosa. Esto ya tenía que ser tradición. Caminó hacia la puerta y antes de que él pudiera prevenirlo, se paró de puntitas y le besó los labios. Fue más delicado que los anteriores. Deseado, premeditado, suave y perfecto. Ese beso sabía a victoria y a tradición navideña.

Ω

A los veinte años, Astrid había insistido en que la fiesta anual navideña fuera en su casa. Hiccup llevaba ahí toda la tarde y le ha había ayudado a preparar todo para la reunión. Con el paso de los años, su grupo se había ido reduciendo a unos cuantos a la hora de juntarse, pero había ciertas personas que seguían constantes.

Astrid estaba partiendo unas manzanas para hacer ensalada de frutas cuando Hiccup la abrazó por detrás. No era su primera Navidad como pareja pero eso no les impedía actuar como si lo fuera. Astrid había colgado un muérdago en la cocina. Sus papás no entendían porqué había decidido ponerlo en tan extraño lugar, pero sabía que Hiccup lo entendería.

— Te estás burlando de mí — dijo contra la piel de su cuello, pues tenía la cara enterrada en el hueco de su hombro. Ella se rió entre dientes.

— Claro que no, estoy conservando viva nuestra propia tradición navideña. — respondió risueña mientras seguía rebanando fruta.

Hiccup levantó la vista y le dirigió una mirada de incredulidad.

— No te creo — acusó — si así fuera, lo habrías hecho todos los años, y no sólo éste.

Astrid se encogió de hombros.

— Es difícil encontrar la oportunidad adecuada para seguir con ella sin que sea embarazoso — admitió. — Por eso pensé en crear la oportunidad yo misma. No se nos podía ir otro año sin nuestra tradición.

Hiccup descubrió que le encantaba como ella decía "nuestra tradición".

— Y era más fácil colgarlo en la cocina que entre dos libreros. — añadió un poco más bajo. Hiccup sonrió.

— ¿Aún recuerdas eso? ¿En el jardín de niños?

— Claro. Cómo se me iba a olvidar. Fue mi primer beso. — suspiró dramáticamente — Y bajo el muérdago, ¿podía ser más cliché? — Hiccup se rió.

— Pudo ser peor. — dijo sarcásticamente — Pudo ser después de que yo te hubiera salvado de un villano que atentara contra tu seguridad. Oh, espera… ¿creo que eso fue a los dieciséis?

Astrid dejó el cuchillo y las manzanas un momento y se giró dentro del aro de sus brazos para mirarlo. Le disparó una mirada de reproche pero sonreía.

— ¿Vas a besarme de una buena vez o vas a esperar a que yo lo haga?

Hiccup le devolvió la sonrisa y se inclinó para besarla. El festivo ramito de muérdago bailando sobre sus cabezas mientras saboreaban el beso, que por una vez no era nervioso ni apresurado, torpe, agresivo o espontáneo. Era tradición y como tal debía cumplirse con afecto y con gusto. Para aliviar el frío y alegrar el corazón. Para burlarse del muérdago por una vez en lugar de que éste se burlase de ellos. Para negar que fue coincidencia y atestiguar que fue el destino.

Por supuesto, ésa fue una tradición que conservaron el resto de su vida.


Cariño,YouDisloyalBastard (Amo tu nombre, lol) espero mucho que te haya gustado. Sé que lo de los superhéroes fue muy vago y lo puse con las pijamas, pero mi imaginación no dio para más en estos días D: Ojalá que no te moleste.

Y a todos mis demás cariños muchas gracias por leer y espero que les haya gustado.

Quiero comentar también que, como ya saben, me encanta responder reviews, pero si me los dejan en "guest" no les puedo responder. Así que si me hacen una pregunta, por favor por favor, si quieren que les conteste entren a su cuenta al comentar o de lo contrario no podré saciar sus dudas.

Anyways, sin más por ahora.

Coman hasta que revienten y ¡felíz Snoggletog!