† Capítulo VII †

El frío de la noche comenzaba a hacerse notar en su pálida piel, pero ella rehusaba el irse, en su más profundo interior albergaba una esperanza de que él viniera a buscarla. Realmente sabía que eran esperanzas irreales, sólo la decepcionarían causándole más dolor; la vida no es como un cuento de hadas. Porque él se había convertido en su todo, todo lo que ella era. Y ahora todo comenzó a parecer una mentira. Sólo quería gritar, expulsar de un grito todos sus temores, gritar que lo amaba hasta que sus pulmones dolieran y su garganta sangrara; haría cualquier cosa para que él se diera cuenta de su amor. Desesperada por oír su voz, desesperada por ver sus ojos, comenzó nuevamente a preguntarse a sí misma si esto valía la pena. Se levantó con esfuerzo y siguió caminando, recorriendo toda la ciudad sin rumbo, hasta que la luz del amanecer la llevó de vuelta a casa.

Con sumo cuidado, abrió la puerta de su casa, como si no hubiera salido en toda la noche. Caminó de puntillas hasta su habitación, donde se desvistió y se puso de nuevo el camisón. Miró la hora en su móvil, el cual seguía sobre la mesilla de noche: las siete y media de la mañana. Fue a la cocina y se preparó el desayuno, lo primero que vio: tostadas con mermelada de fresa y un zumo de naranja. Tras haber terminado de comer y dejarlo todo recogido, volvió a su cuarto y se acostó bocarriba en la cama, mirando el techo como si fuera lo más interesante del mundo, mientras pensaba en aquella pesadilla que todavía la atormentaba. No era capaz de dejar de pensar en Moses y en qué estaría haciendo en este mismo instante. Cerró los ojos y se tapó la cara con ambas manos, en un inútil intento por no llorar.

Abrió los ojos al oír golpear en su puerta, ¿se había quedado dormida o llevaba horas consternada? Se levantó de la cama pesadamente, y fue como un zombie a abrir la puerta, tras la que se encontró a su hermana.
–Saya… ¿qué hora es?
–Casi la una, ¡mira que duermes!
–Vale, entonces me quedé dormida…
–¿Qué?
–Nada, nada –cerró la puerta, olvidándose por completo de la presencia de su hermana, y se dejó caer encima de la cama, abrazando a su oso de peluche Suffer. Tenía que fingir que todo iba bien, odiaba que la gente preguntara cosas como "¿qué te pasa?" cada cinco segundos cada vez que estaba deprimida… mejor dicho, las veces que ni siquiera se molestaba por ocultarlo.

Cansada de estar quieta, se arrodilló aún sobre su cama, y miró por la ventana situada en el cabecero de ésta. Un día gris, acorde con su estado de ánimo; sólo esperaba que no lloviera, lo cual sólo conseguiría afligirla todavía más. Cesó de observar la calle y se levantó ya de la cama, en el justo momento que sonó un mensaje en su móvil. "Estoy delante del portal de tu casa". ¿Quién podía ser? Ponía "número desconocido" y, aunque sabía que no debía, la curiosidad la mataba, así que abrió la ventana y se asomó por ella, viendo entonces a Moses delante de la puerta de su casa.
–¡Moses! –él la vio y la saludó con la mano, y ella se puso la sudadera de Avenged Sevenfold por encima del camisón, y salió corriendo de casa tras ponerse unas zapatillas.
–¡Diva! ¿Adónde vas? –gritó su hermana desde el salón al verla ir toda convencida hacia el exterior.
–¡Moses está abajo! –cerró de un portazo, sin dejar a Saya decir nada más, y bajó las escaleras de dos en dos, abriendo la puerta del portal de un empujón, casi chocando con Moses al salir afuera– ¿Qué haces tú aquí?

–Ehm, ¿hola? –contestó levantando una ceja y con una sonrisa.
–Hola –dijo ella, riendo.
–Pues… no sé, me gusta caminar sin rumbo, y vine a parar aquí y… bueno, me acordé de que era tu casa…
–Estooo… –atajó Diva, por romper el silencio de tan solo unos segundos que a ella se le hicieron eternos intentando no perderse en la profunda mirada de él– Si quieres, esta tarde podríamos quedar para ir a algún sitio, y tal…
–Hoy tengo ensayo con el grupo, pero podemos quedar otro día.
–Vale… –Me pone nerviosa hablar con él… ¿¡Por qué hostia me pongo nerviosa!

–¿No tienes frío? –dijo Moses, mirándola de arriba abajo y haciéndola sonrojarse.
–Bueno, un poco, la verdad –contestó riéndose, cesando cuando repentinamente se encontró entre sus brazos. ¡La estaba abrazando!
Apoyó la cabeza en el pecho de Moses y pasó ambos brazos por su espalda, acercándolo más a ella, sintiendo esa agradable sensación de calor que sólo él le hacía sentir. Cerró los ojos por unos segundos, dejándose embrujar por aquella sensación de calma que ni ella misma podría describir. Cuando estaba a su lado se sentía… simplemente bien. Al cabo de unos minutos, la separó ligeramente de él, y fue acercando su cara poco a poco a la de ella, deteniéndose momentáneamente cuando sus labios se rozaron, como esperando que ella le correspondiera. Ella presionó sus labios sobre los del chico, fundiéndolos en un dulce y tímido beso. Estaba temblando, literalmente, más por los nervios que por el frío, y él lo notó.
–Mejor que entres en casa, estás temblando –dijo en voz baja tras separarse un poco de los labios de Diva.
–Sí, bueno…
–Hasta luego –la abrazó de nuevo, y se despidió de ella con la mano, para después irse caminando calle abajo, mientras Diva lo observaba estática desde el portal.

Sintió la puerta abrirse, y entonces se volteó, viendo allí a su hermana.
–Vas a coger frío.
–Aay, que sí, que ya entro… –entró en el portal con una sonrisa incapaz de evitar, con la que siguió hasta que ambas se sentaron a comer. Su madre estaba de nuevo en el trabajo, así que fue Saya la que había tenido que cocinar.
–¿Qué pasó con Moses? –preguntó Saya, intrigada, según se sentaron a la mesa– ¡Intuyo que algo bueno!
–¿¡Por qué tuvo que pasar algo! –dijo Diva, con falsa ofensa.
–Porque llevas desde que entraste en casa con una sonrisa…
–¿No puedo estar feliz?
–Que te conozcooo, sé que tú no sonríes porque sí…
–No fue nada, iba paseando y pasó por aquí delante…
–¿¡Y tú te crees eso! ¡Aay, y luego dices que la ingenua soy yo! ¡Vino para hacerte una visita! ¡Que te echa de menos, tonta!

–Me besó…
–¡Kyaaaaa! –se levantó repentinamente de golpe de la silla, casi tirando toda la comida por el mantel– ¿¡En serio!
–No, me lo estoy inventando para que te emociones y tires la comida por los suelos y luego sufras al tener que limpiar todo el estropicio.
–Qué mal mientes, Diva… –la aludida sonrió– ¿Y qué más pasó? ¿Os liasteis? ¿¡Te pidió para salir! –Saya estaba que echaba chiribitas por los ojos.
–…No, fue sólo un momento. Porque soy estúpida y me puse a temblar por los nervios y él pensó que era por el frío y me dijo que entrara –se cruzó de brazos.
–Claaro, vas ahí toda sexy enseñando piernas…
–¡Cállate, no fue a propósito! …Aunque estuvo bien.
–¡Pervertida!

–Por cierto –dijo Diva, levantándose de la silla al terminar de comer– Esta tarde nada de Haji.
–¿Ein?
–Moses me dijo que tenían ensayo –quedó pensativa por unos segundos– ¿¡Sabes en dónde ensayan!
–¿En dónde?
–Te lo estoy preguntando… porque, si ensayan en casa de Haji, así con la excusa…
–Pues no sé, pero en casa de Haji seguro que no, porque es un apartamento pequeño.
–Perfecto para una pareja de dos –dijo Diva, con voz de vendedora de pisos.
–¡Cállate!

Recogieron la mesa entre las dos, y luego fueron cada una a su habitación. Diva puso la música en el ordenador y conectó el messenger, lo habitual que hacía unas tres veces al día como mínimo. Lo primero que miró, Moses no estaba conectado. Pero, aún así, no podía dejar de sonreír; se sentía feliz, y estúpida por sentirse feliz por tan solo un beso que apenas duró medio minuto.
–El amor es algo tan estúpido… –se dijo a sí misma, sin abandonar su sonrisa.

Ninguna de las dos salió de casa durante el resto del fin de semana, el cual se les antojó eterno. El sábado, Saya se empeñó en ayudarle a estudiar a su hermana pequeña, quería que pasara se curso fuera como fuera. Y, el domingo, la hermana mayor se puso enferma, con fiebre y, como la madre de ambas no estaba en casa como habitualmente ocurría, Diva se quedó a cuidar de ella, por mucho que ésta le decía que estaba bien. Y ya era lunes de nuevo, día en el que Saya no asistiría a clase porque su fiebre no bajaba, así que Diva hizo la rutina de todas las mañanas: levantarse, ducharse, secarse y plancharse el pelo, peinarse, vestirse, desayunar, coger la mochila, y salir de casa. Miró al cielo recién cerró la puerta del portal, era un día gris, no estaba claro si iba a salir el sol o iba a comenzar a pluviar.

Aceleró el paso hacia el instituto, realmente se enfadaría si empezaba a llover y se mojaba el pelo. Porque no podía dejar que Moses la viera con el pelo hecho un asco. Llegando en el momento justo en el que todos comenzaron a ir a sus respectivas clases, subió rápidamente a clase antes de que Moses llegara; tenía pensado dar a cabo esa idea que se le había ocurrido unos días atrás, la cual le seguía pareciendo absurda a pesar de todo. Dejó la mochila sobre su mesa, y de ella sacó un muffin con una cara sonriente dibujada con chocolate, a la que más tarde le había añadido un par de piercings bajo la boca y dos cuernos de diablo. Lo dejó rápidamente en la rejilla de la mesa de él, sin que nadie se diera cuenta, y entonces se sentó ya en su pupitre, saludando a Moses y a Haji cuando entraron juntos por la puerta.
–¿Y Saya? –preguntó Haji cuando vio que, tras pasar cinco minutos, Diva seguía sin su hermana al lado.
–Está con fiebre, en casa.
–¿Qué le pasa?
–Gripe, creo… Cómo te preocupas por ella, eeh.
–Nonono, no digas tonterías –comenzó a ponerse rojo mientras negaba con la cabeza– Sólo es que…
–Saya me lo contó todo –dijo Diva con una sonrisa traviesa– Por cierto –giró la mirada hacia Moses, que escuchaba atento la conversación– ¿Vosotros donde ensayáis?
–En casa del batería, ¿por? –contestó él.

–¡Aarg, pienso matar a todos los baterías del mundo!
–Yo sé tocar la batería… ¿también me piensas matar? –preguntó levantando una ceja, sin dejar de sonreírle.
–Sí, pero a polvos –contestó ella, sorprendiéndose a sí misma por su respuesta, e intentando inútilmente no sonrojarse.
–¿Quieres morir a polvos? –le preguntó Haji a Moses.
–Claaaro, es la mejor muerte del mundo.
–¿Y quieres que Diva te mate a polvos?
–¡Vale! –en ese momento, el profesor entró en clase, así que Moses se volteó de nuevo hacia delante, tras haberle guiñado un ojo a Diva, la cual seguía consternada. Haji le sonrió y le hizo el gesto de la victoria, ante lo que ella no pudo evitar reírse.

La clase pasó con absoluta rapidez para Diva, quizás porque seguía en estado de shock, sin poder evitar que su mente se inundara de imágenes de "la muerte de Moses". El timbre sonó y, según el profesor salió de clase, Noelia vino a hablar con Moses, mientras Diva contenía la respiración para no respirar el mismo aire que aquella pérdida de aire y espacio.
–¡Holaaa, Moses! –¿¡Pero esta quién se cree que es para hablarle a mi Moses! ¡Ja, ilusa! ¡Él la mandará a la mierda en un abrir y cerrar de ojos! Pero, para sorpresa de Diva, él comenzó a hablar amigablemente con ella, mientras Diva se endemoniaba e intentaba relajarse un poco. Quería masacrarla de tal manera que disfrutara tanto con el sufrimiento de aquella cucaracha, que luego quisiera resucitarla para volver a hacerla sufrir.
La cucaracha volvió a su pupitre cuando el profesor de Historia entró en la clase, momento en el que Diva miraba atenta a Moses, que buscaba el libro de dicha asignatura en su pupitre, agachándose al notar algo que antes no estaba allí. Inclinándose para mirar la rejilla, se encontró el muffin que Diva había dejado allí, y lo tomó con una mano, quedándose mirándolo con una sonrisa durante unos segundos, antes de girarse hacia Diva y sonreírle.
–¿Te gusta? –preguntó ella, notando su corazón ir más y más deprisa.
–Claroo, sólo a ti se te ocurren estas cosas –lo guardó en su mochila y se volvió a girar, después de haberle sonreído de nuevo.

Las cinco seis horas restantes pasaron con lentitud, hasta que al fin sonó el timbre que indicaba el fin de las clases por el día. Diva colgó su mochila al hombro, y salió rápidamente de clase, solamente para no ver a aquella cosa a la que ahora Moses le hacía más caso que a ella misma. Y eso la cabreaba, sus ojos casi refulgían llamas y los pensamientos psicópatas no abandonaban su mente ni por un segundo. Salió al patio, y vio que estaba lloviendo… el paraguas estaba en casa, y no tenía intención de mojarse el pelo, así que se sentó en un banco bajo cubierto, esperando a que la lluvia amainara un poco.
–¿No piensas ir a casa? –oyó tras uno o dos minutos, y levantó la vista hacia la procedencia de esa voz, sonriendo al encontrarse con esos ojos verdes.
–Es que llueveee, y no tengo paraguas.
–Pues ven conmigo, que yo te tapo –dijo a la vez que se quitaba su sudadera de Suicide Silence, quedando en camiseta de manga corta.
–Así vas a tener frío y luego vas a estar en cama con fiebre, igual que mi hermana.
–Qué va, y si eso pasa, como me vas a cuidar tú… –ella lo miró levantando una ceja, y se puso en pie, caminando pegada a Moses hasta que el patio cubierto terminó.

Antes de salir a la lluvia, Moses tomó la sudadera y la pasó por encima de su cabeza y de la de Diva, teniendo que ir muy juntos el uno al otro para no mojarse. Moses llevaba en el cuello sus enormes auriculares, a tal volumen que incluso Diva escuchaba a la perfección la música que él tenía puesta en su iPod. Tras unos minutos, se metieron por una callejuela para llegar antes a sus casas, alejándose por completo de la gente y el ruidoso ambiente, quedando en silencio en el justo momento que en los auriculares del chico comenzó a sonar una canción que tanto le recordaba a ella.

"Smiles and her laughter / Sonrisas y su risa,
It's the only thing that I've been waiting for a time / Es lo único que he estado esperando por un tiempo.
Regardless of our distance and our hope / Sin tener en cuenta nuestra distancia y nuestra esperanza,
Grows greater trapped by pretty eyes and letters for all time / Crece más grande atrapado por lindos ojos y cartas por todo el tiempo.
The only thing that I've been waiting for / Lo único por lo que he estado esperando.

I hope it's something worth the waiting / Espero que sea algo que valga la pena,
Cause it's the only time that I ever feel real / Porque es la única vez que alguna vez lo siento de verdad.
Thunder storms could never stop me / Las tormentas nunca podrían detenerme,
Cause there's no one in the world like Emily / Porque no hay una en el mundo como Emily.

She's simple yet confusing / Ella está simplemente todavía confusa,
Her sparkling eyes make me weak at my words, they tremble / Sus destellantes ojos me hacen débil a mis palabras, tiemblan.
Days seem like years in this month of December / Los días parecen como años en este mes de diciembre,
The winter coldens me for I have yet to sleep / El invierno me enfría para que tenga que ya dormir.
And never will I give up trying / Y nunca dejaré de intentarlo,
Cause you're everything to me / Porque lo eres todo para mí."

Aquel momento que se hizo eterno, durante el que ella seguía agarrada al brazo de él, juntos bajo el inmenso cielo lluvioso y el silencio que ambos compartían, embrujados por aquella canción, ambos tan cerca el uno del otro, terminó cuando fueron a parar delante el portal de la casa de la chica. Antes de despedirse de él, se puso enfrente, cara a cara, esperando una reacción por su parte. Un beso, quizás, aunque en el fondo sabía que ahora era ella quien tenía que tomar la iniciativa. Se perdió en sus ojos durante un momento, verde con azul, viéndose reflejados tanto en cuerpo como en alma el uno en los ojos el otro. Por unos instantes, el mundo de a su alrededor desapareció, eran sólo ellos dos bajo la fría lluvia. Si por ella fuera, se quedaría así durante toda la eternidad, pero ese momento murió cuando él se acercó para darle un suave beso en la mejilla y despedirse de ella, quien entró en el portal tras haberlo perdido de vista.


Bien, creo que nada que comentar sobre este capítulo... Aparte de que esa canción que escuchan bajo la lluvia... últimamente la odio a muerte, me recuerda a algo y a alguien que intento evitar recordar. Bueno, seguiré subiendo más capítulos pronto, y quizás el fic siga avanzando, porque tal vez lo escribamos juntas por el messenger. Y lo de siempre, que dejéis reviews con vuestras opiniones, críticas, sugerencias, etc, que se agradecen y mucho! Un saludo, MizzMassacre y Hinata Maki.