Advertendia: Slash, Tom x Georg.

Gracias a Suky por ayudarme a escribirlo y a mejorarlo.

Espero que os guste

--Arylf-- --Arylf-- --Arylf--

Georg, después de despedirse de Tom, andó hasta el parking donde estacionaba todos los días su coche

Georg, después de despedirse de Tom, anduvo hasta el parking donde estacionaba todos los días su coche, un Audi A4 que conservaba d su época en el grupo. Entró, metió la llave en el contacto y encendió la radio. Y cuando tenía que haber empezado a manejar el coche para sacarlo de la plaza que ocupaba soltó un fuerte suspiro y dejó la miranda vagando en el vacío que instantáneamente le rodeaba.

Las intensas notas de una de las mejores baladas que había escuchado alguna vez (I don't want to miss a thing) le rodeaban. Inundaban su cerebro y hacían naufragar las barreras que había construido alrededor de su corazón. Le había echado tanto de menos que hasta le había dolido respirar. Con el tiempo, la ayuda de los psicólogos, la distancia y la soledad aprendió a ocultarlo. A ocultárselo a si mismo.

Lo ocurrido hace tan solo unos minutos, que lo que alguna vez había sido uno de sus deseos más profundos y más fuertes, ya había tenido lugar. Y había sido tan grandioso, tan maravilloso como había querido que fuese, pero ahora te atemorizaba. A pesar de que quería que ocurriese, nunca había sido capaz de intentar imaginar que es lo que le sucedería. ¿Qué iba a pasar ahora?

Pasaron más de veinte minutos antes de que Georg reaccionara y lo hizo porque alguien llamó a su teléfono móvil. Era su novia, Aideen. Cuando vio la foto en la pantalla del móvil, en la que aparecían los dos abrazados y mirándose, el remordimiento le inundó. Estaba con ella, la quería, y era mejor dejar de pensar en lo que pudo o podría ocurrir con Tom. Descolgó el teléfono y contestó – Buenos días, cariño. ¿Qué tal estás? – el corazón de Georg latía a 180 pulsaciones por minuto. Se sentía culpable y aturdido.

- Hola, mi amor. He estado llamando a tu casa pero no contestas, ¿dónde estás? – Le respondió la dulce y tranquila voz de Aideen.

- Es que acabo de salir de trabajar, una compañera me pidió que le hiciera el comienzo de su turno porque tenia que hacer no-sé-qué tramite en el banco y necesitaba llegar tarde. – Le mintió Georg a su novia, aunque eso solo le hizo sentirse aun más culpable. Pero Aideen conocía toda la historia de su amor por Tom, lo que eso influyó en el accidente y lo mál que lo pasó después de dejar el grupo. Había sido ella quien le había consolado, le había aconsejado y finalmente había ocupado el lugar en el corazón que antes había ocupado Tom. O por lo menos, una parte. Y Georg no quería preocuparla, no quería que creyera que la estaba traicionando. Aunque estaba empezando a hacerlo sin darse cuenta.- Ya voy a casa, estaba en el coche, a punto de arrancar cuando me has llamado.

- Yo acabo de llegar a la consulta, quería recordarte que esta coche hemos quedado para cenar con mi hermana y su novio. No te retrases. ¿Pasas a buscarme o quedamos en el restaurante?

- Te paso a buscar, como a las siete y media. ¿Qué te parece?

- Perfecto. Te quiero. Te dejo, que esta a punto de llegar mi primer paciente. Adiós.

- Adiós. – Se despidió Georg sin contestar a la muestra de amor de su novia. Casi nunca lo hacía. Colgó el teléfono y empezó a conducir, dirección a su casa.

Georg recorrió las calles que distaban su casa del hospital sin prisa. Observando la gente que andaba por la aceras, que se dirigían a trabajar, al colegio o a hacer algunas compras. De vez en cuando le parecía ver a Tom o a Aideen. Y es que ellos ocupaban su cabeza y su corazón.

Cuando abrió la puerta de su casa solo el silenció le recibió. Anduvo lentamente hasta llegar a su habitación y una vez dentro se desplomó sobre la cama sin siquiera desvestirse. El cansancio y el sueño fueron venciendo cada fibra de su cuerpo hasta hacer que dormidera profundamente. Las cuatro primeras horas de sueño fueron placidas y tranquilas, sin nada que estropease su descanso, pero después empezó a soñar.

Tom y Georg estaban ensayando una nueva canción para el nuevo disco. Permanecían concentrados en los movimientos de sus dedos, pero cuando la canción terminaba se miraban intensamente y después volvían a empezar la canción. Hasta que después de terminar una de las veces la canción Tom se levantó de la silla en la que había hermanecido sentado y se colocó frente a Georg. Le había despojado de su bajo para después besarle.

Georg abrió los ojos, jadeando. Hacía más de tres años que no tenía un sueño como ese. Giró la cabeza para mirar al despertador, eran las 2 y media. No tenía mucho hambre pero decidió levantarse a comer algo. Antes de ir a la cocina se desvistió para ponerse el pijama. La ropa que llevaba puesta se había quedado completamente arrugada por lo que la hecho en el cesto de la ropa sucia. Cuando entró en la cocina llevaba unos pantalones cortos viejos y una camiseta aun más vieja de Oasis que Gustav le regalo por su 20 cumpleaños. Georg abrió la nevera, y solo había un pedazo de tarta y un cuenco con fruta. No le apetecía ninguna de las dos cosas. Repitió la operación con los armarios de la cocina, pero no tuvo mejor suerte. Una bolsa de patatas fritas abierta y medio vacía y un paquete de espaguetis es lo mas apetecible que encontró. Nada le convencía. Decepcionado por no haber encontrado nada que comer se tumbo en el sofá y empezó a hacer zapping. El aburrimiento y el cómodo sofá hicieron que pronto se volviera a quedar dormido. Cuando rondaban las seis y media de la tarde el teléfono de su casa sonó. Después de estirarse y soltar un gran bostezo alargó el brazo y agarró el pequeño inalámbrico que permanecía en la mesita junto al sofá.

- ¡Diga! – Dijo Georg con voz completamente ronca por el sueño.

- Hola Georg, soy Tom. Te llamaba porque se me había ocurrido que si no tiene nada que hacer más tarde podríamos quedar y te enseño el estudio y las canciones que estuvo preparando Bill.

- No puedo, he quedado con Aideen. Esta noche cenamos con su hermana.

- ¿Y mañana por la mañana tienes algo que hacer?

- Nada

- ¿Quedamos entonces mañana a las 9 en la antigua tienda de música? – Propuso Tom sabiendo que le alegraría volver a ver aquel sitio.

- ¿Dónde nos reuníamos cuando empezamos con el grupo? – Le pregunto Georg con un todo le ilusión imposible de ocultar.

- Sí.

- Vale. Allí nos vemos. – Miró el reloj del decodificador de la televisión por cable. ¡Mierda! Iba a llegar tarde. – Te tengo que dejar que voy a llegar tarde. Hasta mañana. Adiós.

- Adiós. – Se despidió Tom, planeando todo lo que haría al día siguiente. Le conquistaría. ( :P)

Georg salió disparado con dirección al baño. Se dio una ducha rápida y peino el pelo largo en una trenza (o en una coleta, como prefiráis). Se vistió con unos elegantes pantalones negros que se pegaban a las caderas y marcaban sus musculosas piernas y escogió una camisa también negra y la dejo sin meter por el pantalón y con el primer botón sin abrochar. Dándole así un toque informal.

A las siete y veinte Georg salió de su casa para coger el coche e ir hasta la casa de su novia. En la calle, la noche empezaba a llenar cada rincón. Ese, sin duda, era el momento favorito de Georg. La puesta de Sol. A las siete y media en punto Georg llamó al telefonillo.

- Ya bajo – Contesto la dulce voz de Aideen.

Georg espero pacientemente durante casi diez minutos. Cuando la puerta del portal se abrió, una deslumbrante chica de más de un metro setenta de altura, pelo moreno y ojos azules, vestida con un elegante vestido de noche negro, salió. La joven mujer, maquillada suavemente y con unos elegantes pendientes y collar de brillantes y oro blanco se acerco a Georg y le beso en los labios.

- Siento haberte hecho esperar, ¿estoy guapa?

- Estás preciosa, ¿cuándo te has comprado este vestido?

- Me lo ha dejado mi hermana. – Le contesto Aideen con una amplia sonrisa.

- Anda, vamos. ¡Qué llevamos tarde! Y esta vez no es por mi culpa.- Le dijo Georg guiñándole un ojo y la abrazo alrededor de la cintura para guiarla hasta el coche.

Durante el trayecto en coche Georg y Aideen intercambiaron miradas apasionadas, besos voraces cuando paraban en un semáforo y caricias que probablemente, después de la cena, acabarían en una noche muy larga.

Cuando llegaron al restaurante de lujo donde cenarían el camarero les acomodo en su mesa. Allí ya esperaban sentados Linsy, la hermana melliza de Aideen, que era presentadora del los informativos, y Mark, su novio, que era fotógrafo en un periódico de tirada nacional. Después de saludase se sentaron y empezaron a conversar sobre temas no muy importantes como algunas series de televisión, sus planes para las vacaciones de verano que se aproximaban y deportes. Cenaron exquisitos platos y tomaron los deliciosos postres. Después se fueron a un local de moda a beber algo.

Y finalmente a las once y media Georg y Aideen se dirigieron a la casa de la chica. El apartamento de esta era parecido a un loft con techos algo más bajos, pero sin paredes, exceptuando las que separaban el baño del resto de la casa. Tenia una decoración moderna y sofisticada, con motivos japoneses, que hacía que pareciese sacada de una revista de interiorismo. Aideen abrió la puerta mientras Georg la besaba el cuello y acariciaba su delgada cintura. Cuando finalmente la cerradura cedió, Georg cogió en brazos a su novia y, sin dejar de besarla, la llevó hasta la gran cama de matrimonio que había al fondo del loft. La posó suavemente sobre la cama, para después quitarse la camisa, y tumbarse junto a ella.

Los besos se sucedieron junto con las caricias, que hacían que la ropa estorbase. Georg que besaba los hombros de su chica aprovechó para bajarle la cremallera del vestido y quitárselo, dejándola así solo con un pequeño y atractivo tanga. Georg se deleitó con la vista. Aiden tenía un cuerpo perfecto, con curvas sexys y piel de seda. Moviéndose sinuosamente la chica recorrió los pocos centímetros que les separaban para arrancarle un apasionado beso y desabrocharle los pantalones. Finalmente los dos quedaron desnudos, la piel les ardía y el contacto de sus cuerpos era electrizante. Las manos de Georg recorrían las piernas de Aideen mientras dejaba un suave, pero excitante rastro de besos desde los pechos hasta la ombligo. Consiguiendo así que su chica arquease la espalda de placer y riera a la vez que soltaba un gemido. Aquel sonido era el más maravilloso y excitante del mundo. Incapaz de aguantar más las ganas de estar dentro de ella, se incorporo para quedar a la misma altura, y mientras la besaba, y ella le acariciaba la espalda, la penetró. Los movimientos eran rápidos y precisos, ambos se conocían muy bien y sabia que hacer y como para acabar a la vez, en un orgasmo intenso y largo.

Tras el clímax llega la tranquilidad y el sueño vence rápidamente a Aideen, que se queda dormida abrazada al pecho Georg con la cabeza apoyada en el hombro. Pero el sueño se negó a apoderarse de Georg, que no paraba de pensar en un chico de rastas y antiguo compañero de banda. Pasaron una, dos y tres horas y finalmente Georg se rindió. Se levantó con cuidado de no despertar a Aideen y salió de la casa después de haberse vestido deprisa.

Condujo hasta la casa de su madre. Era demasiado tarde como para llamar a la puerta, así que busco en la guantera un juego de llaves y entró sin hacer ruido. Buscó en el trastero hasta que encontró sus bajos y un amplificador. Escribió una nota explicándole a su madre que se había llevado los bajos y se fue.

Cuando llegó a su casa empezó a ensayar. Los dedos le dolían, iba fuera de ritmo y no se acordaba ni de la mistad de las canciones pero pasado el amanecer seguía repitiendo una y otra vez las partes que era capaz de recordar. Y cerca de las 8 de la mañana el sueño le venció y se durmió con una gran sonrisa en la boca.

Pasaban de las nueve y media de la mañana y Georg no llegaba. Tom estaba nervioso y casa tic-tac del reloj hacia que su corazón se acelerase más y más. Finalmente entre enfurecido y triste fue a casa de Georg. Llegó 20 minutos después. La puerta del portal esta abierta, por lo que subió las escaleras directamente hasta el 3º piso. Con la respiración agitaba por la carrera que se habia dado al subir las escaleras llamó al timbre y unos instantes después un dormido Georg abría la puerta. Nada mas verle Tom se enfureció. ¿Cómo podía haberse quedado dorm… El mástil de un bajo asomaba por la puerta del pasillo y el suelo estaba lleno de cables. Ha estado ensayando… Tom sonrió y se inclinó para besar a Georg, que todavía permanecía con los ojos medio cerrados. Pero contestó al beso.

--Arylf-- --Arylf-- --Arylf--

Gracias por leer y los reviews que habeis dejado.

Hasta el proximo capitulo.

No quiero despedirme sin mencionar el acidente de avion que hace dos dias (el 20 de Agosto del 2008) se cobró la vida la más de 150 personas. Desde aquí doy el pesame a todos los que hayan perdido a algún ser querido allí.

Adiós y muchos besos.