Capitulo 7. Noche de cita.

El cuerpo de Magnus estaba encorvado sobre la mesa, los ojos del brujo discurrían entre diagramas y símbolos, sus dedos acariciando un sinfín de hojas de papel. Magnus lucía cansado, con el cabello sin arreglar y sin ninguna de las chispas que usualmente lo hacían brillar. El hombre lucía tan concentrado que ni siquiera parecía estar consciente de que Alec estaba mirándolo.

-¿Magnus?- dijo el chico de los ojos azules tentativamente.

-Hmmmm…- respondió el brujo tan distraídamente que Alec se preguntó si su novio si quiera había notado el sonido que había producido como respuesta.

-Magnus, quiero ir a cenar fuera.

-Sabes que puedo conjurar lo que tú quieras- dijo Magnus sin ponerle todavía mucha atención.

-No- dijo Alec firmemente- quiero salir.

Magnus finalmente alejó sus ojos de la mesa y miró a Alec fijamente.

-¿Quieres salir?- dijo.

-Sí- respondió el joven Lightwood con un poco más de esperanza- Voy a volverme loco si me quedo un minuto más en este apartamento. Estoy preocupado por Jace, donde quiera que esté y lo que sea que Sebastian esté haciéndole.

-Bueno, tratar de averiguar dónde se metió Jace es lo que estoy haciendo- dijo el brujo categóricamente, cruzando sus brazos sobre su pecho.

-Sé que eso haces y también estoy preocupado por ti- dijo Alec con sinceridad- No has salido de esta casa en mucho tiempo, no estás comiendo bien, estás despierto hasta tarde ¡Demonios! Ni siquiera hemos dormido juntos en días…

Alec se sonrojó al pronunciar las últimas palabras y se odió por ello, mientras Magnus entrecerraba los ojos.

-Dormimos juntos todas las noches- dijo el brujo.

-No, claro que no dormimos juntos- dijo Alec sin ganas de rendirse- Yo duermo y tú te despiertas en medio de un sueño inquietante. Además, sabes perfectamente lo que quiero decir con "dormir juntos".

Alec dejó escapar un suspiro y colocó sus codos encima de sus rodillas.

-Claro que sé lo que quieres decir- dijo Magnus con una sonrisa cansada- si es intimidad lo que quieres, sólo tienes que pedirlo, Alexander.

-No se trata sólo de eso, Magnus- dijo Alec quedamente- sólo quiero estar contigo esta noche, sólo unas horas.

Magnus se recargó encima de la mesa, todavía con sus brazos cruzados, estudiando a Alec.

-Perdóname por estar abandonando nuestra relación- dijo el brujo- he estado intentando…

-No, no digas esas cosas así- dijo Alec interrumpiendo el discurso de su novio- haces que suene como si fuera un egoísta y eso no es lo que estoy tratando de hacer. Estoy asustado por Jace y por Izzy. No sé si mi hermana pueda soportar que algo le pase a Jace, no después de lo que le pasó a Max…

La voz de Alec se rompió al pronunciar el nombre de su hermano pequeño, pero no quería que la tristeza ganara la batalla una vez más. Así que tomando una respiración profunda, el joven Lightwood se recompuso pasando una mano por su cabello desordenado y mirando a Magnus casi de forma suplicante.

-Por sobre todas las cosas, estoy preocupado por ti- continuó el chico de los ojos azules levantándose de la silla para cruzar la habitación hasta quedar frente a Magnus, poniendo una de sus manos sobre uno de los brazos del brujo.- sé que estás haciendo todo esto por mí, estás trabajando tanto y no quiero que te ocurra algo en el proceso. Mira, si supiera que estás a punto de descubrir algo, no te molestaría pero sé que estamos igual que al principio. Sólo… ¿Podemos tomarnos un respiro? Sólo unas cuantas horas. Puedes vestirte bien, puedes ponerte tan guapo y ser el Magnus Bane de siempre. Te llevaré a cenar y después, prometo que regresaremos temprano y no te molestaré y te dejaré continuar con lo que sea que estés haciendo… Magnus ¿Por favor?

-Bueno, me gusta estar guapo…- dijo el brujo con una sonrisa.

Alec le devolvió el gesto sabiendo que su cita era un hecho ya. La verdad es que el joven Lightwood estaba demasiado preocupado por todas las cosas que le había dicho a Magnus pero también empezaba a temer por su relación. Alec podía notar que de un tiempo a la fecha una distancia fría se estaba instalando entre ellos, y el chico no tenía ni idea de cómo hacer que aquella sensación remitiera. Alec extrañaba la diversión que los dos habían tenido en su viaje por todo el mundo, extrañaba la cercanía que solía sentir con Magnus.

Él sabía que aquella sensación negativa era parte de las circunstancias, por todo lo que estaba sucediendo en su vida en esos momentos, pero también era más que eso. Alec estaba celoso, esa era la verdad, el joven Lightwood estaba celoso del pasado de Magnus, ese pasado que el brujo se negaba a compartir con él. Estaba celoso de Camille y Will y todos los demás amantes que su novio había tenido en 300 años de vida. Alec temía de verdad que algún día Magnus se despertara para darse cuenta de que Alec era viejo e indeseable y lo cambiara por alguien más. Y lo que más odiaba de esas sensaciones es que Alec sabía que no podía hacer nada para cambiarlo.

"Sí, los dos necesitamos esto, necesitamos pasar esta tarde juntos, sólo él y yo para poder distraernos de todas las cosas dolorosas que estamos viviendo" se dijo Alec firmemente.

Una hora y media después, Alec estaba tumbado en la cama con un brazo doblado detrás de su cabeza. El chico se había vestido con un par de pantalones oscuros y un suéter azul nuevo que Magnus le había comprado en uno de los muchos países que habían visitado. Su chamarra de piel oscura favorita estaba colgando a los pies de la cama, esperando a que el chico se la pusiera encima. Alec no había podido evitar adormilarse debido al aburrimiento mientras esperaba a que Magnus estuviera listo.

De repente, como convocado por el pensamiento del joven Lightwood, Magnus atravesó la puerta de la habitación recargándose en el marco casualmente para que Alec pudiera contemplarlo. El brujo estaba usando pantalones de piel negros, botas del mismo material con un tacón que era al menos unas pulgadas más alto y una camisa plateada debajo de un abrigo de piel negra con mangas de tres cuartos. Su cabello estaba arreglado en picos en su estilo usual, y sus ojos estaban perfectamente delineados y destellantes debido a la brillantina que cubría sus parpados. Sus labios estaban pintados de un rojo intenso y la expresión de su cara era casi la de un depredador que le recordó a Alec la mirada de un felino.

-Bueno…- dijo Magnus de forma seductora- ¿Luzco guapo?

-¿Guapo?- dijo Alec levantándose de la cama sin dudarlo- no, no estás guapo… tú te ves… ¡Oh, por el Ángel!

Alec ni siquiera se había dado cuenta de que había cruzado la habitación para poder estar cerca de Magnus. El chico estaba esforzándose de verdad para encontrar una palabra que le hiciera justicia al aspecto hermoso de Magnus.

-¿Puedo besarte?- dijo Alec casi sin aliento.

-Claro que puedes…- dijo Magnus sonriendo.

-No- dijo Alec sin poder evitar sonrojarse- lo que quiero decir es que si puedo besarte sin que esa cosa roja se quede en mí…

-¡Oh!- dijo Magnus divertido- es magia, no se quitara de mis labios si yo no se lo permito.

El brujo le guiñó un ojo al cazador de sombras con una sonrisa juguetona en los labios. Alec sonrió un tanto aliviado y al igual que había pasado en la sala de los acuerdos en Alicante, Alec atrapó a Magnus entre sus brazos y lo besó, cuidándose de no desordenar el cabello de Magnus, pues sospechaba que el arreglo de éste es lo que le había tomado tanto tiempo a su novio. Las manos del cazador de sombras se colaron por debajo de la camisa del brujo, acariciando su columna vertebral sorprendiéndose de nuevo por la suavidad de aquella piel y el sentimiento de felicidad sin comparación que le producía besar a Magnus, aquello era dulce, familiar y le hacía olvidar el dolor de ver a Max muerto y de no encontrar aún a su parabatai.

Las manos de Magnus resbalaban por el cuerpo del cazador de sombras, recorriendo sus costados hasta engancharse en la cintura de los jeans del chico, cuyos nervios temblaron con anticipación al sentir las manos de Magnus acariciando su piel. Alec suspiró sobre los labios de su novio y Magnus se alejó un poco de él para mirar sus ojos azules llenos de deseo.

-Podemos quedarnos aquí…- dijo el chico de los ojos azules sin levantar la voz.

-¡Oh no!- dijo Magnus, aunque la verdad es que estaba tentado a seguir la petición de Alec.- No gasté todo este tiempo arreglándome como para quedarnos en casa.

Alec rio y besó a Magnus antes de dejarse guiar fuera del apartamento, deteniéndose solamente para tomar la chamarra de Alec y su abrigo negro. Magnus le hizo la parada a un taxi un poco más rápido de lo que solía tomar en Nueva York y Alec se preguntó si la magia de su novio lo ayudaba en asuntos mundanos como aquel. Los dos se metieron al auto rápidamente.

-Vamos a ir a…- dijo Magnus al taxista antes de voltear hacia Alec para preguntarle:- ¿A dónde vamos?

-Quiero pizza- dijo Alec con decisión.

-¿Pizza?- dijo Magnus con un dejo de incredulidad en la voz- ¿Me vestí así para terminar en una pizzería?

-Sólo confía en mi ¿Sí?- dijo Alec sin poder evitar reír y le dio una dirección al taxista.

Magnus dejó que su espalda descansara en el respaldo del sillón del taxi malhumoradamente, pero aquel malestar se evaporó al igual que sus dudas cuando el brujo vio el lugar al que lo había llevado Alec: el restaurante no era parte de una cadena de comida rápida como Magnus había temido, sino que se trataba de un lugar pequeño y pintoresco de paredes de ladrillo expuesto. La cocina estaba abierta y los grandes hornos donde se cocinaban las pizzas brillaban de forma encantadora mientras las flamas asomaban de aquel lugar.

Los dos estaban sentados en una mesa de madera sólida en la esquina del local que estaba iluminado por una sola y ligera luz roja que colgaba del techo. El ambiente era tranquilo, lleno de una música suave a la que se añadía el rumor de las conversaciones de las otras personas. Mientras miraban el menú, Magnus tomó casi de forma inconsciente la mano de Alec que no descansaba en el menú, acariciándola con suavidad. Alec volvió a estremecerse al contacto de la piel de Magnus cuyos dedos dibujaban círculos y otras figuras en la palma de su mano y es que el cazador de sombras había extrañado demasiado aquellas caricias.

-¿Te molesta?- preguntó Magnus, quien había atrapado a Alec mirando sus manos sobre la mesa en lugar del menú, deteniendo los movimientos en la mano de su novio.

-No, la verdad es que me gusta- dijo Alec sintiendo que la voz de Magnus lo había traído de vuelta a la realidad.

Magnus suspiró con alivio y continuo trazando formas invisibles en la piel de Alec quien volvió al menú, eligiendo una pizza para los dos que consistía en espinaca, alcachofas, queso ricotta y salsa italiana cuya masa era delgada y crujiente, deliciosa, el tipo de comida que era sencilla y reconfortante y los dejó con la sensación de que sus corazones estaban cantando y que el lazo de amor que los unía se hacía más fuerte entre los dos.

Al final de la cena, Magnus pagó la cuenta y los dos salieron del restaurante abotonando sus abrigos al sentir el frio aire de principios de noviembre que venía del Río Este. Alec no pudo evitar sonreírle a Magnus mientras decía:

-¿Acabo de ver a Magnus Bane pagando por comida?

-Cállate…- dijo Magnus dándole a Alec un ligero golpe mientras los dos se echaban a reír.

Después los dos observaron las calles que los rodeaban tratando de decidir qué harían a continuación. Los dos habían dicho que sólo estarían fuera por unos minutos pero ahora que estaban lejos del apartamento y del ambiente deprimente que los había rodeado por días, ninguno de los dos estaba listo para que su cita terminara. Sin pensarlo mucho más, Magnus tomó la mano de Alec y lo guio hacia la calle de en frente que estaba llena de numerosos clubs nocturnos.

-¡Vamos a bailar!- dijo Magnus repentinamente.

Alec se sintió aprensivo al escuchar aquellas palabras. Estaba claro que el joven Lightwood no era un bailarín ni siquiera en sus más locos sueños. Era cierto que Magnus y él habían bailado en numerosas ocasiones pero no se sentía completamente cómodo con ello aún. Magnus le había enseñado algunos movimientos de hip hop e incluso uno que otro vals, pero a veces simplemente se dejaban llevar por movimientos lentos, con el cuerpo del otro pegado al suyo propio y aquellas sesiones de baile no eran más que un juego previo a la pasión que se desbordaría después.

Magnus sentía las dudas de Alec mientras caminaban calle abajo pasando en frente de varios clubs. Las puertas se abrían y ellos podían escuchar diferentes trozos de música saliendo de aquellos sitios: country, reggae, pop, pero el que al final captó la atención de Magnus fue el que estaba dejando salir pedazos de canciones electrónicas. Luces rojas, verdes y azules dibujaban estrellas de luz en las paredes del club y en el pavimento de afuera. Magnus prácticamente arrastró a Alec a la entrada del lugar.

-¡Quiero entrar a este!- dijo Magnus con mucha emoción- este lugar combina perfectamente con mi atuendo y los colores en mi cabello.

-¿Cuáles colores?- dijo Alec levantado las cejas.

Magnus sonrió y pasó sus dedos entre su cabello, que después de un leve movimiento de llamas azules estaba surcado por líneas finas de azul, verde y rojo.

-Estos colores- dijo Magnus volviendo a arrastrar a su novio al club- ¡Vamos!

Alec dejó que el brujo lo llevara a donde este quisiera y los dedos de Magnus volvieron a hacer su magia con el guarura de la puerta que ni siquiera los miró y no pudo poner en duda la edad de los dos. Dentro del lugar, todo era un hervidero de gente bailando o bebiendo en la barra que se extendía en la pared posterior a la entrada que estaba llena también de pequeñas mesas y sillas llenas de gente. La pista de baile estaba atestada y muchos cuerpos bailaban a su ritmo sin importarles estar apretados. Las luces brillaban por doquier.

Después de dejar su abrigo y la chamarra de Alec en el área de paquetería, el brujo guio al cazador de sombras a la pista de baile y Alec no pudo evitar sentirse expuesto sin su chaqueta pero no dijo nada. De verdad quería que Magnus se distrajera un poco.

Mientras los dos empezaban a moverse al ritmo de la música, Alec se sentía expuesto, incomodo al estar chocando a cada rato con cuerpos sudoroso que se retorcían y lo golpeaban, pero aquello no podía reducir en grado alguno la maestría de Magnus al bailar por lo que el joven dejó que el brujo lo guiara y en un rato bastante corto, Alec se encontró perdido en el sonido de la música, empezando, de hecho, a disfrutar aquel baile. Él se había dado cuenta de que no importaba qué tan estúpido se estuviera viendo en aquel instante, a nadie parecía preocuparle, sólo a Magnus y su novio ya sabía que él era el peor bailarín del mundo.

Además, bailar era una forma excelente de liberar toda la energía reprimida y la preocupación que los dos habían acumulado en las últimas semanas. Después de más de una hora, los dos estaban cubiertos en una fina y brillante capa de sudor. Alec tomó a Magnus por el brazo y lo sacó de la pista de baile. Los dos atravesaron la puerta del club riendo y jadeando.

-Lo siento, Magnus- dijo Alec intentando volver a respirar con normalidad. Su cabello oscuro enmarcaba su cara de ojos azules brillantes y emocionados.- Necesitaba un poco de aire, es demasiado cálido ahí adentro, estoy sediento…

Antes de que el cazador de sombras terminara la frase, un vaso desechable con tapa y pajilla apareció en su mano, Alec lo miró con cierto temor.

-¡Oh, vamos!- dijo Magnus ofreciéndole la bebida a su novio con un dejo de impaciencia- es sólo té helado.

La brisa golpeó sus pieles mientras Alec bebía el té.

-Caminemos para recuperar nuestra temperatura normal- dijo Magnus tomándolo de la mano una vez más.

El brujo también estaba sudoroso pero, sorprendentemente, su cabello aún lucia perfecto. Alec sintió una pizca de celos cuando se dio cuenta de eso y del desastre que su cabello oscuro seguramente era ahora. Y es que su novio siempre lucia perfecto, sin importar lo que estuviera haciendo o vistiendo, incluso cuando no tenía nada puesto. Alec se sonrojó ante este pensamiento, pero era verdad: él amaba la forma casual en la que Magnus se reclinaba contra una pared, o el modo seductor en el que se acercaba a él cuando había deseo en sus ojos dorados. Magnus también lucía hermoso cuando su cabello lucia arreglado como ahora, o despeinado después de levantarse de la cama.

Alec sabía que él jamás se podría comparar a su novio y quizá era eso lo que hacía que los dos se sintieran tan atraídos por el otro. Los dos eran tan diferentes y aun así se complementaban perfectamente. Magnus hizo que sus dedos chocaran y sus abrigos aparecieron al instante. Los dos sentían aún demasiado calor para ponérselos así que simplemente cubrieron sus hombros con ellos de forma casual, mientras caminaban de la mano con dirección a la orilla del rio.

El viento era mucho más fuerte ahí, así que los dos se apuraron a entrar en sus abrigos para frenar el escalofrío. Desde aquel punto, los dos tenían una excelente vista del rio y del puente que lo cruzaba. Un hombre sentado en frente de un caballete sobre el que descansaba un lienzo, pintaba aquella escena usando las luces de Manhattan como su telón de fondo. Rodeando al hombre se encontraban muchos otros cuadros de la ciudad, casi todos con una perspectiva nocturna. Alec admiró los cuadros, el chico siempre se había sentido cautivado por las luces de Nueva York.

Los dos hombres siguieron caminando con rumbo a la orilla del rio, pasando en su camino frente a varias otras parejas que se abrazaban para protegerse del frio, pero mientras más se alejaban, el número de personas también parecía disminuir. La calle estaba prácticamente vacía, lo que era de verdad extraño para tratarse de una noche en Nueva York. Alec se preguntó una vez más si aquello no tenía que ver con la magia de Magnus, dándoles la sensación de haberse alejado de todo mundo.

Magnus se detuvo a la sombra de un gran roble y liberó la mano de Alec, después poniendo la palma de su mano hacia arriba como si sostuviera algo, aparecieron pequeñas piedras lisas del tamaño de puños después de un destello de llamas azules.

-¿Has jugado a lanzar piedras al río?- dijo Magnus mirándolo fijamente.

Alec negó con la cabeza y Magnus lanzó una de las piedras posicionándola entre sus dedos índice y pulgar, haciéndola volar por encima del agua y cuando la piedra tocó la superficie, esta pareció rebotar sobre el agua al menos seis veces antes de hundirse.

-¿Hiciste eso con magia?- preguntó Alec realmente sorprendido.

-Claro que no- dijo Magnus entre risas- los mundanos lo hacen todo el tiempo. Ahora te toca a ti, vamos, inténtalo, trata de hacer lo que yo hice.

Magnus puso una de las piedras sobre la mano de Alec y éste trató de imitar los movimientos del brujo pero cuando él dejó que la roca volara, ésta golpeó el agua y se hundió con un "plunk". Magnus se echó a reír sin poder evitarlo mientras Alec fruncía el sueño. Por toda respuesta, el brujo puso una piedra de nueva cuenta en la mano de Alec, tomando la mano del cazador de sombras entre la suya, guiando el movimiento del brazo del joven Lightwood mientras éste veía cómo con ayuda de Magnus, la piedra se elevaba y caía en el agua dando tres saltos seguidos antes de hundirse. La cara de Alec se iluminó con alegría pero todavía no estaba del todo convencido de que Magnus no hubiera usado magia.

-¿Lo ves?- dijo Magnus riendo divertido- eso estuvo mucho mejor.

-Magnus…- dijo Alec señalando el resto de las piedras que seguían flotando en el aire, Magnus las había dejado ahí para poder ayudarlo.- ¿Crees que podemos dejar esas piedras así nada más? Estamos en un lugar público, ya sabes.

-No te preocupes- dijo el brujo- estoy usando un glamour.

-¡Oh!- dijo Alec un poco aliviado y curioso- ¿Y qué se supone que estamos haciendo en el glamour?

-Estamos besándonos- dijo Magnus guiñando un ojo.

Alec se dio la vuelta para mirar a Magnus, atrapando entre sus dedos el cinturón del brujo, acercando el delgado cuerpo de su novio al suyo. Los brazos de Alec se aferraron a su cintura mientras sentía el calor familiar de aquella piel contra la suya.

-¿Besándonos así?- dijo Alec y dejó que sus labios se estrellaran en los de Magnus.

Una sensación de escalofrío lo recorrió, Alec estaba disfrutando besar al brujo simplemente porque podía hacerlo. Magnus reaccionó al beso rodeando el cuerpo de Alec entre sus brazos, abrazándolo fuerte, acariciando su cabello negro. Los ojos de Magnus revoloteaban mientras los dos se entregaban al beso con pasión, las manos del cazador de sombras lo acariciaban por debajo de su camiseta plateada y Magnus tembló cuando los dedos de Alec dibujaron todo el largo de su columna vertebral.

Y es que Alec no era muy dado a las expresiones públicas de afecto, o al menos demostraciones que estuvieran elevando su temperatura como esta, pero desde el momento en el que había sabido que los dos estaban bajo un glamour se dejó llevar por los labios y la lengua de Magnus, sintiendo que su cuerpo se derretía en medio de aquel beso. Así que Alec besó a su novio hasta que los dos tuvieron que separarse en busca de oxígeno, y éste puso una piedra en su mano una vez más invitándolo a lanzarla.

-Venga, una más…- dijo Magnus besándolo suavemente en la mejilla.

Alec sonrió y lanzó la piedra que esta vez saltó sobre la superficie del agua casi seis veces. Magnus rio realmente complacido y le aplaudió a su novio con entusiasmo. Después de eso los dos tomaron turnos para seguir lanzando piedras , Magnus ganó la partida, claro porque tenía una experiencia infinita y nadie podía convencer al cazador de sombras de que el brujo no había hecho trampa con la magia, pero el chico Lightwood no dijo nada, después de todo estaba divirtiéndose demasiado fuera trampa o no.

Cuando la pila de piedras se agotó, Magnus liberó el glamour y los dos hombres siguieron su camino a la orilla del rio, sus pasos guiados por el sonido de una música que venía de cerca. Debajo de una de las luces de la calle, se encontraba un pequeño grupo de jazz produciendo el sonido que los había llevado a aquel lugar. Un saxofón, trompeta y trombón emitían un melodioso sonido que llenaba el aire de la noche.

Sin avisarle, Magnus atrajo a Alec a su cuerpo y después lo alejó con suavidad dándole a entender que iban a bailar de nuevo. El joven Lightwood rio sorprendido por los movimientos de Magnus. El brujo lo hacía girar, moviendo sus pies al ritmo de la música. Alec solamente se dejaba llevar, y cuando la canción terminó, Magnus se inclinó sobre él, haciendo que el cuerpo de Alec se doblara del modo en el que las grandes parejas de baile terminaban un gran número. El muchacho se sonrojó mientras Magnus lo devolvía a su posición original y lo besó en la nariz antes de lanzar unas cuantas monedas al estuche de uno de los músicos, encaminando sus pasos a la búsqueda de un taxi.

Alec reía divertido aun recordando todas las cosas que Magnus y él habían hecho en aquellas horas libres, el joven Lightwood no se había divertido tanto desde que volvieran de Venecia, pero ya era tarde y era tiempo de volver a casa. La mano de Alec estaba de nuevo en la mano de Magnus mientras este detenía un taxi.

Los dedos del brujo dibujaban figuras en las palmas de Alec, haciendo que el muchacho se estremeciera, ajeno al mundo que lo rodeaba, totalmente distraído al momento de subir al taxi por lo que el chico tropezó en el camino cayendo encima del regazo de su novio. Y al sentir al brujo tan cerca de él, el joven Lightwood perdió el control. Sus labios capturaron los de Magnus en un beso apasionado, pero antes de que pudieran perderse del todo en aquellas sensaciones, Magnus le dijo la dirección de su apartamento al impaciente taxista y cerró la puerta detrás de Alec.

Magnus volvió a inclinarse sobre los labios de Alec, dejando que su aliento chocara con los labios de su amado, sin besarlo todavía.

-Te amo, Magnus Bane- susurró Alec sin importarle que alguien pudiera escucharlo.

Magnus acarició la cara de Alec haciéndole sentir que él también lo amaba más allá de todo, y lo besó con calma pero profundamente, haciendo que el corazón del cazador de sombras se acelerara y que todo su cuerpo se sintiera ardiendo como lava. El viaje a casa pareció suceder en un abrir y cerrar de ojos porque los dos estaban perdidos en sus besos, sus caricias y su amor. Cuando llegaron a casa, a Magnus no pareció importarle parecer normal y abrió la puerta del apartamento con magia.

Cuando la puerta se cerró detrás de ellos, Magnus atrapó a Alec de nuevo entre sus brazos, besando su cuello, hasta su boca, perdiendo el aliento sin que importara más nada.

Los ojos de Alec se abrieron en medio de aquel beso, el azul de sus pupilas chocó con el montón de trabajo que había reclamado la atención de Magnus todo aquel tiempo, y sin quererlo, una sensación de abandono volvió a invadirlo otra vez.

Era más que evidente que su noche juntos había llegado a su fin y Magnus tendría que regresar a su investigación que ayudaría a encontrar a Jace.

-Fue una noche hermosa, Magnus- dijo Alec, mirando a su novio fijamente, el azul perdido en el dorado, depositando un suave besos en sus labios. – Gracias

Magnus miró por encima de la mesa, perdido aún en la sensación de un beso de Alexander Lightwood. El brujo podía ver los símbolos y dibujos que lo habían fascinado en la última semana. Una parte de él quería descubrir de una vez todos aquellos secretos, pero la parte más grande de su ser sólo quería quedarse con Alec.

-Todavía no se termina- susurró el brujo sobre los labios del cazador de sombras.

Alec miró al brujo un poco sorprendido por sus palabras. Él había estado seguro de que Magnus volvería a su trabajo y se quedaría despierto hasta muy tarde estudiando aquellos papeles como había sucedido las demás noches.

-¿Aún no?- dijo Alec con los ojos abiertos y Magnus negó con la cabeza- ¿Qué más tienes planeado?

-Quiero hacerte el amor- dijo Magnus con un susurro embriagador, mirándolo fijamente, dejando que sus dedos se aferraran a la cintura del cazador de sombras, acariciando la suave piel de aquel lugar.

Magnus sabía que aquellas palabras afectaban bastante a Alec aunque el brujo las usaba raramente, pues solía poner sus deseos en palabras menos poéticas. Pero por razones desconocidas para Alec, aquellas palabras "hacer el amor", hacían que el joven Lightwood se debilitara. Quizá tenía que ver con la expectativa que esto provocaba en la mente de Alec, pues para él hacer el amor significaba más que solo sexo y placer y al final, los dos expresaban su amor y experimentaban la cercanía que sólo puede venir del acto de entregarse a alguien más, a alguien que uno ama de verdad.

Los brazos de Alec rodeaban el cuello de Magnus, sus manos acariciando el cabello en puntas del brujo que era sorprendentemente suave al tacto. Sus labios se encontraron de nuevo, sus bocas abriéndose, sus lenguas explorándose. Alec acarició los hombros de Magnus antes de despojarlo de su abrigo negro y el brujo apenas tuvo el control necesario para levantarlo del suelo usando la magia, evitando que Presidente Miau dañara su abrigo favorito. Los dos dejaron un camino de ropas con camino a la habitación como si se tratara de migajas de pan, besándose y acariciándose todo el camino, buscando hasta el último rincón de la piel del otro…


NdA: En verdad gracias por todo el apoyo a esta historia, especialmente por sus comentarios :) Aún hay mucho Malec para todos :D