Disclaimer: nada de lo que podáis reconocer me pertenece, todo es propiedad de la CW y los creadores de la serie. Esta es una traducción del fic original de deansgirl369.


Capítulo Siete

Se detuvieron uno frente al otro, ambos en una postura defensiva, casi girando como lo hacían cuando entrenaban, luchando y probándose el uno al otro para mantenerse en forma, para mejorar sus habilidades. Era un escenario que conocían, que comprendían y aceptaban sin reservas, a diferencia de la tensión subyacente que chisporroteaba en ese momento entre ellos.

Sam no iba a dejarle ir, estaba demasiado cerca del premio. Demasiado cerca de la felicidad. Diablos, estaba allí delante de él y todo lo que necesitaba para conseguirlo era tirar abajo esa última barrera para encontrar la luz detrás de la pared, la bella perfección que sabía que se escondía dentro de su hermano.

—Dean. Te quiero, nos quiero a nosotros. Sé que tú también lo quieres, ¿por qué no podemos ser felices? Quiero esto. No me metiste esto en la cabeza, es parte de lo que soy y no puedes tomar crédito por ello.

—Yo… Yo sé que te crees lo que estás diciendo. Pero es culpa mía. Siempre has seguido mi ejemplo. Has desarrollado estos delirios por mi culpa, lo viste de alguna manera y simplemente asumiste que era normal, y que esos sentimientos habían crecido en ti por tu cuenta. Pero vienen de mi enfermo, retorcido corazón, y no voy a dejar que creas que fue tu idea.

Dean sonó tan crudo, tan destrozado y roto, y Sam deseaba tanto abrazarlo, devolver parte de la seguridad que había existido en Dean durante toda su vida.

Vete a la mierda. Eso era lo que Sam quería decir. Vete a la mierda por no confiar o creer que no tengo una mente propia. Que nunca he conocido a mi propio corazón. Entonces se le ocurrió. Y la esperanza se precipitó a través de él como una cascada.

—Doce —dijo Sam sencillamente.

Arrugando la frente, Dean inclinó la cabeza hacia un lado.

—¿Qué?

—Tenía doce años, casi trece cuando empezó.

Se limitó a esperar. Esperó a que el terco, sacrificado Dean, moviera el culo y se pusiera al día, se diera cuenta de lo que eso significaba.

Tres. Cuatro. Cinco. Algo se apoderó de la cara de Dean, un amanecer, comprensión, y miró a Sam con esperanza y, sin embargo, había un punto de recelo, de incertidumbre.

—No. Acababas de cumplir los diecisiete, Sam. Mierda, no estoy tan enfermo. Eras un crío a los doce, todo brazos y piernas y con el aspecto de una mantis religiosa, tropezándote con tus propios pies… —Su voz se apagó y Sam podía ver que todavía se resistía a aceptarlo.

Sam suspiró e impregnó de frustración cada uno de sus gestos mientras se acercaba a él, su mano descansando en la parte posterior del cuello de Dean, mirándole a los ojos.

—Uh, ¿hola? Estoy hablando de mí. Puedo pensar por mí mismo. Recuerdo verte condenadamente cerca cada minuto; observarte cuando salías de la ducha, mirar cómo te cambiabas, verte besando chicas sin que supieras que te estaba mirando. Pensaba en ti cada vez que me masturbaba, y eso empezó cuando tenía doce años. Fue la primera vez que te quise, Dean. Cuando me di cuenta de que estabas ahí para mí. Sencillamente, no pensé que tú me querrías también. Diablos, me fui a Stanford y mantuve una relación en la que nunca me impliqué del todo sólo para escapar de esa necesidad no correspondida.

La tercera vez que Sam trató de besar a Dean, todo fue distinto. Rozó sus labios carnosos y tentadores, lanzando su lengua hacia afuera para degustarlos. Dean jadeó, el aire saliendo de su cuerpo como el aire de un globo pinchado. Sus ojos se abrieron mientras Sam retrocedía ligeramente y apoyaba la frente contra la de Dean.

La lengua de Dean se deslizó a lo largo de su labio inferior, probando el sabor que Sam había dejado ahí, degustando a Sammy. El sabor de Sam era el del sol y el calor, la lluvia y la menta, el de todo aquello que Dean necesitaba para calmar su alma. Olía, además, como él pensaba que olería sólo que mejor, si es que eso era posible. Sólo había necesitado esa pequeña cata y Dean ya estaba muy seguro de que estaba hecho para esto… de que nunca sería capaz de volver atrás.

Sam gimió suavemente mientras observaba el recorrido de esa lengua por los labios que él sólo había probado. Maldita sea, todo lo que hacía Dean le hacía sentir débil.

—Dean, maldita sea, Dean. Te quiero tanto que me está devorando por dentro.

—Sammy —Su nombre estaba lleno de esperanza, como un grito contenido en un susurro. Y Dean aceptó finalmente que Sam estaba en esto por sus propias razones, y él podía amar sin miedo ni culpa. Fue suficiente para desatarle. Sus brazos estuvieron de repente llenos de Sam. Su hermano pequeño se había convertido en algún momento en un hombre, un hombre con mucho que ofrecer y Dean envió una pequeña oración de agradecimiento porque este bello hombre le quería a él, de entre todos, conocía sus defectos y sus imperfecciones y todavía quería estar con él.

Envolviendo sus dedos en el pelo demasiado largo, lanudo, Dean apretó y acarició, deleitándose en ese pequeño gesto que era enorme para él. Tenía lo que podía llamarse una obsesión con el pelo de Sam, y enterrar sus manos en él hacía que su alma reluciera con felicidad.

Sam se apoyó en la caricia, feliz de tener las manos de Dean sobre él. Levantó sus propias manos para acariciar a Dean, pasando los dedos justo por la parte superior de sus caderas donde descansaba la camisa de mezclilla, acariciando la piel suave y cálida de ese lugar.

Los dedos se arrastraron desde su pelo hasta la parte posterior de su cuello y por la línea de la mandíbula; Dean miró a Sam a la cara mientras se empapaba con la caricia, cerró los ojos y suspiró largamente. Se inclinó y apretó los labios contra los de Sam tentativamente, pidiendo permiso en silencio.

Sam abrió la boca inmediatamente, lanzando su lengua al encuentro de la de su hermano. Sólo pasó un momento antes de que el beso se volviera necesitado y desesperado con muchos años, demasiados, de frustración reprimida entre ellos. Sus bocas se inclinaron y buscaron, probándose el uno al otro, sintiendo que la lengua, los labios y los dientes era casi demasiado, pero todavía insuficientes.

Sam gimió en silencio, presionando su cuerpo lo más fuerte posible contra el de su hermano mayor. Trató de controlar su respiración cuando sintió todo el cuerpo de Dean desde el pecho hasta los muslos.

Bebiendo de ese gemido en la boca de Sam, Dean le besó una vez más, lamiendo el sabor de su hermano en su lengua y chupándola hasta que fue recompensado con otro pequeño gemido. Después, movió la boca hacia abajo para besar la mandíbula de Sam y mordisquear esa pronunciada curva antes de caer por su garganta.

Dean se sentía tan abrumado que temía que su corazón fuese a explotar. ¿Cómo era posible que algo que siempre había deseado, pero que nunca había esperado que pasara, se hiciera realidad? Eso no era así en la vida de Dean Winchester. Temía despertarse en cualquier momento y descubrir que había sido un sueño, sólo otro sueño de lo que nunca debería haber deseado, de lo que nunca podría tener. Bueno, hasta que despertara…

Besó el cuello de Sam lentamente, lamiendo la larga extensión de piel bronceada y carne ligeramente sudorosa, sintiendo el latido irregular del corazón de Sam debajo de la lengua. Sam estiró el cuello, entregándose, con ganas de sentir los labios de Dean sobre cada tendón. Jadeó cuando Dean comenzó a chupar suavemente para después hacerlo con fuerza suficiente para dejar un moretón. También disfrutó de eso.

Las manos de Sam frotaron la espalda baja de Dean, se colaron en sus pantalones para deslizarse sobre el borde de su culo musculoso, acariciando la curva que hacían los huesos de su cadera, el abdomen apretado. Quería tocarlo todo a la vez, pero sobre todo quería memorizar cada parte, cada centímetro de piel que adoraba.

Dean siempre había sido el epítome del sexo para Sam. Diablos, para otras personas también, pero Sam no podía pensar en eso ahora, en ese momento Dean era suyo, y tenía la intención de saborear cada segundo y probar que Dean no quería a nadie más.

Entonces se movieron juntos, como si hubieran dicho algo en voz alta, a pesar de que no había sido así. Avanzaron hacia la cama, sin detener sus manos, labios y lenguas. Las rodillas de Sam golpearon el borde de la cama y se hundió en ella, apretando a Dean contra su garganta donde seguía besándole, tirando a su hermano sobre él en la cama.

Los ojos de Dean se abrieron de repente, brillando con incertidumbre. Sam aflojó su agarre sobre Dean lo suficiente como para dejar que su hermano mayor se sentara en la cama, con los ojos todavía fijos en los del otro, las manos aún sobre los cuerpos. Cuando Dean estuvo en posición vertical, Sam se movió hacia él lanzando una pierna sobre su regazo e inclinándose para besar y saborear esos labios de nuevo mientras sentía a Dean relajándose una vez más. No hubo presión por parte de Sam, asegurándole que sus opciones estaban abiertas.

La sensación del cuerpo de Sam tirando de él hacia la cama, su dura y enorme polla descansando junto a la suya, incluso a través de sus pantalones vaqueros, mientras Sam se presionaba contra él estaba haciendo que la tensión que Dean podía soportar estuviera rebasando su límite. Deslizó los dedos bajo la camisa de Sam, rozando su piel suave y sus músculos, todo aquello que anhelaba descubrir, explorar con sus dedos con avidez, imaginando el sabor, ¿cómo se sentiría si pasara su lengua por ahí?

De repente, Sam estaba tirando de la camisa de Dean, y éste se inclinó hacia atrás, dejando que le quitase el algodón suave antes de tirar de la de su hermano. Sus ojos se encontraron durante unos largos segundos mientras se apoyaban el uno en el otro, ambos gimiendo, sus cuerpos temblando, piel caliente finalmente encontrando piel caliente. Perdidos en sensaciones que habían disfrutado en sus momentos privados y que ahora compartían.

Manos frenéticas se deslizaron por el cuerpo del otro, trazando cicatrices que conocían demasiado bien, saboreando el gusto de la piel que sólo estaban descubriendo, mordiendo el músculo y el tendón, dedos acariciando y tocando.

—Dios, Sam. ¿Tienes idea de lo que me haces sentir?


¡Hola! Está claro que os debo una disculpa. Lo siento mucho, de verdad. Me han surgido algunos problemas personales que me han mantenido lejos de FF o del pc en general. Sin embargo, cuando digo que yo no abandono es porque no lo hago así que aquí estoy, con un nuevo capítulo. Sólo nos quedan otros dos, gente. A ver qué pasa a continuación ;D

Trataré de actualizar la semana que viene :)