Capitulo 7

-Evans, ¿a dónde vas tan rápido?

James se le acercó corriendo con una enorme sonrisa en su rostro sosteniendo su escoba con su mano. El joven se detuvo frente a Lily, bloqueándole el paso e impidiendo que ella pudiera avanzar hacia las escaleras del vestíbulo. Lily alzó su rostro, mirándolo fijamente durante una milésima de segundo, cruzándose de brazos sobre el pecho y pasó a su lado para seguir caminando, sin siquiera dirigirle la palabra. La sonrisa de James no desapareció, sólo volvió a colocarse frente a ella mirándola fijamente.

-¿Sabes, Evans? La gente educada suele responder.

-Si supieras lo que es una persona educada no estaríamos teniendo esta conversación.

-Ya, Evans -James sonrió lentamente. -Ya sé que la humedad pone a las mujeres de mal humor, pero tú no tienes que preocuparte. El cabello se te ve bien siempre.

Sabiendo el efecto que aquello causaría, James hizo un ademán de alzar su brazo para acomodar un mechón de cabello que se había soltado de la coleta que Lily usaba. La pelirroja, al ver esto, retrocedió mientras lo esquivaba sin dejar de fulminarlo con la mirada.

-Oh, vale -James fingió decepción. -Pero bueno, quizás no lo logre con tu cabello. ¿Crees que tendré mejor suerte con tus piernas?

Sonrió con picardía, recordando lo que había sucedido más temprano, en el campo de Quidditch.

-Todo fuera de tu alcance, Potter -Lily intentó esquivarlo y seguir con su camino pero James volvió a interceptarla. -Ven a verme en algún universo paralelo y quizás...acepte tenerte a cinco metros.

-No estoy muy seguro de como llegar a ese universo paralelo, ¡pero Evans! Si estás insinuando que quieres tenerme paralelo a ti, solo debes decirlo.

Lily le dirigió su mirada más severa pero fue en vano, ya que la sonrisa angelical de James no desapareció.

-¿Paralelo no? ¿Y perpendicular? Siempre se puede probar poses nuevas.

La sonrisa de James se volvió pícara y el rostro de la pelirroja fue invadido por una mueca de asco.

-¿No tienes algo mejor que hacer, Potter?

-¿Aparte de mirarte? No, nada. ¿Por qué? ¿Tú tienes sugerencias?

James sonrió pícaramente, acercándose a la joven pelirroja quien retrocedió.

-Irte a bañar, por ejemplo.

-¿Me estás invitando?

James colocó el palo de su escoba alrededor de sus hombros, sin soltarlo, observando divertido cómo Lily ocultaba su rostro entre sus manos en un vano intento de mantener la poca compostura que le quedaba.

-¡Wow! ¡La nueva Oakshaft!

La pelirroja alzó su mirada, sobresaltada, para ver a Michael detrás de James con la escoba en sus manos, examinándola con cuidado con sus ojos azules abiertos como platos.

-¡Joder, Jamsie! ¡Es genial! ¡Tiene muchísimas cualidades! ¿Sabes para qué más se puede usar esta belleza? -Michael borró su sonrisa y alzó la escoba para golpear a James en la cabeza. -Para enseñarte a no desubicarte con las mujeres.

-¡Au! -James lo esquivó, mirándolo divertido pero con reproche a la vez. -¿Sabes, Mickey? Preferiría que ella me golpeara.

-¡Potter! -se sobresaltó Lily, mientras Michael volvía a golpearlo.

-¡James, qué insensible maleducado eres! ¡Discúlpate!

-Michael, no te molestes en hacerlo disculparse conmigo -Lily miró a James fríamente. -Gente como James Potter nunca cambiará.

-Quizás. Pero por ti lo hago, Evans.

-Potterveteynomehablesmás -Lily inspiró profundamente, tomándose el puente de la nariz con su índice y su pulgar, cerrando sus ojos.

James sonrió, mirando fijamente a Lily ante la mirada incrédula de Michael. El joven analizó la expresión de la pelirroja durante un segundo, antes de ampliar aún más su sonrisa.

-Ya... Si de todos modos nos veremos luego, Evans.

-James, tienes diez segundos para desaparecer de mi vista o te castigaré un mes.

Michael se cruzó de brazos, mirando el rostro severo de Lily mientras James se encogía de hombros.

-¿No me vas a devolver al menos mi escoba?

Michael resopló, sin apartar su mirada azul de Lily quien esperaba con impaciencia que James se alejara para poder irse tranquilamente. El profesor tomó la escoba con una mano, tendiéndosela al Gryffindor quien se llevó una mano a la nuca para revolver su cabello azabache, antes de guiñarle un ojo a la joven y darse media vuelta, dirigiéndose hacia las escaleras. La pelirroja lo observó subir los escalones de dos en dos, y luego se llevó las manos a los bolsillos de su abrigo, girándose para dirigirse hacia la entrada de las mazmorras.

-Pues... -Michael la observó alejarse unos segundos antes de encogerse de hombros. -¡De nada, Lily! ¡Fue todo un placer!

La Gryffindor se quedó una milésima de segundo congelada, antes de girar suavemente y sonreír fríamente.

-Muchas gracias, pr... Michael. Pero no era necesario, sinceramente.

-Eso no era lo que a mí me pareció.

¡Es un Potter con autoridad! ¡Es sencillamente otro engreído arrogante!

-He tenido un millón de encuentros así con James Potter y he sobrevivido. Potter es un pesado, si. Pero un encuentro más, uno menos. Esto no marca una diferencia en mi vida.

-¿Y qué lo hace?

Lily le sostuvo la mirada frunciendo sus labios, recordando quién era él, quién era ella... recordando que debía comportarse frente a él. No era James Potter. No podía decirle que se callara, que dejara de molestarla, que no le dirigiera la palabra nunca más en su vida. Era su profesor, y Lily sabía que debía respetarlo. Pero no podía evitar sentir rechazo ante aquel hombre, ante su divertida y penetrante mirada azul, ante su radiante sonrisa burlona, reflejo de la superioridad que Michael sentía y que tenía sobre ella.

-No quiero parecer maleducada, pero tengo que reunirme con el profesor Slughorn. Y estoy retrasada -mintió Lily.

-Wow -Michael se cruzó de brazos, fingiendo sorprenderse por algo. -Se nota que el profesor de Pociones te tiene muchísima estima, Lily.

-¿A qué se...? ¿A qué te refieres? -respondió ella con voz suave, mirándolo precavida.

-Me refiero a que el profesor Slughorn se fue a Hogsmeade. Iba a estar allí todo el día. ¿Se le olvidó cancelar la reunión del Club de las Eminencias?

Sonrió burlonamente, mirando a Lily como si supiera cuánto ella quería alejarse de él.

Engreído. Arrogante. Patán. Soberbio. Desdeñoso. Creído. Altanero.

-No, no... Yo... Yo olvidé que lo había cancelado -Lily sonrió fríamente. -Si me disculpas... aprovecharé para ir a la biblioteca, tengo que escribir para el martes dos pergaminos sobre el uso de contra hechizos no verbales en un duelo.

Michael la observó dirigirse hacia las escaleras durante varios instantes, antes de negar con la cabeza, antes de meter las manos en sus bolsillos y darse media vuelta para salir a los jardines.

Emily caminaba sin rumbo alguno a ritmo rápido, con sus brazos cruzados sobre su pecho. No había encontrado a la profesora McGonagall en su despacho, y ahora no sabía donde ir. No encontraba a sus amigas ni a nadie. Ni siquiera sabía si quería estar con alguien. Estaba enfadada. Por todo. Por lo de Bernard y Chloe, por lo de los Slytherins, por su relación con Sirius. Frunció los labios, mientras subía las escaleras de dos en dos oyendo el ruido seco del taco de sus botas contra la madera. Al llegar al rellano, vio al merodeador pelinegro caminando del otro lado del pasillo, y se apresuró a seguirlo.

Ni siquiera se detuvo a pensar en lo que hacía. Sólo estaba enfadada. Estaba enfadada por un millón de cosas, y una de ellas era que Sirius la tratara de ese modo. Le enfadaba que él no la respetara. Que estuviera con otras frente a su nariz. Nunca se había detenido a pensar en lo que hacía antes de molestarlo. Sólo actuaba. Era la única forma que tenía para reclamar su atención. Para mantenerlo cerca a ella, aunque sabía perfectamente que lo único que hacía era alejarlo aún más. Pero no podía evitarlo. Sirius era la única persona que le provocaba aquel impulso.

El Gryffindor no la oyó acercarse, y se sorprendió mucho al sentir cómo alguien saltaba sobre su espalda, abrazándolo por el cuello con fuerza y acercando su boca a su oído.

-¡Mi leoncito!

El pelinegro entrecerró sus ojos mordiéndose la lengua para no soltar un torrente de insultos al oír su voz, más chillona y melosa de lo normal. Se deshizo del abrazo de Emily sin apartar su severa y helada mirada plateada de ella, sintiendo la ira y la rabia correr por sus venas al ver la sonrisa divertida de la joven.

-¿Que no tienes nada mejor que hacer con tu vida, Lewis?

La expresión de Sirius se tornó de desagrado, y retrocedió mientras Emily se encogía de hombros, acercándose a él lentamente.

-No, Sirius, claro que no. ¿Qué otra cosa podría hacerme feliz, a parte de ver a mi futuro esposo?

Emily avanzó hacia él y lo tomó por ambas mejillas con fuerza, hablándole con una voz empalagosa.

-¡Joder, mujer! -bramó Sirius, apartando sus manos de su rostro enrojecido por el enojo, con sus ojos plateados sumergidos en ira. -¿Nunca vas a dejarme en paz, Lewis?

-¡Ay, Sirius! -Emily se llevó ambas manos al pecho, mirándolo con fingido dolor. -¿Cómo vas a hablarme así, caramelito?

Sirius refunfuñó para sí un mar de palabras e insultos incomprensibles, dispuesto a alejarse de ella antes de hacer algo de lo que pudiera llegar a arrepentirse, cuando una voz naturalmente chillona lo hizo girar su rostro.

-¡Lewis! -Lara Bloom alzó sus cejas sorprendida de ver a la castaña, llevándose las manos a su cadera y sonriendo. -¿Qué haces aquí con Sirius?

Miró al pelinegro, quien se mordió el labio inferior mirándola incrédulo, antes de pasarse una mano por el rostro. Desde aquel lunes, el Gryffindor ignoraba y evitaba cruzarse a toda costa con la rubia, quien no parecía entusiasmada con la idea de haber sido nuevamente sólo una aventura, ser una más de su lista. Y el ser ignorada no era algo que la Ravenclaw estaba acostumbrada a hacer. Había intentado abordar a Sirius durante toda la semana, no darle la oportunidad de despecharla, pero él había hallado siempre la forma de alejarse de ella.

-Es mi prometido. ¿Por qué no estaría con él?

Emily puso su voz aún más chillona, imitando el tono de Lara, para tomar a Sirius del brazo besarle la mejilla, ante el desagrado de él.

-No lo sé, quizás porque... ¿te detesta?

Lara sonrió burlonamente, acercándose al joven quien resopló sin que ninguna le prestaran la más mínima atención, colocándose del lado contrario a Emily.

-¿A mí me detesta? ¿Sirius? ¿El hombre con el que voy a casarme?

-Claro, te ama. Te adora. No vive sin ti, Lewis. Si tu Sirius tanto te ama, ¿por qué se acostó conmigo hace unos días?

Emily sintió la punzada de dolor, de celos, de vergüenza en medio del pecho pero se concentró para no perder su sonrisa falsa, mirando a Lara Bloom como si acabara de elogiar el collar que colgaba de su cuello. No iba a dejarse vencer.

-No significó nada para él, por eso te ha estado evitando toda la semana.

-Claro que no me ha estado evitando.

-Ya, basta.

Sirius dio un paso adelante, deseando que aquella disputa sin sentido se acabara.

-Claro, sólo ha estado un poco ocupado.

El Gryffindor maldijo, mirándolas a ambas con incredulidad, sin que le prestaran la más mínima atención.

-Joder, ¿van a parar?

-Ha estado conmigo. Más de una vez. A ti ni siquiera te ha dado un beso, Lewis.

-Ha estado contigo más de una vez porque no puede perseguir a las niñas de primero, Bloom.

-¿Disculpa?

-¿La palabra "descarte" te suena?

-¿Y la palabra "obligación"? Porque a ti no te quiere ver ni en un cromo de ranas de chocolate. Te detesta.

-Ya, Bloom. Tú estás cansada de ser sólo algo de una noche y quieres que Sirius deje todo por estar contigo. Pero jamás va a formalizar nada contigo. Y sinceramente, ¿qué esperas?

-¡Que se callen! -bramó Sirius, tomándose la cabeza con ambas manos. -¡Me tienen harto! ¡Lewis, no te soporto y lo sabes! Y Lara, vamos. Ambos sabemos que nosotros no vamos bien juntos. No insistas.

-¡Sirius! -La Ravenclaw lo miró sorprendida, borrando su sonrisa y observándolo con reproche. -¿Qué te pasa?

-¡Si, Sirius! -Emily imitó el tono de Lara. -¿Cómo dices esas cosas? ¿De verdad lo piensas?

-Sirius, no estás hablando en serio.

-Si, Lara. Hablo en serio. No quiero estar contigo. Así que deja de insistir. Sabes perfectamente que si estamos juntos, es para algo que no durará más de una hora. Y tú tampoco quieres estar conmigo, sólo quieres seguir llamando la atención. Deja de fingir.

-¡Eso, pastelito! ¿No ves, Lara? No te quiere.

Emily no pudo contener su sonrisa al ver el rostro impasible de Lara, sus ojos sumergidos en vergüenza e ira. La rubia frunció sus labios, mirando a Sirius incrédula, antes de darse media vuelta y doblar en el pasillo por el cual acababa de aparecer. La castaña abrió su boca, dispuesta a dirigirle la palabra nuevamente, pero el pelinegro la taladró con la mirada y negó con la cabeza.

-Lewis, te hablo en serio. Córtala. Córtala ya.

No le dio la oportunidad de responder, ya que se dirigió hacia las escaleras, maldiciendo en voz baja, dejando a Emily con la palabra en la boca y un enorme vacío en su pecho.

-Sirius, esa cosa entre tú y el pizarrón a la que debes prestarle atención soy yo.

Michael lo miró divertido, apoyándose en su escritorio y aplaudiendo una sola vez para llamar la atención de la clase.

-Bien, niños. No voy a mentirles porque los aprecio mucho, a pesar de que los conozco hace solo diez días. Lo que voy a decirles es perfectamente normal, y es un perfecto desastre. Sus encantamientos no verbales no avanzan ni un poquito. Así que vamos a comenzar a practicar nuevamente. Así que de nuevo vamos a... James, Sirius. No paran de hablar. ¿Se quieren mucho ustedes dos?

-¡Ay, si! ¡Son tan tiernos! -sonrió Kim, girando su varita entre sus dedos.

-¡Ay, si! -Michael puso una voz melosa, mirándolos con fingida ternura. -Ya, sepárense. James, vete con Peter y Sirius con Remus. Todos, pónganse de a dos y sigan lo que comenzamos la última clase. Hasta que no aprendan a hacer esto, no podremos seguir e intentar hechizos más complicados.

La clase se llenó del sonido de sillas arrastrándose mientras todos se ponían de pie, y de las cotilleos mientras las parejas se formaban. Emily tomó a Lily por la mano, mientras la pelirroja le sonreía débilmente guiándola hacia un rincón de la clase.

-¿Sabes? Creo que tendría que dedicarse menos tiempo a pelear con los alumnos y más a enseñarnos cómo hacer esto. Por eso a nadie le sale -dijo Lily apenas se hallaron alejadas de todo el barullo, mirando a Michael con severidad y dureza en sus ojos esmeralda.

-No creo que sea tan así, Lils -se encogió de hombros Emily, tomando su varita y mirando de reojo a Michael quien corregía la posición en que Peter sujetaba su varita. -Es bastante difícil. Sólo quiere hacer la clase más dinámica.

Lily resopló, atándose su largo cabello pelirrojo, antes de tomar su varita y enfrentar a su amiga castaña.

Del otro lado de la clase, Kim y Chloe vio cómo Michael se alejaba de Peter y de James y se acercaba a una compañera quien había levantado la mano casi con desesperación.

-Michael, de verdad no me sale. Ni siquiera sé si hago bien este movimiento -agitó su varita. -¿Me puedes mostrar?

Kim se tapó lo más discretamente que pudo su boca con una mano fingiendo toser para ocultar su sonrisa al comprender el doble sentido que había empleado. Chloe puso los ojos en blanco, negando con la cabeza. El profesor se encogió de hombros sin perder su sonrisa, colocándose detrás de su espalda y tomándola suavemente por la muñeca.

-Venga, Clo... Pones esa cara pero a ti también te parece hermos...

-Señoritas... -Michael se acercó y Kim sonrió angelicalmente. -Oh... Paren, paren. Chloe, el encantamiento de desarme no tiene ningún giro, no lo fuerces. Simplemente debes apuntar bien con tu varita a tu enemigo y, en este caso, pensar el encantamiento concentrándote mucho. Inténtalo. Kim, encantamiento escudo.

Chloe intercambió una mirada con su amiga, quien intentaba contener la risa y repitió mentalmente una y otra vez concentrándose mucho. Instintivamente, Kim alzó su varita y pronunció el encantamiento escudo a tiempo de evitar ser desarmada. Michael alzó sus cejas, mirándola fijamente y avanzó hacia ella.

-Ay, Kim-ber-ly -el profesor sonrió, negando con la cabeza. -Por no perder cinco puntos para Gryffindor, ¿cuál es la definición de un encantamiento no verbal?

-Un encantamiento que no se pronuncia oralmente -recitó Kim, evitando alzar la mirada. -Lo sé.

-¡Genial, Gryffindor sigue con la misma cantidad de puntos que hace un minuto! Claro, a menos que algún otro profesor se haya desquitado con los leones. Así que, Kimberly...

-Pero no tengo idea de cómo hacerlo, Michael.

-Vamos a ver -Michael se puso de pie junto a Kim, mirando su varita. -Es tu turno de hacer el encantamiento de desarme, ¿si? Así que concéntrate, quiero que pienses las palabras mágicas con mucha claridad en tu mente. Inténtalo.

Expelliarmus. Expelliarmus. Expel... ¡Qué va! Qué ojos que tiene este tipo... Por Dios, es hermoso. No hay nada malo con mirar, ¿no?

-Kimberly, no te estás acercando ni un poco.

Es simplemente... mirar. ¡Kimberly! Expelliarmus, expell... ¡Argh! No es humano que un profesor sea tan lindo.

-Vamos, ¡enséñame la magia!

Por lo general son viejos fofos como Slughorn... Pero Michael es...

-¿En qué estás pensando?

¿En qué pienso? En ti, Mickey. Que eres tan...

Se oyó un ruido sordo y toda la clase estalló en carcajadas tras darse vuelta para ver cómo Kim retrocedía un metro hacia atrás sosteniendo su varita en alto, de la que salía un humo rojo que formaba formas difíciles de reconocer.

-Por las barbas de Merlín -Michael no pudo contener su sonrisa. -¿En qué estabas pensando?

Lily y Emily intercambiaron una rápida mirada antes de estallar en carcajadas, mientras la joven le sonreía angelicalmente al profesor, sonrojándose débilmente.