.:Un Nuevo tributo:.

I can be the man that saves the day…

El agua salpicaba sus pies. Desde que regresó a los juegos se imaginó las posibles arenas, pero nunca se le ocurrió que el Capitolio quisiera eliminarlos tan rápido. Claramente querían extinguir a la chica en llamas y salvar a la marioneta que representaba Odair, con todo y las regalías que él significaba. Clove recordaba el entrenamiento recibido en el centro, ella sabía nadar o al menos hasta donde recordaba. Después de ganar sus juegos pensó que nunca le sería útil practicar su nado o alguna actividad relacionada con el agua, grave error. Desde la desaparición de Cato, no pudo crear ningún tipo de estrategia o plan, mucho menos para un escenario como aquel.

Rápidamente analizó a sus competidores más cercanos; la adictica del distrito seis, la mujer del once y su nueva 'amiga' Johanna Mason. La mujer del siete era su única salvación en ese momento, quizás ella tuviera un plan para poder salir de la plataformas y lograr llegar a la Cornucopia. El reloj continuaba su andar y por un segundo la mente de la morena regreso años atrás, notó que lo único igual en ambas situaciones, era aquel gigantesco reloj, aquel que contaba los segundos restantes de su vida. Y el gong sonó.

Algunos de los tributos se lanzaron al agua, otros tantos como ella decidieron esperar. En sus primeros juegos Clove corrió como desquiciada en busca de armas y con el propósito de eliminar al mayor número de tributos posibles. Pero era clara la intención del Vasallaje; no dejar que los vencedores salieran vivos, al menos no los que representaran un peligro para el poder del Capitolio. Quizá el agua estaba acidificada o se encontraban algunos mutos. Así que la morena decidió esperar a que algo o alguien explotara.

–Al parecer está limpia- la voz de Johanna logró sobrepasar el barullo de las olas-. ¿Sabes nadar o necesitas ayuda?

Aquella pregunta fue una ofensa para Clove y su respuesta fue lanzarse al oscuro mar. Y por un instante creyó que se ahogaría. Pero como la gente solía decir: 'El cuerpo recuerda cosas que la mente no'. Y su cuerpo no era la excepción. Con torpes movimientos salió a flote y una vez controlada esa parte, emprendió camino hacia la Cornucopia. Y aquel año todos los víveres y armas se encontraban en una gigantesca pila, quizá de seis metros. Definitivamente los vigilantes querían ver sangre derramarse.

Al llegar a la orilla, se impulsó para dejar atrás el cuerpo de agua. Hasta ese entonces no reparó en sus vestuarios, aquel extraño conjunto parecía repeler el agua, haciéndola sentir ligera al salir. Aprovechando que su velocidad se vio intacta llegó a la enorme pila de armas que se encontraba al inicio del cuerno. Rebuscó entre lanzas, hachas y espadas; a sus preciados cuchillos. Pero alguien se lo impidió, era el tributo del distrito nueve, se acercaba a ella con los brazos en alza, iban directo a su cuello. Clove no perdió el tiempo y tomó una lanza. De un salto se puso frente al hombre y sin problema la lanzó hacia el robusto tributo. Él se agachó en acto reflejo, Clove aprovechó los segundos ganados y siguió buscando su arma predilecta. Cuando finalmente los tuvo entre sus manos, no dudó en arrojarlos a la dirección donde estaba el miembro del nueve.

– ¡Ah!- gritó una voz masculina.

Cuando la morena se disponía a arrojar el segundo una enorme mano la detuvo, pero fueron un par de celestes ojos los que la paralizaron por completo.

Era Cato.

–Que buena puntería.

Clove seguía estoica en su lugar, sin creer que el hombre sangrante frente a ella fuera Cato. Él por su parte soltó la muñeca de la ojiverde y sacó el cuchillo que segundos antes la misma Clove le lanzó.

–Toma, esto es tuyo- el blondo le devolvió el arma.

Cuando la sangre tibia del cuchillo envolvió la mano de la morena, ésta reaccionó. Todo y nada tenía sentido. ¿Qué hacía Cato en la arena?, ¿qué pasó con Brutus? y lo más importante ¿por qué él vestía el mismo conjunto de ropa que ella?

–Cato- fue la única palabra que se le ocurrió podía reflejar la infinita felicidad que sentía al verlo y tenerlo nuevamente frente a ella.

Y sin importarle la condición del ojiazul o si una manada de mutos venía, ella se arrojó a sus brazos. Y sin importar que todo Panem los observara, ella lo besó. Fue el beso más intenso que ella jamás le hubiera dado. El imaginar que hace un par de días él estaría en los brazos de algún influyente del Capitolio, sólo incrementó la pasión y el sentimiento en el pecho de la morena. Con todo el fuego creciendo en ella, dejó que Cato también se quemara con él.

– ¡Ouch!- se quejó el rubio sobre los labios de Clove.

Fue hasta aquel leve quejido cuando la morena recordó dónde se encontraba y bajo qué circunstancias. Tan rápido cómo se lanzó a Cato se retiró. Lo observó desde sus rubios cabellos hasta las plantas de los pies. Cuando notó que a diferencia del conjunto que llevaba puesto, el del chico contenía una línea de color escarlata. El hilo de sangre iniciaba en su hombro izquierdo, muy cerca de su pecho.

–Por Dios Cato, ¿qué te pasó?- su voz reflejaba clara preocupación y consternación. Y el ojiazul posó su mirada sobre el arma ensangrentada que la ojiverde tenía en sus manos. Clove siguió la mirada de Cato y con preocupación se disculpó-. Lo lamento, lo lamento. No quise, pensé que eras el tributo del nueve y…

–Tranquila- y la abrazó, con el brazo sano. Y aún contagiado por la pasión que Clove le dio, la volvió a besar, de una forma brusca y torpe.

–Que tiernos, pero ahora debemos movernos.

–Johanna- Clove miró a la mujer y seguidamente a Cato. ¿Cómo explicarle su extraña situación?

–Vámonos, antes de que vengan más tributos- el rubio respondió, lo que sorprendió a Clove.

–Tomen sólo un par de armas, viajaremos ligero- la mujer del siete ordenó.

A pesar de la herida, Cato se movió con agilidad, rebuscando en las armas esparcidas por Clove con anterioridad, tomó una espada e indicándole a su morena compañera de distrito que lo imitara. Ella agarró los cuchillos que faltaban, así como también una cinta para cargarlos. Por su parte Joanna ya tenía todo listo; un par de hachas, una más grande que la otra.

Una vez que ambos profesionales del dos estuvieron listos emprendieron el camino al agua, debían llegar a tierra firme y curar la herida de Cato. Durante el camino un hombre, de aparentemente unos 29 años, se unió a los tres tributos. Clove en su exaltación preparó un pequeño cuchillo.

– ¡Espera, él es de los nuestros!- Para cuando la morena mujer del siete terminó su oración, Clove ya había lanzado el arma, para fortuna del leñador, falló.

–Tranquila niña. Al parecer el instinto de un profesional nunca cambiará- mencionó el hombre de barba.

–No es personal, a mí también me tocó, para mi buena fortuna no falló- Cato dijo con cierto sarcasmo y diversión.

–Entonces debes de tener cuidado con no mirar a otras chicas- siguió el mismo tono del rubio-. Soy Blight.

–Cato y Clove- apuntó la morena.

Cuando llegaron a la orilla de la plataforma, que sostenía al inmenso cuerno, se toparon con la sorpresa de que los tributos del uno los estaban esperando. Era claro que Cato no podría combatir, por lo que fue el primero en ser atacado. Clove lanzó un cuchillo hacia el hombre tosco y éste lo bloqueó con su machete. Segundos después Blight salió al ataque con su pequeña hacha. Aquella batalla fue entre el distrito de los lujos y la madera.

– ¡Rápido al agua!- gritó con voz potente.

Todos obedecieron sin chistar. La preocupación que Clove se generó, sobre el hombro de Cato, ya no parecía preocuparle y sin pensarlo se arrojó a las livianas olas, aferrada a la mano más fuerte del ojiazul. Clove extendió su agarre a todo el brazo del espadachín, para su fortuna el cuerpo de Cato parecía más liviano e incluso flotaba por sí solo. Cuando sus rostros sintieron el aire golpearlos, se dirigieron hacia la playa. Cuando sus pies tocaban el fondo, la morena finalmente soltó al blondo y sin esperar a que él se estabilizara, giró y preparó sus cuchillos.

En la plataforma se encontraba Blight, sin armas, estaba acorralado por Gloss. Él hombre alzó su machete contra el hombre del siete, dispuesto a decapitarlo, pero Clove fue más rápida y con la precisión de un cirujano arrojó su cuchillo, dando en la pierna del tributo del uno, haciendo que éste perdiera el equilibrio. Blight se sumergió, nadando lo más veloz que su cuerpo y torpes movimientos le permitían. Al llegar a la orilla ayudó a Cato y se perdieron entre la selva.

– ¿Estás bien?- Mason preguntó con sincera preocupación a su compañero de distrito.

–Sí, pero perdí mi arma- con las manos intentó acomodar su pelo.

–No te preocupes, yo tengo dos hachas, con eso debe bastarnos y ellos tienen las suyas.

–Bien, ahora sólo hay que encontrar a la chica en llamas- la voz de Cato resonó en la húmeda jungla, sorprendiendo algunas aves y a Clove.

El ojiazul se encontraba tumbado en el fresco fango, recargado sobre el tronco de un árbol. Y la morena lo miraba preocupada por su estado, recordó que no tomaron ningún tipo de medicina de la Cornucopia y si su tiro fue tan bueno como creyó, la herida sería profunda. Las palabras que él mencionó aún flotaban en el aire y Clove estalló.

– ¡Qué demonios haces aquí!- se acercó peligrosamente a la posición de Cato-. ¿¡Dónde está Brutus!? Y ¿¡Dónde carajos estuviste los últimos días!?

–Te daré la versión resumida. Hace un par de noches atrás, fui hablar con el mentor del distrito doce, al parecer estaba liderando una especie de alianza masiva, entonces…

– ¿Alianza masiva?- interrumpió- De que rayos hablas.

–Cariño déjalo terminar- ahora el que interrumpió fue el hombre del distrito siete.

–Como te decía, me encontré con él en el bar y cuando nuestra charla terminó me dirigí a nuestro piso. Esa misma noche iba a contarte lo que ocurrió, pero Enobaria me lo impidió, me dejó noqueado. Cuando desperté estaba atado y en un lugar extraño, para cuando logre liberarme y salir ya era tarde, tú ya estabas en tu cabina a punto de salir.

Clove lo miraba atónita ante el relato que contaba, todo sonaba tan extraño y falso, pero necesitaba saber que pasó, así que decidió no interrumpir y dejarlo terminar.

–Sabía que los agentes de paz no me permitirían entrar contigo por órdenes de Enobaria; así que opté por ir a la cabina de Brutus. Tenía que avisarte todo lo que paso en la reunión con Abernathy y la única forma era entrar a la arena. Así que tuve que matar a Brutus. Tenía que ocupar su lugar.

– ¡Eres un imbécil!- gritó furiosa Johanna. Todos la miraron-. ¿Sabes el gran lio que armaste? En este momento todo el Capitolio debe estar pensando la manera de asesinarte, has hecho algo ruin y bajo, aun para los Juegos del Hambre. Y peor aun ¡has puesto en riesgo el plan!

–Johanna tiene razón, ahora los vigilantes nos atacaran con todo lo que tienen y sospecharán sobre tu incursión aquí- el castaño se estampó las manos contra la frente.

– ¿En qué mierda estabas pensando?- volvió a gritar la mujer del siete.

–Tenía que alertar a Clove, no tuve opción.

– ¿Y no sé te ocurrió que nosotros pudimos haberle mencionado?- volvió hablar Blight.

–Ella jamás hubiera confiado en ustedes y en dado caso de habérseles unido los hubiera asesinado durante la primer noche.

Toda aquella ola de información le atrofiaron la mente a la ojiverde, la cual permaneció callada durante la intensa discusión de sus ahora aliados. Lo más importante de aquellos gritos era que: Cato estaba arriesgando su vida a niveles insospechados al estar ahí. Que el supuesto plan iba más allá de una alianza. Y que el Capitolio los mataría aun si resultaban vencedores de aquel vasallaje.

–Cállense- dijo con voz queda la morena, cuando nadie le prestó atención incremento el volumen-. ¡Quieres callarse de una vez!

– ¿Es que no lo entiendes niña? Estamos en serios problemas, quizá no sobrevivamos la noche.

–Si siguen gritando pueden apostarlo.

–Creo que pecas tiene una idea- Blight habló.

–Por lo que pasó en la Cornucopia creerán, que inspirado en los tributos del doce, Cato decidió venir conmigo en la arena. Para así poder estar juntos.

– ¿De verdad crees que caerán en esa tontería?- interrogó Mason.

–De no ser así, les dejaremos en claro que es verdad, y se verán obligados aceptarlo.

–Oigan, ¿creen que nos hayan escuchado?- el hombre de barba preguntó, mientras miraba una pequeña cámara en un árbol cercano.

–No lo creo, aún había mucha acción en la Cornucopia y por lo que alcancé a ver; los tributos del doce estaban con los del cuatro. La chica en llamas y Finnick Odair, es un espectáculo que nadie se querrá perder-respondió Cato.

–Supongo que debemos agradecerte chico, fuiste el salvador del día- agradeció Blight, dándole una palmada en la espada a Cato.

– ¿De qué hablas?- preguntó él.

–Pues que no sólo ayudaste a que tu novia se uniera a la causa, sino que ahora tenemos otro miembro, porque de haber estado Brutus, ni en un millón de años lo hubiéramos convencido.

–Ahora explíquenme de que trata el famoso plan.

Los otros tres presentes miraron a Clove significativamente. Los tributos pensaban en cómo comenzar con el relato, quizá debían utilizar las mismas palabras que Haymitch usó con ellos. Pero algo les decía que sin importar las palabras usadas o el tono empleado, el mensaje y el propósito seguirían siendo una trampa de muerte.

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Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a Suzanne Collins y a sus correspondientes

No me he tardado tanto o ¿sí? En fin sólo diré que estaba entretenida en otro pequeño proyecto, para un reto de un grupo, que si todo sale lo planeado lo podrán leer aquí mismo en FF sólo que no será de HG pero en fin. Quizá por la misma razón no pueda actualizar la próxima semana, quizá. Nunca se sabe, pero esperemos y se pueda y tengan capítulo la siguiente semana :) Gracias por su apoyo al fic prometo más romance ;)

Sólo una aclaración para la descripción de Blight utilizaré la del actor que lo interpretará en CF y pues por lo que pude ver en la foto.

Ya saben dudas, comentarios o sugerencias por review