Un acontecimiento de negras proporciones
Un acontecimiento de negras proporciones
El castillo en estos momentos estaba peor que un hervidero, la gente caminaba apresurada de aquí para allá y según tengo entendido, no se les ha permitido soltarnos prenda de lo que estaba ocurriendo a nosotros. Desde el desayuno que no vemos a Izayoi o a Yamato, lo cual ya me está preocupando de sobremanera; siento una opresión en el pecho, como si algo malo se avecinara.
Ichika a duras penas logra esquivarme cuando me planto en medio del pasillo, ella llevaba en los brazos unas cubetas con agua y algunas toallas colgando del brazo, se le ve muy apurada, intento alcanzar su kimono cuando siento una corriente fría detrás de mí.
Me giro con lentitud, encontrándome con la mirada escudriñadora de un hombre bastante alto, y queda demás decir que imponente, inconscientemente busco el apoyo de la pared y le sostengo la mirada al extraño hombre, Susanowo, ése es su nombre.
Lo sé, porque a ese señor lo conocí apenas con dos días de residencia aquí, recuerdo cuando entró al gran salón con algunos pergaminos, llamando de inmediato la atención de mi abuelo, él es el comandante superior del ejército de mi abuelo, y aunque me cueste aceptarlo, de verdad que merece su puesto.
Desde ese día en que Susanowo le entregó esos pergaminos a mi abuelo, él se encontraba nervioso e irritable, habló a solas con Izayoi y después ella nos aconsejó que intentáramos en la medida de lo posible el no impacientarlo, cosa que logramos, solo preguntándole como estaba y dirigiéndole palabras amables, tal como nos indicó nuestra madre.
Inuyasha y Miroku, ya se sospechan algo, pero no saben decir con exactitud que es, durante mi clase de arquería con la sacerdotisa, vi llegar a una tropa de hombres, que fueron recibidos de inmediato por mi abuelo, se notaba a leguas que eran altos mandos del ejército a sus órdenes, solo sé que no se puede esperar nada bueno.
Di varios pasos hacia atrás, buscando a tientas alguna salida, pero sin perder de vista a ese hombre, no puedo decir que es malo, pero no me da la suficiente confianza, al encontrar con el tacto una abertura, sin dudarlo me adentro en aquel cuarto, encontrándome con Miroku e Inuyasha, que estaban hablando respecto al tema del comportamiento extraño de los adultos.
Después de una breve discusión acerca de lo que haríamos, decidimos mirar un poco, o más bien, espiar, para enterarnos de algo; llegamos al pasillo central y tratamos de escuchar lo que sucedía detrás de la puerta del dormitorio del abuelo. Pero entonces Ichika-san sale de improviso chocando sin querer con nosotros, al estar espiando detrás de la puerta, se disculpa, pero Izayoi llega a vernos y se dirige hacia nosotros, con un rostro turbado y nervioso, lo cual solo nos pone más curiosos de lo que pasa.
—Niños, por favor vayan a sus clases de combate, por ahora estamos…ocupados, Ichika-san por favor guía a los niños al patio de entrenamiento, te lo agradecería mucho—señala Izayoi, intentando hablar con calma, lo cual me preocupa aún más, intento acercarme a ella, pero la mano de Ichika-san toma la mía y hala de ella, yo pongo cierta resistencia, pero ella al notarlo, decide obedecer ante todo la orden de la princesa, y me levanta en brazos. Puede que no me agrade la idea de que me oculten las cosas, pero no llegaré a tanto como patear en el estómago a nuestra nana.
Ella también toma de la mano a Inuyasha y Miroku nos sigue sin que se le pidiera, al llegar al patio, me deja en el suelo, acaricia mis mejillas con ternura, al igual que las pequeñas orejas de Inuyasha y despeina un poco el cabello de Miroku, nos da una última mirada y se da la vuelta.
Suspiro con pesadez, y me siento con delicadeza en una roca del pequeño lago del jardín, en estos momentos llevo un vestido blanco largo, alcanzando a cubrir mis tobillos y llegar a arrastrar un poco, la tela era extremadamente suave y es parecida a la seda, pero más resistente, las mangas eran muy largas, sujetas al contorno del brazo por encima del codo con un detalle dorado, un cinturón entre grueso y delgado de cuero ajustado a mi cadera, donde reposaban mi espada, el escote era poco abajo del cuello y con adornos dorados debajo, simulando un escote bajo.
El vestido llevaba debajo un pantalón algo guango, que me daba la libertad de realizar movimientos amplios con los pies, y zapatos de piso, bastantes cómodos, mi cabello como siempre suelto, pero ahora llevaba una cinta dorada en el cabello, con unas adorno japonés en la parte de atrás de la cabeza, según tengo entendido, Izayoi escogió ese estilo de vestido inspirándose en algunos vestidos de la reina Leonor de Aquitania.
Recuerdo haber leído algo de ella cuando estaba en la escuela, creo que mi familia siente cierta fascinación por la nobleza europea, a pesar del aislamiento que tiene Japón con occidente, creo que algún día le preguntare a Izayoi porque tanta admiración por la nobleza inglesa y francesa, pero por ahora me preocupan cosas más importantes.
—Inuyasha, ¿Qué crees que pueda estar pasando?—pregunto, marcando la preocupación en mi voz, Inuyasha mueve sus orejas en mi dirección y esquiva un ataque de Miroku, poniéndose repentinamente serio, al igual que Miroku, trago con lentitud, alternando mi mirada entre mi futuro cuñado y prometido.
—Sea lo que sea, es algo serio, se sienten malas vibras por el lugar—señala Miroku, mostrando una pose pensativa, durante un momento me recordó al Miroku adulto que conocí, pero borro mis pensamientos al recordar que es solo un niño y no se le puede exigir tanta madurez, a pesar de todo solo es dos años mayor que nosotros.
—¡Keh!, pues ese lo que sea, tiene la casa viciada, no sé cómo llamarle, pero se siente pesado el ambiente ahí adentro, es como si oliese a…—fue interrumpido por mí en casi un susurro, pero fue perfectamente escuchado por ellos.
—Muerte—murmuro, llevándome las manos a la boca en un acto de desesperación, entonces todas las piezas encajaron, el extraño comportamiento de los sirvientes, el comportamiento evasivo de Izayoi, el ausentismo de Yamato.
Entonces caí en cuenta de algo que no había notado antes—¡abuelo!—chillo, para darme la vuelta en segundos, y correr hacia el pasillo, esquivando a los angustiados sirvientes, escuchando cada vez más lejos los llamados desconcertados de Inuyasha y Miroku.
Llego a la habitación de mi abuelo, y no puedo evitar escuchar a través de la puerta, quedando en silencio, oyendo aquella conversación.
—Izayoi, sé que es difícil esto para ti, pero es por tu bien y el de los niños—tose dificultosamente la voz de mi abuelo, escucho algunos sollozos, que supuse son de Izayoi, me pego con mayor vehemencia a la puerta corrediza, rogando escuchar más.
—Padre, esto no es fácil para mí, ¡no te vayas!, ¿Qué podré hacer sin ti?—solloza con temor Izayoi, seguro debe estar llorando horrible en estos momentos, casi sin notarlo por mis redondeadas mejillas caen copiosas las gruesas lágrimas que se formaron en mis ojos.
—Por favor Izayoi, debes aceptar a Susanowo, él te podrá proteger—interrumpe para después toser—los señores feudales vecinos no te respetan querida hija, no dudarán en atacarte apenas se sepa la noticia de mi muerte…si él se convierte en tu marido antes que eso, el tendrá el derecho de defenderte, necesito irme de este mundo sabiendo que no quedarás desprotegida y a la merced de un montón de hombres llenos de odio y ambición—asevera el anciano, siendo de nuevo abordado por un poderoso ataque de tos.
—¿Qué dices Izayoi?, ¿aceptarás?—pregunta una voz profunda y varonil, mis ojos se abren de asombro, es Susanowo, ¿Qué es lo que le ofrece?—te ofrezco el protegerte de la ira de los feudos vecinos y todo a cambio de que te conviertas en mi esposa—asegura sin ápice de duda aquel hombre, comienzo a llorar más aún, con cuidado de mantenerme callada.
Se hace un breve silencio, hasta ser roto por la dulce voz de Izayoi, algo distorsionada por las lágrimas, siendo escuchada con atención por los presentes, incluyéndome.
—¿Y mis hijos?—preguntó, creándose un silencio incómodo en la sala—estoy segura que me protegerás a mí, pero solo has dicho que me protegerás, no has dicho nada sobre mis hijos, y créeme, no lograrás nada si no los incluyes a ellos—asegura seriamente la joven madre, siendo seguida solo por la violenta tos de su padre y el sonido de los sollozos de alguna sirvienta que se encontrara ahí.
—Dos no son tuyos y el que es tuyo es un hanyou, ¿me estás pidiendo que me haga cargo de tres niños sin derechos?—pregunta retóricamente el militar, antes de que Izayoi contestase la tos de Yamato se intensificó, mitigándose ante los intentos de él por controlarla.
—¡Por supuesto que sí!, te guste o no Inuyasha es el heredero de estas tierras, tú mejor que nadie sabes que Miroku no puede ser el heredero al ser el mayor—hizo una pausa para recuperar el aire— además, no puedes decirle a mi hija que matarás a sus hijos para quedarte solo con ella, ¡no me hagas sacarte como traidor de aquí!—amenaza con vehemencia el anciano moribundo, un sollozo es reprimido dentro de mi garganta, a pesar de todo nos defiende.
—Yo sé perfectamente que mi sobrino Akihiko se enredó con la princesa menor Hazuki, y la dejó embarazada de un hijo, era solo un soldado raso y ella al ser la hija menor de usted el vástago no nació con derechos de príncipe; y cuando murió la señora Hazuki, dos meses después por complicaciones en el parto, mi sobrino quedó a cargo de la princesa Izayoi, aunque era de esperarse, la pequeña princesa solo tenía doce años, y el idiota de mi sobrino murió en la guerra—menciona como si no sintiera algo más que vergüenza e indignación de aquello.
—Si no incluyes a mis hijos en tu oferta, me veré en la penosa necesidad de declinarla, mis hijos son antes que todo, mi vida no me preocupa, es por ellos que estoy pensando en tu proposición—acota la princesa, con un tono de voz herido y a la vez seguro.
—De acuerdo, entonces así se hará, tienen mi palabra y estoy dispuesto a firmar un contrato matrimonial con esas estipulaciones, pero solo pondré tres condiciones—acota el militar, haciéndose el silencio sepulcral en la recámara.
—¿Cuáles serán esas condiciones?—pregunta cautelosamente el anciano, intentando no caer de nuevo en su dolorosa tos, Izayoi guarda silencio esperando la estocada final.
—Que la princesa tenga un hijo conmigo—suelta sin anestesia, escuchándose solo el silencio y la voz de Yamato preguntando —y la ¿otra condición?—se vuelve a crear un silencio incómodo en donde Izayoi digería la propuesta y esperaba con el alma en un hilo la siguiente condición.
—Que tanto Miroku el… príncipe y su prometida—menciona arrastrando esas palabras—se vayan de palacio y vuelvan hasta que sean adultos de al menos quince años cada uno—suelta recibiendo en respuesta un alarido horrorizado de parte de Izayoi y una exclamación indignada de parte de Yamato.
Mis ojos se abren de sopetón, apenas siquiera haber terminado de escuchar esas palabras, ¿quiere que nos vayamos?, ¿Qué haremos?, ¿A dónde iremos?, antes de que lograra entrar en pánico escucho a Izayoi.
—¡Como piensas que echaré a mis hijos!, ¡son unos niños!, el mayor es Miroku ¡y apenas tiene ocho años!—refuta Izayoi escuchándose desesperada, siendo seguida de algunas toses de parte del abuelo.
—Necesitamos que la gente crea que ya no están ellos, el hijo que tendremos servirá para desviar por un tiempo la atención de ellos, cuando regresen ya nadie los recordará y podrán ingresar al castillo de nuevo para ejercer sus derechos y obligaciones de príncipe; solo una cosa más, quiero que nuestro hijo sea varón o mujer, tenga derecho al menos la tercera parte del territorio—asevera Susanowo, y antes de que alguien lograra decir algo prosigue.
—Se que para ustedes parecerá una deshonra para el príncipe, pero es necesario para que nuestro vástago sea reconocido como príncipe o princesa y la gente no se vaya a levantar contra nosotros al saber que un demonio los gobernará—explica, el silencio se crea de nuevo en la sala, mi corazón late desbocado sintiendo los latidos en mis oídos, ahora que analizo detenidamente la propuesta creo que es lo mejor, es verdad, las personas querrán deshacerse de nosotros, y si Inuyasha llegara al puesto de terrateniente la gente se levantará, lo mejor será actuar con prudencia, pero es que…no quiero separarme de Izayoi.
—Acepto—resuelve Izayoi de repente, cierro mis ojos con dolor, será lo mejor—pero deberás cumplir el trato y sobretodo, dejarás que mis hijos me visiten por lo menos, el día del nacimiento de nuestro hijo y en el cumpleaños de cada uno de ellos, como mínimo, si es así aceptaré—ultima la princesa, esperando una pronta respuesta, que no tarda en llegar.
—Entonces que así sea—contesta Susanowo, con un tono de voz que no puede esconder la felicidad que debe de sentir en estos momentos, intento sonreír, al menos Izayoi se casará con alguien que la quiere y la cuidará, pero ahora el problema seremos nosotros, diez años lejos de ella, o bueno parcialmente lejos, será como los viajes en busca de la perla de los cuatro espíritus, solo que sin dicha perla, Sango, Shippo y por supuesto Naraku, de ese último me alegro mucho, pero anhelo la compañía de Sango.
Al escuchar los pasos que se acercaban a la puerta, reacciono comenzando a correr, regresando al lugar donde había dejado a Inuyasha, corro tan rápido que sin querer tropiezo y justo cuando comenzaba a prepararme para el doloroso golpe, me sostiene algo blando. Abro los ojos y se trata de los brazos de Inuyasha, que me miraba preocupado, y sus manos se dirigieron a mis mejillas, secando las lágrimas que caían copiosas por mi rostro.
—¡Kagome!, ¿Por qué te vas así?, ¡nos tenías como locos buscándote!, te fuiste casi llorando y regresas peor de lo que andabas, ¿Qué pasa?—interroga directamente el albino, yo solo atino a mirarle los ojos y después lanzarme a su pecho a llorar, él se sorprende por mi gesto y con algo de timidez corresponde mi abrazo, pasando sus manos sobre mi cabello, buscando calmarme; yo solo me hacía con mayor fuerza a su haori, intentando contenerme.
—¿Qué ha pasado?—pregunta consternado Miroku, solo puedo escucharle, ya que mi rostro está enterrado en el pecho de Inuyasha, humedeciendo su vestimenta con mis lágrimas.
—No tengo idea Miroku, pero no me agrada para nada—responde algo irritado Inuyasha, mi llanto comienza a menguar, y me alejo un poco de él, hipando, ambos niños me miran con preocupación y yo solo puedo regresarles una mirada de incertidumbre.
Unos pasos ligeros y el sonido de unas telas arrastrando nos alertan que alguien se está acercando, por el ruido tan familiar supimos que quien se acercaba era Izayoi, pero se acercaba con mayor pesadez de la normal, cuando por fin estuvo delante de nosotros, vimos sus bellos ojos azules enrojecidos y su semblante está bastante desanimado. Al verla tan solo a mi alcance me lanzo sin pensarlo a abrazar sus piernas.
Ella al sentirme me corresponde desesperada mi abrazo, agachándose para abrazarme con mayor alcance, Inuyasha y Miroku se sienten alarmados, Izayoi levanta con dificultad su cabeza de la mía y extiende su brazo derecho en una muda petición; sin dudarlo Inuyasha y Miroku se lanzan a abrazarse a nosotras, sintiéndose tristes y angustiados aparentemente sin razón; pero la razón la sabíamos solo Izayoi y yo.
Izayoi nos cargó a Inuyasha y a mí hasta la habitación del abuelo, Miroku intentaba mostrar templanza y valentía, pero sinceramente la edad le podía más y su mano se sostenía del kimono de Izayoi, buscando algo de protección.
Al entrar a la habitación, Inuyasha instintivamente se lleva las manos a la nariz, cubriéndosela, recuerdo con temor lo que él había dicho acerca de un olor horrible, "el olor nauseabundo de la muerte y enfermedad", recordé cuando Inuyasha citó esas palabras cuando llegamos a un pueblo donde había una epidemia de peste, fue simplemente horrible.
La cama se encontraba en el centro de la recámara, alrededor de ella se encontraban algunas sirvientas, con el rostro plantado en el suelo, en reverencia, Susanowo estaba al lado derecho del anciano, viéndonos fijamente, pensé que nos miraría con odio, pero al no ver ningún sentimiento negativo más que la pena que sentía por la muerte de su señor.
—Niños, es difícil decirles esto, pero el abuelo está muy enfermo y deberá irse a…—hizo una pausa para que su voz no se quebrase, —un lugar mejor, donde ya no se sentirá mal y podrá cuidarnos, pero él no se quiere ir sin despedirse de ustedes—finaliza formando un intento de sonrisa, que solo pasa a convertirse en una mueca entristecida, al mismo tiempo que una gruesa lágrima bajaba por su mejilla, desmintiendo aún más su fingida muestra de alegría.
—¿Se va a morir?—pregunta dificultosamente Miroku, haciendo que la cara de Inuyasha se viera turbada de inmediato—¿Por qué no se quiere quedar con nosotros el abuelo?—refuta el pequeño, siendo su voz distorsionada por las lágrimas que no habrían de salir.
—¿Es que ya no nos soporta?, ¡podemos portarnos mejor!, nos bañaremos sin que nos obliguen, nos dormiremos a la hora que nos digas, ¡pero que no se vaya!—solloza Inuyasha, que al igual que Miroku se negaba con vehemencia a llorar.
—Hijos, es que él no se quiere ir, si no que dios ya lo está llamando para que vaya con él, ahí ya no se sentirá mal, ni se sentirá preocupado—intenta consolar Izayoi acercándose a nosotros, pero antes de que ella me aprese en un abrazo, yo corro hasta el futón de mi abuelo y tomo con delicadeza su venosa mano.
En el acto el señor abre los ojos con dificultad y su mirada cansada se fija en mí, sonriendo con pesadez, y logra apretar casi imperceptiblemente mi mano con la suya, mis ojos ya no logran ver con nitidez, debido a las lágrimas que los ocupan.
—Abuelo—atino a susurrar, secándome con violencia las lágrimas con el antebrazo, para dirigir de nuevo mi atención a él.
—Kagome—murmura el anciano—llama a Inuyasha por favor—yo asiento con prisa y grito desesperada—¡Inuyasha!—al instante él se encuentra al lado mío, mirando con dolor a su abuelo.
—Niños—tose con fuerza cubriéndose la boca con prontitud—quiero pedirles que por favor nunca se separen, desde que te vi por primera vez Kagome, supe que venías con una misión especial y esa es la de hacer feliz a mi pequeña familia; tú hiciste sonreír con verdadera alegría a mi nieto menor y Miroku dejó de sentirse abrumado por estar peleando todo el tiempo con los niños de la corte, volvió a los ojos de Izayoi la vitalidad y la alegría por comenzar un nuevo día, se de tu deseo, ella me lo dijo—señalo con un tono misterioso, dándome a entender que él sabía todo acerca de mi estancia aquí, para después toser de nuevo mucho más fuerte que antes y en una casi imperceptible seña llama a Miroku, que se acerca presuroso.
—Mi querido nieto mayor, quiero decir que estoy muy orgulloso de ti, y tú deberás cuidar de tus hermanos de ahora en adelante, confío plenamente en que podrás lograrlo—asegura el anciano, acariciando con ternura la mejilla de Miroku.
—Inuyasha—llama, siendo obedecido de inmediato por él—eres mi pequeño hombrecito, sé que te convertirás en un gran hombre digno de respeto y servirás de ejemplo para muchos, estoy orgulloso de ti y siempre cuidare de todos desde donde quiera que esté, siempre formarán parte de mis pensamientos—agrega comenzando a faltarle la voz, acariciando levemente las orejas de Inuyasha—Izayoi, mis mejores deseos para ti y la vida que pronto tendrás, querida hija, familia, esto no es un adiós, solo es un…hasta luego—finaliza al momento en que cierra los ojos y su mano deja de apretar la mía, y su mano cae pesadamente al colchón, liberándose del agarre de las nuestras.
Era obvio, él había dejado el mundo para siempre…
Durante algunos minutos fue únicamente llanto el sonido que reinaba en aquel cuarto, de parte mía y de Izayoi, que se acercó a abrazarnos con desesperación y los sollozos de los sirvientes que permanecieron fieles a él incluso en los últimos momentos, siendo Ichika-san una de ellos.
En poco tiempo llegaron algunas criadas a cubrir el cuerpo y colocar su katana sobre su pecho, el cuarto se sume en un profundo silencio, creando palabras hacia su alma que merecía ir al paraíso.
Esta noche nadie está durmiendo, Izayoi nos tiene apresados entre sus brazos, intentando controlar su llanto, ya se enteraron ellos de nuestro "exilio", no es como si lo hubieran tomado de buena manera, pero al saber las razones, con mucho pesar debieron aceptar, al menos podríamos visitarla cinco veces al año, aunque no son muchas, nos sirvió de algún consuelo.
Al día siguiente Izayoi empaca algunas cosas en mi mochila, solo tres cambios de ropa, comida y algunas otras cosas de necesidades básicas, así como el imprescindible dinero y nuestras tan preciadas armas.
A estas alturas, ya somos unos maestros en el arte del combate, bueno aunque se puede decir que yo ya tenía experiencia con el arco, el cual no se me dificultó en aprender, pero en el combate cuerpo a cuerpo era un completo desastre.
Pero gracias a la ayuda del instructor de pelea logré dominarlo y ahora me defiendo muy bien, claro, aún así necesitaré de la ayuda de Miroku e Inuyasha, después de todo en un verdadero combate, soy un asco en pelea cuerpo a cuerpo.
En realidad aún no se bien a donde nos dirigiremos, pero debemos partir antes de que se sepa la noticia de la muerte del abuelo, nos cuesta mucho trabajo aceptar que nos tendremos que separar tan pequeños de nuestra familia.
Salimos a los límites del castillo con el bosque, una puerta secreta da paso hacia lo que es el bosque y según tengo entendido en cada cumpleaños.
El cinco de Mayo es el de Inuyasha, el diecinueve de Julio que es el mío, el veintiocho de Octubre el de Miroku, y el doce de Febrero que es el cumpleaños de Izayoi, aún queda una fecha pendiente, pero no lo sabremos hasta que la nuevo príncipe o princesa nazca, pero suena desalentador esas fechas; bastante separadas las una de la otras, la más próxima es la de Inuyasha, porque estamos a dos de Marzo.
Izayoi nos mira con lágrimas contenidas, es el momento de despedirnos, es de noche, para que nadie llegue a vernos huir del castillo, los sirvientes no fueron avisados y solo Ichika-chan y Susanowo saben de los planes. Izayoi se agacha hasta nuestra altura y derramando algunas lágrimas nos abraza a los tres, yo lloro con sentimiento, Inuyasha y Miroku siguen tercos en no querer llorar.
—Deben darse prisa, deben salir de aquí antes de que algún vigía llegue a verles, no podemos arriesgarnos a que sean descubiertos—señala Susanowo, estudiando el lugar con desconfianza, Ichika se agacha a nuestra altura, después de haber permanecido en silencio y nos besa con delicadeza la frente a cada uno, siendo la acción reproducida por Izayoi.
Caminamos a la penumbra del bosque, dejando cada vez más atrás a una madre con el corazón roto y una nana sin consuelo, la última vista que tenemos de ellas, fue la de ellas sonriendo sin que la felicidad les llegara a los ojos, despidiéndose con amargura, deseándonos lo mejor y que regresáramos con bien la próxima vez.
Miroku se mantiene cerca de nosotros, por ser el mayor es el responsable de nosotros, Inuyasha camina a la par mía y sigo conteniendo las lágrimas que claman por salir, siendo borradas con impaciencia por mis pequeñas manos. Inuyasha nota esto y con delicadeza y sin querer que Miroku lo note toma mi mano izquierda entre la suya, dándole un leve apretón.
No sé si con ese gesto, él supiera con exactitud toda la seguridad que logra transmitirme a través de su mano, el verlo preocupado por mí, dejando atrás su dolor por el alejamiento de su madre, logra calentar mi corazón, el ver a Miroku tan centrado en su misión de ver por nosotros y al mismo tiempo por él, me hace sentirme cada vez más agradecida de haberles conocido de esta manera.
Hola!Amigas!como lo prometí aquí esta el capi de continuacion!es que unos comentarios enfebrecidos de unas lectoras me lograron acomodar de nuevo la inspiracion xDDDbueno no enfebrecidos, pero pues lo suficientemente efectivos para hacerme escribir, soy FLOJONAZA así que de veras, me llega a dar mucha hueva plasmar las ideas en la laptop pero para que vean que no las olvido, aquí esta el tan esperado capitulo!seguro algunas querran asesinarme por separar a la gran familia feliz pero parece que no recuerdan que mi especialidad es el drama y aun falta lo mejor!gracias por leerme y apreciaria sus comentarios!puede que me inspire mas pronto xDD
