Hey Arnold no me pertenece ni la letra de la canción Unchained Melody (melodía desencadenada) mejor mente conocida como la sombra del amor. por si gustan escucharla =) esta muy linda y sensual.

Capítulo 7

Helga mostraba un aire de resentimiento mezclado con altanería, la fija mirada de esos ojos tan profundamente azules como los de ella no la perturbaban en lo más mínimo.-Querida ¿no crees que ya es tiempo de que entres en razón?-. Miriam Pataki lo dijo en voz tranquila y con airé diplomático, mientras que se mantenía parada fijamente sobre la alfombra persa al pie de la sala del departamento de Helga.

La rubia que se encontraba sentada en el sofá emitió una risa sarcástica, ni siquiera había invitado a su madre a pasar mucho menos a sentarse, su madre como la esposa de Bob Pataki que era, jamás se amanso ante tales señales de desprecio, para ella, que siempre había sabido controlar perfectamente a su hija pequeña con la obsesión que sentía hacia el perfeccionismo y la gran necesidad de ser reconocida.

El que la "pequeña dama" como solía referirse a ella, tuviera un momento de rebeldía, solo era un pormenor. Si a sus hijas se les ordenaba hacer algo, sus hijas acataban, no había otro camino, así era ser parte de la familia Pataki.

-Y según tu Miriam ¿en qué razón debo entrar?

-Sabes perfectamente a lo que me refiero.

-No, no creo entender, sabes, claro que sabes, siempre he sido un poco lenta ¿Por qué no me lo explicas?

Helga quería escucharlo, escuchar de los labios de su madre que se vendiera, como cualquier mísera mercancía, como una cualquiera al mejor postor para provecho de los Patakis.

-¡No te comportes como una chiquilla!

-¡No! me comporto como un ser humano, con sentimientos, pensante y autónomo.

-Patrañas

-¿Patrañas? El que maneje mi vida.

Miriam la observo gélidamente, su hija la estaba sacando de quicio. –Si tanto quieres tu libertad, entonces dime ¿Tu famosa libertad te dará de comer? ¿Te dará los lujos a los que estas acostumbrada? ¿Crees que con eso serias feliz?

Helga le devolvió una mirada resentida, como se atrevida a mencionar la felicidad, como carajos se atrevía a remarcárselo sínicamente en la cara. -Tú no lo sabes, como podrías, yo a tu lado jamás he conocido el significado de la felicidad-. Miriam dio un paso hacia atrás, su hija la estaba acusando de ser la causa de su desdicha, jamás se lo había planteado, el que ella se lo recriminara, Helga tenía que ser más estúpida de lo que pensaba.

-Y según tú ¿en qué te he fallado? Niña altanera.

La rubia expreso de inmediato en sus facciones al mismo demonio del desaire, crueldad y del cinismo, se levantó de una sola intención y aun con toda la rabia contenida por años y años de incomprensión, se mantuvo en calma, se acercó a su madre quien la miraba desafiante ante la expectativa de su respuesta.

La rubia paro frente a ella mostrándole la gran verdad y determinación que contenían las palabras pronunciadas por su boca. –Me has fallado en todo.

Miriam torció la boca ante lo que escuchaba, algo tenía que haber cambiado en su interior, frustración, ira, desilusión, cualquier cosa, fuera lo que fuera, no le basto para recuperar la compostura sino hasta que el estruendo de la abofeteada que le arremetió a Helga dejo de tener eco sobre las paredes blancas de aquel departamento.

Helga ni siquiera se movió, cualquiera habría jurado que las lágrimas harían su aparición, pero no, ni siquiera se tocó la mejilla enrojecida, se mantuvo serena como el agua de un rio, se limitó a mirar marcadamente el semblante descompuesto de su madre –Bien, Miriam, que mejor prueba de tu ineptitud como madre que esta.

La mujer se miró la palma de la mano con la que había lastimado a su hija, pero sobre todo a sí misma, ante aquel acto tan brutal, desconsiderado y lleno de monarquía.

-Helga… querida… per...

-Sabes, se supone que eres mi madre, yo soy tu hija, tendrías que protegerme, cuidarme, guiarme, pero sobre todo, darme comprensión y cariño, tú y Bob solo se han encargado de mi económicamente. – La rubia dio un suspiro ahogado en resentimiento-. En eso mama, en todo eso me has fallado.

Miriam se tapó la boca con ambas manos tratando de que sus sollozos fueran retenidos inútilmente, las lágrimas hicieron su aparición ente la mirada penetrante de la resentida rubia, esta no se inmuto ante el acto y retuvo los instintos de abrazarla, si la consolaba todo sería igual que siempre, siempre, una y otra vez cediendo ante los deseos y suplicas de su madre.

Pareció todo una eternidad, toda la habitación se sentía cargada de incomodidad, demasiada, hasta que para alivio de la rubia, con las manos temblorosas su madre saco un pañuelo de su bolsa y dándole la espalda a la rubia comenzó a secar sus lágrimas, pequeños sollozos estremecían su espalda ante la mirada de Helga.

Cuando por fin los sollozos cesaron, Miriam aun dándole la espalda se aclaró la garganta y pronuncio –Tu padre te está vigilando, si fuera tú me andaría con cuidado-. Dicho esto, sin ver a la rubia, la mujer se dirigió rápidamente hacia la salida.

Helga Pataki no era ingenia, ni mucho menos ilusa, pero esa advertencia la sorprendió, no porque Bob Pataki la estuviera vigilando, ya lo sabía de antemano, su padre nunca descuidaba sus negocios y en ese momento ella era precisamente eso, un negocio, en realidad lo que la sorprendió fue que su madre se lo digiera, jamás se había tomado la molestia de hacerlo en otras circunstancias y tomando en cuenta la filosofía familiar " Los Patakis no hablan de las cosas, las echan bajo el tapete" era de extrañar más todavía.

Helga camino hacia su armario de donde saco un hermoso abrigo tinto, mientras que se vestía, voltio hacia la inmensidad de su departamento, decorado con el más fino gusto en la moda contemporánea, situado en el lugar con mayor auge de bienes raíces de Hillwood, lo mejor de lo mejor, pero desgraciadamente, muy solitario.

Aunque eran las 6 de la tarde no había mucho sol que entrara por los ventanales que daban al balcón y menos aun tomando en cuenta que era invierno lo que lo hacía parecer todavía menos un hogar.

Cuando termino de ponerse los accesorios tomo su bolsa y se fue del lugar, tenía que salir de ahí.

Camino sin rumbo fijo por unas cuantas manzanas, la poca luz fue remplazada por la sombra de la noche, las luces navideñas ya hacían gala de su esplendor y unos cuantos copos de nieve se estancaron en su larga cabellera.

No paso mucho tiempo cuando llego al bar donde solía ir todas las noches desde un mes atrás, donde tanto soñaba despierta con aquel hombre de ensueño de cabellos de oro y ojos verdes esmeraldas, sentado siempre en el mismo rincón.

Para Arnold Shortman no le fue sorpresa cuando la rubia atravesó la puerta del lugar y se dirigió directamente a la barra, la esperaba, Helga Pataki era mujer de hábitos.

Lo supo desde que fue por primera vez al departamento de esta ¿Por qué alguien que tiene una colección de los más finos licores en su departamento se dirige tolas las noches a un simple bar? La respuesta era simple, buscaba compañía, aunque no entablara conversación con nadie y solo se dedicara a tomar un trago, simplemente, como lo hacía noche tras noche, buscaba no sentirse sola.

Tal hipótesis, por extraño que parezca, le resultaba triste y desoladora, no entendía por que una mujer de buena familia, lista y desgarradoramente atractiva se encontrara en las garras de la soledad, no la juzgaba, él también se encontraba en ellas, pero por otras circunstancias, entonces ¿Por qué?

Tal acto de identificación le hacía querer saber sobre ella, más y más, su instinto le decía que no era buena idea, ni siquiera prudente, pero no podía ignorar los deseos de hacerlo.

Se levantó de su asiento situado hasta el fondo del lugar y se acercó lentamente esquivando el tumulto de gente hasta quedar parado a un lado de la rubia.

-Que tal Shortman–. Le pronuncio sin separar la vista de su trago el cual termino de un solo y largo sorbo, subió sus codos sobre la barra y recargo su mentón sobre sus manos entrelazadas mientras el barman le servía otro trago.

-Señorita veo que hoy tiene mucho humor para tomar.

La rubia volteo de reojo y le dedico una sonrisa - Con que observando de nuevo Shortman.

El rubio encogió los hombros en señal de afirmación y le hizo una señal al barman de que le diera un trago, corrió la silla y se sentó a un costado de la rubia -¿Se ha golpeado con algo? -. Señalo la mejilla inflamada de esta con la mirada.

En eso el barman termino de servir el alcohol y se lo entrego, nuevamente de un solo trago termino con la bebida que sostenía firmemente, cerró por un instante los ojos ante la sensación del líquido caliente correr por su garganta, dejo el vaso con un fuerte estruendo sobre la barra y se giró de lleno hacia el rubio que la miraba fijamente. -Cosas que pasan, nada de importancia.

Arnold llevo sus dedos hacia su cuero cabelludo y peino su cabello hacia atrás, reconocía perfectamente las huellas dejadas por las abofeteadas, tantas veces otorgadas por mujeres despechadas y dolidas le habían dejado el incómodo conocimiento –A veses pesan más las palabras que vienen después.

La rubia bajo la mirada y se voltio nuevamente hacia el barman pidiéndole más licor.

Arnold la observo mientras ingería otros tres tragos, no se atrevió a detenerla ¿Con qué derecho lo aria? ¿Con la garantía de que? Sabía perfectamente que no era la salida, pero él también en algún tiempo lo había hecho, conocía el sentimiento que conllevaba llegar a tal acto.

Para él, que siempre la había observado fuerte, indomable y poderosa ante cualquiera que se atreviera a ponerse contra ella, algo había en la fragilidad mostrada, que lo incitaba a no moverse, a permanecer a su lado, a ser quien la reconfortara.

La rubia saco algo de dinero de su bolso y lo deposito sobre la barra, se levantó y se dirigió a hacia la salida sin siquiera despedirse del rubio. Este la alcanzo antes de que saliera y la tomo del brazo fuertemente

–Me temo señorita que no la puedo dejar marcharse sola.

La rubia dio un resoplido y frunció el ceño -Por dios Shortman, no estoy ebria, si es lo que le preocupa.

-No estoy insinuando que lo este, pero tampoco que este en situaciones óptimas.

-No parafrasee, odio cuando la gente lo hace.

-Estoy de acuerdo, es odioso, pero no se ira sola. –Pronuncio firme e imponente-. Yo la llevo.

-Como guste. –Pronuncio molesta mientras se liberaba del agarre del rubio y abría la puerta.

Al salir una fuerte briza invernal les recordó el endemoniado frio que hacía a fuera – ¿Dónde dejo su auto Señorita?-. Pregunto el rubio a la molesta chica que lo miraba con desdén.

-No lo traje, por eso le dije que no se preocupara.

- ¿Pensaba irse sola y sin su auto?

-Hay taxis Shortman.

-También hay delincuentes. –El rubio dio un largo suspiro ante la negativa de la rubia –. Venga, mi coche esta por aquí.

Helga lo siguió a donde se hallaba el vehículo, podía ver su respiración y ya no sentía los dedos, froto un poco sus manos tratando de recuperar la circulación. –Creí que lo vería hasta mañana.

-Sí, bueno, hoy solo fue coincidencia.

La rubia entrecerró los ojos, tenía que ser mentira, si bien no estaba ebria, si estaba mareada, todos sus sentidos le decían que era mentira, pero ¿Qué tan confiables eran cuando estaba en ese estado? No lo sabía, todo se estaba volviendo borroso, comprobó que estaba más mareada de lo que pensaba.

El rubio le abrió la puerta, serio, respetuoso como siempre, pero había algo diferente, diferente a cuando estuvo en su departamento y la miraba lleno de deseo, tampoco era la mirada de asecho que lo caracterizaba, no podía distinguirlo, sin embargo algo en esa mirada la estaba cautivando.

Arnold condujo por unas cuantas calles en dirección al departamento de la rubia, ella no le apartaba la mirada de encima, no podía descifrarlo, ni su plan, ni el significado de la diferencia en su actitud, todo en el la intrigaba de sobremanera pero sobre todo la embelesaba, lo deseaba, no podía entender por qué lo hacía con mayor fuerza cada vez que lo veía, que lo sentía cerca.

-¿Por qué me observa de esa manera?

La rubia le dedico una sonrisa seductora al contestarle –Es un secreto de estado Señor Shortman.

-El rubio sonrió ante tal respuesta –Esa no es una respuesta aceptable ¿No me lo dirá?

-No, los secretos confidenciales no se divulgan a menos que encuentre la forma de hacer que lo haga.

-Pues no creo poder entender cómo hacerlo.

-Use su imaginación.

El rubio sintió la punzada de la excitación, tenía que contenerse, tenía que ser cuidadoso, no podía darse el lujo de ceder - Veo que ahora está algo creativa.

La rubia lo miro seductoramente -Tal vez -. Arnold trago saliva, esa endemoniada mujer lo estaba excitando con palabras ¿Desde cuando aprendió a hacer eso? dio gracias al cielo cuando llegaron al edificio, quería huir, literalmente, huir, arrancar en cuanto ella se bajara, tanto así, que maldijo tener la obligación moral de asegurarse de que entrara a su departamento.

Agradeció que ella no digiera nada mientras se encontraban en el ascensor, la miro de reojo, a diferencia de otros días no vestía de oficina, estaba más casual, con unos pantalones entallados y el bonito abrigo tinto, se veía hermosa, sencilla pero muy bella. El recordarla sin todo aquello lo estaba torturando, simplemente lo volvía loco.

La tomo de la cintura cuando se percató de que finalmente el alcohol había hecho estragos en su andar, no le extraño, tomo tan rápido que ni siquiera le dio tiempo a su organismo de presentar los síntomas cuando salieron del bar.

-¿Upsssssssssss! Parece que después de todo, si estoy ebria.

-Se lo dije, no está acostumbrada a beber.

Poco a poco caminaron hasta la puerta del apartamento, tomo las llaves del bolso de la rubia y abrió la puerta, entraron lo más rápido que pudo y de un puntapié cerró la puerta, la rubia lo miraba divertida mientras la guiaba hasta el sofá de la sala.

Al recostarla en el sofá la rubia sintió algo duro contra su espalda por lo cual busco sacarlo, lo miro detenidamente, era el control remoto del reproductor de música, miro directamente a Arnold y sonrió juguetona -Si baila conmigo le diré por que lo miro de esta forma-. Encendió el aparato y de inmediato comenzó a sonar la melodía.

Oh, mi amor, mí querida,

He deseado tanto tus caricias

Durante un largo, solitario tiempo.

Arnold la miro seriamente, peino nuevamente su cabello con los dedos y exclamo un suspiro cansado, no podía, por más que lo deseara, no podía negárselo a esa encantadora mirada juguetona, dibujo una sonrisa seductora y le extendió la mano a la rubia quien la tomo de inmediato, la jalo hacia su cuerpo y la tomo por la cintura.

Y el tiempo pasa tan lentamente,

Y el tiempo puede hacer tantas cosas.

¿Aún eres mía?

El rubio la miro maliciosamente -Creo que me ha tendido una trampa Señorita-. La rubia le hizo una cara angelical ante la acusación -Todo depende ¿Que tipo de trampa?-. El sonrió ante su descaro y cinismo -No esta ebria, lo hizo para que entrara a su departamento.

Necesito tu amor.

Necesito tu amor.

Que Dios me envíe tu amor hacia mí.

Helga sonrió radiante -Es posible-. Arnold la atrajo mas hacia el y bailo mas despacio. -¿No habría sido mas fácil invitarme a entrar?-. Ella hizo un puchero fingiéndose indignada -Si, pero no habría sido divertido.

Los ríos solitarios fluyen al mar, al mar,

A los brazos abiertos del mar.

Los ríos solitarios suspiran: 'Espérenme, espérenme.

Estoy yendo a casa, espérenme.

-¿Le gusta burlarse de mi?-. Helga lo miro nuevamente como en el auto, le encantaba cuando el ponía esa expresión, le encantaba sentir como lo abrumaba. –Me encanta.

Oh, mi amor, mí querida,

He deseado tanto tus caricias

Durante un largo, solitario tiempo.

Arnold la aparto de el, le dio media vuelta y volvió a sujetarla fuertemente atrayendo su espalda hacia su fuerte pecho –No me gusta la idea de divertirle-. Bajo hacia su cuello y comenzó a depositarle subes besos sobre toda su extensión a lo que la rubia solo pudo entrecerrar los ojos, poco a poco subió hasta su oído y le ronroneo – ¿Ya me dirá por que me mira así?

Y el tiempo pasa tan lentamente,

Y el tiempo puede hacer tantas cosas.

¿Aún eres mía?

La rubia se giro lentamente sin quitarse de su tierno amarre y lo miro seriamente, con muchísima intensidad, entrelazo sus brazos por su cuello y con voz profunda le contesto –Por que lo deseo muchísimo-. Arnold la miro perplejo, jamás se imagino tal respuesta, le sonrió tiernamente y tomo el pequeño mentón de la rubia con sus dedos -Eso se puede arreglar-. La apretó mas y mas hacia el y la beso apasionadamente, ella lo deseaba y el se encargaría de que lo deseara con locura.

Necesito tu amor.

Necesito tu amor.

Que Dios me envíe tu amor hacia mí.

Continuara….

Este Cap. me costo mas trabajo, pero por dios, es el mas largo y me esforcé muchísimo para que quedara lindo, merezco que me comenten que opinan. Suplica.

Chicos estoy un poco, mejor dicho muy triste porque no me dejan comentario u,u, sé que la leen muchísimas personas pero solo pocos lo comentan, chicos los comentarios nos motivan a seguir escribiendo, vamos háganme feliz y yo los are feliz.

Gracias a los que si comentaron ya saben por privado a los que si se pueda =)

Amnesia TDD: ajajajaja lo se todos pensaban eso, la verdad tu comentario me sirvió para guiarme, tu eres la causante de que en este Cap. hubiera mas romance, espero poderte sorprender. Saludos =).

Lusol: la verdad ese jueguito me encanta, ya se soy la que lo escribe, pero en lo personal a mi me gusta ajajaa y mucho ajajajaa saludos gracias =).

Linaakane: por supuesto que la seguiré, la verdad me encanta escribir, cuando no estoy bloqueada es lo único que quiero hacer.=)

Hasta la próxima.