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John no había podido conciliar el sueño. Se sentía cansado y nervioso tanto por lo que iba a hacer con Klaus como por la inseguridad que se había asentado en él desde que Sherlock le abandonara. Abrió el cajón de su escritorio y se quedó contemplando la pistola que yacía en su interior esperando a ser usada. Tenía dudas sobre si debía o no llevársela pero al final decidió llevarla consigo: se iba a enfrentar a un asesino a sueldo, no podía acudir a la cita sin protección.

Antes de que pudiera llegar a tocar en la puerta de la casa del extranjero, ésta se abrió de golpe dejando a la vista a un Klaus que jadeaba de la emoción. Al ver al doctor se paró en seco y le mostró una sonrisa torcida.

-Buenos días, doctor. ¿Usted por aquí?

-Ehm, sí… decidí que debía ir con usted. Limpiar el nombre de Sherlock también es mi cometido.

Klaus se limitó a mirarle a los ojos y le hizo una indicación para que le siguiera hacia un taxi que les estaba esperando. Una vez se pusieron en camino la tensión era palpable. John miraba disimuladamente al extranjero y éste le correspondía muchas veces con la mirada.

-Está bien ¿tiene alguna pregunta?

-¿Yo? No, no…- dijo tratando de ocultar su desasosiego.

-¿Entonces por qué me está observando de forma insistente?

John dio un respingo y suspiró.

-Veo que no se le escapa ni una… ¿Qué pretende hacer allí, entrar y hacer preguntas como si fuera de lo más normal?

-No, yo no diría eso. Cuando veamos qué situación nos encontramos pensaré en cómo actuar.

-¿¡Qué? Ay Dios, ¿vamos a entrar en casa de un asesino a sueldo sin haber preparado ningún tipo de plan?…

El doctor sintió que el nerviosismo hacía acto de presencia y de forma instintiva metió la mano en la parte de la chaqueta en la que tenía la pistola.

-Veo que viene preparado- dijo Klaus con cierta excitación en la voz.

-No habrá pensado que iba a venir sin protección alguna ¿verdad?

-Supongo que no- en su rostro se podía leer la satisfacción que aquella situación le daba- yo también he traído protección- añadió mientras señalaba su bolsillo.

Se bajaron del taxi e inspeccionaron el barrio en el que se encontraban hasta dar con la casa en la que se suponía que vivía el asesino.

-Es aquí.

-Pensemos qué vamos a…

John no pudo terminar la frase: Klaus ya había entrado sin previo aviso. La irritación comenzaba a emerger en su interior pero no era momento para centrase en eso así que comenzó a entrar poco a poco en la casa mientras se aseguraba de que no había peligro en las estancias en las que iba entrando.

-¡Klaus! ¡Klaus! –susurraba, pero no obtenía respuesta. -¡Mierda! ¿Dónde estará?

Al entrar en el salón se percató de que Klaus tenía a un hombre contra una estantería mientras le agarraba por el cuello del abrigo.

-¡Dime todo lo que sabes de Moriarty ahora mismo!- Klaus pronunció esas palabras con mucha agresividad

-¿Moriarty? ¡Después de tanto tiempo y me vienen a preguntar por Moriarty!- el asesino se reía entre dientes sin mostrar preocupación alguna.

-Quizás esto te haga recapacitar- dijo John mientras le mostraba el arma y se la ponía en la sien.

-John, no le había visto entrar- Klaus estaba claramente sorprendido por la frialdad con la que actuaba el doctor.

-Dinos todo lo que sabes de Moriarty o te vuelo la cabeza- John tenía una mirada gélida y su voz estaba cargada de todo el odio que llevaba guardando en su interior durante los últimos 8 meses.

-¿Tú me vas a matar? ¿El querido doctorcito de Sherlock Holmes? ¡Jajajaja! No me hagas reír.

John sentía la rabia corriendo por sus venas y se dejó llevar. Apartó de un empujón a Klaus y le pegó un puñetazo al asesino rompiéndole la nariz. Eso le recordó a aquella vez en la que le hizo lo mismo al jefe de Lestrade y sonrió por dentro. Le volvió a agarrar por el cuello de su abrigo y lo incorporó mientras tiraba de él.

-Te lo vuelvo a repetir: dinos lo que sabes de Moriarty. No te pienses que soy el mismo "doctorcito", como tú dices, de aquél entonces. Estoy lleno de dolor y de odio y cuando esos sentimientos se apoderan de una persona no hay cosa, por más insana y destructiva que ésta sea, que no sea capaz de hacer.

El asesino a sueldo se dio cuenta de que John iba en serio y comenzó a sentir miedo.

-Está bien, está bien. Les diré lo que quieran.- dijo con un hilo de voz.

Klaus miraba con mucha atención al doctor y éste le devolvió la mirada cuando se percató de ello.

-¿Le sorprende mi comportamiento?

-Teniendo en cuenta que mató al taxista asesino de "un estudio en rosa" no me sorprende tanto.

-Eso fue para proteger a Sherlock.

John se quedó paralizado al darse cuenta de lo que había acabado de ocurrir y dirigió una mirada llena de ansiedad al extranjero.

-¿Cómo sabe usted eso? ¿Es que…?

-No se preocupe. – le interrumpió Klaus con voz tranquilizadora.- No tengo intención alguna de dar parte de ese incidente y tampoco debería preocuparse de cómo lo sé. Además, ahora tenemos otras cosas más importantes de las que ocuparnos ¿no cree?

-Sí, supongo…

-Bien. Empieza a hablar.- le dijo al acorralado asesino.

- Yo estaba bajo las órdenes de Moriarty como el resto de mis compañeros. En un principio nuestra misión era mantener a salvo a Sherlock Holmes fuera como fuera pero sin tener contacto con él, así que si alguien lo tenía era eliminado.

-Por eso cuando huíamos y nos pusimos delante del autobús el asesino que nos salvó fue tiroteado.

-Sí... Una vez que el escándalo acerca de la falsedad de Holmes explotó nuestra misión cambió. Moriarty y Holmes se iban a ver en la azotea del hospital e iban a enfrentarse. Teníamos órdenes directas de estar cerca de la señora Hudson, del inspector Lestrade y de ti, Watson, para acabar con sus vidas si la condición no se cumplía.

-¿La condición? ¿Acabar con nuestras vidas? ¡¿Pero de qué estás hablando, desgraciado?

-Pensé que lo sabía.- dijo el asesino desconcertado.- Teníamos que matarles si Sherlock Holmes no se tiraba del edificio, es decir, si no se "suicidaba". Yo era el encargado de matarte a ti: estaba en un edifico cercano al hospital y tenía visión directa de lo que estaba sucediendo y obviamente también te tenía a tiro. Como Holmes se arrojó del edificio abajo y acabó con su vida no tuve que matarte ni mis compañeros tuvieron que matar a la señora Hudson y al inspector.

John sentía que se estaba mareando y que le costaba respirar. Sentía que lo que acababa de descubrir le sobrepasaba y no sabía cómo manejar la cantidad de sentimientos encontrados que se agolpaban en su corazón. Sherlock no se suicidó por lo que Moriarty había hecho con su reputación: se había sacrificado por él y por los demás. Su amigo, el que le resultaba muchas veces insoportable por su arrogancia y su poca empatía, pero que a pesar de eso se había convertido en parte vital de él, dio su vida por salvarle.

Los recuerdos de aquél día le vinieron a la mente sin poder remediarlo. Había noches en que soñaba una y otra vez con la caída y en esos sueños él nunca podía impedir el trágico destino de su amigo. Otras veces, soñaba con la última conversación que habían tenido. Lo siento. Yo inventé a Moriarty. le decía entre lágrimas. Esa llamada se había convertido en su nota de suicidio, como bien había apuntado Sherlock. Una nota de suicidio que John llevaba consigo a donde quiera que iba.

Tantas y tantas veces se había preguntado el buen doctor por qué había terminado Sherlock por suicidarse. No le cabía en la cabeza que una persona con la inteligencia y la brillantez de su amigo terminase de ésa manera y mucho menos él, que no le importaba lo que pensaran o dijeran sobre su persona. Ahora tenía la respuesta a ésa pregunta: murió para salvar lo que más le importaba.

El dolor que estaba atenazando su corazón se hizo más fuerte con aquella revelación y no pudo evitar que lo embargara. Empezó a llorar desconsoladamente mientras se agarraba el pecho.

-Sher… Sherlock… Sherlock… -susurraba entre lágrimas.

No podía parar de decir su nombre, como si eso le fuera a traer de vuelta ahora que sabía la verdad. Volvió a sentir que la estancia en la que se encontraban se movía a su alrededor y empezó a notar que le faltaba el aire. Inspiraba pero era como si el aire se negara a entrar en sus pulmones.