Capítulo 7
-Tiene suerte de que el sacerdote Kleid se encuentre de viaje – había dicho la Madre Superiora poco antes de encerrar a Terry en el cuarto de meditación
El castaño, al ver lo estrecho del cuarto y la puerta cerrada, entró en pánico a causa de su fobia hacia los lugares encerados que fue desarrollando gracias a los constantes encierros en el armario por parte de su madrastra. Siendo una ventana la única salida, la abrió para encontrarse con la vista del techo pero poco le importaba la altura cuando se trataba de una fobia, quien sabe, tal vez hasta se haría un favor personal si caía y moría; no era como si alguien lo fuese a echar de menos. Antes de dar el primer paso fuera del marco de la ventana, posó su vista en la inmensidad del cielo, sintiendo una dolorosa puñalada en el pecho, ¿Las puertas al cielo estarían abiertas para él? Sacudiendo la cabeza, enfocó nuevamente su atención en aferrarse a las paredes para poder llegar a una parte segura en el techo. Una parte de él insistía en la posibilidad de un fallo y caer a una muerte segura pero, por otra parte, una leve esperanza lo obligaba a aferrarse a la vida, ¿Sería Candy aquella esperanza que lo mantenía vivo? Finalmente se encontró con la seguridad de poder sentarse en el techo y tomarse un respiro para luego incorporar la mirada y buscar la forma de bajar de donde se hallaba.
-Aquí voy – se dijo, poniéndose en pie y haciendo equilibrio para no caer al caminar sobre el techo
Cuando al fin logró bajar del techo, se internó en el bosque en donde caminó y caminó hasta estar seguro de que nadie le encontraría, escalando un árbol como hacía de pequeño para no ser encontrado cuando sabía que un castigo le esperaba. No obstante, sus momentos en solitario no le duraron por mucho puesto que el silencio fue irrumpido por unos pasos, seguidos de un voz que de inmediato reconoció.
-Suéltame… ¡Suéltame! Puedo caminar sola, ¿Qué quieres decirme, Neil?
Su primer instinto fue el de acudir en su auxilio pero ella no parecía estar asustada del chico que la acompañaba.
-Hace mucho que no te veo, Candy. Nunca creí que vinieses a Londres – comentó el chico
Ella esbozó una sarcástica sonrisa.
-Yo tampoco y quiero que sepas que me desagrada mucho estando tú aquí – respondió ella
El comentario le causó gracia, pocas eran las chicas de la alta sociedad que se atrevían a hablar de esa forma. Efectivamente ella no había mentido al decir que no era como las demás chicas.
-¿Cómo dices? – preguntó con molestia
-Que únicamente en Londres puedes hacerte el valiente conmigo – respondió la rubia
-¡Basta, Candy! ¡Salgan!
Al ver Terry que dos chicos más aparecían, no dudó en ir en su ayuda pero el comentario de ella le hizo nuevamente desconcertarse.
-Tú nunca puedes hacer las cosas solo – al parecer ambos se conocían tiempo atrás – Eres el mismo cobarde siempre, Neil
Al castaño le asombraba el valor de Candy aún a sabiendas de que era una chica contra tres brabucones.
-Hablas demasiado – la señaló amenazadoramente - ¿Tú vestido también está al revés?
Ella se miró confundida.
-Dicen que te gustan las cosas del revés – miró intencionadamente a uno de sus secuaces luego de dejar escapar una risilla – Vamos a ver…
Al pretender acercarse a la chica, ésta soltó un manotazo para alejarlo.
-¡Ven aquí! – intervino el más alto ante el retroceso de Neil
-¡No me toques! – se zafó ella de él
El instinto de Candy le aconsejó correr pero fue frustrado su intento al tropezar con el pie del otro.
Terry, al ver que ambos secuaces halaban del cabello a Candy, buscó inmediatamente algo con qué atacar.
-¡Brutos! ¡Suéltenme! – decía ella
-Es fuerte porque trabajó en un establo – comentó Neil, observando la escena
-¡Suéltenme, suéltenme!
-¿Si te duele por qué no te quejas? – preguntó el otro
-Si te quejas te soltaremos – condicionó Neil
-¡Déjenme! – insistió ella
-Escúchame bien, Candy – se inclinó para estar a su altura - ¡Este colegio no es un buen lugar para ti, tienes que irte!
Harto de las amenazas y de ver el maltrato hacia la chica, Terry descargó azotes, con una liana que halló pendiendo del árbol, en contra de Neil y del que sujetaba a Candy del cabello.
-Espero no haberlos molestado – comentó sarcásticamente desde la rama del árbol
-Terry… - susurró ella al reconocerlo
-Pregunté si molesto… - insistió el castaño, saltando de la rama hacia el suelo
Los tres, ante la imponente presencia de Terry, retrocedieron temerosos.
-¿Cómo te sientes? – preguntó a Neil quien retrocedió ante la mirada del castaño – Ya veo, soy el hijo del más alto noble inglés y ustedes son ricos, ¿eh?
Con furia, sujetó a Neil de la camisa para descargar el primer golpe sobre su rostro, haciéndolo caer.
-Tres americanos ricos atacan a una chica, bien, les enseñaré como un caballero inglés se comporta en estos casos
El más alto intentó descargar un golpe sobre Terry pero éste fue más rápido, esquivándolo y estrellando a su vez descargó su puño sobre el estómago de él y en seguida en el otro. Viendo el temor infundido en ellos, agregó.
-Ahora váyanse – ordenó a lo que en seguida los tres huyeron despavoridos
Candy se acercó hasta él con duda y él, con duda igualmente, optó por retirarse.
-¡Espera, espera! ¡Terry!
Su corazón se aceleró al escuchar que ella seguía llamándolo de esa forma. La miró fugazmente.
-Será mejor que regreses a tu habitación – aconsejó, regresando la vista hacia el frente
-Gracias – apenas susurró ella
El cerró los ojos, sintiendo como unas simples palabras quemaban su corazón antes dolido. Pretendiendo agregar un comentario, regresó la vista hacia ella pero nuevamente esas esmeraldas por ojos lo hechizaron, tomándolo completamente desprevenido. Sintiéndose incapaz de resistir el impulso de abrazarla y besarla, desvió la mirada.
-Debo irme – dijo secamente, tomando el rumbo de vuelta a su habitación de castigo
Candy, sin explicarse la razón, sujetó del brazo a Terry.
-No te vayas – suplicó con el corazón igualmente acelerado
La agradable calidez del contacto de su mano con él lo estremecía por completo, ¿esto era lo que llamaban amor?
Nerviosa ella ante la mirada color mar, agregó.
-Vayamos juntos de vuelta al colegio
Él esbozó una sonrisa.
-Temo que no es posible lo que me pides, señorita pecas – comentó – Debería de estar encerrado en el cuarto de meditación…
Ella pareció reaccionar ante el comentario del castaño.
-¿Cuarto de meditación? – repitió ella, recordando su presencia a noche anterior en el edificio y las palabras de la abuela Martha – Terry, ¿fuiste tú quien ayudó a entrar a la abuela Martha?
El castaño se encogió de hombros, posando un dedo en sus labios.
-Que este sea nuestro secreto, pequeña pecosa, no quiero más problemas – respondió él
Ella esbozó una sonrisa en señal de complicidad.
-Puedes contar con mi silencio, Terry
Sin decir más, el castaño retomó su camino de vuelta al cuarto de castigo.
Por la noche, tras haberse apagado las luces en los dormitorios y haber recibido un mensaje de Anthony, Candy se escabulló de su habitación para ir a visitar a sus amigos y prometido en el otro edificio.
-¡Candy! – el rubio la estrechó amorosamente entre sus brazos
La chica, por su parte, no dejaba de pensar en cuán diferente se sentía con Anthony a comparación con Terry. Si bien era verdad que ella amaba a Anthony desde el primer instante en que le vio sonreír, con Terrence sucedía algo completamente distinto. Era como si miles de cables eléctricos tocasen su piel cuando estaba con el castaño.
-Intentamos buscarte pero no dimos contigo, Candy, ¿en dónde estabas? – preguntó consternado Archie
La chica recordó el incidente con Neil y su encuentro con Terry.
-Bueno, yo…
-¿Sí, Candy? – animó Anthony a seguir
-Tuve un conflicto con Neil – explicóse
-¿Con Neil? – preguntaron los tres al unísono
-Pero, ¿estás bien? – preguntó inmediatamente Anthony, sujetándola de las manos
Ella asintió.
-No tienen nada de qué preocuparse, chicos. Terry fue muy amable al ayudarme con ese patán
-¿Te refieres a Gradchester? – preguntó Archie con molestia
La rubia no entendió el enfado de Archie.
-Digamos que la relación entre Archie y Gradchester no es muy buena – explicó Stear
-¿No lo es? ¿Por qué no? – preguntó confusa
-Candy, es un chico muy agresivo y debes de cuidarte de él – agregó Anthony con un deje de cólera
-No lo entiendo, Anthony, ¡Es un chico muy agradable!
-¿Recuerdas hace un par de noches cuando acordé ir a visitarte? – preguntó el rubio a lo que la chica asintió – Pues bien, él fue la causa de que no pudiese ir
-Gradchester rompió los ventanales intencionadamente – continuó Archie
-¡Y por poco descubren a Anthony fuera de su dormitorio! – intervino Stear
-Además de que por causa suya nos ganamos un castigo – concluyó el rubio a lo que los hermanos asintieron - ¿Ahora lo entiendes, Candy? Ignoro cuál sea su problema conmigo pero debes de ser cuidadosa, no me agradaría que él quisiera intentar algo contigo por despecho hacia conmigo
La rubia meditó confusamente, ¿sería en verdad el mismo chico del que hablaban?
-Por suerte no tendremos que soportarlo una temporada a lado nuestro
-¿A qué te refieres, Archie? – preguntó Candy
-Por desgracia nuestra, Gradchester es nuestro vecino de cuarto pero gracias a que se halla castigado no tendremos que soportarlo
-Pero no entiendo, ¿por qué han sido castigados? – insistió la rubia
-Cuando se supo descubierto – explicó Archie – Gradchester insinuó que había sido Anthony quien rompió los ventanales y en cuanto Anthony le reclamó el comentario, respondió con golpes
-¡Dios mío!
-No tienes nada de qué preocuparte Candy – agregó el rubio – Mañana podremos salir del colegio a visitar a la tía abuela
La chica se emocionó con el comentario.
-¿Podremos salir?
Los tres asintieron.
-Partiremos a las nueve en punto – anexó Stear – Así que no demores tanto, ya sabes lo estricta que es la tía abuela con la puntualidad
La rubia asintió, haciéndose el propósito firme de al fin agradar a la tía abuela.
A la mañana siguiente, Candy partió de su habitación poco antes de las nueve para evitar cualquier inconveniente pero, antes de llegar al lugar acordado, posó su vista en el cuarto de meditación que se alzaba a lo lejos.
-¿En verdad será tan malo? – se preguntó ella, dándose media vuelta y retomando su camino
-¡Por aquí, Candy! – llamó Anthony al divisarla, agitando una mano
La rubia corrió al encuentro del rubio, tomándose ambos de la mano para caminar juntos hasta el carruaje que aguardaba fuera del colegio.
-Un momento, señorita Andrew – le detuvo la Madre Superior – Temo que no puede abandonar el Colegio, sus tutores no lo han autorizado
-¿Qué? ¿De qué está hablando? – preguntó Anthony con molestia
-Lo que ha escuchado, joven Brower, la señora Elroy no ha aprobado que la señorita Andrew abandone las instalaciones
Los hermanos Cornwel se acercaron a Candy y Anthony.
-¿Sucede algo, Anthony? – preguntó Stear
-La tía abuela no ha permitido que Candy salga del colegio – respondió Anthony con fastidio
-¡¿Qué? ¡No tiene derecho a negarle a Candy la salida del colegio! – protestó Archie
-¡Tenemos que hablar con la tía abuela de inmediato! – protestó Stear
-No pienso irme sin Candy – dijo Anthony
-No, Anthony – protestó la rubia – La tía abuela se enfadará si decides no ir, será mejor que vayas y no la hagas enfadar
-Pero Candy…
-No te preocupes por mí, estaré bien – guiñó un ojo – Estoy segura que la tía abuela terminará por aceptarme
Los tres hombres intercambiaron miradas de preocupación.
-Calma, chicos – repitió ella – Todo estará bien, lo prometo
Anthony la estrechó entre sus brazos.
-Prometo que convenceré a la tía abuela de que cambie de opinión – dijo luego de besar dulcemente la mano de la chica
Los tres caballeros abordaron el carruaje, prometiéndose hablar seriamente con la tía abuela.
Candy, sin más que hacer, se adentró al bosque en busca de la segunda colina de Pony en donde fue siguiendo distraídamente el riachuelo que corría silenciosamente hasta que divisó una figura recostada a la sombra de un árbol. Con curiosidad, acercóse un poco más hasta lograr ver su rostro quien no era otro más que Terry.
-Está dormido – murmuró para sí
El castaño removió ligeramente la cabeza, frunciendo el ceño como si algo le causara malestar.
Candy se sentó silenciosamente a un lado de él, observando cada rasgo en el chico. Observó sus labios prominentes que estaban ligeramente abiertos; sus párpados que se fruncían a cada recuerdo; sus finos cabellos que caían graciosamente sobre los hombros y rostro del chico.
En sueños, murmuró algo ininteligible, posando una mano sobre su rostro.
-Debe estar teniendo un mal sueño – pensó la chica, removiendo cuidadosamente los cabellos castaños
Un solo roce de la mano de la chica con la frente del castaño bastó para que Terry relajara el semblante por completo.
-¿Será realmente tan malo como dicen Anthony, Stear y Archie? – se preguntó sin dejar de acariciar el semblante del otro
-Candy… - murmuró él
El corazón de la aludida se aceleró al escuchar su nombre pronunciado tan dulcemente por él, ¿estaría pensando en ella?
Retiró rápidamente la mano al percibir movimientos en seña de que estaba a punto de despertar el castaño.
Poco a poco, los ojos color mar se abrieron lentamente, acostumbrándose a la resplandeciente luz del día. Fueron fugaces los momentos en que sintióse totalmente vulnerable y perdido pero, al sentir alguien junto a él, sus sentidos se pusieron alerta.
-Pecosa – murmuró con voz ronca y una sonrisa perezosa
La rubia no supo qué responder.
Tery dejó escapar una sonrisa burlona.
-¿Qué sucede, pecosa? Creí que estarías fuera este día
Ella tomó una posición más cómoda, apoyando las manos en la fresca hierba.
-Recuerda que por una razón estoy en este colegio – fue la respuesta de la rubia
El castaño posó su mirada en ella, meditando en silencio unos momentos. Después de meditar a fondo, se puso en pie y extendió una mano hacia la rubia quien le miró confundida.
-¿Le gustaría pasar la tarde conmigo, señorita pecas?
-¡Pero Terry! – protestó ella, incorporándose a la par - ¡No podemos abandonar el colegio sin permiso de nuestros tutores!
-Nadie tiene por qué enterarse, ¿o si?
La rubia se hallaba en un dilema, seguir sus impulsos y salir con Terry o ser prudente y acatar todas las órdenes con tal de ganarse la aceptación de la tía abuela.
Continuará...
