Capitulo VII
Esmeralda no sabía que hacer. La decisión más sensata hubiese sido irse en cuanto Serena llego y en esos momentos no sabía si salir de la cocina o quedarse en ella aun más. Pero su encrucijada termino cuando sintió voces acercándose y ver entrar a Diamante junto con la rubia. Su mejor amigo se veía radiante.
- Esme- la llamo sonriente- No sabía que aun estabas aquí. Te tengo una buena noticia. Nos casaremos.
La joven de cabellos verdes ondulados los felicito, deseándoles lo mejor pero en ese mismo momento su celular comenzó a sonar. Era su representante, hablándole sobre el próximo desfile que realizaría en pocos días y necesitaba verla en ese mismo instante. Al cortar, se despidió de la pareja explicándoles que la necesitaban. Tomo su cartera y con un leve saludo de mano se retiro del lugar a paso veloz. Una vez fuera, soltó un suspiro nostálgico y se coloco sus gafas de sol, caminando hacia su BMW.
Tres golpes a la puerta sacaron de su concentración al empresario quien revisaba las planillas de las ganancias de aquel mes. Luego de varios meses, había logrado solucionar los problemas que había tenido a causa una mala inversión.
- Adelante- suspiro dejando los papeles para ver como una de las empleadas domesticas entraba para informarle que tenia una llamada de Ittou- Gracias, puedes retírate Susan.
Tomo el auricular y saludo a su querido amigo. Hacia tiempo que no recibía una llamada suya por ello conversaron por unos minutos de trivialidades de sus vidas, trabajo, salud, etc. Sin embargo, Darién podía percibir la tensión en la voz de su amigo, por lo cual sabía que su llamado no había sido solo para conversar un rato.
- Darién- dijo finalmente cuando supo que no podía prolongar el momento- Serena se casa en unos meses.
El silenció se presentó mas frío que de lo frecuente. Ittou sabía que su amigo se esforzaba por ocultar sus emociones de todo el mundo. Sabía que el sentimiento por Serena era fuerte, solo esperaba que no fuese tarde para que el peleara.
- Es bueno saberlo- aseguro, pero su voz estrangulada denotaba el esfuerzo por contenerse.
Temiendo una mala reacción, Ittou cambió de tema preguntándole cuando estaría de nuevo en Japón. Sin poder contenerse, el pelinegro le aseguro que ese fin de semana estaría de vuelta ya que todo en Inglaterra estaba nuevamente en buen camino. El fotógrafo se sorprendió ya que pensaba que faltaba aun para su retorno pero prefirió ahorrar el comentario. Unos minutos después, la llamada termino. Darién no perdió tiempo y llamo a la agencia de viaje para pedir un vuelo para ese mismo viernes. Una vez confirmado, se dirigió hacia la sala de estar donde Berjerite leía una revista distraídamente.
- Has tus valijas, salimos para Japón este viernes- le informo subiendo los primeros escalones.
- Pero Darién, la semana de la moda es en solo unos días…- protesto pero al obtener la mirada de pocos amigos que tuvo, decidió callarse.
Aquel día era particularmente hermoso, completamente agradable ante la brisa calida de verano. Por ello, había decidido ir a pasear con Ryo por las calles más cercanas al parque ya que el pequeño disfrutaba mucho cuando lo sacaban a pasear. Luego de dar varias vueltas, y un poco cansada, la rubia se dirigió hacia un bar que se encontraba en medio del parque, que era su favorito.
Tomo asiento en una de las mesas con sombra en la parte de afuera, acomodo el cochecito del pequeño frente suyo y observo el menú que descansaba en la mesa de hierro y vidrio de varios colores imitando un vitral. Sintió como alguien se aproximaba, siendo seguramente el mesero. Pero al levantar la vista, observo a Darién mirándola intensamente.
En silencio, tomo asiento frente a la rígida rubia. Ninguno apartaba la mirada del otro, haciendo parecer que el tiempo a su alrededor se había detenido súbitamente.
- ¿Qué haces aquí?- pregunto repentinamente, volviendo a la realidad.
- Quería hablar contigo- respondió simplemente.
Miró fugazmente hacia su pequeño, quien estaba feliz jugando con un auto de plástico. Al hacer esto, Darién hizo lo mismo mirando por primera vez al pequeño, para sorprenderse inmediatamente. Miro a los ojos a Serena demostrándole su confusión. Es que era imposible que ese pequeño tuviera el cabello negro, si Serena y Diamante eran rubios. Además, los rasgos no se asemejaban a los de Ante en nada. Volvió a mirarlo y el pequeño le devolvió la mirada, mostrándole sus ojos azul oscuros.
De un movimiento brusco, Serena se levanto de su asiento en un intento de escapar del lugar pero no lo consiguió ya que Darién era mucho más rápido y fuerte que ella. La tenía atrapada de la muñeca.
- Ni lo pienses, Serena- le advirtió serio- No escaparas de aquí hasta que me des una explicación de todo.
La rubia aparto al mirada y permaneció callada, en un vano accionar de rebeldía. No estaba en su cabeza decirle la verdad al empresario, aunque esta sea demasiado obvia. Sabía que Darién con solo ver a Ryo, había atado los cabos de que Diamante no era el padre.
- Iremos a un lugar mas tranquilo a hablar- le ordeno aun sin soltarla- Y no te opondrás, ya que te aseguro que no quieres que tome otro tipos de carta en el asunto.
Suspiro molesta y asintió con la seriedad pintada en su rostro. Se fueron del bar inmediatamente seguidos por dos de los guardaespaldas del empresario hacia su automóvil que estaba estacionado muy cerca. Serena tomo a un bebé en brazos y subió al lujoso automóvil seguida de Darién. Uno de los guardaespaldas guardo el cochecito en el valijero y entro por la puerta del piloto, para emprender marchar.
Cuando el automóvil se detuvo, Serena se percató que estaban en la mansión principal del pelinegro. En el pasado había ido solo un par de veces, cuando se hacían las fiestas del empresario. Darién bajo primero sosteniéndole la puerta para que pudiera bajar cómodamente. Berjerite se encontraba en Paris ya que se había negado a regresar tan pronto y a Darién le resultaba exactamente igual ya que le importaba muy como lo que hiciera.
- ¿Deseas tomar algo?- consulto mientras se quitaba su campera de gamuza marrón.
- No gracias- respondió cortante mientras colocaba a su bebe nuevamente en el cochicito, se alejo un poco y le hizo frente a Darién, algo que jamás había echo o se atrevió a hacer.
El pelinegro al observo unos segundos. Llevaba una remera de modal negra muy sencilla con cuello en forma de "U", unos pantalones de jeans sencillos pero entallados, unas sandalias de cuero negro y una bolso de estilo liberty. Sin duda alguna había recuperado la forma habitual de su cuerpo, aunque sus pechos eran aun más generosos. Sin duda, seguía siendo irresistible.
- Okay, vayamos al grano si eso es lo que deseas- concedió mientras arremangaba las mangas de su camisa verde musgo oscuro- Tu hijo no es hijo de Diamante como me hiciste creer, sino que es mió.
Serena permaneció parada firmemente sin hacer o decir nada, para luego asentir suavemente mientras lo miraba a los ojos. Se asombró al ver que en sus ojos azul oscuro la alegría y otras varias emociones se manifestaron.
- ¿Por qué no me lo dijiste?- interrogo suavemente pero observo como la mandíbula de la rubia se tensaba aun más, estaba a la defensiva con una expresión de Leona a punto de atacar. Algo que jamás vio en la joven.
- Porque ya no eres parte de mi vida- le explico- Y no deseo ser parte de la tuya de la manera en que lo fui. Ya usaste mi cuerpo antes, ¿Qué garantías tengo de que no me quitaras lo que también es mío?
Darién permaneció callado, procesando sus palabras. Era comprensible que no confiara en el después de permanecer tres años a su lado de manera poco digna.
- Además, no deseaba ponerte en una mala posición si no lo deseabas- continuó la rubia- No quiero tu dinero. Tengo un trabajo con que mantenernos, sin mencionar que Diamante esta comprometido conmigo.
Sorprendiéndola, Darién corto la distancia entre ellos bruscamente quedando a escasos centímetros de él. Su rostro mostraba profundo dolor y molestia con lo que le había dicho.
- Aunque te sea muy difícil de creer o no lo parezca, tengo sentimientos- aseguro arrastrando las palabras a causa de la molestia- Quiero a mi hijo y quiero ser un padre para él, eso no significa que quiera quitártelo o hacerte la vida infeliz.
Bajo la mirada sintiéndose un poco mal. Había prejuzgado a Darién teniendo en cuenta otro tipo de situaciones. No estaba del todo mal, ya que la había lastimado. Pero ella misma odiaba que la prejuzguen y lo había hecho con él.
- De acuerdo, Darién- suspiro relajándose un poco- Permitiré que veas al bebé y tengas una relación con él. Pero será bajo mis reglas y mis condiciones, por ahora.
- ¿Condiciones, como cuales?
- No le cambiare el apellido Tsukino todavía- respondió sería.
Aunque no estaba de acuerdo, no podía protestar. Tenia que hacer todo como lo ordenara Serena. Suspirando acepto respetar todas las condiciones que ella deseara pero que le permitiera conocer a su hijo. Tomo la mano del hombre y lo guió hasta los sillones donde estaba el cochecito. Le pidió que se sentara en el gran sofá, tomo al pequeño entre sus brazos y se sentó a su lado.
- Su nombre es Ryo- le informó suavemente mientras el bebé seguía jugando con el autito.
- ¿Por qué elegiste ese nombre?- le consulto concentrado en lo que hacia el pequeño, quien había tirado el juguete y él se lo había regresado, llamando su atención.
- Por mi abuelo.
El pequeño lo miro atentamente y comenzó a hacer sonidos, como si intentara hablarle. El empresario le consulto si podía alzarlo, Serena asintió y se lo entrego. Una vez en sus brazos, Ryo lo miraba fijamente y colocaba sus pequeñas manos sobre su boca y mejilla, como inspeccionándolo. Ambos adultos rieron un poco por este proceder y el niño pareció alegrarse.
Fue en ese momento en el que Serena fue consiente de lo parecido que eran ambos, tal como se lo había dicho Ittou tiempo atrás. Por la forma en la que interactuaban se dio cuanta que se había formado un vínculo que no podría romper.
Llego al restaurante a la hora de siempre y se dirigió a la cocina, donde se encontraban la mayoría de sus amigos. Coloco el cochecito cerca de Luna, por indicación de esta ya que esa noche ella lo cuidaría. Se cambió y fue hacia el atril.
La noche paso sin ninguna complicación para nadie. Ryo había permanecido tranquilo luego de aquel fuerte encuentro con Chiba. Diamante llegó para buscarla, ya que esos días se encontraba ultimando detalles para la inauguración y apertura del nuevo restaurante. Se dirigieron a su casa y Serena le pidió que se quedara unos minutos ya que tenía algo importante de que habla. Entraron, Serena fue rápidamente a dejar a Ryo en su cuna ya que estaba profundamente dormido. Bajo las escaleras para encontrar a Diamante sentado en el sillón cansado, recostado en el respaldo esperándola.
Se acercó sin perder tiempo y tomo asiento a su lado. Diamante le sonrió levemente, notando que la rubia estaba un poco nerviosa. Tomando aire, le relató lo que había pasado aquel día en el parque aunque decidió omitir la visita a la mansión Chiba. El rubio la escucho atentamente sin interrumpirla pero cuando por fin termino el relato, respiro hondo antes de contestar.
- Comprendo- respondió tomando sus manos entre las suyas- Es completamente entendible que él desee pasar tiempo con Ryo, aunque me sorprende mucho siendo Darién Chiba de quien hablamos.
- El prometió respetar mis reglas- dijo sin darse cuenta de que lo estaba defendiendo.
- Claro que las respetará- le aseguro- Y si no lo hiciera, no estas sola y nos encargaremos de que no se pase de listo.
- No creo que desee eso, parecía muy sincero cuando me lo prometió- desvió la mirada pensativa.
Diamante la observo por unos segundos fijamente mientras ella miraba en otra dirección. No le gusta para nada el nuevo acercamiento de Darién y la confianza que le había inspirado a Serena. Sin embargo decidió guardar silencio.
El desfile había terminado. Ella había hecho la última pasada con un precioso vestido de novia de la gran diseñadora de moda en esos momentos, Unazuki Furuhata. Miro con nostalgia como le quedaba el magnifico vestido, sintiendo que jamás lograría lucirlo verdaderamente. Sonrío un poco. Debería decirle a Diamante que le comprara aquel traje a Serena, seguro se vería preciosa.
Su asistente la saco de su ensoñación, entregándole la copa de champagne que siempre tomaba después de un exitoso desfile. Unazuki se aproximo a ella en cuanto termino de dar una entrevista.
- Esmeralda, gracias por haber estado- le dijo sonriente la pelirroja feliz- Haz logrado que mi mejor creación sea gloriosamente expuesta en tu figura.
- Siempre tan exagerada, Una- sonrío mientras blanqueaba los ojos.
- ¿Quieres venir a cenar conmigo?- consulto haciendo caso omiso a su comentario- Iremos a uno de los mejores restaurantes con mi hermano y algunos amigos. Se llama "Platine".
- Ese es el Restó de Diamante y Zafiro- pensó ante la mención del nombre.
Esmeralda no pudo contestar, ya que un hermoso rubio las interrumpió cuando llamo a la diseñadora por su nombre. Unazuki inmediatamente corrió para ser recibida por el guapo hombre en sus brazos. Cuando se separaron, la joven lo arrastro ansiosa a donde se encontraba Esmeralda.
- Andrew, te quiero presentar a Esmeralda Makoto- le dijo al joven- Esme, el es mi hermano Andrew.
Una vez frente a frente, Esmeralda reconoció al joven a quien le presentaban y él también recordó quien era esa mujer de rostro conocido. Respetuosamente se saludaron con agradables comentarios, pero sin hablar nada que percate a la pelirroja que ya se conocían muy bien.
- Ella es una gran amiga mía- le explico al rubio- Nos conocimos en Francia, y ella me ha ayudado mucho a darle renombre a la marca ya que esta en el mundo de la moda desde antes que yo.
- Me da gusto que tengas una amiga que le interesa ayudarte siempre que puede- aseguro el rubio mirándola fijamente.
- Unazuki- la llamo una voz mas grave, detrás de ellos.
Esmeralda miro en esa dirección, para ver al esplendido hombre de cabellera negra y penetrante ojos azul profundo. Ambos cruzaron miradas por unos segundos.
- ¡Darién, pudiste venir!- Unazuki desbordaba alegría a mas no poder.
- No me lo perdería por nada del mundo- le aseguro con una sonrisa sincera- Aunque no me gusta esto de la moda femenina, hice el esfuerzo solo por ti.
- Bueno, no nos demoremos más- ordeno Unazuki- ¡Tengo hambre!
- Entonces ¿Qué estamos esperando?- consulto sonriente Darién por la expresión de júbilo de hermana de su mejor amigo.
Unazuki miro a Esmeralda, quien comprendió inmediatamente que ellos eran con los que deseaba cenar su amiga. Por una fracción de segundos no supo que decir o hacer.
- Eh… creo que yo me voy a mi casa- le dijo a la pelirroja- Lo lamento Una, pero me encuentro muy cansada.
- Pero…- intento protestar pero fue interrumpida.
- Otro día organizamos- le aseguro- Tengo mucho que hacer, en serio.
Unazuki estaba a punto de protestar pero Andrew no se lo permitió, alegando que seguramente la señorita Makoto tenía deseos de ir pero eso le perjudicaría otros trabajos pendientes. Ante esto, la pelirroja desistió asegurándole que no era su intención complicarla.
- Te esperamos en el automóvil- le informo Andrew mientras se retiraba junto a su amigo.
- Debo sacarme el vestido- dijo Esmeralda, retirándose tranquila.
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Salió del elegante edificio por la parte posterior para evitar a los fotógrafos, dirigiéndose al estacionamiento. Buscó sus llaves en su cartera pero no las encontraba por ningún lado. Observo en su celular la hora. Deseaba estar ya en su penthouse, en un placentero baño de inmersión.
- ¿Ocurre algo, Esme?- consulto alguien detrás de ella.
- Solo no encuentro las llaves- respondió mirándolo por sobre su hombro.
- No sabía que estabas en Japón- continuó hablando mientras ella seguía con su búsqueda.
- He regresado hace no mucho, siete meses si no me equivoco- le contesto regalándole una sonrisa.
Se miraron fijamente por unos segundos. Darién le sonrió tan galante como siempre y Esmeralda rió un poco. En ese momento recordó que las llaves estaban en uno de los bolsillos delataros de su bolso. Inspeccionó y las encontró de inmediato. Por otro lado, Darién observo que Unazuki se dirigía al automóvil en el que debía irse.
- Debo irme- le informo Darién- Pero me gustaría que hablemos en otro momento. Como en los viejos tiempos.
- Lo pensaré- le aseguró entrando en su automóvil.
Se encontraba con Rei observando algunos catálogos para elegir el pastel de bodas y los centros de mesa que adornarían en la recepción. Diamante no deseaba escatimar en gastos, a lo que no acepto los intentos de Serena por convencerlo de que deseaba un casamiento pequeño. Por lo menos había logrado convencerlo que en vez de un accesor de bodas, dejara que ella misma junto con sus amigas hicieran los arreglos. Rei, Mina y Michiru estaban dispuestas a ayudar con todo.
Llamaron a la puerta. Le resulto extraño ya que no esperaba a nadie a esa hora. Se apresuro y corrió hasta la puerta. Cual fue su sorpresa al encontrar a Darién allí ya que nunca le había informado donde vivía, solo le dio su celular para que arreglaran.
- Darién, ¿Cómo sabías donde vivo?- consulto confundida.
La verdad era que Ittou se lo había dicho en forma de disculpa por no revelarle la verdad de su paternidad en cuanto lo supo. Era verdad de que el no había sacado las cuantas, ya que se había cegado al descubrir que Diamante estaba a su lado. En un punto era entendible, sabía que Diamante quería ser padre ya cuando estaba con Anne. Por suerte, con Serena no lo consiguió. Más sin embargo, le hervía la sangre de solo pensar que Diamante la tocara de esa manera.
- Entre en Internet de mi Iphone, busque en la guía telefónica- le mintió sonando seguro.
Esa había sido una posibilidad pero jamás sabría si Serena tenía teléfono o no. Ahora que lo veía en la mesada cercana, podía mentir seguro.
- ¿Qué quieres?- consulto impaciente, creyendo su mentira- Estoy verdaderamente ocupada en este momento.
- Vine para ver a Ryo- respondió simplemente ocultando sus manos en los bolsillos de su campera de cuero, un rasgo muy suyo- Tengo muchos deseo de verlo y como se que no me lo darás para que lo lleve a pasear sin tu compañía hasta que estés segura de que no me lo llevare a Marruecos, vine aquí.
Serena suspiro. En un punto Darién estaba acercado en el hecho de que no lo dejaría solo con su hijo hasta no comprobar que sus intenciones eran legítimas, pero más que nada: Que cuidaría a su Ryo, con todos los cuidados que implica un niño de su edad.
No obstante, no le agradaba en nada que estuviera invadiendo su espacio y tiempo. Debía dejarle bien en claro que debía llamar antes de ir a su casa como rey del imperio romano.
- Prometo estar en la sala con Ryo sin hacer ruido- le dijo cortando un poco la distancia entre ambos, lento e imperceptible- Tu podrás vernos mientras haces lo que estabas haciendo y si necesito ayuda con algo podrás socorrerme, aunque he estado leyendo unos libros de bebés para demostrarte que soy responsable y me interesa su bienestar.
A decir verdad, estaba mas que sorprendida con tal revelación. Darién no se tomaba la molestia de estudiar absolutamente nada que no sea un contrato, negocio, etc. Aquello era un punto muy importante a su favor. Estaba tratando de ganarse su confianza honestamente.
- De acuerdo Darién- acepto mirándolo a los ojos fijamente.
Por una fracción de segundos permanecieron observándose el uno al otro. Nuevamente aquella sensación de su corazón latiendo veloz la desconcertó junto a la intensidad de sus ojos. Por otro lado, el empresario se sentía en la gloria de poder estar tan cerca de la rubia como no lo estaba en mucho tiempo. Sus rostros estaban a muy poca distancia sin que ella se percatase ya que lo miraba como si tratara de leer su inexpresiva y fría alma.
- ¿Serena?- pregunto una voz sacándolos del transe.
Al distinguir la voz de Rei, la rubia se separo bruscamente siendo conciente de que se había quedado hipnotizada con su ex amante. Respiro profundo tratando de calmar sus nervios y miro hacia atrás donde se encontraba Rei con Ryo en brazos, quien había despertado repentinamente de su siesta.
- Perdón si interrumpo…- pidió sonrojada la pelinegra.
- No te preocupes, Rei- le sonrió como forma de tranquilizarla- Justo estaba por ir para allí.
Se corrió para que Darién pudiera entrar a la casa como correspondía para ver a su hijo. Rei lo estudió detenidamente, Serena se percato de su rostro de sorpresa y la mirada de comparación con la que miro a Ryo luego.
- Rei, te presento a Darién- le dijo cuando estuvieron al frente de ella- El es el padre de Ryo. Darién, ella es mi amiga Rei.
- Un placer conocerla- le sonrió Darién.
Rei parecía no poder salir de su sorpresa y miraba fijamente al empresario, como si fuera la ultima persona en le mundo que esperaba poder conocer. Serena decidió acercarse a ella y colocándole una mano en la espalda logro sacarla del trance. Respondió el saludo aun nerviosa, le entrego al bebé y le informo a su amiga rubia que la esperaría en la mesa del comedor, retirándose.
Serena le permitió alzar a su pequeño. El pelinegro sonrió con alegría al tener al pequeño en sus brazos y siendo lo más cuidadoso lo sostuvo contra su sencilla camisa blanca. La joven madre sonrió ante la actitud del hombre y le pidió que la acompañara. Cuando llegaron a la sala de estar, indico que se sentara en el sillón y le entrego una caja donde estaban todos los juguetes del pequeño.
- Si llora, llámame- le indicó- Seguramente es por hambre.
- De acuerdo- le sonrió.
El comedor y la sala de estar eran separados simplemente por un mueble de madera que permitía que se viese de cualquiera de los dos lados a la otra habitación. Serena regreso con Rei y permaneció en silenció un rato, hasta que le propuso que tomaran un café. La pelinegra acepto gustosa y se dirigió a la cocina, la rubia le consulto a Darién si deseaba también un café, pero el le dijo que después, ya que no quería descuidar a Ryo. Sonriendo, Serena se retiro.
En la cocina, Rei ya se había encargado de preparar y encender la cafetera, algo que le gustaba a la joven madre ya que sus amigas se sentían tan cómodas en su casa, que la consideraban como un refugio.
- Serena- le dijo cuando la vio, en tono bajo- ¡Casi me muero de un infarto! ¡No puedo creer que el padre de tu bebé es, nada mas ni nada menos, que Darién Chiba!
- ¿Lo conocías?- pregunto y una punzada le dio en el corazón.
- Por supuesto que lo conozco- protesto divertida- ¿Quién en todo Japón no conoce al empresario más exitoso del país? Además, como Chef, me ha tocado alguna vez trabajar para una de sus fiestas.
Suspiro. Se sentía aliviada que Rei no fuera parte de la larga lista de mujeres que pasaron por las sabanas del pelinegro. Sin embargo, esta calma la golpeó con el peso de la realidad. ¿Por qué a ella le importaba si Rei estuvo o no con Chiba? "Por que seria incomodo, ya que somos amigas. Nada más" respondió rápidamente su mente.
- Es impresionante lo parecidos que son- continuó Rei acariciando sutilmente su mejilla, pensativa- Es imposible negar su lazo de sangre.
- Es verdad.
- ¿Cómo se volvieron a encontrar?- consulto cruzándose de brazos- ¿Le molesto el embarazo?
Por primera vez reflexionó acerca de su encuentro con el hombre que se encontraba en la sala. Aquel día, al principio Darién parecía más interesado en ella que en cualquier otra cosa. Pero cuando descubrió la verdad, no pudo sacar sus ojos del pequeño. Y para su sorpresa, no estaba para nada molesto. No le había recriminado el poco espacio que le dio en su embarazo, ni pareció seguir molesto por dejarlo creer que Diamante era el padre del niño. Más bien se lo veía eufórico, orgulloso, regocijante. Avocado completamente en su primogénito, dejándose envolver por el encanto del infante. Todo aquello hizo que sonriera.
- Nos encontramos en el parque. El acababa de regresar de un viaje al extranjero- le explico recibiendo la taza humeante de café y apreciando su aroma- Con respecto a Ryo, lo tomo mucho mejor de lo que esperaba.
- Aunque no lo creas, se ve como si fuera su deseo más anhelante. Como si fueran una pareja que no podían tener hijos y de repente apareciera Ryo- explico. Ambas se acercaron a la puerta para espiarlo- No se si me comprendes.
- Si, claro- suspiro.
Volvieron a su tarea organizativa por media hora más. Cortaron cuando Ryo reclamo por su alimento, Rei observo la hora en su reloj y le informo que debía irse ya que tenía pendientes, pero que al día siguiente regresaría.
Serena quiso acompañarla hasta la puerta, pero ya tenia a su bebe amamantándolo por lo cual Darién le negó que se levantara y acompaño él a la pelinegra. Aunque le molesto un poco el tono de orden con que lo dijo, luego comprendió que no quería romper el vínculo. De igual manera, se encontraba incomoda en aquella silla así que decidió dirigirse al gran sofá de la sala de estar. Darién regreso presuroso y al descubrirla en el sofá, se sentó a su lado sin pensarlo dos veces.
Un placentero silencio se planto entre ellos. El rostro de Darién mostraba una inmensa ternura y emoción por presenciar un momento tan íntimo entre madre e hijo. Serena estaba muy sorprendida y fascinada por aquella nueva faceta.
- ¿Puedo venir a verlos diariamente?- le consulto sin apartar la mirada del pequeño.
Un nudo en la garganta se formo en la rubia al distinguir el plural en la oración. No obstante, lo dejo pasar.
- Claro que si- le aseguro tranquila- Solamente debes avísame previamente. En estos momentos estoy un poco a las corridas con el asunto de la boda.
Distinguió la expresión de disgusto que Darién intento mantener oculta pero sus ojos azules intensos y profundos le revelaron la verdad. Le molestaba lo que acababa de decirle.
- Comprendo- respondió simplemente, en tono serio- Si quieres, puedes dejar a Ryo conmigo cuando te encuentres ocupada.
- De acuerdo- le sonrió para luego mirar a su bebe.
Serena no podía dejar de admitir que Darién se estaba comportando de maravillas, sin nada que poder reprocharle. Como se lo había advertido, los preparativos de la boda la estaban manteniendo muy ocupada, por lo cual Ryo había terminado quedándose en casa de su padre durante el día. Al principio, le pidió a Ittou que estuviese con Darién. No por desconfianza, sino por si las cosas se le complicaban un poco al pelinegro tuviera alguien un poco mas experimentado a su lado.
Diamante no comentaba demasiado acerca de la invasión de Darién en sus vidas, ya que en un punto comprendía que el empresario tenia derecho de ver a su hijo cuando quisiera si la madre lo permitía, pero la idea del frecuente contacto con Serena lo tenia un tanto malhumorando. Sin embargo no podía hacer demasiado, ya que el próxima inauguración del nuevo restaurante lo tenia muy ocupado en sus obligaciones. Aquel día había cerrado contrato con Nicholas Kumada por dos años como Chef. La única condición que había puesto era tener a otra persona capacitada para dirigir la cocina, y había solicitado que fuera Rei Hino. Aquello le sorprendió mucho, pero acepto gustoso. En "Platine" podrían quedarse Artemis y Luna cómodamente.
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La gran noche había llegado. La inauguración de "Aurum" era el evento social al cual nadie de la alta sociedad podía faltar. Ubicado casi en las afueras, dejaba ver por sus ventanas la iluminada cuidad dorada como si se tratara de polvo de oro esparcida en la oscuridad. La decoración del gran lugar era en tonos de beige, hueso, blanco y dorado, rememorando la magnifica etapa de los años veinte.
Diamante se encontraba junto a Serena y Zafiro. Aquella noche Serena llevaba un vestido Versace que el mismo le había elegido para esa ocasión, ya que Esmeralda se encantaba algo desaparecida y no pudo pedir su ayuda, aunque lo intento. Un precioso vestido largo de seda de color rosa suave, stapless y corte princesa. Caía por sus largas piernas pegado a su silueta. Elegante, nada vulgar pero sensual. Su largo cabello rubio se encontraba suelto, natural.
Unos empresarios amigos de Diamante se acercaron a saludarlo, lo que aprovecho Serena para ir por Rei. La Chef aunque tenía que coordinar a los cocineros y mozos, también debía estar en el salón para ser presentada junto con Nicholas. Entró a la cocina y la encontró probando el sabor de una salsa, para luego aprobarla. La pelinegra contrastaba notablemente al llevar el vestido de gala, mientras los cocineros vestían los uniformes. Fiel a su color, usaba un simple vestido de coctel color rubí intenso. Se ataba al cuello, dejando una vista sensual de su abundante escote. La tela se pegaba a su cuerpo, llegando hasta sus rodillas. El perfecto cabello ébano se encontraba peinado en una aristocrática cola, hacia el lado izquierdo.
- Rei, confía en tu equipo y ve al salón a saludar a la gente- le ordeno con los brazos en jarra- Esta es tu noche.
Algunos de los cocineros apoyaron la noción de Serena, y vencida, Rei salio del lugar aun nerviosa. Una vez afuera, se encontraron inmediatamente con Artemis y Luna, quienes no paraban de felicitar a la pelinegra por su nuevo e importante empleo. Luna llevaba un vestido de color verde esmeralda que resaltaba su vientre de ya tres meses de embarazo. Michiru también se les acerco. Llevaba un vestido plateado, de gasa suave que se movía ante el más mínimo movimiento de su esbelto cuerpo. Lo raro es que sus perfectas ondas había desaparecido, dejando paso a un lacio cabello suelto.
La sorpresa de la noche para Serena fue ver a Mina entrando del brazo de su nuevo novio, quien resulto ser nada mas ni nada menos que Andrew Furuhata. La sorpresa del rubio también fue visible.
- Drew, quiero presentarte a una gran amiga mía- le dijo feliz la rubia vestida con un vestido color ciruela, corto y entallado- Serena Tsukino.
- Amor, debo decepcionarte pero ya conozco a Serena- le dijo sonriente, provocando su sorpresa- Somos amigos desde hace tiempo.
- Es verdad Mina- le sonrió amable- Pero no sabes lo feliz que me hacer saber que ustedes dos están juntos. Ambos son excelentes personas y se merecen ser muy felices.
- Gracias, Sere- Mina no cabía de felicidad. Se distrajo y fue a saludar al resto de sus amigas.
Por su parte, Andrew se quedo unos segundos más junto a Serena. La felicito por lo hermosa que se veía y le dijo que se había enterado de la existencia de Ryo y hasta lo había conocido en casa de Darién.
- Es precioso, Serena- afirmo sonriente- Sin dudas saco tu encanto y sonrisa.
- Si, pero se parece mas al padre- hizo un puchero infantil y río un poco.
- Es verdad- asintió- Ryo es una copia de Darién físicamente. Creo que eso fue lo que mas lo sorprendió. Jamás pensé que vería algún día a Darién caerle la baba por un hijo. Sin dudas la paternidad le afloro profundamente.
- Si, pero eso no quita las malas costumbres- rió ante la broma.
- Aunque no me creas, a cambiado muchísimo desde que conoció a Ryo- el rubio tomo una actitud seria y reflexiva- A puesto al pequeño en el centro de sus prioridades. Inclusive mando a volar a su "novia" por él.
Este dato pareció sorprender demasiado a la rubia quien lo miraba entre incrédula y sin entender. Andrew rió un poco por su expresión y escondió sus manos en los bolsillos. Aquel gesto era una costumbre compartida entre Darién y él. Solo que el pelinegro lo hacia para esconder sus emociones, en cambió el rubio cuando estaba relajado.
- ¿En serio?
- Sip- aseguro- Berjerite le hizo un escándalo cuando volvió de Francia y se encontró con la situación. Al igual que con Beryl, la mando a volar sin pensarlo dos segundos. De eso, hace algunas semanas.
Quiso preguntar más, pero Mina llego para decirle que deseaba presentarlo a sus otros amigos. El rubio sonrío ante la actitud tierna e infantil de la joven, aquello era lo que lo había conquistado de ella. Disculpándose con Serena, se fue con su novia. Los vio marcharse hasta que sintió que alguien tocaba su hombro. Al voltearse se encontró con Esmeralda.
- Esmeralda, que bella te ves- le aseguro observando su ropa.
Sin duda aquel vestido era de Alta Costura. El vestido era sensual, atrevido y majestuoso. De color negro, llevaba solamente el hombro izquierdo, la tela se pegaba a su figura como si fuera una segunda piel hasta las caderas, donde desde la pierna izquierda comenzaba un profundo escote. Desde las caderas hasta los pies, la tela de hacia mas holgada, lo que provocaba que a cada paso, el vestido revelara sus perfectas piernas. El cabello lo llevaba dejando escapar algunos mechones de su cabello ondulado. Llevaba también unos aretes muy delicados de esmeraldas.
- Gracias Serena, tu también te vez preciosa- le aseguro sonriente.
- ¿Dónde haz estado estos días?- le consulto- Ante me ha comentado que te llamo mil veces y el único resultado era el contestandor.
- Me fui unos días a Osaka- le informo- Tenía una producción en el Castillo de Osaka. No te puedes imaginar lo bellas que son las fotografías. Uno de estos días te las mostraré, si quieres.
- Claro que si- exclamo entusiasmada.
- Son mi orgullo en este momento- admitió muy sonriente- Es lo mejor que he hecho en toda mi carrera, y lo hice en Japón que es lo importante.
Fueron interrumpidas por Diamante, quien había logrado librarse por unos segundos de ser el anfitrión. Saludo a Esmeralda y le pregunto porque no le había devuelto las llamadas. Un poco menos amistosa que con Serena, le respondió que se encontraba trabajando y no había tenido tiempo.
- ¿Siete días de producción?- pregunto sorprendido.
- Así es- respondió cruzando sus brazos, provocando involuntariamente que el escote en su pecho se acentuara más.
Una mujer llamo a Esmeralda, captando al atención de los tres. Serena la conocía muy bien. Era Unazuko, la hermana de Andrew.
- Si me disculpan, debo irme- le sonrió a Serena y se fue.
Se dirigió hacia donde la esperaba la pelirroja, quien se encontraba con dos mujeres y cuatro hombres.
- Que lindo- sonrió Serena.
La parte trasera del vestido no tenía prácticamente espalda y dejaba ver entre los omoplatos de la modelo un tatuaje. Era una delicada libélula.
- Se lo hizo cuando estábamos en el instituto- le comentó Diamante mientras pasaba una mano por su cintura para acercarla a él.
.-.
Serena salio del ruidoso salón hacia la parte del amplio jardín. Busco en su pequeña cartera el celular y marco a su casa. Era la primera vez que dejaba a su pequeño con una extraña y eso la ponía intranquila. Sin embargo era paranoia, ya que era una señora mayor y muy bien recomendada.
- Hola- dijo ansiosa en cuanto le respondió- Solo quería…- fue interrumpida la señora- Oh! Es bueno saber eso- sonrió, su pequeño ya se había dormido- Aun no se a que hora debemos irnos de aquí, pero en cuanto lo sepa, la llamare.
Mas tranquila, guardo nuevamente su celular pero sintió que alguien acariciaba suavemente sus cabellos. Un poco asustada, se dio la vuelta para encontrarse con Darién.
- ¿Qué haces aquí?- consulto sorprendida.
- Fui invitado por Zafiro- contesto con una sonrisa.
- No me refería a porque viviste, sino porque estas aquí en el jardín y no adentro- le explico levantando una ceja.
- Acabo de llegar- se encogió hombros- Te vi salir y hablar por teléfono con el ceño preocupado y quise saber que pasaba.
- Solo llamaba a la Sra. Yoshida para preguntarle por Ryo- suspiro- Me dijo que esta todo bien y que ya estaba dormido.
Darién rió un poco ante esto. El fue quien le dijo que podía llamar a la Sra. Yoshida, quien había sido su propia Nana y en al cual confiaba ciegamente.
- No desconfío de la Sra. Yoshida, pero estaba intranquila- trato de defenderse- Una llamada para cerciorarse de que todo esta bien no esta mal.
- ¿Cómo harás cuando Ryo vaya a la universidad?- se burlo, divertido.
- No soy exagerada- frunció el ceño molesta- Simplemente, no me gusta separarme tanto de mi hijo.
- En algo coincidimos, no me gusta separarme de ustedes- sonrió con su perfecta sonrisa torcida.
Sorprendida, no fue capaz de escapar de su rápido movimiento cuando envolvió su cintura pegándola a su cuerpo y la beso apasionadamente.
Continuará...
Holis!
Disculpen las demoras. Estoy un poco apurada, x ello no he dejado las dedicatorias especiales para quienes amablemente me dejan sus reviws. Espero sinceramente disfruten el extenso capitulo!
Besos y Cuidense!
Miko Fleur
