Siete Mokita

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[Palabra originaria de la lengua Kivila -hablada en las islas Tobriand]

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Hacia tantos años que Sasuke se convenció que la vida era un infierno, que en ese momento le era difícil pensar de otro modo. Aún cuando sus brazos rodeaban una impensable oportunidad, su mente parecía incapaz de asimilarlo.

—Hey —dijo con voz insegura comenzando a deshacer el abrazo—. Está bien, ya todo está bien.

Vaya mentira, pensó para sí, todo estaba lejos de estar bien. Era el momento menos propicio para que las cosas comenzaran a mejorar. Mas al ver el rostro infantil de su hermano, con los ojos húmedos y el Sharingan activo, esforzándose por no mirarle, le hizo comprender que no importaban las perspectivas porque era ahora su responsabilidad hacer que todo estuviera bien.

—Oye —murmuró con el tono más calmado que pudo—, hey, mírame.

Itachi frunció levemente el ceño y lentamente levantó la mirada hacia él. Sasuke no pudo contener la sonrisa al ver el gesto. Se esforzó durante mucho tiempo a olvidar ese rostro infantil que pensó que lo había conseguido, hasta que se dio cuenta que no, que las memorias inundaron su mente. La única gran diferencia era que en ese entonces su hermano, al verlo, sonreía espontáneamente, ahora no había tal cosa.

—¿Qué pasa? —preguntó con lentitud.

—Itachi-san —interrumpió Kisame—, voy a hablar con él, ¿por qué no esperas con Koume y Shisui?

Sasuke sintió una ligera molestia al oír el tono con el que el ninja de Kiri le habló a Itachi, y al ver la reacción de éste —una mirada dubitativa y un tímido asentimiento— su molestia pasó a sorpresa y una leve ola de celos. No se detuvo a pensar quién era ese Shisui, siguió con la mirada a Itachi y después volteó a Karin y los otros, con un movimiento de cabeza le indicó que los dejaran solos. Como imaginó, Suigetsu abrió la boca para protestar, y Karin para callarlo, pero Jugo no les dio tiempo, tomó a cada uno por el brazo y los arrastró entre protestas y maldiciones.

—¿Qué pasó? —preguntó cuando se aseguró que estaban lo suficientemente lejos.

Kisame sonrió pero no había nada feliz o burlón en el gesto, y comenzo a contarle lo ocurrido con Itachi desde su batalla. Escuchó de Kabuto, Ame, Konan, Madara —no Madara—, un pueblo de nombre Kurini, Danzo y Sora ku, hasta llegar a ese stioí, donde Kisame estaba no por gusto sino por compromiso, con Itachi, y no por Sasuke.

—La anciana insistió —siseó Kisame con media sonrisa y una mirada directa.

—¿Te estás rindiendo? —preguntó sin burla.

—No, tonto—hizo una pausa-, pero la anciana tiene razón.

—¿Sobre qué? —preguntó irritado.

—Yo no soy su familia, tú sí —finalizó el Monstruo de la Niebla y comenzó a alejarse—; y más vale que te esfuerces y que valga la pena por él, porque si no lo haces, no dudaré y te buscaré hasta matarte.

Sasuke no sintió temor aunque sabía que hablaba totalmente en serio. Miró la ancha espalda del espadachín, y cómo Itachi se acercaba a él cuando lo vio; Sasuke pensó en lo ridículo de la estampa, Itachi era diminuto comparado con él, habría sido risible verlos todo ese tiempo, viajando juntos... Pero no halló ni los deseos ni la intención de reírse. Quizá había sido pura compasión lo que llevó a Kisame hacer todo eso por su hermano, o lealtad... Lo que fuera, en ese momento, Kisame le estaba confiando a Itachi.

Su hermano, que no lo recordaba, que tenía varios años menos que él y tenía detrás suyo a Danzo, Madara —o no Madara, aún le costaba asimilar esa idea—, a Kabuto y una importante banda de criminales.

Protección era una palabra simple para englobar lo que Itachi necesitaba.

Un dolor de cabeza nació en su sien y sus ojos ardieron, miró hacia donde Itachi estaba sentado junto a Kisame esperando por el siguiente movimiento. Pensó que tenía su camino bien trazado, que ahora todo tenía sentido, pero todo era muy distinto. La libertad de hacer lo que le viniera en gana, había pasado a ser la responsabilidad de proteger a quien le había dado todo.

Respiró profundamente y caminó de regreso hacia el improvisado grupo. Tenía en sus manos una gran decisión pero primero lo primero.

—Buscaremos comida, descansaremos y decidiremos qué hacer —dijo para todos, pero básicamente fue para Kisame.

Quien bajó la mirada hacia Itachi y asintió.

—Suigetsu busca en el río, Karin ve con Jugo, veré qué encuentro en ese bosque. Necesitamos un fuego pronto.

No esperó a saber si Kisame tenía algo qué decir, su equipo se dispersó y él entró al bosque, por un momento pensó en decir a Itachi si quería ir con él pero no se atrevió, no era el momento para retomar su hermanable relación. No había perdido de vista el hecho de que estaban rodeados de nieve, era cierto que Itachi estaba bien abrigado, que Koume estaba alrededor de su cuello como una peluda bufanda, y que su manejo de chakra debía ser lo suficientemente bueno como para ayudarle a mantener su temperatura, pero el frío seguía siendo excesivo.

Lo que decidiera hacer debía suceder pronto... Aunque eso fuera directamente contra lo que se había prometido no hace mucho.

No había mucho, cazó un venado pequeño, Karin y Jugo encontraron algunos frutos y bayas, Suigetsu no tuvo suerte, a diferencia de Kisame que tenía cinco pescados de buen tamaño asándose en un fuego que sin duda duraría toda la noche. Sasuke había creído que la dieta de Itachi no había variado —antes evitaba tanto como podía la carne roja— y esperaba que lo poco que Jugo encontró bastara para ambos, para su sorpresa comió la carne que le dio sin decir nada.

Salvo por la plática de Kisame y Suigetsu sobre Kiri, los demás comieron en silencio. Después Suigetsu bostezó, Itachi comenzó a cabecear.

—Karin y Koume harán la primer guardia, Jugo eres el siguiente, después lo haré yo.

—Después yo —interrumpió Kisame.

Todos parecieron estar de acuerdo... Bueno Karin no, que veía con desconfianza a la gata que se había desenrollado del cuello de Itachi y se acercaba a ella con una sonrisa. La pelirroja sabía que era inútil protestar.

Sasuke vio a Kisame quitarse el manto de Akatsuki y dárselo a Itachi, quien se envolvió en él y se recostó hecho un ovillo cerca del fuego frente al árbol en el que Kisame se había recargado. Poco a poco Sasuke se quedó dormido como esperando que Itachi acudiera él, tal y como en su momento, Sasuke había acudido a Itachi, pero ese momento no llegó.

Los turnos se fueron sucediendo, para cuando Kisame fue a relevar a Sasuke, éste no pudo evitar preguntar.

—¿Hasta cuándo seguirás con él? Porque estoy seguro que no piensas quedarte para siempre.

—No, pienso quedarme cerca de Itachi-san hasta que esté completamente seguro que está a salvo.

—No se lo has dicho, ¿verdad? Que te irás cuando eso suceda.

—No es necesario, él ya lo sabe.

—No lo tomará bien, se ha acostumbrado a ti.

—Puede ser pero no subestimes a Itachi-san, él sabe que esto no va a durar, no ahora que estas aquí. ¿y qué has decidido hacer?

—Buscar a Konoha —replicó irritado.

Le había tomado varias horas aceptar la respuesta que conocia desde el principio.

—¿Y esperas que los reciban después de todo?

Sasuke sonrió a la pregunta de Kisame.

—No les dejaré opción.

Sasuke regresó al campamento, vio al pequeño bulto envuelto en la capa de Akatsuki a un costado del fuego. Por un momento pensó en despertarlo y recostarse juntos como habían hecho cuando niños, no lo hizo. Tomó el lugar que Kisame había ocupado, recargado en el árbol y con una perfecta visión de lo que ocurría con Itachi.

.

A la mañana del día siguiente Sasuke decidió comenzar a ganarse la confianza de su hermano. Lo malo era que nunca le habían gustado los inicios. Y justo en ese momento no podía pensar en uno más complejo, porque ese hermano delante suyo no era el hermano con el que creció, bueno, era porque sin duda era Itachi... Físicamente, pero sin ninguna memoria de sus años juntos. Era un panorama desolador saber que no había recuperado del todo a su hermano.

Itachi lo miraba de tal forma que Sasuke supo que pensaba lo mismo, y que la situación era tan incómoda como para él. Pero tenía que comenzar por algo, con los sucesos que estaban por venir, tenía que demostrarle cuanto antes a Itachi lo comprometido que estaba con él.

—¿Realmente no recuerdas nada?

—Ya te lo había dicho Kisame.

—Pero ahora que me ves...

—Ni siquiera sabía de ti hasta ayer.

Sasuke soltó un suspiro.

—No importa, ya no importa.

—Importa demasiado, lo sé —murmuró Itachi sin verlo—. No soy quien esperabas que fuera.

Se miraron por un momento. Sasuke se pasó una mano entre el cabello y comenzó a hablarle de un viaje que hicieron juntos a las aguas termales de la aldea cuando él tenía como cuatro años, le contó de sus padres y la Konoha de ese entonces. No pudo evitar reír cuando narró cómo él no quería entrar al agua y fue Itachi el que lo convenció diciéndole que le explicaría cómo caminar sobre el agua si entraba.

—Claro que no caminé sobre el agua, pero fue divertido intentarlo. Tú y nuestros padres rieron mucho viéndome intentarlo. Al final, estaba tan obsesionado con conseguirlo que no quería irme.

Finalizó con una sonrisa y los ojos húmedos, hacia mucho tiempo que no acudía a esas memorias. Vio que su hermano tenía un gesto similar sólo que la sonrisa era más leve y los ojos más húmedos.

—Parece que confiabas mucho en mi.

Él asintió.

—Ciegamente.

—Y mira lo que hice.

Sasuke lo miró con el ceño fruncido, le tomó por los hombros obligándolo a mirarlo.

—Por orden de Konoha, no por decisión propia.

—Aún así lo hice...

Apretó los labios con fuerza. Lo más fácil sería darse media vuelta, lidiar con eso después, pero de hacer asi habría generado en Itachi la idea de que estaba molesto en ese momento, que eso aún le molestaba, y sabía —recordaba cómo era él a esa edad— que sería prácticamente imposible convencerlo de lo contrario después.

—No... Bueno, sí, tal vez sí lo hiciste pero eso fue hace mucho. Ahora estás aquí y no recuerdas haberlo hecho, ¿o sí?

El niño negó.

—Aún así...

—¡No! —exclamó sacudiéndole—, ¡no! No tal vez, no posiblemente, no, NO. Eso es pasado, déjalo atrás para que...

—¿De qué servirá? —murmuró Itachi cansado— puedes convencerme y a unos más pero no a todos.

—Primero debes convencerte tú para poder convencer a otros.

—No

Sasuke sintió una furia repentina ante la necedad de Itachi, ejerció más fuerza sobre sus hombros haciendo que el niño soltara una exclamación de sorpresa y dolor. Sasuke abrió bastante los ojos al ver el gesto de su hermano, antes de que pudiera decir algo para disculparse sintió a alguien sujetando su brazo y tirando de él con fuerza lejos de Itachi. Instintivamente tomó su kunai y lo confrontó, era Kisame que blandía a Samehada.

—¿Qué demonios se supone que haces?

Él no supo qué contestar, estaba furioso pero también entendia que había cometido un error.

—Lo siento —musitó a Itachi bajando su kunai antes de que hiciera otra tontería.

—¿Estás bien? —preguntó el espadachín al niño.

Éste asintió lentamente, Sasuke vio cómo el chico —sin dejar de mirarlo— se había acercado a Kisame buscando protección.

—Ve con Koume.

Itachi asintió y se alejó.

—Tiene que entender, tiene que olvidar...

—Y gritándole vas a conseguirlo —siseó el mayor—, no seas estúpido, ambos sabemos que no va a olvidar.

—Tiene que hacerlo.

—¿Tú lo hiciste? —bufó Kisame— se suponía que ibas a ayudarlo, y gritándole no estás solucionando nada. No lo vuelvas a hacer.

Sasuke frunció el ceño, molesto por el modo en que era hablado.

—¿O si no qué?

—Ya te lo había dicho —finalizó Kisame con media sonrisa,

El Uchiha apretó los dientes y se cruzó de brazos, cerró los ojos brevemente mientras aspiraba lentamente. Aún con todo, Itachi nunca le había levantado la voz, se había molestado y lo había regañado, pero nunca, nunca había mostrado ninguna clase de violencia contra él... Bueno, mientras ambos vivían en Konoha. Si esperaba ganarse su confianza, tenía que ser más cauto y mucho, mucho más paciente.

Era apenas la mañana del día siguiente a su encuentro y las cosas ya iban bastante mal. Si pretendía tener éxito en el plan que había ideado, tenía que arreglar pronto esa situación con Itachi.

Lo divisó a la distancia, sentado junto a Koume, no perdió de vista la mirada amenazante de Kisame pero la ignoró. No le habló de frente, prefirió sentarse a su lado con cierta distancia entre ambos para no parecer que invadía su espacio personal.

—Lo siento, no debí reaccionar de ese modo, es sólo que... —hizo una pausa, podía lidiar con decenas de ninja, con una Karin furiosa o hasta un Naruto indignado, pero no con un Itachi decepcionado.

—Entiendo, tu actitud, lo que me quieres decir... Lo que quieres que haga —respondió débilmente el niño—, es sólo que...

—Lo sé —Sasuke trató de sonreír.

Sabía que Itachi sabía, pero le era difícil de asimilar por qué le era tan difícil aceptarlo.

Vio llegar al cuervo que se posó sobre el hombro del niño y comenzó a graznar y mover la cabeza.

—Shisui fue tu mejor amigo, tu invocación siempre fueron cuervos.

—…llegó de pronto y no se ha separado de mi.

—Tiene sentido, fuiste como un hermano menor para él. Aún ahora busca protegerte.

Itachi sonrió y pasó su mano sobre la cabeza del ave, sonrió levemente. Sin pensarlo, Sasuke colocó su propia mano en el hombro libre de su hermano, sin explicar más, Itachi asintió lentamente, a lo que Sasuke respondió con un apretón.

En ese momento sintió que a su lado estaba el Itachi mayor, con el que no eran necesarias muchas palabras para explicarse. Sabía que aún tenían un largo camino por delante, para que su hermano confiara en él del modo en que lo había hecho en su momento y para Itachi se diera cuenta que Sasuke haría todo por él… pero ya era un comienzo, al menos ahora Itachi sabía que Sasuke estaba comprometido a que las cosas funcionaran entre ambos. O eso quería creer.

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No fue necesario llegar hasta la reunión para saber de sus resoluciones: la declaración de guerra, la alianza ninja y los preparativos. Decidieron buscar a los ninja de Konoha, y convencerlos que se aliarían con ellos. Eso ocurrió por la tarde, por boca de Koume, Shisui anunció que los había encontrado. Tras una breve discusión entre Kisame y Sasuke, tomaron decisiones: Taka e Itachi los encontrarían y hablarían con ellos, Hoshigaki y el Uchiha mayor coincidieron en que el respaldo de Konoha era indispensable, Kisame regresaría a Amegakure para informar a Konan y hacer los propios preparativos de la Lluvia para unirse a la Gran guerra que se acercaba.

Todos parecían estar de acuerdo, hasta que Itachi protestó, negándose a alejarse de Kisame, Sasuke reconoció que eso le dolió un poco.

Kisame por su parte —ignorando el incómodo pensamiento que le generaba dejar a Itachi—, se inclinó delante de él y aún así el chico era ridículamente pequeño en comparación suya.

—Hablamos de esto Itachi-san, debes ir a Konoha, ahí estarás a salvo. Yo iré a hablar con Konan, después iré a la guerra, nos veremos cuando todo acabe.

Itachi inclinó la cabeza, batallando por hallar las palabras correctas pero sin conseguirlo. Sujetó la capa de Akatsuki con ambas manos y sin mirarlo asintió. Kisame no lo obligó a levantar la mirada porque sabía que estaba a punto de llorar y eso le avergonzaba.

—Está bien —dijo el chico controlando el nudo en su voz.

—Perfecto, nos veremos después entonces.

—¿Es… es una promesa? —preguntó Itachi.

El tono infantil, esperanzado, casi desesperado por tener alguna certeza.

—Claro, cachorro —dijo el espadachín poniendo una mano sobre su hombro.

Se incorporó y dio una mirada a los demás, la cual bastó para quitarles toda intención de mofa. Asintió una última vez a Sasuke, como advirtiéndole, y se fue.

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Los integrantes del Equipo Siete sabían que tarde o temprano se encontrarían, sin importar las circunstancias y la historia que tenían detrás, sabían que ocurriría. Aunque en ese momento que se veían unos a otros, no estaban del todo seguros de cómo reaccionar o qué decir. El par que nunca había trabajado con Sasuke decidió hacerse a un lado y no intervenir. Yamato estaba interesado en analizar el comportamiento y actitud del Uchiha, y Sai ver qué podía aprender de él.

Sakura se había hecho a la idea que tendría que matar a Sasuke. Kakashi no estaba seguro de qué, sólo que si había que elegir entre Sakura y Naruto, y Sasuke, no le tomaría mucho tiempo tomar una decisión. Como era de esperarse, sólo Naruto nunca había dejado de creer que podían volver a ser el equipo que fueron. Sasuke por su parte ya no sabía qué esperar de nada, hasta hacia dos días tenía la certeza que pelearían hasta morir, ahora esperaba que aún hubiera en ellos un poco de consideración hacia él, algo que les permitiera escucharlo y sobre todo, creerle.

—Sasuke-kun —dijo Sakura dubitativa.

—¿Qué quieres? —preguntó Kakashi mientras dejaba ver su Sharingan.

Sasuke soltó un gruñido, demasiado orgulloso como para decirlo inmediatamente, pero recordó su motivo para estar ahí y tras un bufido irritado se resignó.

—Hablar —dijo simplemente.

—¿Qué? —exclamó Naruto, que definitivamente esperaba una batalla con su amigo, una épica y brutal batalla en la que ambos reiterarían su amistad, le confunde ver a Sasuke queriendo arreglar todo sólo con palabras.

—¿Qué tienes tú que ver con todo esto, Sasuke? —cuestionó Kakashi que definitivamente no creía lo que estaba escuchando.

—Nada.

—Es imposible —interrumpió Sakura—. El Raikage dice que atacaste a su hermano.

—Sí, estaba con Madara pero ya no.

—Y esperas que creamos eso, ¿no?

Sasuke siempre se había considerado paciente, capaz de soportar la estupidez de Naruto, las tonterías de Sakura, y hasta los avances de Karin, pero la repentina desconfianza de Kakashi resultó insoportable. Apretó los dientes, a punto estuvo de atraer su Sharingan.

—Puedes creerme o no, pero a Konoha y los otros les interesa.

—¿Y por qué Sasuke-kun? —preguntó Sakura—, ¿qué es lo que quieres?

—Regresar a Konoha —replicó Sasuke simplemente.

Naruto había soñado con esas palabras por casi cuatro años, y ahora que las escuchaba no supo como reaccionar.

—¿Por qué? —preguntó Sakura de nuevo.

—Tengo mis razones.

—¿Cuáles? —cuestionó Sakura.

Sasuke entrecerró los ojos harto. Antes de que pudiera abrir la boca, se escuchó un graznido, Shisui se posó sobre su hombro, maldijo y agitó el brazo tratando de alejarlo pero Naruto adelantó unos pasos con un gesto de sorpresa y reconocimiento.

—¡Tú! —exclamó el rubio—, ¿quién eres?

Sasuke frunció el ceño y miró a Uzumaki con desconfianza.

—¿Qué sabes de él?

—Itachi lo hizo —dijo simplemente.

Eso puso inmediatamente a Sasuke a la defensiva.

—¿Qué quieres dec...

Pero antes de que Sasuke pudiera terminar, Kakashi intervino.

—Shisui, ése es el Mangekyo Sharingan de Shisui Uchiba —dijo sorprendido—, ¿por qué lo tiene?

Sakura vio el gesto extrañado de Sasuke, tuvo emociones encontradas. Una de las cosas que más le gustaba del Uchiha era que siempre mantenía la calma, que casi siempre parecía estar bajo control de la situación, pero aun así adoraba cuando algo lo tomaba con sorpresa, porque le recordaba que Sasuke era un niño como ella, y entonces ya no parecía tan lejano.

—¿Qué está ocurriendo, Sasuke-kun?

El aludido permaneció mudo por algunos segundos, más confundido que seguro de qué decir. Abrió la boca pero ninguna palabra tuvo sentido. Miró a cada uno y luego giró levemente la cabeza hacia atrás. Nunca había tenido muchas opciones, y normalmente se aferraba con todo a la que consideraba era su mejor camino para conseguir la meta que se había fijado desde la masacre, pero el tiempo después de la batalla contra Itachi había sido turbulento, tras saber lo que en verdad había hecho su hermano hizo que sus bases de piedra se disolvieran como arena, pero ni siquiera así hubo un cambio radical en su forma de dirigir su vida, tras eso, simplemente cambió un enemigo acérrimo por otro. Pero desde el día anterior sentía que ya no sabía nada de nada, todo había cambiado. Hasta antes de ayer sólo se preocupaba por su enemigo, ahora debía hacerlo por sus potenciales aliados, y esas tres personas delante suyo eran los más importantes que debía ganarse —no que Taka fuera inútil, pero el Equipo Siete era la llave para tener el respaldo de Konoha, y con Konoha venía toda la alianza ninja—.

Todos quedaron en silencio cuando Itachi se acercó.

La única emoción constante que Itachi había sentido desde que despertó en esa cueva era el temor, y últimamente una ira que iba y venía, y una sensación de culpabilidad cada vez que se percataba que alguien tenía que cambiar algo de su personalidad o rutina para ajustarse a él en su situación. La abuela gato le dijo que no debía sentirse culpable, porque él no había pedido nada, y los que lo habían ayudado hasta ahora lo habían hecho por voluntad propia. Así que ahogando la incómoda mezcla de miedo y culpabilidad al sentir la mirada recriminatoria de Sasuke sobre él, atrajo su Sharingan y miró a cada uno.

Kakashi fue el único en reaccionar al ver al niño aparecer al lado de Sasuke, después de todo fue el único que lo había conocido a esa edad.

—¿Cómo? —fue todo lo que pudo preguntar.

—¿Qué pasa Kakashi-sensei?

A la pregunta de Naruto el cuervo llegó al hombro del niño.

—¿Itachi? —musitó el rubio.

Naruto no sabía por qué estaba tan seguro, sólo sabía que lo estaba. Madara les había dicho junto a Yamato y Kakashi los motivos detrás de la masacre, Hatake les había dicho que fueran cautos con esa información, pero ahora que veía los dos Uchiha delante suyo, simplemente supo que esas palabras habían sido ciertas, estaba consciente que le faltaba saber demasiado, pero ese Sasuke no era el mismo que habían enfrentado antes en su reencuentro, algo había cambiado, algo demasiado grande.

Como tratar de entender algo que carece de sentido, pensó Itachi, era lo que le había dicho a Kisame cuando le dijo de la existencia de Sasuke. Al ver las caras de los ninja de Konoha se dio cuenta que pasaban por lo mismo.

—Ese hombre que se hace llamar Madara, sí es un Uchiha pero no es quien dice ser —comenzó Itachi sin verlos—. Kabuto Yakushi se ha unido a él y ejecutará la técnica del Edo tensei para aportarle fuerzas.

Todas las miradas se posaron en el niño, quien acudió a Sasuke ocultándose levemente detrás suyo. El mayor instintivamente puso una mano sobre su hombro, dándole seguridad. Mientras los otro conciliaban en sus mentes lo que acababan de oír y estaban viendo.

—¿Cómo?

Sasuke dio una mirada a Itachi éste asintió sin verlo. Sasuke aspiró hondamente y comenzó la narración de lo que había ocurrido desde su pelea, al menos como Kisame se lo había contado. Al llegar al final se dio cuenta de cuántos detalles carecía, pero no era el momento para eso.

Hubo silencio después de su explicación, algunos intercambios de miradas.

—Tendremos que dividirnos —dijo Yamato de pronto—. Tenemos que ver a Hokage-sama.

—No iremos con Danzo —interrumpió Sasuke—, ¿no oíste? ya trató de atacarlo hace unas semanas.

—Danzo sabe —musitó Kakashi, conteniéndose de exhalar irritado, consciente que eso eran sólo más problemas a una situación ya complicada.

—No Danzo, la Quinta, con ella será más fácil razonar que Danzo —dijo Yamato.

No era sorpresa para Naruto o Sakura que los mayores desconocieran a Danzo como Hokage, ellos tampoco lo hacían. Sai prefirió guardar silencio.

—¿Entonces?

A la pregunta de Naruto; Sakura y Sasuke voltearon a Yamato, Itachi se negó a hacerlo. El aún ANBU miró a Hatake y después de un intercambio de indicaciones sin palabras, asintieron estando de acuerdo.

—Nos dirigiremos a Konoha, pero no llegaremos todos. Nos dividiremos, unos irán a encontrarse con Tsunade-sama y otros permanecerán en espera de su respuesta. Debemos ir rápido y sin perder tiempo, debemos llegar antes que Danzo lo haga. La reunión de los kage pronto terminará.

—¿Y quiénes van y quiénes se quedan? —preguntó Sasuke ocultando bien su ansiedad— no estoy solo, mi equipo está conmigo.

—¿Tu equipo? —cuestionó Naruto— Nosotros somos tu equipo.

—Ahora no, Naruto —reprendió Sakura—, ¿quiénes son, Sasuke-kun?

—Vengan —llamó Sasuke.

Jugo fue el único que no tuvo ninguna reacción al ver a los ninja de Konoha. Karin torció la boca cuando vio a Sakura, mientras que Suigetsu sujetó su espada y sonrió con ganas, ansioso por un confrontamiento pero una sola mirada de Sasuke bastó para aplacar cualquier deseo de ambos por causar problemas.

—Bien —murmuró Yamato—, necesitan nuestra ayuda, así que no voy a repetir esto —dijo con voz cavernosa y de pronto los miró directamente a los ojos—, No quiero ningún problema. ¿Entendido? —remató.

Naruto sonrió enormemente al ver el rostro de los dos después del aterrador despliegue de Yamato. Un escalofrío le recorrió la columna tan sólo de recordarlo. Karin y Suigetsu asintieron aprisa.

—¿Y cómo será Yamato-sensei? —preguntó Sakura ignorando la extraña irritación que sintió al ver a la pelirroja.

—Irás conmigo, nosotros veremos a la Hokage. Itachi vendrá también —finalizó Yamato aprisa.

—No —respondió Sasuke con fuerza tal y como Yamato imaginó—, él no va a ir a ningún lado que no vaya yo.

—Eso no va a ser posible Sasuke.

—O voy con ustedes o Itachi se queda conmigo.

—No seas necio, no puedes llegar a Konoha asi sin más, quieres que esto funcione para ambos, ¿no? —preguntó Kakashi.

Sasuke gruñó y puso de nuevo la mano sobre el hombro de Itachi. Tratando de decirle que no iba a permitir que los separaran, pero dentro de sí también entendía por qué sabía que Kakashi tenía razón. No sólo Itachi sería más fácil de llevar a Konoha sin que lo reconocieran, sino que era la prueba ineludible de que lo que decían era verdad, una forma más rápida y efectiva de convencer a Tsunade.

—¿Ella sabe que fue una orden? —preguntó Sasuke.

—No lo sé —murmuró Hatake—, y si no, hay modos de saberlo, una aldea ninja siempre tiene un registro de todo, hasta de las misiones más secretas. Homura y Koharu deben saber también.

Sasuke percibió la idea matizada en aquellas palabras. Sin quitar su mano, hizo que el chico lo viera.

—Si no quieres ir, no tienes que hacerlo.

—Está bien —dijo Itachi aún sin verlo—, no serán indulgentes si ellos te reconocen, y se logrará nada si lo hacen tan pronto. Además, si esa mujer me ve, no habrá necesidad de dar demasiadas explicaciones.

Kakashi sonrió bajó su máscara. Toda posible duda de que ese niño fuera Itachi se esfumó. Tal vez el chico había perdido la memoria, pero no su personalidad y actitud, y siendo así, en ese momento, de todos los presentes, era en uno de los que más confianza tenía. No conocía a los integrantes del equipo de Sasuke, pero no necesitaba hacerlo para saber que aunque no eran idiotas, eran algo cercano a eso, al menos el par de buscapleitos que le recordaron a sus alumnos en sus tiempos genin.

Pero no había tiempo para recuerdos o dinámicas de integración de grupo, el tiempo apremiaba y comenzaron a moverse de inmediato. Se detuvieron a una distancia razonable de Konoha, era el momento de dividirse, la tarde pronto comenzaría a caer y quería llegar de noche, pero no tan tarde para no levantar ninguna atención indeseada.

—Yo también voy con Itachi-san —dijo Koume y todos voltearon como si se hubieran olvidado de ella.

Hubo algunas risas y gestos de descrédito, pero también de preocupación ante la firmeza de la declaración.

—No puedes venir Koume-san —dijo Itachi antes que cualquier otro.

—¿Por qué? te prometí que…

—Porque tú mejor que nadie sabe que los gatos ninja casi nunca se aventuran fuera de Sora ku o su aldea —explicó el niño—. Además prometiste a la abuela gato que te cuidarías.

Yamato vio con atención cómo la gata cambiaba de actitud, y aunque no parecía contenta, ya no protestaba más. Una vieja —pero bien conocida— sensación de culpabilidad reapareció en su cabeza, saber que ese Itachi era más parecido al que fue parte de su equipo ANBU que a un niño que se comportaba como de acuerdo a su edad hacía más sencillo todo.

—Vamos entonces —dijo haciendo una seña.

Sakura se sobresaltó cuando vio la indicación de ponerse en movimiento. Todo había sido demasiado confuso para ella desde que se encontraron con Sasuke y supo de la situación de Itachi. Lo había visto sólo una vez —que recordara— y se había hecho una imagen de él, ahora, con lo que había visto y oído, ya no sabía qué pensar. La idea de viajar sólo con él y Yamato le generaba demasiada ansiedad. Aún era incapaz de conciliar la imagen del criminal del que había escuchado durante años con la del niño delante suyo.

—Nos veremos después, Sakura-chan.

—Sí, Naruto. Esperen por noticias pronto —trató de sonreír, volteó a Sasuke—. No te preocupes, Sasuke-kun, cuidaremos bien de él.

Era anormal ver esa ansiedad en el Uchiha, resultaba extraña y adorable por igual, ahora que entendía sus motivos, no podía culparlo, estaba confiando demasiado en ellos.

—Eso espero —espetó Sasuke.

Claro, eso no quitaba el hecho de que había sido un idiota —como le llamaba Naruto— por mucho tiempo pero ya no se trataba sólo de Sasuke, habría que lidiar con la prepotencia del Uchiha, ambos se necesitaban entre sí.

—Vamos entonces, Itachi-san —trató de dar la sonrisa más complaciente al chico, pero por la forma en que él la vio, ella supo que no había sido del todo convincente.

Comenzaron a moverse, su camino fue silencioso y Sakura se debatió más de una vez de si debía decirle a Yamato que tomaran un descanso, después de todo, Uchiha o no, era un niño de siete años el que viajaba con ellos. Después de casi tres horas, decidió no preguntar sino imponerse, era una kunoichi pero también médica. Hizo una seña al Capitán, y éste —bastante sorprendido como era de esperarse— lo hizo sin cuestionar más, ella se preguntó si temía que ella fuera como Tsunade.

Itachi no fue capaz de ocultar su agotamiento, la urgencia con la que buscó un sitio adecuado para sentarse fue el primer indicativo de su estado, los largos tragos a su recipiente de agua, el otro. Sakura negó con la cabeza, molesta por la necedad del Uchiha de no pedir descanso, aunque no era que esperara otra cosa, Sasuke sería un buen referente para saber qué esperar de éste.

—Toma —le dijo entregándole un pequeño envoltorio.

Si su referente era Sasuke, ella esperaba un gesto de desagrado, rechazo, ofensa o cualquier excusa para no recibirlo. Cuál sería su sorpresa cuando al ver el contenido, el chico sonrió y asintió agradecido.

—Gracias, Sakura-san.

—Por… por nada —musitó ella, sorprendida, ya tenía preparada una explicación de por qué necesitaba ingerir azúcar, pues le serviría como fuente de energía de emergencia.

—Llegaremos en aproximadamente una hora —dijo Yamato—. Sakura, necesito que entablilles un brazo a Itachi, y coloques alguna curación que se vea seria. Lo vamos a necesitar para entrar a la aldea sin problemas. ¿Está bien Itachi?

—Sí Yamato-san. Entiendo que su aldea ha sido atacada, sus defensas están disminuidas y la amenaza es grande, las curaciones alejarán la atención de mi.

—Así es —respondió el ANBU en su usual tono controlado, apenas capaz de ocultar su sonrisa por los muchos recuerdos que esa lógica respuesta le trajeron.

Sakura trabajó aprisa sin recibir ninguna protesta del chico,

—¿Te gustó el dango? —preguntó.

—Sí, es mi favorito.

—¿De verdad?

A la pregunta él asintió sonriendo, y Sakura recordó a Sasuke, en sus primeros días de la Academia antes de la masacre. La sonrisa en ella fue espontánea, terminó de colocar una venda sobre su frente y ajustó el brazo entablillado, asintió satisfecha con su trabajo.

—Lamento la incomodidad.

—Está bien, es necesario.

—Come otro poco, toma agua, nos iremos en una hora. Lamento que no sea suficiente tiempo para que duermas, pero en cuanto lleguemos podrás dormir todo lo que quieras.

Él asintió aunque ella se dio cuenta que el chico no le creyó del todo.

—Vamos —dijo Yamato después de cierto tiempo.

.

La vista de Konoha no fue confortante para Yamato como solía ser, a pesar de que habían pasado ya algunas semanas desde el ataque de Pain y que la reconstrucción era considerable, el recuerdo de cómo la aldea había sido arrasada estaba bien fijado en su mente, dándole más razones para hacer lo que —siendo realistas— era una traición.

Cruzaron sin problema las barreras de protección, las murallas no habían sido completadas pero pronto lo estarían. Comenzaba a parecerse a la aldea que servía.

—Busca a Tsunade, llevaré a Itachi a un lugar seguro. Si está en condiciones, explícale lo que sabemos hasta ahora, pero no le digas nada de Itachi. Encuéntrame con Shikaku Nara en cuanto acabes. Decidiremos qué hacer para entonces.

La kunoichi asintió y corrió a cumplir el pedido. Yamato soltó un suspiro.

—Vamos, iremos con un aliado. Ahí podrás descansar.

El chico lo siguió sin protestar. Caminaron por las calles renovadas de la aldea, él trató de verse lo más casual que pudo, tratando de no atraer demasiado al atención. Bajó levemente la mirada hacia el chico, que hacía una actuación casi perfecta, pero Yamato era capaz de notar su nerviosismo y ansiedad.

La reconstrucción del barrio Nara no había sido terminada, no había sido arrasado por completo como otros. Llamó a la puerta, consciente que debía ser cuidadoso para que sus acciones no parecieran traición, sino la verdadera preocupación que sentía por el bien de Konoha.

Shikaku acudió a la puerta, no se había sentido tranquilo desde el ataque a Konoha, vivía en constante tensión bajo el régimen de Danzo, y al ver el rostro ansioso de Yamato, su habitual preocupación se disparó a niveles apenas manejables.

—¿Qué ocurrió? —preguntó imaginando toda clase de terribles escenarios.

Yamato percibió el temor mal disimulado y pensó en múltiples respuestas, pero decidió usar la única verdad que era incuestionable y fácil de probar. Se hizo a un lado dejando ver al pequeño Uchiha detrás suyo. Por su gesto, supo que Shikaku lo había reconocido, y se debatía entre tomar un kunai o dejarlos entrar. Al final hizo ambas cosas. Se hizo a un lado con los hombros tensos y la mano cerca de su cintura donde muchos ninja siempre llevaban un kunai oculto. Aunque no fue capaz de pronunciar palabra.

Yamato entró cerrando aprisa la puerta detrás suyo, colocó a Itachi lo más cerca posible de él y dijo aprisa antes de que Shikaku decidiera que era mejor atacar al Uchiha.

—Como sabrás la guerra ha estallado, pero hay un par de situaciones que complican un poco más todo.

Explicó su encuentro con Sasuke, la declaración sobre Madara y Kabuto, la situación con Danzo y al final, lo ocurrido con Itachi.

La única respuesta del Nara fue bajar ambos brazos, con un gesto de completo descrédito y una obvia confusión que se traducía en un mutismo extraño en el ninja.

—Sakura ha ido con Tsunade-sama, si está en condiciones le explicará todo. Le dije que nos encontrara aquí, pero si estás en desacuerdo buscaré otro sitio, no puedo llevarlo a mi departamento, al parecer Raíz se ha dispersado, buscan a Naruto, a Sasuke y a él —señaló al chico.

—Está bien —Shikaku de pronto recuperó el habla—, está bien —reiteró dándose seguridad— Tsunade-sama despertó hace dos días, pero decidió no hacerlo público, estamos buscando un modo de anular el decreto del Señor Feudal.

Yamato sonrió y se dejó caer sobre el sillón más cercano, una sonrisa de alivio apareció. La sensación de estar traicionando a Konoha se evaporó.

—Y yo temiendo que me acusarían de traidor —rió Yamato—. Aún queda mucho por hacer pero es un gran alivio.

—Entonces —dijo Shikaku masajeándose la frente y sentándose delante a él—. Como pruebas de todo esto tenemos sólo la declaración de criminales, traidores y asesinos, ¿no?

—Bueno sí —reconoció Yamato—, pero también son ninja reconocidos…

—Por sus crímenes y modos, que no tienen nada qué perder.

—Que fueron capaces de ayudar, acompañar y hacer lo posible por hacer más fácil la vida de un niño cuando realmente no tenían que hacerlo.

Shikaku bufó, y Yamato no esperaba otra cosa, apelar a la humanidad de un criminal rango S era la cosa más ridícula e impensable para ninja como ellos. Pero él había sido testigo de tal cosa, al escuchar todo lo que Kisame había hecho por Itachi y estaba dispuesto a hacer, y en su —muy, muy particular— modo era la misma devoción que él, Shikaku, Kakashi, y cada uno de los ninja de Konoha expresaban. Era tonto, lo sabía, pero confiaba en cada una de las palabras que le habían sido dichas.

Evidentemente tomaría —mucho— más que eso para convencer a Shikaku y los demás, pero quizá había un modo de comenzar y eso era la verdad que ni siquiera él quería reconocer.

—El Tercero, Danzo y los demás ancianos ordenaron la masacre Uchiha —dijo sin pensar.

Shikaku se puso de pie, parecía pronto a decir algo pero no saber qué.

—Le dieron la orden y, tú y yo lo conocimos, ¿crees que se habría negado?

El líder Nara queria decir cualquier cosa para negar tal acusación, pero por experiencia conocia el lado no brillante de Konoha, y no halló las palabras para hacerlo.

—Vayamos con Tsunade-sama entonces —respondió Shikaku.

—¿No deberíamos esperar por Sakura?

—Esto es demasiado serio, Danzo aún no regresa a la aldea, no podemos perder tiempo. Vamos.

Se puso de pie, Yamato lo imitó, aunque no pudo evitar mirar a Itachi que parecía querer decir algo, pero no se atrevía.

Los dos adultos se dirigieron a la puerta, Itachi los siguió de cerca.

—Alto —dijo una nueva voz.

Yamato entró en pánico, no la reconoció de inmediato, no podía creer que no se hubiera dado cuenta antes que había alguien más ahí. Cuando vio los ojos muy abiertos de Shikaku y cómo se detuvo en seco, comenzó a sospechar de quién se trataba, y su pánico pasó a ser diversión. Giró levemente la mirada para asegurarse, la sonrisa fue espontánea y enorme.

Amenazas, conspiraciones, insubordinaciones, traiciones... Nada de eso atemorizaba al brillante Shikaku Nara, una palabra de su esposa, sí.

—¿Qué pasa Yoshino-san? —preguntó Yamato con cautela, al verla, la sonrisa se esfumó y su seguridad comenzó a tambalearse.

—¿De verdad van a ir con Tsunade-sama? —preguntó la mujer.

—¿Por qué lo preguntas?, ¿acaso no oíste todo? —dijo Shikaku.

—Exactamente, ¿no oíste lo mismo que yo?

Yamato y Shikaku intercambiaron una mirada, inseguros de cómo proceder.

—¡Imposible! —exclamó Yoshino— por eso no me sorprende que Shikamaru sea como es. Han viajado todo el dia, y antes de eso viajaron más, ¿no Yamato-kun?

Yamato asintió lentamente, comenzando a entender el temor de Shikaku por su esposa, y preguntándose por que era que le llamaba 'Yamato-kun' si ya era un adulto.

Ella sacudió la cabeza y exhaló molesta, avanzó hacia ellos, ambos retrocedieron un paso mas Yoshino no iba por ellos, puso una mano sobre el hombro de Itachi y se inclinó delante suyo.

—No lo tomes a mal, Yamato-kun siempre ha sido un poco irresponsable. No te preocupes, él y mi esposo esperarán por Sakura, mientras ella llega, ¿por qué no descansas? Tomarás un baño, te cambiarás de ropa y comerás, supongo que habrá suficiente tiempo hasta para dormir, ¿no Shikaku?, ¿Yamato-kun?

Nuevamente ambos asintieron a la par incapaces de contradecirle.

—¿Lo ves? ven, vamos, te daré un poco de ropa que guardo de mi hijo, y te mostraré dónde puedes bañarte, después comerás y podrás dormir. Debes estar exhausto.

Shikaku vio a su esposa tomar la mano del niño y llevarlo a otra habitación. Volteó a Yamato, éste se desplomó de nuevo sobre el sillón, él sólo soltó un suspiro.

—¿Ahora me entiendes mejor?

.

Yoshino calentaba la comida y miraba de tanto en tanto a la puerta. Shikaku le ayudaba, Yamato dormitaba en el sillón.

—Tú lo debes recordar mejor que yo, no puedo creerlo —le dijo su esposo.

—Sí, tampoco lo creería si no lo hubiera visto.

—¿Entonces es verdad todo lo que dijeron?

—No lo sabremos hasta hablar con Tsunade-sama y Sasuke.

Ella soltó un suspiro.

—Es idéntico a como lo recuerdo —agregó ella con una sonrisa—. En todos los aspectos.

—Y eso no necesariamente es bueno.

—Lo sé.

Unos minutos después vio al chico aparecer en la puerta, con una mirada insegura y ansiosa. Queriendo pero no animándose a llamarla. Yoshino sonrió enormemente, recordando a Shikamaru cuando tenía esa edad y vestía esa ropa. La sonrisa disminuyó un poco, porque también se acordó de Mikoto y el Itachi de ese entonces. Habían pasado muchos años y la vida no había sido buena, sin duda ésta podía ser su segunda oportunidad.

—¡Justo a tiempo! —exclamó— Ven, ven, siéntate. Está listo.

—Gracias Yoshino-dono. ¿Y Yamato-san?

Ella —disimulando su sorpresa por el honorífico— le señaló el sillón.

—No te preocupes, no es tan irresponsable. Ignóralo, siéntate, él comerá después.

—Gracias, Yoshino-dono.

El chico obedeció de inmediato, debía tener hambre pero aún así no perdió sus modos casi aristocráticos, y Yoshino corroboró que no había cambiado. Hizo un movimiento de mano para que Shikaku se les uniera, Shikamaru estaba en misión.

Se preguntó cuánto había pasado desde que Itachi comió en una mesa, considerando la narración de Yamato sin duda debió haber sido mucho. Intercambió plática con su esposo, esperando quizá que el niño se les uniera, no ocurrió, pero tampoco presionó para que lo hiciera. Lo que menos necesitaba el pequeño Uchiha era sentirse abrumado con ellos.

Con todo lo que había pasado, estaba admirada que mantuviera una actitud tan apacible y controlada.

Yamato despertó con el olor de comida, tras lavarse las manos y la cara por orden de Yoshino, se unió a la mesa y la charla. Una vez que acabaron ella identificó las señales que indicaban que el chico tenía sueño.

—Vamos, te mostraré donde puedes dormir sin que te molesten.

—Está bien Yoshino-dono —dijo aprisa Itachi—, Sakura-san no ha venido y la Quinta Hokage…

—Te llamaremos en cuanto tengamos noticias, te lo prometo —dijo Shikaku.

Yoshino le dio una mirada irritada mientras negaba con la cabeza.

—Debes descansar —le interrumpió ella—. Tu descanso es primero, parece que lo han olvidado —dio una mirada de reproche a los otros dos—. Mi hijo también era muy necio, bueno, aún es necio, pero de niño dormía a todo momento menos cuando era su hora de descansar. Vamos —finalizó poniendo ambas manos sobre los pequeños hombros y sonriéndole, animándolo a acompañarla, y en espera de que él no discutiera más— Confía en mi, una madre siempre sabe.

Itachi asintió aprisa y comenzó a avanzar con la mirada baja. Los tres adultos se dieron cuenta del cambio de actitud, Shikaku y Yamato supusieron que estaba molesto, Yoshino sabía mejor.

—¿Qué pasa? —preguntó preocupada—, ¿estás herido?, ¿quieres dormir en otro lado?

—No… no es nada, Yoshino-dono, está bien.

—No, no está bien —exclamó ella tomándole nuevamente un hombro—, ¿qué ocurre?

Le hizo girarse y al ver sus ojos húmedos, ella se hincó delante de él, abrazándolo. Yoshino no supo el porqué de su reacción pero el abrazo fue instintivo, lo dudó sólo un momento, se puso de pie aún rodeándolo con sus brazos y comenzó a susurrarle palabras tranquilizadoras. Le dio una mirada preocupada a los dos shinobi en su mesa, y lo llevó hasta una habitación donde lo depositó en la cama. Itachi se negaba a verla, ella notó que caían algunas lágrimas.

—Lo siento, es sólo… yo…

—Está bien, todo está bien…

—Nada está bien —musitó el chico girando en la cama, dándole la espalda.

Ella sólo suspiró, le cubrió con las mantas y le susurró al oído.

—Entonces nos aseguraremos de que lo esté.

Se recostó con él, murmurándole las mismas palabras que llegó a decir a Shikamaru cuando algún terror nocturno lo despertaba. Yoshino se preguntó si alguien se había molestado en jugar ese papel indispensable para cualquier niño, de inmediato se respondió, claro que no, aunque casi todos en su niñez supieron del importante rol de una madre, casi nadie lo recordaba siendo adultos y aún menos, ninja para quienes sus problemas opacaban las necesidades de un niño, aunque eso no excusaba la falta de tacto sin duda, hasta ahora habían pensado sólo en lo indispensable para Itachi, pero no en algo más.

Se dio cuenta, su estabilidad física era real, pero no la emocional, era capaz de un buen control pero bastaba rascar un poco para ver el caos que tenía por dentro, no era difícil de entender el porqué.

Lo abrazó, nunca había sido amiga de Mikoto como Kushina lo fue, pero en su momento hizo lo que pudo por Naruto, ahora lo haría por Itachi.

No supo cuánto tiempo había pasado, escuchó el llamado de Shikaku y se incorporó con cuidado de no despertarlo. Acudió a la sala donde su esposo y Yamato se alistaban para salir.

—¿Qué pasó?

—Tsunade-sama nos llama, ¿estarás bien?

—Sí —replicó ella—, avísame en cuanto sepas algo.

Su esposo asintió y salió, Yamato inclinó la cabeza agradeciendo y lo siguió. Yoshino se cruzó de brazos y soltó un suspiro, si lo que escuchó de la masacre Uchiha era verdad —y se sabía— vendrían días muy difíciles para Konoha, y la guerra sería sólo parte de ellos.

.

—Sé que esto no va a sonar nada bien, pero esto es lo mejor que pudo habernos pasado —dijo Tsunade sin mirar a los presentes.

De los cuales, ninguno se atrevió a decir una sola palabra ni a quitar los ojos de los papeles desparramados sobre la mesa. Su contenido había sido perturbador para más de uno, incluso para los que ya sospechaban de qué se trataba, hasta para Yamato —que en sus muchos años como integrante de Raíz había conocido lo peor de Konoha— resultaba chocante.

En cuanto Tsunade escuchó a Sakura, acudió con ella al centro de información de Konoha, que fungía como biblioteca y archivo, en ese lugar existían diversos niveles de resguardo, en el último y más seguro, se almacenaban los reportes, escritos y diarios de los kage, y toda aquella información prohibida en la aldea. Una vez ahí, buscó en la sección del Tercero, no tardó en hallar lo que buscaba, y convocó a algunos ninja seleccionados.

—¿Qué haremos Tsunade-sensei? —murmuró Sakura rompiendo el largo silencio, aunque realmente no estaba bien consciente de todo, la mayor parte de su mente estaba con Sasuke.

—Enviaremos mensaje al Señor Feudal, tomaremos medidas preventivas contra Koharu y Homura, prepararemos equipos para encargarnos de Danzo y lo que aún exista de Raíz.

—¿Crees que lo avalará? —preguntó Shikaku.

—Cuando el Señor Feudal sepa que el País del Fuego perdió a los Uchiha por culpa de Danzo, anulará su decisión de nombrarlo Hokage —replicó ella.

Shikaku asintió analizando el razonamiento.

—Con los preparativos de la guerra, él no se arriesgará a perder tiempo discutiendo esto, te devolverá el título —razonó el líder Nara.

Tsunade asintió, los otros hicieron diversos gestos de comprensión o aceptación. Comenzaron a discutir las medidas a tomar ante el conflicto que tenían delante.

Ninguno dijo una sola palabra de lo ocurrido ocho años atrás, y cuyos detalles se hallaban en las hojas dispersas sobre la mesa delante suyo.

oooo

Mokita: Se refiere a una verdad conocida pero de la que nadie quiere hablar.


Gracias por leer! :)