Capítulo 7: Perdidos

Y bien ¿por dónde se fue Anderson?—preguntó Alucard buscando por entre la maleza.

Y por dónde va a ser si no es por ahí— respondió el chico con sorna indicando un sendero medio escondido entre los arbustos.

—Cálmate si no quieres aprender respeto a la mala— el moreno dijo algo enojado.

—¿A sí? Y quién me lo va a enseñar…¿Tú?— la sonrisa del rubio se hizo arrogante.

Si yo maldito Judas Priest.

—Quiero ver que lo intentes.

Ambos chicos se amenazaban mutuamente mientras todos los demás los miraban con una cara de -_-

—¡YA! ¿Siempre tienen que estar matándose el par de idiotas? ¿¡No pueden al menos llevarse bien aunque sea por un mísero día!?— gritó Integra con una venita amenazante formándose en su frente.

—¿Llevarme bien con él? ¡Nunca! — dijeron al unísono los dos.

Están como el perro y el gato los dos. Por Dios Alucard, compórtate por una vez en tu vida, que eso no te va a matar— pidió Integra ya un poco más calmada mientras se masajeaba una sien.

Está bien— dijeron ambos con una voz poco creíble, pero era lo máximo que podrían lograr de su parte.

Y entonces…vamos por aquí? — preguntó Pip indicando el sendero.

— dijo Anderson, recuperando otra vez su tono de liderazgo.

Caminaron un rato por entre las malezas, hasta que se dieron cuenta de que iban sin rumbo: —¿Es mi idea, o hemos pasado frente a éste árbol antes?— preguntó Pip señalando un abeto.

Para nada— dijo Anderson— Acá todos los abetos se ven iguales—. Pero nadie pareció creerle.

—¿Alguien sabe hacia dónde vamos?— Inquirió Seras preocupada —Estoy cansada— agregó arrastrando los pies.

Ya nos perdimos, par de estúpidos— dijo Integra sentándose sobre una piedra con el semblante serio. Alucard trató de encontrar algo para salir del paso: —Miren, ahí hay una cueva. Podríamos descansar ahí adentro—. Dijo señalando la excavación natural en una roca.

Integra siguió su dedo con la mirada —Buena idea, ahora tú y Anderson vayan a ver que no haya osos ni otra cosa peor allá adentro—. Dijo antes de propinarles una patada a ambos en el trasero que los hizo salir despedidos hasta la entrada de la cueva. —Por fin ¡PAZ!— exclamó la joven volviéndose a sentar en su improvisado asiento.

No se ve nada— decía Anderson achicando los ojos mientras trataba de visualizar algo en medio de la oscuridad.

Tengo la solución— dijo Alucard acomodándose los guantes. —Liberar hechizo limitador nivel 3, 2 y 1. Verificando el reconocimiento de la situación A. activación del sello cromwell, iniciando cancelación del limitador de poder hasta que el enemigo sea completamente silenciado—. Comenzó a recitar y sus guantes adquirieron una leve tonalidad rojiza. Anderson lo miró sorprendido: —¿Qué mierda haces?

Ya encendí la luz— respondió el otro sacando una linterna con un foquito rojo desde uno de sus guantes.

Anderson lo miró atónito: —¡TANTA ESTUPIDEZ DE PALABRAS PARA SACAR UNA MALDITA LINTERNA!— le gritó dándole un puñetazo en la cabeza.

Ahhhgg!...Anderson, escucha….—Alucard se volvió hacia el interior alumbrando con su linterna, creía haber escuchado un ruido. Ambos chicos miraron expectantes, hasta que vieron aparecer en el fondo de la oscuridad la figura de un gran oso. —Eres….eres un osito cariñosito?— preguntaron en un hilo de voz, y por toda respuesta el "osito" se levantó sobre sus patas traseras y les lanzó un zarpazo, que lograron esquivar antes de salir corriendo.

—¡CORRAN!— gritó Alucard corriendo a toda la velocidad que sus piernas se lo permitían cuando pasó por el lado de Pip y las chicas. Detrás de él venía un Alexander igual de aterrorizado.

Mierda, cómo corren esos desgraciados ¿Qué, vieron al diablo acaso? — dijo Pip viendo el polvo que sus amigos habían levantado en su alocada huida.

N….No… ¡Pero sí un oso! ¡Corran!— gritó Kris viendo al animal asomarse por la cueva, las rubias se levantaron como un resorte y todos juntos echaron a correr en dirección al campamento. Todos menos….

—¿Estamos todos? — preguntó Pip tratando de recuperar el aliento perdido.

Si, eso creo….espera ¿Dónde están Alucard y Alex?— preguntó Kris mirando hacia todos lados.

—Déjalos, ya llegarán— respondió Seras entrando agotada a la carpa. Todos optaron por imitarla.

Genial, nos perdimos— dijo Anderson mirando por todo el bosque.

—¡Argh! No me digas nada Judas Priest, yo sé por donde tenemos que ir— dijo Alucard con aparente tranquilidad.

—¿A sí? ¿Por dónde?— quiso saber el rubio mirando seriamente a su compañero.

Fácil es por…emmh…—decía Alucard tratando de pensar qué camino tomar. —Es por allí—. Dijo al fin señalando hacia una parte del sendero hacia la izquierda.

Entonces iré por acá— dijo Anderson caminando hacia la derecha.

—¡Para qué preguntas si irás por otro lado!— dijo un Alucard enojado.

—Fácil. Yo SI sé por dónde vamos— respondió el rubio sin prestarle demasiada atención.

Si claro, de veras que eres un experto en estos casos de supervivencia— reclamó Alucard con un tono sarcástico.

—Por supuesto, nunca me pierdo un capítulo de "A prueba de todo"— dijo Anderson alabándose.

—¿Si sabes que él siempre tiene un equipo por si le pasa algo, verdad?— dijo el otro tratando de joderle la serie a su compañero. Pero a éste ni le importó:

Claro que tiene un equipo, si no cómo lo firman, idiota— le respondió en un tono burlón.

—¡A quién llamas idiota!— Alucard parecía ofuscado, hasta que divisó algo conocido: —Mira, el campamento. Ya llegamos.

Al fin llegan!— exclamó Kris al verlos emerger desde los matorrales todos enmarañados. Hubo un silencio, hasta que la voz de Seras lo rompió: —¡Rápido, dejen todo! ¡Sí sobrevivieron!—dijo dirigiéndose a Integra, Pip y a los demás alumnos que en esos momentos hurgaban entre las cosas de Anderson y Alucard. Todos se dieron vuelta y soltaron un: Ouuuhhh…— antes de retirarse.

En esos momentos apareció el director Montana un poco exasperado: —Bien estudiantes, es hora de subirse al autobús porque nos vamos de regreso a la escuela.

—¿Cómo!? Pero si llegamos apenas ayer— protestó Pip sin entender.

Lo sé, yo también quería quedarme un poco más. Pero el Doc se cayó sobre una hiedra venenosa y tenemos que llevarlo a un hospital, porque olvidé traer la crema antialérgica— dijo el director a modo de excusa. En ese instante apareció la figura del Doc lleno de manchas y ronchitas rojas en la cara y brazos, parecía un bicho raro, y muchos no pudieron contener la risa. Él solo los miró enojado, pero no tenía tiempo de reprenderlos porque estaba demasiado ocupado rascándose las ronchitas.

Guardaron todo con cara de apesadumbrados, y luego subieron al autobús que ahora conducía Hans. Tomaron las mismas posiciones en que habían venido.

Lástima que no encontramos al conserje— dijo Seras con un suspiro mientras se dejaba caer en el asiento y apoyaba la cabeza en la ventana. Entonces lo vio: el oso estaba parado detrás de un árbol a modo de escondite. No alcanzó a ver más porque el autobús echó a andar. Cuando todos se fueron, el famoso oso se llevó las patas a la cabeza y se la sacó, dejando ver que en realidad era Incógnito metido dentro de un disfraz de oso.