La Amo

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Después de dejar Fontainebleau, Edward cortó por el sur hacia Abbeville, dando forma sus planes a medida que avanzaba. El éxito de la aventura dependía de su coraje y de su habilidad para, por lo menos temporalmente, confundir a Hall sobre a donde estaría llevando a Isabella. Para ese fin, Edward preparó varias cartas para varios conocidos sugiriendo que podría visitarlos algún día de junio, y las despachó a Francia, Lombardia, Aquitania, y Flandres para confundir la persecución. Y, mientras cabalgaba, sólo confiaba los detalles mas simples del plan a Jacob, Riley, y Nahuel Merville, dándoles la opción de seguirlo o de resguardarse a distancia de su complot. Ellos escogieron seguir con él a pesar de la terrible reputación de venganza de Hall.

En Abbeville, se arrodilló y le pidió a su madre su bendición después de contarle lo que planeaba hacer. No era una tarea fácil confiar que él pretendía llevar a Isabella a Cullen, si fuese necesario. Él sabía que le dolía a Esme abrir esas viejas heridas del corazón, pero tenía que saber todo lo posible acerca de su padre antes de aparecerse en el puente levadizo con la novia fugitiva de Hall. Ella había llorado, luego implorado y había vuelto a llorar un poco mas, pidiéndole que no revelase su identidad al Lord, pero en vano, Edward le había hecho ver la realidad de que aparte de Felix, su padre era el único aliado potencial que él tenía en Inglaterra. Además, Cullen sería un lugar improbable para que los buscaran y sería un lugar lejano a la rudeza e inmoralidad de la corte de Felix. No le gustaba la idea de recurrir a Felix, pues a pesar de lo que Garrett había dicho, a Edward no le gustaba el modo en que Felix lo miraba. Pero mucho dependería del Lord de Cullen y de su voluntad de aceptar a su hijo bastardo.

De Abbeville, Edward fue a Poix donde encontró al Príncipe Garrett. Allí, bajo la iluminación lánguida de la chimenea de la casa de Hubert Poix, ejecutó el acuerdo por medio del cual él le daba a Garrett la custodia de las tierras de Condes por un período no especificado de tiempo a cambio de un préstamo de quinientos marcos ingleses. Ambos razonaban que Alec sería más reticente a tomar una posesión de su hermano que de Edward, porque él también necesitaba del dinero de Garrett. Había un propósito adicional a ese acuerdo. Hall podría vacilar en marchar sobre Condes por temor a que Alec apoyase la custodia de Garrett. Era un golpe maestro que aseguraría que Edward no perdería completamente las tierras de Condes.

Garrett dejó secar la tinta del documento, luego se lo pasó para que Edward lo leyera, y preguntó.

-Bien, ¿hay algo que hayamos omitido? ¿Crees que te proporcioné garantía suficiente?

Edward lo estudió brevemente y sacudió la cabeza.

-Creo que fuiste muy generoso, príncipe.

-Tonterías. Necesitarás de dinero si planeas mantener a mi Lady como alguien de su clase. Y hallarás que una mujer es muy cara, yo puedo decírtelo.

-Garrett… ¿Por qué haces esto por mí?

-¿Por vos? - Garrett sonrió a medias y sacudió la cabeza. -No, hago esto por ella.

-Por ella, entonces. ¿Por qué?

El príncipe tocó la cadena que colgaba de su cuello, sintiendo el broche de Isabella.

-Yo podría haber amado a tu hermana, Edward, sé que podría. Ella no es como las otras mujeres, pero en qué modo ella es diferente, no te lo podría decir. Ninguna otra, alguna vez, me afectó así.- La voz de él bajó y sus ojos asumieron una expresión distante como si recordara a Isabella de Swan. -Ella tocó mi corazón, Edward. Si las cosas hubiesen sido diferentes entonces-, meditó suavemente, -yo tendría ahora una esposa y un hijo o dos.

Edward luchó contra una puñalada de celos.

-No, ustedes no hubiera sido compatibles. Ella habría exigido una constancia y fidelidad que vos no tenéis. Hubieras peleado con ella por las otras mujeres.

-No.- Garrett era positivo.- Te equivocas. Si yo hubiera tenido a Isabella de Swan en mi cama, no precisaría a ninguna otra.

Edward tuvo una sensación de incomodidad ante la confesión del príncipe y creyó captar la intención de Garrett.

-Yo no permitiré que sea la amante de ningún hombre, príncipe o no-, advirtió con calma.

-Créeme… - los ojos marrones de Garrett estaban serios, su cara sobria a pesar del vino que había bebido. -Créeme cuando digo que no quiero ninguna desgracia para tu hermana. Yo no la tomaría como otra cosa si pudiera casarme con ella, y esa oportunidad ya pasó para mí. Dio un suspiro de pesar y encontró la mirada curiosa de Edward. -Si. Felix me nombró su heredero de Inglaterra y Alec me combatirá por eso, vos bien lo sabes. Tengo que casarme tomando en cuenta las consideraciones políticas, Edward, y perdóname por decir esto, pero no puedo darme el lujo de tener a Charlie como suegro. Cuando yo eleve mi estandarte, tengo que saber quien vendrá.- Tocó el broche nuevamente. -Ahora No puedo darme el lujo de casarme como desearía, si quiero llevar la corona de Inglaterra, mi amigo. ¡Pero oh! cómo envidiaré al hombre que se case con tu hermana y haré todo lo que esté en mi poder para que no sea Hall.- Abruptamente se pudo de pie y caminó hacia una ventana. -me pongo sentimental con el vino, Edward-, murmuró mientras desenganchaba los postigos y los abrió. -Lo que necesito es una muchacha complaciente para levantar mi espíritu. Así lo haré. Hubert dice que hay algunas pasables en la aldea. ¿Qué dices? ¿Las buscamos?

-Ve, mi Lord, yo necesito dormir -, Edward mintió. Se sentía tenso siempre que hablaban de Isabella.

Garrett estudió de cerca Edward por primera vez desde que habían estado en Condes. Profundos círculos negros rodeaban sus ojos verdes, y su cara mostraba fatiga. Asintió con la cabeza. Edward era la persona mas cercana que tenía como amigo desde que el Viejo conquistador le había enseñado que los príncipes no tenían amigos. Lo perturbó ver que Edward había llegado a tal límite.

-Si-, dijo en voz alta, -luces como si no hubieses dormido durante una semana.

-Hace mas de diez días desde que viniste a Condes para advertirme sobre los planes de Hall respecto a Bella, pero parece como si fuera un año. No he hecho otra cosa que ocuparme de eso desde entonces.

-Bien, pero si no te cuidas, serás de poco uso para ella cuando llegue el momento.- Garrett caminó hacia donde Edward estaba sentado y le apretó el hombro en señal de confianza. -Pero todo saldrá bien si podemos sacarla de Rouen.

-Si no lo hacemos, tendré que matar a Hall. Jesús, no sé si puedo hacer eso. Cara a cara, nunca lo he vencido.

-No llegarás a eso. Saldremos de Rouen y escaparás a Inglaterra. No hay buena relación entre el Conde de Hall y mi hermano Felix, puedes contar a Inglaterra como un lugar seguro hasta que puedas decidir que hacer con tu hermana.- Garrett se detuvo, nada había sido dicho respecto a que debería ser hecho con ella. -Ella tendrá que tener un marido, sabes eso. Yo le puedo escribir a Felix y ver si puede arreglar algo.

-¡No!

-Bien, no lo mencionaré, pero es la única salida, Edward. Piénsalo, Jasper de Hall no podrá reclamar la esposa de otro hombre- . Liberó el hombro de Edward. -Anda a la cama y yo examinaré las muchachas de este lugar.

Cuando Garrett hubo partido, Edward llenó una copa con vino y ocupó su lugar en la cama que compartiría después con el príncipe. Se quitó la camisa y los pantalones, y tomó lo último del vino y se acomodó en las profundidades de la cama. El colchón de paja parecía lujoso después de las noches en el camino. Apoyó su cabeza sobre la almohada, pero el sueño no venía. Con sus ojos cerrados, imágenes de Bella fluctuaban en su mente. Él podía recordar el contacto de sus manos cuando lo había desvestido para el baño, el contacto de ella en su piel desnuda, el contacto de sus labios cuando ella lo había besado cuando estaba sentado en la bañera. Él podía oler el olor a limpio de ella y podía ver el cabello sedoso cayendo colgado sobre él. Pero sobre todo, su cuerpo podía sentir los contornos redondos de ella cuando la había sujetado al despedirse en Fontainebleau. Su lengua se secó con el deseo y su pulso se aceleró mientras se permitía imaginar lo que había fantaseado tantas veces antes. En sus sueños, ella venía a él como una esposa, una amante ansiosa por agradar a su Lord, sonriéndole, acariciándolo, y abriendo su cuerpo a él. Ahora cada fibra de su cuerpo buscaba el alivio de este deseo opresivo.

Él abrió las cortinas que rodeaban la cama y salió fuera de la cama. No podía dormir así. Vino, mas vino, decidió, y podría procurar dormir mas rápidamente. Se puso los pantalones pero no se preocupó de ponerse las botas. Con una antorcha tomada de un anillo metálico adosado a la pared, iluminó su camino al salón.

El lugar estaba ahora desierto a excepción de algún criado ocasional que levantaba los últimos vestigios de la cena. Algunos hombres dormían en paletas colocadas a lo largo de las paredes. Edward caminó silenciosamente revisando los jarros hasta hallar uno con bastante vino.

¡Aaahhhh! - Alguien emitió un grito agudo a su espalda. Él giró y se vio frente a una niña a la que él había asustado. Sus manos estaban cargadas con jarras vacías que ella apretaba firmemente contra sus pechos. Sus ojos eran luminosos y grandes a la luz de la llama.

-¡Mi Lord! Me asustó, pensé que todos dormían.

-¿Viniste a buscar un poco de vino para vos? - Ella sacudió su cabeza. -Vine a terminar de limpiar las mesas mientras estos tontos están dormidos.

-Oh.- la miró con interés. Sus ojos eran oscuros y su cabello también era largo y oscuro. Su pequeña estatura le hizo recordar a Isabella.

-¿Cuántos años tienes?

-Quince.

-¿Eres virgen? - preguntó estúpidamente, sabiendo que era improbable.

Ella miró a su alrededor respondiendo. Él podría haber jurado que se ruborizó ante la pregunta, pero tal vez era sólo la luz del fuego. -No-, respondió finalmente en voz baja. -No lo soy.

-¿Te gustaría compartir mi vino? - no podía preguntarle lo obvio, pero ella entendió su intención.

Ella lo observó a medio vestir antes de levantar su mirada a su cara donde pudo ver los ojos verdes, el cabello cobrizo, y los rasgos bien definidos. Él era mucho mas guapo que cualquiera de los hombres con los que había estado. Colocó las jarras en una mesa y asintió con la cabeza.

-Si.

Una vez de vuelta en la habitación que él compartía con Garrett, Edward se detuvo y besó a la niña. Al principio fue un beso suave que se fue profundizando cuando cerró sus ojos y pensó en Isabella. Un Calor inundó su cuerpo mientras imaginaba que sujetaba a Bella en sus brazos como una amante en vez de una hermana. Lentamente, la estimuló con besos suaves y caricias, mientras la desvestía como si ellos tuvieran todo el tiempo del mundo experimentar el placer mutuo. La niña estaba al principio confusa por su bondad, pero pronto comenzó a responder con entusiasmo. Edward la abrazó y la acarició hasta que ella pensó que se volvería loca si él no la tomaba. Y cuando finalmente él la penetró, ella gritó con placer. -Bella… Bella… te amo tanto-, susurró entrecortadamente cuando se derramó dentro de ella. Y por un momento breve en su vida, la niña se sintió amada en vez de usada. Él rodó a un lado y se recostó con los ojos cerrados, tratando de normalizar su respiración. Ella se acercó para descansar su cabeza contra su hombro. Él puso un brazo alrededor de ella y la sujetó contra él mientras procuraba dormir. La abrazó deseando fervorosamente que fuera una lady llamada Bella.

-¡Por Dios! ¿Edward, tienes una muchacha con vos allí? - el Príncipe Garrett abrió las cortinas y espió. Su voz era mas gruesa que la habitual por la bebida. -Viejo hallaste una puta para acostarte después de todo.- Él se acercó aún mas mientras Edward intentaba despertarse. - Y encima encontraste una linda, mientras todas las que yo tuve eran gordas de cabello grasoso.

La niña intentaba cubrirse de la mirada de Garrett. Edward rodó afuera y buscó su camisa.

-Aquí.- le dio la camisa mientras se sentaba en la cama. -Es mejor que te vayas.

Ella buscó apresuradamente su ropa y saltó fuera de la cama pasando al lado del príncipe. Antes que él pudiese alcanzarla ella había llegado a la seguridad de la puerta. Miró a Edward y sonrió.

-Muchas gracias, mi Lord.

-Oyes, ¿Edward? La muchacha te agradeció que te la hayas volteado.- Garrett frotó su mentón y sacudió la cabeza. -A mí nadie me agradece.

Pero Edward no lo estaba observando a él. Estaba pensando en hallar a la niña en la mañana y le daría un poco de dinero. El remordimiento lo invadió cuando pensó que inadvertidamente podría haber creado otro bastardo que sufriera por los pecados de él. Hacia mucho tiempo se había jurado que no sería responsable de traer otro niño bastardo al mundo. Bien, le daría sus datos y vería lo que pasaba. Su cuerpo se sentía bien, mejor que en meses. Si sólo pudiese tener a Bella como su esposa.

-¿Edward, oíste lo que dije? - preguntó. -¿Qué te pasa?

-Espero que no tenga un bastardo

Garrett lo miró con disgusto.

-El problema con vos, Edward, es que no te acuestas con muchas. Quiero decir, ¿qué esperas que haga un hombre cuando es soltero? ¿Arder de ganas? Si ellas no se acuestan con vos, se acuestan con algún otro tonto. Y si tienen bastardos, seguro que no saben de quien es.

-Entonces, ¿por qué mantienes tus bastardos?

-Porque yo soy el único hombre que se ha acostado con la madre. Con una sierva, es una cuestión diferente.- Él dio una mirada a su alrededor buscando mas vino. -No me digas que te tomaste todo.

-Todo.

-Vuelve a la cama. Yo iré ha hallar un poco mas.

Edward esperó mientras Garrett caminaba hacia la puerta. Entonces volvió a pensar en Bella… ¿Como reaccionaría ella si supiese? deseó saberlo. ¿Reaccionaría con horror? ¿O le devolvería el amor que sentía por ella? Debería hablarle antes que dejaran Rouen, pero dudaba de que lo haría. Pasó mucho tiempo pensando en cómo contarle a Bella la verdad sobre él.

-Bien… - Garrett se tambaleó en la puerta llevando jarra de vino que volcó en el suelo.- Tu consciencia puede estar tranquila, mi amigo. Si ella tiene un bastardo de esta aventura nocturna, podrá culparme mas a mí que a vos.- Él apoyó el vino en una mesa. -Y no tienes que pagarle, le di bastante por los dos.

Edward se enroscó en la cama y se sintió enfermo.

Si ya se… todas odiamos que se acueste con otra… pero seamos realista… un hombre y en esa época… bastante que pensara en ella mientras estaba en el tema… y Garrett, es genial… un libertino agradable y un amigo leal, diría yo… aunque enamorado de Bella aún… por cierto en la época, tb es típico que caballeros de rangos similares compartan la cama…pero no piensen mal cochinotas… si no compartieran los aposentos tendría que dormir con el resto de los hombres en el salón… jejejeje.

Hay quien me pregunta el nombre de la historia... la diré al final no antes... y una querida y divertida amiga me ha pedido que suba 2 cap. ya que en estos momentos solo estoy adaptando una historia... cariño... me cuesta subir uno al dia digamos que estos meses trabajo de 8 de la mañana a dos o tres de la madrugada... y entre trabajo y trabajo voy adaptando y subiendo de estrangis... así que por el momento creo que my body no me lo permite... pero en cuanto no este tan ligeramente estresada... prometo o subir más historias... o subir 2 cap. por dia ;)

En fin mis niñas después de mis aclaraciones… les dejo hasta mañana. Un besote y nos leemos guapas.