Hola! Ya son vacaciones. Y eso significa que él fic ya no está pausado. A mí me alegra demasiado y más porque ustedes siguen aquí leyendo, más que nada esperándome después de tanto tiempo XD de nuevo gracias por esperar estos tres largo meses. Por cierto, en el último capítulo mencione que iba a publicar oneshots pero ni para eso tuve tiempo, jeje los publicare a lo largo del mes.
Bueno nada más respondo a los comentarios. Gracias por comentar n.n
AlienHeart1915: Que bueno que te gustara. Si no hay que saltar a conclusiones apresuradas ¿o sí? Gracias por comentar.
Leonard Kenway: muchas gracias por comentar. Y prepárate para más jeje. Si hablo de más sería un mega spoiler.
Jair937: Te debo los oneshot, pero no te preocupes los publicaré. Gracias por tu comentario.
MarHawkeyeM: sí ese fue el final. Aguántate jeje. Ya quite el pausado, ¿feliz? Ahora ya no me molestes. Gracias por comentar
Yo XD: Agradezco tu comentario. Aquí sabrás lo que pasó, ¿o no?
Bien aquí está el capítulo. Ya saben, si les gusto o quieren matarme háganmelo saber con un review. Disfrútenlo n.n
Capítulo 7
Regreso.
Cuatro días antes. Una explosión se hizo presente en las celdas. Todos salieron disparados.
—¿Están bien? —preguntó la maestra del Palacio de Jade, abrió sus brazos para ver cómo estaban Mono y Víbora.
—Sí. —jadeó el primate. —Muchas gracias.
—Tenemos que salir de aquí y movilizarnos. —ordenó Tigresa al levantarse. —"¿Qué me sucede? ¿Por qué no he podido ver nada?" —pensó ella.
—Ahora mismo doy aviso a los maestros que están en los límites del Capitolio. —alzó el vuelo Grulla.
—Ustedes. —se dirigió a sus discípulos. —Hagan lo que escucharon en la junta. Una vez hayan acabado, realizarán lo que les ordené. —tosió a causa del humo que les rodeaba. —Tienen prohibido morir. ¿Entendido?
—Sí, maestra. —exclamaron los cuatro, a excepción de Ji, quienes comenzaron a correr.
—Mono, Mantis, acompañen a mis estudiantes. Mientras más pronto saquemos a todos de aquí, mejor. —les dio la piedra de teletransportación.
—¡Cómo ordene, maestra! —dijo Mono tomando al insecto para luego seguir a los Cuatro Furiosos.
—Bien, Víbora, vas a... —se quejó mientras tocaba su costado derecho.
—¡Tigresa! —gritó preocupada la reptil.
—No es nada. Estoy bien. Fue un simple golpe.
—Para que tú te quejes, no ha sido simple. —con su cola quitó la mano de Tigresa de donde la tenía. —¡Por Oogway! Al menos te has fracturado las costillas.
—Insisto, no hay de qué preocuparse. —con su mano izquierda hizo un extraño ademán para luego tocar el área lastimada; al hacer contacto un resplandor dorado apareció. —Hay que seguir con el plan. —continuó de forma solemne.
—Lo que usted diga, maestra.
—De todas maneras, gracias por preocuparte. —su voz se suavizó un poco.
—No es nada. —esbozó una sonrisa. —Me hubiera gustado que tus visiones sobre esto resultarán erróneas.
—Créeme que a mí también, Víbora...
—¡Alto ahí! —interrumpió un guardia, quien estaba acompañado de diez lobos. —Quedan detenidas por traicionar al príncipe Zan y a Lord Lu Kang.
—Y ya empezaron. —volvió a hablar Tigresa.
—Que comience la diversión. —musitó Víbora mientras ambas maestras tomaban posición de combate.
—No creo que lo sea. —las dos comenzaron a atacar.
Tigresa lanzó hacia arriba su bastón y utilizó, sus ya más que conocido Golpe de Fuego, cogió su bastón en el aire, lo uso como apoyo y venció a cinco guardias; y Víbora comenzó una pipeda letal venciendo así a otros cinco.
—¿Cómo es que son parte de la guardia? —preguntó Víbora antes de hacer que se golpeara así mismo el lobo que estaba sujetando. —No tienen nivel alguno de pelea.
—No hay que confiarnos. —Tigresa salió de lo que quedaba de la celda.
—Tienes razón. Veo que lo que hiciste funcionó muy bien. No pareces tener un golpe como el que tienes.
Dos días después de eso, poco antes del atardecer.
Todo estaba completamente lleno de humo, no había excepción. El cielo poseía un color grisáceo, no importaba si fuese de día o de noche. El sonido que más gobernaba eran los cañonazos.
Algunos maestros se reunían en un lugar que se podía mantener a pie.
—Es bueno verles. —Tigresa habló primero. —Necesito saber las condiciones de cada área.
—El área Norte sigue bajo nuestro mando. —le siguió Mantis.
—El área Sur fue tomada por la guardia imperial después de la caída de el maestro Guanjun. —contestó un poco afligido el maestro Cocodrilo.
—¿Murió? —preguntó Grulla un poco sorprendido.
—Sí. Ayer en la mañana lo emboscaron con esas armas. —respondió Buey. —Falleció al instante. Cocodrilo, nuestros estudiantes y yo le dimos una despedida digna y adecuada a la situación. No tenemos noticias de Gu, pero al parecer sigue viva.
—En verdad lo siento. —Víbora se acercó al maestro Cocodrilo. —Nosotros todavía tenemos el control del Oriente, pero esa ya lo sabe, maestra Tigresa. —se quedó callada. —Mono desapareció hace un día al igual que Shifu...
—¿Mono y Shifu? —cuestionó la maestra del estilo del Tigre. —"No tengo de qué preocuparme. Mono es un excelso maestro; Shifu es veloz y tiene una piedra de transformación."
—En efecto. Hasta donde se me fue informada, el Oeste sigue siendo nuestro; aun sin un maestro, Bian Zao y los estudiantes de Mono están haciendo un gran trabajo.
—Pero, si tenemos la mayoría del terreno ¿por qué parece todo lo contrario? —volvió a preguntar Mantis.
—Un gran número de los nuestros han sido heridos, —Tigresa se apoyó en su bastón, el cansancio se hacía notar demasiado. —Y aunque no sea de gravedad ellos son mandados de vuelta al palacio con la piedra. Los que se encuentren óptimas condiciones de volver, lo hacen. En cuanto acabe esta improvisada reunión voy a traer a los que ya estén recuperados. Creo que ya no queda nada más que decir. Ya saben qué hacer. Capturar al emperador y a Lu Kang y no matar a nadie, a menos de que se vean en una gran necesidad. Y lo más importante, sobrevivan. Uno ya se ha ido. No quiero que otros partan antes de.
—Como ordene, maestra. —respondieron con energía todos.
—Por cierto... —la voz de Tigresa se tornó preocupada. —¿No han tenido alguna nueva sobre el Guerrero Dragón?
Mantis, Grulla y Víbora se vieron los unos a los otros, había preocupación y duda en su mirar.
—Maestra Tigresa, —Grulla decidió hablar. —No se ha sabido nada de Po, solamente que escoltó a Zan dos días atrás... Pero corre un rumor.
—¿A qué te refieres? —Tigresa volvió a su semblante serio, sin embargo su preocupación ya era demasiado notable.
—Que él es el traidor. He escuchado de algunos lobos que Po zarpó junto con Zan en el barco.
—Ese rumor es más que absurdo.
—Si quiere yo podría volar y...
—No. —contestó al momento. —Te necesitamos aquí. Y más con esas armas extrañas que usan. Doy por terminada la sesión. Vuelvan a sus posiciones, sería perfecto si podemos mañana volvernos a ver. —se despidió mientras salía con rapidez.
—Ni siquiera preguntó si ya sabíamos la ubicación del emperador. —comentó Cocodrilo.
—Tienes razón, pero es comprensible. Han sido días muy duros. Además de que Po todavía no vuelve. —le siguió Mantis. —Grulla.
—¿Qué sucede? —volteó a ver al insecto.
—¿De dónde demonios sacaste ese rumor? Sabemos muy bien que ese no lo es. Incluso ella.
—Por eso mismo. Después de todo, la esperanza es lo último que muere. Y estamos hablando de Po, él no puede irse así como así. —se acomodó el sombrero. —Tengo que partir.
—Igual nosotros. —Buey le siguió.
—Yo tengo que seguir a Tigresa. —Víbora fue la siguiente.
Quince minutos después, Víbora encontró a la felina, pero al ver que estaba sumida en sus pensamientos no le dijo nada.
—¿Por qué no dices algo? —preguntó Tigresa.
—No quería interrumpir.
—No lo hubieras hecho. Sólo meditaba ahora que las cosas están un poco calmadas... ¡Qué tonta! Mejor pregunte por Po que por la ubicación de Shennong.
—Estás preocupada por él, es normal, no le hemos visto desde hace dos días. De todas maneras, aún no se sabe dónde está el emperador. —trató de animarla.
—Tenemos que hallarlo lo más pronto posible... Gracias, Víbora.
—No es nada. Bueno, tenemos que regresar, algo me dice que vamos a encontrar a Po y al emperador y que todo esto acabará de la mejor forma.
—Víbora, tú siempre tan positiva. —esbozó una sonrisa. —Por favor, ve con los demás. En un momento te alcanzó.
—Por supuesto, no hay problema. —comenzó a reptar.
—Sé qué sigues aquí. —susurró Tigresa. —Lo puedo asegurar. —sacó de su quimono el collar que le dio el panda. —Acepto. Ya lo sabes, pero lo reitero. Por eso ni se te ocurra partir antes que yo. —devolvió el collar a donde estaba. —Ya verás lo que te pasará si lo haces. —soltó una pequeña risa sarcástica.
Ya iba a regresar con Víbora cuando escuchó un algo extraño no muy lejos de ahí. Al parecer era una carreta la cual andaba con mucho peso encima.
—Lo que sea que se halle ahí, se está quejando. —dijo en voz baja mientras sentía un ligero dolor en su cabeza. —¿Qué sucede? —preguntó y con su mano izquierda la puso en su cabeza. —¿Ese es Shennong? ¿Maestro Shifu?... ¿Por qué ahora? —exclamó con cierta furia antes de comenzar a arrodillarse. —¡Lo que necesito es una visión del futuro!... No esto.
Los que traían la carreta vieron a la maestra caer inconsciente.
—¿Qué hacemos? —preguntó uno de ellos.
—Su majestad dijo que tuviéramos mucho cuidado, después de todo es una poderosa maestra.
—Pero ni siquiera se mueve o respira. —dijo mientras sacaba unos collares de la ropa de Tigresa. —Creo que me quedaré con estos.
Volviendo a lo que acontece actualmente.
Una habitación completamente oscura, lo único que se podía apreciar era el sonido de las cadenas, las cuales estaban en los brazos de Mono.
—"Tengo que saber qué está sucediendo." —pensó.
De repente la puerta dejó que la luz entrase a la oscura celda.
—¿Buenas noches, maestro Mono? ¿Está disfrutando su estancia aquí? —preguntó Shennong.
—¡No lo dude! La mejor de mi vida jamás, cuando me largue traeré a mis discípulos para que tengan unas buenas vacaciones, Lord Shennong. —contestó con sarcasmo.
—Al parecer su sentido del humor sigue vigente. —se calló de golpe. —¿Cómo me llamó?
—Lord Shennong. —hizo demasiado énfasis.
—Es curioso, tiene demasiado tiempo que alguien se dirige a mí de esa manera. Desde que me convertí en emperador de la nación. El llamarme con ese honorífico es una falta gravísima.
—Por favor. ¿Me va a decir que no se ha dado cuenta?
—¿De qué habla, Mono?
—Ha pasado tanto y sigue siendo el mismo idiota. Si no fuera por Oogway yo este país estaría perdido.
—¿Oogway y tú?... Esto no tiene sentido. ¡Estás muerto!
En ese momento las cadenas se habían hecho miles de pedazos. Y ahora Shennong se encontraba en el suelo bajo una de las patas de Mono.
—Bravo, Lord Shennong, ya se dio cuenta. Yo digo que cualquiera se habría percatado antes, y más cuando ese alguien casi consigue matarle. —observó sus brazos. —¡Vaya! Sí que golpearon a este sujeto. Recuérdame felicitarlo.
—¿Por qué no me matas?
—Eso nunca me correspondió; si de esa forma hubiese sido, Oogway no habría impedido que te asesinara en ese momento. —cogió una cadena que colgaba en uno de los muros y comenzó a encadenar al ganso. —Fue un tanto imprudente venir a ver a un maestro sin compañía.
—Claro, después de todo, esa tortuga lo tenía todo calculado, marioneta. —contestó ignorando lo último que mencionó.
—Correción, lo tiene. —lo aventó a un rincón. —Y no me vuelva a llamar de esa manera.
—El mono, ¿qué pasó con él?
—Sigue vivo. No se preocupe, no estaré aquí por mucho, Lord Shennong. —con paso sereno salió de la celda. —Ya estoy afuera. Sólo necesito encontrar a ese panda y a ella...
—¡Guardias! —un gran alarido surgió de la celda.
Los oficiales se apresuraron al escuchar a su emperador. Entraron con fuerza y con sus armas listas para cualquier problema que se presentase ahí.
—Su alteza. —uno de ellos dejó su arma caer para dirigirse al ganso. —Por eso le dijimos que viniera acompañado. —comenzó a desatarlo.
—¿Pero qué diantres sucede con ustedes? —preguntó con ira. —Les he llamado para que atrapen a ese mono... Olviden a Tigresa y al panda.
—¿Al mono?
—Sí.
—A la orden, su majestad.
En ese momento Lu Kang, con su ya más que repetitiva tos, entró a la celda.
—¿Qué sucedió? —este le cuestionó.
—Este Mono no era él. —respondió nervioso.
—Por favor, cálmese.
—Lu Kang, investiga si es posible que alguien muerto pueda volver en el cuerpo de otro.
—Como desee, su alteza.
Al salir de ahí llamó a un guardia.
—Ordena un calmante y un médico para el emperador. Lo más pronto que se pueda; me temo que ya está comenzando a delirar.
Mientras tanto con Po y Zan.
—Ya estamos cerca de donde acordamos reunirnos. Tengo que buscar a los chicos. —dijo Po. —Ellos deben saber que pasó.
—Po, ¿Triguesa está bien?
—No lo puedo asegurar, Zan.
—Lo siento.
—No te mortifiques, después de todo la culpa es mía. Vamos.
De repente ellos dos vieron a Mono correr a gran velocidad; Po colocó a Zan en su espalda y decidieron comenzar a seguirle.
—Mono, no sabes cuánto me alegra verte. —exclamó con una inmensa alegría mientras jadeaba. —¿A dónde vas?
—Con los otros. Están a punto de llevarse a los heridos. —contestó él. —A mí también me alegra verte.
—¿Y por qué va tan rápido? —Zan preguntó.
—Necesito ver cómo se encuentran mis alumnos después de dos días de no estar al tanto de lo que ocurre.
—¿A qué te refieres? —volvió a hablar Po al mismo tiempo que comenzaba a desacelerar. —"No sé qué sea, pero siento algo extraño en Mono, es como si no fuera... No es él."
Ya casi habían llegado al punto que acordaron y justo a tiempo.
—El emperador me tuvo en una celda y me golpearon. —a diferencia de Po, él no mostraba que fuera a detenerse.
Mantis, Víbora y Grulla estaban con unos cuantos heridos cuando el portal comenzaba a abrirse.
—Rápido, entren. —ordenó Grulla.
—Oigan, ¿no son ellos Mono y Po? —preguntó con emoción la reptil.
—Sí, reconocería a Po en cualquier parte. —añadió Mantis.
Po se detuvo, pero no Mono. Él siguió de largo y se adentró al portal.
—Quédate ahí, panda.
—Definitivamente no eres Mono. —Po tomó impulso y atravesó el portal.
Éste se cerró de golpe provocando un resplandor jade.
—Oh, sí. Vayan. —Mantis volvió a hablar. —De todas maneras ni queríamos saber dónde estaban.
—Po dijo qué él no era Mono. —comentó Grulla. —Sólo hay que abrir de nuevo... Víbora, ¿no se suponía que tenías la piedra?
—Sí, —respondió ella. —Pero, hace un momento Mono me la arrebató cuando se metió ahí.
—Sólo nos queda esperar a que vuelvan.
—Tienes razón, Grulla. Bien, ya encontramos a Po y a Mono, solamente faltan Shifu y Tigresa.
En el Palacio de Jade.
—Ya llegaron. —gritó Zeng. —Maestro Po, Maestro Mono, ¿qué hacen aquí?
—Nada en lo absoluto. Es que decidimos dejar a los heridos y a Zan. —contestó Po al ver que el niño seguía sujetado a su espalda.
—De acuerdo, síganme. Miren, aquí hay unas camas. Los que se encuentran un poco más graves que el resto, por favor quédense. Los demás, sigamos. Hay más saliendo del área subterránea.
—¡Po! —exclamó Na Li. —¡Mono! —lo abrazó; esta vez el entusiasmo fue demasiado. —¿Cómo te encuentras? ¿Te hicieron algo?
—No sabes cuánto me alegra verte, cariño. Ya quería volver a verlas. —respondió él. —No me hicieron nada grave, sólo unas golpizas.
—¿Cariño? —preguntó extrañada. —No importa. Vamos a que te curen.
—Claro, cariño. —comenzó a caminar.
—Po. —ella detuvo a su primo. —¿Algo le sucedió a Mono?
—No lo sé. —contestó. —Acabo de volverlo a ver. Supongo que estás al tanto de que no estuve ahí por cuatro días.
—Sí... Hola, pequeño. —se dirigió a Zan. —¿Quieres algo de comer? —preguntó con un dulce y amable tono de voz.
—Por favor, señora. —asentó con la cabeza.
—De acuerdo. Acompáñame a la cocina. —ofreció su mano.
—Gracias.
—A mis hijas les va encantar que te quedes aquí.
—¿Qué? —preguntó asustado.
Ella soltó una pequeña risa.
—Sí, ustedes vayan a la cocina. En un momento los alcanzó, necesito hacer algo. Na Li, si no es mucho pedir ¿me puedes preparar un té de durazno? —Po habló.
—Sabes que sí. Por cierto, ¿encontraron a Shifu?
—Te digo que acababa de llegar con los chicos. No lo puedo asegurar.
—Gracias... Es que su familia está preocupada. Ya no te detengo, ve a hacer lo que ibas a hacer.
Po salió corriendo.
—Tal vez quiera ver lo de Mono. —añadió Zan.
—¿Qué?
—Sí. Antes de entrar a esa cosa, él dijo que Mono era él.
—Él no...
—Lo siento creo que hable demasiado.
—No, muchas gracias, Zan. Ven, vamos por algo de comer.
—Usted tiene algo que hace que recuerda a mí mamá.
En la que anteriormente era la habitación de Po.
—Bien. Ahora me dirás quien... —el Guerrero Dragón se calló al ver que no estaba dentro.
—Corrección. Tú lo vas a hacer. —Mono estaba detrás de él.
Po dio media vuelta de forma abrupta y se puso en guardia.
—No sé quién seas, pero no eres Mono. ¿Qué le pasó?
—Tienes razón, panda. No lo soy. Y ni siquiera sé qué sucedió. —en un instante estaba sentado al otro extremo de la habitación.
—Espera. —se quedó pensando al ver lo que hizo. —Eso sólo lo puede hacer alguien que haya encontrado La Paz Interior. Me llamaste panda. No puedo creerlo... ¡Shifu!
—Lord Lu Kang, le tengo noticias. —hizo una reverencia. —Ruego me perdone por interrumpirle.
—Tienes permiso para hablar.
—Me han informado que el Guerrero Dragón y su alteza el príncipe Zan fueron vistos junto con el recién fugitivo.
—¿Po volvió? Eso no es posible, los dardos fueron lo suficiente para que durmiera por cinco días.
—¿Qué hacemos?
—Pregúntale al emperador.
—Ya lo hice. Más sin embargo, por una razón desconocida, sólo quiere que capturemos al mono; dice que si no le atrapamos nuestra derrota será eminente. Además de que repite cosas que no son entendibles, o no tienen coherencia. Disculpe mi atrevimiento, pero si yo fuera usted tomaría el lugar del emperador. Después de todo, ya es gobernante del Capitolio e iba ser nombrado emperador hasta que el joven Zan tenga la edad para regir la nación. Y así terminar con esa peste de los maestros de Kung Fu de una vez por todas.
—"Ahora que lo pienso. No sé cuál es la razón por la que Shennong quiera destruirlos. Si me dan el puesto de emperador, ¿seguiría con todo esto? —pensó —Nada mal lo que has dicho. —contuvo unos tosidos. —¿Cuál es la otra noticia?
—La maestra Tigresa sigue sin despertar.
—Gracias por mantenerme al tanto.
—No es nada, Lord Lu Kang.
—En caso de que encuentren al Guerrero Dragón o a Zan, tráiganlos ante mí sin uso de fuerza.
—Como ordene.
En la alcoba del emperador.
—Emperador Shennong. —tosió Lu Kang. —¿Me permite el paso?
—Por supuesto. —contestó. —¿Qué quieres? A parte de la corona. —rió entre dientes.
—Me sorprende su deducción, majestad.
—¿Descubriste algo sobre lo que te pedí?
—No. Pregunté a varios de los sabios; me dijeron que usted sólo está delirando, como lo hizo hace bastante tiempo.
—Todavía no lo estoy... Bien, demuestras mi demencia, después ¿qué harás? ¿Acabarás con ellos? ¿Harás que haya paz?
—A pesar de lo que va a pasar, seguiré siendo leal a usted. Continuaré con su objetivo, claramente si me convence. ¿Por qué quiere acabar con ellos?
—Como digas. Posiblemente creas que ya me volví loco, pero tú lo determinarás... —hizo una gran pausa para poner nervioso a Lu Kang. —¿Sabes lo qué es un impuro?
Continuará...
Bien, bien. ¿Qué tal estuvo? Ya sé no estuvo Tigresa, pero ya el próximo capítulo volverá en forma. Al igual que si este cap tiene buena aceptación publico el siguiente el lunes.
No olviden comentar. Nos vemos. n.n/
