Disclaimer: Los personajes de InuYasha pertenecen a Rumiko Takahashi. Historia hecha sin fines de lucro.


Salgamos a conversar un rato cualquier día,
para recordar esos momentos cuando tú eras mía.
(Inspirado en InuYasha)


Sesshoumaru se había puesto en mal plan con respecto a que Kagome saliera descuidando a Rin, ya que algunos demonios aparecían en la aldea para causar problemas, esto se debía a que muchos habían visto a InuYasha lejos de la misma y querían aprovechar su lejanía para atacar la aldea por varias razones, entre las cuales estaban la venganza, si, la venganza hacia el hanyou y su equipo que fue en ayuda de cuanta gente inocente se encontraban en su camino por buscar a Naraku, años habían pasado de ese asunto pero los demonios no olvidaban a los compañeros o familiares muertos por las garras del peliplata. Otra razón era que se rumoraba que con la ayuda de la sacerdotisa que lo acompañaba entonces podrían volverse más fuertes al hacer ella un ritual con sus poderes en los que se supone podría romper un sello y liberar el youki oculto. Esos rumores habían empezado a divagarse desde los tiempos en que Kikyo estaba con vida, hacía ya más de 50 años, muchos la buscaban por esa razón, y por la perla por supuesto, pero al morir ella también murieron las esperanzas de que eso fuera posible, hasta que Kagome llego al Sengoku y las esperanzas renacieron como el ave fénix para aquellos demonios que recordaban esos rumores.

Sesshoumaru sabía algo de eso, pero no quiso alertar a la sacerdotisa porque si lo hacía, ella sería capaz de irse de la aldea solo para que no lastimaran a nadie, y eso era exactamente lo opuesto a lo que quería, no quería que ella se fuera porque de alguna manera él la estaba tratando de orillar a que fuera una opción viable a un compromiso, porque de presentarse el caso de que no encontrara mejor opción, entonces recurriría a ella, haría hasta lo imposible aunque tuviera que pasar por encima de su hermano, pero… era mejor que las cosas salieran en paz, y si quería que las cosas salieran bien… entonces todo lo tendría que hacer bien.

Por esa razón él se negaba a que Kagome se alejara de Rin, ya que Rin no se alejaba de él y para estos días la miko le empezaba a parecer la única opción, así que… que más daba, tenía que arriesgarse.

Sango sabía que Kagome no podía alejarse mucho de su cabaña, o de la aldea e InuYasha no podía aparecerse antes del tiempo estipulado, el cual, era un día después de la cena de Kagome, así que en la noche que su amiga le entregó la carta, ella prefirió dársela en sus propias garras, así que tomo tinta y papel y le escribió a InuYasha una nota corta, en la cual lo cito para poder verse en un lugar no muy lejano pero lo suficientemente lejos para que Sesshoumaru no captara el olor de su hermano y así envió a Kirara a buscar a InuYasha y darle la nota.

Así que al alba, cuando Kirara había vuelto, se montó en ella y salieron rumbo al encuentro, asegurándose que Sesshoumaru no las siguiera, sabía que él se encontraba descansando en la sala de la cabaña de Kagome, así que mientras no viera que había movimiento en ella entonces estaba segura de llevar algo de ventaja.

No tardó mucho en llegar al lugar en el que lo citó. De hecho, lo citó justo en el templo donde residió su marido con anterioridad, el cual había dejado a cargo al mapache que tenía por sirviente y que con gusto los recibió.

Sango llegó algunos minutos antes que el peliplata, estaba paseando por el extenso jardín que ahora se encontraba en él gracias al adorable mapache.

-Buenos días Sango.- Se acercaba por su espalda un InuYasha con pasos largos y apresurados. Sango volteó al instante.

-Hola.- Fue todo lo que dijo mientras le dio un pequeño abrazo por los días en que no se habían visto.

-Recibí tu recado y… aquí estoy.- El ambarino extendió los brazos al decir lo último.

-Me da mucho gusto volver a verte InuYasha.- La tajiya sonrió sinceramente.- Mira, Kagome te manda esta carta.- Sonriendo más ampliamente fue que le entregó en sus propias manos aquel escrito.- Me dijo que la disculparas por no hacerlo ella personalmente pero por ahora no se puede alejar de la aldea.

El peliplata tomó la carta perfectamente doblada en cuadros y sin pensarlo comenzó a desdoblarla para leerla, se alejó un poco de su amiga, la cual lo veía cruzada de brazos y con una sonrisa en el rostro.

InuYasha leyó la carta rápidamente y volteó a ver a Sango sonriéndole.

-Me has regresado la vida.- Le dijo con la carta de nuevo doblada entre sus dedos.

Mientras Hachi, el mapache, se acercaba con un aspecto bastante molesto.

Hachi le quitó la carta a InuYasha y la rompió en varios pedazos causando un desconcierto en los presentes.

-Imbécil.- Susurro el mapache mientras lo hacía.- Fuera de aquí.- Le dijo viéndolo a los ojos y con la voz ligeramente más audible que lo último que dijo.- Y no se te ocurra volver al templo del joven Miroku.- Le dijo con sarna, enseñando sus colmillos.

Tanto InuYasha como el mapache mantenían una mirada retadora. El peliplata hizo crujir sus garras, sabía que con solo un golpe podría herirlo de muerte.

-Por favor, por favor…-Se acercó Sango al notar ese gesto en su amigo, se puso detrás de su costado derecho con voz temblorosa por lo que pudiera pasar. InuYasha solo la veía de reojo.- Por favor… vete.- le decía susurrando y sollozando, a lo cual el ambarino no lo pensó y asintió con la cabeza para luego volver su mirada a Hachi.

-Discúlpame.- Le siseo las palabras a Hachi mirándolo a los ojos retadoramente. Dio la media vuelta y camino apresuradamente a terminar con sus asuntos dejando sola a Sango con el mapache.

-Hachi… Hachi déjame explicarte.- Decía la exterminadora al sirviente de su marido, el cual había pensado lo peor.

-¿Explicarme?- aventó los trozos de papel al suelo.- No necesito explicaciones, todo está muy claro.- Sango jamás había visto esas reacciones en ese ser.- Este es el templo de mi Señor Miroku, ¿acaso quiere que se burlen de él siéndole infiel en sus tierras con ese perro?

-No es así Hachi, no digas tonterías y escúchame.- Le rogaba la tajiya a aquel amigo ignorante de la verdad.

-Él se casó con usted pensando que iba a ser su honorable esposa, una verdadera señora y resulta que le escribe cartas de amor a ese estúpido que se dice amigo del monje Miroku ¡y todavía se atreve a citarlo en su propio templo para dárselas!- Gritó el mapache al borde de la histeria, mientras Sango sollozaba y negaba todo entre sollozos.

-No, no Hachi, esa carta no era mía, es sólo un favor que le hice a Kagome, ¿por qué no te tomaste la molestia de revisar si quién la firmaba antes de romperla?- Le retó la tajiya.

-Pues me parece mejor y me da gusto que haya sido un mal entendido, espero que esto que pasó le sirva de lección para que nunca en su maldita vida se atreva a engañar a Miroku.- Soltó aun molesto el mapache y se retiró dejando sola a Sango quién sentía una opresión en el pecho sin tener culpa de nada.

Kirara había estado pendiente por si acaso Hachi se descontrolaba y al ver que no pasó nada deshizo su transformación y se acercó a los brazos de su dueña, pasaron unos minutos más en el jardín y luego regresaron a la aldea.


Mientras en la aldea Kagome se dio cuenta que el sol estaba poniéndose en lo más alto, con lo cual confirmaba que era justo el medio día, así que puso en marcha su plan acercándose al Lord que tenía de huésped ocasional en su sala.

-Disculpa Sesshoumaru.- Le dijo poniéndosele de frente y con voz tierna. El aludido solo alzó sus soles en el encuentro con los mares que ella poseía.

Al ver que el peliplata le ponía atención continuó con si diálogo.

-Lo que pasa es que me hace falta algo importantísimo para la cena de esta noche, InuYasha es el que usualmente va por este tipo de encargos y como no está pues… pensaba si tu podrías hacerme ese gran favor… ¿Qué dices?- Le regaló una sonrisa con fingía sinceridad.

El youkai suspiró casi inaudiblemente, al parecer de ésta no podría escaparse…

-¿Qué es lo que tengo que hacer?

La azabache sonrió más ampliamente.

-Lo que pasa es que me falta el ingrediente principal para el plato fuerte de la cena de esta noche, sólo se consigue en la aldea que está al sur, detrás de la montaña…-Esperó reacción del Lord pero no obtuvo nada, por lo que continuó.- Es donde vive el hanyou jinenji, son unas hierbas llamadas Kunominas, dan un sabor exquisito al platillo que haré, ¿podrías traerme varios racimos frescos de ellas?- Juntó sus manos a forma de súplica esperando la respuesta del youkai.

Sesshoumaru no entendía porque tanta necesidad de esas estúpidas hierbas, claro que sabía de ellas porque alguna vez en su Palacio comió un platillo preparado con aquellas dichosas hierbas y efectivamente daban muy buen sabor a los alimentos, pero… eran difíciles de conseguir, incluso en la región donde crecían (que justamente era en la montaña donde jinenji vivía) pero era peligroso ingerirlas si las cortabas mal o el estado no era el óptimo.

-Andando.- Le dijo a la sacerdotisa mientras se ponía de pie.

-Eh… este… ¿podrías ir tú solo?- Sesshoumaru prefería llevarla consigo porque así evitaría el tener contacto con el hanyou.-Lo que pasa es que tengo que ir a mi época, ahí deje el gran pastel que compre para nosotros, no podía traerlo antes porque me dijeron que lo tendrían listo para hoy en la tarde, así que iré por él mientras tú vas por eso, ¿está bien?

Sesshoumaru lo pensó un poco, había probado un pastel en la fiesta de Rin, esa cosa esponjosa sabía deliciosa, eso lo ponía a dudar.

¿No pastel o convivir con un hanyou un pequeño rato?

Definitivamente pastel.

Lentamente comenzó a retirarse, con lo cual Kagome sonrió gustosa a su espalda porque todo salió a la perfección.

-No dejes sola a Rin.- Fue lo único que mencionó el youkai antes de irse.

Kagome fue por la niña para llevarla a casa de la anciana Kaede. Al salir de la cabaña de la anciana Kaede vio como Sango llegaba a la suya, venía con un semblante algo triste así que como tenía un poquito de tiempo de sobra fue a preguntarle por su estado.

-¿Qué pasa Sango?- Preguntó tomándola por el brazo.

-No es nada Kagome.- puso una sonrisa en su boca.- el paquete está entregado, deberías darte prisa.- a Kagome eso no la convenció de nada, pero no insistiría por esta vez…

-Está bien, gracias ¿no tuviste problemas?- preguntó acariciando a Kirara que aún estaba transformada.

-No ninguno, pensé que Kirara no lo podía localizar pero cuando volvió al amanecer supe que no hubo ningún problema.

-Me parece perfecto, entonces me voy.

-Humana, ¿A dónde vas?- Se acercó Jaken seguido de Ah-Un.

-Siempre metiéndote en lo que no te importa…- Dijo Kagome con molestia de saberse espiada.

-Te recuerdo que el Amo ha dicho que no debes alejarte de aquí, no seas rebelde como esa chiquilla, de seguro tú la hiciste así…

Y Jaken recibió un pequeño golpe en la cabeza con lo cual quedó tendido en el suelo.

-Ya vete Kagome, antes de que se te haga más tarde.

-Si amiga, gracias.- Sonrió y corrió rumbo al pozo devorador de huesos para volver a su época.


La humana de ojos azules había pasado a casa de su madre a cambiarse ya que traía un kimono, muy usado en el Sengoku pero algo raro en el presente. Se puso una falta con corte de cola de pato color rosa pálido, el corte por enfrente era a la rodilla y lo de atrás llegaba hasta los talones, su blusa ajustada, blanca y un poquito arriba del ras de su falda combinaba perfectamente con ella y los zapatos blancos de tacón seguido que calzaba, su cabello negro y lacio lo llevaba suelto y bailaba al compás del viento. Y así corrió al encuentro con su amor soñado.

Mientras tanto, una figura alta, delgada, algo fornida y con cabellera plateada estaba de espaldas a las orillas de un pequeño lago, no muy alejado del templo donde la familia de su amada residía. Se encontraba en el pequeño y viejo puerto de madera roída, sintiendo en sus pies la suave arena que rodeaba en esa parte el lago.

No pasaron más de diez minutos cuando olfateó el aroma de su cabello acercarse, el viento lo había traído hasta él para hacerlo feliz.

-Mi amor.- Su voz armoniosa se escuchó a sus espaldas y volteó a verla, como siempre se sorprendía de la belleza de la dueña de su cariño, tan parecida a Kikyo y tan alejada de la personalidad de ella.- Sango me dijo que Kirara no te localizaba y me preocupé mucho.

Llegó hasta él e InuYasha extendió los brazos a sus costados esperando por ese menudo cuerpo que lo hacía suspirar.

-Pues aquí estoy, obviamente me dieron tu recado.- Y ella también estiro los suyos pero al cielo.

En ese momento InuYasha la tomo por la cintura, la alzó y le dio unas vueltas pero antes de ponerla en la arena, aun la alzaba pero pegada a su cuerpo, le dio un casto beso y la bajo lentamente, ella seguía con sus manos alrededor del cuello del peliplateado.

Y se besaron más.

Mientras lo hacían él la llevaba lentamente hacía un lado. Entonces ella se apartó.

-Espera, ¿a dónde vamos?- Preguntó aun sujetando su mano.

-A… a un lugar, por aquí cerquita… escondidito…-él se acercó y le dio un beso en la mejilla.- ven, vamos…- Y caminó dos pasos jalándola un poco con su mano.

Ella sonreía en todo momento. Pero no se dejó llevar y se hizo hacía atrás.

-No, si no me das un beso no voy.- se vieron a los ojos.- te lo juro.

Entonces él se acercó, retiró su mano de la de ella para tomar su cintura y plantándole un apasionado beso la abrazó.

-Me estas convenciendo.- le dijo ella entre besos.

-¿Me vas a acompañar?-la besó más.

-Si.- suspiro y le correspondía los besos.-Así si voy.- y rió fuertemente mientras él se separaba de ella volviéndola a tomar de la mano para conducirla a aquel lugar.

Caminaron por la orilla del lago mezclándose entre los árboles, el viento mecía las cabelleras de ambos y se mezclaban en un perfecto baile que combinaba perfectamente ambos colores haciéndolo ver maravilloso.

Trotaban, se abrazaban, sonreían y se besaban a cada instante.

Ya habían caminado un poco cuando en un claro entre los árboles, él la tomó cargándola a modo de princesa y le daba vueltas mientras sonreían.

A la sombra de un árbol él se quitó la cachucha que escondía sus orejas de perro y se la puso a ella. Se besaron más y luego él cubrió los ojos de ella para llevarla a aquel lugar que hacía poco que había visto.

-¿ya?- Preguntó ella después de varios metros de caminar así.

-Ya casi, ya casi.- le aseguró él, aun a su espalda con sus manos en sus azules ojos.- Unos cuantos pasos más y ya llegamos.- ella reía.

De repente él bajo sus manos para ponerlas en su cintura dándole un abrazo, ella abrió los ojos y se maravilló con lo que veía.

Era nada más ni nada menos que un pequeño rio, aquel rio que alimentaba el lago, era poco profundo y había pequeños cúmulos de rocas que fungían como pequeñas cascadas, en todo el lugar había flores y arboles adornándolo.

-Este lugar está increíble.- se volteó a él para besarlo.- me encanta.

-¿Te gusta?- la abrazó de frente.

-Si…

-Pues te traje aquí para que… nos olvidemos de todo.- y la besó, amaba esos labios.

-Pues es a mí a la que le cuesta trabajo que nos olvidemos de todo.

-A ver, te propongo algo, solamente estamos tu y yo, entonces… vamos a olvidarnos de nuestros problemas.- Y se besaron más.

Después se acercaron más al río, justo en la orilla, él abrazándola por la espalda y ella sujetando sus brazos para que nunca la soltara.

-Así…- Comenzó a decir ella.- Así me siento la mujer más feliz del mundo, en tus brazos me siento protegida, siento tu fuerza.

-Quédate en mis brazos para siempre, te voy a proteger, te voy a cuidar.- Le besó la mejilla.

-Eres mi vida InuYasha.- giró su rostro para verlo a la cara.- te amo tanto.- pegaron sus frentes tentándose a un beso que no se dio, sin embargo Kagome se giró para quedar frente a él y ahí sucedió el beso.

-Me encantan tus labios...- le confesó él para volverla a besar.- tu olor, me fascinas Kag, me fascinas.- la abrazaba con fuerza y acariciaba su espalda para luego darle otro beso.

-Soy tuya mi amor.- le aseguró viéndolo a los ojos.- Nunca dudes que soy completamente tuya, para siempre.

-¿para siempre?

-Para siempre.- le sonrió.

-¿Prometido? – alzó la palma de su mano y ella la tomó.

-Prometido.

Después de eso no dejaron de besarse con pasión, lentamente ella removió su haori, acarició su pecho mientras el recorría su cuello, luego comenzó a desabotonar su blusa y la retiró, deleitándose con lo poco que veía, sin embargo era lo más que había visto de tan cerca, comenzó a besarla y a acariciar su estrecha cintura, recorrió su espalda y empezó una guerra con el brasier que no se dejaba ser removido, ella sonreía entre besos porque nunca pensó que una prenda íntima venciera la paciencia de InuYasha, luego simplemente sintió como con una de sus garras simplemente cortó la tela de la prenda, él llevó sus manos a los delicados hombros de esa mujer y recorrió los tirantes para dejarlos caer, la temperatura tiñó de rojo las mejillas de la azabache porque siempre dudó de que su cuerpo complaciera a su amado, pero él seguía deleitándose de ver sus perfectos pechos, él se saboreó la lengua y con una mano en la nuca de ella comenzó a besarla, llevando la otra a su pecho derecho para acariciarlo.

El miembro de InuYasha se ponía cada vez más duro y comenzaba a molestarle. Lentamente y con una maniobrabilidad increíble se deshizo de su hakama quedando totalmente desnudo. Kagome se sonrojó más al darse cuenta de aquello pero no dejaba de besarlo, se sentía cada vez más y más excitada.

InuYasha calmó un poco el beso para bajarle la falda que afortunadamente era de spandex y sala fácilmente, se deleitó cuando recorrió con su vista las piernas de Kagome, lucían tentadoras.

Ella solo tenía su pequeño bóxer puesto y después de mucha temperatura en su cuerpo, se retiró un poco de InuYasha y comenzó a quitárselo lo más sensual que pudo y así desnuda y haciendo gestos sensuales con su cuerpo, comenzó a caminar y a adentrarse al río que afortunadamente no bajaba con rapidez. Él seguía sus pasos admirando sus glúteos contonearse eróticamente en un vaivén de sus caderas. Lo estaba volviendo loco.

Se pararon justo debajo de una de las pequeñas cascadas, dejando que el agua les masajeara los cuerpos. El peliplata la abrazó por detrás topando su virilidad con su trasero, perfectamente lista para cualquier cosa.

Ella parecía algo tímida a las caricias, jamás había experimentado algo así.

Entre beso y beso, recorriendo un poco el rio hasta llegar a un lugar cerca de la orilla donde pudieran acomodarse, ella fue tomando confianza y de un jalón él la levantó y ella se agarró de las caderas de él con sus piernas. Se vieron a los ojos por un instante, donde él le preguntaba con la mirada si quería continuar, ella no mostro duda en sus ojos, lo cual fue respuesta suficiente para que él se introdujera lentamente en ella.

Y así comenzó la lucha impasible de sus cuerpos por saciarse de todas aquellas caricias que despertaban sus instintos y de aquellos besos que nunca culminaron en algo así de pasional.

Kagome no dejaba de jadear y de gemir levemente por todas las sensaciones que jamás había experimentado y que no tenía duda de que quería sentirlas por primera vez con el que consideraba el amor de su vida.

InuYasha por su parte se deleitaba con las expresiones, con los sonidos de la azabache, todo lo excitaba más, sus besos, su lengua peleando con la suya por ganar control en su boca, sus perfectos pechos haciéndole caricias mientras subían y bajaban al ritmo que su miembro se encargaba de buscar más pasión dentro de ella.

Minutos de intensa pasión y erotismo pasaron antes de que Kagome no pudiera resistir más y sintiendo como era penetrada, acariciada y besada con insistencia tuvo un orgasmo que le estremeció la piel, le entumió sus extremidades y provocó que InuYasha eyectara su semilla dentro de ella. Al terminar de que sus cuerpos volvieran a templarse a su estado natural, InuYasha salió de ella con cuidado dejándola bajar sus piernas, se vieron a los ojos y con un casto beso se abrazaron por unos segundos antes de salir del agua.

Se suponía que ninguno de los dos debería estar ahí… pero no importaba.


Tu cara me lo dice todo,
en silencio me hablas de algún modo…
algo no te deja ser feliz.
(Inspirado en Sesshoumaru).


ACLARACIONES!

Lo sé, lo sé… es increíble que lo haya sacado en menos de una semana, pero se los debía por tanto esperar. Este capítulo me costó mucho trabajo escribirlo n.n pero me quedó lo mejor que pude hacerlo, espero lo hayan disfrutado tanto como yo, de hecho es el que más me gusta de los que he escrito, después queda el de la fiesta de Rin. Ustedes opinen, ¿les gusto? ¿Qué creen que pasara en la historia?

REVIEWS!

Me hacen tan feliz dejándolos *-*

Rossmysess: Asi es querida, sigo viva haha, lo que decía la nota creo que quedó bastante claro en este capítulo, ¿no crees? Pero no hay que cantar victoria que esta escena aun no acaba, Kagome no lo citó para hacer el amor, lo cito para otra cosa xp y nomas porque me lo pediste bien tierna… te hice otro cap :p

LadyMadalla-Selene: Pues el vínculo con InuYasha volvió a tomar fuerza, apuesto a que no te lo esperabas? :p y si, búscate una frase y la pondré aquí según el personaje al que le quede mejor. Saludos y más besos!

Tifani Taisho saiyan: Pues el cumpleaños de Kagome ya llegó nada más que ella no se va a un a festejarlo n.n espero que no te haya hecho esperar mucho y que también este te gustara.

Nurarihyon Kou Taisho: Al parecer eres una de mis nuevas lectoras y de las pocas valientes en dejar review n.n que bueno que te guste, de hecho este capítulo lo hice aún más descriptivo. El motivo no es solo uno, ya deje implícito uno durante capítulos anteriores. Y si, ya le estoy poniendo drama y no solo a nuestro trio principal sino también a la pobre Sango que ni culpa tiene.

Daniela M: Haha si, el instinto de mujer nos ha salvado a todas por lo menos mil veces hahaha.

: Aquí la tienes!

Onna Bugeisha T: Casi casi, a Kagome le está yendo bien con las mentiras… por ahora :p

Raquel Cisneros Taisho Okumura: Si tú no te preocupes, igual cuando se pueda, yo entiendo hehehe, ojala te siga gustando!


18/09/15