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No le fallaba nunca. Si soltaba la amenaza, ella se arrepentía al instante. No podía abusar, claro. Debía de ser cuidadoso con el número de ocasiones y sólo, solamente, utilizarla en la situación adecuada.

Porque el carácter de Pellona era en extremo volátil. Sus gustos, incluso sus temores, eran caprichosos.

La estrategia recaía en hacerle creer que se trataba de un comentario casual, en una oportunidad también casual, como se hojea una revista de forma desinteresada.

Fue cuando observó a la chica fantasma encaminarse hacia él con una desenvoltura apabullante que cerró el periódico y le ofreció toda la atención de su persona, realizado al saberse autor de sus inquietudes.

-¿Qué quieres?

La muchacha había arrugado el gesto, todavía insegura de cómo expresarse. Estaba decidida a plantarle cara. Ella podía hacerlo, ¿por qué debía de amedrentarse ante aquel hombre?

Tomó aire, antes de soltarlo en una exclamación.

-¡No voy a necesitar ningún "Clean Beauty","Succefull diet", "Beautifull princess" ni ningún "Magic Skin"!

El reproche implícito en sus palabras no perturbó la impasibilidad del Shichibukai, quien volcó su mirada de nuevo al diario, fingiendo que leía.

Pellona, en un lenguaje corporal que indicaba a las claras hallarse a la defensiva, arqueó además una ceja.

-¿Por qué? Parecías muy entusiasmada-indagó el mayor con olímpica falta de interés, como si aquello no lo involucrara en lo más mínimo.

-¡Es obvio!-sentenció indignada, cruzándose repentinamente de brazos y ladeando el rostro, ofendida- ¡Todos esos programas son misteriosos!

-Oh, es eso-dijo, recordando la conversación que tuvieran la noche anterior sobre envíos con resultados macabros y el libro que le recomendara ,"La pata del mono", como lectura nocturna, a la que sabía, su ingenua curiosidad no podría resistirse- No considero que los productos que nombras puedan relacionarse de alguna manera con un fin oscuro. Además, asegurabas que aquel programa de venta por teléfono era de confianza.

-¡No hables de cosas que no sabes!

El aludido dio vuelta la hoja que fingiera leer.

-¿Y qué harás? ¿Ya no te preocupa tu belleza femenina?

-¡Soy una belleza sin usar esos productos!

¡Insolente! ¿Por qué se afanaba en hacerla rabiar?

Como Mihawk no respondiera, la pelirrosa giró sobre sus pies, aireada y altiva.

-¡Eso es todo!¡Me voy!

Y el moreno oyó el portazo retumbar en la sala, sabiendo que al cabo la muchacha volvería con algún otro antojo publicitario.

Debería entonces recrear una conversación casual para una oportunidad también casual.

Jamás nadie se había enfrentado a un dragón con tantas cabezas.


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Moría por agregar esto: De alguna forma él era el príncipe, y ella, su princesa caprichosa.

No queda bien en el fic, pero se me antojó tierno (L)