Disclaimer: Todo personaje o situación parecida o igual a los libros pertenecen a J.K. Rowling, Warner Brothers, Salamandra y demás, no intento ganar nada con esta historia excepto unos buenos comentarios…

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Resumen: "Tú estuviste ahí para mí cuando yo más lo necesité, ahora yo estaré ahí porque tú me necesitas". Un accidente inesperado une a Harry y a Hermione, lo que ellos no sabían era cuánto los iba a unir…

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Oscuridad

La noche estaba tan fría y tan quieta como todas las demás, el único sonido perceptible el de la lluvia que caía a torrentes en las afueras del lugar, delatando que sí existía un mundo más allá de las paredes que le rodeaban.

El agua penetraba desde la única ventana enrejada a lo alto de la corroída pared de piedra, pequeños chorros resbalando por la irregular superficie hasta llegar al curtido piso de piedra donde se formaba un mugriento charco.

La luz de la luna se colaba por entre las rejas y caían sobre la desvencijada cama donde un hombre tiritaba hasta los huesos. A primera visa sólo parecía un bulto de cobijas sucias amontonadas en la esquina de la celda sobre la maltrecha cama, pero si se veía más de cerca se distinguía una larga, pálida y contrahecha cara que sobresalía del montón. Una extraña mueca, que en otro tiempo podía llamarse una sonrisa, adornaba su rostro y un extraño brillo en sus ojos le daban un aire de maniático a su dueño.

Antonin Dolohov temblaba mientras sostenía un pedazo de papel en sus manos, pero no era el frío lo que lo hacía temblar, sino la emoción que sentía en el momento la causante de ello; trató de calmarse porque un cambio tan radical en su estado de ánimo podría alertar a las viles criaturas que lo custodiaban y podría arriesgar a que se descubriera todo el plan.

Respiró profundamente y releyó la carta que sostenía en sus temblorosas manos todavía sin creer el contenido de ésta.

Querido Antonin:

Escribo con muy buenas noticias querido hermano mío, para darte un poco de cordura y mantenerte en la tierra bien despierto.

Hoy fue la reunión en el Ministerio de Magia y todo está a nuestro favor. Granger es débil y así lo percibió la persona que nos entrevistó. Dijo que nunca antes habían tratado en el ministerio con un caso como éste, pero debido a mi petición harán una excepción. Si Granger continúa comportándose así la niña será nuestra y en un futuro todos podremos rendirle pleitesía a una nueva dama oscura. El único problema es Potter, quien al parecer dará la lucha porque Granger conserve a Joan. Hay que ser muy precavidos con todo y nadie, absolutamente nadie se puede enterar de esto. Yo me encargaré de Potter a su debido tiempo. Te mantendré informado, mis mejores deseos,

Siringe

Un horroroso sonido lo sacó de su fantasía y miró hacia el frente. Parado al otro lado de las rejas había una criatura que a la sombra parecía un humano, pero visto de cerca se notaba su rancia piel resquebrajada y sus ojos parecían dos perlas negras que brillaban con malicia.

Dolohov tembló esta vez pero no de emoción ni del frío, era de miedo puro, la única sensación que las alimañas le provocaban.

-Los guardias me informaron que te notaron bastante... contento esta última hora¿puedes decirme a que se debe eso? –preguntó con una voz áspera, como si hace mucho tiempo no la usara.

-A nada –tartamudeó Dolohov una vez encontró su voz. La criatura entornó los ojos disgustada y abrió la boca, pero en vez de salir palabras de ella un grito desgarrador cortó la noche y retumbó en las paredes de la prisión. Dolohov se llevó las manos a los oídos pero el sonido le perforó los tímpanos y un terror sin igual se apoderó de él. Definitivamente prefería a los viejos guardias de Azkaban, los dementores, a estas bestias que habían creado en el Ministerio para mantenerlos bajo control.

- ¿Qué tienes ahí? –gritó la criatura con la misma voz áspera y Dolohov soltó el papel. Éste quedó suspendido en el aire y luego flotó hacia la criatura que extendió su putrefacta mano y la cogió con brusquedad-. ¿Una carta, eh? A mi no me importa quien seas ni que familia tengas, jamás permitiría a un prisionero trato especial, así sea una carta.

Querido Antonin:

Escribo con muy buenas noticias querido hermano mío, para darte un poco de cordura y mantenerte en la tierra bien despierto.

Joan ya empezó a caminar y está dando señas de querer hablar. Le muestro viejas fotos tuyas y sonríe al señalarte, parecer que le agradas. Ojala pueda conocerte algún día. Te mandaré una foto suya en otra oportunidad. Mis mejores deseos,

Siringe

El guardián de los prisioneros soltó un alarido que al parecer era una carcajada y arrugó el papel tirándolo por entre las rejas a su dueño.

-Estúpidos humanos –murmuró y se alejó de la celda.

Aún temblando, Dolohov no pudo detener la sonrisa que se formó en su cara y se alegró del gran poder de su hermana. Todo marchaba sobre ruedas, pensó y su cara volvió a parecer la de un maniático; si todo salía de acuerdo al plan, la oscuridad reinaría de nuevo sobre ellos, y esta vez ni Potter podría vencerlos.

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Hermione despertó con un sobresalto. Su corazón palpitando fuertemente en su pecho, miró hacia la cuna donde Joan dormía plácidamente. Había soñado que Siringe lograba quitarle a la niña y cuando ella trataba de alcanzarla la mujer crecía cientos de metros y elevaba la mano donde sostenía a la bebé mientras se burlaba de ella.

Se dejó caer nuevamente en la cama y miró al techo mientras ponía sus pensamientos en orden.

La reunión había sido horrorosa y en el momento todo estaba a favor de su suegra. Aunque la señora Fudge había sido amable con ella, Hermione había estado muy nerviosa, y entre más trataba de mostrar que ella era capaz de criar a su hija sola, más metía la pata y peor quedaba ante la mujer.

Siringe le había tendido una trampa: la había declarado ante la señora Fudge mentalmente inestable debido a los sucesos ocurridos en los últimos meses (aunque dijo que desde la guerra con Voldemort ya había sufrido muchos daños), por lo tanto incompetente y un peligro para Joan; había mostrado sus cuentas bancarias donde salía que estaba en bancarrota (esto la sorprendió porque el dinero que había heredado de sus padres estaba en bancos muggles y no entendía cómo había tenido acceso a ellos, además del dinero que Hermione conservaba en Gringotts); y por último, el peor de los golpes y el más bajo, una carta a puño y letra de Kevin donde decía que si algo llegara a pasarle a él quería que su hija estuviera con la señora Dolohov y todo su capital lo heredaba la bebé y sólo ella.

Ante esto Hermione había estallado porque ella y Kevin habían hecho sus testamentos juntos cuando la niña nació donde estipulaban que si algo llegara a sucederle a alguno de los dos la niña obviamente quedaría en manos del padre que estuviera vivo y el dinero sería para ambos. Pero lo que la dejó sin palabras fue cuando Siringe sacó el testamento de Kevin donde decía lo mismo que la carta que anteriormente había mostrado.

Incrédula, Hermione tildó a su suegra de mentirosa falsificadora de todo lo que sostenía y mostraba, pero ella, con su mirada venenosa, sólo dijo que si no creía en nada de eso que lo probara al instante. Y así Hermione se comunicó con la gente que le pudiera dar razón, y al cabo de unas horas se sentó sintiéndose derrotada una vez toda esa gente le hubiera rectificado lo que Siringe había mostrado.

Nuevamente explotó y la acusó de haberla engañado de esa forma para quitarle a Joan, y la única reacción que obtuvo de ella fue una ligera sacudida de la cabeza.

-Te lo dije, no está muy bien desde que mi hijo murió, y es comprensible –murmuró Siringe a la señora Fudge fingiendo pesar.

- ¡Basta ya! –gritó Hermione pegando un puño a la mesa y sobresaltando a las dos mujeres. Pirra la miró sorprendida pero Siringe se recompuso rápidamente y trató de ocultar una maliciosa sonrisa en sus arrugados labios.

- ¡No estoy mal de la cabeza y no estoy en quiebra; esa mujer miente!

-Señora Granger, creo que la evidencia es bastante sólida y...

- ¿No entiende? –Interrumpió Hermione bruscamente alarmando a la mujer-. ¡Ella me quiere hacer ver como una loca sin nada para quitarme a mi hija¡Siempre me ha odiado y ahora que Kevin no está me quiere quitar lo único que me une a él!

-Yo sólo quiero lo mejor para mi nieta, Hermione –dijo la mujer nuevamente fingiendo pesar- y yo sé que tú quieres lo mejor para ella también.

- ¡Lo mejor es que esté conmigo! –Gimió Hermione al borde de las lágrimas y agregó-: es todo lo que me queda.

-Ya, ya –dijo Siringe dándole dos palmaditas en el hombro tratando de ocultar la repulsión que sentía al hacerlo.

-Creo que es mejor dejar las cosas así por hoy –dijo Pirra Fudge tratando de parecer calmada-; es mejor reunirnos de nuevo cuando esté menos alterada señora Granger.

Ella y Siringe se levantaron pero Hermione permaneció sentada tratando de recobrar la postura. Las otras dos mujeres se despidieron y Siringe abandonó la oficina sin una mirada atrás.

- ¿Está usted bien¿Quiere algo de tomar? –preguntó amablemente la señora Fudge poniendo una mano sobre el hombro de Hermione. Ella salió de su ensimismamiento y se paró lentamente.

-No, muchas gracias, así estoy bien –dijo sin mucho convencimiento y se dirigió a la puerta.

- ¿Señora Granger?

- ¿Sí? –volteó Hermione con la mano ya en la perilla de la puerta.

-Sé que usted es una gran mujer y una gran bruja, pero si no puede contrarrestar todas las pruebas que Siringe trajo hoy tendré que darle a ella la niña. Todos queremos lo mejor para la menor.

-Sí, lo comprendo –balbuceó Hermione-, gracias.

-Estaré en contacto con usted –agregó la mujer y Hermione asintió con la cabeza antes de girar el pomo de la puerta y salir de la habitación.

Parpadeó tratando de enfocar su mirada nuevamente en el techo. Llovía copiosamente afuera y la humedad hacía que el calor fuera insoportable. Se quitó las sábanas de encima y se levantó de la cama. Con una breve mirada a su hija, quien dormía como un lirón, salió de la habitación.

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El calor era tan infernal que Harry tuvo que quitarse la camisa para no morir sofocado. A pesar de los hechizos refrescantes que había aplicado en la sala el calor no lo dejaba dormir, aunque esto no era la causa principal de su desvelo. Miles de pensamientos rondaban por su cabeza mientras yacía recostado en la cama que conjuraba cada noche para dormir, su mirada perdida en el techo y su brazo bajo la nuca para mayor comodidad.

Hacía unos día que su máxima preocupación era si el cuarto que estaba adecuando para Hermione y Joan sería lo suficientemente grande para ellas, y ahora le parecía algo muy insignificante a comparación de lo que estaba sucediendo en el momento.

Su vida había cambiado drásticamente en el momento en que contestó esa llamada, pero a pesar de eso no se arrepentía de ninguna decisión que había tomado.

Claro, había tenido que cambiar su estilo de vida y adaptarse al nuevo, pero no había nada en el mundo que no estuviera dispuesto a hacer por Hermione. Ella era su mejor amiga y aliada, y después de todo lo que ella había hecho por él a través de los años, eso no era nada. El problema era que tratar de adaptarse a vivir con su mejor amiga y su hija requería de muchos sacrificios, muchos de los cuales estaban perjudicando varios aspectos de su vida.

Por ejemplo, no podía llevar citas a su casa, de eso no cabía duda, pero pensaba que ir a la casa de sus citas no era grave, claro está que pensaba eso antes de que en una ocasión Hermione misma llegara a la casa de una cita y los interrumpiera a él y a su acompañante en una situación comprometedora, todo porque no había avisado que no iría a casa a dormir.

Harry entendía que después de cómo habían sido sus vidas y cómo Hermione había perdido a su esposo estuviera algo paranoica, pero ese no fue motivo suficiente para que no se disgustara en el momento. Eventualmente lo superó y el tema no se volvió a tocar. Él también empezó a llamar cada vez que no fuera a llegar.

En más de una ocasión Hermione y él habían discutido acerca de la mudanza de la primera de su casa, pero Harry nunca la dejaba terminar porque le parecía absurda la idea. Hermione le había confesado que se sentía como una invasora y luego del episodio en la casa de la muchacha con la que había salido Harry ella pensó más que nunca en que le estaba arruinando su vida.

A pesar de no haber vuelto a salir con una mujer en casi seis meses, o de hacer las cosas que solía hacer en la comodidad de su casa cuando vivía solo, Harry había descubierto que le gustaba vivir con sus nuevas "inquilinas". Le agradaba levantarse y ver a Hermione todos los días en la cocina tomando café o en el cuarto de Joan atendiendo a su hija, y le gustaba pasar el tiempo con la pequeña que le alimentaba cada vez más la idea de querer ser padre en un futuro.

Por supuesto que él no compartía estos pensamientos con Hermione, ya fuera por vergüenza, ya fuera por miedo a asustarla a ella, Harry se quedaba con esas ideas para sí mismo, y no se las contaba a nadie más.

Había descubierto que tenerlas a las dos en su casa llenaba el vacío de una familia que nunca había tenido, y una que anhelaba tener. Deseaba fervientemente que sus hijos se parecieran a Joan, y que su esposa (aunque esto ni se lo admitía a si mismo) fuera como Hermione.

Por esto siempre había envidiado a Kevin, como muchos años antes había envidiado a Ron, por tener una hermosa familia. Cuando se quedaba en casa de Hermione para ayudarle a ella y a Kevin con Joan, Harry veía la forma en que se llevaban entre ellos, y no podía reprimir los celos que lo invadían cuando los veía tan unidos, tan contentos...

Aun así era feliz por ellos, porque él sabía que ambos lo merecían, y a diferencia de cuando era pequeño y ansiaba unos padres y hermanos como los de Ron, ésta vez sí era posible tener una esposa y una hija así; lo único era encontrar a la mujer adecuada para ser su pareja de por vida.

Y mientras esperaba a esa mujer, Hermione y Joan llenaban esa ilusión en su ser y lo hacían feliz, por lo que sacrificar todo lo que había sacrificado valiera la pena... hasta ahora, porque todo cambiaría otra vez.

Un ruido particularmente fuerte en el salón de juegos que tenía lo trajo de vuelta a la realidad y se sentó muy recto en su cama mientras aguzaba el oído y tomaba su varita. Se levantó procurando no hacer ningún ruido y se dirigió al cuarto de donde provenían los ruidos. Cuando había oído ruidos antes pensó que sólo era Hedwig entrando y saliendo por las ventanas de la casa, como le gustaba a la lechuza hacer todas las noches, pero ella nunca hacía ruidos tan fuertes como el que acababa de escuchar.

Una oleada de aire fresco (producto de los hechizos) le acarició su espalda y pecho desnudos y agradeció el agradable cambio del de la cama caliente que había abandonado momentos antes, sintiéndose más despierto y alerta que antes. Así llegó al lugar y con mucha cautela se asomó un poco para mirar la fuente del ruido.

Se sorprendió al ver a Hermione de espaldas a él y frente al pequeño bar que tenía en la esquina derecha de la enorme habitación. Junto al bar había un cómodo sofá negro con una mesita al frente, y sobre ésta había una botella de vino vacío. Harry arqueó una ceja y su vista se posó de nuevo en Hermione quien acababa de voltear con una vaso lleno hasta el tope de lo que al parecer era whisky de fuego.

-¡Harry! –exclamó Hermione llevándose la mano libre al corazón y el contenido en el vaso se regó un poco-. Vaya que susto me has dado. Caminó torpemente hasta el sofá y se dejó caer en él regando más whisky.

-Hermione¿pero qué es esto? –preguntó ligeramente enojado caminando hacia la mesita y tomando la botella vacía en sus manos.

-Una botella –repuso ella como si le pareciera ridícula la pregunta y acto seguido tomó un sorbo de su trago.

-Sé que es una botella –dijo Harry algo irritado-, lo que no entiendo es qué haces tomando a esta hora. ¿Quién cuida de Joan?

-Está dormida –contestó ella simplemente y se dejó hundir más en el sofá.

- ¿Qué te está pasando? –exclamó Harry decepcionado y se sentó al borde del sofá junto a los pies de Hermione.

- ¿Qué me está pasando? –repitió ella poniendo su mano sobre sus ojos por un breve instante y cuando la retiró habían lágrimas sobre ellos-. Que estoy cansada de luchar, y ya no puedo más.

Harry la miró perplejo por unos momentos sin dar crédito a sus oídos y luego se acercó a ella y la cogió de los hombros.

- ¡Esta no eres tú¿Vas a dejar que te quiten a tu hija así no más, sin luchar? Y sobretodo a esa horrorosa mujer que tú muy bien sabes es una amante de las artes oscuras. ¿Vas a dejar que tu hija quede expuesta a todo ese mal?

Las lágrimas bajaron por la cara de Hermione, pero ésta se las enjugó furiosamente con su antebrazo y tomó otro largo sorbo del vaso.

-Eso es lo que Kevin quiere –contestó arrastrando las palabras-, te conté lo que decía la carta, y el testamento...

- ¡Tú sabes que fue Siringe la que los escribió¡Kevin jamás hubiera querido algo así!

Furiosa, Hermione se soltó de Harry y logró pararse del sofá a llenar de nuevo el vaso cuyos contenidos estaban en su mayoría regados en el sofá.

- ¡No! Esa era su letra, yo la conozco... Incluso, incluso usé hechizos de auten... auténticos... no, auten... bueno, tú me entiendes, y no salió nada. Eran de verdad –terminó con tristeza y dejó caer el brazo que sostenía el vaso a un lado.

Harry sintió su pecho oprimirse un poco al verla tan derrotada. Nunca antes la había visto en ese estado, ni siquiera cuando Kevin murió. Simplemente la esperanza había abandonado sus ojos. Se levantó y caminó hasta quedar justo frente a ella, los dedos de sus pies tocándose. Alargó el brazo y tomó el vaso de su mano. Hermione forcejeó un poco pero al final lo soltó y Harry lo puso sobre el bar. Ninguno dijo nada por un momento.

-Ella es todo lo que tengo –confesó al cabo de un rato Hermione, todo tono de embriaguez ausente en cada palabra, pero cada una impresa con dolor. Harry cerró los ojos un instante y luego los abrió apretando sus puños ligeramente para llenarse de valor. Se puso en una rodilla y tomó una mano de Hermione entre las suyas.

-Hermione Granger¿te casarías conmigo?

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N/A: Hola a todo aquel que haya soportado leer hasta el final. La verdad ni me disculpo porque sé que no hay palabras para tanta demora, sólo quiero decir que la vida se interpuso en el camino y me impidió seguir con esto. La verdad la vida sigue molestando y creo que el título describe más o menos como me siento ahora. No sé cuando pondré el otro capitulo pero ya estoy escribiéndolo, ya por fin volvió la musa también. Por cierto, he estado tratando de poner este capitulo desde hace días pero ff no me permitía hacerlo, no se porqué. En fin, ya se pudo así que... Gracias a todos los que leyeron el capitulo anterior y los que leyeron este. Espero sus comentarios.