Pasaron años desde el incidente pero las cosas no volvieron a ser del todo normales entre Inglaterra y su familia, sus hijos lo miraban de forma distinta ahora cada vez que se tenía que ir sabían el verdadero motivo. Intento explicárselo mil veces pero ellos no quisieron aceptar sus razonamientos aunque seguían queriendo a su padre no podían olvidar que les había mentido y no ayudaba el hecho de que fuera un corsario.

Alfred intentaba arreglar las cosas entre sus hijos pero daban pocos resultados, el también estaba enfadado de que Arthur les ocultara eso y que fuera un corsario, pero no quería que siguieran así.

Con el tiempo las cosas se suavizaron, entendiendo que lo hizo siguiendo órdenes pero en silencio le reprochaban que lo siguiera haciendo. Las cosas seguían igual, las colonias ya no eran niños sino adolescentes, más jóvenes que América pero ahora podían valerse por sí mismos. Cada uno tenía una residencia en sus respectivas colonias y vivían allí trabajando con el gobernador y otros funcionarios, pero venían a menudo a ver su padre.

Hasta que ocurrió algo que lo cambió todo.

Inglaterra caminaba furioso por el palacio, se encontraba en Dinamarca de visita diplomática. Había estado desayunando cuando le llegó una carta de su rey diciéndole que volviera a Inglaterra inmediatamente.

Extrañado leyó hasta que descubrió el motivo y sintió que veía rojo, esa rana como siempre tenía ir siempre a molestarlo, se disculpó con el danes diciendo que era una emergencia y recogió sus cosas para coger próximo barco que le llevara a su país.

Arthur camino por los pasillos hasta que llego a la biblioteca, un lugar amplio y espacioso con una gran chimenea, e interminables estanterías con libros, en los sofás de la estancia se encontraban dos naciones. Uno rubio con el cabello ondulado hasta los hombros y el otro pelirrojo como la sangre.

Como no, las serpientes se juntan por si solas, Pensó con rabia.

Escocia levantó la vista de su whisky y sonrió ampliamente a su hermano pero para los que lo conocían bien sabían que no era una sonrisa amistosa. A su lado Francia que estaba leyendo sonrió a Inglaterra.

—Arthur mon ami ¿como es que has vuelto tan pronto?—

—Es cierto hermanito ¿a que se debe esta desagradable sorpresa?—dijo de forma burlona Alistair.

Inglaterra sin decir nada cogió violentamente a Francia por la solapa de su elegante chaqueta y lo miro como si quisiera hacerle la peor de las torturas al francés.

—Tu...¿me has tomado por idiota verdad?—

—Hombre un poco si lo eres—rió Escocia, pero se levanto por si llegaba a mas y tuviera que detener al idiota de su hermano de golpear a Francis.

—Tú no te metas Escocia—Inglaterra en ningún momento apartó la mirada de Francis que no dejo de sonreír a pesar de esa muestra de violencia—Sé muy bien lo que pretendes al hacerte con los territorios británicos que tengo en América ¿crees que no lo sé?—

Francis con su sonrisa desagradable agarro las manos de Inglaterra y de un brusco tirón las aparto de su chaqueta, se la alisó mientras lo miraba condescendiente.

—¿Oh? ¿Y crees que tú no tienes la misma ambición? Si construí esos fuertes fue para proteger mis territorios de los grandes lagos y Louisiana, sé que tienes interés en mí Mathieu—

—Te lo advierto Francia ni se te ocurra acercarte a mis colonias—dijo Arthur aunque era verdad que él y sus jefes tenían interés en expansionarse—Y además has estado ocupando Ohio, Pensilvania y Virginia. Y construyendo varios fuertes.

—Bueno mi querido lapin tendrás que tener cuidado podrías perder a tu querido Amerique y tus...—pero se cayo cuando iba a decir (hijos), recordando que Alistair estaba allí. Puede que estuviera en conflicto con Inglaterra pero con Alfred y los pequeños no tenían nada en contra.

Inglaterra notando también lo que iba a decir decidió disminuir el daño—Escocia lárgate tengo asuntos que discutir con Francia—

El escocés enarcó una ceja, Francis se había cortado sin llegar a terminar la frase y por la reacción de Inglaterra el tampoco quería que lo dijera, fuera lo que fuera ninguno de los dos quería que Alistair se enterara.

Inglaterra siempre cerraba el tema con todas sus colonias pero en especial América, había oído rumores sobre este Alfred. Era la comidilla de las naciones, se decía que él y Arthur eran amantes desde hacia años. Eso podría explicar el por qué su hermano dejó de salir con otros y quien especialmente no se lo tomo bien fue Portugal el pobre se veía claramente triste y celoso.

—Vale lo que tú quieras, te espero esta noche en mi alcoba—le guiñó un ojo sugerentemente al francés quien le respondió con un beso en el aire.

—Allí estaré ma chère Ecosse—

Cuando la puerta se cerró y estuvieron solos Inglaterra lo miró con una mezcla de reproche y enojo.

—Espero que termines pronto, tu hermano no es muy paciente—

Inglaterra ignoró el estremecimiento de horror y asco ante la horrible imagen que se formó de la rana y Escocia juntos así que decidió ir al tema.

—Podrías tener más cuidado ¿no? un poco más y lo habría descubierto. Alistair junto con Brian son los que menos quiero que se enteren—

—Tranquilo Angleterre no lo he dicho he estado a punto de soltarlo pero al final no lo hecho—

—Bien pues no lo sueltes ni borracho es lo último que quiero, que se enteren ellos o las otras naciones—

—No seas tan paranoico los únicos que lo sabemos somos tu, yo, Canadá, además de tu rey y algunos peces gordos—

Arthur se tranquilizó los gobernadores de cada colonia sabían de ellos, eran los jefes de sus hijos, el primer ministro lo sabia también pero nadie más.

—Lo sé pero toda precaución es poca—las trece colonias cada una estaba personificada por separado, así eran más vulnerables a otros países que quisieran hacerse con ellos lo que lo llevo a otro pensamiento.

—¿Tú quieres hacerte con mis hijos? ¿no?—no era tonto sabía que a la rana le encantaría tener a sus hijos y a Alfred.

—No te voy a mentir tus petits son adorables y Alfred es tan guapo—

Inglaterra lo volvió a agarrar de la chaqueta, los celos lo invadieron—Escúchame, a Alfred lo dejas en paz rana pervertida—

—Oh, tranquilo soy un caballero no le haré nada si el no quiere—

—Rana ni se te ocurra acercarte a él...—

—Sabes me hace mucha gracia este espectáculo de celos que tienes, me parece curioso sobre todo por que cuando estas aquí estás retozando con Portugal, me pregunto como le sentaría al pobre Alfred si se enteraba—

Inglaterra se puso completamente pálido.

—No pongas esa cara de sorpresa me doy cuenta de estas cosas y ni tú ni Portugal lo sabéis esconder bien.

Arthur reponiéndose de la sorpresa lo miró lleno de ira y con ganas de matarlo—Escúchame rana como se te ocurra decirle a América me asegurare de que no vuelvas a ver jamás a Canadá—

—Sabes no deberías decir esas amenazas precisamente con lo que te he contado—sonrió triunfalmente ante la expresión de Inglaterra, aunque en verdad quería estamparle el puño en su rostro—Pero tranquilo eso no tiene nada que ver con el problema que ahora nos atañe y además no quiero que Alfred y sus petits sufran por que seas una oveja negra impulsiva—

Después Francis se separó del aturdido inglés y se dirigió a la puerta, luego tendría que ordenar que le arreglaran la chaqueta, necesitaría unos retoques por culpa de los arrebatos de la nación gruñona.

Cuando abrió la puerta le dijo una última cosa antes de irse.

—Tenemos que tener cuidado con nuestras acciones mon lapin por que pueden perseguirnos para siempre—

Después de decirlo dejo a un inglés solo y con el corazón encogido mientras meditaba en sus palabras.