Capítulo 7
En lo alto de un árbol, se encontraba Kintaro sentado comiendo una manzana roja, solía quedarse ahí a contemplar los alrededores, esperando encontrarse con cierta chica de ojos carmesí que no frecuentaba ver seguido desde que había comenzado su entrenamiento. Jamás hubiera imaginado que cierto ambarino, quien se mostraba tan dependiente de las fuerzas reales, hubiese decidido unirse a los Samurai de igual forma, aunque su entrenamiento no era el mismo, no podía evitar sentirlo como un rival que debía derrotar en todo sentido.
Suspiró, solía preguntarse si ella sería feliz con él, después de lo que habían hablado la última vez parecía que no era el caso y sólo estaban juntos por conveniencia, pero aún así seguían juntos. De sólo pensar que no era valorada por su esposo, sentía fuego en su interior, teniendo en cuenta que no había nadie como ella, si él estuviera en su lugar definitivamente la haría feliz todo el tiempo y nunca la haría sufrir. Porque Sakuno era como un diamante difícil de encontrar, era tan hermosa e inteligente que merecía mucho más de lo que tenía, aunque fuera una locura... comenzaba a sentirse atraído por ella.
No obstante, no podía odiar del todo a Ryoma, teniendo en cuenta que desde que le había dado la oportunidad de unirse a los Samurai Reales, su vida había tenido un giro de 360 grados, ya que ahora si tenía un lugar a donde llegar y no debía vagar por las calles buscando comida, porque comía con los demás cada día.
Además, gracias a él tenía la oportunidad de cumplir su sueño y entrenar con los mejores. Si bien los entrenamientos de Samurai podían ser duros, Kintaro siempre tenía toda la disposición para enfrentarlos y aprender de ellos. Quien hubiera imaginado que un tipo como él que solía mendigar en las calles de tenipuri y robar para conseguir dinero, ahora se encontraba en el castillo de Tenipuri entrenando para ser un samurai de verdad.
Aunque si lo pensaba bien, Ryoma no era del todo responsable de su nueva vida, ya que si hubiera sido por él, Kintaro se encontraría en prisión el resto de su vida por haberse atrevido a acercarse a su esposa, así que no había sido un acto de bondad como todos creían, sino que había sido obligado por la única persona a la que estaba eternamente agradecido, era la misma que solía invadir su mente gran parte del día y desvelarlo todas las noches, nadie menos que Sakuno.
Un delicioso aroma lo hizo despertar de sus pensamientos, no sabía de dónde provenía…pero podía sentirlo cerca. Al mirar a su alrededor, advirtió que Sakuno se acercaba luciendo un hermoso vestido rosa que le llegaba al tobillo con una cinta roja recogiendo su cabello.
Era su oportunidad para hablar con ella, considerando que Ryoma se encontraba en el entrenamiento privado, por lo que no se enteraría de lo que estaba ocurriendo fuera de él. Así que sin pensarlo, bajó del árbol de un salto y aterrizó a su lado, provocando que la castaña emitiera un leve grito que logró ser callado por su mano que le cubrió los labios.
—Soy yo, Sakuno-Hime. —La tranquilizó, viendo como ella asentía y la soltó. Un grito habría bastado para alertar a todos.
—K-Kintaro-Kun…me habías asustado.
—Lo siento, Sakuno-Hime. Es que me emocioné mucho al verte. —Sonrió con un leve sonrojo. —Por cierto ¿Qué es ese delicioso aroma?
— ¿Eh? ¿Te refieres a esto?—Preguntó, enseñándole una canasta que contenía obentos. —Había pensado en prepararle algo a Ryoma-Kun, ya que no está comiendo bien por el entrenamiento. —Sonrió. —Entonces creí que sería una gran idea prepararles a todos comida. Ten, también hay para ti.
— ¿Para mí?—Preguntó sorprendido, mirando el obento emocionado. —Se ve delicioso, muchas gracias.
—No es nada, espero que te guste.
—No puedo esperar por probarlo, por cierto ¿Lo has hecho tú?
—S-Sí.
—Ya veo, creí que no sabrías cocinar…no te ofendas, es sólo que pensaba que como en la realeza les daban todas las comodidades, no era necesario aprender a cocinar.
—No te preocupes, muchos creen eso. Quizás no debería haber aprendido, pero lo encontraba necesario.
—Es verdad.
—Bueno, debo llevarle a los demás. Nos vemos luego, Kintaro-Kun.
—Sí, nos vemos Sakuno-Hime. —Sonrió, esperando que fuera pronto.
La castaña se despidió con una sonrisa para dirigirse a la guarida de Seigaku, aunque no todos la conocía, ella sabía perfectamente dónde estaba.
Tocó la puerta nerviosa, nunca había ido sola a ese lugar desde que era una niña, esperaba no importunarlos. Entonces se abrió una pequeña ventanilla de madera, donde aparecieron unos ojos fríos que distinguió al instante.
—Shh ¿Quién es?
—Soy yo, Kaidoh-Sempai.
— ¿Eh? Shh Su majestad, no esperaba verla aquí.
Abrió la puerta instantáneamente para dejarla pasar. De seguro se encontrara ahí por el nuevo aprendiz, el rey engreído que se había unido a ellos hace un tiempo. Aun no podía tolerar que fuera una autoridad, siendo mucho más joven que él.
La condujo por el pasillo en silencio, comunicando que se encontraban en el horario de descanso, así que podía entrar sin problemas. "Esto es para ti, Kaidoh-Sempai" Le susurró la castaña nerviosa de su reacción. El chico de pañoleta verde la observó incrédulo, recibiendo el paquete que le entregaba, entonces se percató que no era nada menos que un obento.
—Esto es…
—Creí que tendrían hambre, considerando lo mucho que han entrenado. Espero que te guste.
—S-Su majestad no esperaba esto, no sé si podría recibirlo…ya sabe a lo que me refiero.
—Lo sé muy bien, pero espero que lo hagas. Les he traído a todos. — Esbozó una gran sonrisa, haciendo que él se sonrojara.
—Está bien, shh gracias.
—No es nada.
Kaidoh tomó la bolsa en sus manos para seguirla dirigiendo por el pasillo, mientras Sakuno miraba los alrededores nerviosa, cuando era pequeña temía de ese lugar, parecía una prisión rodeada de ladrillos fríos que no se podían distinguir bien producto de la oscuridad. Aunque el pasillo estuviera rodeado de antorchas, no podía evitar sentir su corazón latir a mil como si estuviera en peligro. Se sintió aliviada cuando supo que habían llegado, finalmente salían al exterior donde se encontraban todos los de Seigaku descansando en el césped. Tezuka estaba frente a ellos, tomando un poco de agua del pozo, mientras le hablaba sobre que harían en las próximas horas.
—Capitán, shh lamento interrumpir. —Habló Kaoru tras de él, haciendo que todos le prestaran atención atónitos. —Su majestad ha venido.
—Lamento interrumpirlo, capitán. —Se avergonzó la castaña, viendo como todos la observaban atónitos, incluso el ambarino se levantó extrañado, dirigiéndose hacia ella sin preámbulos.
—No interrumpe nada, Sakuno-Hime. —Habló Tezuka confundido, hace años que no tenían una visita de ese tipo. —Imagino que ha venido a ver a su esposo ¿Verdad?
— ¿Sucedió algo?—Preguntó Ryoma frente a ella, sudaba como nunca y su cabello se encontraba despeinado.
—N-No ha sucedido nada...—Susurró sonrojada, se veía más guapo de lo común. —Es sólo que preparé comida para ustedes. —Alzó la voz a los demás y les mostró la canasta. —Creí que tendrían hambre por el entrenamiento.
— ¿Es para nosotros?—Preguntó Eiji complacido, mientras todos miraban expectantes.
—Sí, para todos. —Sonrió.
— ¿Podemos recibirlo?—Preguntó Momo dudoso al capitán que parecía igual de sorprendido que todos.
—Sí a Echizen no le molesta.
—En lo absoluto, adelante. —Habló el ambarino, viendo como la castaña sonreía aliviada.
Se acercaron alegres, repartiéndose los obentos con cuidado, morían de hambre y estaban agradecidos por el gesto. Incluso Tezuka la miró complacido, por los duros entrenamientos nadie se dedicaba a comer, y eso era malo para su salud. Todos le agradecieron a la castaña y comenzaron a comer sin pensarlo, estaba tan delicioso que lo disfrutaron alegres. Ryoma la tomó de la mano para llevarla a un lugar apartado, aunque Sakuno prácticamente se había criado con los integrantes de Seigaku, aún así seguía siendo una chica que todos miraban fijamente y más por el acto que había hecho. Así que se sentaron en una banca apartada y Sakuno le entregó su almuerzo, no sabía que decir. No se esperaba eso, las chicas no deberían entrar a ese lugar, no era apto para ella. Pero no podía enfadarse por eso, si se había tomado la molestia de llevarles almuerzo a todos.
—Lo siento, no debí haber venido sin avisar. Pero, desde que comenzaste a entrenar no te estás alimentando bien, por lo que no podía quedarme de brazos cruzados. Por lo mismo, pensé en esto…
—No te disculpes, está bien. Es sólo que…cuando te vi entrar, pensé que había pasado algo. —Suspiró—Me alivia saber que no es el caso. Por cierto ¿Osakada lo preparó?
—No, yo lo preparé. Me levanté temprano y pedí la cocina para hacerlo.
—Ya veo…—Tomó los palillos que habían en la cesta para mirar su obento. Finalmente se atrevió a comer un poco de arroz frente a ella.
— ¿C-Cómo está?
—Está bueno. —Respondió, haciendo que ella se sonrojara. —Gracias.
—Me alegro que te gustara, hace mucho tiempo que no practicaba mis habilidades culinarias. —Sonrió, satisfecha de ver a todos felices.
—Creí que no sabías hacerlo.
—Aprendí cuando era niña, un día mi abuelo se enfermó, cuando los sirvientes estaban de vacaciones y mi abuela me enseñó a hacerle una sopa de verduras. Al principio fue sólo eso, pero después poco a poco comencé a aprender más.
—Ya veo, yo también sé hacerlo.
—¿Eh? ¿De verdad?
—Sí, aprendí del mismo modo que tú ante una situación necesaria. —Se encogió de hombros. —Pero no suelo hacerlo a menudo.
—Ah es bueno aprender, así no dependemos de los demás. —Sonrió y sintió su estómago crugir. —Bueno, debo irme ahora. No quiero seguir importunándolos. Además prometí comer con Tomo-Chan. —Mintió, no quería seguir estorbando en ese lugar.
—Está bien, te acompaño a la puerta.
—Descuida, yo puedo ir sola. Además debes terminar tu almuerzo. —Sonrió.
—No me molesta.
—No te preocupes, nos vemos más tarde. Suerte en el entrenamiento, yo se que puedes hacerlo.
Dicho esto, se despidió de todos con un gesto de mano para salir por la puerta. Ryoma se quedó contemplándola en silencio, siempre pensaba en lo mejor para él y lo apoyaba en todo. A veces deseaba complacerla más seguido y actuar de la misma forma que lo hacía ella. El almuerzo estaba delicioso, en verdad sus habilidades culinarias eran dignas de ser premiadas. No sólo era buena en eso, también le sorprendía su buen sentido de la orientación en ciertas cosas, y parecía tener múltiples cualidades de las que él carecía.
Luego de que todos terminaran de comer, volvieron al entrenamiento duro que les tenía preparado Inui.
Sakuno encontró a su amiga en el salón principal, limpiaba el piso mientras tarareaba una canción que desconocía por completo. Quería ayudarla, pero al igual que siempre Osakada rechazó su ayuda porque no era su deber. Por ello, se sentó cerca de ella para hablar sobre la vida, hace mucho tiempo que no se dedicaban a hablar. La castaña de dos coletas, le platicaba sobre la conversación que había tenido con sus hermanas, dado que una de ellas había conocido a un chico en la feria y se había enamorado de él, además parecía que sus sentimientos eran correspondidos, porque dicho chico iba siempre a visitarlas y les llevaba cosas. Su madre estaba encantada, porque aunque fuera plebeyo como ellas, era encantador y eso superaba los limites de las clases sociales. Sin embargo, Tomoka no sabía que decirle cuando iba a pedirle consejos, porque jamás había tenido una experiencia amorosa ni una sola vez. Suspiró ante ese comentario, no sabía cómo ayudarla en ese sentido, se sentía inútil por no tener buenos consejos, todo lo que sabía acerca del amor era a través de novelas que le prestaba Sakuno y lo que veía a diario. "Sólo espero que sea el indicado y no la haga sufrir" comentó una vez que terminó de limpiar y se sentó junto a la castaña para comer en una pequeña mesa de madera que tenían los empleados.
—De seguro lo es. —Sonrió Sakuno. —El tiempo pasa rápido ¿Qué edad tiene Makoto-Chan?
—16 años. Es sólo unos años menos que yo, pero la veo tan indefensa…que me preocupa este asunto. Además ya lo llevó a cenar, es todo tan rápido.
— ¿Temes su compromiso?
—P-Pues sí, un poco. Más bien temo que sufra, a veces los matrimonios no son como uno esperaba y terminas con el corazón roto.
—Sí, es verdad. —Susurró triste. —Sé a qué te refieres.
—L-Lo siento…no estaba refiriéndome a lo que sucede con Ryo-Sama.
—No te preocupes, fui yo quien lo malinterpretó. —Rió nerviosa.
—Por cierto, disculpa que me entrometa…pero ¿han mejorado las cosas?
—En algunos aspectos sí, pero en otros sigue siendo igual.
—Ya veo…
— ¿Y qué hay de Ann-Chan?—Preguntó, desviando el tema. —Me he percatado que charla más seguido con Momo.
—Oh sí, yo también lo he notado. Pareciera que esos dos tienen algo, lo presiento.
—Harían una linda pareja. —Sonrió.
—También creo lo mismo, es sólo que…no creo que la familia de Ann opine lo mismo. Como los Samurai y los guardianes reales no se llevan muy bien, quizás sería un verdadero problema.
—Es verdad, había olvidado ese detalle…sería bueno que lo aceptaran. Después de todo, Momo-Sempai es un buen chico.
Asintió Tomoka, estando de acuerdo con sus palabras.
Con el pasar de las horas, Ryoma caminaba de regreso al castillo, deseando darse una ducha para acabar con todo el sudor de una vez. Mientras a su lado, caminaban Eiji y Momo quienes se mostraban cansados por el duro entrenamiento que estaban llevando. El ambarino no prestaba atención real a sus comentarios, seguía pensando en todo lo que debía hacer cuando llegara.
—Pero sin duda, lo mejor de este día…fue disfrutar el delicioso almuerzo que nos preparó Sakuno-Hime —Comentó Eiji sonriente.
—Sí, estoy de acuerdo. Estaba delicioso—Sonrió Momo—Eres afortunado, Echizen. De tener a Hime-Sama como esposa.
—Lo sé.
—Sí, es verdad. Se sacrificó esta mañana por prepararnos el almuerzo, eso no lo hace cualquier persona. Bueno, todos sabemos que Sakuno-Hime siempre ha sido distinta a las demás. Desde niña lo era, no me sorprende que lo siga siendo. Su abuelo era igual.
—Por cierto, Echizen. Disculpa que intervenga en esto, pero tengo una duda.
— ¿Sobre qué?
—Sobre Sakuno-Hime, por supuesto. —Sonrió, viendo como lo observaba fríamente. —Sé que no debo entrometerme en su relación, pero ¿Cada cuánto tiempo salen? Sé que los de la realeza no tienen mucho tiempo para eso.
—Estás en lo correcto, no tenemos tiempo para eso. En realidad no hemos salido ni una sola vez, al menos desde mi estancia aquí.
—Eso es malo…quizás eso les hace falta para llevarse mejor.
— ¿Qué quieres decir con ese comentario? ¿Crees que no tenemos buena relación?
—No me malinterpretes, es sólo que…pienso que deberían salir más para distraerse. Ya que, Kikumaru-Sempai tiene razón de que Sakuno-Hime es distinta a las demás, por ello no debe ser tratada como cualquier Reina, debería recibir un mejor trato.
— ¿Qué sugieres? Momo-Sempai. —Comenzó a llamarlo así de un momento a otro, reconociendo que era mayor que él y sabía más.
—Sugiero que deberías organizar algo para ella, no soy muy bueno en estas cosas, pero pienso que a una chica le gustaría salir al aire libre. Deberías pensar lo que ella desearía hacer.
—No tengo idea de que le podría gustar, no sé mucho de chicas.
—Yo te puedo ayudar, Ochibi. —Sonrió Eiji. — ¿Qué tal comer bajo las estrellas?
—No entiendo la idea.
—Piensa, ochibi. Sakuno-Hime es amante de las historias románticas ¿Verdad? —Al verlo asentir, prosiguió. —Pues deberías hacerle creer que está en una de ellas. Eso de seguro le encantaría.
— ¿Y cómo se supone que debo hacer eso?
—En verdad no sabes nada de chicas, Echizen. Hasta yo he entendido la idea de Kikumaru-Sempai. —Suspiró Momo. —Debes hacer que viva una novela, no estamos diciendo que actúes como un personaje de su novela favorita ni nada de eso. Más bien, nos referimos que la sorprendas y la hagas feliz por una noche.
—No sé cómo hacerla feliz…—Susurró, recordando que sólo conseguía hacerla infeliz últimamente.
—Sakuno-Hime no es materialista ni nada, sino que es feliz con la simplicidad de la vida. Así que no tienes que pensar mucho para hacerla feliz. Sea lo que hagas por ella, la sorprenderá. —Sonrió Eiji, viendo que el ambarino por fin entendía a que se refería.
—Es verdad, Sakuno-Hime será feliz con cualquier cosa, mientras sea organizado por ti.
—Hay algo que no comprendo de todo esto, Momo-Sempai. Si sabes tanto acerca de las chicas ¿Porqué no le dices tus sentimientos a Tachibana?
— ¡¿EH?! ¿A qué viene eso? Yo no siento nada por ella, sólo somos amigos. —Su rostro palideció, viendo como su amigo pelirrojo se reía a carcajadas.
—Opino lo mismo, Momo. Deberías decirle lo que sientes. —Sonrió Eiji. —Hacen una buena pareja.
—E-Eso no es verdad, además…aunque sintiera algo por ella. —Se sonrojó—Su familia jamás lo aprobaría, ya saben el problema que existe con los guardianes reales.
— ¿Qué problema?—Preguntó el ambarino confuso.
—Siempre ha existido cierta rivalidad entre Samurai y guardianes reales, por los cargos que tienen. Es una larga historia.
—Pero ahora que soy parte de esto, quizás podrían respetarlos más.
—Tal vez, quién sabe. Ojala fuera así, Ochibi.
—Eso resolvería muchos problemas. —Tosió un poco Momo, para dejar atrás sus sonrojos. —Pero volviendo al tema, deberías pensar en algo. Kikumaru-Sempai tiene razón, podrías pensar en comer bajo las estrellas. Eso debería gustarle.
— ¿Se refieren a cenar al aire libre?
—Usa tu imaginación. Todos tenemos, Ochibi. —Esbozó una gran sonrisa Eiji. —El problema es que no siempre sabemos usarla.
Dicho eso, se detuvieron frente al castillo, y se despidieron para dejarlo confuso ante lo que debía hacer. Horio lo recibió, preguntándole si deseaba comer o alguna otra cosa. Sin embargo, no estaba hambriento, tenía que pensar en qué hacer.
Se dirigió a las escaleras en silencio, pensando en lo que le habían mencionado ¿Qué haría feliz a la castaña? Parecía una pregunta fácil de responder, pero no era así. Demasiado compleja para su intelecto, ya que no sabía nada acerca de las chicas. Recordó cuando era niño, su madre siempre le sonreía por cualquier cosa que le llevase, desde flores a dibujos. Sakuno en cierto sentido le recordaba a ella, tenían la misma sonrisa tranquilizadora que le ayudaba a sentirse mejor.
Cruzó el umbral de la puerta, esperando encontrarse con ella, no obstante no se encontraba en su lugar de siempre. No podía controlar siempre lo que hacía, por ello no debía preocuparse. Caminó hacia el baño para refrescarse y hacerse cargo de los asuntos reales.
Sakuno se encontraba en el jardín, contemplando las diversas rosas que crecían en él. Le encantaba admirarlas, eran tan frágiles y hermosas, sentía envidia de ellas. La fría brisa jugó con su cabello, haciéndola temblar por un momento. Al mirar el cielo, se percató que el sol comenzaba a esconderse tras las montañas, tiñendo todo a su alrededor de color anaranjado. Era hora de regresar al castillo, estaba tan aburrida de sus rutinas diarias, incluso los mismos libros le agobiaban. Cuando era niña, cada vez que se aburría en el castillo, salía a recorrer el bosque para jugar que era una exploradora. Solía divertirse sola, sin depender de otros chicos. Sin embargo, en esos momentos se sentía desesperada de vivir lo mismo una y otra vez.
Sin preámbulos regresó a su habitación, el aroma al perfume que utilizaba su esposo, le hizo darse cuenta que había estado ahí. Era como un fantasma, quizás estaba enfadado por haberle llevado el almuerzo, porque no debería haber intervenido en un lugar de chicos. Suspiró, las palabras de su abuela revoloteaban en su mente, diciéndole que con el tiempo se enamoraría de él, pero no era así. Aun no sentía nada por él, se preguntaba si algún día lo haría del mismo modo que Sumire lo había hecho con su abuelo. Cerró los ojos para olvidarse de todo.
Al llegar la noche, despertó con la voz del ambarino, no sabía que deseaba por lo que se incorporó en la cama confusa.
— ¿Qué sucede? Ryoma-Kun.
—Tenemos que salir.
— ¿Porqué? ¿Ha sucedido algo?
—Nada grave, sólo quiero que me acompañes a un lugar.
— ¿Eh? ¿A dónde?
Tras prepararse para salir, lo siguió por los pasillos en silencio, no sabía que ocurría porque nadie le había reportado nada. Lo más extraño de todo, es que en lugar de salir por la puerta principal para subirse al carruaje, iban en dirección al establo. Kachiro los saludó con una reverencia, parecía estar al tanto de todo porque tenía los caballos listos para ellos. Nunca había hecho algo así, ni siquiera para una emergencia por lo que no comprendía que estaba pasando. Lo siguió galopando en silencio, las estrellas eran tan relucientes que iluminaban su camino en medio de la oscuridad. No irían muy lejos, porque conocía ese camino, era el que tomaba cuando se dirigía al bosque. No obstante, el camino de pronto se volvió confuso.
—Ryoma-Kun ¿A dónde vamos?
—Ya lo verás, queda poco.
Luego de unos minutos, se detuvieron frente a un lugar rodeado de antorchas, justo en el centro se hallaba una mesa con un mantel blanco con cubiertos y copas de vino. La ayudó a bajarse con cuidado, para finalmente conducirla hacia dicho lugar. Al acercarse, se percató que además de una cena, había velas rojas como si se tratara de una ocasión especial. No comprendía que estaba pasando.
— ¿Qué es esto? No entiendo, no es mi cumpleaños ni nada parecido. —Habló nerviosa.
—Por nada en particular. Simplemente pensé que nunca antes habíamos salido, y éste era el momento para hacerlo. Deberías sentarte, la comida se va a enfriar.
Lo observó cómo le ordenaba a todos que se marcharan, no comprendía que estaba pasando ¿Porqué de pronto la sorprendía así? ¿Qué tramaba? No es que no confiara en él, es sólo que no tenía la menor idea de lo que estaba pasando, y eso le aterraba, no imaginaba que ocurriera algo así.
Se sentó frente a él para analizar lo que estaba viviendo, la comida estaba deliciosa e incluso había vino ¿Cuándo había preparado todo eso? Tenía miles de preguntas, pero no sabía cómo hacerlas. Quizás sólo debía estar complacida por el gesto y no decir nada. La suave brisa de la noche, le acarició el rostro y el cabello, la hizo temblar. No había ido preparada para una velada de ese tipo, imaginaba que algo grave había ocurrido, no una cena en medio de la noche, siendo contemplados por la luna y las estrellas.
— ¿Q-Qué es todo esto?
— ¿A qué te refieres?
—A esta cena…no me lo esperaba.
— ¿Te disgusta?—Le preguntó, mientras cortaba en pedazos pequeños su pavo asado.
—No es eso, es sólo que me parece extraño. Eso es todo.
— ¿Tan extraño es el hecho de que cene con mi esposa? —Dejó los cubiertos a un lado para limpiarse con una servilleta.
—N-No estoy diciendo eso, no me malentiendas…no me molesta esto. —Habló la castaña nerviosa, no sabía cómo decirlo. — Podríamos haber cenado en el castillo, no aquí. Es como si fuera una ocasión especial.
—Sé a qué te refieres. —Tomó su copa de vino y comenzó a moverla con cuidado, como si estuviera examinándolo. —Tienes razón, podríamos haber cenado en cualquier otro lugar. Sin embargo, no eres el tipo de personas que se conforma con vivir la misma rutina todo el tiempo ¿Verdad? —Había logrado que asintiera confundida, por lo que prosiguió. —He aprendido a conocerte con el tiempo, por eso planee esto.
— ¿Realmente me conoces?
—Sí, te lo puedo probar. —Bebió un sorbo de vino, para luego mirarla a los ojos. —No eres como las otras chicas que he visto en las fiestas, eres distinta a todas ellas. Si bien no te preocupas de tu bienestar, eres capaz de velar por la seguridad de los demás, sean extraños como yo o plebeyos. No haces diferencia alguna entre ellos, por lo que tienes un corazón bondadoso que no tiene rencores contra nadie, a diferencia de mí. —Suspiró, le costaba expresarse, pero ahora podía hacerlo. —Sé que lees novelas románticas con el objetivo de escapar de la realidad en la que vives por un momento, para poder fantasear con que eres la protagonista de ellas. Pero no es porque no estés agradecida de esta vida, sino porque esperas más de ella, anhelas tener aventuras como los protagonistas, porque los personajes de esas historias si pueden disfrutar cada día y no tienen que lidiar con la rutina ¿O me equívoco?
No sabía que decir ante esas palabras, había quedado impactada con todo lo que le había mencionado, no comprendía cómo fue capaz de descubrir todo eso en tan sólo unas semanas. De pronto se sentía completamente desnuda, como si el ambarino hubiese sido capaz de dejarla al descubierto. Su habilidad para analizar a personas era tan asombrosa. No sólo la había descrito como era con los demás, sino también había sido capaz de leer sus pensamientos, de comprender del modo en que se sentía cuando leía novelas. Su corazón latía a mil, parecía que él sabía más de ella, que de sí misma. Bebió un poco de vino para hablar, pero no podía salir su voz de su garganta, sus ideas no se conectaban con su lenguaje y no podia expresar lo que realmente sentía. O más bien, no tenía claro cómo expresar todo eso.
Creía que Ryoma no la conocía y estaba equivocada. La conocía más que nadie, y no entendía cómo había conseguido descubrir tanto acerca de lo que sentía y pensaba ¿Realmente la escuchaba cuando le platicaba lo qie sentía con las novelas? No obstante, ella no era capaz de describirlo tan bien como él lo hacía, porque en verdad no tenía la menor idea de quién era en verdad. Todo porque la castaña era un libro abierto, que podía ser leído por cualquier persona que se diera el tiempo de comprender cada palabra de lo que eso implicaba. En cambio, él era un libro cerrado que era complejo de interpretar, se imaginaba como esos libros que no podía entender, que leía de una forma, cuando el significado era completamente distinto al que aparentaba. Así era él, Ryoma era como un libro de lógica y cálculos, lleno de símbolos extraños que sólo eran capaces de dominar con el paso del tiempo.
— ¿Sorprendida?
—S-Sí, no entiendo cómo has podido acertar en todo. —Sus mejillas se sonrojaron al notar sus ojos posándose en los suyos, no podía evitar sentirse nerviosa al verlos bajo su flequillo. Podía verlos aun más ámbar que antes, producto de que la luz de la luna se proyectaba en ellos, haciéndolos brillas. Nerviosa, se obligó a desviar su mirada— Creí que no conocías nada de mí…Al parecer estaba equivocada. Entonces ¿Has hecho todo esto por mí? Es decir, esta idea de comer bajo el cielo estrellado… ¿Lo has hecho porque me gustan las cosas novedosas? —Al verlo asentir, sintió su corazón latir. —No puedo creerlo…
—Deberías dejar de decir eso. Me hace pensar que no debería haberlo hecho.
—N-No estoy diciendo eso.
Ryoma se levantó para darle la espalda y caminar hacia una manta para sentarse en ella. Sakuno lo siguió nerviosa, si bien habían terminado de comer, no esperaba dicho acto tan repentino.
— ¿E-Esto también lo preparaste? —Preguntó, notando que desde la manta se podían ver perfectamente las estrellas.
—No, deben haberlo olvidado.
—Ya veo…—Se sentó a su lado, estaban casados y aun así, se sentía nerviosa cuando estaba a solas con él. Lo que ocurría la mayor parte del tiempo, pero ahora se sentía distinta. —No estoy molesta por esto, es sólo que…aunque no quieras seguir oyéndolo, estoy sorprendida por este gesto. No esperaba que hicieras algo así, ni mucho menos por mí.
— ¿Porqué lo dices? ¿Crees que no tendría que hacer nada por ti?
—Es cierto que estamos casados, pero…nuestra relación no es muy buena, por eso me parecía extraño. Incluso hoy, pensé que te habías molestado porque había entrado a Seigaku así nada más.
—No me molesté, sino que también de alguna manera…me sorprendiste.
—Entonces… ¿No te molesta que lo siga haciendo?
—En absoluto. —Miró las estrellas. —Sin embargo, debe ser mucho trabajo cocinar para todos y…
—No te preocupes por eso, no es duro para mí. —Sonrió. —Mientras sean felices. —El frío comenzaba a apoderarse de ella.
— ¿Tienes frío?—Posó su mano sobre la suya un momento, para percatarse que estaba fría.
— ¿Eh? Sí, un poco. —Se sonrojó por la calidez que sentía.
—Tal vez no fue buena idea venir, no me percaté del clima. —Se incorporó para levantarse.
—E-Espera…—Lo tomó del brazo sin saber porqué, viendo como él la miraba sorprendido. —No creo que haya sido una mala idea venir, me encanta estar aquí y no quiero marcharme aún. La noche está esplendida y quiero disfrutar un poco más.
—Está bien. —Musitó, viendo que aun temblaba. —Pero no puedes resfriarte, así que…
Sin consultarle si quiera, colocó su chaqueta negra en sus hombros. Dicho gesto, provocó que su corazón latiera aun más, no sólo podía sentir la calidez del abrigo, sino también, podía oler su perfume cerca de ella. Se miraron en silencio y el asintió, como si estuviera leyendo sus pensamientos otra vez y le permitiera usar dicho abrigo. Iba a introducir sus brazos en su abrigo para encajarla en sus mangas, cuando recordó que no era la única que podía tener frío.
— ¿Y qué hay de ti? ¿No tienes frío?
—No, estoy bien.
—Estás frío. —Tocó su mano, notando como se tensaba al contacto de su pie. Se había propasado, no debía haber hecho eso. Se alejó raudamente y divisó la manta que llevaba en el caballo de camino a ese lugar. —Tengo una idea.
La observó en silencio, viendo como traía una manta morada en sus brazos con una sonrisa, diciendo que con eso podrían soportar el frío. Se sentó a su lado y extendió la manta para cubrir a ambos, sus cálculos habían sido buenos, alcanzaba para ambos. "Yo no la necesito" intentó refutar el ambarino, pero la castaña se negó a escucharlo, porque si no le hacía caso, pescaría un resfriado y no podría cumplir con sus deberes.
Contemplaron la luna en silencio, parecía una pequeña bolita de cristal que resplandecía en todo su esplendor en medio de la noche, siendo de guía para cualquiera que la necesitase. Le gustaba imaginar desde pequeña, que la luna era como un tesoro mágico, tan hermoso y encantador, que todos en el mundo querían obtenerlo para absorber su poder y adquirir su belleza. Pero nadie podía lograrlo, porque el cielo se encargaba de respaldarla junto a las estrellas que la protegían como pequeños soldados celestiales. Era una historia irracional, lo sabía muy bien, pero le encantaba fantasear con que era cierto.
— ¿En qué piensas?
—En nada ¿Y tú?—Preguntó el ambarino.
—En cosas sin sentido. —Sonrió.
— ¿Qué tipo de cosas?
—Pues…en unas de las cosas que has acertado, es que soy una gran soñadora. Fantaseo con cada novela que leo, pero además invento mis propias historias.
—mmm ¿Cómo una autora?
—Sé podría decir que sí.
— ¿Y en qué estabas pensando ahora?
—En que la luna es tan inalcanzable y hermosa que todos la quieren obtener, porque envidian su belleza.
—No le veo lo irracional.
—A veces pienso que el cielo y las estrellas se coordinan para protegerla de los demás.
—mmm podría ser una buena interpretación. —Murmuró, pensando en qué alguna vez había escuchado algo similar. — ¿No has pensado en ser escritora?
— ¿EH? ¿Yo? N-No podría hacerlo, no soy tan buena. Sólo soy una buena lectora, nada más.
—Qué seas una buena lectora, no significa que no puedas ser una buena escritora. Podrías intentarlo, si tienes el don de la imaginación. No cualquiera lo tiene.
—No lo sé, no había pensado en eso.
—Nunca es tarde para comenzar. Podrías intentarlo.
— ¿Tú crees? No me imagino como escritora…
—Lo mismo decía acerca de los Samurai, quería hacerlo y era bueno para eso. Pero no me veía como uno, y ahora soy parte de eso. Pienso que deberías intentarlo.
—Puede que tengas razón…—Susurró, sintiendo como el sueño se apoderaba de ella. No había hecho grandes cosas aquel día, pero estaba cansada. —Lo intentaré.
—Te cobraré la palabra.
—Está bien, te prometo que lo intentaré. —Bostezó.
—Si estás cansada, deberíamos volver.
—Desearía no hacerlo. —Apoyó su cabeza en su hombro, sintiéndose incapaz de sostener su cuerpo. —Me gustaría quedarme en este lugar, y que este día nunca terminara. Pero supongo que no podemos hacerlo.
—Podemos volver otro día. —Le susurró, sintiéndose extraño por sentir su aroma cerca de él. No podía culparla, no sólo había hecho un gran trabajo ese día, sino también habían bebido mucho vino. —Y observar las estrellas, si quieres.
—Me encantaría, quisiera volver a vivir esto pronto. Me gusta estar contigo, Ryoma-Kun. Es como si estando contigo, deseara que el tiempo jamás acabara —Sonrió y se encontró con su mirada muy cerca de la suya, provocando que sus mejillas se volvieran rojo carmín. No sabía por qué había dicho eso, de seguro porque había bebido mucho. —Y-Yo…no es lo que quería decir—Comenzó a decir, apartándose de su lado.
—No tienes que decir nada. Comprendo lo que dices. De hecho, me he sentido así algunas veces.
— ¿De verdad? Pensé que era la única que me sentía así…—No podía controlar los latidos de su corazón, realmente estaba pasando eso. —Bueno, lo mejor es que nos vayamos.
—Sí, tienes razón.
Con ayuda de Ryoma, se puso de pie para ordenar algunas cosas. No quería irse, pero debían hacerlo, pronto pasarían la media noche. Contempló por última vez el lugar en el que habían estado, para luego ser guiada por su esposo para regresar al castillo.
Por los alrededores, se encontraba cierto pelirrojo enfadado, había visto toda la escena y sentía deseos de intervenir. Si bien sabía que Koshimae era su esposo, no podía ocultar por más tiempo sus sentimientos por la castaña. La amaba y daría todo por ella, incluso lucharía contra él si era necesario.
Continuará….
