Sakura volvió a entrar en la estancia donde Sasuke se hallaba en el suelo encima de la sábana. El chico no podía moverse, pero seguía los movimientos de la muchacha con los ojos entrecerrados. Ella le había curado y desinfectado. Ella había cubierto su cuerpo de vendas, ella había envuelto su desnudez con una sábana y el dolor que lo laceraba de pies a cabeza volviéndole medio loco, había disminuido gracias a ella.
El estado de semiinconsciencia en el que se hallaba no impidió al Uchiha saber que ella le había salvado la vida.
"¿Por qué?"
Ella se arrodilló a su lado. Le miró con aquellos ojos tan verdes y una vez más le apartó el pelo de la frente. Su mano era cálida y suave. Por un instante Sasuke se sintió en casa. Sólo un instante.
- Gra-gracias… - el aire expelido por la garganta al pronunciar esa simple palabra le causaba un enorme dolor en la lengua y en el pecho - Sa..sak...
- Es mi trabajo - le cortó ella - No tienes que agradecerme nada. No hables.
Él la miró con sus oscuros ojos y no dijo nada más. Temblaba levemente de frío y fiebre.
- Ahora traerán algo de ropa, aguanta un poco más, Sasuke.
El Uchiha cerró los ojos. No quería perder la consciencia, ni quería dormir, pero su cuerpo apenas respondía. Se permitió dejarse llevar por el agotamiento. Mientras Sakura estuviera con él, no permitiría que nada ni nadie le hicieran más daño.
La puerta de la habitación chirrió y Sai entró con un pequeño bulto entre sus manos. Miró a Sakura y después al Uchiha que al oír la puerta había abierto los ojos otra vez y le devolvía la mirada desde el suelo.
- La ropa que me has pedido, Sakura… ¿Necesitas algo más?
- Nada más.
- No he conseguido que le trasladen al hospital, pero Tsunade-sama me ha pedido que te comunique que serás tú quien le atenderá en la enfermería de la cárcel, a partir de ahora y hasta que esté fuera de peligro.
Sakura sonrió. Conocía a su maestra. Tsunade-sama la estaba felicitando por hacer sobrevivir al Uchiha y la compensaba dejándole cuidarle.
- Varios ANBU vendrán en una hora para llevarse al preso - anunció Sai.
- Diles que traigan una camilla. Será un preso, pero hasta que no se recupere es mi paciente. No toleraré ni una sola negligencia. Que les quede bien claro.
"Paciente".
- Muy bien Sakura, me encargaré de que se haga como dices.
Sai salió de la estancia cerrando la puerta detrás de él.
En cuanto se hubo marchado, Sakura extendió el hatillo de ropa que le había traído. Era un pantalón y una camisa de manga larga de color crudo y basto algodón. Ropa de presidiario.
Tomó al Uchiha por los hombros y le incorporó recostándole contra su pecho.
Sasuke se dejaba hacer, sin emitir ningún sonido. Únicamente, se limitaba a observarla con sus bellos ojos negros, siguiendo todos sus movimientos.
Sakura desenredó la sábana con la que había envuelto la mitad superior del cuerpo del Uchiha. Como si fuera un bebé, le puso la camisa de algodón cuidándose de no lastimarle más: primero la cabeza y después sus brazos, bajándole la camisa hasta cubrirle los riñones.
Después, desenredó completamente la sábana que cubría a su paciente y le colocó los pantalones con el mismo cuidado con el que había puesto la camisa, intentando que la tela rozara lo menos posible los vendajes. Cuando el muchacho estuvo vestido, volvió a enrollarle con la sábana.
- Debes entrar en calor.
Pero Sasuke seguía temblando como una hoja.
- …Frío…
Sakura no dijo nada, pero fue a por dos sábanas más al armario del fondo de la habitación. Envolvió al Uchiha con una y después le recostó contra su pecho. Abrió la segunda sábana y se envolvió ella misma y al chico con ella.
Debajo de la sábana, Sakura abrazó a Sasuke con cuidado de no dañarle. Le rodeó con sus brazos y le atrajo suavemente hacia sí.
El Uchiha cerró los ojos. Envuelto en la sábana, el dulce olor de Sakura invadió sus fosas nasales y la tibieza que emanaba su pecho alejó el frío que se había instalado en su cuerpo. A los pocos minutos había dejado de temblar. La calidez del cuerpo blando de Sakura le transportó a otra dimensión. Una dimensión donde no había dolor, ni miedo, ni sufrimiento, ni sangre, ni ruido… No había nada sucio, ni muerto.
Con el ritmo del corazón de la muchacha de fondo y el destello verde de sus ojos grabados en la mente, Sasuke fue perdiendo poco a poco la consciencia, dejándose llevar por aquel dulce calor.
"Sakura…Ya no tengo…Frío…"
