Ohaio Girls adictas al drama!
Jojojo... se que me he tardado, no tengo excusas... por favor... si me ponen en aceite hirviendo... procuren que no me duela...
Un besote! Disfruten el capitulo!
Matta ne!
Samirasama - No tengo vida propia - Cullen
Nada es mío, tan sólo el placer del adaptar
CAPÍTULO 6: El que con Lobos anda…
Bella se despertó por segundo día como señora de la casa de Quelieute Street para encontrar que Edward ya había dejado la cama y que otra vez sólo le había dado un beso de buenas noches. Se dijo a sí misma que, en general, la situación le agradaba.
De cualquier manera, había tenido poco tiempo para analizar su matrimonio, pues el día de su cena de despedida de solteros tomó la determinación de seguir el papel que se le había propuesto. Después de arreglar los detalles finales de la comida con Mrs. Cope, revisado los vinos con Ben, y haber escogido la decoración para la mesa, Bella resolvió recompensarse a sí misma con una enérgica caminata al aire libre.
Llevó a Jane como acompañante y comenzó a explorar el vecindario. Quelieute Street estaba compuesto por casas nuevas y elegantes, lo suficientemente cerca de los lugares de moda para ser conveniente, pero a la vez lo bastante alejado para ser tranquilo y reservado. En los jardines centrales de las plazas circundantes las flores primaverales ofrecían un bello espectáculo, y los árboles comenzaban a retoñar. Una ocasional pareja de pájaros voló en picado gorgojeando su ritual de apareamiento.
La atmósfera de renovación era irresistible, especialmente para Bella que sentía como si su vida se preparara para un nuevo florecimiento.
Cuando regresaron a Quelieute Street, Jane dijo.
—Con su permiso, señora, pero pienso que hay un hombre que nos está siguiendo.
Bella inmediatamente recordó esa extraña noche en Volterra. Se contuvo para no darse la vuelta y escudriñar la calle al igual que lo hacía Jane.
—¿Qué aspecto tiene?
—No lo sé exactamente, señora. Un joven corriente. Pero lo noté cuándo miré hacia atrás, y hace un rato también, y creo que andaba rondando por la calle cuando salimos. No hay mucha gente a esta hora del día, apenas hay caminantes cerca.
—Es en verdad muy extraño —musitó Bella caminando hacia adelante—. Jane, detente como si tuvieras una piedra dentro del zapato. Me alejaré un poco y luego volveré. Eso me dará la oportunidad de verle.
Esta maniobra fue realizada con éxito, y Bella observó a un hombre joven y fornido apoyándose despreocupadamente contra una verja y mirando fijamente a un árbol que estaba retoñando. Iba vestido con ropa sencilla y parecía un artesano o un dependiente. De hecho, parecía completamente respetable salvo que en ese momento debería estar en su empleo, no haraganeando en la calle.
Cuando siguieron paseando, Jane murmuró.
—¿Le vio usted, señora?
—Sí. Joven, cabello oscuro, traje marrón.
—Ese es, señora, ¿cree que le gustamos una de nosotras? —Jane soltó una risita nerviosa, luego se sonrojó al haber sugerido tal cosa a su señora.
—Es posible que esté prendado de tus encantos —dijo Bella con una sonrisa, sin embargo realmente no lo creía. Si las estaban siguiendo, entonces con probabilidad era algo relacionado con los asuntos de su marido. Pero el único que conocía era el de su amante, a quien no creía responsable de que estuvieran siguiéndola—. ¿Lo conoces? —preguntó a la criada.
Jane negó con énfasis, explicando que se veía con un lacayo de Montepulciano, quien la mataría si miraba a otro hombre. Bella la miró divertida, de todas maneras la idea de que el joven estaba impresionado por ella, la aduló.
Bella pensó en el incidente durante todo el camino a casa. Podría ser un admirador devoto que rondaba por los alrededores con la esperanza de que Jane saliera a dar un paseo. ¿Pero por qué no estaba trabajando?
Una vez en casa, tuvo que apartar a un lado sus pensamientos para atender los detalles de último momento de su primera fiesta.
Tan pronto como Edward regresó, sin embargo, le contó el incidente de la mañana, vigilando cuidadosamente si parecía preocupado.
—Qué truco tan inteligente —dijo cuando le contó cómo había logrado tener la oportunidad de mirar al perseguidor. Consideró las circunstancias durante un momento antes de decir—. Pudo haber sido un inocente transeúnte admirando a dos mujeres bonitas. Admito, sin embargo, que pudo haber estado vinculado con mis asuntos. Me encargaré del tema, pero durante los próximos días no saldrás sin ir acompañada de un lacayo. Y evita los lugares aislados, incluso si vas acompañada.
Bella no había esperado una admisión tan franca.
—¿Corro peligro? —preguntó, sobresaltada—. ¿Qué tipo de negocio es ese que causa tales aventuras?
—No estás en peligro —dijo rápidamente—. Si así fuese, entonces tomaría medidas para protegerte. Únicamente existe la posibilidad de alguna molestia menor, sin embargo, quiero tomar precauciones. En lo que se refiere a mi negocio, no es necesario que te preocupes —Bella estaba a punto de oponerse a esta declaración sumaria, cuando él sonrió y dijo—. Pronto terminará. Después, podremos tener una apropiada luna de miel. Podríamos recorrer el país.
Simplemente no podía intentar resistirse a que su conversación regresara a aguas tempestuosas.
—¿Adónde iríamos?
—Seríamos bienvenidos en Forks —dijo Edward—, pero creo que podemos prescindir de la compañía de mi hermano, entonces, a menos que prefieras un lugar muy de moda como Port Angeles, sugiero mi hacienda.
—Eso suena encantador. Pero Lord Cullen dijo que tus propiedades fueron arrendadas.
Sonrió con arrepentimiento.
—Las propiedades que heredé están arrendadas, recibo ingresos fuera de las rentas. Compré esa propiedad por mí mismo.
—Pero… —Bella interrumpió lo que podría verse como una pregunta impertinente.
—¿Pero qué? —dijo rápidamente.
Después de un momento hizo la pregunta.
—¿Pero cómo te pudiste permitir la compra de esas propiedades?
No estaba molesto.
—Una ahorrativa forma de vivir —contestó con una sonrisa abierta—. Tony considera mis rentas modestas, pero son capaces de soportar la carga de dos haciendas, la casa de la ciudad, el pabellón de caza, la propiedad de Escocia, la plantación de Jamaica… ¿Ves lo que significa? Para alguien que viaja solo y de manera sencilla, mi asignación es una cantidad ridículamente onerosa, sobre todo porque vivir en el extranjero cuesta menos. Podría vivir como un príncipe en Italia con la mitad de mis ingresos, pero no tengo interés en ello. Así es que he invertido parte de estos. Mi administrador tenía instrucciones de comprar una casa pequeña en la ciudad y una propiedad confortable en el campo y eso es lo que ha hecho. Hay algún dinero en fondos, además. En algunos de mis viajes incluso he logrado ganar un pequeño extra, como las perlas, por ejemplo.
—Si querías una hacienda, ¿por qué no simplemente asumir el control de las tuyas?
Se encogió de hombros y una huella de tristeza osciló en su cara, como ocurría a menudo cuando hablaba de su hermano.
—No, está clara la voluntad de mi padre, y sus instrucciones a Tony, sea o no legal. Además, me parece bien con tal de ser independiente —sus labios esbozaron una sonrisa torcida—. Después de todo, es posible que algún día se le pase por la cabeza tratar de presionarme para cometer una imprudencia —Bella percibió su respiración y estuvo a punto de hacer algún comentario, pero continuó—. Si te parece bien, preferiría que no le dijeras a Tony la existencia de la hacienda precisamente ahora. Todavía no conoce las circunstancias por las que poseo esta casa.
Bella se puso rígida.
—¡Pues bien, no es de extrañar que no me cuentes nada de tus asuntos si piensas que voy a ir por ahí pregonándolos a todo el mundo sin excepción!
Levantó la mirada rápidamente.
—Por supuesto que no lo hago. Pero podrías hablar de asuntos familiares con Tony. Parece que tenéis mucho contacto, incluso desde antes de nuestro matrimonio.
Bella no podría dar crédito a sus oídos.
—Estás malinterpretándolo todo.
Edward la miró.
—¿Y tú no puedes perdonarlo? ¿Si no cómo planeabas vivir en armonía conmigo cuando pensabas que era la causa de tus problemas?
—Antes de aceptarte ni siquiera me había fijado en ti —se quedó rígida y se detuvo, horrorizada por lo brusco que había sonado.
Se quedó perplejo por un momento, y luego se rió.
—Está bien. Lo entiendo. Te pediría que intentaras perdonar a Tony, sin embargo, y lo olvidaras todo si es posible. Para bien o para mal ahora somos una familia. Aunque no siempre me gusta lo que hace Tony, los lazos entre nosotros son demasiado fuertes para que se rompan. Nosotros tres debemos encontrar una forma de vivir en armonía.
¡Armonía! Una sensación amarga surgió en ella.
—Dios mío, me había olvidado —Bella exclamó, poniéndose de pie tan bruscamente que éste tuvo que rescatar el servicio de té de sus faldas—. Soy la novia Masen. Por partes iguales, supongo. ¿Así es que debo perdonar a Tony y comportarme como si no hubiera ocurrido nada? ¿Y qué más? Quizá debería vivir con él tres días a la semana. ¿Y tres noches? —de repente se interrumpió, horrorizada de sus palabras.
Edward estaba mirándola con asombro. Se cubrió la cara con las manos llena de vergüenza.
Se acercó y la rodeó con sus brazos. Comenzó a acariciarle la espalda apaciguadoramente.
—Haz lo que creas conveniente, mi amor, creo que debes estar embarazada. Entiendo que las mujeres son propensas a tener extrañas ideas en ese estado. Eres mi esposa y no cualquier otra mujer, sabré proteger lo que es mío llegado el momento —colocó un dedo debajo de su barbilla y levantó su cara hacia él. Sus ojos esmeralda eran sonrientes—. Si piensas que te casaste con un marido complaciente, mi amor, estás realmente equivocada. Simplemente pensé, que cuando te enfrentes a ese asunto, por el bien de nuestras vidas en común, serás capaz de olvidar esa aberración. Será una buena compañía cuando esté ocupado, como será probable que lo esté.
Bella se puso rígida ante el ultrajante pensamiento de lo que hacía cuando estaba ocupado, escondió la cara otra vez en su hombro hasta que dominara sus emociones. Estaba allí, después de todo, no era ni justo ni el momento oportuno para recriminaciones.
Cuando hubo recuperado control, se desprendió de sus brazos y se sonó la nariz ferozmente.
—Probablemente tienes razón acerca del niño —dijo—. Se hace más seguro cada día, generalmente no me comporto así. Perdóname, si puedes —las palabras eran conciliatorias, pero no las pudo pronunciar en un tono menos duro.
Edward le volvió la cara hacia él, estudiándola con preocupación.
—No hay nada que perdonar —dijo al fin. Su pulgar subió juguetón por la esquina de su boca, aliviando su expresión aún cuando la amargura dolía en su interior—. ¿Te das cuenta, Bella, que éste es sólo nuestro tercer día de matrimonio? Me siento tan cómodo contigo que a veces se me olvida. Pero cuando pienso en lo que has aguantado, me maravilla que no estés lanzando recriminaciones continuamente. Haz como quieras acerca de Tony.
En un principio, se percató que la estaba manipulando otra vez. Probablemente lo hacía todo el tiempo, pero al menos no hubo necesidad de que sucumbiera ante un intento tan evidente.
Bella se separó de sus brazos.
—Preferiría —dijo firmemente—, ver a tu hermano tan poco como sea posible. No sólo fue el responsable de mi ruina, sino que ejecutó un gran engaño, igual que lo hizo contra ti. Encuentro su falta de arrepentimiento, y de conciencia, totalmente inaceptable.
Se enfrentó a Edward, preparada para su réplica.
—Estás en tu derecho el sentir de ese modo —dijo llanamente—. Lo repito otra vez, debes hacer lo que desees.
Frente a su aceptación sintió que se debilitaba.
—Trataré de comportarme cuando tengamos que encontrarnos, Edward. Lo intentaré —dicho esto, se escapó a vestirse para la cena antes que se derritiera completamente.
¿Cómo debía comportarse con semejante hombre, quien podría deslumbrarla fácilmente con los placeres del dormitorio para después apagarla con otros asuntos? Era imposible. Todo lo que podía hacer era procurar que todo saliera lo mejor posible y esperar que al fin escogiese a la esposa sobre la amante.
Más tarde, con otro vestido de Madame Alice, de un color azul profundo con un toque lila pálido, recordó el joyero que le habían regalado. Ya que el vestido era más apropiado para una fiesta nocturna, escogió sólo accesorios sencillos. Jane le abrochó un collar de plata con un camafeo de marfil colocado en el centro alrededor de su cuello, y un brazalete liso de plata alrededor de su muñeca. Examinándose en el espejo, Bella supo que nunca se había visto más distinguida, pero todavía se sentía arreglada con demasiada elegancia, y así se lo dijo a Edward cuando éste entró en su vestidor.
—Nada de eso —replicó—. Necesitarás de toda tu prestancia para mantener bajo control a esa multitud. Y de cualquier manera, quiero que te admiren y envidien mi suerte.
Fue la risa en sus ojos la que evitó que esa adulación absurda la ofendiera. Descartando esto, todavía tratando de tranquilizarse, Bella y él mantuvieron un alegre flirteo mientras descendían por las escaleras.
Como consecuencia, Bella saludó animadamente a sus invitados, seis hombres jóvenes atractivos y modernos, cuyo rango iba desde Quil Ateara, un simple caballero irlandés, hasta Emmett McCartey, Marqués de Goat Rocks. A pesar de la presencia de miembros de la alta nobleza, la atmósfera tenía reminiscencias de los días de los jóvenes de Forks.
Los seis jóvenes ciertamente parecieron admirarla y compitieron unos con otros para cubrirla de cumplidos hasta que se sintió muy abrumada. Mirando alrededor vio a Edward vigilándola con una sonrisa orgullosa que hinchó su corazón. Le alargó su mano en modo de súplica, y él se acercó reclamándola con un beso.
—¿Qué han estado diciendo estos granujas que tienes que reclamar a un simple marido a tu lado?
—Oh —dijo ruborizándose—, nada…
—Ciertamente —miró alrededor hacia sus amigos seriamente—. Estaba seguro que podrían hacer algo mejor que esto. Bella, estoy seguro que me pedías que te rescatase del aburrimiento.
Todos los hombres rieron y se dispusieron a desmentir sus palabras, pero Edward llevó la conversación a otros cauces y Bella volvió a sentirse cómoda otra vez.
Se dio cuenta que era aceptado como líder, si bien ninguno de estos hombres era un cero a la izquierda. El marqués, por ejemplo, sin embargo agradable, estaba revestido con la misma arrogancia que se esperaría del heredero de un ducado. Había tenido noticias de Sir Jacob Black, quien se forjaba una reputación en el Parlamento. ¿Qué había juntado a estos hombres?
Cuando se anunció la cena, Edward la condujo hacia el comedor y la sentó en la cabecera de la mesa. Él tomó asiento en el otro extremo y ella deseó que estuviera más cerca. A su derecha, sin embargo, estaba Lord Clearwater, quien tenía la serena belleza y los modales exquisitos de un poeta. No podía asustarla. A su izquierda, tenía a otra persona, nada más y nada menos que al deslumbrante marqués. Supuso que debería estar impresionada. Unas pocas semanas atrás se habría reído al pensar que se sentaría al lado del heredero de un ducado, pero este era tan perversamente encantador que sólo podía disfrutar de la ocasión.
—Es malditamente injusto —dijo con una mirada claramente ardiente en sus ojos azul claro—, que sólo encuentre mujeres perfectas cuando ya están casadas.
Bella no fue inmune a sus palabras, y cuando tomó su mano no puso ninguna objeción.
—Emmett—dijo Edward perezosamente—. Las manos te las guardas para ti mismo. Tu definición de una mujer perfecta es la de una que ya está casada.
El marqués obedeció la orden, pero sólo después de depositar un beso suave y prolongado en los nudillos de Bella.
—No la aprecia —le dijo con un guiño travieso—. Fúguese conmigo.
Bella echó un vistazo a su marido, quien se mostró meramente divertido.
—Fugarse con la novia dos veces en un mes —dijo ella secamente—, sería una excesiva minucia, Su Señoría.
El marqués se rió y la conversación se hizo general. No había ninguna oportunidad de que en esta fiesta la conversación se centrara únicamente en las personas más cercanas. Bella, tuvo un indicio del liderazgo de su marido, quién jugando un papel pasivo, únicamente dirigía la conversación cuando era necesario para asegurar la comodidad de sus invitados.
Lord Clearwater miraba fascinado a la pareja. Esta mujer no era la que había descrito su madre. Ella era una belleza, con encanto y gracia natural. Por las miradas ocasionales y acechantes que había dirigido al matrimonio vio que allí había cálidos sentimientos como comprensión y afinidad. Había armonía. Sintió deseos de saber más acerca de Bella.
Por su parte, Bella se sentía atraída por este moreno joven de ojos suaves, y rápidamente se encontró hablando tranquilamente con él. No era tan excitante como el marqués, pero a ningún otro lo encontró tan estimulante. También se sentía un poco protectora con el joven, entre este grupo de fuertes y elegantes hombres, parecía casi delicado.
—¿Conoce usted a mi marido desde hace mucho tiempo, Lord Clearwater?
—Desde que estábamos en la escuela. Forjamos un pacto defensivo en Forks.
—¿Defensivo sobre qué, por favor?
Sonrió al recordar.
—¿Recuerda El Salmo 91? Acerca del terror de la noche, la pestilencia que emana en la oscuridad y la destrucción que camina en pleno día. En otras palabras, los matones y los maestros severos. Usted no puede tener idea del potencial que tiene el miedo en una escuela de muchachos.
—De ninguna manera —dijo, pensando que Lord Clearwater de joven debió haber sido especialmente vulnerable para tales horrores—. ¿Fue muy malo?
Para su sorpresa negó con la cabeza.
—No. Al parecer estoy pintando un cuadro demasiado desolador. Hubo buenos momentos, algunos maravillosos. Pero ambos, niños y maestros pueden ser crueles. Mientras estábamos en Forks hubo un disturbio, acaudillado por el famoso Lord Byron, como suele ocurrir, para protestar por las injusticias. Edward ya había dejado las acciones menos efusivas en su defensa y la de los demás. Reunió un grupo y resolvimos vengar la tiranía en contra de cualquier de los miembros. Nos llamamos la Manada de los Lobos.
—¿Cuántos eran ustedes?
—Doce. Tres están ausentes en las Fuerzas Armadas. Dos han muerto sirviendo a su país —exclamó—. No podemos defender a otros de cada peligro, entienda usted —dijo cariñosamente, y ella colocó su mano sobre las suyas instintivamente, retirándola precipitadamente ante tal muestra de intimidad.
—¿Pero a usted le fue bien en escuela? —preguntó rápidamente.
—Muy bien. No nos oponíamos a los castigos justos, sabe usted, únicamente a los matones. Pronto aprendieron a buscar presas más fáciles.
—Suena increíble. Como una selva.
Sonrió y consideró sus palabras.
—Supongo que lo fue, en cierto modo. Quizá por eso es que nuestras escuelas producen unos diplomáticos y soldados excelentes. Pueden practicar en un mundo en miniatura antes de ponerse a trabajar en el real. Usted debería haber oído a Jacob dar una conferencia sobre el estado de los alimentos.
Mr. Black hizo intención de levantarse y protestar, pero fue refrenado por sus vecinos de mesa.
Mr. Ateara apostilló.
—¿Fue usted a la escuela, Mrs. Masen? ¿Cómo compararía la escuela de chicas con la de chicos?
Bella se rió.
—Sí, fui a la escuela. Pero dudo que la Academia de Miss Higginbotham para hijas de caballeros tuviera algo que ver con el lugar que Lord Clearwater ha descrito anteriormente.
—¿Qué dice usted? —dijo el irlandés muy serio—. Siempre había sospechado que las niñitas eran tan ruines como los niñitos.
Bella admitió la verdad de esas palabras, pero añadió.
—Las chicas mayores generalmente no eran crueles con las más jóvenes excepto en la desconsideración, y las señoritas en Miss Higginbotham se apenaban por ello. No tenían miedo en absoluto.
—En fin —dijo Lord Clearwater—, debe haber algún profundo significado en todo ello, para que las niñitas crezcan para convertirse en dulces esposas y madres, mientras que los niñitos crezcan y se conviertan en algo parecido a nosotros.
Hubo risa general, pero Edward tomó parte en la conversación en ese momento para decir.
—Seth, si todavía crees en tal invención absurda, deberías conocer a la mayor parte de mis amistades femeninas quienes ciertamente no son dulces ni delicadas. ¡Y sin embargo algunas de ellas son esposas y madres, es generalmente una situación a la que llegan para evitarme! —Volvió sus ojos risueños hacia Bella—. ¡Mi amor, creo que deberías echarme fuera por haber pronunciado un discurso como este!
—En otro momento lo haría —coincidió amablemente—, pero te perdonaré si admites que probablemente ninguna de esas señoras pasó por las manos de Miss Higginbotham.
Ante este comentario, se produjo un estallido de risas, y Edward brindó por ella en reconocimiento.
Crecida por un sentimiento de triunfo, Bella se volvió una vez más hacia Lord Clearwater.
—Entiendo que usted ha viajado junto a mi marido, Su Señoría
—Fui una vez con él a una excursión por Irlanda. Por mi vida, que tardé meses en recuperarme. Ahora pongo como pretexto mis responsabilidades como cabeza de familia y me quedo cómodamente en casa.
—Mrs. Masen —pronunció lentamente el marqués—, no crea ni una palabra. Es un frío diablo a pesar de sus miradas cálidas. Tira a matar, se lo aseguro.
Bella volvió sus ojos reprobadores directamente hacia él.
—Lord Clearwater, creo que usted esperaba obtener mi simpatía mediante una farsa —estaba disfrutando enormemente.
—Es Emmett quién la está engañando, le doy mi palabra. Puedo agujerear el centro de un naipe en algunas ocasiones, pero nunca he apuntado a un hombre con una pistola. Dudo que mis nervios estuvieran lo suficientemente templados para eso.
Este comentario condujo a una historia de Lord Jasper Withlook, el único miembro del grupo que admitió haber tomado parte en un duelo, aunque Bella no podía creerlo, durante toda su aventura Edward nunca había disparado un tiro en serio. Como el asunto de Lord Jasper había sido sangriento lo hizo más interesante, y como además se habían consumido una docena de botellas de vino, esto causó un ruidoso regocijo.
Cuando los sirvientes comenzaron a quitar los platos, Bella miró a su marido para indicar si debería salir, pero este negó con la cabeza. Él había bebido tan libremente como sus colegas y seguramente no estaba sobrio, pero pensó que no estaba en peligro de perder la compostura. Debía tener sus razones.
Observó como se acercaba el oporto, insegura de lo que debía hacer. El marqués vaciló cuando llegó el tiempo de pasarlo pero entonces lisamente se lo entregó. Recordando que no debía perder la compostura, Bella se sirvió una pequeña cantidad de bebida en su copa. Varias cejas se levantaron.
Cuando Ben se retiró junto al último criado, Bella repentinamente se sintió muy incómoda en este terreno exclusivamente masculino. Las señoras nunca se quedaban con los caballeros después de la cena; habría especulaciones sobre lo que realmente estaba sucediendo, se dijo.
Se percató de que el Vizconde Ulhey interrumpía un chiste cuando advirtió su presencia. Nuevamente miró ansiosamente a Edward y otra vez sonrió tranquilizadoramente.
Él encaminó la conversación hacia los recuerdos de sus días escolares y todos ellos relataron sus hazañas favoritas de la Manada de los Lobos.
—Pero escuchen —dijo Lord Jasper repentinamente—. Miren. Aquí vamos a contar nuestros secretos, y Bella no es un miembro.
—Debe serlo —dijo Sir Black reflexivamente—. Hagámosla miembro. ¿Por qué no?
Un intenso y profundo debate comenzó sobre los tecnicismos del posible nombramiento.
Edward interrumpió dando su punto de vista.
—No creo en absoluto que Bella quiera el honor. Está la ceremonia de iniciación, recordad.
Lord Clearwater dio un respingo, casi encima de su copa.
—Dios Bendito, Eddie, eso fue simplemente un disparate de colegiales. No hay ninguna necesidad de todo eso.
Edward iba a hablar pero Bella se anticipó. Estaba molesta porque su marido obviamente no quería que entrara a formar parte de su grupo de la infancia.
—Disiento, Lord Clearwater. Si a causa de esta invitación me convirtiera en un miembro de su exclusiva compañía tendría que estar hecho correctamente. Si no puedo hacer frente a la ceremonia, quizá por su rudeza, entonces no puedo formar parte de ella.
Después de un momento hubo un gran griterío de aprobación, y Bella se percató de lo que había tratado de hacer Edward convirtiéndose en un borracho sensiblero. Se dio cuenta de que en absoluto estaba conteniendo su parte inhibidora, aún cuando había sido moderada, su consumo de vino era de lejos más abundante de lo que tenía por costumbre. Miró con aprensión a su marido que parecía despreocupado.
—Bella, Bella —le dijo— Te apresuras donde los sabios vacilarían, te advierto. Pero no hay algo excesivamente rudo en la iniciación. Como ha dicho Seth, es una tontería de escolares. Hacemos una cicatriz en nuestra palma derecha con un cortaplumas. Pienso que fuimos afortunados al no desarrollar ninguno de nosotros una infección purulenta.
Lord Clearwater y el marqués extendieron sus manos derechas para mostrar una pequeña cicatriz en el centro de sus palmas. Bella vaciló, insegura de lo correcto de su acción, y a continuación extendió la suya, más delicada, que también tenía la misma cicatriz.
—Creo, caballeros, que ya soy miembro, si bien uno extraoficial.
Hubo asombro e intensas demandas para que lo explicara. Echó un vistazo a Edward para ver cómo tomaba la situación, pero tenía la cara inexpresiva, tanto que supo que disimulaba su reacción. No se decidía si era un buen presagio o no, pero no tuvo oportunidad de considerarlo, ya que se vio forzada a dar los detalles que le solicitaban.
—Caballeros, por favor —dijo, mirando alrededor del círculo de caras. Todos miraron hacia atrás con curiosidad y buen humor inducido por el vino, todos excepto su marido, quien parecía fascinado por la luz color rubí que las velas ponían dentro de su copa. Bella sintió un impulso de desafiarle. ¿Qué derecho tenía para desaprobar lo que estaba sucediendo? Haría frente a esta situación inusual lo mejor que pudiera—. Fui una niña infeliz —les dijo a todos ellos—, frecuentemente en desacuerdo con mi hermano y mis padres. Un día visitamos una gran casa. Era un festejo o una fiesta al aire libre de algún tipo. No recuerdo exactamente qué ocurrió, pero mis padres estaban molestos conmigo y me sentía maltratada. Me fui corriendo a esconderme en un jardín apartado, llorando ante la injusticia del mundo. Un niño me descubrió allí y fue todo lo amable que un muchacho puede llegar a serlo con una chica llorosa —todos se rieron de esta observación. Bella agarró su copa—. El niño obviamente pensó en mí como en un pobre animalito, así que expuso algunas soluciones para mis problemas. Realmente no podía contemplar la idea de marcharme con los gitanos, sin embargo, podía tratar de envenenar a mi familia para ser una heredera independiente. Nos habíamos quedado sin ideas cuándo me ofreció protección si me sometía a una ceremonia de iniciación —Bella miró su copa como si fuera mágica, haciéndole recordar esa ocasión medio olvidada—. Estaba completamente dispuesta —dijo—. Siendo algunos años mayor que yo, el niño había cobrado la naturaleza de un dios. Felizmente me habría metido en el lago si me lo hubiese pedido. Pero, pobre de mí, cuando inició la ceremonia y yo tuve su cuchillo contra mi mano, mis nervios fallaron. Se enfadó por mí aprensión, recuerdo, y tuvo que hacerlo en mi lugar. Tan pronto como comencé a sangrar perdí el ánimo enteramente y me fui corriendo gritando. Dije a mi madre que me había caído y me había cortado, y recibí otra regañina. He tenido la cicatriz desde entonces.
Miró a su audiencia.
—No me acuerdo claramente del niño. Asumo que debió haber sido uno de ustedes, los lobos.
Sir Jacob se puso de pie como si estuviera en la Cámara De Los Comunes.
—Caballeros. Tenemos aquí ante nosotros la evidenci… evidencia… más seria que el voto secreto —le dio hipo pero no dejó en suspenso su frase—. Ella no es como la mayoría… es un asunto serio y merecería ret… retribución —volvió a sentarse con el cuidado especial de los muy ebrios.
Lord Jasper estaba incluso más bebido que Sir Jacob, pero consiguió aclarar en qué consistía el juramento, especificando el castigo. ¡Los demás caballeros cantaron a coro!
—¡Hirviendo en aceite, comedor de gusanos, y los castigos más horribles de mención!
Todos excepto Edward, quien le pareció que estaba haciendo el papel de observador.
Disfrutando con el papel de juez, Sir Jacob ruidosamente exigió que la fiesta se convirtiera en un juicio para el culpable.
—Aquí ahora —dijo Lord Clearwater—. Esto…, bien pudo haber sido uno de nuestros miembros ausentes.
Esto podía ser cierto, pero el hombre miraba a todos y cada uno con humorística sospecha.
—Si está aquí, entonces —dijo el marqués, que parecía tener una cabeza fuerte para la bebida y todavía tenía el control completo de sus facultades—, debería confesar sus pecados sin dilación.
Hubo un momento de silencio, y luego Edward moviendo sus pies firmemente, Bella tomó nota con interés, se inclinó ante el grupo.
—Era yo, amigos míos. Era yo.
Esto les hizo gracia a los otros hombres, tanto que Lord Jasper se cayó de su silla. La sonrisa pesarosa de Edward mostraba acusar la situación, pero Bella, quién todavía estaba razonablemente sobria, vio una mirada peculiar en sus ojos, como si la estuviera estudiando.
Esa tarde quizá no transcurría según sus planes. De ser así, ella era la marioneta que no se movía con sus hilos. Sintió un pequeño temblor de alarma, pero hubo también una agitación de excitación. Había pasado su infancia soñando con ese niño compasivo del jardín, imaginándole acudiendo para rescatarla de sus aprietos. Qué extraño era todo.
Edward le habló, su expresión no era completamente amistosa, como si el afecto anterior hubiera sido una ilusión.
—Tú, mi querida Bella, tenías trenzas pelirrojas y te faltaba un diente. Pensé que eras débil. Mis disculpas.
Replicó.
—Por mi parte, te ensalcé como a un héroe, incluso aunque me hiciste sangrar, pero nunca pude recordar todo. Sospecho que, porque a la sazón, era como una tetera llorona.
Sir Jacob rompió este intercambio.
—¡Bien, es suficiente! Debe pagar una penalización. ¡No sólo rompió el voto de silencio, sino que… además – hipó - …lesionó a esta linda señora!
—No puedo aceptar el segundo cargo, Jacob —protestó Edward—. En aquél entonces todos nosotros pensábamos que las chicas eran las criaturas más bajas sobre la tierra del Señor.
—Eso —arrastró las palabras el marqués—, las marcas garantizan aún más su afiliación —Bella vio un destello humorístico de desafío entre Edward y el marqués. Ella sospechaba que lo último era lo menos probable para bailar al son de su marido.
Las palabras del marqués causaron asentimientos en las ebrias cabezas alrededor de la mesa.
—No veo el aceite hirviendo, sin embargo —pronunció con acento arrastrado el marqués—. Se necesita una maldita perola grande.
—¿Pueden comer los gusanos a alguien vivo? —Preguntó Mr. Ateara frunciendo el ceño—. Ahora, las serpientes, tal vez…
—No se pueden conseguir serpientes en Londres —apostilló mordazmente el Vizconde Sam Ulhey.
—¿Qué hay acerca de los tormentos que son demasiado horribles para mencionar? —preguntó Mr. Ateara
—Cita uno.
—Almack's * —interrumpió el marqués con un ligero estremecimiento, seguramente uno de los grandes mercados de venta para el matrimonio.
Hubo gemidos generales de asentimiento.
Se produjo el silencio. Bella esperó que ahora el tema pasase al olvido, pero el marqués volvió sus traviesos ojos azules hacia ella.
—Mi querida señora, creo que usted debe elegir y administrar el castigo. Se dice que a las mujeres pueden ocurrírseles tormentos más horrendos que a los hombres.
—Pero no tengo ningún deseo de aplicar tormentos horrendos a nadie —protestó—. Y menos a mi marido.
—¡Qué vergüenza para usted! —bromeó, con ojos relampagueantes—. Recuerde su pequeño desaire. Y aunque de momento usted no ha prestado juramento, se hizo miembro de nuestra compañía y debería acatar sus reglas —Bella descubrió en sus ojos que estaba tejiendo una forma de trampa, lo que produjo que su marca irradiara calor.
—Emmett—dijo Edward secamente—, recuerda que ella confesó.
Miró a su marido con alarma; no parecía enojado, pero una mirada desafiante relampagueó entre los dos hombres. El marqués se rió.
—No me puedes culpar por hacer un intento. Heme aquí, el honor obstaculizado por el matrimonio, y todo lo que encuentro son bobos que sonríen tontamente… En la forma respetable, por supuesto.
—Simplemente iba a preguntar, después de tanto tiempo, por Rosalie Hale —dijo Quil, con una sonrisa afectada. Después fijó una mirada en Bella, ruborizándose.
Bella podía adivinar quién era Rosalie Hale. Otra ramera francesa. Sin embargo, el marqués no se inmutó y dijo.
—Nunca, a Dios gracias —volviéndose hacia Bella—. Usted todavía tiene que escoger un castigo, querida señora.
Bella miró alrededor impotentemente. Con la excepción de esa intervención breve y seguramente innecesaria, Edward estaba de pie a su espalda dejándola solucionarlo por sí misma. Le dirigió una mirada asesina. La vio y le sonrió abiertamente. Si tuviera a su disposición una cazuela de aceite hirviendo, entonces se habría deshecho de él gustosamente.
Fue Lord Clearwater quién vino a su rescate.
—Emmett, exiges mucho. A una mujer tiene que repugnarle ser cruel. Tengo una sanción que sugerir —una sonrisa traviesa resplandeció en sus ojos cuando dijo— Como Eddie violó nuestras reglas, ya no puede ser miembro a menos que se someta a la ceremonia de iniciación otra vez.
Esto fue acogido con una aclamación instantánea.
Edward se rió y dijo —¡Seth, eres un diablo!
Pero caminó alrededor de la mesa hacia donde estaba sentada Bella, se apoyó elegantemente sobre una rodilla. Sacó un pequeño cuchillo de plata de su bolsillo.
—Me temo que está limpio. Sin duda, si lo deseas puedo encontrar uno viejo y oxidado como el que usé contigo.
Sus ojos se quedaron fijos en los de ella. El atractivo marqués podía haberse desnudado en ese momento y ni siquiera habría llamado su atención. Quiso decirle a Edward que se dejase de tonterías, que era mejor dejarlo correr. Estaba enteramente de acuerdo en que usara el cuchillo limpio.
Recitó de forma dramática.
—Yo, Edward Masen, por este medio doy mi palabra para servir a la Manada de Los Lobos; para defender a todos y cada uno, individualmente y como grupo, de toda lesión malintencionada, y para nunca cesar en mi empeño para ejecutar una venganza horrible para cualquiera que lesionara a uno de mis colegas. Si cometiera perjurio, entonces o si otra vez revelara a cualquier persona los secretos de esta Manada, entonces puedo ser hervido en aceite, devorado por gusanos, o se me inflijan otros tormentos también horribles de mencionar.
Luego, muy lentamente, con sus ojos puestos en Bella, clavó con fuerza la punta del cuchillo en la palma de su mano hasta que salió sangre. Ella no pudo detener su mano que se movió hacia adelante para detenerle.
Se levantó sin problemas y detuvo su mano.
—¿Caballeros, están satisfechos?
Ellos corearon su aprobación.
—¿Y mi esposa es ahora un miembro de la Manada de los Lobos, nombrada para su protección?
Otra vez gritaron su consentimiento.
Edward presionó la herida con una servilleta. Cuando la retiró vio que el sangrado ya se había detenido. Tendió la mano herida a Bella y se retiraron de la mesa.
—Una vez prometí protegerte —dijo Edward suavemente cuando iban andando por la habitación—. He sido un poco lento en asumir mis obligaciones.
—Algunas veces imagino a un caballero con armadura, que me lleva a un castillo mágico. En cierto modo, supongo que el sueño se ha hecho realidad.
La condujo fuera al vestíbulo vacío y cerró la puerta con renovado buen humor.
—Tienes una naturaleza compasiva, Bella, lo cual me da esperanzas. ¿Te importaría mucho si te mando a la cama? Si puedo ponerlos lo bastante sobrios, tengo que ver algunos negocios muy aburridos que gestionar.
Más negocios. Pero su negocio era su amante ¿No es cierto? Bella comenzó a preguntarse si los acontecimientos verdaderamente se habían salido de su control, o bien todo había sido planeado.
—No, claro que no me preocupa —dijo—. Habría salido más temprano de haberlo deseado. Lamento ese asunto con el cuchillo —agregó, vigilándole—. Debería haber pensado en una mejor solución.
—Resultó muy bien, en realidad —dijo Edward tranquilamente, confirmando sus sospechas—. Fue muy agradable evocar los viejos tiempos —levantó su mano derecha y depositó un beso cálido en la vieja cicatriz. Era la primera vez que hacia inesperadamente una cosa tan íntima, de manera tan encantadora, y ella sintió en respuesta un momentáneo escalofrío atravesar su cuerpo.
—Siempre son así las reuniones sociales —continuaba sobre su palma, la respiración caliente revoloteando sobre su piel—, pero ahora quiero utilizar a la compañía una vez más. Qué menos que proveerte de una bandada de escoltas durante las muchas ocasiones en las que estoy con diferentes ocupaciones —Madame Tanya, pensó con una puñalada de dolor que eficazmente bloqueó cualquier placer que le hubieran dado sus atenciones. Él no se percató, y continuó jugando distraídamente con sus dedos—. Serás la joven más envidiada del país.
Conservó la calma, esperando que las nieblas del vino en su cerebro no distorsionaran su valoración.
—La más odiada, quieres decir. Sé que tres de los solteros más codiciados de Forks están en ese cuarto. Mantendré fuera mis ojos codiciosos.
—No si haces una presentación juiciosa, entonces —dijo con una sonrisa—. Debo regresar.
Le besó los dedos de la mano derecha, cada uno separadamente y lentamente. Todos los sentidos de Bella relajados por el vino respondieron.
—Dormiré esta noche en el vestidor —dijo su marido—. Regresaré muy tarde y tengo que irme temprano por la mañana. Viajo para Hampshire. No sé cuánto tiempo tardaré en volver, pero estaré de regreso antes de esa maldita cena familiar. ¿Cuándo es? ¿El viernes? Llama a cualquiera de estos tipos, especialmente a Clearwater, si lo necesitas.
Otra vez la había espabilado. Se marchaba.
—No estoy completamente indefensa, sabes —dijo agudamente, soltando su mano de la de él.
Tocó delicadamente su mejilla con un dedo.
—Permíteme mi papel como caballero andante, Bella. Tengo que reparar diez años de negligencia.
Colocó el dedo bajo su barbilla y besó sus labios. Podía suponer que se trataba de un saludo formal, pero entonces sus brazos se cerraron alrededor de ella y los suyos treparon en contra de su voluntad hacia sus hombros, y se convirtió en algo mucho más serio. Nunca antes se habían besado de esta manera.
Se sintió maravillosamente encerrada entre sus brazos. Sus dedos se movieron hacia su suave cabello, deleitándose con la cálida suavidad. Sus labios eran suaves contra los más firmes de él, moviéndose sensualmente en respuesta. Un maravilloso sabor se mezcló con el suyo. Su lengua tímidamente comenzaba a unirse en la exploración con la de él, cuando este retrocedió y la miró escudriñándola como si fuera a decir algo importante.
Con sus manos aún acunando su cara echó a andar.
—Deseo… —pero entonces suspiró y la dejó ir—. Es tarde, Bella. Debes estar muy cansada. Buenas noches, querida. Duerme bien.
Creyó haber notado cierta renuencia en él, como para cambiar de dirección antes de regresar al comedor.
Por un momento la había deseado. A ella, a ninguna otra mujer.
El poder del alcohol, se dijo Bella a sí misma cuando subía las escaleras. ¿Pero no dicen en vino veritas? Tampoco había sido inmune a los efectos. Si viniera a su cama esta noche, pensó, y la tomara en sus brazos, si despeinara su pelo y la besara como quería ser besada, entonces no habría encontrado tan difícil responderle. No, no lo habría encontrado difícil del todo.
Edward volvió al comedor y confiscó el oporto, pidiendo cerveza y café en su lugar, a pesar de las protestas de sus amigos. Cuando estuvieron servidos pidió su atención.
—Tenemos trabajo que hacer otra vez —explicó.
—¿Trabajo? —preguntó retraídamente Quil.
—Cristo, Eddie, la última vez que la Manada entró en acción, estábamos en sexto, cuando el viejo gruñon de Cayo decidió fastidiar a Sam —el motivo era que no le gustaba el Irlandés.
Miles se echo a reír.
—¿Me pregunto si llegó a saber quién tiñó de verde todas sus camisas y corbatas verdes para el día de San Patricio?
Edward sonrió ampliamente.
—Lo llegó a saber, pero se percató que sería peor si no guardaba silencio. Entonces teníamos realmente una reputación.
—¿Qué deseas ahora de nosotros? —preguntó Lord Clearwater.
Edward jugueteó con su taza durante un momento, y ese instante de abstracción atípica captó la atención de todos los integrantes de la mesa.
—He emprendido una misión para el país —dijo al fin—. El gobierno cree que se está fraguando un complot para liberar a Napoleón y restablecer su imperio.
Hubo exclamaciones de horror e incredulidad en el grupo.
—Que lo condenen al infierno —exclamó Quil—. ¡No soportaré más su locura! —había servido en la Península antes de dejar su cargo el año anterior.
—Por supuesto que haremos cualquier cosa para ayudar, Eddie —dijo el marqués—. Como uno que no puede ir a luchar, me encantaría una oportunidad de dar un golpe al Corso.
Edward vio la aceptación alrededor de la mesa.
—Gracias. Pero antes de que os comprometáis —dijo bruscamente—, debo contar mi misión. No es, de hecho, una tarea muy noble. La persona más prominente en este complot parece ser una francesa llamada Tanya Denali. Es una aventurera, y una con mucho éxito. La conocí hace cuatro años en Viena. Fuimos, de hecho, amantes —continuó enfrentándose a las miradas de sus amigos cuando dijo—. Es mi tarea seducirla otra vez y usar mi influencia para persuadirla a abandonar el complot y traicionar a los líderes.
Silencio.
Luego Lord Clearwater habló.
—Pero Eddie, ¿qué pasa con tu esposa?
Edward enrojeció ligeramente y por fin apartó la mirada.
—No sería la primera esposa que se encontraría con que su marido tiene una amante. Espero, sin embargo, que no necesite saberlo nunca —los enfrentó otra vez—. Si como sospecho, todo lo anterior es un error, debo descubrirlo. Si no lo es, entonces estoy seguro de que pronto podré persuadir a Tanya para que traicione a sus colegas por dinero, el cual el gobierno está dispuesto a proporcionar. Es amoral. No sabe el significado de lo que es la lealtad.
Fue Sir Jacob quién dijo en alto sus pensamientos.
—¿No podrías haber esperado a celebrar la boda hasta que este asunto estuviera resuelto, Eddie?
—No —dijo rotundamente—. Bella espera un niño.
El silencio resultante fue arruinado otra vez por Lord Clearwater, hablando con delicadeza.
—¿Qué es lo que quieres que hagamos, Eddie? Ayudaremos de cualquier forma que podamos.
El marqués añadió.
—¿Supongo que tu francesa no sucumbiría con uno de nosotros a cambio? Podría soportar tal sacrificio…
Edward sonrió ante eso.
—No, no tengo miedo, nunca de ti, Emmett. Aunque todos sois bienvenidos para probar si lo deseáis. Aparentemente ha abierto un establecimiento en la ciudad, un burdel, para ser preciso. Es su forma usual. Será un lugar bien dirigido, lo aseguro. Recientemente también ha adquirido una casa de campo cerca de Tacoma, donde serán pocos los visitantes. He recibido una invitación ya y me voy mañana —miró alrededor hacia sus amigos. Lo miraban con algunas dudas—. Lo que os pido primero es vuestro apoyo para Bella. Conoce a pocas personas en la ciudad. Si podéis escoltarla y aparecer en los acontecimientos sociales, entonces presentarla a vuestras familias, no advertirá la ausencia de su simple marido. Si no puedo terminar este asunto en los próximos días, después me gustaría que alguno venga conmigo al establecimiento de Tanya de vez en cuando. Me daréis apoyo moral, y quizá en grupo mi atención hacia la mujer no será tan obvia.
Vaciló ligeramente y los sopesó.
—También —dijo—, seréis cómplices del engaño. Me gustaría utilizaros como excusa por mi negligencia con Bella. Si el asunto se alarga, entonces vamos a tener una gran cantidad de tardes de solteros.
Se sentó de nuevo a esperar su juicio. Los caballeros se miraron ansiosamente los unos a los otros y a su líder.
Haciendo rodar una nuez hacia adelante entre sus dedos, el Sam Uhley dijo.
—En resumen, estoy seguro que la Península fue más fácil que lo que estás haciendo.
Edward le sonrió.
—Con seguridad lo habría escogido.
—A menos que puedas terminar la misión rápidamente —dijo Lord Clearwater—, Bella no puede ayudar pero se sentirá muy dolida, Eddie.
Edward encontró los ojos de su amigo.
—El matrimonio no armoniza con el amor, Seth. Es una mujer sensata y entiende las costumbres de moda. Si resulta dañada, entonces la resarciré. Mi preocupación principal es que no se sienta avergonzada. Espero que mi comportamiento no se comente entre la sociedad refinada.
Seth negó con la cabeza ante su optimismo, pero otra vez ofreció su apoyo y los demás lo secundaron.
Edward sonrió con alivio.
—Gracias. Sé que esto no parece heroico, pero es un servicio de la misma clase y estará pronto encima.
* Almack's * Fue uno de los primeros clubes en Londres que daba la bienvenida a hombres y mujeres a la vez. La gente iba a Almack´s para ver y ser visto, para afirmar su posición en la categoría más alta de la clase social y entretejer una red con otros de su misma casta. En segundo lugar, allí acudían los caballeros en busca de novias de una posición conveniente, lo que convirtió Almack´s en uno de los mercados matrimoniales más conocido. Hacia 1790, ser una debutante, una vez presentada en la corte, costaba bastante poco, ya que la corte del Rey estaba considerada con un grupo mohoso y sin clase. En cambio, las madres buscaban oportunidades para sus hijas recién presentadas cazando tarjetas de bailes a los jóvenes casaderos.
