Si tu supieras

Primera parte

Capítulo VI

Ahora debía compartir a Alice con mi primo, y mejor amigo, Jasper. Pero no me importaba mucho, compartía con ella todas las clases y creía entender la constante e insaciable necesidad por estar cerca de su nuevo novio.

Por eso me pareció extraño que en el primer recreo que tuvo la oportunidad me pidiera que le presentara a Edward.

-¿Por qué no se lo pides a Jasper?

Aún recordaba mi última conversación con Edward y sentía mucha vergüenza al pensar en lo que él debía creer de mi.

-Porque creo que no vino hoy-comentó mirando hacia otro lado-Y tengo mucha curiosidad por ver la nueva adquisición de Rosalie.

Sonrió inocente cuando la miré creyendo saber lo que planeaba. Respiré resignada.

-¿Por qué crees que sabes donde está?-le pregunté luego de un rato, ella había guiado la caminata hacia el salón de música.

-Es solo una corazonada-contestó.

Nos acercamos a la puerta que estaba entreabierta y Alice echó un vistazo hacia adentro. Se volvió a mirarme con su sonrisa de sabelotodo y me empujó adentro. La sala de música, aparte de estar especialmente echa para amortiguar los sonidos, era escalonada.

Me quedé quieta cuando vi a Edward en el primer piso. Estaba en una esquina, sentado frente al piano. Este estaba abierto pero Edward no le prestaba atención, tenía la mirada perdida en algún lugar lejano.

Alice me instó a acercarme pero era obvio que él había ido a ese lugar para estar solo y no quería interrumpirlo.

-¿Aquél es ¡Edward!?-preguntó Alice con malicia y gritando su nombre.

Antes de poder volverme Edward había alzado la vista.

-¿Bella?-

-¿Ya lo conocías, no?-pregunté a Alice en un susurro.

-¡Sip! Viene hacia acá-me avisó y acto seguido se fue.

-Hola, Edward. Lamento molestarte, yo ya me voy.

-No, no-me detuvo su voz camino a la puerta.

Me invitó a acercarme y cuando estuve frente a él, me invitó a sentarme a su lado.

No levanté la vista pues luchaba internamente por no sonrojarme.

-¿No vas a hablarme de Rosalie?-preguntó luego de un prolongado silencio que para mi sorpresa no fue para nada incómodo.

Sonreía. Bueno, una torcida sonrisa había aparecido de pronto. Lo miré confundida.

-¿Quieres que hable de ella?-me encogí de hombros y él comenzó a reír.

-¿Ustedes no son amigas, cierto?

Tragué en grueso, ¡me había descubierto!

-No-agregó luego, con otra sonrisa.

No supe que responder.

-Sabes-me dijo con una mueca algo avergonzada-me alegro, ella no es una persona muy agradable-añadió.-No podía entender por qué alguien como tu se juntaba con ella.

Me detuve un instante en su rostro, estaba siendo sincero.

-Yo pensé que te agradaba.

-¿En serio? ¿Por qué pensabas eso?

-Porque esa era la idea-dije confundida, Edward me miró más confundido que yo.-Ustedes se veían bien, pensé que se llevaban bien, ustedes conversaban, se reían…pensé que te gustaba.

El se rió, negando la posibilidad y agregó:

-Lo se-aceptó con un movimiento de cabeza, recordando, tal vez, nuestra última conversación.-Cuando hablamos la mayoría de las veces es de ti y no, no me gusta. ¿De dónde sacaste eso?

-Emmet me dijo-respondí sin mirarlo-Habíamos hecho un plan para juntarlos-confesé al fin.

-¿Emmet?-entrecerró los ojos y se quedó pensando-¡Qué raro!-murmuró.-El sabe quién me gusta-añadió mas para si mismo que para mi.

Me miró un instante y volvió a sus cavilaciones.

-Perdona por haber sido tan insoportable contigo la otra vez.

Negué con la cabeza, era yo quien debía pedir perdón.

-Perdóname tu por entrometerme en tu vida, no debí. Lo siento.

-No te apenes, Bella. Piensa que le diste un poco de diversión a mi vida.-sonrió, algo irónico.

Lo observé en silencio, con admiración. Edward parecía no haberse molestado por mi intromisión, por la intromisión de una extraña en su vida. Siempre lucía una sonrisa agradable en el rostro, le gustaba bromear y hacer sonreír a los demás…sin embargo, el no parecía nada feliz.

Comenzó a tocar el piano casi con timidez. Comenzó tocando aleatoriamente un par de teclas que resonaron en el salón vacío y luego una dulce melodía se comenzó a formar. El sonreía ahora, inserto en su propio mundo. Sus manos se movían con elegancia por el teclado y en determinado momento cerró los ojos. Nunca me había parecido tan atractivo como en ese momento. Su rostro se encontraba concentrado pero me hacía un lugar en su burbuja, la atmosfera no era nada incómoda, era como si debiera estar ahí. Me quedé contemplándolo mientras sus largos dedos producían una música preciosa.

Más pronto de lo que hubiera deseado, Edward despertó y junto con eso la atmosfera que se había formado en torno a nosotros desapareció.

-¿Qué aprendimos el día de hoy Srta. Isabella?

Volvió a tocar un par de notas para darle más énfasis a su pregunta.

Me lo pensé y respondí, evitando reír antes de tiempo:

-Soy tu payaso personal.

Evitó reír y dijo:

-Además de eso.

-¿Aprendimos algo más? Somos muy productivos-me congratulé.

Me observó como se observa a una hermana menor a la cual le estas advirtiendo que no toque tus cosas o que la tierra no es comestible. Edward era muy dulce, pero no tenía paciencia.

-No me gusta Rosalie-inclinó la cabeza y se me quedó viendo, serio.

-No te gusta-repetí sin mirarlo y se me escapó un suspiro.

No quería estar ahí cuando ella se enterara.

Esbozó una sonrisa y miró su reloj. Se echó a reír y al ver mi cara de pregunta aclaró:

-Nos perdimos la clase.