Nota de las autoras: Lo sentimos por adelantado.
Capítulo 7.
Entró en la sala de los Menesteres con la cabeza baja, frotándose los ojos, y se sorprendió cuando alzó la vista, al comprobar que Luna y Raven ya estaban allí. No las había visto en toda la jornada, porque tras lo que había pasado el día anterior en la enfermería junto a Clarke no había querido salir de su habitación, y podía decir que era la primera vez que le había dado exactamente igual saltarse las clases. La mirada de odio y repulsión que había observado en el rostro de la rubia se había repetido una y otra vez en su mente durante aquella noche, y no había sido capaz de concebir el sueño ni un segundo.
—Lexa, ¿estás bien? ¿Qué te ha pasado hoy? —preguntó Raven en el mismo momento en que puso un pie dentro de la sala, acercándose a ella y dándole un suave apretón en el hombro.
—Nada, no os preocupéis, ¿qué hacéis aquí tan temprano? ¿Y Octavia? —quiso saber, intentando esconder el dolor que claramente mostraban sus ojos, aunque sabía que, frente a sus dos amigas, las personas que mejor la conocían dentro de ese castillo, le iba a ser francamente difícil.
—Ni idea de dónde está esa inútil, pero mejor, así no molesta —contestó Luna, en un tono bastante duro—. Y nosotras hemos venido pensando que tal vez estarías aquí. ¿Has ido a ver a Clarke?
Fue a contestar, de verdad que sí, tan solo tenía que decir un monosílabo, pero el nudo en la garganta se hizo demasiado fuerte, y de repente se vio simplemente asintiendo, incapaz de contener las lágrimas que comenzaron a caer por su rostro sin remedio. No sabía cuánto tardaría en acostumbrarse a aquella situación, tal vez nunca, pero el dolor físico que sentía constantemente en su pecho no se amagaba ni lo más mínimo. Enseguida notó cómo sus amigas se acercaban a ella y la rodeaban en un cálido abrazo, dirigiéndola a continuación a uno de los sofás que había, para que se sentase y se tranquilizara un poco.
—¿Qué ha ocurrido, Lex? —la Ravenclaw estaba arrodillada frente a ella, y alargó la mano para apartarle algunos mechones de la cara, y ella se quitó las gafas, que se habían empañado un poco.
—Fui… Fui ayer a la enfermería —comenzó a explicarles, intentando controlar como podía su temblorosa voz—, y Clarke se despertó, y por unos segundos pensé que había vuelto, que era… Que era ella otra vez. Tenía ese brillo tan increíble, y me llamó por mi nombre y todo, entonces la besé y…
—¿Te ha hecho algo? ¿Estás bien? —fue Luna la que preguntó esta vez y ella negó con la cabeza varias veces.
—No, no me ha hecho nada más allá de empujarme cuando volvió en sí —suspiró con fuerza, cerrando los ojos por el dolor que le producía rememorar ese recuerdo tan cercano—. Me siento tan idiota, por un momento pensé que había vuelto y que…
—Tranquila, Lex —habló Raven de nuevo—. No ha vuelto, pero volverá, te lo aseguro. Tengo algo que quizá te ayude —dijo de repente, y ella levantó la mirada para observarla, frunciendo el ceño, porque no sabía a qué se podía referir.
—¿De qué hablas, Rave? —la chica no contestó inmediatamente, rebuscó entre su túnica hasta sacar un sobre de su interior.
—La carta que te di el primer día de clases no es la única que Clarke me dejó para ti —confesó, manteniendo sus miradas conectadas y extendiendo su mano para ofrecerle el sobre.
No tenía muy claro por qué, pero, de alguna forma, el ver aquel sobre frente a ella, le hizo sentir un poco de alivio. Podía decirse que, en cierto modo, a través de esas cartas, podía sentirse más cerca de su novia. Cogió el sobre de las manos de Raven y le sonrió en forma de agradecimiento.
—Te dejamos que la leas a solas, ¿vale? —fue Luna la que lo dijo, y asintió mientras veía cómo ambas chicas se levantaban y se dirigían hacia la salida con sus manos entrelazadas—. Nos vemos en un rato, Lexa.
Esa vez no le costó tanto abrir la carta, porque quería saber qué decía Clarke en ella. Quería conocer si allí habría alguna pista que les pudiese conducir a dar con alguien o con la clave para ayudar a su chica. Y sí, sabía que el seguir refiriéndose a ella como su novia tal vez no fuera muy acertado cuando la chica ni siquiera se dignaba a mirarla, pero ella seguía sintiendo que lo era, porque sabía que la rubia habría permanecido a su lado bajo cualquier circunstancia.
Inspiró con fuerza mientras desplegaba aquel papel, y se dispuso a leer, aguantando las lágrimas que se acumularon de nuevo al ver la caligrafía de su chica allí escrita.
Preciosa,
¿Pensabas que solo te iba a dejar una carta? No podría hacer eso nunca, y más sabiendo cómo debes estar después de todo esto. Sé que estas cartas te ayudarán, será una especie de conexión entre tú y yo, como si aún estuviera a tu lado, como si pudiera perderme de nuevo en tus increíbles ojos verdes. Como si pudiera decirte estas palabras mientras te abrazo y recorro tu piel una y otra vez.
Solo espero que estés yendo a clase, que sigas siendo la ratita de biblioteca de la que me enamoré completamente, y que el dolor no esté haciendo que descuides tus estudios, porque eso es lo que hace que seas tú: tu pasión por cada una de las asignaturas y ese cerebrito tan increíble que tienes ahí dentro.
Y por mucho que me gustaría continuar toda esta carta diciéndote lo increíble que eres, necesito hacerte una advertencia, Lex: ten cuidado. Sé que están planeando ataques, y Hogwarts es uno de los objetivos más claros, donde saben que pueden hacer más daño. Así que, te pido por favor, que evites los lugares donde se acumule la gente. No quiero ni imaginar que te pudiera pasar algo, mantente a salvo, a ti y a Raven. Cuidaos las dos, por lo que más quieras.
Recuerda todo lo que te he dicho, y sé feliz. Solo espero que, en algún momento, en esta vida o en otra, podamos reencontrarnos, y estar juntas como sé que corresponde. Porque sé que nunca te lo he dicho, pero desde el momento en que vi tus ojos hace ya más de seis años en el andén 9 y ¾, supe que tú eras mi destino, Lexa. Y sé que lo sigues siendo.
Te quiere,
Clarke.
Se pasó la manga de la túnica por los ojos, porque su novia siempre había sabido hacer que se emocionase con sus palabras. Y, aunque le hubiese encantado centrarse solo en aquellas cosas tan preciosas que le decía, sabía que tenía que hacer caso a lo que le decía sobre los ataques. En los próximos días había un partido de Quidditch: Gryffindor contra Slytherin, y sabía que aquel era un lugar muy probable para que ocurriese algo, tendría que estar alerta.
X X X
La tensión era palpable, pero es que no podía quitarse de la cabeza las imágenes de ellas dos haciéndolo en aquel pasadizo de las mazmorras. Observaba a Luna Hilker fijamente y de vez en cuando la Gryffindor la miraba confundida, quizás porque ni se dignaba a girar el rostro, sino que continuaba con los ojos estancados en su cara, con la mandíbula apretada. No podía sacarse de sus recuerdos a las dos chicas besándose, tocándose y gimiendo. Apretó el puño, porque tendría que darle asco, como siempre, pero no, envidió a esa chica de pelos de rata. "Estás tan apretada". ¿Cómo sería comprobar lo "apretada" que estaba? ¿Por qué quería follársela si siempre había sentido rechazo por ella? ¿Qué mierda le estaba pasando con Raven Reyes si ella nunca había experimentado atracción por una chica? ¿Por qué ella, con la de chicas que había?
Y es que fue justo como en ese momento: sus ojos fijos en ella, incluso se acercó, y Hilker y Reyes estaban tan entretenidas que ni se dieron cuenta de que estaba al otro lado de los barrotes, mirando fijamente el rostro de la latina: sus ojos cerrados y sus labios separados por los gemidos. Su cuello: sentía casi las veinticuatro horas su cálida piel bajo sus dedos cuando lo rodeaba. ¿Cómo sería tenerla gimiendo su nombre en vez del de esa Gryffindor? ¿Qué se sentiría al sentirla corriéndose con sus dedos? ¿Cómo sería el estar con la boca entre sus piernas como la tuvo Luna ese día?
Quiso poner distancia entre ellas, por eso faltó varios días a esas quedadas porque bastante tenía con evitarla en clases. ¿En qué cabeza cabía? En la suya estaba claro que no. Odiaba sentirse así, porque no lo controlaba y a ella le gustaba tener el control. Tener el control de todo. Buscó distracciones, compañeros que fueron amantes, el sexo había formado parte de su vida. Sexo sin sentimientos de por medio. Pero no, no se sintió como se esperaba. Odió sentir que la penetraban y labios que no eran los de Raven la besaran. ¿Y desde cuándo pensaba en ella por su nombre? Reyes, cara sucia, Ravenclaw de mierda… Tenía miles de motes para ella. ¿Por qué elegía "Raven"?
Bajó la vista a su mano cuando la chica en cuestión llegó, saludando al amor de su vida con un suave apretón y a su estúpida novia con un beso, a ella ni la miraría. Observó sus nudillos, la poción apenas le curaba las heridas ya, y era una mierda porque últimamente se sentía peor que nunca. ¿En qué momento decidió ayudarlas? ¿Que sería buena idea involucrarse en ese grupo? Joder, que Clarke había sido una gran amiga, pero el último año se fue de su lado, la dejó sola, y, aun así, ahí estaba. No le tendría que deber ningún favor, pero ahí estaba.
—En la segunda carta que tenía de mi Clarke, advertía de que este año habría ataques en el colegio —empezó a explicar Lexa, pero ella continuó mirando sus nudillos, pasando el dedo por la zona dañada—. Hoy es Slytherin contra Gryffindor. Tengo el presentimiento de que el primer ataque será hoy. Multitud de personas, el partido más visto por los alumnos y Clarke está algo nerviosa. La conozco, me dio tiempo a hacerlo en este año, y sé que cuando lo está, le tiemblan las manos. Y creedme, porque pocas veces la he visto nerviosa.
Alzó el rostro y Lexa tenía razón en ese dato de Clarke, porque la conocía desde bien pequeña y siempre le había pasado, aunque de normal, nunca lo estaba. Ni siquiera cuando la ayudaba con sus asuntos fuera de Hogwarts. Quizá por eso estaba ahí, porque Clarke había estado allí siempre, daba igual lo mal que se hubiese comportado con todo el mundo, iba a ser su amiga. Era hora de devolverle el favor.
—Tendríamos que tener un plan de fuga, por si ocurre algo. Todas vamos a estar dentro del partido menos cara sucia —señaló a la Ravenclaw, sin mirarla.
—Tienes razón, Blake —admitió Hilker—. En caso de que ocurra algo, yo iré a por Raven y nos vemos en la torre del reloj. No hagas ninguna locura, Lexa. No intentes salvar a Clarke, porque ella va a estar en ese grupo, probablemente sea de las personas que lo inicie.
El rostro de Lexa se ensombreció en actitud entristecida, y ella apretó la mandíbula con el recuerdo de su conversación con Clarke. De su comportamiento sexual de las últimas semanas. ¿Cómo le sentaría saberlo? Había algo de ella que la instaba a soltarlo para ver en su rostro el dolor, pero Lexa era la única en ese grupo que había mostrado confianza en ella.
X X X
Era cierto que Clarke estaba rara. Llevaban media hora de partido e iban ganando ellos, Slytherin. Pero incluso a ella misma le había dado mala espina la sonrisa de la rubia antes de salir todos con sus escobas, cuando le dijo "Hoy va a ser una gran noche, Octavia" mientras le daba un apretón en el brazo. No recordaba demasiado contacto entre las dos. Nunca.
Sus miradas se conectaron, verde con azul, y entonces su amiga sonrió de forma maliciosa justo cuando una de las torres explotó, creando un fuerte estruendo. Una parte dentro de ella disfrutó de cómo caía lentamente hasta quedar en el suelo como simples pedazos de madera, comenzando a arrastrar las gradas que quedaban a su alrededor. Los gritos no tardaron en escucharse, y volvió a buscar a la rubia con la mirada: ya no estaba.
Lamió sus labios, algo inquieta, y buscó a las que jugaban en ese momento. Lexa estaba en el suelo, al lado de Luna que estaba frente a la torre, ayudando a alguien de su equipo que quedó atrapado bajo escombros. ¿Quién mierda estaba pendiente de Raven? Frunció el ceño y comenzó a buscar la torre donde sabía que estaba y admitió que, por primera vez tras mucho tiempo, se asustó al comprobar que era en la torre continua a la que había estallado.
Se posicionó en su escoba para ir más rápido hasta esa zona del estadio, a pesar de los gritos de profesores usando sus varitas de que desalojasen rápidamente el terreno. Vio gente que caía de las gradas, a medida que todo se derruía, y a pesar de que había sido una chica violenta, las imágenes eran horribles. Eso era serio. Estaban en guerra y había que actuar rápido si quería sobrevivir. La muerte estaba presente esa noche.
—Joder, Reyes —la vio en el suelo una vez aterrizó, ni una persona se atrevió a quedarse a socorrerla. Otra explosión a sus espaldas hizo que la cubriese con su cuerpo y la miró de cerca, observando su cara manchada de cenizas y un hilo de sangre cayendo por su frente—. Vamos —la alentó, sujetando su brazo para levantarla mientras con la otra mano posicionaba la escoba entre sus piernas.
—No puedo levantarme —se quejó cuando comenzó a tirar más fuerte.
Se fijó que sobre su pierna había un tablón de dimensiones considerables y que no podía sacarla de allí. Bufó, algo frustrada y apuntó con su varita para lanzar un hechizo que lo moviese, pero no funcionó.
—Tienes que hacer que explote, no va a moverse si no —dijo la cerebrito de Reyes.
—Túmbate y tápate la cara, no quiero darte a ti.
Apuntó bien en el pesado tablón y exclamó "reducto" haciendo que estallase en miles de trozos, unos pequeños y otros más grandes. El hechizo parecía no haber funcionado a la perfección, pero al menos consiguió que la chica quedase liberada. No esperó el grito desgarrador de Raven, y cuando enfocó vio que uno de esos pedazos se había clavado en su muslo, brotando gran cantidad de sangre de esa zona. Paró el avance de su mano cuando Reyes la llevó hacia la madera para sacársela y agarró su brazo.
—Eres inteligente en la magia, pero no tienes ni puta idea de primeros auxilios, ¿verdad?
La cara de sufrimiento de Raven debería haberle gustado, porque, joder, disfrutaba de esas miradas de dolor, pero no, se quedó enganchada en sus ojos unos segundos de más. Otra explosión cercana la sacó de su ensimismamiento y el suelo donde estaban apoyadas desapareció. Agradeció el tener su escoba a mano y el brazo de Raven en la otra. Escuchó su quejido cuando logró hacer volar su escoba en el aire, cogiéndola con dificultad, pero tenía que largarse de esa zona. Una vez elevadas, con miedo de que la chica se cayese, la ayudó a que subiera, sacando la fuerza de no sabía dónde.
La chica rodeó su cuello cuando la tuvo delante y le mandó que se sujetase con fuerza, rodeando su cintura para seguir adelante. La notaba temblar y llorando. Miró hacia su pierna y vio cómo no dejaba de salir sangre de ella, así que se dio prisa para llegar a la torre del reloj. No había nadie allí, pero eso no impidió que comenzase con lo que tenía que hacer.
Tumbó a Raven en el suelo y se quitó su túnica del uniforme de Quidditch, rasgándola mientras la veía retorcerse de dolor con la pierna tensa y la cabeza hacia atrás, apretando los dientes. Miró el trozo de madera que se hincó en ella y por unos segundos se quedó mirando cómo salía la sangre de ella.
Despierta, Octavia, o se desangrará.
—Si te la quitas sin hacer esto, te puedes desangrar mucho más rápido —levantó un poco su pierna para pasar por debajo la tela y apretarla en la zona de su ingle, un poco más abajo. Y no eran las mejores condiciones, pero la imagen de su ropa interior no se le iba a borrar tan fácilmente. ¿Por qué iba con el uniforme?—. Tengo que cortar la hemorragia.
La chica abrió los ojos, cubiertos en lágrimas y miró directamente a su pierna, temblando y mordiendo su labio, probablemente aguantando el dolor.
—¿Y si me desangro igualmente? ¿No deberíamos ir a la enfermería?
—Raven —la llamó por su nombre y vio cómo su mirada cambiaba—, hay gente muerta. Hay gente herida. Estamos en guerra, no sé si te has dado cuenta. La señora Pomfrey es la única que está aquí y seguramente aún no ha podido atender ni a los tres primeros.
—Vale, puedo esperar —se echó hacia atrás y colocó las manos sobre sus ojos con una expresión de dolor dibujada en los labios.
Bajó la vista a la pierna de Reyes, que quedó descubierta por la postura y observó la herida, maldiciendo porque en su túnica siempre llevaba la poción de cura, pero en la que usaba para los partidos de Quidditch no. Rasgó más tiras de tela verde antes de hacer un vendaje improvisado sobre su muslo, sintiendo la sangre de la cara sucia por sus dedos. Su piel era morena y tersa, muy suave bajo sus dedos, y quiso tocar más, de verdad que sí. A veces tenía que sacudir la cabeza para centrarse en hacer bien los nudos, y no quedarse observando sin más. Quizá podría avanzar con ellos un poco más…
—Joder, Rave, ¿qué te ha pasado? —escuchó la voz de Hilker, que se materializó a un lado para agarrar el rostro de la chica. En el fondo dio las gracias.
—¿Estás bien? —preguntó Lexa, agachándose al otro lado de su amiga.
Se quedó seria a su lado, esperando un simple gracias que no llegó. Se levanto del suelo y se montó en su escoba, dispuesta a irse de allí, pero la voz de la pelos de rata la frenó.
—¿A dónde mierda crees que vas?
—Voy a buscar a Clarke —dijo seria.
—Y una mierda, te vas a quedar aquí —tiró de su ropa para hacerla girarse y encararla.
—¿Piensas que puedes mandar en mí? —casi escupió mirándola fijamente— ¿Dónde estabas? Tu novia casi se muere en las gradas del estadio.
—Ayudaba a otra gente.
—¿Más importante que ella? —preguntó incrédula—. Oh, Reyes, toma nota por si algún día tienes que salvarla a ella —miró a la chica que la observaba mientras Lexa acariciaba su rostro algo sudoroso.
Esa vez fue Hilker la que la agarró del cuello de la prenda que llevaba y la puso contra la pared de la torre de reloj, mirándola con furia contenida, y ella intentó coger su varita. No esperó que la Gryffindor la cogiese y la tirase hacia el patio exterior.
—¿Ahora qué hago sin mi varita, pedazo de gilipollas? ¿Qué quieres que me maten? —empujó a Hilker, que pareció también sorprendida por su acto impulsivo anterior.
—Nadie te echaría de menos, Blake —contestó con asco y, por primera vez, sintió un pinchazo nada agradable en el pecho. Vamos, contesta, imbécil. Que no te gane una estúpida Gryffindor.
Como no se le ocurrió nada, no tardó en estrellar su puño contra la mandíbula de la pelos de rata, casi tirándola al suelo. Cuando se incorporó, le escupió en la cara, y Hilker no tardó en empujarla otra vez, y golpeó su mejilla con la mano abierta, escuchándose el sonido sordo en la torre.
—¡Parad! —esa fue la Ravenclaw, pero no le hicieron ni caso.
Era un golpe tras otro, y acabó teniendo a la chica en el suelo, a su merced, golpeando su rostro varias veces. Paró cuando la Gryffindor consiguió darle con el puño en su nariz y se llevó las manos a ella. Joder, cómo dolía.
—Estaos quietas las dos —su cuerpo cayó de espaldas al suelo y vio que fue Lexa la que tiró de su camiseta hasta apartarla de su amiga—. El peligro está ahí afuera —señaló en dirección al campo de Quidditch—. No nos hagamos daño las unas a las otras —suplicó, y vio que lloraba. Se incorporó y tendió su mano a Hilker para ayudarla a hacer lo mismo, pero le dio un manotazo, haciéndolo por su cuenta—. Tenemos que buscar a Clarke, no quiero que le hagan daño.
—¿Qué pasa con Reyes? —señaló a la chica, que obviamente no se podía mover, antes de volver a llevarse la mano a la nariz para comprobar que no sangraba, pero sí lo hacía.
—Luna se quedará con ella y la llevará a enfermería para que la curen. Octavia y yo iremos a por Clarke —sentenció, y ella fue a hablar, porque necesitaba recuperar su varita si iban a algún lado, pero la voz de Hilker la interrumpió.
—No, no me fio de ella —sus ojos se cruzaron, y apretó su mandíbula, conteniéndose.
—Blake puede quedarse conmigo —anunció Reyes desde su posición, con la voz en un hilo, y su novia se arrodilló a su lado, acariciando su rostro con delicadeza.
—¿Estás segura? —le preguntó Lexa y la latina asintió.
—Tened cuidado —suplicó con voz rota.
—Si ves algún movimiento raro, átala y espera a que volvamos —cara sucia asintió de nuevo, y Hilker se inclinó para besarla en los labios. Ella se giró sin querer verlo.
—Vuelve —pidió la Ravenclaw en un susurro a su novia y después le susurró algo al oído. Al separarse se volvieron a besar.
—Volveré —la escuchó asegurarle.
—Cuidaos la una a la otra —Lexa se arrodilló frente a Reyes, y le dio un abrazo antes de ir hacia ella. Se echó hacia atrás, porque si la abrazaba tendría que cortarle los brazos—. Cuídala, Octavia. Confío en ti —lo dijo bajito, asegurándose de que la escuchase. Ella asintió como única respuesta.
—Vamos, Lexa —dijo la pelos de rata, instando a su amiga a salir por una de las ventanas montadas en sus escobas.
Se cruzó de brazos viendo cómo alzaban el vuelo antes de mirar a la chica, que respiraba con algo de dificultad en el suelo a causa del llanto.
X X X
Salieron rápidamente de la torre del reloj, Luna primero y ella siguiéndola de cerca, con el corazón bombeándole con fuerza contra el pecho, y apenas había tenido tiempo para asimilar todo lo que estaba pasando en aquellos momentos. Desde la altura se podía ver a la gente corriendo en todas las direcciones, seguramente no sabrían ni hacia dónde estaban yendo. Mientras volaban de vuelta al campo de Quidditch en busca de Clarke, sus pensamientos se dirigieron a la carta que había leído hacía unos pocos días. El remordimiento de conciencia llegó sin avisar, y poco le importó que necesitase tener la mente lo más despejada posible en esos momentos, pero es que era consciente de que debería haber hecho algo para intentar evitar aquella tragedia. La profesora McGonagall siempre había confiado en ella completamente, lo sabía, y no había sido capaz de ir e intentar prevenirla, o hacer que cancelase aquel partido. Poco podía hacer ahora ya, cuando los gritos horrorizados de los alumnos llenaban sus oídos, así que debía centrarse en lo que más le importaba en aquellos momentos: encontrar a Clarke.
Divisó el campo segundos después, y la imagen ante ella le estrujó el corazón. Varias torres ardían al completo, mientras que otras, totalmente destruidas, yacían en el suelo. Observó que Luna frenaba su escoba en el aire y se apresuró a colocarse a su altura, tal vez quería decirle algo.
—He visto a gente encapuchada desaparecer por allí —habló la prefecta de su casa, señalando con su mano hacia un pasadizo que se encontraba a la izquierda—. Deberíamos ir tras ellos, tal vez nos lleven a Clarke.
—¿Y si nos separamos? Podríamos ir más rápidas —propuso ella.
—No pienso dejarte sola, Lexa —su voz sonó contundente, y no le dejó lugar para protestar—. Ve tú delante ahora, yo te sigo.
Asintió antes de colocarse bien en su escoba de nuevo y salir a toda velocidad hacia aquel pasadizo que su amiga había indicado. Tenía que reconocer que, aunque lo único que quería era encontrar a Clarke, estaba completamente aterrorizada. Jamás había presenciado algo tan horrible como aquello en toda su vida, y pensar que la rubia podía estar involucrada en aquel ataque le ponía la carne de gallina.
Pasaron por medio del campo de juego antes de introducirse por dicho pasadizo, que conducía a una llanura donde todavía había alumnos, algunos corriendo despavoridos hacia cualquier dirección y otros socorriendo a los que estaban heridos en el suelo. Giró su rostro a la derecha y vio a unos encapuchados lanzando hechizos contra a unos alumnos indefensos, y no supo de dónde le salió el valor, pero se dirigió con la escoba hasta allí, y no lo pensó dos veces antes de buscar a tientas su varita en el interior de su traje y apuntar con ella a la persona encapuchada que atacaba con un hechizo tras otro a unos de su mismo curso de la casa Hufflepuff.
—¡Impedimenta! —conjuró el hechizo y observó cómo el encapuchado se detenía completamente en ese mismo instante.
—¡Lexa, cuidado! —escuchó la voz de Luna a su lado, y se movió justo a tiempo para esquivar un ataque lanzado por otra persona encapuchada para vengarse—. Vámonos de aquí, allí hay más gente con máscaras.
Un grupo de cuatro personas cubiertas con capucha corrían rápidamente en dirección al castillo, y no dudó en dirigir su escoba hacia ellos, acercándose, aunque llevando cuidado para que no notasen su proximidad. Tal vez si les seguían, ellos las podían llevar a donde fuera que estuviese Clarke, que era lo más importante en esos momentos para ella. No quería ni imaginarse que le hubiese pasado algo, ya tenía suficiente con haber visto a Raven así de herida. Le había dolido tener que dejar a su amiga así, pero quería pensar que podía confiar en Octavia y que la chica la cuidaría.
Siguieron avanzando poco a poco hacia el castillo, esa zona estaba bastante despejada en comparación a otras, y apenas había gente allí. Aun así, en cuanto unos estudiantes se cruzaron con aquellos encapuchados en dirección contraria a la que llevaban, uno de ellos no dudó en atacarles inmediatamente. Antes de que pudiera pensarlo, su mano estaba de nuevo buscando su varita para frenarlo.
—Lexa, no —escuchó la voz de Luna—. Sé que cuesta no hacer nada, pero si nos descubren, no podremos seguirlos. Necesitamos ver hacia dónde van.
Era muy frustrante el no poder ayudarles, pero Luna tenía razón, así que simplemente esperó a que aquellas personas siguieran con su camino para seguirlos desde las alturas. Ya estaban llegando al patio del castillo cuando a lo lejos divisó a dos chicas allí, y se le paró el corazón en el pecho al descubrir que eran Raven y Octavia. Su amiga estaba apoyada contra una pared, varita en mano, mientras que la Slytherin buscaba algo por la extensión del patio.
—Luna, mira, ahí están Raven y Blake —le comunicó a su amiga, señalándolas.
—¿Qué hace esa imbécil? ¡Raven está sola! —se alteró un poco, y fue a calmarla, pero justo en ese instante una mortífago se apareció frente a la Ravenclaw, y la sangre se le congeló completamente—. Mierda, la va a matar, voy a por ella.
—¡Luna, no! —exclamó ella, pero antes de que ninguna de las dos pudiera hacer movimiento alguno, Octavia lanzó un hechizo contra la mortífago que había delante de Raven, haciendo que cayera al suelo, y tuvo que llevarse una mano al rostro de la impresión, pues un brazo de la mujer había caído al lado de su cuerpo.
Observó cómo Octavia enseguida iba a por Raven, ayudándola a levantarse para montarla en su escoba, saliendo lo más rápido posible de allí, en dirección contraria a donde ellas estaban, seguramente ni las habían visto.
—¿Ves? La está protegiendo —intentó tranquilizar a la del pelo rizado, que bufó en respuesta, y ella simplemente rodó los ojos.
—¡Me cago en la puta! —escuchó de repente, y casi perdió el equilibrio al reconocer aquella voz, proveniente del grupo de mortífagos encapuchados que había bajo ellas— ¿Qué coño hace Blake? ¿Qué mierdas hace ayudando a la cara sucia?
—¿Esa es Clarke? —preguntó Luna a su lado, y simplemente asintió, ni siquiera sin desviar la vista de la chica, que parecía realmente cabreada.
Le indicó a Luna con un par de gestos que se acercasen un poco más a donde estaban, y descendieron levemente, así podrían escuchar con mayor claridad lo que decían.
—Voy a seguir a esas dos —escucharon a una voz masculina decir, y Clarke asintió cuando el chico echó a correr, antes de dar una patada a una pequeña piedra que había en el camino.
—No entiendo qué mierdas hace Octavia, pensaba que estaba de nuestro puto lado —su voz estaba cargada de ira, y es que jamás la había escuchado tan enfadada.
—Tal vez está fingiendo —una voz que reconoció como la de Ontari habló, y Clarke le propinó un fuerte golpe en el brazo.
—¡Se ha cargado a uno de los nuestros! —exclamó, cada vez más furiosa.
Justo en ese instante una compañera de su casa y curso, Harper, pasó por su lado sola, completamente perdida y con una expresión de angustia cubriendo completamente su rostro. Clarke se giró hacia ella, apuntándola con la varita, dispuesta a descargar su furia contra la chica.
—¡Avada Ked…!
—¡Y una mierda! —Luna exclamó antes de dejar terminar a la rubia conjurar el hechizo, y se dirigió hacia ella en su escoba a toda velocidad— ¡Expelliarmus!
La rubia pareció algo descolocada unos segundos antes de mirarlas a ambas, y ellas bajaron del todo, desmontando de sus escobas y sacando al instante sus varitas.
—¿Qué mierdas hacéis vosotras dos aquí? ¿De qué vais? —habló de nuevo la Slytherin.
—No voy a dejar que le hagas daño a nadie, y mucho menos de mi casa, desgraciada —habló Luna, antes de girar su rostro para dirigirse a Harper—. Ve hacia el castillo, McIntyre —le ordenó, y la chica asintió antes de obedecer.
—¿Te crees muy lista, Hilker? ¿Qué pasa, comerle el coño a la cara sucia te vuelve valiente? —le dijo de forma socarrona mientras recogía su varita y apuntaba a la prefecta de nuevo.
Antes de poder sacar su varita, se vio apuntada por las dos otras personas, una era Ontari y no le fue muy difícil deducir que la otra persona era Echo. Se quedó completamente paralizada, porque no quería que le atacasen, y solo le quedaba esperar que fuesen un poco benevolentes y no decidieran acabar con sus vidas en aquel mismo momento.
—¿Eso es todo lo que sabes decir, Griffin? Me repugna ver en lo que os habéis convertido. Nunca habéis sido de mi agrado, ¿pero estar con los mortífagos? —Luna casi escupía las palabras, mirando con asco a la rubia.
—Prefiero mil veces este estilo de vida a ser una sangre sucia como tu amiga —las palabras de Clarke fueron como un pinchazo en su pecho, y tuvo que reprimir las ganas de llorar, porque en aquel momento no podía dejar que vieran ningún signo de debilidad.
Vio cómo los ojos de Luna se llenaban de ira, y, a partir de ese instante, el tiempo se congeló.
—¡Diffindo! —lanzó el hechizo la prefecta contra Clarke, provocándole un corte en el brazo.
—¡Hija de puta! —espetó Clarke, tapándose el brazo con la mano que tenía libre, y se dirigió a sus compañeras a continuación— ¡Matadla!
—¡No, Clarke, no! —el gritó de súplica le salió solo, pero ya era demasiado tarde.
Echo se colocó frente a ella, y no dudó ni un segundo en pronunciar aquel hechizo.
—¡Sectumsempra! —Luna cayó inmediatamente al suelo, con un gruñido de dolor, y ella hizo el amago de ir a socorrerla, pero vio a Ontari frente a ella, dispuesta a lanzarle un hechizo también,
—¡Ontari, vámonos! —exclamó Clarke entonces, deteniendo el ataque, y la chica dudó unos segundos, pero finalmente se alejó, yéndose junto a la rubia y Echo, dejándola allí en medio junto a Luna, que comenzaba a soltar algunos gemidos de dolor.
Se acercó a su amiga y se arrodilló a su lado, observando su rostro de sufrimiento. Bajó la vista a su cuerpo, y sus ojos se inundaron al comprobar los innumerables cortes que tenía por todo el cuerpo, sobre todo el más grande de todos, situado sobre su estómago, y la enorme cantidad de sangre que surgía de éste con rapidez.
—Luna, aguanta —le pidió, apartando algunos mechones de su rostro, mientras que con su otra mano acariciaba la mejilla de su amiga—. Vamos a ir a la enfermería para que te pongas bien.
—Lex, escúchame —su voz débil y apagada le formó un nudo en la garganta, porque no quería ni imaginarse el perder a una gran amiga como lo era Luna—. Dile a Raven que…
—No —la cortó, negando con la cabeza—. Se lo vas a decir tú, ¿vale? Te vas a poner bien, te lo prometo.
Su amiga dejó salir algunas lágrimas, que ella se encargó de limpiar mientras sentía las suyas propias mojar sus mejillas. Miró a los lados y no vio a nadie. Tenía que encontrar a alguien que le ayudase a mover con cuidado a su amiga para que pudiera recibir los cuidados que necesitaba, pero es que no podía dejarla sola.
—Estás siendo muy valiente, Lexa —volvió a hablar la prefecta—. No dejes de luchar nunca, cuida a Raven. Cuidaos la una a la otra.
—¡Te vas a poner bien, Luna! ¡No digas eso! —exclamó frustrada, y vio que a la chica se le cerraban los ojos—. ¡No, no! Mírame, Luna, por favor.
Pero Luna ya no la escuchaba. Los ojos de la chica, tras varios intentos de mantenerlos abiertos, se cerraron completamente, y ella dio un par de pequeños golpes en su mejilla, intentando que volviera en sí. Se limpió las lágrimas con el dorso de una mano y cogió el cuerpo de su amiga entre sus brazos, llevándola hacia ella.
—Luna, despierta, por favor —le pidió entre sollozos, meneándola suavemente—. No me dejes, no dejes a Raven, te lo suplico.
Miró entonces el gran charco de sangre que tenía la chica bajo su cuerpo, y devolvió la vista a su rostro, ahora de un tono más pálido, y supo que Luna ya no estaba con ella. Abrazó con fuerza el cuerpo inerte de la chica, y dejó que las lágrimas cayeran sin consuelo, sin molestarse en reprimir aquellos fuertes sollozos que le provocaban el saber que una de sus mejores amigas la acababa de dejar para siempre.
¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!
