-Buenos días, Lincoln. –Mabel estaba sentada en el espaldar del sofá que utilizaba como cama. La niña lo miraba fijamente con una sonrisa repleta de metal mientras mantenía una hoja de papel en su mano y se lo enseñaba. –Éste eres tú. –Señaló a un niñito sonriente frente a un gran bosque mientras extendía los brazos al aire. –Y ésta soy yo. –Señaló a una niña igual de sonriente que sostenía un cerdito y utilizaba lo que parecía ser un vestido hecho con gatitos vivos que sonreían y maullaban por todos lados. –Y esto son waffles. –Y a ambos les caían waffles del cielo.
Lincoln estaba a punto de responderle con algún comentario ingenioso nacido de la experiencia de vivir con doce chicas; dos de ellas que de vez en cuando encontraba en su cama cuando despertaba. Seguramente hubiera logrado decir algo para comenzar una plática amistosa con Mabel, como muchas mañanas antes, pero en lugar de eso, sintió los restos de aquellos recuerdos del día anterior colarse en su cabeza. Recordó las palabras atrevidas de Mabel mientras jugaban al póker, y la forma en que comenzó a quitarse lentamente la ropa... del mismo modo que el tacto de sus dedos en.
-Así que todos los chicos se despiertan así. –Mabel miraba una parte específica de su cuerpo bajo las sábanas, y Lincoln se sentó inmediatamente mientras se cubría la parte más traicionera de su cuerpo, y la única cuyo castigo solo le traería placer. Intentó no pensar en lo mal que lo anterior había sonado dentro de su cabeza y se concentró en buscar una salida que le permitiera mirar a Mabel a los ojos sin pensar en su lengua sobre su cuello.
-La pubertad. –Genio.
Mabel sólo se encogió de hombros mientras se dejaba caer de espaldas y terminaba de cabeza en el asiento mientras sus piernas se sujetaban del espaldar. –¿Quieres jugar a algo antes de tener que cortar leña?
-Yo... um... tengo que ir al baño, Mabel. –Le costaba hablar con ella mientras sentía como su interior hormigueaba. Lo que sucedió el otro día...
-Entonces eso. –Señaló unas pisas sobre el escritorio junto a la puerta. –Tío Stan comió una bolsa de frituras de chile anoche y... creo que entiendes.
Y toda la basura adolecente y problemas emocionales quedaron enterrados bajo el profundo miedo de entrar al baño después de una noche de frituras de chile. Lincoln había vivido con Stan el tiempo suficiente para entender que las frituras y el viejo se llevaban muy mal, y el excusado era siempre quien pagaba el precio. Ni siquiera era un ser vivo, y Lincoln ya sentía lástima por aquella vieja taza de mármol y todo el desinfectante que tendría que utilizar.
-No tardes mucho... Es mejor aprovechar toooodo el tiempo que tenemos, Lincoln. –Mabel lo miró con ojos entrecerrados. Si esas palabras significaban algo más, entonces no podía saberlo. Sólo sabía que se sentía incómodo al estar en la misma habitación con ella. Los recuerdos del día de ayer aún no se le despegaban, y fueron los causantes de que una S gigante casi lo aplastara, eso y una cabeza de cera que rodaba por el techo y le deseó los buenos días. Pero no iba a hacer caso a la locura que parecía estar consumiendo su mente lentamente.
-Espera... quizás ni siquiera seas real, ¿Por qué deberías sentirme raro por esto? Todo está bien. –Se paró de un salto con una erección aun en los viejos pantalones de algodón que utilizaba para dormir.
-Um. –Mabel miró aquella parte con una pequeña sonrisa sin decir nada.
-Alucinación. Alucinación. Alucinación. –Una muy parecida a su hermana Liberty cuando se quedaba viéndolo de formas que se ganaban una amonestación por parte de Linka y uno que otro viaje a un psicólogo infantil. –¡Ya deja de hacer eso! –Se inclinó sobre sus rodillas y se cubrió la entrepierna.
-Disculpa, pero no fui yo quien exhibe a su amiguito recién despierto por la mañana. –Mabel dio un giro y se sentó correctamente en el sofá.
-No se supone que hagas esas cosas... –Murmuró mientras la miraba de reojo. –Lo de ayer... ¿Por qué lo hiciste, Mabel?
-¿Qué? Tampoco te incomodó tanto. ¿No todos los chicos sueñan eso? Es lo que dicen en esos programas a la madrugada. –Se tocó la barbilla mientras parecía sumergirse en un recuerdo prohibido para menores de dieciocho años.
-¡No se supone que los niños veamos eso! –Lincoln le gritó mientras sentía como la calma regresaba a sus pantalones y podía pararse correctamente.
-¿Y qué esperas que haga cada noche? No es como si pudiera dormir, y pegarte pegatinas mientras duermes mientras te pinto bigotes se volvió aburrido después de dos semanas. –Suspiro con cansancio.
-Sabía que eras tú. –Pasó por algo de vergüenza mientras veía a los clientes entrar y salir, unos incluso querían sacarse una fotografía con él, y Stan no lo impidió. De hecho, no fue hasta que le sacaron una fotografía de cámara digital que pudo notar que tenía el rostro repleto de pegatinas. Un recordatorio para poner atención a su propio reflejo cada mañana en el baño, o pagar las consecuencias. –Tuve marcas rojas en mi rostro por tres días seguidos, ¿Qué tipo de pegamento usaste?
-Misterycola. Tío Stan la prepara con algunas raíces y sabia del bosque, es más barato que comprarla, pero te recomiendo no comerla, pude sacarte ronchas y una comezón terrible. –Se rascó un poco el estómago mientras lo decía. Lincoln no iba a preguntar cómo lo sabía.
Suspiró mientras se dirigía a la puerta. –Sólo aclaremos esto, ¿Eres un fragmento de mi imaginación? Ya sabes, algo que creé para alejarme de los recuerdos de mi antigua familia y como me echaron a patadas de casa.
-Que crueles. ¡Una familia no debería hacer eso! –Se levantó de un saltó. –Pero tranquilo, Linc. –Presionó los cachetes de Lincoln mientras lo miraba fijamente. –Aquí estarás a salvo, nadie va a volver a lastimarte otra vez. Y yo seré tu mejor amiga por siempre jamás, así que no tienes que preocuparte por nada más.
-Eso no responde a mi pregunta. –Dijo con algo de dificultad. –Pero gracias, en cualquier caso. –Se separó un poco. –Eso no cambia el hecho de que lo que hicimos el otro día estaba mal, Mabel.
-¿Cómo? –Mabel ladeó la cabeza. –¿Te lastimó de alguna forma, Linc?
-Bueno... No, pero-
-¿Te forcé?
-Sí, digo, no. No realmente, pero eso fue...
-¿Te hice sentir mal?
-Se sintió raro...
-¿Y por qué estuvo mal entonces, Lincoln? –Mable levantó una ceja mientras se lo preguntaba con una sonrisa.
-Porque... porque... porque estuvo mal, Mabel. –Trató de pensar en algo rápido. –Somos muy jóvenes y... y pudieron atraparnos... o atraparme. Todavía estoy debatiendo lo que eres. El caso es que... cielos. –¿Por qué era tan complicado explicar sobre estas cosas? Lincoln ya podía entender un poco el sudor en la frente de su padre mientras le daba la "charla", o el miedo con el que le relataba la forma en que lo había hecho con las demás. Luego se habían metido sus gemelas en la conversación, finalmente Lynn y Lori comenzaron a darles algunos ejemplos de lo que se debe y no se debe hacer. Lo que lo dejó más confundido, a Linka traumada y Liberty... por ella tuvieron que cambiar la contraseña del filtro del internet.
-Está bien, Lincoln. –Mabel pasó un brazo por detrás de su espalda. –Si no quieres no te obligaré, pero... –Acercó su pequeña boca a su oído. –Si quieres divertirte de alguna forma... –Susurró suavemente, y comenzó a sentir como algo volvía a expandirse en sus pantalones.
-N-no. Digo... Ah, ¿Acostumbras hacer esto con todos los chicos que conoces o qué? –Le preguntó con algo de irritación. No sonaba bien, pero lo que hacía tampoco lo era. Al menos no para una chica de su edad.
-Claro que no, Lincoln. ¿Por quién me tomas? –Mabel le respondió igual de enfadada. –Pero eres el primer amigo que tengo en mucho mucho mucho tiempo. Me siento sola, y quiero que te sientas cómodo para que no me dejes, Lincoln. –La tristeza en el rostro de Mabel se veía genuina. Toda la alegría parecía haberse evaporado de ella mientras sus ojos se aguaban. –No quiero que me dejes.
Lincoln sintió un impulso que no había sentido en mucho tiempo. Algo que nacía cada vez que veía a sus hermanas sufriendo por algo y necesitaban de apoyo y comprensión. Sin pensarlo mucho, se acercó a Mabel y la abrazó con suavidad. Fue nostálgico, así es como solía abrazar a sus hermanas cuando se sentían mal, entonces se sentaba junto a ellas mientras las escuchaba y animaba. Ahora Mabel lo necesitaba, daba lo mismo si estaba loco o era un fantasma, eso no iba a cambiar absolutamente nada.
Mabel tardó un poco en devolverle el abrazo.
-¿Eso significa que quieres "jugar", Lincoln? –Dijo entre risas.
-No arruines el momento, Mabel. –Lincoln se separó un poco. –Sólo olvidemos lo que pasó. Todavía somos muy jóvenes y apenas nos estamos conociendo.
-Vivimos juntos, Linc.
-Según tú. –Y según Stan, nadie más que ellos dos vivía en esa vieja cabaña. –Además, hace dos meses que vivo aquí... –¿Eso era poco o mucho tiempo? Todavía le parecía que habían pasado horas desde que Stan lo rescató del callejón donde su familia lo había dejado.
Mabel suspiró. –Está bien, está bien. Lo siento si te hice sentir incómodo. ¿Está bien? Ahora... ¿Jugamos a la fiesta de cumpleaños antes de que tío Stan te pida cortar leña? –Sacó un gorro de cumpleaños de dentro de su suéter y lo coloco sobre su cabeza. –Será divertido.
-...Sí. Lo será. –Su propio cumpleaños sería dentro de cuatro meses. Sería el primer cumpleaños que pasaría fuera de casa, de eso estaba seguro.
Alguien golpeó la puerta de su habitación.
-Lincoln, ¿Estás hablando sólo otra vez? –Stan lo llamó desde el otro lado.
-No sé.
-Eso es incluso más raro. –Le respondió desde el otro lado. –De todas formas, ¿Te estás masturbando ahroa?
-¡No! Y no me estaba masturbando ayer. –Incluso decir esa palabra lo hacía sentir incómodo. –Sólo... Sólo...
-Lo que sea. Trata de no cortarte un brazo mientras cortes leña... y la S volvió a caerse.
Esa maldita S. Lincoln comenzaba a creer que esa letra tenía mente propia y estaba tratando de matarlo por un odio sin sentido hacia los albinos. Pero ya estaba aprendiendo, mientras se mantuviera bien sujeto e ignorara las cabezas de cera y brillos raros del bosque, entonces estaría bien. A menos que ese pterodáctilo lo viera y decidiera darse un rico desayuno.
-Entendido. Sólo voy a cambiarme. –Miró a Mabel mientras lo decía. La niña seguía mirándolo con una sonrisa mientras mantenía sus manos detrás de su espalda. –Necesito cambiarme.
-Está bien.
-Necesito estar sólo.
-No sería nada que no hubiera visto antes, Lincoln.
-¿Qué dijimos sobre hacernos sentir incomodos?
Mabel suspiró mientras levantaba los brazos. –Bueno. –Entonces corrió hacia el sofá y dio un gran salto sobre él. –¡Bola de Mabel! –Se perdió detrás del sofá, y a Lincoln le extrañó no sólo escuchar, sino ver como se levantaba agua detrás del sofá.
-¿Pero qué-? –Corrió detrás del sofá y no vio nada. –Lo sabía. Me estoy volviendo loco.
El desayuno fueron tostadas a lo Stan. Lo que incluyó algunos bellos del brazo e incluso la espalda, pero nuevamente, no se iba a quejar, y no era tan malo cuando lograbas quitar todos los cabellos y soportar las ganas de vomitar. Además, estaba de buen humor ya que por fin había logrado cortar esos diez troncos. Le costó dos meses al fin pudo controlar decentemente esa hacha y lograr un corte que no fuera desigual, y hoy había logrado cortar diez troncos de leña, quizás algunos peor que otros, pero por fin lo logró. Y todo lo que tuvo que hacer fue atarse un pedazo de tela roja en las manos antes de sujetar el hacha.
-Creo que comí algo acido. –Miró el pedazo de tostada.
-Oh, eso seguramente fue mi sudor.
-Ya no tengo hambre. –Hizo aun el plato con un rostro verde y próximo a vomitar. –Iré a limpiar la tienda.
-Espera. –Stan sacó una pequeña libreta. –necesito tu edad exacta y fecha de cumpleaños.
-¿Por qué? –Ya le había dado su edad, aunque no su fecha de cumpleaños. No creyó que eso importara tanto en su situación.
-Porque no puedo fabricar documentos falsos si no tengo algo de dónde empezar, ¿Por qué otra razón te los pediría? –Dijo de forma obvia.
-¿Documentos falsos? ¿Eso no es... ilegal? –Estaba casi seguro de que había una pena de alrededor de diez años sólo por falsifica un número de seguro social. Hasta donde podía saber con su mente infantil, eso era exageración, pero nunca le preocuparon esas cosas.
-Casi todo lo que hay aquí es ilegal. –Movió la mesa de lado a lado. –Esta mesa la robé de un funeral al que me metí hace un año, y esa tostadora hubiera sido una prueba de ataque con arma mortal de no haberla recogido de la calle. –La miró como si estuviera recordando uno de los momentos más afortunados de su vida. –Hasta tú eres un ilegal. Te metí de contrabando, Lincoln.
-Y en una valija muy pequeña. –Tuvo dolor de espalda toda la semana después de salir de esa cosa.
-El caso es que no puedo tener a un niño de cabello blanco dando vueltas por aquí sin que las personas comiencen a hacer preguntas, además, las personas ya te han visto por el pueblo. No tardarán en darse cuenta de dónde vives. –Tomó un gran trago de café, posiblemente ya se había entibiado, pero eso no pareció molestarlo. –El caso es que necesitaras documentos si quieres quedarte aquí... o ir a la escuela.
-¿Ir a la escuela? –No se había esperado eso. Creyó que en el momento en que trabajara como perro para su dueño, la escuela sería la menor de sus preocupaciones. –¿Podré volver a la escuela?
-Será a mitad del año, pero sí, podrás regresar a la escuela, Lincoln. Siempre y cuando pueda fabricar los documentos, y pagarle a algunas personas, por lo que tendrás que trabajar el doble. –Y creía que ya estaba trabajando el doble, ahora Stan le viene con que hacia trabajos normales. No importa. Lo haría con gusto por poder ir a la escuela, una escuela donde seguramente tendría que aguantar miradas y nombres ridículos por su color de cabello, pero no habría más de esa basura de "Niño Ardilla". Podía soportar unas cuantas semanas de abusos hasta encontrar a un grupo de perdedores que lo aceptaran... Del modo en que sus amigos no lo hicieron.
Todos sus antiguos amigos, a excepción de Clyde, se habían alejado poco a poco de él cuando su estatus social comenzó a ir en picada. Ni que fueran tan populares. No los extrañaría a ellos, pero al menos ahora no arrastraría a Clyde con él. Recordar eso le recordó a las bellotas que encontraba en su casillero, o la forma en que el nombre de Niño Ardilla viajó tan rápido. Es imposible que sus gemelas no lo vieran, ¿Les importó? Preferían tener buena suerte en la escuela e ignorar los insultos, aun así, se atrevieron a actuar en casa como si nada malo hubiera pasado. Como si todo fuera igual.
Nada era igual.
-Yo... no sé si estoy listo.
-Pues tendrás que ir de todas formas, no pienso soportar a una reina del drama que se pasea todo el día por la cabaña o da paseos por el pueblo en plena tarde de escuela. –Bueno, eso fue ofensivo. De no tener la paciencia de once años rodeado de niñas insoportables, sin lugar a dudas hubiera estallado. La presión y el miedo se habían ido acumulando mucho últimamente.
-No soy una reina del drama. –Quería dejar eso claro.
-¿Te has visto a ti mismo cuando tienes esa mirada lejana medio loca, Lincoln? –Le preguntó mientras hacia una cara exactamente idéntica a la suya. –Pareces uno de esos vampiros homosexuales de las películas cuando están en una etapa oscura y deprimente. –Movió sus dedos de forma dramática. –Y en ocasiones pareces a punto de atacar a alguien, y ya tengo suficientes demandas para aguantar otra, especialmente si esta me obliga a cruzar las fronteras de México.
Como odiaba esas películas de vampiros. Sólo las veía porque a Lucy le gustaban, pero ya no tiene caso. La programación de Gravity Falls sólo daba malas películas y uno que otro programa de concursos.
-Entendido, me guardaré mi fase dramática para cuando esté oculto bajo las sabanas, Stan. –Aún se sentía raro llamarlo Stan, pero no había quejas y tarde o temprano se acostumbraría. –Mi cumpleaños es el treinta y uno de agosto, por el final del verano.
La taza de Stan se rompió en cuanto se estrelló contra el piso de la cocina. Lincoln casi cayó de la silla en cuanto lo escuchó. Hubiera dicho algo de no haber notado como los ojos de Stan se agrandaban detrás de sus gafas y lo miraban fijamente.
-¿Stan?
-Lo siento. Iré por el trapeador. –Se alejó. –Tu limpia los platos, más tarde tendré que hacer unas llamadas a personas de procedencia nada dudosas y visitar la sala oscura, que será el baño durante las próximas horas, así que si tienes que ir ve de una vez. –Salió de la cocina sin mirar atrás.
-Comienzo a pensar que quizás yo no sea el extraño aquí. –Se rascó la barbilla. En ese momento un tentáculo de pulpo salió del lavabo y se llevó las tostadas de su plato antes de regresar por donde vino. –No, en definitiva estoy enloqueciendo. –Asintió con la cabeza y procedió a lavar los platos.
-¿De qué hace estas tostadas? –Algunas migajas se habían quedado pegadas y se deslizaban lentamente dejando tras de sí un líquido pegajoso y oloroso. –No debó comerme tres. –Sintió muchas ganas de vomitar mientras arrojaba ese plato al lavabo repleto de agua y de donde no había salido ningún tentáculo, ni saldría nada en absoluto. –La escuela.
Dejando de lado el tema de la interacción social y la falta de práctica para hablar con otras personas, seguramente sería... bueno, como cualquier otra escuela. Habría mesas populares, de intelectuales y los comunes perdedores. Tal vez podría abrirse paso por los desadaptados sociales, pero prefería irse por lo seguro y buscarse un mejor amigo al cual confiarle su espalda mientras sobrevivía los próximos años.
-Tal vez realmente puedo volver a empezar aquí, lejos de todo... –No creyó que los letreros de "se busca" viajaran a otros Estados, o si lo habría siquiera. Por lo que sabía, su familia ni siquiera se había dado cuenta de que se había marchado. Tal vez creyeran que pasaría los siguientes meses con Clyde, y la escuela no alertaría sobre sus faltas porque no le daba ganas. Y entonces pasarían años sin que se enteraran de nada, porque las cosas serían más fáciles sin él. Al final, para su familia no sería más que una referencia al nombre de un presidente. –Que gracioso. Me es más fácil imaginar a una familia unida y feliz sin mí que a una deprimida y dolida por mi desaparición.
-Yo no le veo la gracia, Lincoln.
Lincoln volteó para ver a Mabel sentada en la mesa. La niña mantenía los hombros sobre la mesa mientras lo miraba con expresión enfadada.
-Entre más sé de ellos, más enojada estoy. Arrgggh. –La imagen de un pequeño chihuahua entró en su mente mientras la veía gruñir. –¿Qué tipo de familia eran para que te lastimaran tanto? ¿Tiene que ver con eso de la suerte, el traje de ardilla y las nueces? ¿Es por lo que odias tanto a las ardillas?
-No quiero hablar de eso, Mabel. Prefiero dejarlo todo atrás... –Si todo salía bien, entonces un día podría pensar en el pasado sin sentir ganas de ocultarse bajo las cobijas y ponerse a llorar. La perdida por tan poco había sido mucho. ¿Cómo más tiempo libre puede transformarse en una siesta en el callejón en medio de una tormenta? Eso y toda la humillación y problemas sociales que sufrió por utilizar un traje de ardilla. Sólo pensar en eso le traía nuevamente las mesclas emocionales que se revolvían en su estómago y luchaban por salir a flote. ¿Qué sería adecuado? ¿Rabia? ¿Tristeza? ¿Decepción? ¿Traición? Siempre había sentido que su trato era inferior al de todas sus hermanas, pero lo que había pasado lo comprobaba totalmente. Sus padres no querían arriesgarse a que algo les pasara a sus doce talentosas hijas, y se deshicieron de la mala hierba. –Prefiero no volver a pensar en eso otrwabe ¿Wah?
Mabel se había acercado desde la espalda y le había hecho una sonrisa con sus dedos. –Sonríe Lincoln. Ahora estás a salvo. Estás en el pueblo más increíble y en el lugar más fantástico de Gravity Falls. Puedes vivir en la Cabaña del Misterio e irás a la escuela, donde conocerás a mucha gente y verás muchos misterios. –Se acercó más a su oído y susurró en tono conspirativo. –Esos nomos sólo fueron un inicio. Los nomos siempre son el inicio.
-¿De mi locura?
-No, tonto. De la aventura. –Extendió los brazos. –Pasaremos los mejores días de nuestra infancia juntos, y los veranos más increíbles que puedas imaginar. Y podremos repetirlo por siempre y siempre y siempre y siempre. –Comenzó a girar por la cocina hasta que sus ojos perdieron el foco de donde estaba. –Houg, puedo sentir esas chispas de chocolate a punto de regresar. –Se sujetó la boca mientras se tambaleaba de un lado a otro.
-Hey, cuidad-
Mabel golpeó el tacho de basura junto al refrigerador y cayó al piso.
-Umg.
-¿Estás bien, Mabel? –Se acercó a ella. Iba a tocar su hombro y ayudarla a levantarse, pero nuevamente los recuerdos del tacto de su piel lo detuvieron mientras recordaba cada parte que Mabel había tocado hace sólo un día. Limpió la duda agitando su cabeza, eso era un problema aparte que esperaba nunca volver a tocar. –Déjame ayudarte.
Mabel sujetó su mano y dejó que Lincoln la levantara. Cuando estuvo de pie se apoyó contra su cuerpo.
-Tonto tacho de basura. –Mabel le dio una pequeña patada y algunos restos de comida, cascaras de banana, papeles de periódico y extraños murciélagos en miniatura salieron volando. –Necesito sentarme.
-Creí que ya habíamos acordado no volver a girar en la cocina, Mabel. –La última vez terminó con cada silla tirada por doquier y un pequeño incendio que no tiene ni idea de cómo provocó, o como no se extendió por la cabaña de madera. ¿El revestimiento? –Descansa un poco, y cúbrete la boca. Ya tengo que limpiar demasiado aquí. –Él sería el encargado de recoger esa basura y terminar de limpiar los platos.
-Lo siento, Linc.
-No hay problema. Fue divertido en realidad. –Era agradable estar con alguien tan animada... aunque no cuando se metía dentro de tus pantalones, literalmente hablando. Todavía podía sentir los dedos de Mabel bajando su cierre lentamente e introduciéndose con delicadeza dentro de sus pantalones... entonces... entonces...
-¿Necesitas ayuda, Lincoln? –Lincoln dio un salto hacia adelante mientras se encorvaba un poco. –¿Qué?
-Nada. No te preocupes Mabel, deja que yo me encargue de todo.
Se arrojó al piso sin pensarlo dos veces. Su corazón latía con mucha velocidad. Nunca había sentido nada como lo que sintió en aquella ocasión con Mabel. Por primera vez su cabeza se había sentido... despejada, y finalmente se había sentido muy bien. Era algo extraño, pero no se sintió como algo malo... aunque lo fue... quizás.
Ya no podría estar seguro.
Volteó levemente hacia Mabel y la encontró jugando con los cubiertos de la mesa mientras le daba miradas con sonrisas. Ahora que la veía, era realmente linda. ¿Sería tan malo si...? Sí, lo sería. Ella podría no estar realmente ahí, y eso significaría que estaba loco. O que tenía contacto con fantasmas. O aquel ser de poderes incuestionables que había mencionado antes. En cualquier caso, era mejor que no.
¿Mabel aceptaría repetirlo de todas formas? No es que estuviera realmente interesado en repetirlo peor... le gustaría saber hasta que punto estaba dispuesta a llega. No sería mala idea preguntarle después si...
-¿Lincoln? –Mabel se acercó un poco a su cuerpo hecho una bola sobre el piso. –¿Te duele el estómago? ¡¿Cuántas tostadas de tío Stan te comiste?! –La pregunta sonó con pánico mientras agitaba su cuerpo desde su espalda.
-Eso no importa, yo... tengo que limpiar. –Se arrastró un poco mientras dejaba a Mabel algo confundida por sus actuales acciones. –La basura va en el tacho y... –Un brillo dentro del tacho de basura llamó su atención. –¿Qué es esto?
Dentro del tacho, algo que parecía haberse adherido al fondo le daba cara. Lincoln metió la mano y lo sacó por pura curiosidad. –¿Un libro? –Era un libro que parecía tener cubierta de cuero y la imagen de una mano con seis dedos como portada.
-Un libro misterioso encontrado en la cocina. ¿Podría ser el inicio de la primera aventura de Mabel y Lincoln? Todo esto y más en "Mabel, un verano inolvidable". –Hizo una pose romántica hacia el techo.
Lincoln abrió la primera página para ver de que trataba.
¡Advertencia! ¡Uso excesivo no recomendado!
¡Podría dar lugar a anomalías de gravitatorias de menor importancia!
Puntos altos de gravedad:
-¿Putos altos de gravedad?
Había un pedazo de papel doblado pegado en la página. Lincoln lo desdobló y abarcó ambas páginas del libro con facilidad.
-¿Qué es esto?
-Es Gravity Falls. –Mabel dijo detrás de él. –Ves. –Señaló el nombre "Gravity Falls, Oregón".
-Sí, no lo había notado. –Se sonrojó un poco. El mapa tenía varios puntos marcados por todo el pueblo, el bosque, las montañas y un lago. –Cielos, este lugar es realmente grande.
-El pueblo es sólo otra parte de Gravity Falls, Lincoln. Éstas tierras abarcan una gran cantidad de espacio. –Tomaría nota de eso para no confundirse en el futuro. –¿Por qué no te lo quedas? Necesitas un mapa del lugar para no perderte, ¿No?
-No creo que sea correcto, Mabel. –El libro no le pertenecía después de todo. –Stan podría enfadarse.
-Tío Stan iba a tirarlo de todas formas y... podría ser divertido. Sólo mira esos puntos, Lincoln. –Señaló los puntos del pueblo y el bosque. –Sería como una búsqueda del tesoro por todo Gravity Falls.
-Podría ser peligroso. Por algo tiene puesta la palabra "Advertencia".
-¿Qué es lo peor que podría pasar, Lincoln? –Mabel puso sus manos en sus caderas. –Si de todos modos lo iba a tirar, quizás no haya nada ahí. ¡Pero podríamos fingir que hay un tesoro repleto de joyas, oro y todos los dulces que podamos comer!
La idea era atractiva, y no había tenido mucho que hacer en su tiempo libre que no fuera vagar por el camino cerca de la cabaña, o tratar de explorar el pueblo por su cuenta. Esa no había sido muy buena idea, algunas personas le habían dado malas miradas; más correctamente a su cabello blanco que a él mismo. ¿Las personas del pueblo tenían algo contra los albinos? Era mejor cuando estaba con Wendy.
-Bien, supongo que podría ser divertido. –Volvió a doblar el mapa. –Pero sólo los puntos en el pueblo, Mabel.
-¿Qué haces, Linc? –Mabel puso una mano en su brazo cuando se dio cuenta de que trataba de arrancar el mapa.
-¿Trato de quitarlo? Aunque está muy pagado. –Tal vez tendría que romperlo.
-Deja eso, el libro estaba en la basura. Por lo que ahora es nuestro, Lincoln. –Asintió para si misma y lo abrazó por la espalda. –Es tiempo de comenzar la aventura compañero.
-Supongo que está bien. –Se tensó un poco mientras sentía como el pecho de Mabel tocaba su espalda. Era diferente ahora que tenía puesto un suéter, pero la sensación seguía fresca en su mente. –Pero por ahora tengo que terminar de limpiar. –Cerró el libro. –¿Qué tipo de libro será este?
-Es un diario, Lincoln. –Mabel respondió detrás de él. –¿Viste la letra? Alguien lo escribió a mano. Tiene que ser un diario.
-¿De Stan? –No lo creía. El tipo no parecía dispuesto a escribir nada que no fuera cheques sin fondo.
-¿Importa? –Mabel se encogió de hombros mientras se separaba de Lincoln y se tiraba a la silla. –Por fin tenemos un juego nuevo, Lincoln. ¡Vamos a divertirnos mucho esta tarde!
Lincoln no pudo evitar sonreír. La imagen de Mabel le recordó un poco a Lana cuando encontraba un "tesoro" en la basura. Ahora habían encontrado un "mapa del tesoro" con el cual entretenerse. Quizás no fuera tan malo.
Colocó con cuidado el diario sobre la mesa y limpió la imagen de la mano de seis dedos con cuidado.
La mano tenía el número 1 gravado en ella.
