Capítulo 7 - ¡En busca de Mew! El intercambio con Green y el misterioso Eevee

- ¡Allí está! ¡Adelante, Wartortle! - exclamó Blue -. ¡Ayúdame, anda!

- ¡De acuerdo! - exclamó Red, mientras pensaba -. **Mejor que lo tenga ella que no el Team Rocket para sus experimentos**. ¡Te elijo a ti, Ivysaur!

Pero Mew se movía demasiado velozmente para poder siquiera apuntarle. Pero Blue tenía un plan:

- ¡Wartortle, hidro bomba! - ordenó.

Wartortle lanzó un montón de chorros de agua hacia arriba, por lo que Mew tuvo que sortearlos, yendo un poco más despacio.

- ¡Saur, látigo cepa! - ordenó Red.

Finalmente, Ivysaur logró atrapar a Mew con sus cepas.

- ¡Lo tenemos! - exclamó Red.

Pero, de repente, un pedrusco dé hielo cayó entre Red y Blue:

- ¡Kyaah! - chilló Blue.

- ¡¿Qué es esto? - gritó Red, mirando la dirección de la que había venido el meteorito -. ¡El Team Rocket!

Allí estaba el escuadrón Rocket de antes, con un pokémon bajito, con forma ligeramente de mujer, de largo cabello rubio y gruesos labios.

- ¿Creíais que ibais a escapar tan fácilmente del Team Rocket? - preguntó uno de los Rockets.

- Malditos … - gruñó Red.

- ¡El Mew será nuestro! - gritó uno de los Rockets.

- ¡Red, date prisa y haz algo! - exclamó Blue, desde atrás -. ¡Mew está a punto de escaparse!

Mew se agitaba con fuerza para soltarse de las cepas de Ivysaur.

- ¡No me falléis, chicos! - exclamó Red, lanzando a Poliwrath y a Pikachu.

Los pokémons de Red se encararon con el del Team Rocket.

- ¡Jynx, beso amoroso! - ordenó un Rocket.

El pokémon del Team Rocket le dio un beso a Pikachu, dejándolo tirado en el suelo atontado.

- ¡Mierda! - exclamó Red -. ¡Poli, pistola de agua!

Pero los ataques de tipo agua eran poco efectivos contra los pokémons de tipo hielo.

- ¡Jynx, rayo hielo! - ordenó el Rocket jefe.

Y Poliwrath quedó congelado. Jynx siguió avanzando hasta donde se encontraban Ivysaur y Mew:

- ¡Noo! - gritó Red.

Mew consiguió escaparse de las cepas de Ivysaur y salió volando, pero no se alejó del campo de batalla. Para proteger a Mew, Ivysaur se encaró con Jynx, pero no duraría mucho ya que los ataques de tipo hielo eran súper efectivos contra los pokémons de tipo planta:

- ¡Cuidado, Ivysaur! - exclamó Red.

- ¡Jynx, puño hielo! - ordenó un Rocket.

Sin embargo, antes de que Jynx pudiera apenas tocar a Ivysaur, Mew se interpuso y produjo un destello azul. Cuando la luz se disipó, el escuadrón Rocket y Jynx estaban convertidos en estatuas de hielo:

- ¡Wow! - exclamó Red.

Se giró hacia donde estaba Mew, que le miró. Entonces, echó a volar y se perdió de vista en el cielo.

- Se ha ido … - murmuró Red.

- Mew posee el ADN de todos los pokémons, por lo que puede efectuar cualquier ataque - dijo la voz de Blue, desde atrás -. Pero se nos ha vuelto a escapar …

Red se volvió hacia Blue, apenado.

- ¡Pero - añadió Blue, sonriendo picaronamente y sacando una cámara de fotos -, al menos he podido hacerle unas cuantas fotos!

- ¡No me digas que mientras yo estaba peleando tú estabas …! - gritó Red, alucinando.

- ¡Teehee! - se rió Blue -. ¡Bueno, yo aquí ya no tengo nada que hacer, me voy a informar a los periódicos!

Blue hizo aparecer a Jigglypuff y se marchó volando, agarrada de uno de sus pies, dejando a Red en el suelo.

- ¡Aargh! - gritó Red, tirándose de los pelos -. ¡Se ha vuelto a escapar!

Entonces, Red se palpó los bolsillos y notó un bulto. Miró a ver qué era, y se trataba de una nota escrita por Blue, acompañada de las dos medallas, Plateada y Cascada, que le había robado.

"Gracias por todo, pastelito"

Red, sin saber qué pensar, alzó la vista al cielo y vio a Blue alejarse. Sonrió para sí, mientras murmuraba:

- Quién diría …

Un par de días después …

Green se encontraba en el Casino Rocket. El nieto del Prof. Oak parecía ser perfecto en todo: había ganado 9.999 fichas en las máquinas del casino, lo suficiente para conseguir el premio máximo:

- Mira a ese chico … - murmuró una mujer.

- ¿Lo ha conseguido todo él solo?

Green llegó hasta el mostrador y depositó la bandeja con todas las fichas, dejando a los dependientes atónitos:

- Quiero cambiar estas fichas por el premio especial - dijo Green.

Le entregaron una pokéball dentro de la que había un extraño pokémon:

- Ten cuidado, muchacho - dijo el dependiente -, son horriblemente difíciles de entrenar.

Una hora más tarde …

Red se dirigía hacia el centro de Ciudad Azulona, después de haber estado toda la mañana entrenando en las afueras.

- ¡Ah, tengo un hambre que da calambre! - exclamó Red.

De pronto, vio un extraño pokémon con forma poligonal. Red se quedó embobado mirándolo:

- Pero … - murmuró -. Eso … ¡Aah!

Alguien que venía corriendo acababa de chocar contra él. Las pokéballs de los dos se desparramaron por el suelo, al igual que las pokédex.

- ¡¿Pero qué te pasa?

Red reconocía aquella irritada voz enseguida.

- ¡Green!

Red se levantó y vio a Green hacer volver a su pokéball al extraño pokémon.

- ¿Eso no era un Porygon? - preguntó Red -. ¡¿Es tuyo? ¡Pero si son muy difíciles de conseguir! ¿De dónde lo has sacado?

- De una máquina tragaperras - respondió Green -. Me advirtieron que sería difícil entrenarle, ¡pero esto es absurdo! ¡Apenas puedo usarlo!

Green recogió las seis pokéballs que más cerca suya estaban, y la pokédex.

- Bueno, nos veremos otro día - dijo Green -, por desgracia.

Y se dispuso a irse:

- ¡Espera! - exclamó Red -. ¡Quiero saber más cosas sobre …!

- Tengo asuntos que atender - dijo simplemente Green, marchándose.

- Tío … - murmuró Red -. Él tan amigable como siempre …

Entonces, escuchó un estruendo y unos gritos a lo lejos. Red miró y vio a dos chicas huir despavoridas de un Marowak, un Rhydon y un Graveler:

- ¡Socorro! - chillaba una de las chicas.

- ¡Que alguien nos ayude! - chillaba la otra.

- ¡Mi oportunidad de ser un héroe! - exclamó Red, contento -. ¡Pikachu, te elijo a ti!

Pero no fue Pikachu el que salió de la pokéball, sino Charmeleon.

- ¡¿¡QUÉÉ? - gritó Red.

Las chicas se escondieron detrás de Red, asustadas.

- ¡Por favor, detenles! - suplicaron.

- ¡Es … Estoy en ello! - exclamó Red, apurado, y sacando las cuatro pokéballs restantes -. ¡Veamos si alguno de estos …!

Pidgeot, Machoke, Scyther y Golduck salieron de las pokéballs, dejando aterrorizado a Red. No obstante, las chicas empezaron a mirar a Red con adoración.

- ¡Tú debes de ser el magnífico Green! - chilló una de las chicas.

- ¿Einh? - preguntó Red.

- ¡Tienes un Charmeleon, un Scyther, un Pidgeot y un Machoke! - exclamó la otra chica -. ¡Hemos oído hablar tanto de ti, pero nunca hubiéramos pensado que te conoceríamos en persona!

- Aunque - añadió la otra chica -, no eres tan guapo como nos han dicho.

Red casi se desmayó. Pero no le quedaba otra que seguir con la farsa.

- Eh … bueno - murmuró -. ¡Charmeleon, ascuas!

Pero Charmeleon se le quedó mirando y le dio una patada.

Red perdió el combate, y las chicas se mostraron muy irritadas con él. El chico se sentó a la orilla de un riachuelo y suspiró. Les echó un vistazo a sus "nuevos" pokémons, y probó a ojear la pokédex:

- Incluso nuestras pokédex han sido intercambiadas - murmuró -. ¿Qué voy a hacer?

Charmeleon se acercó a él y le intentó morder.

- ¡Ay! - exclamó Red -. ¿No … no podemos ser amigos?

Como respuesta, los pokémons de Green se pusieron a entrenar por sí mismos.

- Vaya, Green los tiene bien entrenados - murmuró Red.

Se quitó la ropa y se tiró al riachuelo, empezando a hacerles señas a sus nuevos pokémons:

- ¡Eh, venid a daros un chapuzón! - exclamó -. ¡El agua está muy rica!

Los pokémons de Green se le quedaron mirando como si fuera tonto.

Mientras tanto …

Green ya había puesto a entrenar duramente a los pokémons de Red, mientras ojeaba la pokédex.

- Nuestras pokédex también fueron intercambiadas - comentó -, bueno, al menos así puedo saber todos los datos de estos nuevos pokémons.

Miró a Pikachu, Poliwrath e Ivysaur. A Snorlax no le había puesto a correr ya que estaba durmiendo.

- En fin - suspiró Green -, les entrenaré a mi manera.

Tres días más tarde …

Era de noche, y Red estaba comiendo a la luz de una hoguera, junto a los pokémons de Green.

- **Bueno, al menos ya no me muerden - pensó Red -. Pero creo que ya va siendo hora de recuperar mis pokémons**.

Entonces, vieron un destello y unas llamas a lo lejos. Red y los pokémons de Green se acercaron a mirar y vieron un pokémon con forma de zorro albino con nueve colas y que escupía fuego por la boca.

- ¿No es un Ninetales? - preguntó Red -. ¿Y ese … no es mi Pikachu?

Green estaba haciendo luchar al Pikachu de Red contra el Ninetales salvaje.

- ¡Pikachu, usa el truco que te enseñé! - ordenó Green.

- ¡Green! - gritó Red, infiltrándose en el campo de batalla.

Ninetales, al escuchar el grito, se revolvió contra Red, atacándole con un lanzallamas:

- ¡A mí no! - gritó Red -. ¡Machoke!

Machoke se interpuso, recibiendo el ataque de lleno:

- ¡¿Qué haces, idiota? - preguntó Green -. ¿Quieres acaso matar a mi Machoke?

- ¡¿Y qué me dices de mi Pikachu? - chilló Red.

- Umph … - gruñó Green -. ¡Machoke, vuelve conmigo!

Machoke se puso al lado de Green y, entonces, empezó a brillar y a cambiar de forma. Le salieron dos brazos más y se hizo más musculoso.

- ¡Ha evolucionado en Machamp! - exclamó Red.

- ¡Machamp, tiro vital! - ordenó Green.

Machamp inmovilizó a Ninetales, empotrándolo contra el suelo. Red no podía desperdiciar la oportunidad y lanzó una pokéball. Ninetales fue capturado.

- ¡Eh! - exclamó Red, al ver que Green cogía la pokéball -. ¡Lo he atrapado yo!

- Pero ha sido MI Machamp el que lo ha derrotado - dijo Green.

- ¡Es mío! - exclamó Red, intentando quitarle la pokéball a Green.

- Lo siento - dijo Green, empujando a Red hacia atrás -, pero no.

Y Red se marchó, con sus pokémons, por supuesto. En cuanto le hubo perdido de vista, Green empezó a despotricar.

- ¡Será desagradecido! - exclamó -. ¡Le entreno a sus pokémons y él va e intenta atrapar a un pokémon que yo he derrotado! Aunque mi Machoke sólo fue capaz de evolucionar después de que Red me lo devolviera … ¡Bah, coincidencia!

Entonces, Green se dio cuenta de que Charmeleon, Pidgeot, Scyther y Machamp le estaban haciendo mimos, bajo las atónitas miradas de Porygon y Ninetales.

- Hay algo … raro en ellos - murmuró Green.

Mientras tanto, Red también tenía de vuelta a Poliwrath, Ivysaur, Pikachu y Snorlax, pero los tres primeros tenían algo raro.

- ¡Ya volvemos a estar juntos, chicos! - exclamó Red, contento -. ¿Qué os parece una carrera en bici?

Pero Poliwrath, Ivysaur y Pikachu siguieron taladrándole con esa mirada tan típica de Green.

- Venga, chicos … No me miréis así - pidió Red -. ¡Me estáis empezando a dar miedo!

Un par de días después …

Red se disponía a abandonar ya Ciudad Azulona, había entrenado lo suficiente con sus pokémons y no quedaba nada interesante que ver.

- Veamos cuál es la próxima ciudad a visitar … - dijo Red, ojeando un mapa.

Entonces, vio un montón de gente desfilando por la calle. Llevaban a hombros una cabina de madera.

- ¿Quién hay ahí dentro? - preguntó Red.

- ¡Nuestra estimada Srta. Erika, por supuesto! - respondió un ciudadano -. ¡También conocida como la líder del gimnasio de esta ciudad!

- ¿Has dicho "líder de gimnasio"? - preguntó Red, ilusionado -. ¡Genial!

Provocando un montón de follón, Red se infiltró entre la gente hasta hacer detener el desfile:

- ¡¿Pero qué haces, niñato? - gritó un hombre, empujando a Red -. ¡Acabas de frenar el paseo matinal de la Srta. Erika!

- ¡Eh, no me empujes! - gritó Red.

Entonces, de la cabina salió una hermosa joven de corta cabellera negra y expresión apacible:

- ¿Qué es todo este jaleo? - preguntó.

Antes de que nadie pudiera decir nada, Red se acercó a ella y le enseñó las medallas que había ganado.

- ¡Soy Red, de Pueblo Paleta! - exclamó -. ¡Mi reto es conseguir las medallas de Kanto, así que te desafío a un combate pokémon!

- ¡¿Cómo se atreve un mocoso como tú a desafiar a la Srta. Erika? - gritó uno de los ciudadanos.

- Dejad al chico en paz - ordenó Erika -. Muy bien, Red, acompáñame.

Erika llevó a Red hasta el Gimnasio de Ciudad Azulona.

- Red - dijo Erika -, en un principio acepto tu desafío, pero antes me tienes que mostrar que lo vales. Si quieres pelear contra mí, antes tendrás que encontrar un pokémon y traérmelo. Te doy tres días.

- ¿Qué pokémon es? - preguntó Red.

- Eevee.

Tres días después …

Red estaba desesperado. No tenía ni idea de cómo era aquel pokémon llamado Eevee, y nadie podía decírselo porque, al parecer, era un pokémon muy raro.

- ¡Aaah! - gritaba Red, sentado solo en un banco -. ¡¿Cómo voy a encontrar un pokémon si ni siquiera sé cómo es?

- ¿Estás en problemas, amigo? - preguntó una conocida voz.

Red miró y se encontró con el extraño chico que una vez se había convertido sin querer en Rattata:

- ¡Bill! - exclamó Red -. ¡Me salvas la vida! ¡Estoy buscando un pokémon, no sé si tú lo conocerás …!

- ¿Cómo es? - preguntó Bill, sacando su portátil -. ¡No creo que sea desconocido para el creador del Sistema de Almacenamiento de los Pokémons, es decir, yo!

- Eh … Se llama Eevee - explicó Red -. Es lo único que sé.

- ¡Aquí lo tienes! - exclamó Bill, mostrándole la pantalla del portátil a Red.

Mostraba un pokémon bastante mono, con forma de zorro muy pequeño, de enormes orejas y grandes ojos.

- ¡Que mono! - se le escapó a Red.

- Desgraciadamente - dijo Bill -, no tengo nada más de información sobre él.

- ¡No te preocupes! - exclamó Red -. Con el aspecto me basto.

- Red, como entrenador pokémon, deberías saber que la información sobre los pokémons también es esencial para poder encontrarlos - le sermoneó Bill.

Pero Red ya estaba buscando al solicitado Eevee. Bill sacó un aparato:

- Si hay algo que sé de Eevee - dijo -, es que tiene un código genético muy irregular. Al parecer, responde a los estímulos del exterior cambiando de forma.

- Dices que la información nos puede ayudar a encontrar a un pokémon - dijo, entonces, Red -, ¿pero de qué nos va a servir eso?

Bill sacó un cartelito con el símbolo de un rayo dibujado. Entonces, el aparato que había sacado emitió unos silbidos al mismo tiempo que apareció un pokémon. Se parecía mucho a Eevee, pero con el cuerpo amarillo y el pelaje de punta:

- ¿Eevee? - preguntó Red -. ¡Bueno, adelante, Krabby!

Red sacó a un pokémon con forma de cangrejo que había atrapado durante su entrenamiento, pero Eevee lo electrocutó.

- ¡¿Quéé?

Bill probó a esconder el cartel con el rayo dibujado, e Eevee volvió a ser como el que habían visto en la pantalla del portátil.

- ¡Qué pasada! - exclamó Red -. Bueno, pues si es eléctrico, ¡adelante, Diglett!

Red lanzó al pokémon topo, que también había atrapado durante su entrenamiento.

- ¿Y qué pasará si …? - murmuró Bill, sacando un cartelito con una gota de agua dibujada.

Eevee se transformó en otro pokémon muy parecido, pero con cola de sirena, orejas adaptadas para el agua y el cuerpo de color azul. Le lanzó un chorro de agua a Diglett, derrotándolo.

- ¡Diglett! - gritó Red -. ¡¿Pero qué está pasando aquí? ¿Ahora agua? ¡Adelante, Ivysaur, acaba con él!

Entonces, Bill probó a sacar un cartelito con una llama dibujada, con lo que Eevee cambió su pelaje al de color rojo y masacró a Ivysaur con un temible ataque lanzallamas:

- ¡Tal como figuraba! - exclamó Bill -. ¡Este pokémon puede ser de tipo fuego, agua y eléctrico a la vez! ¡Es imposible luchar contra él!

- ¡Siempre hay una manera! - exclamó Red.

Se fijó en Eevee, que ya había recuperado su forma original, y se dio cuenta de que no paraba de mover sus orejas.

- ¡Ya lo tengo, usa sus orejas para captar los estímulos del exterior! ¡Si se las tapamos, no podrá reaccionar! ¡Ivysaur, hoja afilada!

Ivysaur lanzó un torbellino de hojas a Eevee, que empapelaron sus orejas, dejándole sin poder reaccionar.

- ¡Y ahora rayo solar! - ordenó Red.

Ivysaur atacó a Eevee con su poderoso ataque y le derrotó. Eevee cayó al suelo, pero sin poder parar de mover las orejas y temblando ligeramente.

- Espera, aquí hay algo raro - dijo Bill.

Se arrodilló junto a Eevee y descubrió que tenía un chip implantado en la oreja izquierda.

- ¡Esto era lo que le hacía tan sensible a los estímulos externos! - exclamó Bill -. Ya decía yo que era muy exagerado que cambiara de forma sólo con ver unos dibujos.

- ¡Se acabó! - exclamó Red, enfadado; cogió a Eevee en brazos -. ¡Voy a decirle unas cuantas cosas a la "señorita" que me envió a por este pokémon!

Red y Bill llegaron al Gimnasio de Ciudad Azulona.

- ¿Dónde estás? - preguntó Red, enfurecido -. ¡Sal de donde quiera que estés, tan llamada "señorita"!

- Ya hablarás después con esa señorita, Red - dijo Bill -. Lo primero es restaurar la salud de Eevee.

Red atrapó a Eevee con una pokéball y lo depositó en una máquina. Pero, antes de que pudiera pulsar el botón "restauración", Bill encontró un libro escalofriante:

- "Reconstrucción de Eevee" - leyó Bill.

- ¡¿Quéé? - gritó Red, acercándose a él.

Bill empezó a leer.

- "Eevee es un pokémon muy raro que posee la habilidad de evolucionar en tres tipos de pokémons diferentes: uno de agua, otro eléctrico y otro de fuego - leía Bill, en voz alta -. Si un Eevee puede ser reconstruido de forma que … pueda transformarse rápidamente en cada uno de esos pokémons …"

- "… se convertirá en una poderosa arma"

Red y Bill se giraron hacia el lugar del que había salido la voz, y se encontraron con Erika, acompañada de todos sus seguidores.

- Felicidades, habéis capturado un Eevee - dijo Erika, con una sonrisa -. Ahora podrás desafiarme a un combate pokémon, Red, y te daré la Medalla Arco Iris si me vences.

- ¡No necesito tu apestosa medalla! - gritó Red -. ¡Tu "Eevee reconstruido" escapó, y me usaste para recuperarlo! ¡¿Cómo puede haber gente tan mala que le haga eso a un pokémon?

Erika dio un salto hacia atrás y sacó a sus tres pokémons: un Bellsprout, un Tangela y un Vileplume:

- Yo estoy lista - dijo Erika -, a menos que tengas miedo.

Sin decir nada y aún furioso, Red sacó a Poliwrath, Ivysaur y Pikachu. La batalla comenzó. Poliwrath parecía tener posibilidades contra Bellsprout, pero al ser de tipo agua, sucumbió frente a los ataques de tipo planta:

- ¡Poli! - exclamó Red -. ¡No te rindas! ¡Doble bofetón!

- ¡Bellsprout, mimético! - ordenó Erika.

Mientras tanto, Ivysaur y Tangela estaban enzarzados en una pelea de látigos cepa. Pikachu se encaró con Vileplume:

- ¡Cuento contigo, Pika! - exclamó Red.

- ¡Vileplume, danza pétalo! - ordenó Erika.

Vileplume lanzó un torbellino de pétalos, que atraparon a Pikachu y lo inmovilizaron, desesperando a Red:

- ¡Pika! - gritó Red.

- Je, has luchado con valentía, jovencito - dijo Erika -. Eres fuerte. Podrás luchar contra mí cuando hayas conseguido aún más poder. Además, como has conseguido atrapar al Eevee, la próxima vez no te pondré condiciones.

- El Eevee … - murmuró Red.

Se había olvidado de pulsar el botón "restaurar", y ahora la máquina estaba emitiendo pitidos, indicando que le quedaba poca salud.

- A ese pequeño le queda poco tiempo, mejor pongo fin a su sufrimiento - dijo Erika, avanzando hacia la máquina -. En cuanto abra esa pokéball, el pokémon exhalará su último aliento. Sigh … Es triste el destino de los pokémons experimentales.

- ¡No puedes hacer eso! - exclamó Red, aterrorizado -. ¡Sólo porque no sirve para tus horribles experimentos … ¿vas a destruirlo? ¡No es justo! ¡No permitiré que sigas con esto! ¡Pikachu, sustituto!

Pikachu usó uno de los trucos que aprendió con Green. Creó un clon suyo con energía eléctrica:

- Estupendo, así mi victoria será más dulce - dijo Erika -. ¡Vileplume, hoja afilada!

Vileplume destruyó el sustituto en un abrir y cerrar de ojos.

- Muy temerario de tu parte, chico - dijo Erika -. Sustituto. Tu pokémon crea un clon que recibe sus daños … pero ello también requiere un sacrificio del pokémon que lo usa, disminuyendo notablemente su salud. Tu Pikachu ya no debe de estar en condiciones de seguir.

- Umh, lo siento, "señorita" - dijo Red, con una sonrisa triunfal -, pero …

Erika se giró hacia la máquina. Pikachu había llegado hasta allí:

- ¡El verdadero Pikachu se acercó hasta la máquina de restauración mientras luchábamos! - exclamó Red -. ¡Nunca permitiremos que abras esa pokéball!

Pikachu miró amenazadoramente a Erika que, sorprendentemente, sonrió. Se arrodilló junto a Pikachu y le acarició:

- En vez de en luchar, empleaste tus últimas energías en proteger a este Eevee a toda costa - dijo Erika, dulcemente -. Qué mono.

- ¡Qué está pasando aquí? - preguntó Bill, alucinando como Red.

Erika pulsó un botón de la máquina.

- He restaurado su salud por completo - anunció Erika.

- P … pero … - titubeó Red.

- Eres tan buen entrenador como dicen, Red - dijo Erika, amablemente -. Pero una no puede fiarse siempre de lo que le dicen … Perdóname por haberte probado, pero tenía que hacerlo después de que Brock y Misty me hablasen de ti. Ya ves, este pequeño Eevee era un sujeto experimental para … cierta organización. Hace unos meses, encontramos ese libro y descubrimos que el "Eevee reconstruido" había escapado. Afortunadamente, gracias a ti, ahora está a salvo.

Red no podía creerse todo aquello. Se había quedado sin habla.

- Esa organización … - consiguió decir -. No será …

- El Team Rocket - afirmó Erika -. Para tener alguna oportunidad contra ellos, necesitamos conocer su tecnología, necesitamos tener alguna idea sobre su fuerza y, sobre todo, necesitamos a un entrenador fuerte y compasivo a la vez como tú, Red de Pueblo Paleta.

Y Erika le puso la Medalla Arco Iris a Red en su chaqueta.

- ¡Por supuesto! - exclamó Red, apretando el puño -. ¡Yo también estoy contra el Team Rocket!

- Todos los ciudadanos de Azulona estamos contigo, Red - dijo Erika.

Al día siguiente …

Eevee, ya vuelto a la normalidad, pasó a formar parte del equipo de Red, que por fin se disponía a abandonar Ciudad Azulona:

- ¡Muy bien, vamos chicos! - exclamó Red, dispuesto a llegar a su próxima ciudad con sus pokémons.

- ¡Espera, chico! - exclamó Bill -. ¡Debes tener en cuenta que ahora llevas contigo un pokémon objetivo del Team Rocket, así que más vale que vayas con …! ¡Chico, ¿me estás escuchando? ¡Red!

Pero Red ya se alejaba corriendo de allí. No se dieron cuenta de que, desde el cielo, les observaba una misteriosa joven. Flotaba en el aire junto a su Kadabra gracia a los poderes psíquicos:

- Así que el Eevee ha pasado a las manos de ese chico - comentó la joven, malévolamente -. Bien … Perfecto.

Y desaparecieron.