Capítulo 6: Koga.


— Oigan. - su voz era fría y seria. — ¿Por qué mataron a mis sirvientes? - les miraba con odio, eso era claro y cómo no hacerlo tras lo sucedido, percibía un aroma que se le hizo conocido, su vista se detuvo unos instantes en muchacha de ojos azulinos, algo le decía que ya la había visto antes, pero él no recordaba donde, miro al inugami, de éste provenía el olor que tanta molestia le causaba.

— Tú eres el jefe que rige a todos estos animales. — la voz de InuYasha sonaba molesta, mientras observaba con ira a aquella persona.

— Eso no te interesa. — su voz relejaba ira, se cruzó de brazos con su ceño fruncido, mientras que los lobos empezaban a gruñirle a InuYasha. — ¿Cómo te atreviste a matar a mis hermosas criaturas?, no te voy a perdonar eso.

— Guarda silencio, primero esparces el olor a sangre humana, ¿A cuántas personas has matado? — el hanyou estaba perdiendo la paciencia, quería destrozarle rápidamente.

— Solamente les deje comer, ¿Tienes alguna objeción bestia? — su tonó de ira y burla se hacía presente.

— ¿Qué?, ¿me dijiste bestia? — tal parece que le había sorprendido más el hecho de cómo lo llamo que las acciones que había cometido.

— Algo que no soporto es el olor a bestia, ¡me causa repugnancia! — su rostro reflejaba un gran disgusto e irritación hacía InuYasha.

— Me parece bien. — sonrió levemente. —¡Pues entonces te partiré el pecho para que así puedas respirar mucho mejor el aire puro! — saco su espada y salto hacía aquel hombre para poder atacarlo. — ¿Qué? -—se sorprendió al ver que este le esquivo con demasiada facilidad y le intento dar un golpe, pero este lo esquivo, causando que su contrincante le brindara una patada con mayor facilidad, tumbándolo al suelo.

— Es fuerte. — el monje se había sorprendido de que su compañero fuera derribado con tanta facilidad.

— ¡Y veloz! —la exterminadora lucía más asombrada por la agilidad que tenía.

— InuYasha, ten cuidado, tiene frag... — grito Kagome al observar como estaba siendo derrotado por aquel hombre.

— ¡Él tiene los fragmentos de la perla, colocados en su brazo y piernas! — le advirtió Mitsuki, para que este pudiera retirárselos.

"Esa mujer". — el hombre se giró a verla con desconcierto y ella se percató de eso, sobresaltándose y tomando el brazo de su hermano, quien rápidamente entendió lo sucedido.

— No puede ser... — decía el Hanyou mientras se levantaba. — ¡Eso me lo hubieran dicho desde un principio! — miro al hombre frente a él. — Pensé que tenías una actitud muy soberbia, pero es porque estas usando el poder de los fragmentos.

— ¡No estés ladrando mientras das de saltos bestia! - su tono era de irritación, giro su vista hacia el hanyou.

— Eso es todo lo que puedes hacer, usando los fragmentos. — parecía realmente decepcionado. — ¡Eres un perdedor!

— ¡Silencio animal! — su paciencia ya había alcanzado el límite máximo. — No me vengas con esas tonterías, cuando claramente tú estás en desventaja.

— ¡Cierra la boca lobo rabioso! — al parecer el Hanyou también había agotado su paciencia, empuño su espada y empezó a correr en dirección al lobo, para acabar de una vez por todas con él.

— Creo que ambos son demasiado vulgares. — el monje observaba con disgusto aquella escena, pues estos sólo se decían de cosas.

— El proviene de los hombres lobo. — le explico Sango, haciendo que el monje girara preguntándole si lo conocía.

— Escucha soy Koga, el jefe más joven de los hombres lobo, ¡Y que no se te olvide! — le exclamo al hanyou para después intentar golpearlo, mientras que InuYasha comenzaba a esquivarlo

— Varios exterminadores me contaron sobre ellos, son criaturas que dominan a los lobos. — Mitsuki empezó a ver el combate entre eso dos, mientras escuchaba a Sango. —Tienen la cualidad de transformarse en humanos, pero sus instintos son como los de un lobo, suelen ser muy agresivos y todo lo hacen con rudeza. — mientras terminaba de explicar, unos lobos se fueron acercando a ellos, pero fueron alertados por el pequeño kitsune que se dio cuenta. — Kirara. —la gatita había entendido la instrucción y se colocó frente a ellos, volviéndose más grande y dándoles un rugido, logro espantarlos.

El pequeño Kitsune comenzó a reír, subiéndose al lomo de aquel nekomota — Esos lobos son unos cobardes, ahora solo falta InuYasha. — giró a ver en dirección al mencionado, el cual intentaba golpear al hombre lobo, pero no lo conseguía, hasta que logro lanzarlo, causando que se impactara contra una de las casas.

— Oye bestia, ¿Qué pasa?, te cuesta mucho trabajo defenderte. — decía con un tono de burla y soberbia, a pesar de que el impacto había destruido aquella casa, él no estaba herido.

– "Justo lo que necesitaba, usaré a este hombre para poner a prueba a mi colmillo de acero, aquella ruptura que aparece, cuando ambas energías chocan entre sí". — el hanyou miro a su espada, para después notar que su oponente se dirigía hacia él con gran velocidad, alzo su espada. — "Es este, percibo el olor del viento cortante, la verdadera fuerza que tiene colmillo de acero". — al irse acercando el joven pudo anticipar el movimiento de su contrincante. — ¡Te destruiré!

— ¡Cuidado! — el hombre lobo se alejó rápidamente del hanyou, dejándolo confundido. — ¡Amigos retirada, esto es arriesgado! — les informo a los lobos para después retirarse junto a ellos, dejando a los presentes realmente extrañados.

— ¿Qué le pasa a este hombre? — susurro InuYasha tras ver que se había alejado rápidamente de aquel lugar.

— Se escapó. — la exterminadora igualmente se encontraba asombrada de aquella reacción del hombre lobo.

— Ese muchacho huyo como un cobarde. — ahora era Kagome la que observaba como se esfumaban los lobos a lo lejos.

— InuYasha, ¿querías poner a prueba la técnica del viento cortante? — el monje se acercó al hanyou, el cual enfundo su espada.

— Sí, pero ese malvado se escapó muy rápido, quiere decir que no era lo suficientemente fuerte. — observo la dirección en la que huyo aquel lobo.

- ¿En verdad lo crees? - le pregunto el monje un poco decepcionado de la respuesta de su amigo.

- ¿¡Qué estás diciendo!? - al parecer se había molestado ante tal pregunta, a su parecer era obvio que era más fuerte que aquel lobo.

-Ese muchacho Koga, se supone que no conoce el poder del colmillo de acero. - le explico. - Se escapó porque hizo caso a sus instintos.

-Ese muchacho será más difícil de exterminar que cualquier otra cosa. - advirtió Sango.

— Presiento que algo malo sucederá. - musito la joven, soltándose del agarre de su hermano. — No creo que sea la última vez que lo veamos. — colgó el arco en su hombro y comenzó a observar los cadáveres de las personas. — Será mejor que les demos sepultura. — todos los presentes estuvieron de acuerdo con su idea, a excepción de su hermano, quien se había alejado para buscar algo.

— Nosotros nos encargamos. — dijo InuYasha llevándose consigo a Miroku, para poder comenzar a cavar.

— Mitsuki, ¿Quién era aquel joven que estaba contigo? — cuestionó Sango, al percatarse de que él también poseía rasgos familiares.

— Es mi hermano mayor. — vio como él regresaba con sus pertenencias y el caballo. — No quería que nada malo me sucediese, por lo que intento cruzar la barrera del tiempo y ha funcionado.

— ¿¡Qué!? — tanto Kagome como Sango estaban realmente confundidas. — T-tú hermano... — se miraron mutuamente, eran demasiadas coincidencias las que tenían ese par.

— Mitsuki... — le hablaba su hermano, era evidente su preocupación. — Podemos hablar.

Ambas jóvenes entendieron el mensaje y se retiraron, dejándoles solos, buscarían un poco de leña y un sitio donde pasar la noche.

— ¿Estas personas son de fiar? — miró a aquel par de hombres que estaban detrás de él moviendo los cadáveres para poder enterrarlos y regreso su vista a su hermana al recibir respuesta.

— Sí, son las personas que me han ayudado. — le sonrió. — Aquel de rojo, es InuYasha. — señalo al que hace un momento estaba peleando contra el lobo, no era necesario entrar a detalles, pues él también había escuchado del hanyou. - Él me salvo dos veces de ser asesinada por demonios que querían la perla.

— Ya veo. — fue lo único que dijo su hermano, para después entregarle la rienda del caballo y colocar las mochilas sobre este. — Iré a ayudarles. — se dirigió hacia ellos, presentándose y agradeciéndoles lo que habían hecho por su pequeña hermana.

Las miradas del hanyou y del bonzo no se apartaban de aquel joven, les parecían extrañas todas esas series de coincidencias, no había duda de que ambos eran de un futuro más lejano al de Kagome, pero la idea de que fueran sus descendientes no era descartada y ahora menos al tener frente a ellos al hermano.

InuYasha por su parte tenía un extraño sentimiento recorriendo su cuerpo, la misma sensación que había tenido con la menor y al ver los rasgos que poseía, le causaba un poco de inquietud.

Kagome y Shippo fueron por más leños, mientras que Sango colocaba la que ya tenían para poder generar un poco de calor y cocinar los alimentos.

Mitsuki se dirigió al río junto a Kirara para capturar algunos peces.

El atardecer estaba cayendo y ya habían terminado con la labor de sepultar los cadáveres de los aldeanos.
Hikaru se dirigió hacia donde estaba su hermana y comenzó a ayudarle a capturar un par de peces.

La menor tenía ya unos incrustados en una flecha.

— Adelántate, enseguida te alcanzo. — le dijo su hermano, él se quedaría atrapando más.

Mitsuki se dirigió hacia donde estaban los demás y escucho la conversación del kitsune y la miko del futuro sobre los hombres lobos.

— Viven en la parte alta de las montañas. — alegó el pequeño.

Ella por su parte sólo giro su vista hacia aquel cuerpo de tierra que se encontraba en el horizonte.

— Creen que no hay nada mejor que ser un lobo y les gusta molestar a las demás criaturas. — eso le hizo reír un poco a la menor. — Las criaturas más pequeñas e indefensas como yo, hemos llegado a las aldeas por culpa de ellos porque siempre andan peleando por su territorio y buscan la manera de expandirlo.

— Shippo, ¿nunca habías escuchado el nombre de Koga? — le cuestiono Kagome.

— No exactamente. — dio un leve suspiro. — Su familia es numerosa y se dividen en varias tribus. — explicó. —Aunque él se hizo llamar jefe de todos ellos, lo más probable es que sea uno de esos niños traviesos y creídos de la manada.

— ¿Entonces él no es el líder? — Mitsuki se unió a la conversación.

Sentía curiosidad por él y tenía demasiadas dudas, una de ellas era el motivo por que cual no le atacó, pero causó una masacre en la aldea.

— La verdad no lo creo, los clanes eligen un líder por medio de la unión marital. — explicó el pequeño.

La joven se sorprendió un poco, después de todo aquel muchacho debía estar casado para poder proclamarse líder de todos los lobos.

— Otra opción es ser el más fuerte de todos. — coloco su pequeña mano en su barbilla.

— Podría serlo con los fragmentos. — musito la menor.

— Parece que tienes curiosidad por él, Mitsuki... — giro su vista hacia la menor.

— Podría decirse que si... — murmuró. — Él es aquel joven que vi en el bosque cuando llegué aquí.

Eso causó gran sorpresa en Kagome.

— Ahora que recuerdo, ¿No tuviste más problemas a causa de la perla? — cuestionó.

— Por el momento no. — respondió. — Aunque posea un talismán para que no sea detectada, sé que el algún momento ocasionara más problemas.

— Es lo más probable. — Kagome lucía preocupada por ello.

— Sango, te hemos traído más leños. — gritaba el pequeño al entrar al sitio donde se quedarían.

— Muchas gracias, con esos serán más que suficientes. — dijo mientras se levantaba. — Mitsuki. — le llamó, mientras buscaba a su pequeña gatita. — Kirara, ¿No estaba contigo?

— Sí, pero después se marchó con InuYasha. — le explicó al entregarle los pescados.

— ¿Con InuYasha? —- cuestiono. — Ahora que lo dices, últimamente permanece la mayor parte del tiempo con él.

Terminaron de preparar lo que sería la cena, Mitsuki saco de su mochila una botella de té verde y Kagome le dio un par de vasos de bambú que se encontraban en aquella choza para poder servirlo, mientras que el pequeño Shippo los entregaba a cada uno.

Hikaru se encontraba en una esquina de aquel sitio, se sentía extraño en aquel lugar.

Los demás ya habían regresado y se encontraban allí todos reunidos.

— Entonces tu nombre es Hikaru, ¿cierto? — pregunto Sango, intentando que él se sintiera parte del grupo.

— Si... — respondió aún un poco desconfiado. - Gracias por haber ayudado a mi hermana.

— No tienes que agradecer. — le dijo Kagome con una sonrisa. — Aunque tengo una duda... — este le miro confundido. — ¿Cómo es que has podido cruzar la barrera del tiempo? — pregunto un poco curiosa, ya que no había pensado jamás en que otra persona además de ella pudiera llegar por el pozo, a excepción de Mitsuki, que en sí igual era un acontecimiento extraño.

— A decir verdad, ni yo mismo sé. — respondió. — No quería que mi hermana regresará a esta época sola, por eso quise acompañarla. — miro a la aludida. — Para mí también todo esto es extraño, jamás creí que podría lograrlo.

— Entiendo, debe ser difícil. — la miko del futuro comprendía lo que estaban viviendo ambos, ella ya había pasado ese proceso de acostumbrarse a ello.

— Veo que ambos han venido preparados. — dijo el bonzo al ver que detrás de ambos estaban unos arcos y estos asintieron, mientras comían.

— Eso quiere decir, ¿que se unirán a nuestro equipo? — preguntaba el pequeño un poco alegre, después de todo le gustaba hacer amigos.

— Por el momento sí. — respondió Hikaru. — No puedo dejar sola a mi hermana en un lugar tan peligroso como este. - dio un sorbo a su té. — Aparte de que ella quería ayudarles y si ella vendrá cada cierto tiempo, yo igual trataré de acompañarla.

— Aunque eso será complicado debido a su trabajo. — coloco su taza de té en el suelo. — En algún momento debemos regresar e iniciarán las clases en determinado momento y además tendré que volver también al taller de danza. — les explico la menor.

— Comprendo la situación, yo procuro regresar en temporada de exámenes. — afirmó Kagome. — Aunque hoy ayudaron demasiado salvando a las personas de aquellos lobos.

— Ya es tarde, deberíamos descansar un poco. — el monje se encargó de recoger los huesos de los pescados, mientras que los demás se preparaban para dormir, ese día había sido un poco agotador.

Lamentablemente nadie se percató de que unos cuantos lobos les vigilaban a lo lejos escondidos entre los arbustos, al transcurrir unas horas se marcharon para así poder regresar con su líder.

Ya era de madrugada y el sol comenzaba a salir, los lobos habían subido a la montaña para llevar la información que habían obtenido, al estar frente a su líder comenzaron a aullar.

— Si ya lo sabía, utiliza una extra técnica con su espada. — les contesto recordando aquella pelea con el inugami. — ¡Maldición!, todavía no se me quita este extraño escalofrió. — decía mientras frotaba sus brazos. — Pero se me acaba de ocurrir algo brillante. — recordó a aquella joven que indico donde estaban sus fragmentos. — "Una mujer que puede ver los fragmentos, de ahora en adelante ella trabajara para mí".

Les indico a sus lobos lo que debían hacer cuando vieran nuevamente a aquella bestia y al resto del grupo.

"Esa mujer, sé que la he visto antes en algún lugar". — no lograba recordar donde, después de todo no les prestaba atención a los seres débiles, sólo eran su fuente alimento, pero sentía una gran inquietud al verla. — "Mis instintos nunca me han fallado, además esos sueños..." — recordó aquellas noches en las que descansaba un momento de su búsqueda, y una voz femenina le hablaba entre sueños pidiendo ayuda y en estos él juraba que le salvaría sin dudar, además de llegar a su mente la imagen del rostro de esa joven que vio aquella noche lluviosa.

No podía olvidar esos orbes de color celeste.


— Mitsuki. — sintió como movían su hombro sutilmente. — Mitsuki. — sus ojos se abrieron lentamente. — Debemos irnos.

— ¿Irnos? —cuestionó al no saber quién era.

— Si, esta zona no es segura. — sentía que su cuerpo le pesaba.

Un estruendo se escuchó y causó que terminará de despertar o eso creía.

— ¿Hikaru? — le busco con la mirada, pero no había rastro de él.

Cayó en cuenta de que no se encontraba en aquella superficie blanda donde estaba descansando.

Estaba en un lugar completamente distinto.

Escucho unos ruidos cerca de ella, unidos a unos gruñidos.

— Mitsuki, quédate detrás de mí. — sus labios levemente se abrieron al verle frente a ella.

— Tú eres... — se levantó de aquel sitio para poder mirarle el rostro de una vez por todas y confirmar sus sospechas, aun cuando ya estaba segura de quien se trataba.

— ¡Oh mi querida niña! — esa voz nuevamente. — Tanto quieres saber de quién se trata.

— ¿Qué? — cuestionó al ver que aquella persona nuevamente comenzaba a esfumarse. — Espera... — extendió su brazo, tocándole así el hombro.

— Mitsuki, te prometo que no dejaré que nada malo te pase. — musito aquel joven. — Daré mi vida por defenderte.

Una ráfaga de aire se dirigió hacia ella.

— Haré lo que sea necesario para estar a tu lado. — al escuchar aquellas palabras, una sensación de calidez comenzó a sentir en su pecho.

— ¿Qué sucede? — colocó su mano en su pecho y sentía una energía comenzaba a fluir.

Vio como sus manos comenzaban a irradiar una tenue luz azulina.

Estaba confundida.

No sabía que estaba ocurriendo.

— Veo que comienzas a despertar. — alego esa voz que estaba llena de odio.

— ¿Despertar? — todo comenzó a tonarse oscuro y delante de ella unos ojos de color carmesí aparecieron. — ¿A qué te refieres?

— Nos veremos después, Mitsuki. — aseguró.

Todo a su alrededor se esfumo y ella se sumió en un mar de oscuridad el resto de la noche.


InuYasha les había despertado a todos a primera hora, después de todo quería seguir el rastro de aquel lobo, Kagome sin dudarlo saco a todos los hombres de aquel sitio para poder cambiarse de atuendo, después de todo no irían en pijama.

La menor fue la primera en terminar de cambiarse y salir del lugar, vio a su hermano el cual también ya se había desecho de su ropa de dormir, pero aun así ambos traían prendas cómodas que le permitían moverse libremente en aquellos terrenos rocosos, tomó un par de frutas de su mochila y les ofreció a los demás que seguramente estaban hambrientos.

— Hikaru. — llamó la atención del aludido y le indico que le siguiera.

— ¿Ocurre algo? — le miro con preocupación.

— No realmente, pero... — dio un leve suspiro. — Tengo un extraño presentimiento. — rasco levemente su brazo.

— Tranquila, si algo sucede yo estaré allí para ayudarte. — revolvió ligeramente su cabello. — Además yo llevo la perla, si nos atacan a causa de ello, irán contra mí.

— Eso no me tranquiliza... — bajo levemente su mirada.

Escucharon a los demás acercarse, irían a buscar al lobo.

— ¿Ocurre algo? — cuestionó Kagome.

La menor dio un leve suspiro, quería ignorar ese presentimiento, sólo negó levemente.

— ¿Siempre traes contigo el uniforme? — la menor simplemente cambio el tema.

— Por lo general siempre que vengo a esta época lo hago después de ir a la escuela, ya que cierta persona es muy impaciente. — se rasco levemente la mejilla y miró al pelo plata. — He traído algunas veces otra vestimenta, pero ha sido para viajes breves.

— Andando. — Dijo el hanyou empezando a buscar con su olfato el rastro de aquel lobo.

Estaba impaciente por encontrarle.


El trayecto era algo largo, se encontraban en el linde del bosque al pie de la montaña, ya pasaba de medio día y aún no habían dado con aquel lobo.

Siguieron su rastro y este les indicaba que tendrían que subir las montañas y así lo hicieron.

Después de todo InuYasha quería recuperar aquellos fragmentos de las garras de ese demonio.

Sango y Miroku se montaron en Kirara para tener mayor campo de visión desde el aire.

Las horas transcurrían y no había señal alguna de su objetivo, ni siquiera la más mínima presencia de un fragmento.

— Muy bien, es el olor de lobo, si seguimos su rastro nos llevará hacía donde está. — se encontraba olfateando el suelo, para así poder seguir el olor, aunque recordó aquellas palabras que le había dicho.

"Algo que no soporto el olor a bestia, ¡Me causa repugnancia!"

Aquel comentario le hacía enojar. — Ese fanfarrón se atrevió a insultarme, ¡no se lo perdonare! — dijo para después continuar buscando el rastro.

Los demás solo seguían al hanyou a lo lejos, pues este se había adelantado, por su parte Mitsuki tenía aún el extraño presentimiento y no siempre se trataban de buenas noticias, intento ignorarlo, pero cada vez iba aumentando esa sensación, llegando incluso a sentirse vigilada.

Volteó hacía los lados, intentando encontrar aquellas miradas, pero no había absolutamente nada.

— Entiendo que está molesto porque le dijeron bestia, pero él se lo ganó a pulso, ¡está actuando como si fuera una! — decía mientras observaba a InuYasha en el suelo.

— ¿¡Qué dijiste, Shippo!?, repítelo una vez más. — le grito enojado fijando su vista en la dirección en la que se encontraban.

— ¡Ay mamita!, me escucho a pesar de estar tan lejos, esa es una de las grandes habilidades de las bestias. — dijo mientras se escondía detrás de Kagome asustado.

— ¡Shippo, ven acá que te voy a castigar! — le gritaba InuYasha haciendo una rabieta, por lo que había dicho el kitsune, mientras que los dos hermanos sólo reían ante aquella escena.

En el cielo la exterminadora y el monje buscaban rastro alguno de los lobos y vigilaban que ningún imprevisto ocurriera, tales como que les atacarán de sorpresa. — Sango, la atmósfera de este lugar, se ve muy sospechosa. — decía el monje mientras examinaba con exactitud aquella montaña y sus alrededores.

— También piensa lo mismo, excelencia. - le miro por el rabillo del ojo. - Kirara no ha podido tranquilizarse. — observo a su compañera nekomota, quien estaba alerta en caso de que les atacaran.

— Hay una presencia extraña en este lugar y no es causada por los hombres lobo. — el monje continuaba mirando los alrededores.

— ¿Quiere decir que hay otra criatura? —preguntaba la exterminadora, mientras que Kirara, sintió la presencia de aquella criatura, la cual volaba por el cielo, descendieron en el sitio en que estaban los demás.

El hanyou se detuvo para esperar a los otros dos, mientras que los demás aprovecharon para estirar sus piernas.

Después de todo ir en sentados tanto en el caballo como en la bicicleta llegaba a ser agotador, aunque Hikaru le había sugerido a su hermana llevar después algún medio de transporte similar al de Kagome, así evitarían que un caballo corriera peligro.

Hikaru tomó un poco de agua y Mitsuki se colocó de cuclillas y colocó su mochila en suelo para sacar una manzana para el corcel y un caramelo para el kitsune.

Pero estaba a su vez sumida en sus pensamientos, no dejaba de darle vueltas a lo que ocurrió en sus sueños.

Había tenido varios sueños durante un largo tiempo y todos ellos se trataban de premoniciones.

Por lo que no sabía cómo reaccionar.

— ¿Sucede algo malo? — su hermano le sacó de sus pensamientos.

— No realmente. — musito ella con una leve sonrisa.

— Aún tienes ese extraño presentimiento, ¿cierto? — la conocía después de todo y sabía cuándo mentía. — En este momento yo también tengo uno. — afirmó. — Este lugar me parece familiar de alguna manera.

— ¿Familiar? — examinó aquel lugar y en efecto, algo dentro de ella le decía que había estado antes allí.

— Son las montañas... — dio un leve suspiro. — Papá solía traernos aquí en varias ocasiones en la época actual.

— Era como un respiro de la ciudad. — musito. — Mamá me había dicho que en una ocasión fuimos toda la familia. — a su mente llegaron imágenes levemente borrosas. — No recuerdo mucho, quizás era muy pequeña.

— Yo tampoco recuerdo mucho, la mayoría de los recuerdos de nuestra familia para mí son vagos. — ella abrió un poco más sus ojos sorprendida.

— Eso no es normal — alegó. — Ni tú, ni yo recordamos sus rostros, es como si hubieran sido borrados.

— Eso no es todo... — ella le miró confundida. — Es aquí donde te perdiste en una ocasión...

— ¿Dónde me perdí? — sintió una leve punzada recorrer su cabeza.

Un leve quejido de dolor salió de sus labios.

— ¿Estas bien? — ella asintió levemente.

— Esa voz... — cerró sus ojos.

— ¿Voz? — no entendía que estaba sucediendo. — Mitsuki...

— En esa ocasión, ¿cómo fue que regrese? — cuestionó tras sacar una pastilla y una botella de agua.

— No sé qué sucedió, sólo recuerdo que papá te traía en brazos dormida. — intento recordar algo más, pero era lo único que sabía.

— Hikaru... — alzó su mirada. — No fue papá el que me encontró.

— ¿Estas segura? — ella asintió. — Creo que tendremos que hablar de todo esto con nuestros padres.

Vio como ella asentía nuevamente, le ayudó a levantarse y escucharon a los demás.

Dejando su conversación inconclusa.

Al ver como sus compañeros llegaban a donde estaban, se retiró la chaqueta que traía al sentir calor y la coloco encima del caballo, volvió a colgarse la mochila en el hombro y le hablo al kitsune para entregarle la paleta que había sacado, el cual feliz salto a sus brazos para tomarla, ocasionándole una leve risa a ella.

Dio un suspiro, en su mente sólo rondaban imágenes un poco borrosas de lo que había ocurrido hace años y no podía dejar de pensar en unos ojos azulinos.

— Llegan tarde, ¿por qué se entretuvieron tanto? — les preguntaba InuYasha con sus brazos cruzados, cansado de esperarlos

— Silencio. — le contesto enojado el monje. — InuYasha, no puedes detectar nada con tu olfato y orejas.

— ¿Qué mi olfato y mis orejas?, tú también me estas tratando como una bestia. - ya era el colmo para él. — Lo único que saben hacer estos individuos es enfadarme.

— No me refería a eso, preguntaba por si presentías otra presencia la cual es muy extraña. — dijo mientras se bajaba del lomo de Kirara.

De pronto Kirara comenzó a gruñir y miro hacía la cima de la montaña. — Muchachos están arriba. — advirtió Sango, mientras observaba hacía hacia lo alto, los lobos estaban bajando dirigiéndose hacia ellos, se le echaron encima a InuYasha.

— InuYasha. — grito la exterminadora al ver como su compañero caía por el peñasco.

— Sango. — le despabilo el monje, tras ver que los lobos les iban a atacar y estos se defendieron propinándoles unos golpes.

— ¡Monje Miroku, Sango! — gritaba Kagome al ver que sólo a ellos les estaban atacando, cuando de pronto se dirigieron hacia ella y Hikaru, él desenvaino su espada dispuesto a atacarlos.

— ¡Maldición!, ¿que están tramando? — InuYasha trataba de quitarse de encima a aquellas alimañas, pero pudo sentir la presencia de alguien que subía. — ¿¡Qué!?, ¿pero ¿qué es eso?

— InuYasha. — la miko vio como este caía, siendo mordido por los lobos, escucho como sus amigos combatían con los lobos, por lo que tomo su arco y flechas dispuesta a ayudarles.

— Los fragmentos de la perla. — sintió como estos se sentía debajo de ellos, tomo su arco y miro al peñasco, estaba dispuesta a atacar a aquel joven que quería hacerles daño.

Vio como aquel joven lobo subía por la pendiente de la montaña, tomó una de sus flechas para disparar, pero estaba cerca de InuYasha.

— Hasta nunca bestia. — el líder de los lobos vio que la joven estaba en la orilla apuntándole con una flecha, por lo que dio un salto para evitar su posible ataque, causando que una ráfaga de aire le pasara por el rostro y que perdiera levemente el equilibrio y cayera al suelo, el kitsune se escondió detrás de ella, con un poco de temor, mientras que el lobo descendía.

— Mitsuki. — disparó una flecha en dirección al lobo, pero este la esquivo con facilidad, desenvaino la espada que portaba y le hizo frente.

— ¿En verdad crees que podrás hacerme daño con eso? — cuestionó con una sonrisa arrogante, para después atacarle con su puño, al intentar defenderse con la espada esta se quebró.

Mitsuki fue levantándose del suelo, quedando de rodillas, las flechas que lleva estaban esparcidas en el suelo y su arco se encontraba un poco lejos de ella, escuchar el metal quebrarse, giro su mirada y vio a su hermano combatiendo contra ese lobo.

Sintió como partes de su cuerpo le comenzaban a arder, tenía algunos raspones en estas.

— ¿Eso ha sido todo? — se burló. — ¡Ahora sólo desaparece! — le dio un golpe que causó que quedará en el suelo, se acercó a él para darle final a su vida.

— Aléjate de él. — alcanzó su arco y tomó una flecha, lanzándola hacia él, una estela de luz azul impacto contra la pared de la montaña al ser esquivada rápidamente por el yōkai.

— ¿Pero qué? — miro a aquella joven desde un sitio lejano al que se encontraba. — "¿Qué ha sido eso?"

— Mitsuki... — su hermano le miro sin comprender lo que acaba de suceder. - ¿Cómo fue que...?

— Ni yo misma lo sé. — afirmó, buscando con la mirada a ese lobo, pero no se veía por ningún sitio.

Unos gruñidos se escucharon y los lobos les estaban rodeando, sin embargo, sólo atacaron al mayor de ellos.

— Hikaru. — sintió como una ráfaga de aire se acercó rápidamente a ella. — Los fragmentos... — podía sentirlos, pero estos se movían de un lado a otro con rapidez.

Koga al pasar nuevamente cerca de ella, logró quitarle el arco de sus manos lanzándolo lejos.

— ¡Maldición! — exclamó al sentir un ardor en sus manos, al haberle sido arrebato, la cuerda le había provocado leves heridas en estas.

— ¡Ahora ella es mía! — dijo tomándola entre sus brazos haciendo que el arco cayera de sus manos, estaba dispuesto a llevársela de aquel sitio, por lo que se envolvió en su remolino, saliendo de allí.

— Señorita... — observo como aquel hombre lobo se llevaba a la joven. — Señorita Mitsuki. — grito el monje al darse cuenta de lo que había sucedido.

Hikaru intento detenerle, pero uno de los lobos se le lanzo encima, su sangre le empezó a hervir, estaba realmente enojado, se impulsó con sus piernas para lograr deshacerse de ese canino que se interponía y dio un silbido para llamar al corcel, subiéndose a él.

De alguna forma alcanzaría a ese maldito que se llevó a su pequeña hermana, aumento la velocidad del galope, si le llegaba a dañar no se lo perdonaría.

— ¡Mitsuki! — le llamó para hacerle saber que iría por ella.

— ¡Hikaru! — asustada de lo que podría hacerle comenzó a llamar a su hermano, escuchaba el galope del caballo, por lo que intuyó que iba tras ellos.

— ¡Mitsuki! — algunos de lobos empezaron a seguirlo, para evitar que pudiera alcanzar a su líder, Sango comenzó a seguirle también con ayuda de Kirara, mientras que Kagome y el monje Miroku se encargaban del resto.

— ¡Suéltame! — forcejeaba la joven para librarse del agarre de aquel lobo, pero este le apretaba cada vez más con fuerza.

Sus ojos se abrieron de par en par al ver que estaban por llegar al borde del camino y aquel joven continuaba sin importarle.

— ¿Qué rayos planeas a hacer? — cuestionó asustada temiendo que aquel lobo cometiera alguna locura. — ¡Estás loco, el camino termina aquí!

— Como tengo los fragmentos en mi brazo y mis piernas, lograremos pasar este peñasco sin problemas. — decía mientras daba un salto hacía la otra parte del camino, la joven vio que iban cayendo y vio que debajo había un estrecho río rodeado de rocas, definitivamente no quería morir.

— ¡Es imposible, no vamos a lograrlo! —su corazón realmente le latía demasiado rápido, si debía morir de forma suicida, tan si quiera quería escoger la manera en la que lo haría, sintió como aquel sujeto que le cargaba logro de alguna forma llegar al otro extremo. — No quiero morir en este lugar. — dijo asustada al ver que iban descendiendo y al mirar hacia abajo el miedo regreso, se encontraban en una de las paredes y no sabía que tan buen equilibrio tenía ese sujeto.

— ¡Guarda silencio! — le ordeno el hombre lobo, pero esta continuaba gritando. — ¡Me dejarás sordo con tus horribles gritos! — empezó a dar saltos para llegar a la cima.

— ¿Acaso esperas que me ría?, ¡me has traído a la fuerza y estuve a punto de morir por tu culpa, lo normal es que grite! — le espetó enfadada, mientras continuaba gritando para que le soltará.

— ¡Ya cállate! — estaba hastiado de que sus oídos sufrieran con aquellos gritos tan agudos de la joven.

— ¡Tú no me dices que hacer! — llegaron a la cima y esta tras escuchar que le ordenaba que se callara, le jalo con fuerza de su oreja, causando una gran molestia en él.

Los lobos al sentir que el olor de su líder no estaba ya tan cerca, se retiraron de aquel lugar, por su parte este mismo se detuvo burlándose de los compañeros de la joven. — Pobres, me dan lástima, ninguno de ellos logro alcanzarme. — observo en dirección hacia donde estaban hace unos momentos.

— ¿Qué esperabas? — la joven le cuestionó mientras forcejeaba para zafarse de su agarre. — Estas usando los fragmentos de la perla, deja de fanfarronear ya que eres sólo un tramposo. — le dijo, cuando por fin logro zafarse intento alejarse de él, pero le fue imposible, después de todo era más veloz.

— ¿Qué fue lo que dijiste? — volvió a sujetarla impidiendo que escapara, mientras que ella continuaba forcejeando contra el agarre de él.

— Además de tramposo, estas sordo. — bufó.

El lobo le miró con molestia.

— ¿Qué es lo que quieres de mí? — ya había perdido la paciencia, quería regresar con sus amigos. — No logro entender para que me trajiste. — consiguió soltarse a causa de que él se concentró en algo más, iba a correr, pero se detuvo al notar una presencia de otra criatura.

Era en lo que aquel lobo está atento.

El sonido de un aleteo se escuchaba demasiado cerca.

— ¿Qué rayos es eso? — observo que el suelo se veía la sombra de unos pájaros, pero estos eran demasiado grandes. —¿¡Qué demonios es eso!? — dio un par de pasos hacia atrás, acercándose a la espalda de aquel extraño.

No tenía con qué defenderse y sería un blanco fácil para cualquier demonio.

Desconocía el motivo por el cual estaba allí y con suerte él podría protegerle o eso esperaba.

— ¿Qué es eso? — le miró y noto como su rostro expresaba un gran odio hacia esas criaturas.

— Esos pajarracos se han reunido para emboscarme. — les observaba con odio. —Ya sé, te pondré a prueba, obsérvalos. — le sujeto de la mano, esto dejo un poco confundida a la joven. — ¿Puedes ver algún fragmento de la perla en ellas?

— ¿Un fragmento de la perla? — comenzó a obsérvalas a cada una, sintiendo como se acercaban cada vez más. — No, ninguna posee alguno.

— Entiendo, así que esa criatura no ha venido. — volvió a cargar a la joven en sus brazos. — Perfecto no será necesario pelear con ellos. — comenzó a correr. — ¡Hasta nunca, no los quiero volver a ver! — les miro por última vez para después incrementar la velocidad, estaban yendo en dirección a una cascada.

— Es Koga. — grito uno de los hombres lobos que se encontraba afuera, al parecer era un vigía. — ¡Escuchen todos, Koga ha regresado!

— ¡Hola Koga! — le saludo otro de los que se encontraba allí, el mencionado se detuvo.

— Hola, ya he regresado. — les dijo con su sonrisa ladina, se había detenido de forma brusca, aunque él lo viera como algo normal, después de todo la muchacha y el kitsune, no estaban acostumbrados a ir a altas velocidades y frenarse de inmediato.

— ¿Dónde estamos? — la joven observo a su alrededor y vio a decenas de hombres lobo acompañados de lobos comunes. — Esta es... su guarida. — el miedo recorría cada célula de su cuerpo, ya había librado la muerte en el peñasco y contra aquellas extrañas aves, ahora se encontraba literalmente en la boca del lobo.


Cuando los lobos se retiraron, los demás fueron en busca de InuYasha para encontrar nuevamente el rastro de aquel lobo.

Hikaru por su parte se encontraba realmente impotente, se había detenido al borde del peñasco, no había podido alcanzarlo y ahora no podría seguirlos desde donde estaba, su pequeña hermana podría ser asesinada por aquel demonio.

— Iré tras ellos. — le dijo Sango, cruzando el peñasco con ayuda de Kirara, pero unas aves de gran tamaño se lo impidieron.

Por otra parte, Miroku y Kagome regresaron al pie a la montaña, el bonzo se acercó al río para ayudar a InuYasha.

— Lo único que hicieron fue alejarme de ustedes. — estaba completamente confundido por lo que sucedió.

— Así es, por que el objetivo de Koga, era secuestrar a la señorita Mitsuki. — le informo el monje, para después mirar a sus demás compañeros.

— ¿A Mitsuki? — no lograba entender nada. - ¿Después de que me arrojaron del peñasco él y toda su manada se retiraron?

— Si así es. — respondió el monje para después ver como el resto de sus compañeros llegaban hasta donde se encontraban. — Sango, ¿Pudiste alcanzarlos? — esta descendió al suelo.

— Si, al principio iba tras ellos, pero otros seres interfirieron. — les informo, viendo el rostro de preocupación de Hikaru.

— ¿Interfirieron? — pregunto extrañado el hanyou, no sólo debía lidiar con esos lobos, ahora se le sumaban esas criaturas, Kirara se elevó nuevamente, les mostrarían el sitio en que perdieron de vista al lobo y a la muchacha.

— InuYasha. — la joven miko corrió a su lado para ver si no se encontraba herido. — ¿Te encuentras bien? — empezó a buscar su botiquín por si acaso.

— Sí, estoy bien. — respondió para después observar al hermano de Mitsuki, su cara reflejaba preocupación. — Tranquilo, iremos a rescatarla.

Se dirigieron al lugar donde Sango les vio por última vez, encontrándose con unos cadáveres de unas criaturas que desconocían.

— ¿Qué diablos es esto? — observo a aquella extraña criatura.

— ¿Son aves? — el monje las observaba a detalle, era demasiado grande en comparación de un ave normal, además tenían una parte humanoide.

— Y no eran unos cuantos. — Sango no comprendía que hacían allí esas criaturas. — Aparecieron cientos de ellas de repente.

— Son las criaturas que nos trasmitían su presencia. — la voz del monje sonaba preocupada y este miro hacía la montaña nuevamente.

— Creo que sus dominios son la parte más alta de la montaña. — por lo menos eso le parecía a ella.

— Interfirieron en tu camino Sango. — observo nuevamente aquella criatura. — No sólo debemos lidiar con los lobos, sino también con estas criaturas monstruosas. — de repente un llanto sonó en aquel lugar, al ver de dónde provenía notaron que era de un hongo.

— Maldición... — exclamó Hikaru. —Era este el motivo por el que no quería dejarle sola y aun así...

— Hikaru, ten por seguro que la encontraremos. — afirmó el hanyou.

— Estos hongos... — exclamo Kagome al verlos. - Fueron dejados por Shippo. - la miko pensaba que el pequeño seguía con ella.

— Con razón era extraño no estuviera. — se acercó a aquel hongo llorón. — Lo secuestraron junto a Mitsuki.

— Están creando un camino. — la miko observaba como estos iban saliendo uno tras otro. — Se dirigen hacia la montaña

— No hay tiempo que perder. — el hanyou comenzó a saltar con Kagome en su espalda, siguiendo el rastro de los hongos.

Sango le aconsejo a Hikaru que montará sobre el lomo de Kirara junto al monje Miroku y ella, no objeto en lo absoluto y sólo subió junto a ellos.

Era evidente su preocupación por su hermana menor, si algo le sucedía no se lo podría perdonar.


Mitsuki se encontraba siendo arrastrada a la fuerza, al interior de la guarida de los lobos, escuchaba las preguntas que le hacían al líder, sobre quien era ella y que es lo que le iba a hacer, esas mismas preguntas se hacía así misma. — "La cueva, tiene un fuerte olor a sangre y está llena esqueletos". — observo su alrededor, hasta que fue lanzada por el joven a una especie de cama.

Miró con temor a aquellos seres demoníacos, en ese momento era una presa fácil, no traía su arco ni conocía forma alguna de protegerse.

La mirada del líder estaba fijada en ella, poseía una sonrisa victoriosa.

— Oye Koga, esa presa se ve suculenta. — decía uno de los hombres lobo detrás de él.

— Por favor, deja que yo la pruebe primero. — le pidió otro que igual se encontraba detrás de él.

Pronto todos los que habitaban allí comenzaron a colocarse detrás de su líder, esperando poder degustar la carne fresca de la joven, después de todo tenían demasiada hambre, esta les miraba asustada, si le dieran la opción de como morir, en su lista no se encontraba el ser degustada por lobos hambrientos.

— Se equivocan esta mujer no es ninguna presa y el que se atreva a tocarla, ¡le matare de inmediato! — todos dieron un paso hacia atrás, realmente era respetado y temido por toda la manada.

" Estaré a salvo, sólo por el hecho de ver los fragmentos de la perla". — observo como todos se alejaban de donde estaba ella. — "¿Debería considerarme afortunada de no morir en este momento?".

Los lobos comenzaron a aullar mientras olían algo extraño en su líder. — ¡Oh!, ¿quieren esto? — escondido detrás de su cola de lobo, se encontraba el pequeño Kitsune que acompañaba a la joven. — Cuando tome a esta mujer, este enano se sujetó a mi cola y vino con nosotros. — lo separo de él y lo lanzo hacía los lobos, el pequeño se asustó al ver como se reunían a su alrededor.

— ¡Mitsuki ayúdame!, ¡estos peludos con patas me quieren comer! — el pequeño buscaba la forma de escapar.

—¡Detenlos ahora mismo! — exclamó Mitsuki. — ¡No le hagan daño! — .se levantó de aquel lugar encarando al líder. — ¡De lo contrario, no te ayudaré en lo absoluto!

Él alzó una ceja sorprendido, al parecer aquella humana si sabía negociar y por el tono de su voz, no eran de las que recibían un no por respuesta, eso hizo que una sonrisa ladina se dibujara en su rostro.

— ¡Ajá!, parece que ya nos estamos entendiendo. — le respondió para después tomar con cuidado en sus brazos a uno de sus lobos. — Vamos a un lado. — les ordenaba a los demás caninos. — Pero que vergüenza, mira nada más que pesado te has puesto últimamente. — miraba con una sonrisa burlona al lobo en sus brazos. — Todos ustedes son unos glotones, ¿hasta cuándo aprenderán? — les estaba dando una especie de regaño, mientras continuaba con aquella sonrisa. — Y aun así tienen hambre, ¿será eso posible?

" ¿Qué sucedió con el chico malo? ". —observaba cada una de sus acciones y al ver cómo les hablaba soltó una leve risa. — "Suena como el papá de ellos".

Koga al darse cuenta de que le estaba mirando, su cara adquirió un leve tono rosado y sólo le lanzo al kitsune, ella rápidamente lo atrapo entre sus brazos. — Shippo, ¿estás bien?

— ¡Mitsuki! — el pequeño comenzó a llorar en sus brazos, le intento consolar mientras lo veía un poco extrañada por su reacción.

— ¡Hagan paso traemos unos heridos! — exclamaron unos hombres lobo al entrar a la cueva, traían cargando unas especies de camillas como la que usaba en las ambulancias para llevarse al herido y procedieron a colocarlas en el suelo. — Por favor deben resistir, ¡que alguien les traiga un poco de agua deprisa!

El líder se acercó, estaban gravemente heridos, noto que uno de los traía en sus manos unas plumas. — ¿Fueron ellos? — su tono de voz reflejaba la ira, mientras cerraba sus puños.

— Sí, parece que les atacaron cuando estaban vigilando. — le explico uno de los hombres lobo que les había traído. — Ellos fueron los únicos sobrevivientes, los demás fueron llevados al final del valle para ser arrojados. — cerro sus ojos de tan sólo imaginarlo.

— Se ven demasiado mal — la joven se acercó hacia ellos, observando las heridas en sus cuerpos, a pesar de que había sido llevada allí a la fuerza, no le gustaba ver a las personas heridas.

— Tu misma las viste. — Koga se giró para verla. — Esas aves gigantescas, mejor conocidas como las aves del paraíso, las consideramos nuestras peores enemigas, esto ha sido obra de ellas. — recordó aquellas monstruosas criaturas, realmente eran aterradoras, ser capaces de hacer algo así. — Se acercan silenciosamente, para después llevarse a nuestros camaradas.

— ¿Y para que se los llevan? — el joven se dirigió al lugar donde había aventó hace unos minutos a la joven y esta le siguió.

— Para ser devorados, su refugio está repleto de huesos de hombres lobo. — se detuvo en aquel lugar por un momento. — Y nadie se atreve a acercarse. — se tumbó en esa extraña cama para poder sentarse.

— ¿Acaso no puedes exterminarlo? — Koga al parecer se encontraba demasiado preocupado por los problemas que ocasionaban esos monstruos.

— Ese es el problema. — dio un leve suspiro. — Hace algunos días nos dimos cuenta de que una de esas aves del paraíso, posee unos fragmentos de la perla de Shikon. — le estaba explicando, mientras que esta le miraba sintiéndose mal, por todo el daño que esa perla llegaba a causar. — Se mueve más rápido que nosotros y en cierta ocasión, fue capaz de comerse a veinte de nuestros hombres en un sólo ataque. — recordaba aquel acontecimiento, fue realmente sangrienta, inmediatamente había ordenado la retirada. — Ellos no tenían esos poderes tan sorprendentes. — alzo su vista para mirarla. — La única respuesta que puedo intuir, es que ellos obtuvieron ese poder mediante un fragmento de la perla de Shikon.

— Esa es la razón por la que me ha traído aquí, quieres que busque a esa ave ¿no es así? — este sólo asintió como respuesta.

— Así es, atacaremos su guarida, para arrebatarles ese fragmento de la perla. — se sinceró con ella. — no quiero que se sacrifiquen más vidas, sólo atacaremos al que lo tiene, lo haremos entre los más fuertes de la tribu. — volvió a alzar su vista hacia ella. — ¿De acuerdo?, espero que hayas entendido mis motivos.

— A decir verdad, no del todo. — respondió ella, causando que el lobo le mirase con confusión. — Entiendo que quieras detener los ataques a tu gente, pero no es muy diferente el daño que tu haz causado a las aldeas de los humanos y posiblemente a otras criaturas. — afirmó, recordando la masacre que ocasiono en la aldea.

— Eso es diferente. — alegó frunciendo el ceño.

— No, no lo es. — espeto con molestia. — Si dirás que es a causa de la supervivencia del más fuerte, entonces esas aves sólo cumplen su función en la cadena alimenticia, siendo ustedes sus presas. — escuchó como unos de los hombres que se encontraban allí comenzaban a murmurar. — Si quieres detenerlas, te ayudaré, pero comienza a pensar en todo el daño que tú también has causado por sentirte superior a otras especies.

— Vaya, eres la primera humana que se atreve a decirme tal cosa. — rio levemente.

— Sólo ponte en el lugar de los demás, a ti ni a nadie le gusta que su gente sea masacrada. — bajo levemente su mirada. — Ayudare a detener el daño que causan los fragmentos. — dio un suspiro, después de todo ese lobo demostró que tenía sentimientos, por lo menos con los de su propia especie.

Y al ser así, había una pizca de esperanza en que llegará a entender que no era correcto lo que hacía en ocasiones.

Escuchó los quejidos de dolor de los lobos y sin dudarlo, retiro la mochila de sus hombros y saco lo necesario para curar a los heridos, se acercó hasta ellos y comenzó a tratar sus heridas, siendo observada con gran curiosidad y asombro por todos incluyendo al líder.

"Debo encontrar la forma de escapar de este lugar". — aplico un poco de antiséptico en un algodón para limpiar la herida. — "Si llego a salir de la cueva, podré encontrarme con los demás y sólo lo conseguiré ayudándole a él en lo que me pida, por mi propio bien y el del pequeño Shippo". — el kitsune se bajó de su hombro.

"Mitsuki, sólo espera un poco más y verás que mis hongos guiarán a los demás a este lugar". — su plan parecía perfecto, pero tuvo un pequeño fallo.

— ¿¡Oigan que es esto!? — pregunto uno de los hombres a los canes. — ¿¡Se puede comer!? — estaba sosteniendo uno de los hongos que había esparcido por el camino el pequeño, este se sobresaltó al ver la cantidad que habían traído. — ¡No vuelvan a traer cosas extrañas! — les lanzo uno de esos hongos a los lobos y estos chillaron por aquel regaño.

"Cortaron mis honguitos". — el kitsune se entristeció, su plan había sido saboteado, nunca les encontrarían.


— Ese ha sido el último de los hongos. — exclamo Sango al ver que ya no había ningún otro hongo que saliera en el camino.

— ¡Demonios!, ¿por dónde se fue ese travieso de Shippo?, nunca me sirve cuando lo necesito. — el hanyou se encontraba molesto.

— El lugar esta infestado por el olor de los lobos, será una prueba difícil aún para InuYasha. — Sango se había preocupado de que no pudieran encontrarlos.

— Ese horrible olor de lobo, hizo que el aroma de la señorita Mitsuki se desvaneciera. — el monje estaba intentando encontrar alguna pista, para saber el camino correcto — Señorita Kagome, ¿No siente la presencia de algún fragmento?

— No. — musito. — No puedo sentirlos. — parecía como si se hubieran esfumado.

—¿Y la perla? — cuestionó la taijina al recordarla.

— Aunque pudiera detectar la perla, sería inútil. — alego Hikaru. — Esta se encuentra aquí conmigo. — apretó levemente sus puños.

— Maldición. — exclamó el hanyou, continúo oliendo el aire, para ver si conseguía distinguir el olor de la joven o el kitsune, este se giró en una dirección.

— ¿Descubriste algo InuYasha? — preguntó el monje al ver que miraba hacia un sitio.

— No es el olor de esos lobos, si no que detecte el olor de esas horripilantes aves. — pudo sentir que estas se estaban acercando en dirección a ellos. — ¡Teníamos pensado rescatar a Mitsuki cuanto antes y ustedes vienen a arruinar nuestros planes! — dejo a Kagome en el suelo para poder saltar y atacarlos. — ¡Garras de Acero! — destruyo a algunas de esas criaturas, pero aún quedaban decenas de ellas.

Lograron deshacerse de aquellas aves, pero la noche ya estaba cayendo, el olor a lobo estaba presente por todos los rincones de aquella montaña, era como buscar una aguja en un pajar.

Hikaru tenía una expresión de preocupación y culpa, se encontraba completamente desesperado, temía lo peor, por su parte InuYasha aún trataba de encontrar el rastro de Mitsuki o el de Shippo, pero resultaba un gran problema, no sólo el olor de los lobos estaba, el de aquellas aves también se hacía presente.

Habían decidido descansar en aquel lugar, después de todo la mayoría era sólo humanos y no podían resistir tanto como el hanyou o la nekomota.

Intentaron conciliar el sueño, pero era en vano, de vez en cuando se escuchaban sonidos de aquellas aves, por lo que decidieron montar guardias cada cierto tiempo, así si algo sucedía podrían defenderse.

Kagome no lograba sentir la presencia de los fragmentos y para su mala suerte, eso indicaba que estaban lejos, además era comprensible que un fragmento fuera más fácil de ocultar.

"¿Cuál sería el propósito de llevársela?" — no lo lograba entender, por lo que escucho de la muchacha, ya había tenido oportunidad de matarle en dos ocasiones, tres si contará la batalla contra el hanyou. — "¿Querrá hacerle pagar por lo que le hizo InuYasha a sus lobos?" — negó levemente, no podía ser por ese motivo, en todo caso se hubiese ido contra él, estaba claro que no le importaba matar humanos, pero no le hirió cuando esta se encontraba indefensa, sin saber que la perla se encontraba en su interior, era sumamente extraño, ese hombre estaba planeando algo y para ello la necesitaba.


Por su parte Mitsuki intentaba no dormirse, a pesar de que sabía que no la matarían le daba miedo que cambiaran de opinión o le hicieran algo, después de todo el jefe de los lobos se encontraba a su lado aún despierto.

— Puedes dormir, te aseguro que no te haremos nada. — ella negó con su cabeza. — Sí que eres terca. — se acercó a ella para mirar cómo iba cerrando sus ojos por el cansancio, para después abrirlos de golpe, observo que el Kitsune se había dormido en sus brazos. — Sé que tienes sueño, así que duérmete de una vez, necesitaras todas tus energías para buscar los fragmentos.

— No puedo... — un bostezo se hizo presente, por lo que rápidamente cubrió su boca con sus manos, un poco avergonzada de que su cuerpo la delatará.

— ¡Si mañana te encuentras en pésimas condiciones, le daré a mis lobos como bocadillo a ese pequeño zorrito que tienes en tus brazos! — no estaba de broma, después de todo había accedido a no dejar que sus lobos se comieran al pequeño antes en tanto le ayudará.

Chasqueó levemente su lengua. — De acuerdo. — dijo resignada. — Pero si te atreves a tocarle a él o a mí, te aseguro que no ayudaré en nada. — afirmó.

Una sonrisa ladina se formó en el rostro del joven, aun cuando podía hacer lo que él quisiera, accedería a no herirla, ya que le era de utilidad para encontrar esa ave que posee el fragmento.

— Eres una chica muy directa. — con algo de desconfianza decidió dormirse.

Pasaron los minutos y la joven ya había caído a los brazos de Morfeo, aquel lobo intento descansar un momento también, pero no podía, había algo que no le dejaba.

"¿Por qué me resultas tan familiar?" — se cuestionó a sí mismo.

A su mente llegaban pequeños fragmentos de aquellos extraños sueños que había tenido.

¿Eran premoniciones?

Sus instintos en ningún momento le habían traicionado.

Le observo detalladamente, aquel aroma que emanaba lo había sentido antes, estaba seguro de eso.

Intento recordar de dónde le conocía.

La imagen de aquella joven en el bosque le invadió. — Es imposible. — susurró.

No parecían ser la misma persona, sus vestimentas era diferentes, aquella mujer portaba un kimono como los que utilizaban en los palacios feudales y ella portaba prendas extrañas que jamás había visto.

Estaba realmente confundido.

Su aroma era levemente parecido, pero no emanaba aquel brillo rosado que poseía esa mujer.

—Ella es sólo una humana. — susurró, estaba convencido de que la mujer del bosque no era una simple humana, algo dentro de él lo sabía.

Ese brillo no podía ser emitido por un humano.

Además de sentir un poder similar a la perla de Shikon.

Era probable que ella portará fragmentos.


Despertó al escuchar los aullidos a su alrededor, se sobresaltó al ver que a unos cuantos centímetros de distancia se encontraba aquel hombre lobo, al parecer estaba dormido.

Sintió un ligero peso encima de ella, notando así que se encontraba cobijada, tal parece que le había colocado la manta cuando se quedó dormida y en sus brazos aún se encontraba Shippo dormido.

Regreso su mirada al joven y se quedó observándolo por unos minutos más. - "Después de todo no eres tan malo, lobo arrogante".

— Mirar a alguien cuando duermen es de mala educación. — se sentó para poder estirarse, pero esta frunció levemente su ceño.

— Traer a alguien sin su consentimiento, se llama secuestro y es de mala educación. — respondió molesta al recordar que había sido llevada en contra de su voluntad y vio como esto sólo se reía levemente.

— ¿Por qué me mirabas?, ¿acaso te enamoraste de mí? — se acercó un poco a ella con una sonrisa triunfante.

Ella parpadeo un par de veces y un leve color rosado tiñó sus mejillas.

Sentía una extraña sensación al tenerme tan cerca.

No podía explicarlo.

Sé regaño a ella misma mentalmente, tenía que concentrarse de lo contrario ese lobo malinterpretaría la situación.

Respiro con calma y se apartó un poco de él, sin mostrar nerviosismo ni temor.

No dejaría que ese lobo creyera que tendría poder sobre ella.

— Sólo me preguntaba si ese apesto aliento provenía de ti. — ahora ella era la que tenía una sonrisa burlona en su rostro. — Y al parecer si era sí. — comenzó a abanicarse con su mano, para que este se diera cuenta de su aliento.

— Sí que eres astuta. — río levemente, al parecer no había caído en esa mentira, pero sí que le había causado gracia. — He de reconocer que no eres fea como esas otras humanas, además no te culparía si te enamoraras de mí. — ahora él tenía nuevamente su sonrisa de arrogancia, pero esta solo negó fingiendo indignación.

— No tuvieras tanta suerte, lobo. — se burló. — No es como si tú me hubieses secuestrado por que te enamoraste de mí. — notó como este alzaba una ceja. — Yo sólo estoy aquí en contra de mi voluntad, a causa de que tú me trajiste para buscar el fragmento. — afirmó. — Además, no es como si tu buscarás a una humana para algo más que no sea referente a alimentarte y en definitiva no estoy interesada en un arrogante como tú.

Él no se esperaba para nada ninguna de las palabras de la joven, tenía valentía y lo reconocía, no titubeaba al momento de defenderse a ella o al kitsune y era una de las cualidades que buscaba en una hembra, aunque no lo admitiera.

Dejo escapar una pequeña risa de sus labios.

— Más te vale que no intentes nada en lo que no estoy. — se levantó para después frotarle su cabeza, despeinándola un poco, ni el comprendía el por qué había hecho eso.

Mitsuki sólo le miraba con una expresión de confusión.

— Ginta, Hakkaku. — llamó a sus compañeros y estos salieron rápidamente con él de aquel sitio.

Mientras ella sólo miraba como se marchaban.

Colocó al pequeño de Shippo recostado sobre la manta y tomo su mochila, tomando así su cepillo y una goma para sujetar su cabello.

Tendría que idear la forma de escape.

Los lobos comenzaron a acercarse al lugar donde se encontraba, vigilando cada uno de sus movimientos.

"Posiblemente nos harán daño una vez que ya no les sea de utilidad". — frunció levemente el ceño. — "Esos lobos podrían atacarme ante cualquier indicio de querer escapar". — miro la salida de aquel lugar. — "Debe existir alguna forma en la que por lo menos Shippo, pueda escapar". — giró a ver al pequeño, pero este ya no estaba allí. — ¿Shippo? — cuestionó al no verle por ninguna parte.

Notó que Koga se encontraba nuevamente allí, aunque no sabía en qué momento había regresado, pues vio como él se marchaba junto a otros dos para ir de casería, por eso los lobos le vigilaban.

— Levántate. — su voz sonaba extraña, más infantil a la que ella recordaba y alzo levemente una ceja al darse cuenta, era el Kitsune disfrazado de él. — ¿qué no escuchas?, que te pongas de pie, Mitsuki. — esta se colocó su mochila y el falso Koga, le tomo del brazo para caminar en dirección a la salida, al parecer nadie sospechaba.

Pero conforme avanzaban, sentía que les descubrían, no creía que fuesen tan crédulos tras ver a su líder salir.

— Oye Koga, ¿A dónde vas? — le pregunto uno de los hombres lobos que se encontraba cerca de la entrada.

— Llevare a la mujer a que respire aire puro, el hedor de aquí es demasiado fuerte. — intento hacer su voz lo más grave que podía, mientras que Mitsuki estaba un poco nerviosa, temía que su plan fracasara.

— Oigan Ginta, Hakkaku. — les hablo a otros hombres lobo. — Vayan con Koga, creo que se siente mal. — extrañado de que no salieran se giró para buscarlos con la mirada.

— ¿¡Qué estás diciendo!?, Ginta y Hakkaku fueron a vigilar afuera junto con nuestro jefe Koga — le respondió otro hombre que se encontraba acariciando a uno de los lobos.

— ¿¡Qué dices!?... — miro hacía aquel par que estaba saliendo. — Entonces, ¿quién es ese?

Los lobos empezaron a seguir a su dichoso líder, notando el olor del pequeño kitsune, además de que se dieron cuenta de que no era la misma cola que Koga tenía usualmente, por lo que la mordieron y este dio un grito de dolor bastante agudo. — ¡Mi colita! — la transformación se deshizo haciendo que los hombres lobos tomaran sus armas.

— Que miserables, quisieron engañarnos. — dijo uno de ellos, mientras que se colocaban en posición de ataque.

— Maldición. — examinó el lugar en busca de algo con lo cual defender, encontrando en una de las paredes armas, tomo una alabarda entre sus manos y fue retrocediendo levemente. — Vamos, Shippo. — le indicó que salieran de aquel lugar y este salto a su hombro, atravesaron la cascada que cubría la cueva.

Iba descendiendo la montaña lo más rápido que sus piernas le permitían, pero pronto se vieron acorralados por los lobos.

— Shippo, quiero que escapes tu solo. — le indico colocándose frente a ellos.

—No puedo dejarte aquí, Mitsuki. — alegó el pequeño.

—Tranquilo estaré bien. — le brindo una leve sonrisa. — Ve y busca a los demás. — el pequeño asintió levemente con lágrimas en sus ojos y salto de su hombro hacia el peñasco, transformándose en una criatura rosa que flotaba.

Uno de ellos intento detenerlo al lanzar una cadena.

— No, no lo harás. — enredo el arma en la cadena y la jalo hacia el suelo. — No dejaré que le hagan daño. — apuntó el arma hacia ellos encarándolos, si tenía que pelear para defender al pequeño kitsune lo haría.

— Mujer, insolente. — alegó uno de ellos. — Te comeremos viva.

Notó como se acercó a ella amenazándola con mataré junto al resto, cuando estuvo a punto de defenderse, cayó sobre él, el cuerpo de un jabalí sin vida.


~ Ohayo!

Gracias por leer.

¡Feliz Año Nuevo 2019!

¡Espero que la hayan pasado súper bien con todos sus seres queridos y que todos sus proyectos, metas, sueños y deseos se hagan realidad!

Así como espero también que hayan disfrutado el capítulo, agradezco enormemente a las personas que leen y dejan su review, en verdad me gusta saber su opinión acerca de la historia.

Lo prometido era deuda, así que aquí esta el capítulo que había prometido subir en estos días, si me tarde un poco por el hecho de que tuve fallas con mi Internet, pero se los he traído en cuanto pude, espero poder actualizar lo más pronto posible.

Les recuerdo que la petición de Beta Reader sigue en pie, por lo que si esta alguien interesado, puede decírmelo.

Agradecimientos especiales a Ladi Jupiter.

Si encuentran algún error ortográfico o gramatical, les pido de favor que me avisen para que las demás personas puedan disfrutar mejor la lectura, esto incluye los anteriores capítulos, ya que me he dado a la tarea de releerlos una y otra vez, incluso después de publicarlos, en esto mismo quiero informarles que les aparecerán notificaciones de actualización y es porque estaré realizando las correcciones y ediciones necesarias, de antemano agradezco su comprensión.

Igualmente, si surge alguna duda sobre algún personaje o sobre la historia, pueden decirme y trataré de responderles.

Espero les guste y le den Favorito y dejen un comentario, me gustaría saber su opinión sobre cómo va la historia, además eso me alentaría a continuar escribiendo y animarme a subir más historias, ¿Si?:3

Esta historia está siendo publicada aquí y en mi cuenta de Wattpad: AriPerez12, para que pueden disfrutarla en la plataforma que más les guste.

Gracias por todo su apoyo \(^-^)/

Sin nada más que decir, me despido y nos vemos en el siguiente episodio.

-Ari :3

Oyasumi Dreamers ~