Dos días, dos días encerrado en esa casa arreglando pequeñas cosas como pomos sueltos y puntas un poco salidas alterarían a cualquiera. Eso y ver películas antiguas, aunque algunas fueran muy buenas, como las de Bogart. Pero no teniendo ningún videojuego o algo más con lo que entretenerse que los pomos. Los había arreglado por puro aburrimiento, no porque Arthur se lo dijera. El cejotas solo le había dado una indicación: "no montes mucho jaleo los próximos días para que se les pase el escándalo que has armado y esperemos que no se cuele nadie dentro para sacar fotos". ¿Qué jaleo y que con las fotos?, ni que fuera famoso. Su nuevo empleador era muy extraño, siempre diciendo cosas extrañas como toda la retahíla de la gente que vivía allí y lo extraños que eran… vamos, no podía haber gente tan extraña. Solo por que pusieran tantas películas de terror a lo largo del día con esos gritos agónicos y esas expresiones de terror no significaba que fueran raros. Arthur era más raro cosiendo todas las noches. En serio, tenía que buscarse un hobby donde pudiera tener más movimiento. Como clases de cocina… y urgentes.
Con lo que se había dedicado a cotillear y arreglar los desperfectos que había encontrado. Y solo los de los cuartos en los que se le había permitido entrar: sala, cocina, baño y el actual cuarto en el que dormía. El resto de la casa permanecía vetado para él. Bajo pena de muerte… o peor comerse un plato de scones de Arthur, entero y sin ni siquiera té para bajarlos. Y había que reconocer que la casa estaba casi en perfectas condiciones.
Lo bueno era que esta mañana Arthie ya le había dado permiso para empezar a ejercer un nuevo empleo, aunque sus palabras más bien fueron un:
- A ver si mañana ya de una jodida vez dejas de hacer el vago y te pones a hacer el trabajo por el que te he contratado.
Y de repente tenía un contrato para un trabajo de tiempo parcial en su mano para que lo firmará. Con un salario y todo. Vale que el salario era pequeño en comparación con lo que hacía antes, pero parecía que tenía poco que hacer en comparación, en serio, ¿qué tanto trabajo podía dar el mantenimiento de un edificio? Y por otra parte, en el contrato se estipulaba que Arthie le daría el alojamiento gratuito, con los gastos incluidos. Pocas probabilidades había de que pudiera conseguir ahora mismo algún lugar donde vivir. El contrato estaba tan detallado que era impresionante, aunque había que reconocer que por la pagina tres dejo de leer para firmar
Y ahora lo único sería esperar que viniera alguien con problemas. Cool, like a hero! Lo primero que le había encargado hacer Arthie era reparar los tornillos de una barandilla, que según Arthie había sufrido desperfectos entre la pelea entre "una energúmena y un estúpido que nunca aprendía y era casi demasiado estúpido para vivir". Por lo que vio cuando llego a la zona cero tenía que haber sido un autentico espectáculo por lo visto, la mujer tenía que medir casi dos metros y tener unos músculos tipo Schwarzenegger (de los comienzos, antes de Conan) por lo menos para haberlo dejado así. Arthie no le había informado de que hubiera ninguna campeona de culturismo en el edificio. Seguramente este incidente tenia que ver con la puerta apuñalada. Entretenido como estaba con sus nuevas herramientas no se dio cuenta de la llegada de una persona hasta que esta le habló.
- ¿Eres el nuevo qué contrato Arthur? – Y antes que le diera tiempo a contestar, sin ningún tipo de respiro, continuo – Me ha mandado aquí desde la tienda para las peticiones.
Intrigado se dio la vuelta, encontrándose con una chica joven, rubia, con falda rosa, chaqueta rosa y botas rosas. Debía haber asaltado por lo menos la casa de Barbie. Fijo en él sus ojos verdes despectivos, como si no le importará que estuviera ahí o no.
- Hola, soy Alfred, encant…
- Quiero que pintes las paredes de la escalera de rosa.
Vale, eso fue inesperado, aunque de cierta manera se lo tenía que haber esperado. Y encima la chica se le quedo mirando esperando su reacción.
- ¿Perdón?
- No me has oído, ósea, es que el servicio hoy en día es cada vez peor. Bueno de todas maneras Arthur me dijo que tenía que decirlo como una propuesta en la próxima reunión, pero es mejor que lo vayas haciendo. No conozco a nadie que lo agrade el rosa.
Cuando ya no sabía qué hacer la salvación se presento como un héroe de pelo marrón un tanto escuálido, que arrastró a la rubia lejos.
- No, no, no… no puedes decidir por todos, ya lo votaran en la reunión. Ya le sacaste esa condición al señor Arthur después de discutirlo con él durante toda una hora.
- Pero Toris…
- Mira mejor volvemos a casa y te preparó un chocolate caliente y te doy un masaje si esperas hasta la próxima reunión. Aunque nunca haya habido ninguna antes.
Mejor seguir con el trabajo, esto nunca pasó, debió ser el desayuno que preparó Arthur, definitivamente le había empezado a envenenar.
Y la siguiente vez que le interrumpieron, noto mejor la presencia de esas personas, sobre todo por lo gritos.
- ¡Deja ya de incordiar!
- Vamos, como me voy a divertir todo el día sin molestar un poco al señorito. No estaría dentro de lo humanamente aceptable negarme ese placer. Es como si me impidieras respirar.
Mujer de melena y hombre rubio, recordaba que Arthie le había advertido algo sobre ellos. Que corriera… o que no les hablara ¿o que les hablara? Había sido tanto lo que dijo que a la mitad del discurso su celebro se desconecto por su propia seguridad. Se preguntaba que hacía la chica con la sartén, aunque le terminó cerrando la puerta en las narices.
- Elizaveta… ¡no seas así!
Vale, bien, tiempo de fingir haber estado trabajando, tenía practica en eso, lo había hecho siempre con su madre. Un dolor sordo se instaló en su pecho al pensar en ella y en su casa. Vaya, al final iba a resultar que su padre tenía razón.
- Oye, tú eres el de la casa de Arthur, ¿no? – por una vez dio gracias por la voz que le sacó de sus oscuras reflexiones – Soy el increíble Gilbert.
- Alfred, encantado de conocerte – puso en sus labios la mejor sonrisa de su repertorio. Tan falsa e increíble que nadie notaba que en verdad lo era.
- Dile que no se olvide de lo de esta noche, dado que fue él quien canceló ayer – albino, el hombre era albino, no rubio. Sus rasgos le recorvan a alguien, pero no pudo recordar a quien – tu solo dile que estaré con Den a eso de las ocho en su casa, que se prepare, kesese. Te dejo con tu trabajo, nuevo.
- ¡Encantado! – en vez de esperar le mando un mensaje a Arthie con la información.
Sin más contratiempos, termino su tarea, aunque creía que era mejor cambiar el metal dañado. Recogió todo, y cuando se dio la vuelta casi se choca con una chica rubia con un vestido de esos con encajes y volantes que parecían salidos del siglo anterior. Impresionantemente guapa, pero de ese guapo que da miedo. ¡Oh no!, ¡oh no!, se había encontrado con el fantasma de la casa. Solo había que mirar ese pelo rubio casi traslucido y esos ojos llenos de furia. Ya sabía lo que seguía y no le gustaba nada, esperaba ser el héroe de la historia y no solo el chico guapo al que matan en cualquier escena.
- Chico, eres el nuevo ¿no?
- Si, encantado, soy Alf…
- No quiero saber tu nombre, ni siquiera me interesa – vaya día llevaba con las personas interrumpiéndole al hablar, ni que ellos tuvieran algo mejor que decir o algo más importante – solo mantente alejado de mi hermano o sufrirás las consecuencias, ¿me has entendido bien?
- Si, señora – educación ante todo, no es como si fuera que le tuviera miedo a un simple fantasma o algo así, solo es porque a una dama siempre se la obedece, se lo enseño su madre. Aunque esa dama aparente tener tu edad – ¿desea algo más? – "nada como mi alma, mi sangre o mi vida ¿verdad?".
El fantasma le miro fijamente. Tan fijamente que quería "casi" correr, chillar como una niña y esconderse en una iglesia.
- Cambia la jamba de mi puerta.
"Y ahora es cuando me conduce y me mata en su guarida" bien, no iba a tener miedo y correr, principalmente porque no podía correr más que ella, las piernas le temblaban. Subieron por la escalera, hasta que ella le señalo una puerta.
- Esta, cámbiala, necesito una nueva jamba.
- Si, señora.
En el almacén que tenía Arthie creía haber visto algo de madera, seguro que conseguía hacer algo tan bueno que al fantasma le daría pena llevárselo al inframundo con él.
La chica entró en el piso, por la puerta, y no atravesándola. Fantasma descartado, pero todavía quedaba la idea de un vampiro o cualquier tipo de monstruo.
Cuando se acerco a tomar las medidas, se sorprendió del estado de la madera. Era casi como si hubieran estado clavando una espada hasta que el más mínimo resquicio había quedado destruido. Naaaa! Imposible, seguro que había sido un gato o así. Y la chica sería solo un chica con un problema de comunicación con el inglés, parecía que era extranjera, eslava, seguramente era eso. Nada más.
- Ya no puedo clavar buen el cuchillo al amenazar a aquellos que se quieren acercar a mi hermano – le informo la chica escondida detrás de la puerta. Esperanzas muertas se precipitaron por su alma al escucharla hablar de cuchillos. Iba a morir a manos de esa lo-que –fuera-la-clase-de-monstruo-que-fuera. Tenía que arreglarlo rápido. Espera… ¿hermano? ¿Había otro hermano-monstruo? A lo mejor era un nido. Eso necesitaba investigación.
- ¡Ah! Con lo que tienes un hermano ¿no?
- ¿Por qué quieres saberlo, que quieres con mi hermano? – la ira se hacía cada vez más notoria en esos ojos que lo observaban en semioscuridad. "Mala pregunta Alfred"
- Simple curiosidad.
- Termina tu trabajo y no te atrevas a acercarte a mi hermano.
No creía que ninguna vez hubiera hecho algo tan rápido, ni aquello que le encantaba hacer, aunque había que reconocer que el trabajo le quedo perfecto, aunque llevaba un rato sintiéndose observado. Cuando creía ya estar libre (y vivo) se choco casi con otra persona. Un japonés vestido con kimono, ¡bien! Habiéndose salvado del fantasma de la loca, ahora se encontraba con un espíritu asiático. Espera Arthur había mencionado algo sobre unos asiáticos en el edificio. A lo mejor era uno de ellos, eso esperaba desde el fondo de su alma.
- Hola, perdona, soy Alfred, encantado de conocerte.
- Kiku Honda, encantado de conocerle Alfred-san. Supongo que será usted la persona que ha sido contratada para el mantenimiento, ¿o me equivoco? – Espera, parecía alguien simpático y normal. Tanto para él.
- Si, fui contratado hace dos días.
- ¿Hace dos días? – una extraña luz de reconocimiento pasó por esos ojos oscuros, nada tenebroso, pero que lo intrigo.
- Si aunque este es mi primer día de trabajo fuera de la casa de Arthie.
- ¿Se refiere al piso de Arthur-san? Ah, también lo estaba arreglando. ¿Y ha encontrado el trabajo interesante?
- Más interesante que estar encerrado todo el día, aunque no suponía que fuera un trabajo tan diverso, acabo de arreglar una jamba. Aunque no me puedo quejar después de que Arthie me diera un contrato así, permitiendo quedarme en su piso y todo. Solo me pregunto qué pensarán sus padres.
- Con que se queda en el piso de Arthur-san – esa extraña luz volvía a estar presente en la mirada de Kiku, como si estuviera obteniendo algo que llevaba esperando mucho – No se preocupe, de todas manera no creo que Kirkland-san y su esposa le importe que viva con Arthur-san mientras él lo quiera así. Ya que ahora somos vecinos, puede contar conmigo para lo que sea. Espero que nos veamos otro día.
Oyó cerrarse la puerta de la entrado, y poco más tarde abrir otra puerta, la del primer piso. Mientras Kiku estaba hablando. Ya era la hora de comer, Arthur estaba en casa. Esperaba que hoy hubiera traído la comida de fuera.
- Lo mismo digo, Kiku, si tienes algún problema, estoy aquí para solucionarlo. Te ayudaré en lo que sea.
Bajo las escaleras esperando no encontrarse con nadie más ni que le dieran más trabajo. Cuando llego a la puerta de Arthur, no pudo sentir más alivió. Se lo encontró sacando comida de diferentes recipientes para llevar. Lucky! Doblemente afortunado.
- ¿Qué tal el primer día, demasiado cansado? Ya recibí tu mensaje. Saldré esta noche no armes ningún estropicio.
- Jajaja, la verdad es que es un poco extraño, pero divertido – y paso la mayor parte de la comida hablando de la mañana que llevaba teniendo. Cuando llego a la parte del monstruo, Arthur fue la primera vez que hizo un comentario.
- ¿Cambiaste la jamba? Sería la tercera este año que tendría que llamar a un carpintero, la última vez ya dejo aquí los materiales por miedo.
- Espera, tu ya conocías a ese monstruo. No me dijiste que la casa estaba embrujada… no es que yo crea en fantasmas y cosas así.
- Te hablé de ella. Es la hermana de Ivan, no te preocupes y aléjate de ella. Mientras no te metas mucho con su hermano, todo estará bien con ella. De todas formas hiciste bien el negarte a la petición de Felkis, cada pocos meses viene con lo mismo. Hasta me trajo una muestra de diferentes tonos de rosas. Es un chico un poco molesto, pero de los menos escandalosos. También trajo una vez la idea de un aparcamiento para ponis y un lugar para tenerlos dentro.
- Jajaja, que entregado, que chico tan curioso, espera… chico, ¿has dicho chico? Si era una chica, el chico era el otro… To-algo más.
- Toris y Felkis, dos chicos. No te dejes engañar por la falda y el rosa. Se los pone porque le quedan bien.
- Ah… que vecinos tan curiosos. También me encontré con un chico asiático – una mirada de extraña cruzo por la cara de Arthur.
- ¿Te dijo como se llamaba?¿era japonés?
- Kiku, me dijo que se llamaba así, muy simpático, aunque no llegamos a hablar mucho.
-Bien – ahora la mirada era de alivio, ¿no?
Con todo esto, la comida se había pasado volando, busco instrucciones para lo que tenía que hacer. Le mandó recoger el almacén donde estaban los materiales y con eso terminar a menos que hubiera alguna emergencia grave y que ya se lo diría también a los inquilinos. Debía haberse apiadado de él, ya que había poco que hacer en el almacén, tal vez podría ordenarlo un poco a su manera, pero nada más. Sobre las siete, al ver que nadie más le había llamado, regreso al piso, donde se encontró solo mientras Arthur se preparaba para salir. En serio tardaba mucho para ser alguien que siempre se ponía ropa bastante… por así decirlo recatada. Vamos, que podía haber ido a comprar ropa con su abuelo tranquilamente a los mismos almacenes. Para ser alguien tan joven, seguro que era un poco mojigato. Espero mientras veía algunos de los DVD de Arthur, sobre alguien llamado Mr. Bean… de comedia muda. Interesantes aunque un poco clásicos… como Arthur. Tendría que ver más cosas de su colección. Por lo menos tenía la colección entera de Dr. Who.
A las ocho en punto, ni un minuto arriba ni uno abajo, tocaron a la puerta, donde se encontró con Gilbert y otro hombre. Rubio, con los ojos azules y pinta de escandaloso. Ya le caía bien.
- ¡Buenas! ¿No está listo todavía? Tskch, ¿no sabe que no se me debe hacer esperar, con lo increíble que soy?
- Buenas – Albert estaba técnicamente casi sin habla… en serio, ¿donde pensaban salir estos chicos un miércoles por la tarde y con esas puntas punk? Y más aun con alguien tan clásico como Arthie…
-Ya estoy listo, no te olvides de que aunque tu tengas tu puntualidad alemana yo tengo el saber estar de un caballero inglés – sonó la voz de Arthur a su espalda. Cuando se dio la vuelta se encontró con otra sorpresa que le dejo completamente en estado catatónico. ¿Dónde estaba Arthur y quién era ese que estaba ahí? Pantalones de cuero, piercings, delineador de ojos, cadenas, botas,… ¿Perdón? ¿Dónde estaba el clásico Arthie con sus chalecos de rombos y sus zapatos negros?
-Puntualidad prúsiaca, no alemana.
- Perdón, lo había olvidado señor descendiente de los caballeros teutones.
- Kesese, mejor nos vamos. A sí Alfred, te presento a Den.
A ver alguna neurona que todavía funcione correctamente
- Encantado – esfuerzo de toda su capacidad disponible, que fue recompensado con una amplia sonrisa.
- Ten cuidado, no me jodas nada en el piso. No tardaré más que un rato en volver.
- Eso no te lo crees ni tú, esto es hasta mañana por la mañana. Dijo Francis que a lo mejor se apuntaba, pero no creo.
- Bloody hell! Lo último que quiero es tener que aguantar a la damn frog otra vez hoy.
Mientras ellos salían del edificio cerró la puerta, y fue cuando se permitió enloquecer.
-¿ EEEHHHHH?
