Eh... ¿hola?
Dios... siento mucho haberme tardado, pero ha sido un desastre este año... sé que tengo meses sin actualizar, incluso desde el año pasado y lo siento mucho.
Pero gracias a sus comentarios estoy siguiendo la historia.
Por cierto, si encuentran alguna incoherencia con los personajes, díganmelo. He perdido las notas donde tenía quien interpretaba a quien en esta historia y me temo que ando un poco confundida con las personalidades de cada quien. Si he intercambiado los nombres me dicen o si he duplicado un personaje, también me lo hacen saber...
Bueno, disfruten del capítulo.
Recuerden que la historia original es de LYNNE GRAHAM...
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Capítulo VI
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-Date prisa. –Dijo Naruto impaciente, sosteniendo el móvil entre el cuello y el hombro. –Estoy aparcado en doble fila.
-¡Estoy llegando! –Gritó Hina sin aliento mientras corría hacia el Ferrari plateado.
Sujetando con una mano sus carpetas, abrió la puerta y se lanzó sobre el asiento de pasajero, riendo.
Naruto había estado toda la semana en el País del Remolino y lo echaba de menos. Por eso se había saltado una clase para verlo esta tarde, algo que no hacía nunca. Y mientras lo miraba con ojos brillantes, sus estudios era en lo último en lo que podía pensar.
Naruto había visto por el espejo retrovisor a un guardia de tráfico a punto de multarlo, pero cuando Hina subió al coche, con sus vaqueros y su camiseta de colores, se olvidó de él y levantó una mano para acariciar sus rizos.
Como siempre, no paraba de hablar, su alegría al verlo era casi infantil. Aquella calidez y naturalidad atraían mucho a Naruto, que había crecido en un ambiente más bien frío, y la claridad de sus ojos, su piel perfecta y esos labios que se moría por besar eran una tentación irresistible.
Sin dudarlo inclinó la cabeza para apoderarse de su boca en un beso que la dejó sin aliento… pero antes de que el guardia de tráfico terminase de anotar la matrícula, Naruto arrancó a toda velocidad.
Hina lo miraba, contenta. Había temido que hubiese encontrado a otra mujer, mientras estaba fuera, pero verlo tan excitado la tranquilizó. Aunque sabía que con Naruto Namikaze no había garantías.
Después de todo se había dicho desde el principio que no se haría ilusiones. La reputación de Naruto, su edad y las diferencias entre ellos le decían que no debería ser optimista. Pero, a pesar de todo eso, llevaban siete semanas juntos y la atracción que había entre ellos sigue siendo tan fuerte como la del primer día.
Kurenai lo había conocido una tarde cuando fue a buscarla en su casa, y había dicho que era "Encantador". Por el contrario, Hinamory, que estaba en España con una amiga que había enviudado recientemente, le había advertido que tuviese cuidado.
-Lo único que puedes tener con Naruto Namikaze es una tórrida aventura. Luego se aburrirá y buscará a otra mujer. Te lo digo por tu propio bien, si estás preparada te dolerá menos.
-Sé que Naruto no está enamorado de mí- Admitió Hina, intentando que la sonrisa no se borrara de sus labios. –Pero eso no significa que no pueda ser feliz mientras dure.
-Si aceptas que no hay futuro para esa relación…
-Lo he aceptado desde el principio. Los dos somos solteros y jóvenes, así que no va a durar para siempre.
Aunque eso era lo que quería pensar, Hina se había dado cuenta ese mismo día de que no engañaba a nadie y menos a sí misma. Adoraba a Naruto, sencillamente lo adoraba. El sonido de su voz por teléfono la hacía feliz y el brillo de sus preciosos ojos azules podían hacerla arder de deseo.
Afortunadamente Naruto aún no conocía a su madre, Hinamory nunca había podido superar el desprecio con el que el padre de su hija la había tratado y Hina temía que hiciese algún comentario despectivo hacia su familia extranjera.
Naruto seguía sin saber que Hiashi Hyuga era su padre y ella no veía razón para contárselo. ¿Para qué? ¿De qué iba a servir? Hiashi no se tomaba el menor interés por su vida ni mantenía contacto con ella de forma habitual.
Mientras corría hacia el ascensor para seguir las largas zancadas de Naruto, Hina empezó a sentirse ligeramente mareada. No era la primera vez que se sentía así en las últimas semanas y, de nuevo, decidió ir al médico en cuanto encontrase tiempo. Había empezado a tomar la píldora y sospechaba que no le estaba sentando bien.
Las puertas del ascensor se abrieron directamente en el recibidor de Naruto, que la abrazó y la besó en la boca apasionadamente; la frialdad que mostraba en público iba desapareciendo mientras le acariciaba los pechos por encima de la camiseta dejando escapar un gemido ronco de deseo.
-Podría tomarte aquí mismo…
-Yo también te he echado de menos. –Le confesó Hina, intentando quitarle la chaqueta.
-Skase! Hablas demasiado…
Mientras se besaban, sin aliento, Naruto la tomó en brazos para llevarla al dormitorio. Su deseo de hacerle al amor emocionaba a Hina, compensando otras omisiones. Aún no le había presentado ningún amigo, aparte de aquellos con los que se habían encontrado casualmente, y nunca le había pedido que se quedase a dormir. La llamaba siempre con cuarentaiocho horas de antelación para quedar y no le decía nada que le hiciera pensar que seguirían juntos.
Después de desnudarla, Naruto se quedó frente a la cama, mirándola. Estaba tan excitado que le dolía y apenas había podido pegar el ojo la noche anterior pensando en ella. Nunca había sentido una atracción como la que sentía por Hina y se alegraba de que ella no conociera a ninguno de sus amigos… o sus enemigos. Era exclusivamente suya, como no lo había sido ninguna otra mujer, y su propia creación entre las sábanas. Estaba convencido de que era por eso que disfrutaba tanto con ella y la razón por la que no se aburría.
Viendo a su amante desnudarse, Hina se puso de rodilla sobre la cama. Se tomaba esa erección como un cumplido y el cosquilleo de respuesta que sentía en la pelvis hizo que inclinase la cabeza para acariciar el erguido miembro con la lengua y los labios hasta que lo oyó suspirar de placer.
-Quiero correrme dentro de ti. -Murmuró Naruto, enterrando los dedos en su pelo para sujetar su cabeza. –Y estoy demasiado excitado, Litria Mou.
Naruto se había hecho, recientemente, un chequeo y sabía que ella tomaba la píldora, de modo que podían hacer el amor sin preservativos. Hina sabía que la confianza era mutua porque Naruto le había confesado que nunca había confiado en una mujer lo suficiente como para hacer eso.
Abriéndole las piernas con la rodilla, Naruto se enterró en su túnel de miel, ensanchando las delicadas paredes con su miembro. Hina gritó, disfrutando de la sensación, agarrándose a él con manos frenéticas mientras empezaba a moverse adelante y atrás.
Tan intensa era la excitación que se revolvía debajo de él en un paroxismo de placer, las olas cada vez más altas, más embriagadoras… hasta que la pasión los llevó a los dos a la inevitable conclusión.
El clímax fue tan increíble que Hina levantó las caderas, gritando al sentir como el magnífico cuerpo de Naruto se estremecía. En el mismo instante él se dejó ir, lanzando un desinhibido grito de placer.
Después de unos segundos, cuando por fin pudo llevar aire a los pulmones, Naruto clavó en ella sus ardientes ojos azules.
-He perdido un poco la cabeza… ¿Te he hecho daño?
-No, claro que no. –Declaró ella, echándole los brazos al cuello.
-Nunca olvidaré la primera vez, Litria Mou. –Naruto toleraba ser abrazado e incluso disfrutaba de sus gestos de cariño, algo que no le había ocurrido nunca. Hina era una chica muy cariñosa que se derretía con los animales, los niños y las historias de amor.
-¿Qué has hecho en el país del Remolino? –Le preguntó
-No quiero hablar, quiero dormir. –Bromeó él.
-No puedes… ¡Llevas una semana fuera! –Se quejó Hina. –Bueno, cuéntame. ¿Qué tal te fue?
-Mi padre quiere que me vaya a vivir allí y que lleve la empresa familiar y mi madre quiere que me case con una buena chica de allá.
-¿Ah, sí? –Hina apartó la mirada.
-Incluso me preparó una encerrona. Organizó una cena en casa a la que invitó a las hijas de unos amigos…
Nada de eso alegraba a Hina, pero siguió sonriendo como pudo.
-¿Y te gustó algunas de ellas?
-No, que va. Y tampoco me gusta la idea de casarme. –Respondió él acariciándole los pechos. -¿Por qué iba querer a alguien más en mi cama? ¿Sabes una cosa? Creo que tus preciosos pechos son un poco más grandes que antes.
Hina se puso colorada.
-Debe ser por la píldora.
Naruto sonrió.
-Y yo no me quejo… me encanta tu cuerpo. Por cierto, esta noche vamos a salir.
-¿Adónde vamos?
-Un amigo organiza una fiesta en un club privado. –Contestó Naruto incorporándose. –Hora de ducharse, perezosa.
Hina estaba encantada de conocer a sus amigos por fin.
-Pero tengo que ir a casa a cambiarme…
-No. De eso nada.
-No puedo ir en vaqueros.
-Ya me he encargado de eso.
-¿De qué está hablando?
-Ya lo verás… -Tirando de ella hacia la ducha, Naruto se echó un poco de gel en las manos para frotarlo sobre sus pechos. Dejando claro que no estaba pensando en la higiene personal.
-¿Me deseas? –Murmuró, acariciándole los pechos con la punta de un dedo.
-Mucho… -Respondió ella temblando de deseo.
Naruto la apoyó en la pared de la ducha y lo que siguió fue tan energético, tan increíblemente excitante, que dejó a Hina agotada.
Después, envuelta en la toalla en la habitación, descubrió a qué se refería cuando dijo que no tendría que ir a casa a cambiarse.
Naruto apareció con un montón de bolsas que dejó sobre la cama.
-Ropa nueva. –Anunció.
Hina se quedó inmóvil, desconcertada.
-¿Me has comprado ropa?
-¡Si tengo que volver a verte con el vestido negro o con el que tiene piedrecitas en el cuello, me los cargo! –Bromeó él. –Necesitas un vestido nuevo Hina. Venga, abre las bolsas.
Ella abrió la primara y sacó un vestido verde esmeralda. Pero al ver el nombre de un famoso diseñador de etiqueta, dio un brazo hacia atrás.
-Esto debe de costar un dineral… Lo siento, no puedo aceptarlo.
Naruto tuvo que contener una respuesta airada. Él sabía lo importante que eran las apariencias entre sus amistades y, aunque agradecía que Hina, al contrario de sus otras predecesoras, no esperase recibir regalos caros, le parecía que llevaba su independencia demasiado lejos.
Sin decir nada, abrió otra de las bolsas y tiró el contenido sobre la cama. Hina se puso colorada al ver el conjunto de ropa interior. Tan fino como una tela de arañas, medias y zapatos a juego con el vestido.
-¿Qué no tenga ropa elegante te avergüenza? –Le preguntó.
-No, a mí no. Pero conozco a las mujeres lo suficiente como para saber que tú te avergonzarías si no llevaras el atuendo adecuado esta noche. –Respondió él.
Mortificada por su sinceridad, Hina apartó la mirada. Era la primera vez que el dinero provocaba un problema entre los dos, pero su orgullo le decía que no debía aceptar unos regalos tan caros. Y se preguntó si su falta de vestuario adecuado era lo que impedía que Naruto le presentara a sus amigos.
-Me sentiría más avergonzada si aceptara estos regalos. –Dijo finalmente. –Pero sé que lo has hecho de buena fe. Eres muy considerado y no quiero ser desagradecida, pero por favor, no vuelvas a comprarme ropa.
-No quiero que te sientas fuera de lugar o incómoda entre mis amigos.
Hina estaba a punto de decir que, de ser así, el problema eran sus amigos, pero se mordió la lengua.
-Es un color precioso. –Dijo, tomando el vestido.
-En cuanto lo vi, pensé que te quedaría de maravilla. –Afirmó Naruto antes de besarla.
Y Hina lo perdonó por completo, aunque sabía que estaba mal que le comprase cosas tan caras.
-¿Y si no me queda bien?
-No es la primera vez que compro un vestido para una mujer…
-Déjalo, no me lo cuentes. –Murmuró ella entrando en el baño para arreglarse el pelo.
-También te he comprado unos pendientes de esmeraldas y diamantes.
Cuando Hina se volvió para mirarlo, atónica, Naruto se encogió de hombros como diciendo: "De perdidos al río".
-No, gracias. No voy a aceptar joyas.
Él se acercó a la puerta del baño.
-¿Por qué no?
-Porque no.
-¿Por qué te parece mal que te muestre mi afecto con unos pendientes?
Hina sacudió la cabeza.
-No quiero aceptar regalos tan caros.
-No te pongas difícil. –Dijo Naruto entonces.
-No me estoy poniendo difícil. Sencillamente, soy como soy.
-No deberías cuestionar la generosidad de los demás.
-Y tú no deberías cuestionar mis valores.
-De acuerdo, No quiero discutir. Pero al menos póntelos esta noche.
Hina suspiró derrotada.
-Está bien. Pero sólo esta noche.
Seguramente otras chicas aceptarían regalos sin el menor problema. Pero si no tenía cuidado, amar a Naruto la convertiría en una cobarde y se concentraría tanto en hacerlo feliz que se olvidaría de sí misma. Y no estaba dispuesta a hacer eso.
Mientras se secaba el pelo frente al espejo, se juró a sí misma que no dejaría que el amor la convirtiese en un felpudo. No, el amor no le haría hacer y aceptar cosas en las que no creía.
Aunque le hubiera gustado poder criticarlo, el vestido era maravilloso y le quedaba perfecto. Como si se lo hubieran hecho a la medida, tuvo que reconocer.
Naruto abrió una caja de terciopelo de la que sacó unos pendientes en forma de estrella, con una esmeralda en el centro.
-Acéptalos Hina. Los he comprado porque noté que te gusta mucho ver las estrellas.
Finalmente ella se los puso. Los pendientes eran preciosos y reflejaban la luz de la lámpara cada vez que ella movía la cabeza. El efecto de las joyas y el vestido eran tan impresionantes que parecía otra persona, tuvo que admitir.
Naruto la llevó a un elegante club, conocido porque acudían muchos ricos y famosos, y mientras iba a su mesa la gente lo saludaba como su fuera por allí a menudo. Él pidió champan, pero Hina tenía el estómago revuelto y decidió tomar agua mineral.
Mientras la presentaba a unas jovencitas que apenas la miraron, Hina vio que una de ellas metía algo en el bolsillo de su cartera y cuando se quedaron solos le preguntó qué era.
Naruto sacó la tarjeta de visita con un número de teléfono y un mensaje escrito a mano… pero rompió la tarjeta sin leerlo.
-Me pasa todo el tiempo. –Le confesó mientras Hina miraba la tarjeta con perplejidad.
-¿Ah, sí?
-Algunas de estas mujeres matarían por casarse con un millonario, pero yo nunca acepto invitaciones.
Hina se quedó sorprendida y turbada por el número de "invitaciones" que recibió mientras ella estaba a su lado. Chicas con minifaldas que revelaban más de lo que escondían se acercaban continuamente a la mesa y, finalmente, para evitar interrupciones Naruto la llevó a la zona VIP, protegidas por guardias de seguridad.
Pero ahí, irónicamente, se encontraron con la única mujer que preocupó a Hina, una preciosa chica Griega.
-Sakura Haruno, una vieja amiga. –La presentó Naruto. –Hinata, Mi acompañante…
-Encantada.
Sakura, que era alta y tan esbelta, hacía sentir a Hina tan fuera de lugar y más con lo bien que lucía ese vestido jade. Consiguió seguir sonriendo mientras la fulmidaba con una mirada llena de hostilidad. La chica hablaba con Naruto en griego y lo que decía debía ser divertido ya que Naruto no paraba de sonreír. Hina, que no podía entender la conversación, se dedicó a mirar alrededor… pero unos minutos después, Sakura había escurrido su delgada figura entre los dos, poniendo una mano posesiva sobre la pierna de Naruto.
Cuando la coqueta pelirosa le pidió que bailasen él aceptó, Hina se dirigió al lavado donde se encontró con las tres jovencitas que le había presentado Naruto.
-¿Por qué no te vas a casa? –Le espetó una de ellas, con tono venenoso. –Naruto está bailando con Sakura y no te necesita para nada.
-Yo he venido con él. –Replicó Hina decidida a no dejarse intimidar.
-Naruto conoce a Sakura de toda la vida. –Intervido otra de las chicas. -¿Por qué no desapareces? Estás molestando.
Furiosa con ellas, Hina volvió a la zona VIP… para ver a Sakura aplastada contra el torso de Naruto en la pista de baile, los brazos alrededor de su cuello.
La pelirosa aplastaba la pelvis contra él en un gesto descarado… y Naruto no se apartaba.
Con el corazón encogido y el estómago revuelto por esa escena, (y por lo que le dijeron en el lavado), Hina sacó el móvil del bolso para enviarle un mensaje de texto:
No habrá otra mujer cuando estés conmigo, eso dijiste. No voy a soportar que estés con otra mujer en mis narices. Hemos terminado, me voy a casa.
Luego salió del club y subió a un taxi, incrédula y dolida como nunca… aunque se tomó su tiempo con la esperanza de que leyera el mensaje inmediatamente y fuera a buscarla.
¿Cómo podía terminar todo de esta forma? ¿Sin previo aviso? ¿Sin que Naruto le hubiera demostrado que había perdido el interés por ella?
Tal vez aquella pelirosa había sido una tentación irresistible para él, pensó mientras entraba en su casa.
Atónica, Hina dejó su móvil sobre la mesita y se tumbó en la cama, incapaz de dormir, esperando a que Naruto contestase a su mensaje.
Pero no hubo respuesta ni esa noche ni a la mañana siguiente, cuando despertó al amanecer supo que el silencio de Naruto confirmaba que su relación había terminado.
Pero, después de eso, en cuanto puso un pie en el suelo, tuvo que ir al baño corriendo a vomitar. Todo parecía ir mal.
Pero pasara lo que pasara no perdonaría a Naruto ni perdonaría su comportamiento con Sakura Haruno.
Con una chaqueta espantosa, Hina fue a clase y pidió una cita con su médico esa tarde porque sus problemas digestivos empezaban a preocuparla.
La cita fue muy breve, una vez que le explicó los síntomas, el médico empezó a hablar de otros métodos anticonceptivos, pero como su relación con Naruto se había roto, no tenía motivos para seguir tomando la píldora.
El médico le sugirió que se hiciera un análisis de sangre y, al día siguiente, después de pasar por la consulta, Hina fue a clases. Pero cuando volvió a casa por la tarde, Kurenai le dijo que habían llamado de la clínica para decir que debía hacerse otros análisis.
-¿Para qué?
-No lo sé, no me lo han dicho. Ah, por cierto, tu madre vuelve esta noche de España.
Hina despertó al día siguiente más triste que nunca. No sabía nada de Naruto y su silencio era insultante. La trataba como si hubiera sido un revolcón de una sola noche. Evidentemente no había significado nada para él y el lazo que creía que había entre ellas había estado sólo en su imaginación.
Nuca debí haberme enamorado.
El silencio, como respuesta de Naruto, la hizo sentirse vacía y sola. Todo había terminado de verdad, pensó mientras entraba en la consulta del médico, que la saludó con una tensa sonrisa indicándole que se sentara.
-Te he pedido que vinieras porque el análisis que te hice ayer indica que estás embarazada.
Hina palideció.
-Pero… no es posible…, estaba… estaba tomando la píldora.
Es una píldora de dosis baja, ¿Tomaste otras precausiones?
-No…
-¿Olvidaste tomar alguna píldora?
-No, Siempre la tomaba a tiempo.
-Pero sé que tomaste antibióticos para la gripe durante la segunda semana. Eso debió haber afectado la efectividad de la píldora.
Hina abrió la boca para decir algo pero volvió a cerrarla enseguida, recordando que se le había olvidado tomar la píldora una noche y Naruto no había usado preservativos antes del final de la tercera semana. En cuanto al riesgo añadido de los antibióticos, ella no sabía que esos medicamentos pudiesen interferir con la efectividad de la píldora. Atónica, subió a la camilla para que el médico la examinase antes de preguntar, casi sin voz, de cuánto tiempo estaba embarazada.
-De unas seis semanas.
Apenas escuchó los consejos del médico para que descansara y comiese de manera saludable, porque no podía pensar. Iba a tener un hijo… iba a tener un hijo de Naruto cuando ya había roto con él.
A él ni siquiera le importo lo suficiente como para que se ponga en contacto conmigo, Pensó desesperada por hablar con alguien. Se saltó las clases esa tarde y se fue a casa para contárselo a Kurenai.
-Ay, cariño… -Murmuró la mujer, angustiada. -¿Qué vas a hacer?
Ella suspiró.
-Voy a tener al niño. Mi madre me tuvo a mi en circunstancias similares.
-Tus padres estaban prometidos y tu madre esperaba que tu padre se casare con ella.
-Naruto y yo, ya no estamos juntos. –Admitió pensando en el futuro del niño.
-Pero tienes que decirle de tu embarazo.
-¿Por qué hablan en voz baja? –Dijo una voz en la puerta. -¿Qué niño?
El corazón de Hina se encogió al ver a su madre entrar en la cocina, con un camisón de encaje negro.
-Hinata está embarazada. –Dijo Kurenai. –Las dejo solas para que hablen.
-¡Embarazada! –Eclamó Hinamory. -¿De Naruto Namikaze?
Ella asintió un poco sonrojada de ser descubierta de esta manera por su madre.
-Aún no se lo he dicho. Recién me he enterado.
-Cariño, que ingenua eres. Cuando se lo cuentes no volverás a verlo.
-También es su hijo y debería saberlo. Desgraciadamente hemos roto. Corrección, yo rompí con él.
-¡Ya verás cuando tu padre se entere de esto! – Hinamory casi podía saborear la idea de contárselo. Sus ojos brillaban con un toque de malicia.
Hina arrugó el ceño.
-¿Por qué iba a contárselo a mi padre? No quiero que lo sepa. No es asusto suyo.
Aunque en realidad le daba igual que se lo cuenten o no. Que ella supiera, la hostilidad de Hiachi hacia Hinamory, la madre de su hija ilegítima, no había desaparecido con el pasar de los años.
-Sigues siendo muy joven para tener un hijo. – Hinamory Suspiró. –Deberías pensarlo bien.
-Lo pensaré. –Asintió Hina antes de ir hacia su habitación para enviarle un mensaje a Naruto diciendo que tenía que verlo.
No había manera diplomática de decir una noticia como aquella y cuando antes lo hiciese, mejor. A él no le haría ninguna gracia, estaba segura. Pero, en el fondo, albergaba la tonta esperanza de que su reacción ante el anuncio del embarazo fuese por lo menos comprensiva.
-¡Dios mío! Estoy segura de que se enojará mucho. –Suspiró cansada de tanto pensar en su reacción. –Pero no daré mi brazo a torcer. Mi misión es sólo decirle y ya.
Y con eso en mente se acostó pensando que de ahora en adelante su vida cambiaría… y mucho.
CONTINUARÁ... ... ...
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Perdonen si encuentras faltas de ortografía... me dio pereza chequear.
Bueno, gracias por sus comentarios y mensajes privados, debo admitir que eso me animó a sacar este tiempo libre para actualizar, pensé que se habían olvidado de que existo... Que bueno que no fue así...
Recuerden: Reviews = Escritora feliz = Actualización ^_^
Cuídense mucho... Los quiero
