Hola, amores! Veo que os dejé con ganas de saber que pasará… no sabía si podría subirlo esta semana o me iba a tocar subirlo la siguiente, estoy con los exámenes hasta las narices y mi cabeza no me funciona tanto como debería…. MALDITAS MATEMATICAS… Gracias por leerme, estoy muy contenta con todos vuestros comentarios, me entusiasma mucho leeros sobre todo cuando estoy en clase! Sweet cariño NO LO LEAS EN CLASE! Consejo de escritora xD.

Lo que os iba a comentar, era que no sé cómo actualizar esto, si una o dos veces por semana, y tampoco sé que días, así que las que estáis interesadas dejármelo en los reviews y así pues fijamos entre todos un día.

No me entretengo más y os dejo con el capitulo!

Recuerdo que tanto la historia como los personajes de OUAT no me pertenecen, simplemente me parecía perfecto para ellas.


Capítulo 6

Dos horas resultaron ser apenas el tiempo suficiente para prepararme para ver a Regina. Pasé mucho tiempo en la ducha, depilándome las piernas y axilas y las ingles brasileñas, castigándome a mí misma mientras lo hice, ya que no había manera de que Regina fuera a ver mis partes intimas. Entonces me paré frente a mi armario durante lo que le parecieron horas. Iba a ir directamente de la oficina de Regina al club para reunirme con Ruby. Necesitaba la mezcla perfecta entre elegante y sexy con un guion de fóllame por favor, para el trabajo, por supuesto. Finalmente me decidí por un vestido verde azulado con un cinturón y camisa de vestir negra. Era más corto de lo que me hubiera gustado para la parte de negocios de mis planes, pero muy largo para la mayoría de los vestidos que llevaba en el club. Sujeté mi pelo en una coleta alta y limité mi maquillaje a rímel y brillo de labios. Me veía bien, fresca y natural. Después de haber estado demasiado distraída para preguntarle a Regina donde se encontraba Mills Industries, tuve que buscar en Google.

El largo viaje me dio una nueva oportunidad para una charla en silencio. Tres años sobrios, Emma. No puedes fijarte en ella. No puedes obsesionarte.

Pero cuando llegue ante la bonita recepcionista rubia, según ella las rubias eran su tipo, sentí una punzada de dolor por la envidia de que ella pudiera trabajar cerca de Regina a diario.

'Señorita Swan.' Dijo la rubia después de notificar a su jefa que había llegado. 'La señorita Mills la está esperando.'

Miré el reloj, eran las cuatro y veinte dos. ¿Cuánto tiempo había estado esperando Regina?

'Justo por ahí.' Las gruesas puertas dobles detrás del escritorio de la recepcionista se abrieron, aparentemente por sí mismas. Ella debió de haber presionado un botón en alguna parte.

Di un paso tentativo hacia la oficina. Regina, que estaba sentada detrás de un amplio escritorio moderno, se puso de pie cuando me vio. 'Emma. Adelante.'

Cuando tuve una vista completa de ella, me quedé helada. En su oficina bien iluminada, vi realmente a Regina Mills por primera vez. Y ella era maravillosa.

Llevaba una camisa sin mangas de color blanco, una falda de tubo negra, que le llegaba por encima de las rodillas, zapatos de tacón de unos diez centímetros. Y su sujetador negro se dejaba entrever, gracias al botón desabrochado, intencionadamente lo más probable, dejándome una visión de lo más apetecible de sus pechos. También llevaba unas gafas negras de montura que deberían gritar alerta empollona, pero todo lo contrario, sentí como mi ropa interior se humedecía. Ella se veía inteligente, dominante y sexy tanto que olvidé respirar por un momento. Trague con dificultad en cuanto mi cerebro se puso en marcha de nuevo.

'¿Llego tarde?'

'No, en absoluto.' Su voz sexy hizo a mis rodillas flaquear y de pronto me arrepentí de mis zapatos de tacón. 'Mi última cita terminó antes de lo que me esperaba. Toma asiento.'

Me acerqué a la silla que me había indicado.

'Un bonito lugar. No lo que había imaginado así, pero increíble.' Su oficina era muy amplia contaba con una decoración muy moderna. Detrás de su escritorio había una venta del suelo a techo con una vista impresionante.

'¿Te imaginaste mi oficina?' Regina se sentó con una elegancia que hasta ahora nunca había visto, con las cejas levantadas.

'Pensé que sería más tradicional. Pero lo moderno realmente se adapta a ti.' Mis mejillas se pusieron calientes. Ahora pensaba que yo había estado pensando en ella. Lo había hecho, pero ella no necesitaba saberlo.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro. 'En realidad, tengo una diseñadora. No tengo idea de lo que es moderno o contemporáneo o tradicional. Ella me mostró fotos de las cosas que pensaba que me gustarían y yo sólo asentí.'

Sonreí, sabiendo que ella estaba tratando de hacerme sentir a gusto, pero mi estómago estaba tenso. La oficina de Regina era un territorio desconocido para una camarera de un club nocturno y habíamos quedado para discutir un inusual acuerdo de negocios. Y ella estaba jodidamente sexy, aquello me distraía.

'Espero que no te importe, primero hablaremos de negocios.'

'Por supuesto que no.' Si los negocios era lo primero, me pregunté lo que vendría después.

Nada. Nada vendría después porque cuando termináramos le daría las gracias y saldría de ahí. Claro. .JA. Mi cerebro se rio de mí.

'Como he dicho antes, estoy muy contenta de que hayas aceptado mi oferta. Antes de aceptar oficialmente, sin embargo, quiero estar segura de que entiendes exactamente lo que te pido. Entablamos ésa discusión anoche...' Hizo una pausa y yo sospechaba que estaba recordando el motivo por el que se presentó la discusión. Al menos, eso es en lo que yo estaba pensando. 'Así que olvidé mencionar un punto clave.'

Regina se echó hacia atrás en su silla, poniendo sus brazos sobre los reposa brazos. 'Soy una mujer respetada, Emma. Convencer a mi madre de que somos una pareja requiere hacer un espectáculo para el mundo. Eso significa que estarás de turno, por decirlo de alguna manera, en todo momento. Cuando estemos juntas alrededor de la gente, vamos a jugar a la pareja feliz. Cuando no estemos juntas, tienes que seguir actuando como si tú fueras mía.' Fue mi imaginación o ¿había hecho hincapié en la palabra mía? 'No puedes decirle a nadie que no estamos realmente juntas.'

Yo arrugué la frente y mi boca se secó de repente. 'No creí que…'

'Me lo imaginaba.' Ella entrecerró los ojos, mirando mi reacción. '¿Aún sigues estando interesada?'

Realmente no tenía otra opción. Podía aceptar o ceder a los deseos de David. Además, ¿a quién querría decírselo? Lacey. Ruby. ¿Estaba todavía pensando en Ruby teniendo a una mujer tan sumamente sexy y devastadoramente guapa sentada delante de mí? Aunque, francamente, yo no sabía si realmente me gustaba Regina más allá del físico. Desde luego, no debería.

'¿Por cuánto tiempo vamos a mantener la mentira?'

'Cuanto más, mejor, obviamente, pero si mi madre ve que soy capaz de enamorarme, ella no tratara de que me casara con Elsa, incluso si tú y yo rompieramos. ¿Sigues interesada?'

'Son ochenta mil dólares, Regina. Eso es una gota en el océano para ti, pero para mí... entiendo si tengo que trabajar para ello.'

Se relajó, asintiendo con la cabeza. 'Bien.' Regina apretó un botón de su escritorio.

'¿Sí, señorita Mills?' El dulce timbre de la voz de la recepcionista llenó la habitación.

'Hazle pasar, Kathryn.' Regina se puso de pie y apretó otro botón en su escritorio.

Las puertas se abrieron y un hombre moreno y musculoso con un traje negro entró en la oficina.

'Éste es Graham.' Dijo Regina. 'Él ha sido asignado para te lleve a cualquier lugar que tengas que ir.'

'No necesito un chofer.' No es que yo quisiera rechazar un regalo así, pero una cosa que me encantaba de Nueva York eran los modos alternativos de transporte. Además mis padres habían muerto en un accidente de coche. Los coches no eran mi cosa favorita. 'Por lo general suelo hacer ejercicio volviendo a casa.'

'Entonces él va a llevarte a trabajar y seguirte a casa cuando tú corras para asegurarse de que llegues bien.' Antes de que pudiera discutir, Regina me miró con severidad. 'Emma, mi novia tendría un chofer. También tendría un guardaespaldas. Estoy dispuesta a renunciar al guardaespaldas si usas mi chofer.'

'Está bien.' Dije resignada.

'Te esperará abajo para llevarte al club cuando terminemos… Gracias, Graham.'

Graham volvió a asentir y luego salió de la oficina. Regina apretó un botón y las puertas se cerraron detrás del chofer.

Ella se sentó en el borde la mesa dejándome ver sus increíbles piernas.

'Mi madre está organizando un desfile de moda benéfico para el domingo. Esa será nuestra primera salida en pareja.'

'Está bien.' Crucé una pierna sobre la otra, su cercanía me ponía nerviosa.

'Tus préstamos serán cancelados el lunes a las 09:00 de la mañana. Se te enviará una confirmación por escrito.'

'No quieres esperar a ver si la cosa funciona bien.' Estaba empezando a sentirme como un acuerdo que ella estaba negociando. No me gustaba.

'Realmente no estoy preocupada por eso, Emma.' Regina también parecía nerviosa. 'Pero si lo prefieres podríamos esperar una semana.'

'Como quieras. ¿Debo firmar algún acuerdo o algo así?'

'Prefiero que no haya ningún papel de por medio.'

'Pero si alguien preguntara el porqué de la cancelación de mis préstamos…'

'Pagaría todas las deudas de mi novia.' Por supuesto que lo haría. 'Y cualquier otra deuda. ¿Tienes otra deuda?'

'No.' Tenía una Visa pero ella no necesitaba saber eso. '¿Eso es todo?'

Regina se encogió de hombros, un gesto fuera de lugar para una mujer tan segura. 'A menos que tú tengas cualquier otra pregunta.'

Dudé en preguntar, pero tenía que saber. 'Cuando estemos juntas, en público, quiero decir, ¿puedo cogerte la mano y... besarte?' La miré fijamente.

La comisura de su labio se torció. 'Espero que lo hagas. A menudo.' Eso sí que era ardiente. '¿Algo más?'

Pensando en besarla, me pasé la lengua por el labio inferior. 'No.'

'Entonces la parte de negocios de esta reunión se ha acabado.' Se puso de pie y volvió hacia su lado de la mesa. Se inclinó sobre el escritorio, me miró fijamente durante unos segundos y yo me morí de ganas por saber en qué estaba pensando. En cuanto habló su tono era bajo y uniforme. 'En unos dos minutos, Emma, voy a caminar alrededor de éste escritorio y besarte hasta que estés húmeda y falta de aire. Pero primero, permítame aclarar una cosa que sospecho que puede ser un problema. Esta farsa es sobre todo para convencer a mí madre. Voy a estar diciendo y haciendo cosas, cosas románticas, que no serán de verdad. Necesito que recuerdes eso. Fuera de la vista del público, voy a seducirte. Eso será DE VERDAD, pero nunca debes interpretarlo como amor.'

'Porque eres incapaz de amar.' Mi voz sonaba dócil y plana.

'Sí.'

La curiosidad me llevó a inclinarme hacia adelante. '¿Por qué crees eso?'

Regina se enderezó y se quitó las gafas, poniéndolas sobre la mesa. 'Tengo treinta y seis años y nunca he tenido ninguna inclinación hacia una mujer que no fuera tenerla en mi cama. Yo no hago cosas como las relaciones románticas. Estoy casada con mi trabajo.' Caminó lentamente alrededor de la mesa hacia mí. 'Eso y el sexo casual, es lo que me interesa.'

Regina Mills quería sexo. Conmigo. Pero no una relación. Pero ella quería que su madre creyera que tenía una relación. Conmigo. Todo eso me hizo girar en un círculo.

Y la peor parte era que yo sabía que no era capaz de la relación causal que ella estaba exigiendo.

Excepto... pensé de nuevo en la otra categoría de dos mujeres con los que había estado involucrada en mi vida, las mujeres por los que había estado demasiado atraída. Marian, Joy, Annie… todas ellas quisieron una relación en un principio. Si no lo hubieran hecho, si ellas hubieran hecho una declaración desde el primer día que no querían nada más, ¿habría marcado una diferencia en la forma en la que me había comportado con ellas más tarde?

Me estaba justificando y lo sabía. Con Regina, yo era una alcohólica caminando en un bar, pero decidiendo que podría resistir la tentación, siempre y cuando se sellaran todas las botellas.

Era una mentira que decidí intentar creer. '¿Sin romance? Puedo hacer eso.'

Regina se acercó a mi. Levantó una ceja con diversión en sus ojos. '¿También eres incapaz de amar?'

Me encontré con su mirada e ignoré la pequeña voz en mi cabeza que me dijo que corriera. 'No, todo lo contrario. Amo demasiado. Mantener el amor fuera de la ecuación es una cosa muy buena.'

'Bien. Sin amor.'

Dio un paso adelante y se inclinó hacia mí, con una mano en cada uno de mis brazos, me enjaularon. Su mirada tenía hambre, y un estremecimiento recorrió mi cuerpo, cuando me di cuenta de que estaba a punto de ser besada.

Pero antes de que eso sucediera, tenía que saber algo. Cuando ella se acercó, puse una mano sobre su pecho. 'Espera.'

'No puedo.' Pero se detuvo. '¿Qué?'

Estaba a centímetros de mi rostro, y los labios que yo ansiaba mordisquear mantuvieron mi atención mientras hablaba. '¿Por qué yo? Podrías tener a quien quisieras.'

'Te quiero a ti.' Se inclinó de nuevo, su boca rozando la mía, su aliento calentando mi piel.

'¿Por qué?'

Se echó hacia atrás. No muy lejos, sólo lo suficiente para mirarme. 'No lo sé. Pero sé que lo quiero.' Sus palabras salieron en un susurro, como si ella raramente hiciera declaraciones de incertidumbre, y yo dudaba que ella lo hiciera. 'Desde el momento en que te vi...' Su voz se desvaneció mientras pasaba sus dedos por mi frente, con los ojos clavados fijamente en los míos, y me pregunté brevemente qué momento, ¿la noche del simposio de la graduación o cuando yo la había visto por primera vez en el club?

Su posesividad era sincera y el cuándo y el por qué ya no importaban, y la pequeña voz gritando en mi cabeza fue ahogada por el alto sonido sibilante de deseo latiendo a través de mis venas. Me incliné hacia delante.

Regina no dudó ni por un segundo, sellando mi boca con la suya. Con lo dudosas que sus palabras habían sido, sus labios fueron seguros y firmes. Movió una mano detrás de mí cuello para dirigirme, profundizando el beso, acariciando mi lengua con la suya. Chupó y lamió, enviando escalofríos por mí espina dorsal y me imaginé su húmeda boca en otras partes de mi cuerpo. Suspiré.

Me puso en pie. Esto era mejor. Pude presionar mi cuerpo contra el de ella, sentir su lujuria a lo largo de mi vientre, consiguiendo el contacto que había anhelado. Pasé mis manos por su pelo a lo largo de la base de su cuello, disfrutando el hormigueo que nació entre mis piernas mientras gemía contra sus labios.

Un timbre agudo nos hizo saltar y alejarnos una de la otra. Me puse una mano sobre el pecho, mi corazón latía rápidamente por el susto y por el intenso beso.

Regina sonrió. 'El interfono' me explicó, con la voz entrecortada. Ella volvió detrás de su escritorio y pulsó un botón.' ¿Sí?'

La voz de la secretaria llenó la habitación de nuevo. 'Estoy a punto de salir, señorita Mills. ¿Necesita algo más?'

'No, gracias, Kathryn. Puedes irte.' Había conseguido el control de su voz. Increíble. Yo aún estaba conmocionada. Regina puso una mano en la cadera y me miró fijamente, como si se preguntara qué hacer con el problema frente a ella. Ambas estábamos ardiendo.

'¿Qué?' Desvié mi mirada de la suya sintiéndome muy pequeña.

Negó con la cabeza. 'Nada.' Cogió bolso de mano del cajón de su escritorio y extendió su mano hacia mí. 'Ven, Emma.' Mi cuerpo respondía a sus órdenes antes de que mi cerebro pudiera decidir. Tomé su mano, el calor de ella reavivó el fuego que había comenzado en la boca.

Me llevó a un ascensor en la esquina trasera de su oficina. Dentro de éste, introdujo un código en el panel y subimos. Las puertas se abrieron a un loft totalmente amueblado, diseñado igual que su despacho. Ventanas desde el suelo al techo forraban toda una pared. Las paredes de cristal dividiéndose en un comedor, una sala de estar, y viéndose a escondidas detrás de las cortinas, un dormitorio. Rápidamente aparté la mirada de la cama, escandalizada por los malos pensamientos que pasaron por mi mente al ver a su espacio personal, y me encontré con la mirada de Regina, consciente de la diversión en sus ojos. Me sonrojé.

'¿Puedo ofrecerte un té helado?' Se dirigió a la cocina y abrió un armario sacando dos vasos.

'Por supuesto.' Me pregunté si ella siempre había tenido té helado o si lo compró específicamente para mí. La seguí a la cocina, subiendo a un taburete metálico de aspecto elegante. '¿Vives aquí?' Abrió el congelador y cogió un puñado de cubitos de hielo, dejando caer unos cuantos en los vasos.

'A veces me quedo aquí. Pero no lo considero mi hogar.'

'¡Regina! ¿Éste es tu picadero?' Miré el loft otra vez.

'A veces.' Sirvió el té en los vasos y luego se volvió hacia mí entregándome uno.

'¿Y me has traído aquí porque...?' Tomé el vaso de ella, bebiendo con avidez, humedeciendo mi boca repentinamente seca.

Ella levantó una ceja '¿Por qué crees que te traje aquí?' Tomó un sorbo de su té, y se lamió los labios.

Miré mi reloj. 'Um, tengo que ir a trabajar en diez minutos.' Sentí un repentino estremecimiento seguido por una ola de pánico. Yo no estaba preparada para esto, ¿no?

'Veinte minutos. Tienes un chofer...'

'Aun así no sería suficiente tiempo.' Regina se acercó a mí, cogió el vaso de té helado de mi mano y lo dejó en la encimera.

'¿No es tiempo suficiente para qué?'

Sentía como si mi garganta estaba cerrada, pero de alguna manera me las arreglé para articular unas palabras '¿Vas a hacer que yo lo diga?'

Me apresó entre la barra y su cuerpo. 'No. No ahora. Si lo dices no voy a ser capaz de resistirme a ti, y, como has dicho, no hay tiempo suficiente. Así que en su lugar me voy a tener que conformar con una muestra.' Acercó su boca a la mía, consumiendo mis labios y mi lengua con frenesí. Mis manos se arrastraron por la camisa, anhelando estar pegada su piel. Podía sentir su cuerpo fuerte, se notaba que le dedicaba tiempo esa mujer tenía una piel increíble. Estaba desesperada por estar desnuda contra ella.

Regina no perdió ni un segundo más, deslizó su mano por mi pecho, mis pezones se pusieron erectos en cuanto movió ligeramente el pulgar sobre ellos. Luego apretó utilizando sólo la cantidad correcta de rugosidad que me gustó, lo que me hizo suspirar de placer en su boca.

Puso su otra mano sobre mi pierna desnuda y lentamente trazó mi extremidad. Su toque era fuego en mi piel y yo jugueteé bajo su caricia con ganas de más de ésa quemadura, ávida de aquel infierno. Abrí mis piernas para ella, engatusando su mano con una de las mías. Sonrió contra mis labios mientras gustosamente le mostraba mi necesidad, mis ansias locas por ella.

Cuando sus dedos estaban sobre mí, empujando a un lado la delgada tela de mi ropa interior, rozando mi sexo sensible. Gemí ante su toque, su pulgar rodeando el manojo de nervios con una mezcla hábil de presión profunda y suave. Estaba lista cuando ella me penetró con un dedo. Di un grito ahogado, colocándome mejor para que tuviera mejor acceso a mi sexo.

Murmuró contra mi boca. 'Dios, Emma, estás mojada. Tan mojada. Me estás volviendo loca con tus sonidos y lo preparada que estás para mí.' Arrastró mi humedad sobre el clítoris y luego embistió con dos dedos dentro de mí, atrayendo a una serie de gemidos de mi cuerpo. Un toque más sobre mi clítoris y el orgasmo me provocó convulsiones.

Pero aun cuando me corrí en su mano, Regina no dejó de acariciarme. 'Dios, te corres con tanta facilidad.' Su voz delataba su asombro y su propio anhelo. 'Tengo que hacer que hagas eso otra vez.'

Me quitó las bragas mientras yo todavía me estremecía. 'Coloca los codos sobre el mostrador.' Me ordenó.

Lo hice agradecida por el apoyo que eso me brindó. Entonces Regina puso sus manos en mis rodillas y separó mis piernas, para tener mejor acceso. Antes de que me hubiera dado cuenta de lo que estaba pasando tres de sus dedos me penetraron con fuerza y su lengua estaba castigando mi clítoris

'¡Joder!' grité, incapaz de soportar otro orgasmo.

Sus hábiles dedos me follaron, los sumergía y los sacaba con movimientos largos y firmes mientras chupaba y lamía mi sexo. Agarré el final de la barra detrás de mí mientras sentía el murmullo del otro orgasmo alzando todos mis músculos apretándose, mi núcleo estrechándose alrededor de sus dedos.

Ella se alimentaba de mí, lamiendo la evidencia de mi éxtasis, acariciando mis sensibles nervios con su lengua con infinita devoción. Era mucho, era demasiado. Un tercer orgasmo me alcanzó unos segundos después del segundo. Tiré mi cabeza hacia atrás, temblando violentamente y grité, una maldición, tal vez, o su nombre o sonidos ininteligibles…

Cuando mi visión se aclaró y mi cerebro volvió a funcionar, encontré a Regina sosteniéndome, susurrando en mi oído, con mi olor flotando de sus labios. 'Eres tan sexy, preciosa. Tan jodidamente sexy.'

Una de mis manos se agarró a sus hombros para seguir teniendo equilibrio mientras que la otra viajó hacía sus piernas subiendo aún más la falda de tubo en busca de su entrepierna pero ella me paró.

'Muy pronto' Prometió. 'Y a menudo. Harás lo mismo por mí.'