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- ¡Socorro! ¡Chicos sacadme de aquí! ¡me he quedado encerrada! – grité pero nadie me ayudaba. Escuché una pisadas al otro lado de la puerta y volví a insistir - ¡Emmett si es una broma no tiene gracia! ¡Sácame de aquí!
- Lo siento pequeña; pero solo cumplo órdenes. Bueno nos vamos, Rosalie y Alice no están esperando para cenar.
- ¡¿Eh?! ¡¿Pero qué dices?! ¡Jasper dile algo!
- Lo siento Bella; pero no nos habéis dejado otra opción – Escuché que se alejaban y como cerraron la puerta al salir
- ¡Chicos! ¡¿Por qué hacéis esto?! ¡Chicos!
Aporreé la puerta con intenciones de abrirla a la fuerza; pero nada parecía funcionar. No sabía porque me habían encerrado y la verdad es que tenía mucho miedo. Hacía tiempo que escuchaba que no estaba sola en aquella habitación. ¿Y si justo se acababa de colar un ladrón? ¿O un violador? ¿O un asesino en serie? Escuché unos pasos acercarse lentamente hacia mí. Todo estaba muy oscuro y no era capaz de ver nada. Mis ojos estaban llorosos y mis piernas no reaccionaban.
- ¿Qui-quien anda hay?
Me atreví a preguntar con la voz ronca y rota mientras mi acosador seguía avanzando hacia mí. Todo seguía en silencio y mis piernas reaccionaron hasta que acabé con la espalda contra pared.
- No me hagas nada – imploré
Una fría mano tomó mi muñeca y sentí que el aire me faltaba y el corazón se me saldría del pecho en cualquier momento.
- ¡Suéltame! ¡No me toque!
Entre gritos y forcejeos intenté separarme de él; pero fue totalmente inútil. Me sostuvo contra la pared. Agarrando mis muñecas con sus manos y haciéndome estremecer cuando su agitada respiración hacía cosquillas en mi rostro.
- No me haga daño… - sollocé y noté como un par de lágrimas recorrían mis rostro
- Bella. Soy yo. Tranquilízate por favor. No voy a hacerte nada… - Abrí los ojos de golpe al reconocer aquella hermosa voz
- ¡Edward! ¡He pasado tanto miedo…yo…yo…!
Sin pensármelo dos veces me solté de su agarre y le abracé. Le abracé como si mi vida dependiese de ello. Ocultando mi rostro en su musculoso pecho y ahogando en él mis sollozos. Noté su mano acariciar mis cabellos. Todo el miedo se esfumó de golpe y llegué a la conclusión de que estaba viviendo un sueño. Un sueño muy real. Donde el aire estaba cargado de su perfume. Donde sus brazos se cerraban en tono a mi cintura pegándome a su cuerpo. Y donde su respiración hacía cosquillas en mi cuello.
- ¿Estás bien? – preguntó sin separase ni un centímetro de mi
- Es un sueño tan extraño, tan real…
- Bella. Veo que me has confundido con una pesadilla. Esto no es un sueño. Estás aquí, encerrada con un imbécil - rió secamente y se separó de mí – No te muevas. Veré si puedo conseguir un poco de luz – asentí en la oscuridad
Escuché cómo Edward se alejaba de mí y me deslicé por la pared hasta sentarme en el suelo. Lo que estaba viviendo no era un sueño. Era real, estaba encerrada con Edward, en su casa, a solas y debía de pensar que era una cría llorona cuando me abracé a él de esa forma. Subí mis rodillas hasta abrazarme a ellas y oculté mi rostro entre mis piernas. Pasaron varios minutos y seguía sin haber rastro de Edward. Seguramente me habría dejado sola.
Yo no le importo Me recordé y no me di cuenta de que estaba llorando hasta que noté su mano levantar mi mentón y limpiar mis lágrimas.
- Siento haber tardado tanto. – se disculpó y depositó en el suelo, a mi lado, una pequeña vela – Es lo único que he podido encontrar
Yo no dije nada. Simplemente me quedé observando cómo se sentaba a mi lado y miraba al techo. Aferré fuertemente mis piernas y volví a bajar mi rostro. Tenía que reconocer que Edward se veía, para mi desgracia, endemoniadamente sexy a la luz de aquella pequeña vela y que era incapaz de dejar de darle vueltas a lo que estaría pensando él en aquellos momentos. Se veía tan sombrío, tan preocupado.
Seguro que no sabe que decirle a su novia cuando salgamos juntos de aquí… Respondió la molesta vocecita de mi cabeza Si realmente sintiese algo por ti ¿Por qué nunca había venido a hablar conmigo cuando estaba enferma? ¿Por qué…?
- Lo siento… - susurró
Levanté rápidamente la cabeza y vi que sus ojos estaban clavados en los míos.
- ¿El que estemos encerrados es culpa tuya? – rió sin humor
- Así que sigues enfadada – No sabía de que hablaba, por lo que le dejé continuar – Lo siento – volvió a disculparse – No sé que me pasó. Yo…no lo sé. Cuando quise darme cuenta ya te estaba…besando. – suspiró – Cuando te vi salir corriendo de la cafetería, me di cuenta de que pensabas que era un acosador. Un idiota que se quería aprovechar de ti. Quise disculparme; pero aun ahora, no estoy seguro de ser capaz de soportar como me dices que me odias. Aun así estoy cansado. Llevo días sin dormir y he descubierto que nada puede ser más doloroso que estar sin ti. Porqué…desde que mis ojos se posaron en los tuyos. Desde que me dejaste respirar el aire cargado de tu fragancia. Desde que probé el sabor de tus labios. He sido incapaz de dejar de pensar en ti…de dejar de amarte…
No pude evitar perderme en sus ojos. Llevaba tanto tiempo pensando que él no quería saber nada de mí. Que yo no significaba nada para él. Sufriendo por pensar que estar juntos era imposible. Y ahora, cuando ya estaba a punto de olvidarlo, cuando creía que sería capaz de empezar a vivir sin necesitarle. Me dice que me ama, que no ha dejado de pensar en mí. No sabía que decir, ni que hacer. Mi cuerpo no reaccionaba y de mi garganta no salía sonido alguno.
- Sé que no sientes lo mismo. Que yo no soy nadie para ti; pero necesitaba decírtelo. Lo sien…
- Fue a disculparse de nuevo; pero no le dejé. Rocé mis labios con los suyos y disfruté del vuelo de las mariposas en mi estomago.
- Hemos sido unos idiotas… - susurré separándome lentamente de él – yo pensaba que eras tú quien me odiaba. Quien no quería saber nada de mí. Llevo una semana sufriendo tu ausencia. Extrañando tus besos, tu aroma…– Tomé su mano y la puse en mi mejilla - tus caricias… - cerré los ojos disfrutando del suave y cálido contacto y susurré -…amándote en silencio como nadie jamás te ha amado
- Somos idiotas… - susurró
- Completamente idiotas
Llevó su otra mano a mi rostro, acunándolo entre ellas y besándome intensamente. Nunca nos habíamos besado así. Antes eran solo caricias, roces; pero ahora era agresividad y pasión. Su boca se movía intensamente sobre la mía y sus manos descendieron hasta quedar enredadas en la parte baja de mi espalda. Mis manos se enredaron en sus cabellos atrayendo su rostro aun más al mío. Eso de la falta de aire era solo un mito urbano. ¿Para qué está la nariz cuando la boca está ocupada? Podía notar como Edward sonreía sobre mis labios y como recorrió el contorno de estos con sus lengua pidiéndome permiso para explorar el interior de mi boca. Yo enredé mis dedos en su cabello y le di el permiso para profundizar el beso.
Cuando nos separamos he de reconocer que me faltaba el aire. Edward se quedó mirándome con aquellos ojos que parecían oro fundido.
- Te amo Bella. Te amo – susurró y mordió seductoramente mi labio inferior
- Yo también te amo Edward
Imité su gesto y cuando quise darme cuenta Edward estaba situado sobre mí. Besando mi cuello y susurrando mi nombre. Esto se me estaba yendo de las manos, pero qué demonios ¡Me encantaba! Nuevamente volvió a besar mis labios y le correspondí con devoción, he de admitir que el suelo estaba helado; pero entre los brazos de Edward la temperatura era bastante alta, por mucho que su hermana siempre dijese que su cuerpo era frío como el hielo. Notaba ascender su mano por mi pierna y con otra aferrar con fuerza mi cintura pegándome aun más – si es que era posible – a su cuerpo. Haciendo que cada curva de este se estremeciese al contacto con él. Sin darme cuenta llevé mis manos a su bien formado pecho y comencé a juguetear con los botones de su camiseta desbrochando un par de ellos. Edward volvió a sonreír contra mis labios y se alejó lentamente dejándolos libres.
- Creo que esto se nos esta yendo de las manos – rió musicalmente
- ¿Por qué lo dices? – susurré notando que mi cara se tornaba de un color rojo intenso. Anquen Edward solo se limitó a sonreír
- Quiero que esto sea algo especial… - susurró inclinándose para volver a rozas mis labios – Por el momento…nos conformaremos con esto otro… - Acarició mi rostro y volvió a presionar sus labios contra los míos.
El beso era como una caricia. Como si mis labios fuesen acariciados por suaves pétalos de rosas. Pausado, pero cargado de ternura y amor. Por un momento Edward dejó libres mis labios y yo solté un pequeño gruñido sabiendo que los besos cargados de pasión ya eran parte del pasado.
- Todo a su momento Bella… - volvió a reír – Sabes que te amo y te amaré toda la eternidad. Tenemos todo el tiempo del mundo para nosotros solos y para que me dejes demostrarte que el hielo…también puede quemar… - Lo último lo susurró seductoramente en mi oído haciéndome estremecer.
Sonrió y volvió a inclinarse y a unir nuestros labios; pero cuando ya podía saborear su delicioso aliento, las luces comenzaron a parpadear nuevamente haciéndonos cerrar los ojos incómodos al habernos acostumbrados a la oscuridad.
- Vaya… - susurró Edward – realmente me gustaba la oscuridad – sonrió de forma torcida – Aunque ahora puedo apreciar lo hermosa que te ves esta noche y lo lindo que se ve tu rostro sonrojado – llevó su mano a mi mejilla y la acarició nuevamente con dulzura
¡Maldita luz! ¡Tenía que volver preciosistamente ahora! ¡Había roto toda la magia! Me quejé interiormente mientras Edward se levantaba y me tendía su mano. La tomé y él me levantó con un ágil y grácil movimiento. Creo que con demasiada fuerza pues acabé chocando contra su pecho.
- Lo siento ¿Te has lastimado? – negué con la cabeza y le abracé apoyando mi cabeza en su corazón para escuchar que latía igual de acelerado que el mío
- Deberías decirle que si sigue latiendo así acabará explotando – sonreí y noté como la mano de Edward se posicionaba en mi pecho
- Tú deberías decirle lo mismo – agarró mi mentó y me miró a los ojos – Te amo mi Bella
No pude evitar sonreír cuando Edward me reclamó como suya. No me sentí ofendida, sino todo lo contrario. Me encantó que me llamase así, era una muestra de que no dejaría que nada ni nadie nos separasen. Nos quedamos en silencio durante unos minutos, abrazados esperando que nuestras respiraciones volviesen a la normalidad. Después de aquella sesión de besos con Edward me era muy difícil decir más de una palabra seguida sin tener que tomar una gran bocanada de aire.
Bella…Yo… - Le miré y parecía nervioso – Ven… - susurró finalmente y comenzó a tirar de mí.
CONTINUARA...
