7. La sonrisa al final de todo

Cuando Itachi despertó, lo hizo con la convicción que ese día iba a morir.

Abre los ojos lentamente, los rayos de la mañana le ciegan brevemente; es temprano, se incorpora y mueve el cuello a un lado y otro para relajar los músculos inmóviles tras el sueño. Se pasa una mano sobre la cara para alejar el cabello, mira de reojo el protector de frente que yace a un lado de donde su cabeza había descansado.

En vez de cerrar los ojos como es su costumbre al asaltarle su situación, levanta la mirada al cielo para notar la ausencia de nubes y un perfecto azul, notable entre el techo de follaje sobre él. Y sonríe.

Mira al otro lado donde Kisame duerme profundamente, recargado en el tronco de un árbol; él no es de acostarse por completo, quizá algún viejo hábito de su aldea donde es obvio no podía tenerse ni un minuto en paz, y se estaba siempre a la expectativa. Aunque el dormir en esa posición es lo único que le queda como hábito, porque en ese instante está sumido en un sueño tan profundo que ni el ruido que Itachi hace sirvió para sacarlo un poco de su sueño.

Vuelve a sonreír.

Deja la capa característica de Akatsuki a un lado del protector de Konoha, y camina para estirar las piernas dejando que la intensidad de los ruidos del bosque le llenen por completo. Se detiene en el linde de la arboleda, justo donde la cara de la colina en la que el bosque se ubica da a un valle bastante amplio.

Puede distinguir no muy lejos de ahí los montículos que indican la ubicación de la antigua fortaleza de su clan, el lugar donde ha fijado su batalla con Sasuke. Coloca una mano para bloquear el sol y fijar bien en su mente ese paisaje, la sorprendente claridad que su mirada tiene esa mañana es suficiente para no cambiar su humor, se sorprende no pudiendo eliminar esa pequeña sonrisa que se siente casi espontánea.

Camina otro poco hasta el río donde se lava la cara, no tiene mucha prisa. Sasuke llegará en la tarde, después de medio día; aún tiene algunas horas.

-¿Sabes? —escucha la repentina voz de Kisame, —Siempre he pensado que eres un malnacido, incluso que eres peor que algunos de nosotros. Y aún así, me perturba verte sonreír. ¿Tanto te emociona matar a tu hermano?

Itachi contiene su gesto de sorpresa, —Puede ser, ¿qué te sorprende?

Kisame arquea una ceja, —Que no pensé que te emocionara así.

La sonrisa de Uchiha se hace seria, —Entonces no me conoces tan bien como crees.

El shinobi de la niebla frunce el ceño; él conoce a Itachi, claro que lo conoce bien, hay algo muy extraño en él pero no es capaz de decir qué es. Eso lo frustra, y se da cuenta que no tiene importancia, Itachi acabará con Sasuke, adquirirá un nuevo sharingan y las cosas mejorarán a su favor, ya no tendrán que estar batallando por esos molestos asaltos de ceguera de Itachi. Cazarán esos dos malditos bijus que faltan, y vendrá la parte más emocionante de su participación en Akatsuki.

Kisame sonríe también, aunque mucho más expresiva que la de Itachi, mostrando los dientes e incluso dejando escapar una leve risa. Le da la espalda y se interna en el bosque, —Vamos a buscar algo de comida, aún tenemos tiempo.

Itachi asiente y recibe la capa y el protector que Kisame le lanza, se los coloca con algo de resignación y va detrás del otro en dirección del poblado al que Kisame había ido el día anterior.

-Así que lo apartarás de sus amiguitos, y…

-No diría que son amigos. —Itachi interrumpe a Kisame.

-Bueno si lo que sea, lo separarás de los otros, y lo atacarás de frente. Debo suponer que será rápido, así que no me quedaré mucho tiempo con esos mocosos.

-Puede que tarde algo, derrotó a Deidara, a Orochimaru y ha tenido otras victorias.

-¿No me dirás que estás dudando de ganar?

-¿Hacia dónde ahora? —Itachi pregunta viendo que han entrado al pueblo y él no sabe en qué dirección debe ir.

Hoshigaki ni se percata del cambio de tema de Itachi, mira alrededor tratando de recordar dónde había conseguido comida. Lo guía entre algunas calles hasta llegar a un comedor de rústico aspecto.

-Que no te engañe la apariencia, es una delicia la que sirven aquí.

Itachi sólo asiente, no le molesta en nada el aspecto del sitio, han comido en lugares peores. Además, el aroma que se escapa por la puerta confirma las palabras de Kisame; entran al comedor y son recibidos amablemente por la dueña, y por comensales desconfiados. Los dos akatsukis se sientan a disfrutar, el hambre arrecia y hay mucho con que satisfacerla.

Llega el momento de irse, la luz del sol indica que el momento se está acercando. Kisame pide la cuenta, pagan y se retiran; nadie creería que ese par que se comporta tan civilmente sean dos ninjas renegados que llevan varias muertes a sus espaldas.

Los dos akatsukis se retiran sin alterar en lo más mínimo el orden, se internan en el bosque y se enfilan a las colinas que Itachi vio por la mañana. La fortaleza espera por él.

Se mueven aprisa, acortando distancias en tiempos mínimos. Cuando una serie de edificios se dejan notar entre la arboleda que se disipa, Itachi se detiene en seco y se gira hacia Kisame.

-Aquí, que aquí esperen ellos.

-¿No es demasiado cerca? —Kisame mira alrededor, —si Sasuke lo intenta, pedirá apoyo.

-¿No confías en poder mantenerlos bajo control? —Itachi se burla.

-No digas tonterías, —el otro resopla molesto, —dije que lo haría y lo haré, todo será sencillo. Aunque no puedo asegurar que tu hermanito no intente pedir ayuda. —Kisame sonríe enseñándole los dientes.

-No lo hará. Él no lo hará.

Se sientan un momento, una sensación extraña lleva los ojos de Kisame a estudiar al otro. No encuentra explicación, la lógica no es algo de lo que él se fíe mucho pero trata de buscarla con obstinación. ¿Por qué siente que hay algo distinto en Itachi?

A primera vista se le ve normal, tan apático y callado como siempre; no puede dejar de preguntarse qué es lo que lo hace pensar que hay algo diferente.

-¿Qué es? —pregunta al fin, cansado de lo críptico que se ha vuelto desde unos días atrás.

-¿Qué es qué?

-Planeas algo, no sé que es… pero estoy seguro que estás preparando algo.

-Si, voy a enfrentar a Sasuke, ya está listo para ser un rival digno. —Itachi explica irónico como si fuera algo nuevo.

Kisame se molesta y se incorpora, —¡No es eso! Como sea, haré que me lo digas cuando acabe todo esto.

Itachi asiente y se da la vuelta, —Si, te enterarás. Me voy entonces, ellos vienen en camino, los mantendrás a raya, es lo último que te pido.

Hoshigaki asiente, muy molesto por la insinuación de Itachi de considerarlo tonto y tener que repetirle las cosas. La suspicacia no siempre ha sido el fuerte del más alto, igual que hace poco, ahora no se percata de la indirecta de que se enterará de lo que Itachi planeaba, aunque no será por su boca.

De igual modo no percibe la despedida final de Itachi.

El más joven se adelanta, quisiera disminuir la velocidad pero se mueve tan rápido como le es posible. La mañana había planeado que caminaría por el bosque hasta la fortaleza Uchiha, pero pasó más tiempo de lo que había planeado comiendo y esperando con Kisame, se pregunta si no es un deseo inconsciente de negación a lo que va a hacer.

No se cansa en razonarlo, quizá es verdad que en el fondo de su mente no quiere morir, pero ha caminado mucho para llegar a ese punto de su vida, ya no hay modo de retractarse.

Levanta la cabeza a la impresionante construcción que le da la bienvenida, hace años que no pone un pie ahí; entra envuelto por una oscuridad casi absoluta, se da cuenta curioso que el repentino asalto de sombras en sus ojos ya no le asusta. Como si se hubiera acostumbrado a la ceguera que va y viene; pronto se percata que es capaz de moverse sin tanta desorientación como las primeras veces que sus ojos le traicionaron.

Como es habitual, termina acostumbrándose a las tinieblas; sus memorias de esa fortaleza resurgen y le dan una ubicación casi exacta de dónde está.

Toma lugar en el asiento principal que domina el enorme salón mientras piensa en lo que su padre y otros Uchiha dirían al verlo ocupar esa posición.

La línea hereditaria lo ubica en ese sitio: el líder y heredero del clan, pero es un papel que dejó de valer hace ya tantos años y que él nunca quiso; ser la cabeza de un clan de dos… donde uno quiere matar al otro, no es una posición envidiable, sin importar cuan poderosas sean sus habilidades.

Sentado ahí, su mente va hacia atrás y adelante, recordando e imaginando cómo será.

Entonces abre los ojos y se confronta con la presencia de su hermano, ya no le sorprende tanto como lo hizo la vez anterior. Considerar cuánto ha crecido y cómo han cambiado esos ojos. Sasuke habla de una ilusión que hará realidad.

-He visto tu muerte, y la haré realidad. —Sasuke murmura viéndole directamente.

-¿Tú realizarás esa realidad? —Pregunta irónico ante la frase, entretenido por el pensamiento de que ni el mismo Sasuke se da cuenta de la envergadura de sus palabras.

¿Acabarás con todo lo que fui en tu vida?

Itachi lo provoca con palabras, menospreciando esa furia que ya no altera de inmediato a Sasuke. El más chico muestra una seguridad y fiereza admirables, Itachi le muestra las verdades que acompañan al sharingan evolucionado y sabe que no servirán de nada en ese momento, pero podrían ser vitales en un futuro no muy lejano.

Las palabras se han acabado. Los retos y las amenazas. Las batalla de ilusiones ha terminado sin un ganador absoluto, Itachi lleva la delantera pero el simple detalle que Sasuke pudo destruir la ilusión de Tsukuyomi pone a ambos en condiciones similares.

La pelea pasa a la fase física, Itachi se ve traicionado por sus ojos que le complican la confrontación, aún así, consigue responder bastante bien sin denotar ni una parte de su verdadera condición.

Se sorprende extenuándose al combatir a su hermano menor, se da cuenta con sorpresa que esa pelea es la que hubiera querido si en verdad hubiera llegado el día en que quisiera comparar sus habilidades con las de Sasuke.

De momentos pierde sus propios límites, entusiasmándose con la batalla perdiendo enfoque en la forma en que había decidido llevarla. Cuando Sasuke parece haber sido víctima de las llamas negras, y que ha desaparecido, Itachi se permite un momento de recuperación. Ha excedido el uso de Amaterasu, los daños a la edificación y el repentino mareo son la mejor prueba, su ojo derecho arde y derrama sangre con insistencia. Su mirada va y viene, al igual que su concentración.

Clavó el kunai en el cuerpo del ninja enemigo, retrocedió apenas a tiempo para evitar el jutsu de viento que se venía sobre él. La corriente de un ataque de agua vino de pronto pero él consiguió imitarlo y contrarrestarlo. Atrajo dos kunais más, uno explosivo para crear confusión y uno normal para abrir una brecha entre los ninjas atacantes.

-Uchiha, ¡tenemos que retroceder! —Gritó uno de los mandos.

Él volteó, tratando de responder y explicar cuál era su táctica, pero los ruidos de la batalla se comerían su respuesta. Se alineó con un par de compañeros que lo detestaban a morir, pero en ese momento no había espacio para disgustos, junto con ellos rompió la formación enemiga que les bloqueaba la entrada a su objetivo. Uno de los dos que lo acompañaban fue objetivo directo de otro ataque de viento, él y el restante fueron atacados por una lluvia de kunais de la que consiguieron ocultarse parcialmente.

Había sido seriamente herido pero ni así halló razones para detenerse, seguido de cerca por otros tres que parecían adivinar su objetivo fueron rompiendo barreras para abrir camino. Una segunda ola de kunais los recibió, sus heridas se profundizaron y por un instante… pensó que iba a morir.

Respira hondamente mientras cierra los ojos y pasa una mano sobre su frente para alejar esas ilusiones o recuerdos… la imagen de sus alrededores no se vuelve fija, no consigue enfocar nada. Un repentino mareo lo hace perder el equilibrio, da un paso al frente para no caer y se concentra en el siguiente movimiento de Sasuke.

Sabe que no ha muerto, pero no puede adivinar de dónde atacará. Si se hundió en la estructura, si está oculto entre los escombros, si ha salido huyendo… las alucinaciones que no sabe sin son memorias apabullan su mente, la extenuación no lo deja concentrarse, trata…

Pero no puede… su mente pareciera negarse a hacerlo.

Fue la primera vez que sintió dos cosas: el pánico de morir y esa perturbadora sensación de no poder dejar de pelear.

Se sorprendió poniéndose de pie y uniéndose nuevamente al combate, jamás había estado en estado tan precario pero sentía la urgencia de no dejar de combatir… ¿estaba disfrutando la pelea?

De tantos años de vivir en un mundo de violencia, ¿había acabado por aceptarla y gustarle?

Se maldijo, pero no pudo dejar de pelear, hasta que había acabado con el último obstáculo en esa brecha que había decidido abrir para que los demás ninjas llegaran al objetivo.

Entonces ahí, se rindió ante su propio cansancio y los daños recibidos.

Las imágenes van y vienen, de momentos no sabe diferenciar cuál es el recuerdo y cuál es la realidad.

Abrió los ojos con pesadez, trató de incorporarse mientras olas de dolor lo asaltaban. Jadeó conteniendo el quejido de dolor, y veía a su alrededor. Se encontró rodeado por otros ninjas heridos, se puso de pie y avanzó tambaleantemente, dos ninjas médicos trataron de impedírselo pero una sola mirada de advertencia los mantuvo alejados.

No pudo dar más de veinte pasos, pero fueron suficientes para enterarse que la misión había sido un éxito, de no haber sido por su renuencia a acatar las órdenes, jamás hubieran conseguido algo concreto.

Entendió. Esas ansias de pelear, no eran por un repentino gusto por matar, sino por acabar cuanto antes con esa pelea sin sentido. Aunque en el fondo, no podía negar el hecho que le había entusiasmado… pero aún así, estaba consciente que sus decisiones habían prevalecido por encima de todo.

Su instinto responde antes que su consciente y lo obliga a alejarse a toda prisa de donde está, el calor que puede sentir bajo él lo apresura pero su estado distraído no lo deja hacerlo a tiempo. El enorme fuego que quiebra el techo de la fortaleza le calcina superficialmente el brazo, pero consigue evitar la peor parte y ser blanco directo.

Las nuevas sensaciones de dolor ponen en alerta sus sentidos y su mente que divaga se enfoca parcialmente, desde su posición en la orilla contempla a su hermano.

-Es hora de hacer realidad lo que vi, la visión de tu muerte. —Sasuke lo mira desde abajo hablando con una resolución que sacude a Itachi.

Es con ese último ataque de fuego que le ha quemado el brazo, que por un instante… duda, tiene dudas de seguir adelante. Ya no tanto de conseguir lo que se propuso, si no si acaso en verdad conseguirá llegar vivo hasta las últimas consecuencias.

Hasta ese momento, lleno de adrenalina por la pelea tan energizante no había reparado en lo mal que estaba, las manifestaciones acrecentadas de su enfermedad, en las heridas acumuladas y el gasto de chakra.

Entre los segundos en que Sasuke explica su próximo ataque y se jacta de su segura victoria, el Uchiha mayor levanta la cabeza sintiendo la tensión en el aire cambiar. Un repentino temblor sacude su cansado cuerpo, su mirada se aclara y se enfoca en los rayos que iluminan el cielo nublado.

Ahí, Itachi adivina que todo está por terminar.

El dragón que su hermano ha invocado con los relámpagos que él mismo ayudó a producir, ruge con el sonido de cientos de truenos. Los sentidos de Itachi se aturden por el ensordecedor sonido y por la comprensión.

Sus últimos momentos con vida están por comenzar.

Desde la mañana supo que ese día iba a morir, pero no sabía la hora.

Ahora la sabe.

Siente la electricidad alterar todo a su alrededor, el calor creciente del ataque que se acerca… una aprehensión repentina: la comprensión de su propia mortalidad y su pronta muerte.

La luz cubre de blanco su visión que en ocasiones se tiñe de negro, se abraza a sí mismo para cubrirse tanto como es posible del veloz y poderoso golpe directo del ataque de Sasuke.

Entre esa visión blanca que ahora es su mundo, la mente de Itachi tiene un nuevo asalto que le provoca una dispersión en su capacidad de concentración… como si fuera un adelanto de la paz que desearía tener, sabiendo que será casi imposible, para cuando todo acabe, un recuerdo (esta si vez si está seguro) le llena la cabeza.

Su madre susurraba una canción en el corredor de madera que daba al patio trasero, era un caluroso día de verano y todas las puertas y ventanas estaban abiertas dejando que cualquier viento fresco que rondara ese día tan cálido entrara a la casa y la refrescara. El viento movía las campanillas que colgaban en la puerta principal y en dos de las ventanas, sus tintineos acompañaban la voz de su madre.

Él escuchaba todo como entre sueños, había quedado dormido en la sala justo debajo de la ventana más grande donde parecía ser la parte más fresca de la casa. Ahora su estomago lo había despertado, pero estaba en una batalla interna sobre quién podía más: su estomago o su sueño.

La voz de su madre pareció convertirse en un llamado que no pudo resistir. Se puso de pie y caminó tanteando en el muro hasta llegar a ella, se contuvo de hablarle, de momento se encontró parado en la entrada contemplándola sin ser capaz de romper el cuadro.

Apenas pasaba unos meses después de sus dos años, aún era dependiente casi absoluto de su madre y adorador de su padre. Pero por primera vez, parecía sentir que algo le impedía hacer las cosas, como un pensamiento que él ni siquiera era capaz de entender, pero que lo frenaba.

No duró mucho, su estomago pidió comida y se acercó a su madre rodeándola por el cuello y susurrándole al oído su petición de comida. Mikoto giró la cabeza lo abrazó llevándolo a su regazo, le pasó una mano sobre la frente retirándole el cabello, le sonrió y se quedaron otro rato ahí.

Fugaku anunció su llegada saludando al entrar, Itachi se incorporó y miró hacia donde su padre pronto aparecería, Mikoto lo detuvo de ir corriendo con un brazo aún rodeándolo. Fugaku los encontró esperando por él cerca del jardín; se acercó a Mikoto, la saludó cariñosamente y alzó a Itachi. Le preguntó por su día y le informó que le había traído un regalo.

Itachi se sacudió emocionado en los brazos de su padre; el pequeño fue puesto en el suelo y tomó de las manos a los dos adultos, tirando de ambos hasta la sala. Mikoto e Itachi se quedaron detenidos cuando vieron qué era la sorpresa que Fugaku anunciaba.

Una charola repleta de postres y dulces esperaba por ellos en la mesita del centro.

Mikoto tuvo que detener a Itachi para que no fuera corriendo hacia allá, le dio una mirada de reprimenda a su esposo. —¿Qué hemos dicho de los postres fuera del horario de comida?

Fugaku sonrió, —Me los han dado como agradecimiento, el papá de la niña que rescatamos ayer. Cúlpalo a él, además, —Fugaku soltó al niño de la mano de su madre, —nos merecemos cosas buenas, ¿no? Tú te esfuerzas todo el día en la casa, ¡qué decir de mí! —dijo sonriendo, —y mi hijo, será leyenda, ¿no Itachi?

El niño ni se molestó en balbucear una respuesta para una plática que apenas y entendió, la emoción de saciar el hambre con algo tan delicioso desapareció toda curiosidad por saber qué era lo que ellos decían. Tomó un suculento rollo dulce y lo acercó a su boca, después sólo volteó a sus papás esperando por ellos.

Fugaku y Mikoto se miraron un momento y sonrieron, se unieron a su hijo a acabar con esos dulces.

El golpe de dolor y ardor en todo su cuerpo sacan a Itachi de su ensueño, siente su entorno venirse abajo por el choque del ataque. Queda boca abajo después de que 'Kirin' ha impactado, hasta el sonido de la última piedra cayendo llega a sus oídos, respira hondamente con el piso pegado a la cara, temblores y sacudimientos le atacan brevemente, sus ojos parecen quererse cerrar para siempre; aún hay algo de energía en él pero es como si ésta tampoco quisiera ya aparecer. Quizá su voluntad se ha ido.

Ese inútil recuerdo ha provocado todo eso, ha hecho que su mente divague en preguntas inútiles… ¿en dónde ocurrió el suceso que cambió las cosas para todos? De esa familia feliz de la memoria a la cruda realidad que ahora lo ha atacado.

¿Cuándo cambió él para llegar a convertirse en el ser que es?

¿…en verdad todo Uchiha está condenado a su irremediable destrucción?

-Voy a cambiar eso —Se dice en su mente mientras escucha a su hermano pensar que ha ganado.

-Se acabo… —oye la voz incrédula, —he ganado —de pronto, la voz se escucha confiada, apenas por encima de un murmullo.

-¿Qué fue lo que viste… en tu visión de mi muerte? — Itachi pregunta forzando su cuerpo a responder.

Es muy pronto para rendirse.

De un modo o de otro va a morir, huir de esa batalla o quedarse en ella le dará el mismo resultado. ¿Acaso hay elección? Se avergüenza de su repentina flaqueza y débiles pensamientos de evitar la confrontación final.

Apenas y puede lidiar con los estragos de Susanoo que lo cubrió del ataque eléctrico de Sasuke, aún así, consigue invocarlo una segunda vez para acabar, acabar con la bestia que tiene enfrente.

La cual, precisamente acaba de aparecer ante la desesperación de su hermano, que ciego de miedo llama a la última cosa que Itachi hubiera querido se acercara a ellos. Pero se acercó y sedujo a Sasuke, ahora… quizá será ya la única oportunidad de Itachi para hacer algo que Sasuke pueda ver y lo reafirme en su papel de hermano mayor… quien debía protegerlo de todo lo que pudiera.

Avanza para confrontar a la serpiente traicionera que se retuerce frente a él, sus pasos son lentos y tambaleantes, su mente pelea por concentrarse en mantener la figura de Susanoo y no rendirse ante la fatiga. Exhausto, es casi por inercia y una fuerte voluntad que sigue ahí… su consciencia empieza a fallar nuevamente.

-¿Así son todos los hermanos mayores? —Sasuke preguntó una noche regresando de entrenar en el bosque.

-¿Así cómo?

-Así… como tú…—Sasuke contestó apurado, sin saber cómo explicar las cosas.

-¿Cómo soy yo? —Itachi le volvió a preguntar, disfrutando poner a su hermano en semejante dilema sin saber explicarse.

-Ah… tú sabes, lo que haces…

-No lo sé, —Itachi interrumpió al ver a Sasuke tan conflictuado, —no he tenido un hermano mayor, sólo hago, lo que creo que debo hacer.

-Eso no tiene sentido.

-Dime entonces si todos los hermanos menores son así.

-¿Así cómo?—Sasuke preguntó sonriendo pensando que podía vengarse de Itachi metiéndolo en el mismo dilema en que él se había visto atrapado.

-Chillones, miedosos, molestos, dependientes, asustadizos…

Los enormes ojos de Sasuke hicieron que Itachi se detuviera, su gesto desolado parecía comenzar a creer lo que el hermano mayor decía.

-¿Así soy?

-No, pero he escuchado que así son. —Puso una mano en su cabeza para darle seguridad mientras le sonreía, —Soy lo que soy, eres lo que eres, por eso somos hermanos. —Finalizó apurándolo a caminar.

Las cabezas de la hidra desaparecen entre nubes de humo blanco; el cuerpo de la rastrera criatura ha sido absorbido liberando a Sasuke… se sorprende a sí mismo de haber conseguido mantenerse en pie y medianamente consciente durante todo el proceso, pero está satisfecho de haberlo hecho, ha eliminado el último obstáculo.

Ahora ya tiene el camino libre para llegar a su muerte.

Empieza a avanzar lentamente, su cuerpo se tambalea y él se esfuerza en mantener el Susanoo completo, está casi seguro que Sasuke ya no tiene nada con qué atacarle, pero no podría mantenerse en pie si acaso su hermano lo sorprendiera con algo, además, ya no tiene ningún otro modo de defenderse. Su estado es tan precario que duda si llegará hasta Sasuke.

Sigue avanzando. Su muerte está a unos cuantos pasos.

Itachi se maravilla de que la barrera sigue en pie, tan impenetrable como siempre; como él fue en algún tiempo… donde parecía que nada era capaz de tocarle, tan distante y lejano que era inalcanzable para todos. Indestructible. Invencible. Invulnerable.

Y ese Itachi, ahora tiene que hacer uso del más mínimo resguardo de energía para caminar unos cuantos pasos que lo acerquen a Sasuke, toda la voluntad que usó antes para mantenerse lejos de su hermano menor, es la que clama ahora para llegar a él.

De pronto se detiene, el estallido de dolor en su pecho parece llevarse todo, es como si su sangre quisiera abandonar todo su cuerpo en una explosión interna que lo destroza desde sus entrañas. La familiar sensación del líquido rojo saliendo por su boca lo manda al piso; sus piernas se estremecen, su mano izquierda se apresura a tomar su pecho y la derecha a bloquear el flujo de sangre de la boca.

Los deseos de arrodillarse y descansar un momento son indescriptibles, sus piernas flaquean bajo su peso y debilidad… pero se contiene, sabe que si se inclina siquiera un segundo, no volverá a levantarse.

-No aquí, no todavía, falta tan poco —se grita una y otra vez, su mente le traiciona de momentos perdiéndose en recuerdos sinsentido, ideas venidas de la nada y una recurrente oscuridad que se siente tan plácida.

Otro paso… uno más, consigue ponerse en movimiento.

Su mente consciente gana sobre sus locos deseos de perderse ahí.

El hermano menor se defiende como fiera acorralada, aunque ya no tiene chakra, hace uso de cuanto artilugio le queda, pero Susanoo sigue en su sitio, el espejo de Yata repele todo.

Los dos Uchiha están en un combate final de energías.

Itachi gana cuando Sasuke queda confrontado con un muro que le impide retroceder para seguir huyendo.

El hermano mayor ha acorralado al menor, el camino de sangre ha llegado a su final cuando los ojos sean arrancados para beneficio del primogénito. Los Uchiha habrán de prosperar en su fama de familia llena de desgracias. El clan que empezó en sangre, terminará en sangre.

Sasuke deja ir toda esperanza, su gesto de horror es abiertamente sincero, se ha quedado sin nada y sin qué hacer. No se resigna, pero sabe que ya no puede contra su hermano mayor.

Los pies de Itachi lo han llevado hasta el menor; como si fuera la proeza más magnífica, si Itachi fuera capaz de agradecerles, lo haría. Pero en ese momento, sólo puede enfocarse en tres cosas: mantener la fuerza y el equilibrio para levantar su mano hacia su hermano, tratar de no grabarse ese gesto aterrado y pronunciar sus últimas palabras.

Su cuerpo responde bien a sus últimos deseos, el movimiento tambaleante de esa extremidad tocando la frente del más chico cumple el efecto dramático que él esperaba… para hacerle creer hasta el final a su hermano, la mentira que le creó.

Es capaz de evitar la cara asustada de su hermano; paradójicamente la turbulencia que ahora es su mente hace posible que lo último que ve de él no son sus ojos horrorizados sino el gesto despreocupado y alegre del niño que conoció… quizá es una falla de su vista y su memoria, pero su visión final del mundo es la que él más añoró.

Su boca se mueve, las palabras salen de ella con un tono tan áspero y apenas comprensibles que nadie las entendería… sólo aquella persona que las había escuchado por años, que se acostumbró a ellas y las deseó escuchar una vez más. Y lo ha hecho, aunque no lo razone en ese instante; Sasuke entiende lo que Itachi dice.

Lo siento Sasuke, ésta es la última vez.

Ha dado su mensaje, ha visto a su hermano una última vez, cerró el círculo que inició…

Ahora sí, ya puede morir.

A pesar de la pérdida, la traición, las muertes, el resentimiento…

De la rabia, la frustración…

De todo lo que hizo y dejó de hacer.

Muy a pesar de la muerte que tiene. Aquél que no sintió arrepentimiento de ninguna clase en el momento decisivo, que estuvo satisfecho con lo que hizo…

Ése

Muere con una sonrisa.

Para qué sirve el arrepentimiento, si eso no borra nada de lo que ha pasado. El arrepentimiento mejor, es sencillamente cambiar. José Saramago


Y… ¡acabé!

GRACIAS (por democrático orden de aparición)

Claressa

Haro kzoids

Nicor Warg-Fyrweorm

Yuli

Bloody blood

Kaily Lowkly

Fenix Black

Gaby

Sheira Sibila

Klan-destino

Kusubana Yoru

Por los comentarios, las lecturas y el apoyo.

No puedo decir que fue una historia fácil de escribir, pero en verdad me satisfizo hacerla, no sabía del todo en qué me metía cuando la inicié pero aunque se tornó de momentos demasiado enredada y pudo haber dado para muchísimo más. No me gusta alargar demasiado las cosas y meterme en vericuetos (más) de los que luego ya no sé ni como salir, así que aunque me comí ciertas cuestiones temporales y quizá me detuve demasiado en otras, me agradó como acabó.

Y bueno sí, ya sé que a Itachi le queda bastante bien el nombre… 'comadreja' pero (esto porque alguien me preguntó aparte de por qué 'lobo'), en el poema que comentaba en el primer capítulo se da una buena explicación de esta clase de personajes trágicos que no son del todo víctimas pues también son victimarios, y que no lo son porque quieran serlo, sino que las condiciones los hicieron así.

Pues, primera historia de Naruto que acabo… la serie en verdad es extensa y es un fandom de muchas posibilidades pero con ciertas cosas que no terminan de convencerme, como todo, tiene aciertos y fallas dependiendo la perspectiva. Mientras, me quedo así a acabar la que aún tengo pendiente y ver si acaso sale algo nuevo.

De momento, mis mayores agradecimientos por estos meses de seguimiento.

Saludos y nos leemos!