Peter apenas era capaz de creerse que estuviera realmente allí, delante de la puerta de casa de su madre, a punto de presentarle al hombre del que estaba enamorado y confesarle uno de los mayores secretos de su vida. Se sentía cómodo al notar la mano de Mohinder sobre su cintura y saber que no estaba sólo en aquello.
"¿Estás listo?" Peter dejó ver una sonrisa algo nerviosa. Podría decir que si, que todo iba bien y que nunca había estado más seguro de algo en toda su vida. Pero por mucho que lo intentara, sabía perfectamente que no podría conseguir mentir a Mohinder.
"En realidad no, estoy aterrorizado porque ya creo estar escuchando a mi madre."Mohinder puso una mano sobre su hombro y apretó. Aquello tranquilizó a Peter lo suficiente como para sentirse capaz de respirar con normalidad. "Gracias."
"¿Por qué?" Mohinder acercó el cuerpo de Peter hacia si, hasta que casi pudo escuchar el acelerado latir de su corazón.
"Por estar aquí conmigo, después de todo lo que te he contado sobre mi familia." Peter apoyó la cabeza sobre el hombro del profesor y suspiró. "Había llegado a pensar que al final no te atreverías a venir."
Mohinder le acarició con delicadeza la mejilla, mientras sonreía. Le encantaba ver esa dulce expresión en el rostro de Peter. Esa mirada que siempre revelaba lo asustado que estaba o lo inseguro que se encontraba ante una situación.
"Estamos juntos en esto y si estoy contigo no ha sido por tu familia, sino porque me gustas tu y porque quiero que también sea importante para mi." Peter le devolvió la sonrisa, mordiéndose ligeramente el labio.
Mientras lo miraba, la puerta de la casa se abrió delante de ellos. Ambos se volvieron hacia allí y para sorpresa de Peter, apareció su madre abriendo la puerta. "¿Es que no pensabas llamar en toda la noche?" Sin que Peter pudiera responder, su madre desapareció en el recibidor y los dos hombres se quedaron donde estaban un momento.
"Si, esa era mi madre." Peter notó la presión de los dedos de Mohinder sobre su cadera, algo que sólo hacía cuando la situación le ponía nervioso. "Veo que vas comprendiendo a lo que me refería."
Al entrar en la casa, todo estaba preparado para una cena perfecta, las flores, la decoración, la música, la mantelería y los cubiertos, todo preparado como si un rey fuera a cenar esa noche.
Cuando llegaron a la mesa, Angela Petrelli ya estaba sentada a la mesa y se quedó mirando a su hijo pequeño. "Al menos has llegado a tiempo para que la cena no se enfríe, porque tu hermano y yo llevamos esperando un buen rato."
"¿Nathan está aquí?" En ese momento Peter hubiera creído que había rogado tan fuerte porque su hermano estuviera en esa cena, que de alguna manera, Nathan le había llegado a escuchar y que había decidido acudir a última hora, tal vez en el fondo si que tuvieran algún tipo de conexión.
"Claro que si Pete, mamá me invitó ayer, en cuanto le dijiste de cenar." Nathan apareció en la puerta del enorme comedor, apoyado en el marco, con una copa de brandy en la mano.
Cuando sus miradas se cruzaron, Nathan le sonrió, pero no como el mayor de los hermanos Petrelli, el futuro congresista y posible presidente de los Estados Unidos, sino como el hermano mayor de Peter, en el que podía confiar cuando tenía algún problema, o simplemente cuando necesitaba que estuviera ahí con él.
Tan sólo por esa mirada, por esa sonrisa cálida y fraternal, Peter agradeció que Nathan estuviera allí con ellos. Ninguno dijo nada más, simplemente se mantuvieron la mirada un momento más.
"Bueno, Peter, supongo que nos presentarás." Peter se volvió hacia su madre, que miraba fijamente a Mohinder. "No sabía que ibas a traer a un amigo a cenar. Dijiste que ibas a traer a alguien especial."
Como si se tratara de un movimiento completamente involuntario, Peter dio un paso hacia atrás y se colocó junto al profesor, de forma que podía atrapar su mano sin ningún esfuerzo.
"Eso es lo que he hecho. Mamá, te presentó a Mohinder Suresh, es mi novio y mañana me voy a trasladar a su apartamento." Casi se había quedado sin respiración mientras decía aquello, pero si no lo hubiera dicho de una vez, seguramente no hubiera sido capaz de decirlo todo.
Mohinder dio un paso adelante hacia Angela, pero ella no se movió de la postura en la que se había quedado al escuchar la confesión de su hijo pequeño, ni siquiera había hecho mención de levantarse. Por eso se detuvo donde estaba.
Peter se volvió a acercar a él y volvió a recuperar la mano que había tenido que soltar un segundo antes. No le quitó la mirada de encima a su madre, pues de todo lo que había llegado a pensar que esta hubiera podido hacer, quedarse petrificada en el sitio, no era una de ellas.
"Mamá ¿te encuentras bien?" Nathan dejó la copa encima de la mesa y se acercó a donde estaba su madre. Ella lo miró pero pareció no verlo, un momento después se volvió hacia Peter.
"¿Por qué me haces esto Peter?, ¿Por qué precisamente ahora?" Toda la habitación se quedó en silencio. Nathan levantó la mirada hacia su hermano, sabía demasiado bien que eso no era justo para Peter, que el mismo había cometido ese mismo error, tan sólo unos días antes y que no quería que Peter volviera a sufrir por el mismo motivo.
Sin embargo, también se dio cuenta, que las cosas eran completamente diferentes ahora, Peter parecía diferente, su aspecto, sus ojos y su expresión no eran el del ser humano dolido por la desaprobación de su madre. Sino que en lugar de ello se trataba de un hombre adulto, serio, pero firme en lo que pensaba y sobre lo que estaba haciendo.
"Siento que pienses así mamá, yo sólo quería que vieras que era feliz." Peter dio un nuevo paso hacia delante, acercándose hacia donde estaba su madre, que todavía no se había movido.
"¿Sabes lo que me costó conseguir que tuvieras la mejor educación, que se te abrieran todas las puertas, para que tuvieras el mejor futuro?" Con movimientos lentos, Angela se levantó por fin y comenzó a dar la vuelta hacia donde se encontraba Peter y aquel desconocido que no debía de estar en su casa.
"Eso no es justo mamá." La fría mirada de Angela hacia Nathan casi consiguió helarle la sangre durante un segundo.
"Gracias Nathan, pero esto puedo solucionarlo yo sólo." Al ver la mirada segura en los ojos de su hermano pequeño, Nathan se sentó donde había estado su madre y por el momento, decidió quedarse al margen de la escena.
Peter se volvió de nuevo hacia su madre, sin separarse ni un segundo de Mohinder, que permanecía a su lado, pero en completo silencio. Peter se dio cuenta que su madre se fijaba en sus manos entrelazadas y por ello, apretó con mayor fuerza, demostrando que nada que su madre pudiera decir ahora, podría hacerle cambiar de idea.
"He arriesgado mucho durante estos últimos meses, para conseguir que tu hermano gane estas elecciones, como para que ahora tu me hagas esto."
"Ahí es donde te equivocas mamá. Peter no ha hecho nada de lo que tu o yo debamos preocuparnos, hace unos cuantos días que me presentó a Mohinder como a su novio, pareja o como quieras llamarlo y tengo que decir, que nunca me he sentido más feliz por él, que ahora que se que él es feliz." Todos los presentes se quedaron mirando a Nathan, que al escuchar hablar a su madre, no pudo reprimirse y defender a su hermano, pues era lo mínimo que Peter se merecía después de lo que le había hecho pasar.
Peter se sorprendió al escuchar a su hermano hablar así. Hasta ese preciso momento, no sabía como de contento estaba Nathan con lo que le había dicho. Sabía que lo había aceptado, pero tal vez sólo lo hubiera hecho por respeto hacia él, por cariño como hermano.
En realidad nunca hubiera pensado que realmente estuviera orgulloso de él después de todo. Las cosas estaban pasando tan rápidamente, que Peter apenas podía controlarlo todo a un mismo tiempo. No había previsto que Nathan reaccionara de esa forma, aunque le encantaba, que pensaba que fuera a defenderle como el hermano mayor que era.
Tampoco había esperado ver a su propia madre, a Angela Petrelli, quedarse sin palabras ante la reacción de su hijo mayor y alternar la mirada de uno a otro de sus hijos, pensando que ambos le habían traicionado.
Sin embargo, si había algo que no hubiera esperando en ningún caso, fue lo que ocurrió a continuación. Inesperadamente, notó los brazos de Mohinder rodear su cintura y atraerlo hacia él. Notó sus labios sobre su mejilla y aquel beso, el más tierno y cálido que recordara que el profesor le hubiera dado nunca, le hizo ruborizarse.
Sin embargo, sabía porque lo hacía, de alguna manera, después de todo lo que había pasado, quería demostrar, al menos a su recién conocida suegra que nunca dejaría a Peter, que le quería por mucho que ella dijera. Podría decirse que estaba marcando su territorio frente a los que trataran de interponerse entre ellos.
"Peter…" Ni una sola palabra más salió de la boca de Angela, porque no sabía que decir. Peter la conocía demasiado bien y estaba en lo correcto al pensar que todo aquello la había cogido por sorpresa.
"Lo siento mamá, pero las cosas son así. Esta noche he venido para presentarte al que espero que sea el hombre de mi vida." Aunque unos minutos antes no lo hubiera hecho, ahora Peter elevó la mano hasta el rostro de Mohinder y le acarició la mejilla, mientras lo veía sonreír. "No esperó tu aprobación, porque con ver a Nathan aquí esta noche, a mi lado, tengo más que bastante."
"Siento que las cosas hayan salido así señora Petrelli, pero puedo prometerle, que hacer feliz a Peter es mi mayor prioridad ahora mismo y por nada del mundo pensaría en hacerle nada malo."
Si al llegar a la casa, Mohinder podría haber dicho que Peter parecía un flan, al mirarlo ahora, frente a su madre, hablándole con aquella seguridad que pocas veces había visto en él, supo que Peter había cambiado, que había pasado aquella difícil prueba y que cuando regresaran aquella noche al apartamento todo seguiría perfectamente entre ellos.
Angela se dio la vuelta y llegó hasta la puerta del comedor, donde se detuvo y se volvió hacia los tres hombres. "Si eso es lo que quieres Peter, no voy a decirte ahora lo que debes hacer o no hacer, pero preferiría que no vinieras mañana a la cena." Los ojos duros de ella se clavaron en los de su hijo pequeño. Mohinder que se encontraban justo detrás de Peter, se dio cuenta que este daba un paso hacia atrás.
"No voy a consentir eso mamá." Nathan se acercó a donde estaba su hermano, dejando sola a su madre junto a la puerta. "Pete, esperó que mañana por la noche estés aquí y que no vengas sólo."
Peter fue ahora quien alternó la mirada entre su madre y su hermano. Le estaban poniendo en medio de aquello, a lo que nunca hubiera esperado llegar y sabía que decisión tomar y que contestar.
Antes de poder decir nada, su madre ya había desaparecido de la habitación. Seguramente, en otra ocasión nunca hubiera reaccionado así, pero aquellos habían sido unos de los momentos más tensos de toda su vida, por lo que dejándose llevar, se abrazó a su hermano, tal y como lo había hecho de pequeño al verlo regresar de la universidad los fines de semana y comenzó a reír, aunque pronto sus carcajadas se mezclaron con algunas lágrimas.
"Peter ¿Te encuentras bien?" Nathan se separó unos pocos centímetros de su hermano y lo miró a la cara.
"Mejor que nunca. ¿Sigue en pie la invitación para mañana, para dos?." Igual que había hecho durante toda su estancia en aquella casa, Peter volvió a hacerse con la mano de Mohinder, que ahora rodeó su pecho con la otra mano y apoyó la barbilla sobre su hombro.
"Espero que no lo dudes. Quiero verte aquí mañana, con tu flamante novio." Dijo Nathan entre risas, mientras miraba a Mohinder. "Y quiero que les des una lección a todos los que hablaban de ti." Acarició la mejilla de su hermano pequeño, notando que si Peter se había relajado por fin, también él se había quitado un peso de encima al encararse con su madre.
Los tres hombres se quedaron allí, en la misma habitación, pues la cena había sido servida y los tres se estaban muriendo de hambre. Sin embargo, en su dormitorio, Angela no dejaba de dar vueltas, pues no podía permitir que la fiesta del día siguiente, se estropeara por la llegada del inconsciente de su hijo. Tenía que hacer algo para evitarlo. Cogió el teléfono y marcó un número que se había terminado por aprender, después de haber tenido que usarlo demasiadas veces.
"Espero que mañana no tengas nada que hacer, porque voy a necesitar que hagas un trabajo para mi."
