Capítulo

-7-

La cita de Edward

Al fondo del lugar se escuchaba Leave all the rest de Linkin Park y yo comienzo a cantarla sin darme cuenta, es mi favorita y en ese momento, parece que estoy haciendo la más grandiosa de las actividades aunque realmente, no tiene nada de especial sentarme a cortar un pedazo de carne Miñón. Mi madre me ve de manera sospechosa mientras la más estúpida de las sonrisas, se instala en mi rostro mientras intento terminar mi cena.

— Edward, ¿ocurre algo?

— ¿De qué hablas mamá? — pregunto mordiendo un bocado.

Mi padre deja de cenar y me observa con mucha atención, me pone un poco incómodo. Jake y su padre me miran también. ¿Qué demonios? Palpo mi rostro intentando encontrar un tercer ojo o algo inusual por lo cual llamara su atención. No, nada.

— Te ves… Feliz — asume.

— Lo estoy — respondo.

— Ya — suelta mi padre mientras deja la servilleta al lado de sus cubiertos — ¿A qué se debe hijo?

Realmente ni yo lo sé, pero el hecho de saberme aceptado por Bella, me hace feliz, mucho en verdad. Aquello me parece un pedazo de gloria por probar, como un partido importante de futbol americano, bueno no exactamente porque hasta cierto punto, esto se sentía mucho mejor. Lo único que me mantiene un poco inquieto es el hecho de que ella quiera seguir manteniendo el misterio. Me ha dicho que no puedo pasar a recogerla a su casa porque estaría un poco ocupada. ¿Ocupada con qué? No sé pero me siento más curioso. Cuando traté de sacarle más información, me había dicho: "Alguien importante estará conmigo, por favor no me cuestiones más". Humpf. No me sentí satisfecho pero accedí.

— Creo que terminar la preparatoria me debería hacer sentir feliz — respondo casual.

— Yo pienso que hay algo más — comenta Jake bebiendo de su soda con una sonrisa burlona en los labios. Pequeño imbécil delatador, lo miro con reprimenda.

— También lo creo yo — se une el señor Black.

Siento las miradas de todos en mi cara.

— Es solo eso — respondo abruptamente mientras intento, ¿cortar puré de patatas? ¡Céntrate Cullen!

— Mírenlo, está completamente distraído, ausente, ruborizado y hasta cantando— murmura mi madre haciendo sus manos como plegaria cerca de sus mejillas rosas— oh mi bebé, está enamorado.

¿QUÉ?

— ¿Es cierto eso, hijo? — inquiere mi padre bebiendo del vino

— ¡No! Sólo estoy feliz de haber acabado el instituto — digo con las mejillas quemándome de vergüenza. Mierda, me siento de cuatro años de edad, de esos días cuando odiaba a las niñas pero secretamente me gustaba una y todo mundo lo sabía.

— Yo pienso que se debe a su cita de mañana — explica mi mamá aun con ese gesto cursi en la cara.

— ¿Cita? — inquiere Jacob desconcertado.

— Sí — responde Esme (si a veces la llamaba así, ella no parecía mi madre a veces ni en edad ni comportamiento pero qué grandiosa es) — lo noté en cuanto llegó al restaurant. Es muy bonita por cierto — y coloca su dedo índice derecho sobre sus labios de forma pensativa — me parece haberla visto antes…

— ¡¿Me estabas espiando?! — inquiero con mi voz tres octavas arriba de lo normal.

— Calma hijo — intervino mi padre— tu madre solo está preocupada por tu vida personal. No sabes cuan molesta estaba cuando supo lo de la chica que… Ya sabes… — se limita a decir. Si ya sabía y no quería hablar más de ello.

— ¿Y quién es ella? — quiso saber el viejo Black mientras su hijo es el más atento de todos.

— No sé — murmura Esme— es delgada, cabello caoba, ojos marrones y piel blanca.

El viejo Black se queda pensativo mientras las pupilas de su hijo se ensanchan.

— No me viene a la mente quién pueda ser — refuta honesto el director— ¿cómo se llama?

— Eso no importa — comento sin más— no quiero que nadie intervenga en el baile de graduación al que la llevaré.

Todos — de nuevo — giraron su vista hacia mí como si de la nada me hubiese salido otra cabeza. Mierda, mierda, mierda…

— ¡Mi Rob tiene novia! — aplaude mi madre y los de la mesa contigua nos miran como raros fenómenos de circo. ¿Por qué no me traga la tierra? Me he puesto la soga al cuello yo solo, ella intervendrá en todo—. Debes llevarla en limosina, comprarle flores — y casi pude ver la lista de trescientas setenta y ocho millones de páginas para los preparativos —, oh debe ser perfecto.

— Mamá — la regaño — todo tiene que ser sencillo y nada llamativo — le aclaro, Bella quiere eso. Nada de llamar la atención, sentenció.

— Pensé que no irías — murmura Black después de notar como la mujer que tenía enfrente ponía una mueca de payaso triste y después, se entretiene con la charla de los demás adultos.

— También yo — contesto— pero bueno, es nuestro último baile ¿por qué no ir?, ¿Tú tienes pareja?

Asiente una vez pero con poca energía.

— Su nombre es Lauren Wilson.

— ¿La chica del cabello rizado y castaño que se sentaba atrás de ti en Química?

— Sí, ¿no es guapa?

Hago un puchero de indiferencia, jamás le había puesto demasiada atención a la chica, aunque más de una vez la había pillado viéndome en secreto y me había dejado múltiples notas románticas anónimas en el locker, mismas que habían sido destruidas por en ese entonces, mi novia.

— Y ¿quién es ella? — quiere saber codeándome de manera nerviosa.

Yo sonrío, parecíamos críos de nuevo.

— La verdad es que ni yo mismo lo sé.

— Madre, es la graduación no el día de mi boda — murmuro con los brazos abiertos en línea recta mientras un tipo me mide la entrepierna. Demonios, qué incómodo. Si se pasa de listo, soy capaz de romperle el brazo.

— Y será perfecta — aplaude dentro de la tienda de trajes Hugo Boss que está en Port Ángeles.

Me bajo y suspiro derrotado mientras el sastre se va.

— Sabía que no te rendirías fácilmente —digo besando su mejilla.

— Ed, raramente me dejas ayudarte en estas cosas. No tuve niñas, ¿cómo esperabas que sobreviviera a eso? Me encanta comprar ropa y contigo es muy difícil.

— Madre — murmuro ahora serio — no menciones eso ahora.

— Pero cariño, te veías encantador — suspira limpiándose la lágrima imaginaria de su ojo.

Me acerco lo suficiente como para que fuese la única que me oyera.

— Que me hayas vestido de niña hasta los tres años, no tenía que ser necesario si querías una. Aún tengo traumas— espeto con las manos apuñadas a los costados y un escalofrío en la espalda.

Ella sonríe.

— Hijo, tranquilo. Sé que ahora sería difícil ponerte un vestido con moños que combinaran con tus hermosos ojos pero, entiéndeme — dice sacando una foto de su bolso café — te veías divinamente tierno.

Mis ojos se abren a la par cuando ella pone la foto frente a mí. Soy yo, de tres años o dos quizás y estoy peinado con dos pequeñas coletas rosadas por mi mediano cabello cobrizo. Mis labios estaban graciosa y ridículamente parados como si lanzara un beso y ambos índices picaban mis mejillas, traía un vestido de color azul y zapatos de charol brillantes.

— ¡Mamá! — La regaño — ¿por qué traes eso ahí?

— Ya, ya — dice guardándola y evitando que yo se la quitara de las manos para romperla en miles de pedazos— la tengo aquí porque me gusta recordar esos tiempos — concluye atesorando aquel horrible pasado entre sus chucherías.

— ¡Jamás la muestres! — casi le grito.

— Entonces dame nietos ya. Niñas de preferencia — pide cruzándose de brazos y haciendo un puchero gracioso de indiferencia dándome la espalda en su asiento acolchonado.

— ¿Has perdido la cabeza? — Pido saber acercándome a ella con los brazos extendidos al cielo— ¡Recién me gradué y ya quieres que me case!

— Edward… Estoy envejeciendo — dice como si la muerte le tocara el hombro de forma moribunda— quiero ser abuela joven— exige.

— Sólo escúchate — pido con mis dedos en el puente de la nariz — solo vinimos por un traje de graduación y ya terminamos hablando de hijos, ¿no quieres ponerle los nombres a mis nietos también? — me cruzo de brazos impactado.

— Me gusta el nombre de Anhika — murmura con ese singular gesto pensativo.

Me golpeo la frente con la palma. Debí haber venido con papá.

La noche de la graduación por fin llega y yo estoy siendo más fotografiado que Britney Spears después de haberse rapado el cráneo. Parece que el más excéntrico fenómeno de circo había llegado al pueblo y del cual todo el mundo debía obtener una foto para cerciorarse de mi existencia. Mi madre siempre se emociona con estos rollos de la graduación y cualquier otro evento que incluyera vestidos y trajes. Jake me mira de manera avergonzada cuando le pide que me abrace como si yo fuese su cita de esa noche.

— ¿No crees que estás exagerando? — pregunto algo abochornado mientras mi amigo se acomoda la pajarita del traje como si aquello le quitase el oxígeno.

— Edward, ¿Cuándo te volverás a graduar de la preparatoria? — Me regaña — Además, tienes tiempo de sobra porque no irás por la chica. Aunque me parece extraño — asume. A mí también me lo parecía.

— Deberíamos irnos ya — murmura Jake mientras mira su reloj de mano y me hace un gesto con la cara de ¡Corre por tu vida!

— Claro — respondo — nos vemos luego, mamá.

— Oh, mis bebés — solloza — mis niños se ven tan guapos esta noche — y se limpia típicamente una lágrima inexistente del ojo derecho mientras mi padre la abraza del hombro y el señor Black sonríe. Sabía que irían a los bolos. ¡Noche de ancianos! Perdón, ¡noche de jovenzuelos!

La besa de la mejilla y abrazo a mi padre, repito lo mismo con el padre de mi amigo. Mi amigo me secunda.

— Cuídense, muchachos — nos recomienda el padre de mi hermano.

— Claro — responde Jacob —: Edward lleva condones…

Yo le doy un golpe fuerte en las costillas, idiota. Él se va bufando en todo momento. Agradezco que nadie lo haya escuchado porque de haberlo oído mi madre, nos hubiera dado la charla y habríamos perdido dos años ahí sentados, aprendiendo a cómo evitar hacer bebés IRESPONSABLEMENTE.

Como es de esperarse, mi padre nos presta el Mercedes Benz color plateado y vamos a recoger a la cita de mi amigo. La chica está completamente deslumbrada en cuanto me ve recargado en el coche y me saluda tímidamente. Lo sé, me veo como el Dios del sexo. Ellos se pasan a la parte de atrás y claro después de aquello, yo parecía el chofer.

Llegamos al instituto y entramos al auditorio del lugar. He dejado aparcado el auto en el lugar del director — tiene sus ventajas ser conocido a veces—. El lugar está adornado por colores plateados, blancos y azules. De verdad parecemos que estamos en la luna. Jake se separa con su cita y juntos se pierden en el área de ponche y las fotos. Yo decido merodear un poco en lo que encuentro a Bella, no habíamos concordado un lugar exacto y eso no me ponía las cosas realmente fáciles. Entonces, para matar el tiempo, comienzo a husmear.

Todo está tan típico como pensé.

La cuadrilla de las porristas se une en grupo para fanfarronear acerca de quien tiene el pedazo de tela más pequeño a los cuales ellas llamaban vestidos. No me sorprende ver a Tanya entre la multitud y en cuanto me ve, se pavonea al completo moviendo su figura con exagerada actuación.

Mueve sus caderas al compás de alguna que otra nota rítmica y escandalosa y al verla detenidamente me puse a pensar, ¿qué demonios había visto en aquella chica? ¡Quémenme vivo! Era la indecencia pura y andante. Porta un vestido rojo con un muy pronunciado escote que le cubría muy poco el área de los senos, la tela se le adhiere como segunda piel y tiene una abertura que le llevaba como veinte centímetros del muslo. Madre santa.

Los demás se la comen con los ojos y puedo notar cómo aquello — ni antes ni ahora — me había causado el menor estrago de celos, ¿por qué? Un sujeto de enorme musculatura la empieza a tomar por la cintura y esta, coloca su mano alrededor detrás su cuello mientras me ve fijamente y resbala su trasero — obviamente — por encima de su polla. ¿Qué demonios pretendía provocar en mí? Porque sí me está provocando algo: nauseas.

Parpadeo frenéticamente y me giro dándole la espalda, sabía que pensaba que me dolía lo suficiente como para evitar seguir viéndola, pero lo único que quería era evitar que los ojos me sangrasen.

El DJ, puso una canción más lenta y las parejas dentro de la pista comenzaron a moverse despacio, un cambio bastante brusco.

— Esta canción, está dedicada para los enamorados de esta noche de sueños, estén juntos o no… — murmuró el DJ a través del micrófono.

Heaven de Bryam Adams se escuchaba como música de fondo. Un clásico vals que había escuchado en ¿bodas? Quizás el animador está un poco confundido del evento social al cual había sido contratado pero era muy apropiado a la situación como la planteaba. Yo comienzo a mecerme sobre mis talones con nerviosismo y miro mi reloj. Habían pasado quince minutos después de las ocho y yo me siento como paranoico por su extremo retraso.

Tranquilo, Cullen. Bella va a venir, me digo a mi mismo mientras una bocanada de aire pesada sale de mi boca.

Entonces me giro de nuevo y la veo. Mi boca debe ser más grande que la entrada del estadio donde se había celebrado el Super Bowl porque no puedo creer lo que mis ojos ven. Ella trae un vestido largo y a strapless con escote corazón color beige, que se ajusta a su figura perfectamente, sin ajustar, ni holgar, solo perfecto. Su cabello se ve largo en realidad con muchas ondas adornándolo en toda su longitud. Un brillo labial que hace ver apetitosa su boca y dos joyas chocolate adornando su rostro. Dios santo, se ve preciosa…. Una muñeca. Todos ahí la miran mientras intenta tímidamente entrar al lugar.

Yo me acerco a ella como retardado, la verdad es que mi cuerpo no responde como debería. Una parte de mí no quiere que la sigan observando. Bastardos ¡ella viene conmigo! Cuando se encuentra con mis ojos, un delicioso rosa inunda sus mejillas.

— Hola — me saluda su dulce voz cantarina.

Dios santo, la muñeca preciosa me está hablando, pienso como baboso mientras me abofeteaba mentalmente para responderle y no quedar como el mayor imbécil.

— Hola, lo siento… Creo que estoy… En shock — me sincero.

Ella ríe y la música de su melodiosa risa me hace ¿babear?

— Disculpa el retardo — dice apenada — tuve unos contratiempos…

— Lo importante es que llegaste — agradezco entre palabras. Sí estoy feliz de que ella esté aquí, conmigo.

— Claro — dice sin más.

Yo estoy anonadado.

— Oh, lo olvidaba — murmuro dándole el pequeño arreglo de flores — esto es para ti— y lo saco de la pequeña caja blanca, colocándoselo en la muñeca. Son rosas color rosa pastel. Ella saca también un pequeño ramillete que hace juego con el suyo y me lo coloca como prendedor en el traje.

— Gracias.

— A ti — le contesto y entonces me doy cuenta de que no ha sido porque me ha puesto el ramillete, sino porque decidió acompañarme.

Definitivamente, me encantó este capítulo, empezando con la cena en el restaurante con Esme jajaja.

Edward estaba tan distraído.

Bueno, espero que me sigan leyendo y sé que muchas se preguntan cuándo será que Ed y Bells vivirán juntos, pues les digo que de eso espero a que pase a partir del capítulo 10 apróx.

También les comento que estoy actualizando ahora de este modo porque tenía ya escrito los capítulos(hasta ahora llevo hasta el 15 jiji) y porque la escuela me mantendrá ocupada las próximas semanas.

Actualizo cada que tengo acceso a Internet, chicas.

Gracias por comprender :D

¡LAS AMO!