CONFÍA EN MI

Capítulo VI

"La mansión dibujada"

El cuerpo delgado y fibroso de su juguete se retorcía sobre sus piernas tratando de huir. Wolf sujetó el cuello del muchacho admirado de no cansarse de sentirlo a su merced. Hacía más de seis años que lo compró, ninguno le había durado tanto.

No recordaba su nombre, probablemente estaría entre los papeles que le entregó su proveedor cuando se formalizó la compra. "Quieto, quieto pequeño" sonrió pensando que en esos seis años su juguete ya era más alto que él y si no estuviera drogado probablemente podría huir sin ningún problema de sus "caricias".

Se revolvió con más fuerza y logró escapar de sus piernas cayendo al suelo de rodillas con un golpe seco. No hizo ningún gesto demostrativo de dolor. Rodó sobre sí mismo y se alejó unos pasos. Había hecho bien en atarle las muñecas y los tobillos con bridas, de otro modo hubiese podido tener problemas, aunque su juguete nunca se atrevería a abrir una puerta cerrada. Le había enseñado qué consecuencias podía tener.

El senador se acercó a su propiedad y le dio una patada en el estómago "Últimamente estás siendo muy desobediente chico" regañó tomándolo del pelo. Con la otra mano se quitó el cinturón y sonrió satisfecho ante el estremecimiento de terror del muchacho desnudo. Comenzó a azotar su torso, el restallar del cuero en la piel llenó la habitación, pero el chico no emitía ningún sonido, eso le aburría.

No llegó a darle una docena de azotes. "Me perteneces, ésta es tu vida y esto es todo lo que puedes esperar de ella". Unos ojos verdes y vacíos lo miraron como si no lo vieran y Scott Wolf se sintió en la obligación de mostrar a su prisionero que sí era capaz de hacerle gritar.

Lo arrastró hasta el dormitorio y el muchacho al ver el dosel de madera de cerezo trató de alejarse. "Esto si te asusta ¿verdad chico?" lo arrojó sobre la cama, boca abajo. Le volvió a inyectar el compuesto que debilitaba al pecoso hasta volverlo totalmente manejable.

"Te has portado muy mal" dijo violándolo con la mano, bruscamente, sonriendo satisfecho ante el primer gemido de dolor que lograba arrancarle esa tarde. "Pero ahora me vas a compensar, confía en mí, hoy vas a gritar"

CEM CEM CEM

Jared y Jensen fueron sacados del maletero del todo terreno frente a una hermosa mansión de estilo colonial. Por un segundo, el policía pensó que los habían llevado a Nueva Orleans, pero no, a juzgar por la vegetación y la temperatura, debían estar aún en Nevada.

Jensen se debatía inútilmente sin decir nada, apalancaba los pies en el suelo de grava obligando a sus captores a arrastrarlo literalmente hasta la vivienda "¡No le hagáis daño!", el agente de la ley recibió un fuerte golpe en la espalda. "¡Silencio madero!".

Pasaron junto a un pequeño estanque repleto de nenúfares en diferentes grados de floración, fue como un flash. Vio la misma imagen trazada en bolígrafo azul, la grava, la mansión… Jadeó al ver la gatera de la puerta principal. Jensen había estado ahí, ese era el dibujo que lo había asustado tanto.

Los metieron en la casa. El rubio se ocultó tras el policía que podía percibir el violento temblor que lo sacudía. "Eres mi amigo Jen" susurró. "Si" respondió el chico a su espalda. La puerta doble que separaba el hall del gabinete se abrió y el Senador Scott Wolf apareció con una gran sonrisa de satisfacción dibujada en su rostro de reptil.

- ¡Ya me habéis traído a mi chico! – se acercó al policía tras cuyo cuerpo se ocultaba el pecoso.

- Ni él ni yo queremos estar aquí senador, será mejor que nos deje ir – Jared sintió el aliento del rubio en su nuca

- Lo siento agente Padalecki, se ha visto envuelto en algo que no le concierne y eso le va a costar la vida – replicó el político como si fuese algo inevitable.

- No, no le harás daño – Jensen se enfrentó al ser que encarnaba todas sus pesadillas

El senador le cruzó la cara con la fusta que llevaba en las manos como respuesta, cuando aquellos ojos lo miraron con ira asesina volvió a alzar la fusta pero el policía cargó contra él derribándolo antes de que sus hombres pudiesen impedirlo. Una descarga eléctrica dejó a Jared fuera de combate mientras el senador, incorporándose furioso, arremetía contra el muchacho rubio a patadas.

CEM CEM CEM

Clifford Kosterman cogió el bolso de James y lo echó en el maletero. "no te entretengas muchacho, no tengo todo el día". No tenía tiempo de explicar nada, apenas diez minutos antes su jefe le había ordenado deshacerse del joven asustado que llevaba en su vehículo.

El rubio clavó su airada mirada azul en la carretera, ese no era el camino a la mansión del senador, estaban tomando otra dirección. "¿Va a matarme Kosterman?" preguntó, no es que quisiera morir, pero cualquier cosa era mejor que volver al lado de ese monstruo.

El sicario no respondió, puede que ese muchacho dejara de juzgarle cuando lo llevara con su familia. Debía darse prisa, el que el senador le hubiese pedido que se deshiciera de James no era buena señal. O había encontrado a otro niño o…

El dispositivo de manos libres del coche comenzó a sonar. "Mike Hall" avisó la voz metálica del reconocedor numérico. "Descolgar" ordenó sorprendido al "manos libres".

- ¡Cliff! ¡Necesito tu ayuda! – la voz nerviosa y preocupada de su amigo hospitalizado confirmó su mal presentimiento antes de decir nada más.

- Es el chico ¿no, Mike? – contestó.

- Han desaparecido los dos Cliff, Jensen y mi compañero, llevo un par de horas tratando de contactar con Padalecki y tiene el móvil desconectado. Cliff tío, no es normal, Jared me daba un toque cuando llegaban a su casa y hoy no lo ha hecho.

- Sorbo vio a Jensen cuando salía del hospital – dijo pensativo el ex policía

- ¡No jodas Cliff!, ¡mi chico! ¡Ven por mi Cliff, voy a cargarme a ese maldito!

- No puedes hacer ninguna estupidez ahora Mike, estás herido, y precipitarnos podría provocar que los mataran…

- ¡No me vengas con idioteces Cliff! ¡Sabes lo que puede hacerle! ¡Mierda! ¡Joder! ¡Si no vienes conmigo iré solo! – la desesperación en la voz de su amigo le hizo comprender que hablaba muy en serio.

- No te muevas de ahí, tardo diez minutos en llegar – ordenó cortando la comunicación.

La maniobra que realizó con su Lexus RX, hizo saltar el control de estabilidad y casi pone al vehículo en dos ruedas. El pasajero de atrás no pudo evitar golpearse con los reposacabezas de los asientos contiguos. Kosterman ni se dio cuenta, apretó el acelerador rozando el límite de velocidad, sin sobrepasarlo (no era plan que algún policía de tráfico tuviese la genial idea de detenerle en ese momento).

- Lo siento James, tendrás que venir

- Pues vale – replicó el joven en plan, "como si tuviera elección"

- Iba a sacarte de aquí muchacho, y lo haré si puedo – se justificó, quizás si le contaba lo que ocurría, Brad no daría problemas – Escúchame chico, tu madre y tu hermana está en el país.

- No, no es posible

- Llevan aquí más de dos meses, hace unos días conseguí encontrar dónde estaban retenidas y ahora están en una casa en Corn Creek. Si mi amigo y yo no conseguimos salir con vida de la mansión del senador, ve por ellas y vete del país, ¿lo has entendido?

- No – el muchacho se inclinó hacia delante - ¿me está diciendo que todo este tiempo intentaba ayudarme? ¿por qué a mí? ¿y los niños que mató?

- Ninguno murió, están a salvo, todos menos… - mierda, pobre muchacho, no quería ni pensar en lo que debía estar pasando en esos momentos.

Durante un par de minutos ninguno abrió la boca, el todo terreno entró en el aparcamiento del hospital. Kosterman dio a James un móvil y la dirección de la casa dónde escondía a su madre. "Lo mejor es que te largues chico". Salió del vehículo y fue por su amigo.

Lo encontró peleando con el doctor, reacio a firmarle el alta voluntaria. "¡Si no me firma la ex hospitalización le rompo la cara Doc.!", con argumentos tan convincentes el médico firmó el documento. Sin escuchar ninguna recomendación, el policía herido salió del hospital seguido por su amigo.

- ¿quién es ese? – preguntó al ver a un muchacho rubio, de ojos azules, aproximadamente de la edad de Jensen o Jared, apoyado junto a la puerta del vehículo.

- Le dije que se fuera – musitó sorprendido el sicario – James ¿qué haces aún aquí?

- Vais por el senador – el chico parecía más que decidido – a intentar rescatar a ese tal Jensen y al otro policía, necesitáis toda la ayuda posible.

- No James, no puedo ponerte en peligro otra vez muchacho

- Quien estará en peligro será ese desgraciado como me lo eche a la cara – masticó con rabia cada palabra.

Hall y Kosterman cruzaron una mirada de entendimiento. "necesitas un arma James" dijo el policía dándole una de las suyas. "James es mi apellido, mi nombre es Brad"

CEM CEM CEM

La soga se ceñía a su torso desnudo sujetándole a la silla, casi cortando la circulación de sus muñecas y tobillos, y lastimándole con cada mínimo movimiento por la aspereza del material. Jared abrió los ojos sin llegar a creerse que aquello le estaba pasando a él.

Esas cosas no eran reales, no le sucedía a la gente real. La bola de plástico perforada incrustada en su boca ahogó el gemido de dolor por el enésimo intento de forcejeo. No estaba sólo, podía escuchar una respiración entrecortada a su espalda. Tragándose el dolor consiguió a base de saltitos, dar la vuelta a la silla.

El alma se le cayó a los pies al ver a Jensen. Enfurecido trató de soltarse, sólo consiguió que sus muñecas y tobillos comenzaran a sangrar. El chico ni siquiera se había dado cuenta que si alzaba la mirada podría verle. Estaba atado igual que él, sólo que parecía estar acostumbrado pues apenas se movía evitando los roces de las cuerdas.

Intentó llamarle, sólo un sonido ininteligible y gutural logró sobrepasar la efectiva barrera que era la dichosa pelotita. El novio de Mike no sólo no se movía, era como si quisiera dejar de respirar sin conseguirlo.

- Vaya vaya, ¿así que tú tenías el juguetito del senador? – Sorbo se arrodilló frente a la silla del policía, entre éste y el rubio que ahora si miró a Jared. El castaño se debatió al sentir las manos del matón sobre su cuerpo – Wolf quería matarte, pero le he convencido de que puedes ser un gran juguete tu también, vas a ser mío, pequeño.

Si el joven policía no hubiese estado amordazado se habría dado el gusto de vomitarle encima al sicario. Sorbo le inyectó algo que le paralizó, después hizo otro tanto con Jensen. "El senador te ha echado mucho de menos chico, vaya, has crecido, ahora hasta a mi me gustas"

CEM CEM CEM

Desde luego no era el tipo de compañeros que Kosterman habría elegido para una misión de rescate, ¿Un policía herido y un muchacho traumatizado ávido de venganza? Ni de coña. Pero era los únicos con los que podía contar, y aunque en otro caso se habría encargado él solo, al tratarse de dos rehenes no podía arriesgarse a que estuviesen heridos y no pudiera sacarlos.

De todas formas, el inglés le había sorprendido. A pesar de la evidencia de que nunca había empuñado un arma, el muchacho no había vacilado en cogerla e imitar los movimientos de Mike y los suyos propios.

- No nos separamos – susurró el jefe de seguridad de Scott Wolf – se cada movimiento de cada cámara al segundo, sólo tenéis que seguirme.

- ¿Cuánto tiempo llevas planeando esto Cliff? – Mike jadeó al sentir que su pecho comenzaba a protestar por el esfuerzo y la tensión.

- Desde hace un par de meses

- ¿Cuándo el senador me…? – Brad estaba descubriendo muchas cosas, y una de ellas era que el hombre al que más había temido, absurdamente más que a Wolf, estaba dispuesto a un rescate incluso por lo fuerza – creo que le he juzgado mal

- No es el momento chico – siseó Kosterman – no te distraigas ¿vale?

- Tranquilo muchacho, lo harás bien – el policía remarcó sus palabras con una sonrisa de aliento y apretando su hombro.

Entraron por el sótano, subiendo con mucho cuidado hasta el primer piso. Los tres hombres se dirigieron al despacho del senador sin dejarse ver por los dos empleados de seguridad que guardaban la puerta. El más joven estaba impactado, creía que sólo Kosterman y un par de empleados más sabían y colaboraban con el endiablado político. Pero no, había más de veinte personas que conocían de las "actividades" de Wolf, y la mayoría sólo participaba por amor al dinero.

Brad apretó con fuerza el arma que le habían dado. Michael se dio cuenta de qué debía estar sintiendo el muchacho "Tranquilo chico, hoy acabamos con esto" susurró. Cliff se presentó ante los guardas de la puerta como si no ocurriera nada.

- ¿Sorbo está dentro? – preguntó

- Sí señor, los hay que tienen suerte – sonrió ladinamente el de la izquierda – El senador estaba intentando localizarle, quería saber si había cumplido su encargo.

- Pues se lo diré en persona – dijo noqueándolo de un fuerte y silencioso golpe en el cuello, del otro se había encargado Mike – Cambiaros de ropa, tenéis sesenta segundos chicos, antes de que la cámara vuelva a enfocar la puerta.

La adrenalina da alas, hasta les sobró tiempo para esconder los cuerpos inconscientes y bien atados de los dos sicarios. El empleado del senador llamó a la puerta y obedeció al "Pase Kosterman" de su jefe.

Siempre había sido duro, inflexible, podía ocultar toda la lástima que podía sentir por las víctimas de ese maníaco, porque era lo que debía hacer para poder rescatarlas y que tuviesen una oportunidad. Pero lo que vio le encendió la sangre sin remedio. Por primera vez perdió el control.

Se lanzó sobre Sorbo golpeándole con tanta furia que le rompió la cabeza matándole en el acto. "Vaya, te llegó la noticia de que pensaba darle tu puesto" musitó Scott Wolf como si no tuviese importancia. Quizás para su enferma mente no la tuviese.

- ¿Resolviste mi encargo? – el político acarició el cuerpo desnudo del chico que estaba torturando Sorbo a la entrada de Cliff en la sala

- No tendrá que preocuparse de eso nunca más – Bradley James apuntaba con su arma a la cabeza de quién había destruido su vida.

Mike también entró en la habitación, su primer instinto fue vaciar su pistola en la cara del diabólico senador, pero sólo lo apartó de Jensen de un fuerte empujón. No podía soportar la mirada de su chico, la misma que cuando lo sacó del Rancho "Paraíso" dos años atrás. Lo vistió con la ropa de James, mientras Kosterman vigilaba al senador y el pasante desataba al otro prisionero.

Jared se quitó el mismo la mordaza, y sin preocuparse de sus propias heridas se acercó a Mike y a Jensen. "Yo, lo siento tanto, no he podido hacer nada…" El inglés le dio la ropa del policía que no dijo nada, sólo acunaba al pecoso intentando que reaccionara.

- ¿Qué vais a hacer? ¿Creéis que podéis saliros con la vuestra? – el senador no parecía ni un poco preocupado – yo le quiero a él, los demás podéis marcharos, os compensaré por las molestias, no me importa que Sorbo haya muerto, era un incompetente. Puedes irte a casa Bradley, te aseguraré la entrada como socio en el mejor bufete de abogados de Londres.

Seis disparos en la cabeza acabaron con su charla. Jared bajó el arma de Hall, del cañón aún salía algo de humo. "No harás daño a nadie, nunca más"

Continuará...