Caballero: Shaka de Virgo

Título: Divino

Resumen: Siempre has sido tratado diferente, como si fueran un auténtico dios por ser reencarnación de Buda. Has estado tomando la justicia por tu mano, sin pararte a pensar si aquel al que seguías era justo o injusto. No dudaste jamás ante las palabras del patriarca. Ahora, que se sabe toda la verdad, es cuando te has dado cuenta que no eras diferente ni mucho menos perfecto como tu creías.


Desde que llegaste al santuario cuando tan solo eras un niño de tres años, rechazado en la India por tener un padre inglés, todo el mundo empezó a tratarte de manera distinta a los demás. De pequeño no entendías realmente que te hacía especial, no entendías a las personas en general, y te sentabas ante una estatua enorme de Buda a preguntarle todas tus dudas. Jamás necesitaste un maestro, Buda era suficiente para ti mismo. De todos los aprendices a caballeros dorados de tu edad, fuiste el primero en obtener cosmos y armadura.

Has estado creyendo que eras alguien perfecto, un ser divino por ser reencarnación del mismísimo Buda; pero no supiste hasta ahora lo equivocado que estabas, que todo el mundo estaba. Tomaste la justicia por tu mano, sin pararte a pensar si aquel al que seguías era justo o injusto y, sobretodo, verdadero. Rechazaste al que fue tu mejor amigo por creerle traidor al no pisar, en trece años, el santuario y marcharse sin avisar. Hiciste daño a gente que tu creías maligna por ordenes del patriarca.

Jamás dudaste de una de sus palabras, todo lo que él decía era perfecto y verdadero. No te paraste a pensar que habían cosas que no cuadraban en toda la explicación y que la forma de actuar del patriarca no era la que tendría un representante de la diosa de la sabiduría. Creías tanto en que no te equivocabas, en que eras tan perfecto, que jamás te paraste a pensar que estabas en el bando equivocado.

Unos simples santos de bronce supieron lo que tú no y, para colmo, solucionaron arriesgando la vida el problema como auténticos caballeros de Athena, muy al contrario que tu o cualquiera de los demás santos dorados. Fuiste vencido por uno de ellos, el cual tú consideras algo especial, y te diste cuenta de muchas cosas que antes no; cosas que nublaron tu mente durante minutos y que tardaste en aclarar.

Ahora que se sabe toda la verdad que había detrás, te has dado cuenta que no eras tan perfecto y divino como creías en un principio y, por fin, te has dado cuenta de que en verdad no eras tan distinto a tus otros compañeros y que, como todo humano -porque sigues siendo humano- te puedes equivocar.