Ya estoooooy aquiiiiiií… Cerrad las puertas y ventanas, esconded a los niños. ¡La loca de Cloe ha vuelto!

Después de varios años he vuelto, a ver que me deparará la suerte. Quizás estaba más guapa calladita en mi casa, quien sabe.

Ya sabéis a quien pertenece todo esto bla bla bla, J.K bla bla bla.

¡ATENCION!

LEER ANTES DE EMPEZAR EL FIC

Debido a algunos acontecimientos que no voy a nombrar XD me veo en la tesitura de aclarar ciertos puntos. Dichas aclaraciones serán universales para todas mis historias. ¿Y por qué? Pensaréis… Pues por una sencilla razón, porque si tengo que avisar antes de cada historia sus posibles advertencias estoy contando un spoiler. Véase, antes de un posible lemmon hay que avisar. ¿Y si mis lectores no cuentan con ello y quiero que sea una sorpresa? Pues se fastidia la cosa porque antes de cada capítulo hay que avisar de las posibles advertencias por si alguien no quiere leerlas.

Y a mí, enterarme por adelantado de lo que va a pasar (más allá del summary por supuesto) no me gusta.

Así que he decido poner una advertencia estándar en todos mis capítulos/fics. Para evitar posibles auto-spoilers.

¡AQUÍ VA!

(Como en los productos alimentarios)

Todos mis fics pueden contener trazas de:

-Personajes OoC. (Con personalidades distintas al libro o fuera de carácter)

-Historias fuera de contexto.

-Faltas de ortografía, gramática y léxico. (Obviamente no a propósito XD)

-Universos alternos.

-Exceso de azúcar en algunas escenas.

-Historias sin sentido y poco creíbles. (a veces queriendo y otras sin querer)

-Y Contenido para adultos:

-Insultos o vocabulario malsonante o soez.

-Violencia (lo dudo XD pero aviso por si acaso)

- Lemmon de cualquier tipo.

Además me atribuyo el derecho a revivir y matar a cualquier personaje que quiera y cuando quiera. Y cambiar las partes de los libros que mas me convengan. (Que para eso soy la Autora) XD

Bueno…

Esas son las advertencias.

Si no tienes problemas y decides seguir leyendo bienvenidos a mi mundo.

Pero si después de leer las advertencias hay alguna de esas cosas (sobre todo el contenido para adultos) que no te gusta o te puedan llegar a molestar o incomodar, por favor no sigas. Y si aun así decides seguir, tú mismo con tu mecanismo. Pero luego no quiero quejas sobre eso porque entonces… Solo entonces, es posible que me lo tome mal. XD.

FIN ACLARACIONES

Para los que se acuerden de mi (si es que todavía queda algun ) Bienvenidos de nuevo, ya sabéis cómo funciona la cosa.

Para el resto… Sed bienvenidos a mi mundo.

HABLEMOS DE… INUTILIDAD

¿Estaba lloviendo? Abrió los ojos aún dormida, era de noche, la luz del baño estaba encendida y la puerta entre abierta. El vapor se escabullía por el resquicio de la puerta. No estaba lloviendo, Snape se estaba duchando… ¿Qué hora era? Merlín, no era ni las 6. La bruja gruñó disconforme, dio media vuelta tapándose la cabeza con la almohada para amortiguar el ruido, ni siquiera finalizó la tarea de taparse que ya se había quedado dormida.

En sueños imágenes se mezclaban. Futuro, pasado, escenas que no tenían conexión, algunas que ni siquiera pasaron nunca. Y en medio de todo eso…

Snape.

¿Qué pintaba él en sus sueños? Su pregunta sabía que era estúpida. En realidad le extrañaba que no hubiera soñado más veces con él. Teniendo en cuenta que últimamente ese hombre estaba involucrado en cualquier cosa que tuviera que ver con su vida.

Snape apareció de entre una niebla, prácticamente desnudo. Se iría de cabeza al psicólogo si estaba teniendo un sueño erótico con Severus Snape. Observó atentamente como aquel hombre en ropa interior se ponía unos pantalones negros y una camiseta interior de tirantes blanca. Su pelo estaba completamente mojado, pero al hombre pareció importarle bien poco. Descalzó cruzó la niebla y desapareció de su visión.

¿Eso significaba que le gustaba Snape? No tenía porque… ¿Verdad? Por Merlín que fuera que no. No es que le hubiera dicho una mentira cuando el Slytherin le había preguntado porque quería casarse con él. Si no que si no le gustaba, todo sería mucho más sencillo. Sin tantas complicaciones. Porque para que engañarnos, el hombre podía resultar sarcástico, cruel, frío y deprimente, básicamente odioso en general. Pero también tenía cualidades que ella valoraba aun más, lealtad, valentía, firmeza y sobretodo inteligencia. Y si además de todo eso, si le añadíamos el factor atracción a la ecuación, obteníamos una probabilidades muy altas de acabar enamorándose de él, si, a pesar de lo cruel, y de las humillaciones. Si, a pesar de todo eso.

Por eso no quería que le gustase.

Abrió uno de los ojos con cuidado, la luz que entraba a raudales por la claraboya la encandilaba. ¿Ya era de día? ¿Cuándo había ocurrido eso? Sacó la nariz de debajo de las mantas, olía a pan caliente, salchichas, té y… ¿Qué era ese delicioso aroma que inundaba sus sentidos?

¿Pudding de frutas? Ensanchó sus aletas nasales y aspiró con fuerza. Merlín, como siguiera allí varios días más iba a engordar 5 kilos. Que tampoco es algo que le preocupase, sinceramente.

Se levantó rápidamente. Cuando se dio cuenta de todo miró hacia su izquierda, pero no había nadie en la cama, tampoco en la habitación. Su ropa estaba limpia y planchada sobre la silla. ¿Tan tarde era?

-Son casi las nueve. ¿Cómo he podido dormir tanto?- Comentó en voz alta. Se vistió y trató de peinarse un poco, aunque sus rizos esa mañana habían decidido actuar por cuenta propia. Acabó usando un hechizo para poder adecentar ligeramente su pelo. Con la varita alzada lista para ser usada, la joven se lo pensó dos veces y la guardó. Su madre le recriminaría que usara la magia para algo tan simple como hacer una cama.

Nada más acabar, bajó rápidamente las escaleras. A medida que bajaba el olor se intensificaba, al igual que el bullicio de la gente. Entusiasmada aceleró el pasó, torció el último rellano que daba acceso al pub y chocó con algo, cerró los ojos y se agarró a lo primero que pudo.

-Le agradecería que se apartara de encima de mí.

-¿Qué?- Hermione, abrió los ojos y se topó con un cuerpo bajo el suyo y unos inquisidores ojos negros atravesándola.

-Parece que últimamente usa mucho esa palabra.- Comentó jocoso.

-Perdón, no lo vi.

-Obviamente Granger. ¿No tuvo suficiente con dormir conmigo?

-¿Qué?- Volvió a preguntar confusa. Snape alzó una ceja.

- Si quería buscar una excusa para tocarme lo ha conseguido.- Su voz amenazante tenía una ligero deje de diversión de fondo. Hermione reaccionó al momento. ¿Ya se había puesto roja de la vergüenza? ¿Aun no? Bien, tenía todavía unos segundos de margen.

-Pues no ha servido de mucho.- Sonar, sonó con seriedad, segura de sí misma. Ahora bien, que no era ni de lejos los mejor que pudo haber dicho, también era verdad.

-¿Necesita ayuda?- Por supuesto que no era una pregunta de cortesía, si no de burla.

-No, Gracias.

-Bien. ¿Quiere quitarse de encima? ¡Ya!- el hombre impaciente colocó sus manos en la cintura de su ex alumna y la alzó como si fuera una pluma. Se la quitó de encima a la vez que los levantaba a ambos. No contento con eso, y aun con las manos en la chica, la acercó hasta pegarlo a él. Por supuesto que odiaba que cualquier persona invadiera su espacio personal, incluyendo mujeres. Pero le resultaba mucho más divertido molestar a Granger.

-¿No decía que quería que me quitara de encima?- Preguntó la bruja empezando a adquirir un tono rosado intenso en sus mejillas.

-No está encima está a lado.- Matizó con ironía. El corazón de la joven latió con fuerza y su estómago dio un vuelco. Se obligó a calmarse, y funcionó, al menos durante unos segundos. Tiempo suficiente para poner pies en polvorosa.

Agarró las manos del hombre y las separó de su cuerpo.

-¡Hermione! Buenos días. Espero que hayas tenido una agradable noche y que Severus no te haya molestado.- Dana la saludó familiarmente desde el otro lado de las mesas.

-¡Buenos días!- Saludó amablemente la chica. Volvió su cara a Snape, que la observaba con una ceja alzada y rostro de eterna de impaciencia.- ¿Me haría el favor de soltarme?- Preguntó la Gryffindor sonando de lo más calmada y despreocupada.

-No soy yo la que me tiene agarrado. -Hermione miró hacia abajo y observó con un regusto amargo de realidad. Como el hombre tenía razón. Le tenía las manos sujetas, le parecían en comparación con las suyas, unas manos grandes. O era simplemente que las suyas eran muy pequeñas.- Si le gustan luego se las dejo un rato, pero le agradecería que me dejara trabajar.

La joven lo soltó de golpe y bajo las escaleras antes de que Snape pudiera ver cualquier signo de debilidad en su rostro. Aunque creía que ya había hecho suficiente el ridículo.

Hermione bajó las escaleras y se encontró de frente con Dana, sus mejillas se tiñeron de rojo como si hubiera hecho algo malo. Por suerte el ajetreo de los huéspedes opacaba ligeramente la situación. Dana tenía razón, el comedor estaba a rebosar, todas las personas estaban ocupadas comiendo con entusiasmo, cualquiera con dos dedos de frente apreciaría semejantes manjares. La mujer le señaló una mesa al fondo, ligeramente apartada del resto.

La mesa estaba ya preparada para el desayuno.

-¿Por qué no avisas a Severus y bajáis los dos a desayunar?

-Muchísimas gracias Dana. No era necesario.- Agradeció la chica otorgándole a la anciana una amplia sonrisa.

-No te preocupes querida, es un verdadero placer.- Respondió con amabilidad. Dana buscó al mago con la mirada.- ¿Quieres dejarlo ya mi niño?- Aunque más que una pregunta era una orden.- Llevas toda la mañana.

-Acabo esto y voy.- Dijo casi en tono neutral, había pretendido responder con suavidad, aunque no podía evitar ese deje Slytherin tan característico de su carácter. Hermione abrió los ojos con sorpresa, nunca se acostumbraría a eso.- Si no luego te quejas de que no está acabado a tiempo.- Mencionó a modo de burla, aunque no se acercaba ni de lejos al tono despectivo que le había visto usar durante años. Dana sonrió y se giró hacia la castaña.

-Aunque seas así de seco te quiero igual. – Le contestó la mujer sonriéndole de forma maternal.

La Gryffindor sonrió para sus adentros, por supuesto, y como ya había dicho en varias ocasiones, la actitud de Snape la tenía anonadada, pero no se podía negar que le encantaba ver esas escenas. Se despistó apenas unos segundos y cuando quiso sentarse a desayunar Dana ya había llenado la mesa de comida. Ni siquiera la señora Weasley iba tan deprisa, y eso que usaba magia.

Había salchichas, pan recién tostado con mantequilla casera, pasteles de patata, tomates y champiñones asados, gachas de avena, y un delicioso pudding de frutas.

-Con esto se podría alimentar a un ejército.- Afirmó Hermione sorprendido ante tal cantidad de alimentos.

-Como se nota que no conoces el apetito de Severus.- Sonrió feliz la anciana.

-Si no cocinaras tan bien yo no comería tanto.- Susurraron fríamente tras la mujer. Dana se llevó un ligero susto que hizo que se llevara las manos al corazón.

-Con lo escuchimizado que estás cualquiera lo diría.- Dana se rió por lo bajo. Snape se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla. La mujer sonrió aun más. Hermione se atragantó con su propia saliva tan escandalosamente que el profesor de pociones se dio cuenta.

-¿Sorprendida Granger?- Preguntó con burla. Era tan divertido y sobretodo, tan fácil meterse con ella.

-¿Por qué iba a estar la muchacha sorprendida?- Quiso saber Dana.

-Nada, cosas nuestras…- Quiso quitarle hierro al asunto.

-Iré a por té.- Mencionó la señora mientras salía a toda prisa hacia la cocina. Hermione se sentó lentamente en una silla, como si estuviera soñando. Porque no era un sueño ¿verdad? Dana apareció de nuevo en el comedor.- Severus quieres sentarte ya, se va a enfriar y ya sabes lo poco que me gusta que le hagas esperar a un plato caliente, es de mala educación. Además…- La mujer hizo una breve pausa.- Estoy segura de que Hermione se muere de hambre.- La castaña enrojeció hasta las orejas mientras agachaba la cabeza ligeramente avergonzada. ¿Tanto se le notaba?

Snape alzó la comisura del labio con desdén mientras se cruzaba de brazos.

-¿Tiene algún problema Granger?- Hermione negó rápidamente con la cabeza.- Bien.- Dijo sin más el Slytherin mientras se sentaba en la mesa. No se demoró en llenar el plato de comida, algunas salchichas, un bol de gachas de avena, té…- ¿Piensa desayunar o se va a quedar ahí mirando?- Preguntó secamente sin alzar la vista de su plato.

Hermione lo miró unos segundos, no sabía si responderle bien, responderle mal, o simplemente no decir nada. ¿De verdad se estaba planteando si ese hombre le gustaba? Por Merlín, ¡Si ni siquiera sabía hablar sin sonar despectivo y arrogante! Contó mentalmente hasta seis, tenía intención de contar hasta diez, pero el olor de esas salchichas y ese pan recién hecho eran más fuertes que su orgullo.

Se sirvió lo mismo que Snape, por supuesto, en menor cantidad. Ni en sus mejores sueños sería capaz de engullir semejante cantidad de comida. Ni siquiera Ron, y eso que el pelirrojo tenía la extraña habilidad de devorar cantidades indecentes de comida apenas sin despeinarse.

Sus papilas gustativas salivaron cuando probó el desayuno. Sus pupilas se dilataron.

-Merlín…- Susurró para ella misma mientras probaba el resto de platos. Snape alzó la comisura del labio con un ligero deje de diversión. Granger resultaba una persona de lo más insoportable, pero no podía negar que su actitud le causaba gracia.

-Solo es un desayuno Granger.

- ¿Las hace ella?

Snape dejó de comer y levantó la cara mirándola con una ceja alzada.

-¿Qué?

-¿Las salchichas, las hace ella?- Preguntó de nuevo la chica mientras cortaba un pedazo y lo miraba con admiración. Snape alzó aun más la ceja, no sabía si reírse, burlarse, o simplemente largarse de allí e irse a desayunar a un sitio mucho más tranquilo donde no tuviera que escuchar su incesante parloteo continuamente.

-¿A caso piensa que esa mujer es capaz de comprar algo en un supermercado?- El tono del hombre era una mezcla entre ironía y molestia. Sin embargo la joven no se lo tomó como algo personal, a fin de cuentas, era su forma de ser y ya estaba empezando a acostumbrase a que cada vez que hablaba con ella usara ese deje tan Slytherin.

Comieron en silencio algunos minutos.

-Yo… quería, quería saber…

-¿Dana?- Preguntó Snape. Hermione se limitó a asentir.- Después de la batalla desaparecí, viaje sin rumbó durante varias semanas y acabé en su local.

Hermione esperó ¿eso era todo? Era Gryffindor, Merlín se moría de curiosidad, no podía negarlo. Una sonrisa traviesa hizo que Snape alzara la comisura de los labios.

-¿No puede evitarlo verdad Granger?- Preguntó arrastrando las palabras.- Se muere de curiosidad.- La joven enrojeció hasta las orejas. ¿Tanto se le notaba?- No hace falta que me lo confirme, su gesto la delata.- Siseó lentamente. Esperó unos segundos y respiró con autosuficiencia, le encantaba controlar la situación. – Le pedí una habitación para quedarme una noche. Y el resto es historia. Esa mujer tiene algo, sabía que algo me había pasado. No me hizo preguntas, no me juzgó me ofreció un techo y comida sin pedir explicaciones. Quise compensarla económicamente pero no me dejó. A cambio yo le ayudaba con algunas cosas del bar.- Su respuesta fue escueta, y Hermione intuyó que no iba a conseguir mucho mas. De hecho, era bastante más de lo que había esperado obtener.

-Sabe que es…

-¿Mago? No, sabe lo justo de mi vida.

-¿Y cómo le ayudaba sin magia?

-Que pregunta más estúpida Granger, tengo manos.- Siseó Snape con frialdad. La castaña enrojeció de vergüenza, tenía razón, había sido una pregunta de la más estúpida. Pero que se le iba hacer, todo aquello le sobrepasaba, se esperaba cualquier viniendo de ese hombre. A partir de ese momento se prometió a si misma que no volvería a subestimar a su antiguo profesor de pociones.

Hermione no le quitaba la vista de encima. La situación era demasiado surrealista como para no mirarlo. Sabía que Snape se había criado como un muggle, incluso que había tenido cierta amistad con Petunia. Pero no sabía hasta que punto podía el hombre prescindir de la magia. Nuevamente lo había subestimado.

La joven le dio un sorbo a su té y pinchó el último cacho de pudding de frutas, pero en lugar de comérselo se quedó observando fijamente a Snape. Parecía que últimamente hacia mucho eso de mirar a su compañero de trabajo. Severus se dio cuenta.

-¿Piensa quedarse ahí embobada mirando para mí?

-Cuando se lo plantea es muy borde.

-No me lo planteo. Me sale solo.- Le respondió con acritud.- Debería estar ya acostumbrada.- Sin más se levantó y recogió los platos llevándolos a la cocina dejando a la castaña casi con la palabra en la boca. Hermione frunció el ceño varias veces. Tenía razón ¿Alguna vez se llegaría acostumbrar a su carácter? Misterios del universo. O quizás no tanto misterio, tenía una promesa que cumplir, y esa promesa traía implícito pasar muchas horas con él. ¿No? ¿Conseguiría llegar a entenderlo?

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Snape se pasó toda la mañana a la entera disposición de Dana, ayudándola en todo lo que fuera necesario, desde cambiar una bombilla, ayudarle a pelar patatas, o revisar el motor de la vieja furgoneta de la mujer, hasta usar al ex mortífago a modo de chico de los recados. La bruja no quería parecer descortés, y quiso ayudar a la anciana en la posada. No sabía de dónde sacaba esa mujer a su edad tan maña energía. ¿Y el tiempo? Algún día le preguntaría como era capaz de que una hora le rindiera tanto, ni siquiera Hermione era capaz, y eso que ella en cuando a dar de sí el tiempo tenía bastante experiencia.

Así que se ofreció amablemente a ayudarla con la limpieza de las habitaciones. Dana aceptó gustosamente, cuatro manos trabajaban mejor que dos. Lo que la anciana no sabía es que Hermione se guardaba un as bajo la manta. O más que as, varita. Entró habitación por habitación y a golpe de varita arregló todas las estancias sin apenas despeinarse. Por supuesto que para que la señora Bellamy no sospechara entre una y otra aprovechó para revisar los papeles del proyecto que habían mandado vía lechuza a primera hora de la mañana, no se podían olvidar de él.

No paraba de pensar en el nuevo colegio. No lo habían hablado directamente, pero las opciones estaban claras, y la decisión también. El castillo Standford parecía la mejor opción de todas, sin embargo su estado requería una gran reforma, no es que eso supusiera un problema. Pero implicaba el movimiento de gente y más horas de trabajo, las obras no debían atrasarse más allá de un mes, dos a más tardar y eso ya era ajustar mucho el tiempo.

La joven bajó un rato después al pub, estaba vacío los huéspedes se encontraban todos en la convención. Justo cuando se disponía en entrar en la cocina Snape apareció por la puerta. Llevaba varias bolsas de plástico en las manos. El hombre iba con una camisa blanca remangada hasta los codos. Pues, ahora que lo miraba así, le parecía un hombre atractivo. ¿Verdad? Sus mejillas se tiñeron de rojo solo con el pensamiento. ¿Así que Snape le parecía atractivo? Genial…

Las cosas no podían ir peor.

La bruja trató de observar disimuladamente al Slytherin, no quería que se burlase mas de ella. Algo en ese hombre se le había raro, pero no lograba averiguar de que se trataba.

-Dana, ya estoy aquí. Thomas dice que si quieres el entrecot de Black Angus para el festival de la cerveza vas a tener que pagarlo al doble.

-Maldito avaricioso, se aprovecha de la gente.- Masculló la mujer saliendo de la cocina con una paño en las manos.- Tienes la pieza del T.

-No, hasta la semana que viene no les llega.- El hombre le enseñó la mercancía alzando los antebrazos. ¡Claro! ¡Era eso! No había tatuaje, ni rastro de la antigua marca tenebrosa. En cambio solo había una brillante y suave cicatriz cuyo contorno se encontraba irregular y difuminado, no podía intuirse que ahí había habido una calavera con una serpiente. Nada.

-¿Quién te atendió? ¿El viejo Cliff?-Preguntó la anciana con curiosidad.

-No, es su nieto el que se encarga ahora del taller. Un crió bastante inútil en mi opinión.- Siseó con acidez.

- Esa lengua.- Le reprochó la mujer.- Bueno, pues habrá que esperar… - Dana se encogió de hombros con resignación.- Y lo otro… ¿Lo tienes?- Preguntó un poco nerviosa.

- Tuve que pelear por ello.- Mencionó escuetamente Snape.

-Y bien…

-Pero no hubo problemas.- El hombre sacó del interior de una bolsa un pequeño saco de tela de marrón. La mujer sonrió entusiasmada mientras le daba al Severus un gran y sonoro beso.

- Esto querida.- Le dijo a Hermione.- Es la clave para conseguir la mejor cerveza del condado.- Sin más preámbulos la anciana cogió el saco y se metió por una de las puertas del pub. Cuando Snape se hubo asegurado de que la mujer no la oía sonrió con malicia.

-¿Que ha hecho?- Preguntó la chica.

- Soy Slytherin Granger y además fui ex mortífago y espía. ¿Usted que cree?- Por unos momentos la joven se asustó.- Hice correr el rumor de que el material venía de procedencia dudosa.- Una curiosa sensación se instaló en la boca del estómago de la Gryffindor. Saber que Snape era una caja de sorpresas, resultaba un reto de lo más entretenido. –Nadie lo quiso comprar y el comerciante me lo regaló.

-¿Solo eso?- La bruja alzó tan bien la ceja que ni Snape lo hubiera hecho mejor.

-Un hechizo también ayudo.

Hermione quiso reprocharle algo, pero después se dio cuenta de que en realidad Snape había ayudado a una persona sin tener el menor interés. Y no pudo evitar sonreír en su interior. Quiso decirle que tenían cosas que hacer, pero no quería meterle prisa y mucho menos ser descortés. Pero no hizo falta decirlo, Snape tenía el extraño don de saber que pensaba incluso antes de saberlo ella, y sin falta de usar legeremancia.

El Slytherin la llevó hasta un pequeño despacho detrás del almacén, era poco más que un armario grande con una diminuta ventana rectangular cerca del techo, al que le habían puesto un par de estanterías y un viejo pero bien cuidado escritorio. La diminuta estancia estaba pulcramente recogida y ordenada, como todo en aquel lugar.

Snape se sentó tras el escritorio, confirmó que Dana no estaba cerca y con un ligero golpe de varita hizo aparecer todos los papales e informes del proyecto. La joven se dio cuenta de que Severus procuraba usar lo menos posible cualquier tipo de magia.

Hermione se sentó en un pequeño taburete mientras Snape revisaba con escrupuloso cuidado unos cálculos. Ella decidió mirar uno de los informes que le habían mandado el Ministerio. Cogió un bolígrafo, no para hacer anotaciones, si no para poder morder el borde cada vez que se pusiera de los nervios. Esos informes eran un desastre. Los números no cuadraban, el presupuesto no tenía sentido, y los requisitos del Ministerio eran exagerados. Bufó enfadada. ¿Quién demonios había elaborado esos informes? Un niño de tres años con dibujos habría hecho un mejor trabajo.

Los minutos pasaron, su paciencia mermó considerablemente y además ese dichoso taburete era de lo más incómodo que había. Apartó varios papales de la mesa y se sentó sobre ella, con las piernas cruzadas, el bolígrafo en los labios y el ceño fruncido.

Snape alzó una ceja cuando vio a su ex alumna sentarse sobre la mesa.

-¿Ahora tiene complejo de duendecillo de Cornualles? –Espetó de malos modos.- Suéltelo, que la conozco. ¿Cuál es el problema?- Preguntó sin mucho interés. Hermione se limitó a entregarle los dosieres que tenía en la mano y a cruzarse de brazos. Snape le ofreció una tabla de cálculos con algunas anotaciones suyas.

-Pero que…- Exclamó el profesor.- ¿Esto es una broma?

-Más quisiera. Según estos datos el número de alumnos es más elevado de lo que estimábamos. Eso eleva el número de profesores, el presupuesto, y por supuesto habría que modificar la distribución del castillo. Sin mencionar que, si nos basamos en el informe…- Hermione rebuscó entre las hojas.- Este.- Se lo entregó mientras le señalaba un gráfico y unas anotaciones en el margen.- Los requisitos académicos que exige el Ministerio modificaría todo lo anterior. No es compatible.

-¿Qué clase de energúmeno descerebrado ha hecho este informe?- Preguntó enfadado.- Voy a mandarles una lechuza a esos ineptos de educación.

-Deberíamos ir directamente allí.- Comentó la bruja.

-No voy a ir hasta Londres porque un incompetente y estúpido no sepa hacer su trabajo.- Masculló con acidez, miró los informes que tenía sobre la mesa y estos ardieron al momento.

-Si les manda una lechuza no servirá de nada.- Argumentó la bruja.

-No quiero perder más el tiempo de lo necesario.- Espetó de mal humor.

-Es cuestión de tiempo que tengamos que ir hasta el Ministerio, cuanto antes vayamos menos tiempo perderemos.- Afirmó con resignación la joven. Snape se limitó a gruñir enfadado mientras observaba con furia los últimos rescoldos del papel. Hermione miró su reloj, apenas eran las 11, tenían tiempo de sobra si salían ya. El ex mortífago volvió a gruñir a modo de respuesta.

-Pienso maldecirlos a todos en cuanto llegue, no les quedará Ministerio suficiente para correr.- Snape era un poco exagerado, pero solo un poco. Tenían un proyecto muy grande entre manos, y una gran responsabilidad; no se trataba de cualquier encargo. Y resultaba vergonzoso que les hubieran enviado esos documentos con la seriedad del asunto, al menos para Hermione se trataba de algo muy serio.

-Yo recojo los papeles, usted avise a Dana, le veo en el pub en 10 min.

-¿Quién le ha puesto al mando Granger?- Preguntó enfadado. Hermione puso los ojos en blanco, que poco duraba la tranquilidad.

- Menuda fiera- Contestó en voz baja para sí misma.

-¿Qué ha dicho?

-Que como usted quiera.

Snape alzó una ceja, Hermione se cruzó de brazos.

-¡Severus! ¿Estás ahí?- Lo llamó Dana desde la cocina.

- No soy estúpido Granger.

-Me alegro que tenga las cosas claras.- Contestó la chica a modo de burla mientras salía prácticamente corriendo del despacho.

-¡Severus!

-Ya voy Dana.- El hombre quiso sonar calmado, pero su respuesta había sonado impaciente y algo desagradable.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

-¿Entonces no vendréis a comer? Iba a preparar gallina de guinea.

-Tenemos que ir a arreglar unos asuntos de trabajo.- Snape suavizó su tono mientras le daba un beso en la frente.- Volveremos para cenar, puedes prepararlo para entonces.

-Bueno, si es trabajo no digo nada.- La anciana se resignó, pero cambio su cara de decepción por una más alegre.- Lo primero es lo primero, si no podéis venir a tiempo llamad.- Esto último fue dirigido a Hermione. La joven se limitó a devolverle la sonrisa y asentir.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-

La bruja trastabilló al aparecerse en un oscuro callejón cerca del centro de Londres.

-¿Podía dejar de hacer eso?- Preguntó la joven resollando.

-Podía; pero es mucho más divertido verla hacer el ridículo.

-Lo odio.

-En eso estamos totalmente de acuerdo.

Snape dio media vuelta y caminó algunos metros hasta una vieja cabina de teléfono. Un par de llamadas después la pareja de profesores se encontraba en el vestíbulo del Ministerio de Magia. El bullicio era el habitual de un día por semana por la mañana. Los memorándums volaban frenéticos sobre sus cabezas, un grito la hizo ponerse alerta. Después se dio cuenta de que un sobre había estallado en uno de los despachos haciendo llegar hasta el vestíbulo un humo verde de olor nauseabundo.

-Nivel 6. Educación.- Pidió la chica al funcionario que había en uno de los ascensores. Un chico joven, más o menos de su edad, con una pequeña cicatriz en la ceja, de pelo negro y facciones toscas. ¿Algún antiguo compañero suyo quizás?

-¿Van a algo en concreto?- Preguntó el joven con curiosidad.

-Usted preocúpese de su trabajo.- Escupió el hombre con veneno lanzándole una mirada de odio.

-Disculpe profesor Snape.- El muchacho agachó la cabeza avergonzado, tocó un par de botones y en unas milésimas de segundo se encontraban moviéndose a gran velocidad a través del edificio.- Educación, el despacho del director de educación se encuentra al fondo a la derecha. Pasando asuntos exteriores.

Hermione le sonrió en agradecimiento, iba a despedirse del chico, pero Snape ya estaba a medio pasillo. La bruja corrió para alcanzarlo justo a tiempo de verlo llegar a la puerta del despacho.

-¿Quién demonios es la señora Dickinson?- Preguntó malhumorado mientras abría la puerta del despacho sin pedir permiso.- ¿Qué clase de incompetente mandó estos informes?- Vociferó entrando en la estancia.

- Buenos días profesor Snape.- Respondieron con tranquilidad.

-¿Longbottom?

-¿Neville?

-Buenos días Hermione.- Sonrió el joven con alegría.

.-

.-.-

.-.-.-

.-.-.-.-.-

.-.-.-.-.-.-.-.-.- Fin del capítulo.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Anda, otro capítulo más y solo ha pasado poco más de una semana. ¿Milagro? Puede… simplemente los astros se han alineado para que yo pudiera publicar, pero no os hagáis ilusiones, que no se cuánto durará esta racha XD.

Sé que en realidad este capítulo no tiene nada trascendental. Pero hace falta meter alguno así de vez en cuando. Muchas gracias a los reviews los he ido contestando según me iban llegando. Aunque no se si me olvidado alguno, seguramente si, no me olvido la cabeza porque la tengo pegada al cuerpo. Yo creo que un día me olvidaré a mi misma en un sitio y no me daré cuenta. Sed benévolas por la gracia de Merlín.

Muchos besos y gracias por los reviews, no os imagináis lo que me ayudan a seguir escribiendo.