Baby you're a firework
Come on let your colors burst
Make 'em go oh, oh, oh!
You're gonna leave'em fallin' down-own-own
-Me encanta que hayas venido.- susurró TK al oído de Kari, la chica se estremeció riendo.
-Y a mí me encanta estar aquí...- suspiró.- Podría estar así por la eternidad.
Ambos se encontraban dentro del laboratorio. Ya el personal se había retirado y sólo quedaban uno par de vigilantes cuidando la entrada de aquél famoso centro de investigación.
-Hay algo que no te he dicho.- cambió totalmente de posición, soltando la angosta cintura de su, ahora novia, para ayudarla a sentarse y él hacer lo mismo.
-¿Qué es, profesor?- preguntó curiosa mientras se echaba el cabello hacia atrás de las orejas. TK sonrió.
-Estuve leyendo.- comenzó.- Sobre tu... situación.
-Ajá.
-Y existe una operación...- Kari rió mientras negaba con la cabeza, evidentemente burlándose.- Déjame contare.- pidió.
-Lo siento, TK.- siguió riendo.- Es que ya me sé ese cuento: Existe una operación con la que de verdad podrás recuperar la vista y...
-Es un trasplante de córneas.- la interrumpió seriamente. Kari guardó silencio.- Escúchame, bonita...- suspiró.- Sé que es duro para ti y te has resignado a vivir así pero deseo ayudarte.
-¿Qué propones?- preguntó interesada. TK sonrió victorioso.
-Programar tu operación cuanto antes.
Kari se mordió el labio tan fuerte que casi se saca sangre. Dudaba sobre esa decisión.
-Pero... tendrán que ponerme en una lista de espera interminable y sinceramente creo que hay otras personas que necesitan más ese trasplante.
-No, no, no.- la tomó de las manos.- Ya me he informado y con el seguro que tengo por parte de la escuela no tardarán más de un mes en prepararlo todo.
Era una excelente oportunidad. Una oferta que no le habían hecho antes. ¿Que si la idea la tentaba? ¡Claro! Lo que más deseaba era poder ver al hombre que tenía en frente, aquél de quien estaba perdidamente enamorada y por quien se jugaba su estancia en la escuela ya que era una relación que estaba determinadamente prohibida por el reglamento.
-¿Qué dices?- la voz de TK la hizo volver de sus pensamientos.
-Pues...
-Vamos, Kari. No tienes nada que perder. De todos modos, si no llegase a funcionar...
-Quedaré igual.- farfulló melancólica. Él suspiró.
-Pero no hay que pensar de esa forma, yo sé y confío en que todo será un éxito. Y estaré ahí para ti, pase lo que pase.
Aquella última frase la reconfortó bastante. Era justamente lo que anhelaba escuchar. A pesar de que TK le había demostrado cuánto la quería y que no pensaba dejarla por su discapacidad, Kari dudaba en algunos momentos o simplemente había días en los que se levantaba temerosa de que él se hubiera ido.
-¿Qué dices, mi preciosa?
-Está bien.- sonrió.- Pero sólo con una condición.- señaló con el dedo índice.
-Dígame usted.- lentamente se fue acercando a ella.
-Que me dejes pagarte con mi trabajo.- TK soltó una carcajada que hizo eco en el amplio laboratorio.- ¡Hablo en serio!
-Perdón, pero sabes bien que no haré eso.
-Entonces no me opero.- se cruzó de brazos.
-Kari...- la tomó de una mano y comenzó a acariciarla.- Vas a operarte y eso corre por mi cuenta, ¿vale?
-Pero...
-No hay peros que valgan la pena.- dijo.- Hoy mismo programo la cita.
Y dicho esto, no quiso resistir más la tentación y se agarró a repartirle besos por todo el rostro, labios, cuello... disfrutando así del dulce aroma que Kari emanaba.
-¿Alguna vez viste fuegos artificiales una noche en la playa?- preguntó TK.
-No.
-Te prometo que después de la operación te llevaré a verlos.- ella sonrió tristemente.
-Mejor será que no me haga muchas ilusiones, ya me ha pasado antes.
-¡Hey!- la reprendió TK, apartándola un poco ya que estaba recargada en su pecho.- Se positiva. Habla con optimismo y declara que la operación será un éxito y vas a ver nuevamente.
-¿Tú crees?
-Claro que lo creo, bonita. Yo creo que todo es posible con tan sólo creer.
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