La última catapulta era la más cercana al ejército, que con rápidez avanzaba hacía el refugio. Y la última bola incendiada, estaba guardada, por lo menos, para un milagro. Ella miró hacía la montaña y laseñaló con el dedo, el soldado que apuntaba asintió, y con diligencia, la mandó. Todos se quedaron sin aliento esperando a que chocara en el pico más alto, y la nieve se derramara, llevándose consigo la muerte. Y El Hacedor había escuchado las súplicas, la avalancha se llevó a la mayoría del ejército, Varric rió y le dió una palmada fuerte a Trevelyan que no pudo contener una sonrisa. Se oían las aclamaciones de victoria incluso a lo lejos, pero no por mucho tiempo, la cara de sus compañeros se convirtió en un poema cuando una figura negra, gigante y alada atravesó el cielo, y lo cortó con una llamarada que hizo explotar una de las catapultas cercanas. Ahora solo se oía Pánico.

-¡Mierda!- Ahogó Varric- ¿Quién ha ordenado el fin del maldito mundo?- Se tambaleó un poco sin dejar de mirar al cielo, y volvió a desenfundar a Bianca.

-¡TODO EL MUNDO A LAS PUERTAS!- Gritó ella. Necesitaba salvar al mayor número de gente posible, si podía sacarlos del punto de mira del dragón quizá podrían escapar de allí.

Ella misma siguió su orden, y llegó primero a la herrería donde alguien aporreaba una puerta sin descanso,

-¡Heraldo! -gritó el herrero- ¡Ayúdame con esta puerta!- y con todas sus fuerzas soltó un hechizo rojo, y el fuego hizo explotar las cajas que obstaculizaban la puerta.-Gracias, ¡Recogeré lo esencial!.-Ella esperó a que el herrero recogiera sus cosas, y todos juntos siguieron hacía la puerta

-¡TODO EL MUNDO DENTRO!- Gritaba Cullen,.La mayoría de los soldados ya estaban dentro, pero aún seguían entrando.-¡MOVEOS, MOVEOS!- Los últimos entraron con ella, y el propio Cullen cerró la puerta. - ¡Necesito a todo el mundo dentro de la capilla! es el único lugar que se tendrá en pie contra esa...bestia...- Subió los escalones con ahínco. Y se giró en el último, mirándola directamente- Y en este punto, más vale que lo hagamos.- Estaba cabreado, quizá más que con la situación, consigo mismo.

Rodearon el refugio, y entre todos, mataron a los pocos asaltantes que aun combatían algunos soldados, y salvaron a algunas de las personas que aun estaban atrapadas, y cuando pareció haber terminado, corrieron hacía la capilla. Abrió el canciller.

-¡Vamos hijos míos! ¡Rápido! ¡Pasad!- Y con las misma rapidez que entraron, cerraron la puerta. Y cuando todos estuvieron dentro, el canciller se desplomó sobre Cole. Estaba herido. Como no se habría fijado, la túnica blanca sostenía una mancha roja que se extendía.

- Él intentó parar a los templarios- Dijo Cole ayudando con sus hombros al canciller- Pero la cuchilla se internó. Y él va a morir.- Ella se acercó e intentó ayudar.

-Es un chico encantador- Dijo con un susurro el canciller. Y se encaminaron para apoyarlo en una silla. La cirujana corría de un lado para otro, mirando a los heridos, el pasillo estaba infestado de gente, tirada y desesperanzada.

-¡Heraldo!- Cullen se acercó trotando por el pasillo.-La situación no es buena, ese dragón ha robado todo el tiempo que nos habías dado.

-Yo he visto a ese demonio en el velo, pero no se veía de esa forma- Agregó Cole.

-¡No me importa cómo se viera!- Dijo Cullen- Esa cosa matará a todo el mundo que salga.

- Al anciano no se preocupa por la villa, el quiere encontrar al Heraldo.

-¿Tú sabes por qué me busca a mi?- Le preguntó ella. No quería haber sido la causante de tal masacre.

-No lo sé- Escondió su cara tras el gorro- Él es demasiado fuerte. Me duele oírle.-Negó con la cabeza- No le importa nadie más, los aplastará. Él no me gusta.

-¿Que no te gusta...?- Cullen se llevó las manos a la cabeza. Y exasperado dijo con paciencia.- Heraldo, no hay tácticas para sobrevivir a única cosa que les ralentizó fue la avalancha. Podríamos convertir los trabucos restantes, y hacer una última táctica.

-Estamos invadidos. Podríamos enterrar el refugio.- El comandante la regaló una mirada llena de significado.

-Nos estamos muriendo. Muchos entenderán esa elección.- Se quedaron mirándose sin decirse nada.

Cole hablaba a susurros mientras tanto con el canciller.- Eso sí. El canciller Roderick puede ayudar. Él quiere decirnos algo antes de morir.

-Hay un camino- Dijo el canciller con sus últimas fuerzas. No lo conocéis si no habéis hecho una peregrinación en verano. Yo la he hecho.-Se recostó en la silla- Ella debe haberme mostrado ese camino. Andraste me lo ha mostrado para que yo pudiera contártelo.- Se levantó a duras penas, con la mano en la herida.

-¿De qué hablas Roderick?.

-He caminado ese camino. Y es por debajo del suelo. Y hay tantos muertos en el cónclave que debo ser el único que lo recuerda. No sé, Heraldo...si mi memoria nos puede salvar, esto puede ser más que un simple accidente. Tú puedes ser más...

-¿Tú qué crees Cullen? ,¿Funcionará?- Le miró directamente.

-Posiblemente... si nos muestras el camino. Pero qué pasará si se escapa?.-Ella se quedó maquinando algo en su cabeza. Un sacrificio.-Quizás encontremos una manera.-El comandante se movio rápido.- ¡Inquisición! ¡Ayuden al canciller a encontrar el camino!.- Los soldados se llevaron las manos al pecho en signo de afirmación. Y Cole ayudó a recomponerse al canciller.

-Heraldo- Comenzó Roderick- si estás destinada para esto, si la inquisición está destinada para esto, yo rezaré por usted.-Ella asintió con dulzura.

-Van a cargar los trabucos-Señaló Cullen.- Hay que mantener ocupado al anciano hasta tenerle encima de la tercera línea.- Ella ando hacía la puerta con determinación.- Si queremos tener una oportunidad, si quieres tener una oportunidad, haz que esa cosa te oiga- Él la miró con dureza, y ella frunció el ceño, y asintió. Era una forma de decirla, que allí fuera estaba sola, y que todos, otra vez, dependían de ella.