CAPITULO 7
― Amo―
― Si Lin―
En un claro en el bosque, Lin meditaba porque tenía que ir a vivir con la anciana Kaede, ella no quería ir a ningún lado en el que no estuviera el amo bonito.
― No quiero― Sesshômaru caminaba al frente, y se paró en seco al escuchar la negación de Lin.
― ¿Disculpa? ― Acaso sus oídos le estaban jugando una broma.
―No quiero― Si Sesshômaru creía que Lin era un ángel que nunca le iba a negar nada, pronto se daría cuenta de su error, Lin era tan terca como él un demonio.
―No quiero y no voy a ir―
―Si lo harás― Sesshômaru no salía de su asombro no podía creer que la pequeña niña que nunca le llevaba la contraria ahora se negaba a hacer lo que le ordenaba, le contestara de esa manera.
―No quiero― Y para asombro de todos se sentó en donde estaba y empezó a llorar a pleno pulmón, la cara de perplejidad de ambos demonios fue asombrosa.
Lin tendría aproximadamente 11 años y últimamente su olor había cambiado, su comportamiento ya no era el mismo que antes amanecía de malas y estaba huraña. Este era un cambio normal en las humanas, era la menstruación, pero ni Jaken y mucho menos Sesshômaru había estado con una mujer humana tanto tiempo como para saberlo. Al demonio ya lo había advertido Aome de que pronto entraría en la adolescencia y le había hablado un poco de ello, pero no se lo esperaba ni tan pronto ni así.
― Lin párate y vámonos de una vez― Sesshômaru no estaba seguro de que obedeciera pero no quería seguir los consejos que le habían dado Aome y Sango:
éntela
dejes que llore mucho tiempo o no va a parar
que duerma hasta tarde
mucha atención
la hagas enojar bajo ninguna razón.
átala como una reina
A Sesshômaru esos consejos se le hacían tontos e inservibles nunca había consentido a Lin, la niña nunca lloraba, dormía lo necesario (y de por si él ya pensaba que era mucho dormir 8 horas) siempre le hacia caso, nunca se enojaba y no iba a tratar a una niña humana que no tenia poderes como si fuera una reina, tal vez An-Uh lo hiciera pero nunca el Gran Sesshômaru se rebajaría a tratar a Lin como una reina.
―No― Lin cruzo sus pequeños bracitos sobre su pecho, frunció el ceño y no se movió pero ni un milímetro. Sesshômaru se acerco a ella, puso cara de enojado y dijo― Lin párate―
La niña no se inmuto y giro la cabeza para no verlo.
―Lin he dicho que te pares, no tengo tiempo para tus juegos infantiles― Sesshômaru empezaba a enojarse, miro a la niña y uso esa mirada que había derrotado ejércitos enteros inclusive antes de convertirse.
Lin giro lentamente la cabeza hasta que sus miradas se cruzaron, pero no se dejo intimidar por su mirada, en ese momento sus labios empezaron a temblar sus ojos se llenaron de lagrimas y esta vez las lagrimas no eran de enojo, sino de tristeza, Lin se abrazo fuertemente así misma y la primera lagrima empezó a caer, Sesshômaru veía como la lagrima caía lentamente, hasta que hizo contacto con su mejilla, y empezó a corretear por las rosadas mejillas de la niña, el corazón frio y de piedra de Sesshômaru sintió una punzada de algo que no reconocía, mientras veía caer las lagrimas de su pequeña.
― ¿Ya no me quiere amo? ― La pregunta salió de los rosados labios de Lin. Tartamudeando la niña se levanto y pregunto llorando.
― ¿Me quiere dejar con la anciana porque ya se arto de mi? ¿Ya no quiere que este a su lado amo? ¿Soy un estorbo? ―
Las lágrimas seguían cayendo, y Sesshômaru dejo que su instinto lo dominara, tomo a Lin en brazos y la abrazo a su pecho, la apacho y le susurro.
―Yo nunca me podría cansar de ti, pequeña― separo un poco su cara del cabello de Lin que olía a flores, le dio un pequeño beso en la frente.
―Siempre te voy a cuidar y a estar contigo Lin, pero ya eres una niña grande, y pronto serás toda una mujer, tienes que aprender cosas que yo no te puedo enseñar, y encontraras a un hombre con el que pasaras el resto de tu vida. ― Al decir esto último Sesshômaru sintió una punzada de celos, pero no quiso analizar el porqué.
―Pero yo quiero estar siempre contigo― Lin se acurruco entre los brazos y el regazo de su amo.
―No nena, eso no se puede― Sesshômaru había acunado a la pequeña Lin, y decidido esperar en ese claro hasta que se le pasara lo huraña y entendiera porque tenía que quedarse en la aldea.
Lin estaba en una cueva sentada, tenia frio, estaba angustiada y en lo único que su cerebro le permitía, era recordar los momentos en los que Sesshomaru había sido tierna con ella. Apenas llevaba unos minutos en esa cueva, pero la chica era claustrofóbica, estaba preocupada por su amo, la muchacha junto a ella estaba inconsciente y podía reconocer la mirada de lujuria en los hombres que las vigilaban, su ropa estaba desgarrada dejando ver todas sus piernas y su ombligo, tenia frio y las lagrimas corrían por sus mejillas de manera continua.
Un hombre gordo y feo, se acerco a las chicas, Lin jalo a Hazuki que a pesar de no llevarse bien, ambas preferían permanecer juntas. Pero el señor jalo a Hazuki, y otro agarró de la cintura a Lin la jalo hasta que ambas chicas se soltaron y las separaron, a Lin la llevaron a una habitación, la amarraron a una cama, la desnudaron y la dejaron ahí. Las lagrimas de Lin corrían por sus mejillas, se sentía humillada, usada y demás, nunca ningún hombre la había visto desnuda.
Mientras tanto en el claro del bosque...
El enojo de Sesshômaru era palpable a kilómetros de ahí, desprendía un aura de color negro y muy intensa sus ojos eran rojos cual sangre, las líneas de su rostro se ensancharon y sus garras salieron completamente. Su energía negativa podía ser visible por la obscuridad que lo rodeaba. Él empezó a caminar hacia la aldea para buscar a su amada Lin. Y vengarla.
Ah y de paso traer a la otra humana.
En ese mismo instante en la época moderna un muchacho de larga cabellera negra estaba sentado en una cama con una dulce chica en su regazo que dormía apaciblemente. El muchacho pensaba en la manera de mantener a salvo a su amada y a su hija, no quería que Kikio se vengara con ellas.
