Hola a todos, aquí un nuevo episodio. Gracias a vanessarugamas3 por sus reviews e invito a los demás que también lo hagan ya que se avecinan acontecimientos importantes y es donde más necesito de sus opiniones. Que disfruten la lectura:
Capítulo 7
Bulma, caritativa.
Vaya problema tuvo que afrontar Gohan una vez estaba de regreso en la Montaña Paoz. Cuando volvió eran las tres de la tarde aproximadamente; Milk lo esperaba sentada en la sala, con los codos sobre una mesa y las manos en el rostro. El niño trató de entrar con sigilo, pero el buen oído de su madre no se lo permitió. Cuando sus ojos hicieron contacto, el pequeño saiyajin se dio cuenta de que ella había estado llorando. Los tenía enrojecidos, decaídos y muy tristes. La punzada que el chico experimentó en el pecho fue inmediata, pero lo hecho, hecho estaba, como muchas veces intentó decirse en el camino de regreso.
Ella lo reprendió al instante, preguntándole si no se preocupaba por los sentimientos de su madre. Cada palabra que Gohan intentaba decir era ahogada por los gritos de su progenitora, a quien le temblaba la voz duramente y la mirada que desprendía estaba cargada de furia. El semisaiyajin se limitó a escuchar los numerosos regaños de los que fue víctima, crueles e inexorables; nunca, jamás en la vida había visto a su madre tan enfadada. Ella era una persona muy neurótica, como una vez oyó decir al maestro Roshi, pero es que en ese momento parecía otra persona. ¿Tan grave resultó el atrevimiento de irse así? ¿Por qué su madre lo protegía tanto? Gohan no dejaba de preguntarse eso. No lo entendía, luego de la batalla en Namekuseí, Milk cambió demasiado, demasiado. Si tan solo se diera cuenta de la realidad, de que no había ningún peligro; sin embargo, Gohan veía sencillamente imposible que ella recapacitara, así que, lamentablemente, su madre lo obligó a obedecer el castigo que se merecía. No saldría de la casa en toda una semana, tendría que pasársela estudiando en el transcurso de ese tiempo, y lo peor, ella le prohibió indiscutiblemente volver a la casa de Lime, aun sin conocer cómo era la niña y su familia.
Deprimido en su totalidad, Gohan subió a la habitación y se arrojó en la cama sin ganas de hacer nada. Ni siquiera tuvo fuerzas para escribir en el diario, solo quería dormir y deshacerse de aquel sentimiento de culpa, rabia y decepción. ¡Qué mal se sentía! ¡Justo cuando ya creía que la luz había llegado a su vida, nuevamente se interpone la oscuridad! ¡Ah, esa maldita oscuridad! ¡Cruel y desgraciada! ¿Qué clase de infancia era aquella? ¡¿Qué infancia de mierda era aquella?! Sin padre, sin amigos, acompañado únicamente por la soledad, con una madre melancólica y sobreprotectora que todo lo veía mal. ¿De qué servía haber regresado de Namekuseí si le iba a tocar vivir una vida tan desgraciada?
Ese era el pensamiento de un niño que tras una pequeña turbulencia, creyó que el avión se iría a pique.
En ese momento la rabia consumía el corazón de Gohan. No supo el instante en que comenzó a hacerlo, solo supo que de repente se encontraba revolcándose en la cama y sollozando. Los recuerdos lo estaban matando. Los saiyajin, la muerte de sus amigos, el viaje a Namekuseí, Freezer y su ejército, la lucha por las esferas del dragón, la llegada de su padre al planeta, la gran batalla, el poder aterrador del emperador galáctico, la sangre, la tortura, el sufrimiento, la muerte de Krillin, el Súper Saiyajin, la voz escalofriante de su padre gritándole ¡Ya no digas tonterías Gohan, quieres darme más problemas! El destello cegador cruzando todo el planeta Namekuseí, la muerte de Piccolo, la impotencia, el dolor que sintió al verlo morir, la desesperación de Bulma, la huida del planeta, la explosión gigantesca vista desde la nave, el rencor que desde ese momento sintió por la mujer de cabello azul, la vuelta a la Tierra, el terrible aviso de Kaiosama Goku derrotó a Freezer, pero no logró escapar y murió en la explosión de Namekuseí El llanto desgarrador, el sufrimiento de su madre, la tortuosa soledad, el nuevo camino a seguir, el fin de la leyenda de las esferas del dragón… Eran tantos recuerdos, tantas cosas que lastimaban. ¡Tantas! Y ahora, la mujer que le otorgó la vida le arrebata esa posibilidad de volver a ser feliz, ¡pero que injusto! ¡Maldita sea! ¡Carajo! Qué imposible resultaba no sentirse de aquella forma: aludido y dominado sin algún sentido que lo motivara. Él tan solo quería, anhelaba, deseaba a gritos no volver a sentirse solo. ¿Por qué tenía que escaparse la oportunidad de lograrlo? ¿Por qué? Y también… ¿cuál era la causa de que Lime se hubiera transformado en la única solución que él veía para darle sentido a su vida? ¿Era simplemente porque experimentaba una horrible sensación de soledad o había otra razón? Conocía a la niña a penas solo un día, ¿por qué tanto jaleo por ella? No lo comprendía, solo sabía que estaba sintiendo algo muy extraño y al ver que su madre no iba dejar que la volviera a ver, eso le provocaba mucha angustia. ¿Qué le estaba pasando? Él no era así, ¿qué demonios ocurría? Sentimientos encontrados invadían el corazón del chico, y aquella rabia e impotencia que en tales circunstancias sufría, no eran más que la primera y borrosa página de un oscuro libro cuyo villano y protagonista resultaban ser la misma persona.
Son Gohan se ahogó en las lágrimas, por lo que se sorprendió, en ningún momento entró su madre en la habitación, y estaba completamente seguro de que lo escuchaba. Esto incrementó el enfadó contra ella; no quería verla, no en ese momento. Tendido en la cama se durmió el hijo de Goku, luego de sollozar hasta el cansancio y sucumbir ante la oscuridad de un sueño pesado.
Horrible sería la pesadilla que posteriormente lo embargara, pero sobre todo muy extraña. Luego de dar un sinfín de vueltas sobre la cama, el niño se despierta en medio de la noche, rodeado por la oscuridad. Estaba aturdido, aun le parecía sentir un terrible dolor en el pecho, como si un rayo de energía lo hubiera traspasado por completo. El ulular de los búhos que volaban afuera se escuchaba escalofriante, y en su interior, Gohan sintió ganas de no volver a verse en un espejo jamás en la vida. A pesar de esto, no recordaba nada de la pesadilla. Pasó un par de minutos sentado, jadeando y frotándose la cabeza, pero luego volvió a dormirse. En el exterior, el viento soplaba con fuerza y la luz de la luna, que en su justo momento reconstruyera Kamisama antes de morir, provocaba sombras aterradoras en las paredes de la casa. Milk descansaba en su respectivo cuarto, vistiendo una bata y cubierta por las respectivas sábanas. Mientras madre e hijo dormían, el horrible aullido de un lobo se dejó oír en la tenebrosidad de la noche.
Al día siguiente Gohan se despertó muy temprano. Ya a la seis de la mañana el semisaiyajin tenía los ojos bien abiertos, solo que no se levantó de inmediato, permaneció acostado sin hacer nada, sin pensar en nada. Una hora más tarde, Milk le subió el desayuno, pero se hizo el dormido y la mujer colocó la bandeja en la mesilla, se mantuvo ahí por unos segundos y salió del cuarto. Cuando estuvo seguro de que su madre ya no estaba allí, el niño se levanta e ingiere el desayuno.
Por lo menos ya se encontraba un poco más tranquilo. Aún estaba dolido, pero el enfado ya le había pasado. No abrió los ojos ante su madre porque le daba vergüenza. Analizando la situación, ella era la que tenía razón. Bueno, en parte. Estaba en lo cierto cuando afirmaba que en el mundo existen personas desquiciadas y malvadas, por eso lo protegía tanto, pero fallaba al creer que Lime y su familia representaba un peligro. Triste, Gohan pensó en el rostro de la niña y se entristeció mucho más al pensar que ya nunca iba a verla. Para desahogar esto, luego de comer escribió en su diario. Fueron unas pocas palabras que le pudieron salir, melancolía danzando al ritmo de un lápiz, desilusión reflejada en el grafito de piedra.
07 de septiembre del año 767.
"Mamá se enfadó mucho conmigo porque me escapé de la casa para visitar a Lime. Ella no entiende y yo no puedo hacerla entender. Piensa que corro peligro ahí fuera, llegó hasta el punto de prohibirme volver a visitarla y me ha castigado por una semana. ¿Qué puedo hacer? Me siento muy triste y desilusionado. Ayer fue tan bonito: Lime y yo jugamos, ella me dijo que seríamos amigos para siempre. ¡No puedes imaginar, amigo diario, la felicidad que sentí al momento de escucharle esas palabras! Ahora, mamá ha de arrebatarme dicha alegría, ¡qué cruel! Anoche estaba tan enfadado que un montón de malos recuerdos revolotearon en mi mente, la cual, se sobrecargó en demasía produciéndome desasosiego y sumergiéndome en la profundidad de una oscura pesadilla. No la recuerdo, pero no sé por qué hoy tengo miedo de mirarme al espejo. ¿Qué me estará pasando? ¿Algún día podré ser feliz de verdad? Por los momentos, solo me queda estudiar, gracias al cielo que al menos eso me gusta, porque si no, creo que no lo soportaría. Ojalá que las cosas mejoren…"
7:00 horas.
Luego de leer las palabras escritas, cierra el diario en un golpe seco. Suspira, mira el techo suplicándole a nada con la mirada, luego la baja, entierra el rostro en la mesa y se mantuvo así; sin embargo, se incorpora bruscamente. Ahora tenía el ceño fruncido; volteó ligeramente la cabeza para observar un punto específico de la habitación: el rincón donde yacía un espejo grande y brillante.
¿Qué onda con ese temor a mirarse en aquel objeto?, se preguntaba Gohan, por lo que fastidiado se acercó y se colocó justo en frente para observar su reflejo. Sintió una pequeña sacudida, pero nada más eso; su expresión infantil era la misma de siempre, no existía el más mínimo cambió. Esa piel blanca, esos ojos azabaches, aquella mirada dulce e inocente, y los mechones de cabello que ocultaban parte de la frente. Son Gohan era el mismo niño desde que nació.
Permaneció unos momentos mirándose, callado, escuchando solamente su respiración. Al mirar por la ventana el pequeño experimentó nostalgia, afuera hacía un día increíble. Su lugar debía estar allá, en los campos de la Montaña Paoz, jugando con Lime corriendo y gritando. Se limitó a aceptar la dura realidad y terminó por ponerse a estudiar.
Gohan pasó tres días viendo letras y números. "¿Cuál era la raíz cuadrada de 1500?" "¿Si mezclas ácido clorhídrico con nitrógeno qué obtienes?". Milk parecía más contenta cada vez que entraba y lo veía completamente concentrado, y el niño ya le dirigía la mirada sin sentirse mal, incluso se dedicaban unas lindas sonrisas. Al tercer día, la mujer de pelo negro le dio un beso antes de salir y dejarlo estudiar tranquilo, pero como éste lo imaginó, ella no levantó el castigo. El semisaiyajin ya se sentía más feliz a pesar de no ver a Lime, esto se debía en parte a que disfrutaba de los estudios, pero la razón más poderosa es que tenía un buen presentimiento con respecto a la niña de cabello castaño. Estaba seguro de que la volvería a ver pronto.
Efectivamente, al mediodía del nueve de septiembre, Gohan escuchó que sonaba el teléfono. Dejó de hacer lo que estaba haciendo y se dispuso a oír cuando su madre respondió.
— ¿Hola? — Oyó decir a su madre — ¡Ah, eres tú Bulma! ¿Cómo estás?
— Bulma — Susurró Gohan esbozando una sonrisa. Así que era la mujer que le obsequió el diario, y a quien le profesaba un gran cariño luego de abandonar aquel rencor absurdo e inmaduro.
— ¿Gohan? — Volvió a oír decir a Milk. Al escuchar mencionar su nombre, aguzó más el oído — Está en su cuarto estudiando, castigado por aquella cuestión que te conté — La dureza pudo notarse en la voz de la mujer — ¿Qué? ¿Tienes que hablar conmigo? — Preguntó extrañada, Gohan hizo un gesto de sorpresa. ¿Qué tenía que hablar Bulma con su madre? — Sé a qué te refieres, y no quiero sonar descortés, porque tú eres una buena persona, pero déjame decirte que yo sé a la perfección lo que le conviene a mi hijo — Culminó firmemente. El semisaiyajin apretó los dientes sintiendo pena ajena, porque esas palabras le resultaron muy duras. Al analizarlas se ruborizó, todo indicaba que Bulma estaba tratando de ayudarlo. No se conformó con regalarle el diario y el bolso y ahora le brindaba apoyo. ¡Qué maravilla de persona era! Milk todavía no colgaba, pero no hablaba, tal vez la científica le estaba diciendo algo importante — Ay, Bulma, agradezco tu buena intención pero… — Continuaba diciendo, solo que en ese momento su voz sonó cansada. Hizo otra pausa larga y luego volvió a hablar — Está bien, puedes venir si quieres, pero no creo que logres convencerme — Finalizó para posteriormente colgar el teléfono. No se escuchó nada más.
El pequeño Gohan, hijo de Son Goku, no pudo seguir estudiando esa mañana por estar pensando en aquella inesperada llamada. ¿Cuál era el objetivo real de Bulma? ¿De qué forma iba a convencer a su madre de que levantara el castigo? Bueno, esto si realmente esas eran las intenciones que tenía. Terminando por ser la verdad, la admiración que Gohan sentía por ella se incrementaría, así como también el cariño. No estaba del todo seguro, pero tenía el ligero presentimiento de que Bulma, desde que hizo las paces con él, hacía todo lo posible por verlo feliz. No significaba eso que trataba de comprar su afecto, por supuesto que no, sino que ella lo quería mucho. Después de todo, gracias a su ayuda fue como regresó viva de Namekuseí. Ambos, fueron partícipes de iguales horrores.
En fin, para saber las intenciones de Bulma era necesario esperar. Tal vez iría ese día o el siguiente, de todas formas se encontraba muy impaciente. Comenzaron a pasar las horas y ningún rastro de la científica. Llegó la tarde, el sol era una enorme bola anaranjada que cubría el horizonte. Finalmente atardeció y la noche se hizo presente en un abrir y cerrar de ojos. Gohan tuvo que seguir estudiando hasta que sus ojos ya no pudieron mantenerse abiertos. Aquel día había sido el más aburrido de toda su vida, tanto, que pasó volando y en lugar de horas parecieron minutos. Nuevamente, el semisaiyajin estaba inmerso en el mundo de los sueños.
El diez de septiembre habría de transformarse en un día muy especial. A penas rondaban las ocho cuando un avión aterrizó en el patio de la casa de los Son. Bulma salió de él, sonriente y tan bella como siempre. Milk la recibió con amabilidad, mientras Gohan se asomaba discretamente por la ventana. Una vez supo que entraron, no dudó ni un segundo en salir corriendo del cuarto para ir a saludarla. La mujer de cabello azul dibuja una hermosa sonrisa en su rostro cuando advierte que el niño se le acerca y la recibe con un acalorado saludo.
— ¡Bulma! ¡Qué bueno que hayas venido! — Gritó jubiloso. Los ojos del niño resplandecían cual estrellas en el maravilloso cielo de verano. Bulma le dedicó una tierna mirada y apoyando ambas manos en las rodillas se inclina para responderle el saludo.
— Gohan — Añadió cerrando los ojos en una linda expresión — ¿Cómo te ha ido? No me respondas, sé que en los últimos días te la has pasado estudiando todo el tiempo — Al decirlo, se acerca hasta el niño para susurrarle algo al oído, a la vez que miraba a Milk de reojo, quien tenía los brazos cruzados y un gesto de censura —Tu madre es muy estricta y dura contigo, voy a tratar de convencerla para que te levante el castigo, porque es algo que no mereces ¿sí? — Habló en voz muy baja. Milk estaba muy, pero muy seria, tanto que volteó para otro lado.
— ¿De verdad, Bulma? — Gohan le preguntó usando el mismo tono de voz — Pero ¿cómo vas a hacerlo? Mamá jamás cambia de opinión, ella me cuida mucho y piensa que corro peligro ahí fuera.
— Tú no corres peligro alguno, eres el niño más fuerte del mundo — Lo alagó la peli azul — Deja todo en mis manos, confía en mí, persuadiré a Milk de que te permita volver a visitar a tu nueva amiga. No te preocupes.
— Realmente lo veo muy difícil, pero muchas gracias de todas formas Bulma — Alegó Gohan en gesto triste. Bulma le coloca la mano en el hombro y le guiña un ojo, así que no el niño no ocultó una tierna sonrisa.
— Ya verás que todo va a resultar muy bien; de hecho, los dos resultarán beneficiados, hablo de Milk y tú.
— ¿Por qué lo dices? — Interrogó el hijo de Goku.
— Bueno, es sencillo, si tú eres feliz entonces…
— ¡Oigan! — El gritó histérico y repentino de Milk los asustó a ambos. Bulma casi se cae y abraza a Gohan — ¡¿Se olvidaron de que estoy aquí?! — Cuestionó mientras zapateaba y los miraba amenazadoramente — ¡Gohan, ve a tu cuarto a estudiar y no salgas hasta que yo lo diga! ¡Es una orden! — Le ordenó señalando la puerta de la habitación.
— Pero, mamá…
— ¡A tu cuarto! — Esta vez gritó con más fuerza. Gohan sintió que todos los vellos de su piel se erizaban y no dudó en acatar la orden. Subió rápido a la habitación, no sin antes mirar a Bulma. Ella vuelve a guiñarle un ojo y le susurra Confía en mí El joven le sonríe y desaparece por detrás de la puerta.
¿Cómo iba a hacerle Bulma para persuadir a su madre?
Esa era la pregunta del millón. Gohan no aguantaba la incertidumbre, estaba muy nervioso y ansioso. Así no podía estudiar, por supuesto que no. Se recostó en la puerta y suspira largamente, cansinamente; sus ojos se reflejaban suplicantes, sin mirar otra cosa más que el techo. Trató de escuchar de qué hablaban pero resultó inútil, no se escuchaba nada. Supuso que se habían ido a la cocina o a la habitación de Milk. No tenía más remedio que esperar, quien sabe cuánto tiempo se demoraría Bulma en convencer a su madre, o cuánto tardaría ésta en hacerle entender a la científica que su intención era completamente inútil.
El diario que la misma persona que ese día se encontraba en su casa le regaló, era el único instrumento que le servía para controlar la emoción y matar el tiempo. Con sus infantiles manos, Gohan se arma con el lápiz y abriendo el gran libro que en realidad parecía enciclopedia, pues se caracterizaba por tener centenares de hojas, escribe la fecha de ese día e inmortaliza las palabras que en su mente no eran más que pasajeras, frágiles y muy fáciles de olvidar, perdiéndose para siempre.
10 de septiembre del año 767.
"Como ya lo imaginaba, hoy vino Bulma a mi casa. Me dijo que no me preocupara pues ella va a convencer a mamá de que me deje ver otra vez a Lime. En estos momentos se encuentran hablando, yo estoy en mi habitación esperando a ver qué sucede. Ojalá y todo resulte bien, pues la verdad, Bulma es una gran persona al ofrecerme su ayuda, que no debe ser en vano. El tiempo que hace afuera es nublado, por lo que puedo ver en la ventana. Qué raro que el Gran Dragón no ha vuelto a visitarme, hace bastante que no lo disto por aquí, al menos con su presencia mis horas no serían tan aburridas. ¡Es cierto! ¡Si Bulma tiene éxito, se lo mostraré a Lime! De seguro que se sorprenderá mucho y quedará fascinada por su espécimen. Awww… ¡Tengo tantas cosas que mostrarle a ella! ¡Incluso puedo llevarla a casa del maestro Roshi! ¡También le gustará mucho la tortuga! Además, el ambiente de ese lugar es muy tranquilo y bonito. Me preguntó si a Lime le gustará la playa. Bah, ¿pues a quién no le va a gustar? Jajaja. Lime es de esa niñas que sienten atracción por lo fantástico. Es la primera vez que conozco a alguien como ella…
Se detuvo en esa plantilla. El lápiz yacía en el aire y temblaba por efecto de la mano. Gohan fruncía y el ceño y tenía un expresión muy pensativa. Luego de permanecer así por un minuto, sigue escribiendo.
¿Por qué…? ¿Por qué me siento tan extraño cada vez que pienso en Lime? ¿Cómo fue que ella se transformó en una persona tan importante para mí en tan poco tiempo? Aun no lo entiendo del todo…"
10:23 horas.
Lime, sí, ese nombre se había adherido a su mente como pegamento extra pesado. La sensación tan rara que experimentaba cuando pensaba en su rostro, su cabello, sus ojos y su tierna sonrisa, eso no lo podía explicar. Era la primera vez que esto sucedía, aquel sentimiento parecía intensificarse con cada minuto que pasaba, con cada instante que estaba lejos de ella. Quería verla, no podía esperar a hacerlo, necesitaba estar a su lado, jugando como el otro día: junto al arroyo, la naturaleza entera como su patio de juegos, el canto de las aves, la hermosa sonrisa de la niña que de tan solo recordarla le provocaba tanta felicidad. ¿Qué estaba pasando en realidad? ¡Estaba loco por verla otra vez! ¡Si no lo hacía pronto sentía que iba a morir!
"Creo que ya me estoy volviendo loco. El tiempo que pasé en Namekuseí debió afectarme; será mejor que deje de pensar en cosas que no tienen sentido"
10:25 horas.
El niño asiente con mucha firmeza. Desde luego, no iba a permitir que su mente se llenara de pensamientos que en ningún momento venían al caso. Lime representaba una buena oportunidad para salir de aquella rutina tan aburrida, solo eso y nada más. Realmente, tener amigos que poseyeran la misma edad que él se sentía muy bien, tal vez por eso la misteriosa sensación al pensar en su nueva amiga. Exacto, tenía que ser eso.
Gohan se propuso a que esa idea se le grabara permanentemente en la cabeza.
El tiempo restante, Gohan se la pasó meciéndose en la silla y mirando la ventana. No había ningún rastro de luz solar, todo estaba nublado y el cielo adquiría un deprimente color gris. A pesar de esto, el viento que penetraba tan hermosamente en el cuarto hacía que el semisaiyajin se relajara y cerrara los ojos… Aspirando el aire de gloria, llenado su cuerpo con la vida propia de la Montaña Paoz… Quería dormirse para siempre, esas ganas lo invadieron hasta dominar el más minúsculo átomo de su ser. No entendió por qué, pero deseaba dormirse y, al despertar, todo aquello haya sido una mala pesadilla, que al abrir los ojos, su padre y todos sus amigos se encontraran con vida.
— "No puede ser, aún sigo pensando eso" — Pensó. Sonríe tristemente, a punto de permitir que los párpados cayeran, pero algo no lo dejó. El grito de su madre hizo que se exaltara y brincara de la silla, aun sentado en ella. Extasiado, el niño voltea y oye que el llamado provenía desde abajo. Tal vez ya habían terminado de hablar, por lo que el semisaiyajin se levanta de la silla y sale por la puerta bajando veloz por las escaleras.
En la sala esperaban Bulma y Milk. La esposa de Goku estaba sentada en un mueble, de brazos y piernas cruzadas y un gesto de no estar muy convencida. Bulma, en cambio, yacía de pie en medio del lugar, tenía una radiante sonrisa en el rostro y cuando vio que Gohan bajaba no dudó en acercársele.
— Bien, querido Gohan, tú vas a venir conmigo — Vociferó la mujer de pelo azul y prodigiosa inteligencia. Al escuchar eso, el otro hace un gesto de extrañeza sin entender a qué se refería — No pongas esa cara — Alegó con una risita — Te digo que iremos al pueblo donde vive tu amiga Lime. Vamos, no debemos perder tiempo.
Gohan no podía creer lo antes oído. Sus ojos se abrieron de par en par y se quedó viendo a Bulma con gesto perdido.
— ¿Qué? ¿De verdad? ¿Lo dices en serio, Bulma? — Le preguntó incrédulo.
— ¡Por supuesto! ¡Vamos hombre, no es para tanto! — Se ríe de nuevo Bulma.
— Pero ¿cómo le hiciste para…?
— En el camino te cuento — Añade, y de imprevisto, agarra al niño por la mano y lo arrastra fuera de la casa.
— ¡Espera, Bulma! ¡Quiero saber cómo…! — Decía Gohan intentando zafarse, pero ya se encontraban afuera y se dirigían hacia el avión. Milk los siguió de inmediato, todavía no quitaba esa expresión de duda en su semblante.
— Aun no estoy muy segura de esto — Dijo seriamente — Ya sabes, Bulma, tienes que verlos bien.
— Tranquila, Milk, te darás cuenta que Gohan tenía toda la razón — Al decirlo se monta en el avión junto al semisaiyajin, quien no podía ocultar su confusión — Volveremos rápido, no te preocupes por nada del mundo, esto es por los dos — Sin mediar otra palabra, arranca los motores del avión y éste se eleva en el aire. Gohan no tuvo tiempo ni siquiera de despedirse, en un instante ya se encontraban surcando el paisaje — Muy bien, el pueblo de esa niña está situado al norte de aquí, ¿no? — Preguntó Bulma a su compañero.
— Eh… sí — Gohan responde en un titubeo. No podía entender aquella actitud tan interesada por parte de la científica.
— Es un pueblo campestre, ¿no? Me avisas cuando esté a la vista — Añadió con la vista fija hacia el frente y ambas manos firmemente sujetas al volante. Gohan asiente y también mira adelante; aunque el avión era rápido, no lo era más que él cuando volaba, por lo tanto, tardaría un poco más en llegar.
La situación resultaba bastante extraña, eso era más que innegable; sin embargo, Gohan estaba muy agradecido con su amiga Bulma por tener tanta consideración para con su persona. No dejaba de mirarla; aquel misterio en el rostro de la mujer, ¿qué se ocultaría detrás de esa mirada, bajo esa sonrisa cargada de hermosura? Para un niño como él, una persona como ella era un imán que atraía la curiosidad. ¿Qué verdad se esconde bajo aquella dulzura y amabilidad? Después del viaje a Namekuseí, Bulma se había convertido en una persona misteriosa e interesante, el rencor que el semisaiyajin le profesó, eso había impedido que se diera cuenta de esta circunstancia. Aquel día por fin lo supo.
— Oye… Bulma… ¿Por qué haces esto? — Pregunta el pequeño semisaiyajin con mucha curiosidad. La incógnita se ganó la atención de su interlocutora. Ella le dirige la mirada, con ese rostro radiante de alegría, aunque Gohan advierte que aquella sonrisa dulce y tranquila, ahora lucía un poco triste.
— No es complicado, Gohan. Como bien sabes, conocí a Goku cuando yo tenía dieciséis años. Él apenas era un niño, tan inocente, no sabía nada del mundo, o tal vez la que no sabía nada era yo — Bulma dejó de sonreír. Su voz sonaba triste, pero de inmediato vuelve a dibujar una sonrisa. Gohan escuchaba atentamente — Mi vida se transformó cuando conocí a ese joven raro y con cola — La mujer se ríe. Luego suspira y observa el techo del avión — Las esferas del dragón, no hubiera podido reunirlas si tu padre no estaba conmigo. Él me salvó el trasero en muchas ocasiones, y gracias a su misteriosa habilidad para hacer amigos, pude conocer a Yamcha. Toda mi vida se la debo a Goku.
La velocidad del avión había disminuido. De hecho, Bulma lo hizo a propósito. La voz que la mujer articulaba se oía tranquila, pero a la vez triste y llena de melancolía. Sonriente y apunto de derramar una lágrima, ella recordaba aquellos maravillosos momentos que vivió junto al mejor amigo de toda su vida. Ese montón de aventuras fantásticas las guardaba en lo más profundo del corazón. Luchaba por olvidarlo todo, pero no podía, inevitable era no extrañarlo demasiado. Para tranquilizar dichos sentimientos, que eran tan profundos, Bulma velaría por el futuro del hijo de aquel hombre que tan feliz la hizo. Ella, se encargaría de que fuera feliz.
— ¿Te preguntas por qué hago esto por ti? — Volvió a decir — Muy fácil: no pude evitar la muerte de mi mejor amigo, pues entonces… he de asegurarme que su hijo sea feliz en la vida. Quiero que no sufras, Gohan. Así estaré tranquila.
— Oh, Bulma… — Gohan no sabía que decir. Estaba atenuado. El nudo que la garganta le apretaba era tan fuerte que lo obligó a cerrar los ojos. Quería llorar y abrazar a Bulma como el otro día. No lo hizo, simplemente la miró, sonrió tan ampliamente como pudo y asiente con la cabeza. No corrió el llanto a través de sus mejillas, no se quejó ni se lamentó porque ambos estaban sufriendo; aquella expresión en el hijo de Goku era más que suficiente para entender lo orgulloso que se sentía. Las palabras de Bulma le habían otorgado una fuerzas tan grandes que en ese instante se sentía capaz de lograr todo lo que se proponga. Su corazón palpitaba dulcemente en una sensación particularmente hermosa, y al borde de las lágrimas solo pudo agradecerle — Gracias… Bulma — Dijo, y mira al frente.
— Gracias a ti, Gohan.
Era verdad, tenía que luchar por la felicidad. Ese era el principal objetivo de su vida. La negatividad y pesimismo que días antes sintió, no eran más que el enemigo que debía enfrentar.
— Pero… Bulma, dime cómo hiciste para convencer a mi mamá — Le dijo en forma de súplica.
Bulma se ríe.
— ¡Ah! ¡Pues eso también es muy fácil! — Esta vez Bulma sonó más alegre — Verás, solamente le dije que ella no gana nada al limitarte de esa manera. Tienes derecho a tener amigos, igual que todo niño. Actuando de esa manera, tu madre está provocando que seas infeliz y si lo eres, lógicamente ella también, porque eres su hijo y te quiere mucho. No hay razón para preocuparse ya que eres muy fuerte, y le dije que vendría personalmente contigo a ver qué tal son esas personas. Si me parece que así es, hice que aceptara que ellos la visitaran. Así se dará cuenta de que tú tenías razón.
— ¿Qué? ¿Dices que invitarás a la familia de Lime a mi casa? — Gohan se sorprendió demasiado, no esperaba aquella revelación. Así que esa era la razón por la que Bulma lo había acompañado. ¡Era increíble! ¡Lime iría con él a la Montaña Paoz! Emocionado, Gohan mira por la ventana para ver cuánto faltaba por llegar. Premio grande a su espera, la Aldea Chazke ya se asomaba a través de las Montañas — ¡Ya estamos llegando, Bulma!
— Ah, vaya — Añade inclinándose un poco — Esa es la aldea de Lime, ¿no?
— ¡Sí! ¡Esa es! — Exclama el semisaiyajin impaciente, por lo que Bulma no pudo evitar sonreír al ver la ternura del chico.
— ¡Te emocionaste de pronto! — Se rio la científica — Muy bien, aumentemos la velocidad y lleguemos rápido.
No lo dijo en vano. Bulma aprieta un botón y el avión avanza a mil por hora. Incluso Gohan, por encima de su fortaleza, se vio obligado a sujetarse para no chocar contra el parabrisas, mientras le indicaba a su compañera en qué lugar vivía Lime específicamente. En menos de un minuto ya se encontraban llegando al pueblo, por lo que disminuye la velocidad, y el corazón de Gohan ya palpitaba cual animal salvaje encerrado en un barril. No podía esperar para ver a Lime. Esa es la verdad.
Aterrizaron, el viento se alborotó cuando lo hacían. La gente de la aldea comenzó a salir de sus casas al momento de escuchar aquel escándalo. Unos tenían expresión de asombro, otros de miedo y algunos de disgusto. Varios se acercaron con gesto de curiosos, mientras en el interior de la máquina Gohan y Bulma se disponían a salir.
— Pero ¿qué pasa aquí? ¿Qué es todo esto? — Se escuchaba que alguien decía. Mr. Yorihawa acababa de cruzar la puerta cuando observó que llegaba el avión. Al distarlo quedó asombrado — ¡Vaya! Pero ¿y esta cosa? ¿Un avión en mi casa? ¡Esto sí que es de antología! — Se dijo con los ojos abiertos por la impresión, pero al ver que una persona conocida se bajaba del artefacto, frunce el ceño — ¡Ah! ¡Pero si se trata del joven maravilla!
— ¡Hola, señor Yorihawa! ¿Cómo está? — Saluda Gohan. El otro sonríe y le tiende la mano para saludarlo. El niño hace lo mismo y ambos estrechan manos.
— Gusto en verte, chico — Vociferó sonriendo de medio lado. Era una sonrisa socarrona y un tanto sínica, pero a Gohan no le importó. Estaba tan feliz que nada podía perturbarlo. No disimuló al observar hacia todos lados buscando a Lime con la mirada.
Bulma se coloca detrás del niño ganándose la atención de Mr. Yorihawa.
— Oh vaya, ¿y a quién tenemos aquí? — Preguntó sin dejar de sonreír.
— Mucho gusto, señor — Dijo Bulma cortésmente — Mi nombre es Bulma Briefs, soy amiga de Gohan.
— ¿Bulma Briefs? ¿La hija del dueño de la Corporación Cápsula? — Interrogó de nuevo, pero esta vez con asombro. Parecía que estaba viendo una celebridad. Gohan casi deja salir una carcajada a la ver la expresión del hombre, pero se contuvo. Por debajo de ambos individuos advirtió que Sidonia, la madre de Lime, salía de la casa, y tras de ella venía aquella persona que tanto deseaba ver.
— ¡Lime! — Gritó a todo pulmón.
— ¡Son Gohan! — Ella hizo lo mismo.
Entonces el par de niños corren el uno hacia el otro, sus rostros radiantes de felicidad. Al terminar de acercarse, Lime se arroja a cuerpo completo encima del semisaiyajin. Los dos caen al suelo de inmediato. Gohan estaba extenuado, miraba directamente los ojos verdes de la niña y sonríe a pesar del inesperado recibimiento. Una fuerte carcajada alcanzó a oírse, proveniente de Sidonia.
— ¿Dónde estabas? ¿Por qué no habías venido? ¡Me sentía muy triste! — Exclamaba con mucho ánimo. Gohan se encontraba sorprendido y los demás reían, con excepción de Mr. Yorihawa, el cual los miraba con una expresión de seriedad.
— Bueno… yo… pues yo… — La voz del niño temblaba, estaba perdido en la mirada de Lime, en aquellos ojos verdes que lo hipnotizaban, y aquel rostro inocente que lucía tan, pero tan feliz. Era hermoso lo que eso le hacía sentir. Ella era hermosa, pequeña, pero hermosa, nunca antes había visto algo tan bello justo en frente de sus ojos. La sonrisa nerviosa que se desfiguraba en los labios del chico, poco a poco fue transformándose en una más sincera y tierna. Sus dos luceros azabaches se fusionaron con los Lime, brillando con mucha dulzura, y el tiempo se detuvo, el suelo sobre el cual reposaban pareció desintegrarse. Ahora volaba… Volaba sin detenerse, sobre las nubes.
— Ya, ya Lime, deja respirar al pobre muchacho — La reprendió su madre levantándola con delicadeza. Gohan permaneció en el suelo mirando el cielo gris, hasta que Bulma también lo ayudó a reincorporarse. Fueron necesarios unos cuantos segundos para que el hijo de Goku regresara al mundo real.
— Lo siento — Se disculpó Lime con la mano en la cabeza, un ojo cerrado y la lengua afuera. Gohan rio nerviosamente.
Sidonia advirtió la presencia de otra persona en ese lugar, por lo que se dirigió a Bulma:
— ¿Y a quién debo esta visita? — Pregunta amigablemente la madre de Lime. La científica estaba a punto de responder cuando Mr. Yorihawa se le adelantó:
— ¿A que no sabes quién es ella? — Añade el hombre acercándose a su cónyuge — ¡Bulma Briefs! ¡La hija del dueño de la Corporación Cápsula!
Sidonia abre los ojos sin ocultar una gran sorpresa, y al igual que su esposo unos instantes atrás, se queda viendo a Bulma maravillada. Ésta se limita sonreír e inclina la cabeza en gesto de saludo.
— Es un placer conocerlos, así que ustedes son los padres de Lime — Dijo Bulma amablemente — Y también… ella es la pequeña Lime ¿no? — Se dirige a la niña y le acaricia el cabello, mientras ella se ríe un poco — Ya imaginaba que eras una niña muy simpática. Un gusto, pequeña, mi nombre es Bulma, espero que nos llevemos muy bien.
— Lime, saluda a la señorita, no olvides los modales que te enseñamos en esta casa — Al ver que la niña no hablaba, Sidonia la reprende con cierta dureza, por lo que Lime se coloca en una posición muy firme e inclina todo el torso para saludarla.
— Mucho gusto, señorita Bulma Briefs.
— Así me gusta, cariño — Acota Sidonia — ¿Y a qué debo tan honorable visita?
Bulma carraspeó, miró a Gohan y luego a Sidonia. El semisaiyajin y la niña de cabello castaño se dedicaban miradas de ternura.
— Bueno, trataré de ser breve… — Comenzó a hablar, pero otra vez la interrumpen.
— ¡Pero que descortés soy! — Exclamó Sidonia muy apenada — ¡Pasen! ¡Pasen a nuestra casa!
— Oye Son Gohan, ¡vamos a jugar! — Le propuso a Lime muy jubilosa. Su amigo iba a aceptar, solo que Bulma lo llamó para que también entrara a la casa, ya que el asunto a tratar urgía la presencia de los niños.
Entonces, penetraron en la casa, aunque los infantes no estaban del todo convencidos. Como era de esperarse, el ama de casa ofreció a las visitas sus respectivos aperitivos. Bulma se encontraba un tanto sorprendida por la extraordinaria amabilidad de aquellas personas; bueno, por la cortesía de Sidonia, pues Mr. Yorihawa no mediaba palabra desde hace un rato y yacía recostado en la pared, escuchando con atención la conversación de las mujeres. Bulma fue directo al grano y le explicó sus intenciones allí: la situación que abordaba a Gohan respecto a su madre, motivo por el cual no había regresado a Aldea Chazke durante tres días. Utilizando palabras adecuadas para que ellos lo entendieran, la científica puso sus cartas en la mesa. Tan solo quería que, si fuera posible, ellos aceptaran ir con ella a la región 439 del oeste, específicamente en la Montaña Paoz, solamente eso. La razón era muy simple: deseaba que su querido Gohan consiguiera la felicidad al consolidar su amistad con la pequeña Lime, y, si también hubiera la posibilidad, surgiera una amistad más grande entre ambas familias, en cuyo seno se incluía la misma Bulma, pues ella se consideraba un familiar de los Son.
— Verán ustedes… — Decía Bulma — solo quiero que la madre de este niño… — Prosiguió refiriéndose a Gohan — se tranquilice y deje de pensar que él corre peligro aquí. Ella es muy sobreprotectora, naturalmente, y tiene un carácter muy fuerte. Ahora que los veo, ustedes parecen buenas personas, si vienen conmigo de seguro que ella entrará en razón. Se los pido por favor, Gohan necesita compañía, no saben por las cosas que él ha pasado… Sé que no es su obligación, pero…
El rostro de Bulma lucía un poco triste, mientras acariciaba los mechones azabaches de Gohan y éste tenía la mirada baja. Lime no dejaba de mirarla, Sidonia escuchaba con una expresión de compasión, Mr. Yorihawa tenía los ojos cerrados y los brazos cruzados.
— Por supuesto que no es obligación nuestra — Masculló el individuo. Bulma no dijo nada.
— ¡Fukoshi! — Exclama la mujer indignada — ¡¿Cómo puedes decir eso?!
— Porque es la verdad —Continuó con frialdad.
— ¡No puedo creerlo! ¡Sabes muy bien lo que Gohan hizo por nuestra niña! ¡Es obligación de nosotros brindarle apoyo!
— Señora, no se preocupe, nosotros entendemos la decisión del señor, que es más que justificada, pues somos unos completos desconocidos — Se retractó Bulma; sin embargo, la madre de Lime le coloca la mano en el hombro y le sonríe. Luego llama a Lime para que se acerque. Ella obedece y se sitúa junto a su progenitora, quien pasa el brazo a través de la espalda de su hija.
— Ustedes son los que no deben preocuparse — Añade dulcemente — Ese niño que está a su lado… salvó la vida de mi hija, y eso por siempre voy a recordarlo. Es el pequeño más excepcional y tierno que he conocido, gracias a él… mi niña por fin tiene un amigo de verdad y me regocija verla tan feliz.
— Entonces ¿acepta? — Dijo Bulma sonriente. El asentimiento de su interlocutora le anunció que así era. Sidonia había aceptado ir con ellos a la Montaña Paoz, por lo que Gohan dibuja una sonrisa de oreja a oreja, y Lime, como si la respuesta afirmativa de su madre hubiera sido un interruptor, vuelve a arrojarse contra el semisaiyajin, sola que esta vez se limita a abrazarlo fuertemente. El chico le corresponde con timidez.
— Ay, los niños, ellos no se preocupan por nada — Vocifera Sidonia con amor, ganándose una mirada exhaustiva de Gohan, cuyo pensamiento inmediato fue "Usted se equivoca…".
La felicidad se apoderó de los allí presentes, menos de uno. Fukoshi Yorihawa, como era el nombre del progenitor de Lime, se veía triste y pensativo. Algo muy profundo estaba sintiendo en el corazón, resultaba obvio pensar que se encontraba muy preocupado. Lamentablemente nadie advirtió esto, pues en tales momentos, Bulma y Sidonia cotorreaban, y Gohan y Lime retozaban.
— Entonces ¿vamos? — Le preguntó Bulma a la madre de la niña, que hace un gesto afirmativo. Todos salen de la casa, pero Mr. Yorihawa se queda en el marco de la puerta. Su esposa advierte esto y voltea de inmediato, viéndole confundida.
— ¿No vienes, cariño?
— No… tengo algunas cosas que hacer, vayan ustedes, espero que la pasen bien — Añade el hombre fingiendo una sonrisa. Sidonia no le quitó la mirada de encima por unos segundos; Bulma esperaba un reproche por parte de la mujer, pero fue lo contrario.
— De acuerdo, nos vemos en la tarde — Dijo, y luego vuelve al lado de Bulma.
En ese momento, la científica advirtió que el padre de Lime inspiraba un cierto deje de desconfianza. No entendía por qué, tal vez eran cosas suyas, pero detrás de aquel rostro tan varonil se ocultaba algo oscuro, por lo que supo al instante que el señor Yorihawa no era alguien de quien se pudiera fiar. Lo mejor era andar con mucho cuidado mientras se estaba en compañía de aquel individuo. De todas formas no iba a contarle a Milk su opinión con respecto a él, esto solo le provocaría preocupación a la madre de Gohan, después de todo, Sidonia resultó ser una mujer bondadosa y dulce, lo cual la tranquilizaba un poco.
Lime y su madre montaron el avión, seguido de Gohan y Bulma, quien tomó el volante y no esperó a encender los motores para elevar el artefacto sobre los aires. Sidonia lucía algo incómoda, entonces Bulma le sonríe como tratando de decirle que no se preocupara. Por otro lado, Lime miraba con ojos de infinita curiosidad todos los rincones del avión, estaba enormemente feliz, provocando que Gohan sonriera tiernamente. Ya no podía contener aquella emoción tan grande, la gigantesca felicidad que sentía, porque para él, tener una amiga como Lime significaba el más grande tesoro del mundo. Se preguntaba: ¿qué hubiera pensado su padre de aquello? Conociéndolo bien, seguramente trataría a la pequeña niña con aquella inocencia y amabilidad que siempre adoró en su progenitor. Bueno, eso, hasta que lo vio transformarse en un guerrero de cabello rubio cuya ira y tan solo presencia inspiraban el más profundo de los temores.
— ¿Cómo te sientes, Lime? — Interrogó Bulma mientras el avión emprendía su rumbo hacia el sur de la aldea.
— ¡Muy feliz! — Respondió con alegría — ¡Ya quiero ver cómo es el lugar donde vive Son Gohan!
— Te va a encantar, ¿y usted cómo se siente, Sidonia?
— Bueno… algo apenada — Vocifera la mujer con sinceridad. Tenía la mirada baja y sonreía tímidamente.
— ¡Vamos! ¡Siéntase en confianza! ¡Nosotros somos personas muy amigables!
— Jamás pensé que el pequeño Gohan tuviera amistades de tanta importancia como usted.
— Oh por favor, me halaga con esas palabras — Añade Bulma sintiéndose en grande — En realidad, yo fui una gran amiga del padre de este niño antes de que él muriera.
Sidonia y su hija se sorprenden por las palabras de Bulma.
— ¡Oh, no lo sabía! — Fue lo que pudo articular la madre de Lime.
— Son Gohan, lo siento mucho, pero no te preocupes, ¡yo seré como tu padre, tu madre, tu hermana, tu hermano, tu mejor amigo, tu mejor amiga y todo al mismo tiempo! — Lime exclama muy decidida y abraza a Gohan por el cuello, quien por primera vez, no se sentía mal cuando el tema de su padre salía en una conversión. La presencia de aquella niña y sus palabras le brindaban mucha fortaleza, por lo que estar triste en ese momento era prácticamente imposible.
— Lime, por favor, ¡qué cosas dices! — Dijo Sidonia y todos, incluyéndola a ella, se rieron.
— "Gracias papá" — Fue el pensamiento de Gohan, mientras observaba hacia arriba con los ojos brillosos y una gran sonrisa en el rostro. Estaba seguro de que había sido su padre, igual a un ángel guardián, el que puso a Lime en su camino, por lo que siempre estaría agradecido con él, allá, en las alturas.
El camino a la Montaña Paoz fue más que placentero, nadie habló demasiado, pero el solo hecho de estar ahí resultaba muy confortable. Ya se encontraban en la región 439 del oeste y la pequeña Lime, como era de esperarse, no dejaba de mirar por la ventana, extasiada por el hermoso paisaje. Gohan hacía lo mismo, muy nostálgico, pero feliz, tan alegre como nunca. La única vez que se sintió más contento fue aquel momento en Namekuseí, cuando todos creyeron que el tirano Freezer había sido derrotado por la Genkidama, para que luego el emperador galáctico resurgiera de las profundidades marítimas destruyendo por completo aquella hermosa felicidad. ¡Qué terrible, doloroso y aterrador momento!
— ¡Son Gohan, que lindo es el lugar donde vives! — Lo sacó Lime de sus pensamientos. El chico le responde con un hermoso asentimiento, ganándose una extraña mirada por parte de Bulma. Gohan se dio cuenta y no pudo evitar sentir un raro calor en el rostro. La científica le miraba con una sonrisa de picardía. Esto lo incomodó.
— "Bulma, ¿por qué me miras así?" — Pensó mirando de nuevo hacia afuera.
— "Ay, querido Gohan, veo que no te has dado cuenta, pero tu corazón es humano al fin, solo que tu mente llena de inocencia no te ha permitido enterarte de lo que está sucediendo. Eso es lindo, pronto lo sabrás" — Pensó Bulma a su vez, sonriente.
Llegaron a la casa de los Son, donde Milk esperaba impaciente el regreso de su adorado hijo. Una vez escuchó que el avión aterrizaba, salió al patio. Todos bajaron y entonces la mujer vio por vez primera a la pequeña Lime, así como también a la madre de la niña. El gesto de seriedad que la viuda tenía en el rostro provocó temor e incomodidad en las dos visitantes, afortunadamente, Bulma se situó al lado de Milk poniéndole la mano en el hombro. Gohan estaba muy nervioso.
— ¿Así que tú eres Lime? — Preguntó la mujer seriamente y con las manos en la cintura.
— ¡Sí! ¡Mucho gusto señora! — Lime hizo el mismo gesto que cuando saludó a Bulma. Milk arqueó las cejas.
— Se ve que te han educado bien, eso es bueno — Dijo sin cambiar el semblante. Gohan reía nerviosamente y con la mano detrás de la cabeza — ¿Usted es la madre de la niña? — Se dirigió a Sidonia, quien no dudó en extenderle la mano para saludarla.
— Así es, es un placer, quiero felicitarla por tener un hijo tan maravilloso — La progenitora de Lime tenía una expresión más que amigable. Milk correspondió el saludo y estrechó su mano, para luego dirigir la vista hacia Bulma y hablarle con la mirada. Ella le sonríe asintiendo y la otra vuelve a hacer un gesto, como indicando Bueno, si así te parece Entonces medio sonríe, pero luciendo aun atemorizante.
— Bueno, entonces pasemos a la casa, siéntanse cómodas — Dijo la esposa del fallecido Son Goku con una voz firme.
— Mami, Lime y yo vamos a jugar aquí afuera, ¿podemos? — Le pidió Gohan con ojos de perrito. Su compañera de cabello castaño hacía lo mismo, como si también fuera hija suya. Los dos se veían tiernos y graciosos a la vez.
— Está bien, está bien, solo no se alejen mucho — Aceptó ella — Ya sabes Gohan, por estos lugares rondan muchos animales peligrosos y no queremos que le ocurra algo a tu amiga. Anda con cuidado.
El semisaiyajin ni siquiera la escuchó, puesto que Lime se lo había llevado de un jalón y los dos ya corrían a lo lejos. Bulma no pudo evitar reírse.
— ¡Ten mucho cuidado Lime! — Le gritó Sidonia con las manos alrededor de su boca.
— No se preocupe, ellos van a estar bien — La tranquiliza Bulma. Sabía que Gohan nunca permitiría que algo le sucediese a Lime.
Así, cada quien se fue por su lado. Las tres mujeres entraron a la casa y Bulma inicia una conversación. Sidonia estaba muy incómoda, pero poco a poco fue familiarizándose mientras Milk no desperdiciaba una oportunidad para conocerla y descifrarla, pues su objetivo consistía en enterarse de qué clase de persona era ella. A pesar de algunos problemas que consistían en el cierto titubeo que afrontaba Sidonia al hablar, ya que la imagen de la madre de Gohan le parecía imponente, no pasó mucho tiempo para entraran en confianza y Milk se sintiera más tranquila. Finalmente, parecía que las palabras de Bulma eran verdaderas. Ahora la mujer sonreía y no se veía tan atemorizante, las cosas iban por buen camino.
La conversación se hizo más amena. Milk y Sidonia escuchaban sorprendidas como Bulma les hablaba sobre sus estudios en la carrera de Ingeniería Aeroespacial, pues ni siquiera la madre de Gohan estaba enterada de aquel detalle. Luego fue la madre de Lime quien las sorprendió, al revelar que ella, su esposo y su hija eran oriundos de Ciudad Estrella Naranja, solo que hace algunos años se habían mudado a Aldea Chazke buscando un sitio más tranquilo donde vivir.
De esta forma, pasaron las horas, mientras Gohan y Lime jugaban afuera siendo observados por las sonrientes mujeres, y el semisaiyajin, no podía creer que días antes se haya encontrado invadido por una terrible melancolía. Ahora, todo era distinto, la pequeña niña del destino estaba a su lado, finalmente, sin la negativa de su madre. Ella lo perseguía y él corría veloz, como un ángel sobre el paraíso, y los horrores del planeta Namekuseí parecieron desvanecerse por completo de la mente. Dicen que una flor es capaz de curar las heridas con su aroma y hermosura, entonces, para él, aquella chica que se encontraba a su lado, representaba la más bella flor cargada de la más grande pureza… La pureza de la niñez. Ante el resplandor del sol sobre su cabello, el brillo de su mirada, la ternura de su voz y esa inocencia tan maravillosa, el misterioso sentimiento que había nacido en muy poco tiempo, fue intensificándose en el corazón del chico.
Son Gohan aún no se daba cuenta… de que estaba enamorado.
Fin del capítulo siete.
