Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Ángel Oscuro

(Dark Angel)

Un fic de Camaro

Traducción por Apolonia


La tercera semana llegó a su fin, Bulma había todo menos abandonado la esperanza. Vagó por los pasillos del castillo con valentía, temiendo a ningún odio que ninguna duda la enfrentaría. No tenía idea del hecho que alguna de sus sirvientas había comenzado a caerle bien. Sus amistosos chistes sobre su cabello claro y piel delicada era observado como mayor aversión. Una vez o dos ellas incluso habían encontrado gracioso que su Rey había mostrado aparente afecto hacia ella. Bulma se había reído. Si ignorando y más que ocasionalmente volándola, era la manera de Vegeta de mostrar afecto, estaban locas por envidiarla. Sin mencionar tontas por siquiera sugerir tal absurda idea. Ella sabía tan bien como nadie que Vegeta la despreciaba. Él odiaba su misma esencia como ella odiaba la de él.

Él era la causa de su abrupta demolición de vida. Y lo odiaba por eso. Cada día, cada minuto, cada segundo que estaba lejos de Yamcha su sembrado profundo odio por Vegeta crecía. Él era su verdugo y el frustrante hecho era que no podía hacer nada para rectificar la situación. Deseaba poder hacer un seguimiento de cada simple segundo que él la había lastimado y hacerlo pagar por cada uno.

Esos eran pensamientos que más la perturbaban. Nunca, en toda su vida había querido que alguien sufriera. Sin decir que no había deseado repetidamente por el fallecimiento del asesino de su madre pero en realidad desear por la tortura de otro, era magníficamente repugnante para su consciencia. Sólo otra razón para despreciar al demonio. Se estaba volviendo más y más como él cada día. Se preguntó si el Infierno le hacía eso a una persona, Ángel o no. ¿Era la falta de luz lo que hacía amarga a una persona? ¿Era el sabor o el olor? ¿Era toda la atmósfera como un todo? Dudó que algún día supiera realmente la respuesta. Todo lo que pudo descifrar era esta suprema pieza de información. Con cada respiro que tomaba, deseaba libertad. Con cada momento que pasaba, deseaba por la muerte de él. Y la peor parte era... no podía estar satisfecha al menos que fuera por su propia mano.

Y esas ideas la hacían querer morir. ¿De qué servía ser un Ángel de Dios si tu corazón era tan oscuro como el de un demonio? Y ese pensamiento era el que más dolía, el que alejaba de su mente más seguido, el que más culpaba a Vegeta, era el hecho de que nadie respondía. Su padre no había enviado una palabra. Nada. Y Yamcha, no había enviado por ella. Había esperado ser valerosamente rescatada de su prisión todo el tiempo... pero mientras las semanas se iban su pequeña vela de esperanza comenzaba a parpadear... comenzaba a morir. Y ella comenzó a preguntarse si la vida realmente valía la pena vivirse, si los que amabas con todo tu corazón no devolvían tal bendición.

Se preguntaba sobre esos pensamientos oscuros cuando el joven niño correteaba en su habitación. Él obviamente no había notado que ella estaba presente mientras enterraba su rostro en sus manos sollozando. Sus pequeñas alas negras se sacudían de arriba a abajo con la fuerza y su corazón casi se partió cuando se dio cuenta de la veracidad de por qué había venido a su habitación en primer lugar. No había querido que nadie lo viera llorar. Maldijo tal barbárica tierra por su egoísmo hacia los niños. Qué clase de vida este niño debió haber conocido. Repentinamente se sintió casi ignorante, dándose cuenta que en la corta vida de este niño, ha presenciado más grotescas apariciones de las que ella había presenciado en sus enteros 17 años. Digo enteros, simplemente porque el sollozante niño no podría haber pasado la edad de 6. En comparación, los dos diferían grandemente.

Moviéndose lenta y tranquilamente, hizo su camino hacia él, sorprendida que su superior audición no hubiera captado la conmoción que hacía su vestido. No estaba a más de un pie de él cuando ella tiernamente estiró su mano y rozó su mejilla. Asustado, él la miró con amplios ojos.

"Shh... no tengas miedo." Le arrulló. No parecía convencido.

"Mi nombre es Bulma... y prometo que no te haré daño." Él alzó su vista a sus ojos, sus propias sospechas y desconfianzas en una manera que solo un niño podría sacarlas.

"¿Eres tú... eres un ángel?" preguntó en una joven áspera voz. Ella estaba ligeramente sorprendida que él incluso tuviera que preguntar algo tan obvio. Pero luego tuvo que reprocharse. Sólo tenía unos 6 años de edad... sin duda demasiado joven para haber hecho alguna vez un viaje al paraíso. Todo lo que él sabía de ella era un misterio.

"Sí..." respondió ella suavemente, agachándose para hacerlo sentir menos intimidado.

"Nunca he visto un ángel antes. Mi papá dijo que ustedes son criaturas malvadas y mentirosas." Él frunció el ceño. Ella se sintió increíblemente herida por su dolorosa franqueza y la expresión que mostró.

"Él dice que ustedes son horribles, repugnantes monstruos." No podía imaginar por qué estaba continuando. Pero parte de ella quería estar convencida que él simplemente estaba intentando esplicarse a él mismo eso. Una pequeña sonrisa iluminó su rostro y parecía para Bulma que se había transformado completamente.

"No te ves tan mal para mí." Afirmó brillándole. Ella lo miró con una sonrisa.

"Bueno, mi padre me dijo que todos los niños demonios eran cosquillosos. Pero me gutaría averiguarlo por mí misma." Bromeó antes de atacarlo suavemente a sus lados. Al principio él se tensó, como si el gesto fuera completamente extraño para él, pero luego la reacción se reemplazó desconocida y rió inmensamente casi cayendo al suelo. Liberándolo lo llevó a una silla.

"¿Cuál es tu nombre pequeño guerrero?" preguntó en una amable manera que todos los adultos usaban con los niños. Él se movió lentamente bajo la desconocida mirada. Ojos así de azules eran completamente inexistentes en el mundo que él había llegado a conocer.

"Mi nombre es Gohan... Y no soy un guerrero... No aún de todos modos." Bajó la vista como si tal declaración fuera una gran vergüenza. Bulma supuso que lo era en tal barbárica cultura. él alzó su vista hacia ella de nuevo en esa misma manera brillante que envió cálidas olas a su corazón.

"Papá dice que si entreno lo duro suficiente podré hacer mi primer asesinato en un año." La declaración mató todas las cálidas olas y las reemplazó con fríos escalofríos y una mortal sensación en su estómago. Realmente no podía imaginar por qué debería estar sorprendida. Vegeta le había confiado, si se puede fanfarronear descaradamente de tal palabra, que él había asesinado a uno de "su clase" cuando él tenía solo cuatro años de edad.

"Es un inimaginable honor hacer tu primer asesinato," había explicado. "Es tu primer paso de progreso para la virilidad. Cazar solo y nunca volver hasta cortar la cabeza del enemigo."

Todas sus opiniones de tal salvaje estilo de vida fueron arrojadas a un lado por las lágrimas formándose en los redondos ojos de Gohan. Antes que pudiera llamarlo, él había enterrado sus ojos en sus palmas sollozando la palabra "Torro" muchas veces.

"¿Qué es Torro?" preguntó amablemente poniéndolo en su regazo, un gesto que él vacilante tomó. Estaba segura que él nunca había sido abrazado muy seguido por la manera que sus músculos tuvieron un espasmo ante su tacto. Aún así lo sostuvo firmemente sobre su regazo, presionando contra su pecho mientras las lágrimas de él fluían libremente por sus mejillas, un raro brote que estaba segura que nunca había tenido antes.

"Torro era mi... mi padre." Inhaló, mirando a través de borrosos ojos.

"Él fue uno de los 15 asesinados en el brote. Y ahora... ahora nunca me verá convertirme en el hombre que quería que fuera." Más lágrimas se derramaban bajo sus hinchada carne aunque se había vuelto más evidente que estaba tratando de disuadirlas.

"¿Cómo sabes que nunca lo volverás a ver de nuevo?" le preguntó asegurándole. Él parecía fruncir en decepción ante su comentario.

"Por que... te dije... está muerto." Bulma simplemente saltó. Toda su vida había sido criada en creer que cuando una persona es asesinada, ellos progresan en un paraíso incluso más grande. Debió haber imaginado que tal creencia era insolente en tal triste lugar. Ni siquiera podía darle una respuesta, sólo un encogimiento de hombros de disculpa y un hombro para llorar cuando más lágrimas escapaban.

Así fue como Vegeta la encontró cuando entraba en su articulada habitación. Sentada en una silla meciendo un pequeño niño en sus brazos. Inmediatamente reconoció al niño como uno de los recientes huérfanos que tuvo el desagrado de informar de la muerte de sus padres. De corazón frío como admitía ser, la tarea fue simplemente una desagradable. La sesión de niños no era ninguna excepción y él recordó bastante claramente la dolorosa mirada golpeada que rápidamente había sido ensombrecida por una firme resolución de nunca mostrar emoción. La clase de fachada que él había aprendido desde una edad que no recordaba. Nunca mostrar el dolor. Nunca mostrar la herida. Especialmente cuando venían de adentro. La idea lo enfermaba. Pero tradición era tradición y a decir verdad... las emociones hacían a uno un débil.

Notó el profundo fruncir de ceño en el rostro de Bulma que inmediatamente envió escalofríos de placer correr maratones por su espina. Amaba cuando ella estaba en modo luchadora. Lo fortalecía sin final luchar verbalmente con ella al punto cuando la ira se instalaba y bendecía sus brillantes ojos con llamas de ira.

"¿Terminaste de torturar alguna alma olvidada por Dios en el calabozo?" Remarcó ella levemente sin mirar a su dirección. Él gruñó deseando poder haber tenido el elemento de sorpresa a su favor. Ella debió haber sentido su aura por el cambio en la temperatura.

"Aparentemente tu padre no te ama tanto como yo creí que lo hacía. Todavía no ha respondido a mi mensaje." Dijo fríamente. No tenía idea alguna de cuan profundamente sus palabras cortaron y Bulma no iba a permitirle la satisfacción de saber. Pero la verdad era... había golpeado una llaga mortalmente dolorosa y las consecuencias eran nefastas.

"Me ama lo suficiente." Dijo en un monotono muerto. La clase de monotono cuando sabes que un bombardeo de palabras es justo una infiltración que parece salir. Pero se quedó en silencio, aunque él sabía que ella ya no quería decir más nada. Aparentemente, él no había notado su triste intento de enfrentarlo. Estaba decepcionado por su ignorancia de él y frunció el ceño abiertamente al sollozante niño, aún acunado patéticamente en sus brazos.

"Deja de mimarlo, mujer. Lo hará débil." Ordenó, mirando al joven niño enfurruñándose más en su pecho atemorizado. Bulma sentó al niño de pie, permitiéndole corretear fuera de la habitación antes de girar una fría mirada gélida sobre el demonio.

"¿Por qué?" demandó en un glaciar tono.

"¿Tienes miedo que pueda desarrollar un corazón Vegeta? ¿Tienes miedo que no sea exactamente como tu?" Ciertamente ardía hoy, se remarcó en silencio para sí mismo. Aunque honestamente, había logrado enfurecerlo también mientras lo aturdía con su valentía.

"¿De qué sirve un corazón Ángel? ¿Hmmm? Tener un corazón ciertamente no te aslvó. Mira a tu alrededor Princesa." Casi gritó, sus cortos hilos de temperamento siendo deshilachados uno por uno.

"No estás más en la tierra. Estás en el Infierno. Y nadie está aquí para salvarte... ¿Así que explícame donde tener un corazón entra a participar en una parte donde seas liberada?" Demandó él, su rostro cerca del de ella. Ella ni siquiera pudo imaginar una respuesta.

"Tener un "corazón" no me llevó a donde estoy hoy. Soy el Rey de todos los Demonios Princesa. Todo lo que pones tus ojos es mío. Soy porque fui criado para ser. Fui enseñado a ser fuerte. Fui enseñado a ser el mejor. ¡Y en ningún lugar fui enseñado a tener un corazón!" Su atronadora coz sacudió las paredes pero ella se negó a siquiera escuchar su ruptura con un temblor. Más que nada, entre nosotros, ni siquiera pienso que haya notado lo absorta en la ira que estaba. Sus dientes se apretaron en suprimida ira y sostuvo sus manos en fuertes blancos puños.

"Sí... mira donde estás hoy." Hirvió sarcásticamente.

"¡Oh realmente estás feliz verdad! ¡JA! Aparentemente no te veo de la manera que te ves a ti mismo Oh Gran y poderoso Dios del Mal. No veo ningún poderoso infernal Rey. ¡¡Veo un EGOÌSTA, ARROGANTE, POMPOSO MONSTRUO!!" Gritó cada palabra como si fuera una sentencia por si sola. Los ojos de Vegeta se redujeron en diminutas rendijas perforantes.

"Algún día despertarás y te darás cuenta que no importa cuantas batallas ganes. No importa cuantos reinos conquistes o mujeres seduzcas, siempre estarás solo." Vegeta luchó duro contra su rebelde mano que anhelaba incrustarse en el pecho de ella y arrancar su preciado órgano de su cuerpo mientras lo sostenía frente a su rostro.

"SOLO Vegeta. Siempre estarás solo." Casi sollozó las palabras, dándose cuenta en muerta verdad que podía aplicarlas para ella misma. Sola. Siempre había estado así y ahora finalmente lo reconocía. No quería vivir más de esa manera, La pregunta era... podía seguir viviendo.

La temperatura en la habitación había subido a enormemente peligrosos niveles y se había aclarado por el pulso sanguíneo en los ojos de Vegeta, que estaba luchando una batalla interior en si asesinarla o no en donde estaba. Así que aquí estaba el punto de ruptura de su vida. La decisión que sabía toda su vida que tendría que tomar. ¿La quería? ¿Quería vivir?.........................................

"Adelante Vegeta..."

Sácame de mi miseria.

Cobarde."

La ira de Vegeta alcanzó venenosos niveles hasta que casi llegó al punto de ruptura de su cordura. Su verdadero lado demonio estaba arañando por liberarse y derramaba sangre y lentamente comenzaba a dejarlo dominar antes de la realización de su difícil situación se dio a conocer. Sonrió para sí mismo, físicamente viéndolo caer.

"No funcionará Princesa. No voy a soltar la ira de tu padre asesinándote." Su malvada sonrisa creciendo mientras los pequeños charcos de agua comenzaban a brillar hilos en los ojos de ella.

"Me importa una mierda cuan miserable tu repugnante vida es." Se acercó hasta que su boca estaba lo suficientemente cerca de su oído que sus labios rozarían la sensible carne.

"No lo vales."

La suicida situación de Bulma había fallado. La elección nunca había sido de ella. Su vida pendía de sus dedos como una marioneta en una cuerda rogando a su amo por liberarla cortando las ataduras y liberándola. Él había negado su súplica y ahora era más prisionera que antes. Y así hizo, lo que muchas mujeres hacían frente a los hombres cuando sus ingenios terminaban. Comenzó a llorar.

Era la más extraña y más ajena sensación. Con cada zollozo vino una puñalada a su pecho. ¿Qué era este extraño sentimiento? ¿Podría ser la mínima punzada de culpa? Vegeta arrojó la absurda idea de su mente. Había acabado con esa inútil emoción hacía mucho tiempo. Así lo demostraba este orgulloso demonio. Tanto como la despreciaba, odiaba mucho más cuando lloraba.

"¡¿Por qué simplemente no puedes matarme Vegeta?!" berreó ella. Era una desgarradora súplica... o... bueno... lo hubiera sido si se usaba con una criatura bendecida con tal órgano.

Ahora esto era incluso más extraño para él. Mientras ella más sollozaba más bella se volvía. Tal notable creación que era ella se volvía más lo que él conocía de ella. Tal misterio era esta intrigante aparición de una mujer. Y sin embargo, en su debilitado estado emocional, tuvo la intensa urgencia de consolarla en la única manera que conocía de cómo consolarse a sí mismo.

"¿No te das cuenta cuan sola estoy?" dijo rota.

Incluso más información había hecho su camino hacia él. ¿Cómo no pudo haberlo visto? No es que le importara. De ninguna manera se dijo... pero debió haber sido demasiado obvio. La confinada criatura había sentido la picadura del forzado aislamiento. Y en cuanto a ustedes y yo.... Estaba muy sola.

De repente, él la miro sólo para ver un rubí jarrón de porcelana alzándose hacia su rostro. Lo esquivó justo a tiempo, escuchando al grueso objeto destrozarse en la pared detrás de él y sintiendo las miles de piezas colapsar dolorosamente con su espalda y alas. Volteándose en sorpresa hacia ella, notó que estaba tomando otro, lleno de rosas rojo sangre, y lanzándolo hacia él de nuevo.

"¡¡YO TENÍA TODO!!" Gritó arrojando otro.

"¡UNA MADRE!" y otro

"¡UN PADRE!" y otro

"¡¡Y YAMCHA!!" Sin encontrar nada más para arrojar, se acercó con desprecio a los framentos de vidrio, deslizando sus pies descalzos. Se veía lamentable, llorando amargamente y haciendo ningún intento de ocultar su dolor. Definitvamente era algún misterio para un monstruo que nunca había atestiguado tan escena. ¿Dejaría de sorprenderlo alguna vez?

"y tú me los quitaste." Susurró al suelo mientras las lágrimas se deslizaban por sus cansadas mejillas, encharcando en su mentón antes de liberarse obstinadamente en gotitas al suelo. Algo se agitó en el pecho de Vegeta mientras razonaba lo que ella acababa de decir. ¿Celos?

"¿Quién... Quién es este Yamcha?" Wow... simplemente se había horrorizado con su atípicamente débil tono. Ella encontró su mirada viéndose algo derrotada, si de hecho tal cualidad pudiera alguna vez posarse sobre tal feroz mujer.

"El Príncipe del Paraíso del Este con quien me voy a casar." Dijo como si tal declaración simplemente la hubiera vaciado de toda fuerza restante. Su hinchado labio superior temblaba como si estuviera a punto de llorar de nuevo. Pero no lo hizo y eso lo alivió más allá de las creencias. Su mirada permaneció en sus púrpuras labios preguntándose por qué las temblorosas creaciones lo habían capturado tanto. Ella ni siquiera parecía notarlo, mirándolo vacíamente con sorprendentemente muertos ojos. Generalmente tan vibrantes y ardientes, lo perturbó profundamente ver sus ojos tan vacíos.

"¿Por qué te preocupas tanto por él?" Él medio rogó, de nuevo despreciando su debilidad. ¡¿Qué posiblemente pudiera haber trascendido para incluso importarle un carajo?! Aún así, los celos permanecieron, quemando un hoyo en la parte inferior de su estómago y casi alzándose a su garganta.

"Él es un mero Príncipe. Yo soy un Rey." Sentenció en una voz de mando. Como si tal tono pudiera persuadirla de creer su súplica.

"Él no es nada en comparación conmigo." Dijo las cosas con tanta firmeza que era como si pudiera convencerse a sí mismo. Bulma apenas se puso de pie y caminó con gracia hacia él, ignorando el dolor mientras afilados fragmentos de vidrio se incrustaban en las plantas de sus pies. Ella nunca sintió la mirada de él en su corto viaje y mientras se acercaba a él una pequeña sonrisa apareció en sus labios, borrando completamente su mente en cuanto a qué posiblemente pudiera ella estar pensando. Sus yemas se hicieron cómodas explorando las muchas maravillas del lado del rostro de él, admirando sus fuertes pómulos e impresionante mandíbula. Su toque fue completamente imprevisto y ciertamente lo tomó con la guardia baja. Sin embargo, le dio la bienvenida al contacto, inexplicable como era.

"Tienes razón Vegeta." Susurró, peligrosamente cerca de sus labios. Él podía sentir su tentador caliente aliento golpeando contra la suave carne de sus regordetes labios con cada palabra dicha y se preguntó en silencio si ella tenía idea alguna del efecto que su cercanía estaba teniendo en él.

"Él no es un Rey. Él no es tan fuerte como tú o tan atractivo." Vegeta sonrió, abiertamente reconociendo que le gustaba a donde estaba yendo esto. Pero ella quitó su mano abruptamente de su rostro, para su gran desgracia. Caminando a la puerta, ella ignoró los charcos fluyendo detrás de sus sangrantes pies y descansó su mano en el marco de la puerta, mirando al desconcertado demonio.

"Él es débil comparado contigo Vegeta. Él es incluso débil comparado con algunos Ángeles. Tiene cicatrices en su rostro y no tiene ni siquiera la definición muscular que tienes tú." Vegeta estaba en su gloria por toda su adulación. Al menos lo estaba hasta que ella continuó.

"Pero él puede amar Vegeta. Él sabe amar. Y en esto solo... nunca serás ni la mitad de hombre que él es."


Está bien... mentí... No son las 2 am, son realmente las 2:46 am. Bien todos... Estoy demasiado cansada que estoy viendo doble... Pero finalmente arreglé el problema de párrafo y espero que todos lo noten. Oh y tuve que quitar mi historia y volverla a postear lamento mucho decir... todas mis hermosas reviews se fueron.

Perdón

Amor

Camaro