Engañar a los hombre de uno en uno es bastante más dificil que hacerlo de mil en mil - Santiago Rusiñol


Veintiséis días y contando.

Ni siquiera un mes pero le había dado tiempo a odiar con fuerza cada minuto por múltiples y variadas razones; estaba por supuesto el hecho que era padre desde hacía 26 días y había actuado como tal un tiempo record de…diez minutos. Estaba por supuesto el hecho de que en 26 días había visto más veces a Krycek que a Scully en una proporción diez a uno. También ese pequeño detalle del Apocalipsis y unos supersoldados invencibles intentado acabar con ellos y –oh, si, cómo olvidarlo- las miles de montañas de archivos e informes que tenía que revisar y catalogar en "basura", "completamente basura" y "podría ser algo" en un tiempo record si quería volver relativamente pronto a casa.

Se levantó del sofá llevándose consigo una pila más de documentos y se metió en su habitación.

Habían cambiado ya tres veces de piso desde que llegaron a Chicago. El primero estaba a las afueras, cerca del polígono industrial, un tercer piso sin ascensor con escaleras de madera y techos imposiblemente altos. El edificio se caía a pedazos pero sorprendentemente el interior de la casa parecía sacado de un anuncio de hotel de lujo, con moquetas y grandes sillones con cojines, muebles de caoba y camas altas con mullidos edredones. Había conocido tiempos mejores como casa-cuartel de invitados para los científicos del Este que el Sindicato traía constantemente de la sacudida Europa a finales de los años cincuenta, o al menos eso le había contado Krycek en su primera noche de vigilancia conjunta.

Primera y última

Bastante malo era tener que vivir bajo el mismo techo que Krycek como para pasar además las noches de vigilancia en el mismo coche. Quizá el hecho de que hubiese salvado a su hijo había eliminado el odio profundo provocado por el asesinato de su padre pero no estaba dispuesto a dejar escapar el resentimiento también.

Ocho noches y muchos planes de actuación después entraron en el viejo archivo del ahora casi extinto Sindicato. Entrar no había sido tan difícil como habría cabido esperar, acceder a los documentos y llevarse aquellas toneladas de papel había sido imposible. Cogieron lo que pudieron llevarse y cruzaron la ciudad hasta Chinatown.

Aquel segundo apartamento era oscuro y húmedo, austero en decoración y mobiliario; un escondrijo, no aspiraba a ser anda más. Pasaron 4 días sin apenas salir de allí, buscando indicios que les alertasen de que los supersoldados les habían encontrado e iban a por ellos, intentando encontrar algo útil entre tanta basura de papel.

Intentando no vomitar cuando el nombre de Scully o de su hermana saltaba a sus ojos desde el folio amarillento.

Siete días más y emprendieron el segundo asalto al archivo y a parte de los laboratorios, ésta vez estaban seguros de haber alertado al enemigo y la mudanza fue brutalmente rápida.

Apoyó la montaña de papel en el suelo de su habitación y se acercó al gélido cristal de la ventana. Sin duda las vistas al lago Michigan hacían de aquel tercer apartamento el mejor de todos. Aquella masa informe de agua y hielo parecía tener poderes hipnotizantes que le paralizaban por unos instantes siempre que se entretenía en mirarla.

-¿Qué tal va eso?

La voz femenina precedida de unos suaves toques en la puerta le despertaba la añoranza más de lo que le gustaría y tardo unos segundos en apartar la vista del lago y darse la vuelta.

No sabía si se refería a los informes o los moratones y venas encalladas gracias a las pruebas pero prefiere contestar solo a una de ellas

-Me ha llamado Greenpeace, quieren dedicarme una estatua por la cantidad de árboles que estoy salvando al reciclar toda esta mierda.

Mónica no sonrió, su cara permanecía casi siempre en una mueca neutra que da la impresión de ser un gesto de placidez si no se presta demasiada atención

-Vamos a ver a "Gruñón"- les ha puesto nombre de pitufos a los supersoldados que siguen según sus características externas. Llamarles por los nombre que una vez definieron a las personas humanas que fueron le parece demasiado obsceno- a no ser que prefieras ir tú y yo me…

-No – le falta tiempo para interrumpirla- no puedo decepcionar a mis fans ecologistas –esta vez ella sonríe indulgentemente –además, cuantas menos oportunidades tenga de matar a Krycek mejor para todos.

Lo dice con una furia que no siente y probablemente ella lo nota. Parada aún con el pomo de la puerta en la mano en los claroscuros de la habitación su pelo se confunde con el negro de su chaqueta de cuero a la altura de los hombros, vestida con una falda de pana oscura justo por encima de la rodilla, medias oscuras pero transparentes y la cabeza inclinada en un gesto afable. Es totalmente opuesta a Scully pero hay algo en Mónica que se la recuerda constantemente.

-Ya estamos cerca

Y cierra la puerta detrás de ella. Sabe que no es cierto, sabe que ni siquiera ella lo cree, es simplemente un leit motiv que les infunde ánimos, como si todo lo que hacen realmente sirviese para algo.

Cogió el siguiente de los informes pendientes de revisar y se recostó en la cama para leerlo

La noche estaba despejada y se podían ver tantas estrellas como era posible en una gran ciudad como Chicago

-¿Tom o Jerry?

Estaban en una ciudad de gansters y corrupción, vigilando los últimos reductos del maltrecho Sindicato ruso, escondidos en las sombras metafórica y literalmente hablando y aquella voz chillona insistía en convertirlo todo en un estúpido juego de niños

-¿Cuál era el gato?

O la seguí la corriente o tendría que matarla y se había dejado el silenciador en el piso.

-Tom

-Entonces Jerry

Durante treinta segundos Alex Krycek creyó realmente que su dosis de tortura diaria había acabado

-¿"Dios Salve a la Reina" o "La Marsellesa"?

-¡Dios, cierra el pico de una vez¡ ¿Es que eres una fuente inagotable de preguntas estúpidas?

-Las vigilancias nocturnas me aburren y me ponen nerviosa. Mucho. Así que es esto o la numerología ¿Qué día naciste, Alex?

En la oscuridad los instantes silenciosos parecían estirarse hasta el infinito

-La Marsellesa

Más que una frase fue un gruñido y Mónica Reyes no pudo evitar sonreírse sin disimulo alguno.

Aquella semana se acercaba bastante a la peor semana que Alex había pasado sobre la faz de la Tierra, de momento seguía ganando Tunguska. Pero Chicago iba ascendiendo puestos vertiginosamente.

Debía haber sospechado que aquello era el infierno después de la primera llamada a DC. Mulder había colgado el teléfono con una especie de mediosonrisa ausente y los ojos brillantes murmurando incoherencias sobre tener un William y llamarse niño. Quién iba a decir que a un insomne crónico podían afectarle tanto 48 horas de vigilia.

-William es un nombre bonito- había sido la comprensiva respuesta de Mónica mientras tomaba un café sentada en el sofá

-Es por mi padre- había intentado explicar torpemente Mulder sentándose en un sillón en el lado opuesto de la mesita de café donde se esparcían informes, fotos y datos

-¡Y luego yo soy el cínico! Veamos, William como tu padre, como su padre, como su hermano, como tu segundo nombre, como su primer novio, como su casero…Quedando bien con todo el mundo. Conozco a unos cuantos diplomáticos que deberían aprender un par de cosas de Scully

Fue en aquel momento en el que Krycek debiera haberlo visto venir. Mulder simplemente borró cualquier expresión que hubiese podido tener su cara y le dirigió una mirada helada. "¿No tenías que ir a comprar un par de dispositivos Krycek?" después de eso, cogió uno de los informes y comenzó a subrayar.

Un puñetazo, amenazas o incluso alguna blasfemia pero no estaba preparado para Mulder comportándose como un adulto. Algo se había roto en sus esquemas más esenciales aquella noche. Algo que le había llevado directamente a contestar preguntas de juegos de primaria y malgastar palabras en conversaciones triviales con la mugidora de ballenas

- Tenemos que ir a comprar sal, huevos y algo para el desayuno

Con aquella frase Chicago escalaba un puesto más en la lista de "los más infernales" y se colocaba en el puesto 4 por encima de aquella tortura con agujas debajo de las uñas en la antigua Checoslovaquia

-No podemos estar saliendo por cualquier tipo de chorrada cada dos por tres. Es peligroso

-Pero pasar la noche en un coche, muertos de frío y exponiéndonos a los supersoldados y al Sindicato Ruso es mucho más sensato

Ni siquiera en la frialdad del aire del coche la voz de Mónica sonaba del todo severa

-Es necesario

-Para mi es necesario desayunar por las mañanas- cortó la frase abruptamente como si un pensamiento hubiese irrumpido de repente y cambió la tonalidad de la voz- por cierto Krycek ¿cuál es tu desayuno favorito?

Con frecuencia en los sueños todo parece increíblemente claro, es como si el sentido de la vida te fuese revelado en la fase REM y lo perdieses al abrir los ojos, cuando el mundo ha vuelto a su lugar en el que los elefantes no son amarillos a rayas moradas y evidentemente, no viajan por el espacio, pero de algún modo todo es mucho más complicado.

A Mulder le pasaba a menudo. Pero esta vez no estaba dormido

Ni muerto

Lo sabía porque lo había estado un par de veces y era capaz de reconocer la sensación, y sin embargo todo estaba increíblemente claro.

Las piezas se unían poco a poco, excluyendo combinaciones, revelándole datos con cada nuevo informe por inútil que les resultase. Todo empezaba a encajar, por fin empezaba a ver lo que Krycek probablemente sabía y comenzaba a comprender algunas cosas.

"No hay sociedad tan utópica que no se haya construido sobre alguna clase de esclavitud"

No recordaba de quién era la cita. Tampoco importaba

El cáncer negro, los supersoldados, no habían sido un modo de colonizar, eran solo un instrumento de esclavitud. Había estado equivocado desde el principio, los alienes no tenían como objetivo el planeta y para ello tenían que ocuparse primero de los seres humanos, su objetivo habían sido siempre los seres humanos, la esclavitud sobre la que construir su civilización. Si conseguían evitar que las personas fuesen vulnerables a convertirse en esclavos acabarían con el objetivo, con la colonización; por eso había sido tan importante la vacuna contra el cáncer negro, por eso era tan importante encontrar ahora una vacuna efectiva.

Pero nada de lo que había leído hasta ahora hablaba ni por asomo, de una vacuna para evitar el Apocalipsis

Hablaban de William

Y Mulder empezaba a comprender por qué

Otra noche perdida

Krycek empezaba a pensar que la precaución de movimientos de los supersoldados empezaba a ser realmente sospechosa.

Demasiado quietos, demasiado callados.

La calma antes de la tempestad que dicen los marineros, intentar matar al enemigo de aburrimiento que dice Krycek.

Hace un par de horas que ya no queda café en el termo y que los cristales de las ventanillas son casi opacos completamente a causa de la medio luz de las horas que preceden al amanecer y del vaho.

Es un espía, un asesino, un perro de presa con capacidad de precisión milimétrica para morder. Sabe ser invisible, controlar la adrenalina y templar los nervios y sin embargo, Alex Krycek es incapaz de lidiar fácilmente con el aburrimiento. El tiempo en el que no estás trabajando o disfrutando es tiempo perdido y cuando se es consciente de la cuenta atrás perder el tiempo no es un lujo, es una soberana gilipollez. Incluso soportar las estupideces de la pirada aquella era mejor que no soportar nada en absoluto, aunque por supuesto se dejaría torturar antes de admitir que la chica le caía simpática

Se había dejado torturar por mejor

Si no fuese porque probablemente alguien acabaría con la cabeza machacada contra el salpicadero incluso hubiese preferido que le hubiese acompañado Mulder, al menos él nunca se dormía y su complejo de hermano mayor siempre aseguraban la diversión.

A la mierda. Quedaba al menos otra hora de vigilancia y no estaba dispuesto a pasarlo descontando minutos hasta el amanecer.

Despegó su espalda del asiento del conductor y se giró hacia el puesto del copiloto esquivando con cuidado el volante y la palanca de cambios. Se arrodilló sobre su propio asiento y buscando apoyo en la puerta del copiloto, se inclinó sobre ella, lentamente, no quería que el ruido del cuero de la tapicería la despertase ahora y acabase con la diversión.

Tenía un plan, un objetivo y casi podía anticipar todos los pasos de su respuesta cuando a cinco centímetros del oído de Reyes, un olor discreto, macerado en azúcar y caramelo, provocó que en su mente, la idea de despertarla con un mugido en el oído pasase de divertida a ridículamente infantil.

Cerró los ojos y respiró pausado por la boca, calentando conscientemente su aliento y llenándolo de humedad. Sintiendo como el cuello de ella le devolvía su propia respiración a unos milímetros de distancia y perdiéndose en aquel olor que le perdía en recuerdos de sábanas de algodón recién lavadas y al fuego hirviente de la noche de San Juan.

No lo había planeado y eso de por sí era una novedad. Alex Krycek siempre planeaba todo y estaba preparado para cualquier imprevisto.

Abrió los ojos unos instantes antes que su presa. Quizá si ella le hubiese mirado con miedo o repulsa se hubiese burlado y lo hubiese dejado pasar, con toda seguridad lo habría hecho si le hubiese mirado de cualquier otro modo.

Pero no lo hizo

Cuando Mónica Reyes levantó los párpados y le miró a los ojos, tan cerca, simplemente le miró como si le estuviese viendo; como si acabasen de nacer y viesen todo por primera vez, como si no supiera que se acercaba el Juicio Final y él había sido leal al ejército de Dios y de Satán según la conveniencia. Le miró y sonrió casi con picardía.

Se mojó los labios con la lengua y probó finalmente su cuello que sabía exactamente como olía y dejó resbalar su boca por la piel de ella durante todo el camino hacia la boca.

Deslizó el pie izquierdo entre los de ella apoyando la rodilla entre las suyas en el asiento al tiempo que capturaba su labio inferior por primera vez. Estaba caliente y salado y Krycek sintió la urgente necesidad de seguir probando, mordiendo y lamiendo hasta que se le acabase la piel cuando Mónica enredó las manos en su pelo

Sus lenguas colisionaban y se retaban llenando el coche de sonidos húmedos y acuosos confundidos con las respiraciones, y Krycek comenzó a notar su creciente erección golpeando contra el pantalón con cada gemido que Mónica emitía.

Si no hubiese sido porque estaba demasiado cachondo lo mismo la situación le hubiese resultado graciosa. Parecían sacados de una jodida partida de Twister de viaje con las piernas enredadas entre las de ella, la palanca de cambio y los asientos y ni siquiera podía usar las manos que estaban ocupadas sujetando su peso para no aplastarla mientras que ella seguí paseando las suyas por su pecho en dirección al sur

-El…asiento trasero…más… más sitio

¡Bendita sea!

Era la primera frase que pronunciaba desde que se había despertado. Si es que aquello era una frase, aunque pronunciada entre gemidos en su boca y con las manos en la bragueta, a Krycek le pareció una notable demostración de capacidades comunicativas.

Parecía que al final la noche iba a merecer la pena. Lo mismo incluso la mañana también

Se puso de pie en la medida de lo posible sin apenas separarse de ella, deslizando su erección de acero por su torso al levantarse y se pasó al asiento trasero. Vio cómo Mónica se quitaba los zapatos y las medias en movimientos rápidos y urgentes y aterrizaba a horcajadas sobre él en la parte de atrás

Estaba dispuesto a escuchar toda la gama de sonidos de animales que pudiese hacer, a parte del canto de las ballenas. Aunque tuviese que arrancárselos a lametones en sitios innobles.

-Esto está mejor-la voz de Krycek sonaba casi ronca- mucho mejor

Metió la mano debajo del ceñido jersey acariciando su estómago y sus pechos mientras arrastraban la prenda hacia arriba hasta que se deshizo de ella y tomando nota mental para deleitarse más en futuras ocasiones

Sería un polvo rápido. No tenían mucho tiempo para precalentamientos, ya estaban bastante calientes y no tardaría mucho en amanecer.

Se deshizo del sujetador rápidamente sin echarle más que un ligero vistazo mientras ella se afanaba en aflojarle el cinturón y la cremallera y liberar por fin su erección. El alba empezaba a clarear y los pasos de los primeros transeúntes resonaban en el interior del coche.

Con un movimiento rápido la giró y la recostó entre el respaldo y la puerta derecha. LA urgió a que abriese un poco más las piernas situándose entre ellas y buscando el elástico de su ropa interior por debajo de la falda para deshacerse de ella.

Afuera la calle empezaba a cobrar vida y no les convenía llamar la atención, mucho menos que les detuviesen por escándalo público

Krycek mordisqueó uno de los pechos de Mónica mientras arrugaba la falda alrededor de su cintura. Definitivamente sabía imitar a otros animales no marinos. No tenía muy claro a cuál pero seguro que era de la familia de los felinos.

No sólo estaba húmeda, Krycek había notado que su ropa interior estaba calada cuando se la había quitado. Tanto mejor así, no tenían mucho tiempo. Se posicionó en su entrada y envistió con fuerza al tiempo que la tapaba la boca con la suya para que no se la oyese gemir desde fuera.

Uno, dos, tres, cuatro. Perdió la cuenta del ritmo y aceleró los movimientos, empezaba a hacer demasiado calor en el maldito coche y casi podía notar el sudor corriéndole por la frente y la sangre ardiéndole en las venas; las rodillas de Mónica se enredaron alrededor de su cintura y poco antes de dar su última envestida notó las contracciones del orgasmo de ella y el grito ahogado de su boca abierta contra su pecho.

Definitivamente su manera favorita de combatir el aburrimiento

Otro amanecer

Ver los primeros rayos de sol apareciendo por detrás de los rascacielos y reflejándose en el lago Michigan empezaba a ser lo suficientemente común para Mulder como para que fuesen perdiendo encanto.

Tenía el pelo revuelto, la cara cansada y la cama sin deshacer y escribía y tachaba compulsivamente en su libreta intentando encontrar un patrón que probablemente estuviese escondido entre las palabras que saltaban del papel a sus ojos.

Le pasaba a veces, si leía algún informe que golpeaba cerca lo suficientemente cerca de casa no podía pegar ojo en toda la noche y tampoco podía dejar de intentar descifrar todo aquel galimatías de informes, aunque poco a poco, empezaba a tomar forma.

Los orígenes del Sindicato no habían sido más que un puñado de coincidencias, un grupo de hombres del departamento de estado con la información privilegiada, el poder adecuado y la falta de escrúpulos necesaria. Su padre había sido el eslabón débil. El nombre de "Mulder", la mayoría de las veces acompañando al nombre "William" plagaba los informes más antiguos, siempre a la deriva de las decisiones del resto de los hombres. Nunca votó a favor de pactar con los colonizadores a cambio de vender su alma. No había sido uno de los malos; tampoco tuvo agallas para ser uno de los buenos. Se limitó siempre a no mancharse las manos, a actuar escudado en las decisiones que otros tomaban.

Cuando un hombre estúpido hace algo que le avergüenza, siempre dice que cumple con su deber

Crear un híbrido fue el primer objetivo. Encontrar el modo de que colonizadores y colonizados compartiesen la misma tierra sin posibilidades de una guerra ni una resistencia, fue el pacto. Despedazar familias, utilizar inocentes y engañar al mundo, fue el precio.

Quizá porque era el mayor, quizá porque era el chico o simplemente porque era él, cuando leyó su propio nombre en los informes de los años 70, era para referirse a él como sujeto de pruebas. Él debió de ser el sacrificio de su familia, no Samantha

Lo hubiese sido si su padre no se hubiese lavado las manos una vez más y le hubiese dejado tomar la decisión a Spender por él.

Durante los siguientes años había miles de informes detallando todo tipo de torturas médicas imaginables, clonación, experimentación… pedía con todas su fuerzas no encontrarse el nombre de su hermana o el de Scully cuando abría alguna carpeta llena de esos informes. La mayoría de las veces resultaban peticiones inútiles.

Pero no fueron los únicos en intentar conseguir un híbrido, el cáncer negro fue el resultado de los proyectos alienígenas, sus almas en forma de aceite negro y embotelladas en cuerpos humanos y la guerra fría y el espionaje como forma de progreso llevó la información a Rusia y la idea de una resistencia mediante una vacuna contra aquella sustancia se convirtió en la nueva meta.

Las letras parecían flotar sobre el papel amarillento de la libreta de Mulder componiendo ese reducido croquis, dejando espacios en blanco deliberadamente para completar cuando fuese posible y pensando en los informes que todavía no habían podido sacar del archivo del Sindicato y que probablemente escondían el resto de la historia del Sindicato

Mulder a veces no sabía distinguir si aquello era un sueño o una pesadilla hecha realidad, tenía a su alcance montañas de información sobre lo que siempre quiso saber y otras tantas de cosas que ni siquiera estaba seguro de querer saber nunca.

Tenía la verdad al alcance de la mano y el único precio a pagar era estar en primera línea del Apocalipsis. Y solo. Si al menos tuviese a Scully cerca, ayudándole a descubrir el camino correcto, no se sentiría como si estuviese intentando parar ejércitos con cacerolas