Un día en el infierno
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-¿haz pensado… simplemente pensado que pasara cuando ella te tome la mano?- resonaba la voz de Pansy en el cuarto.
La morena no quería ni recordar como había logrado salir del bosque prohibido con Harry. Y el azabache, por sus mejillas totalmente encendidas, probablemente no quisiera recordar lo sucedido en el bosque.
-¿y que carajo quieres que haga Pansy?- le dijo el blondo.
Estaba enojado que la morena le repitiera su tortura una y otra vez… ¡la había cagado! Ya lo sabía, no necesitaba que se lo recordaran.
Ya suficiente tenía con los ojos de su hermosa castaña brillando al contraste con su piel. La tortura de sus labios sobre los de Hermione, rozándose y sintiendo cosas que jamás había llegado simplemente a imaginar.
Algo tan desconocido para el blondo que quizás no fuera capaz de entender del todo. Hemione era la luz, ella era su luz en medio de su abismo. Pero lo odiaría cuando supiera la verdad... Por eso no se la decía.
Lamentablemente, la parte fría y calculadora de su ser había muerto en un pasado no muy lejano, y ocultarle algo tan importante a la castaña le carcomía las entrañas. Lo hacía vulnerable a su sonrisa y a sus besos.
¿Contarle a Blaise? No era una opción. No por la escoba… el rubio sospechaba que el moreno no se quedaría simplemente con las manos vacías. La maldita escoba le daba lo mismo… pero Zabini, a pesar de ser su amigo, se encargaría de que la castaña se enterara de todo.
En contra de todo principio, Blaise se estaba imaginando algo así. Escuchó, accidentalmente la conversación entre sus dos amigos, y se sintió algo molesto cuando el blondo no le contó sus sentimientos ¿Qué acaso no le tenía confienza?
Draco debería haberle contado sus sentimientos a su amigo, ser sincero… como corresponde en una amistad. Pero no lo hizo y eso mortifico a Zabini. Muchísimo más ahora que entendía lo que era enamorarse de alguien que no correspondía.
Habia una chica, de cabello castaño, ojos azules y tez blanca como un papel… una que apenas y lo miraba. ¡Entendía al rubio!
En la sala de los leones, Harry no dejaba de darse vueltas. ¿Qué le había pasado? ¿Cómo puso hacerle tal infamia a Ginny?
En el bosque se habían topado con criaturas desconocidas para ambos magos… los cuales les dijeron sus condiciones para retirarse del bosque… lógicamente, al escucharlas… ambos azabaches empuñaron sus varitas dispuestos a defenderse, pero esta "extrañas criaturas" fueron mas rápidas. Les arrebataron sus varitas dejándolos expuestos… o cumplían sus deseos o no los dejaban irse del bosque.
Por eso, el pobre elegido daba más vueltas que un león enjaulado. Habían salido… eso quería decir que si habían cumplido las exigencias de esas criaturas.
Y el simple recuerdo de sus labios tocando los de la morena. Sus manos en su breve cintura, amoldando su cuerpo al propio… ¡lo volvía loco! Se habían tenido que besar… y para pesar del chico, el beso había sido el mejor que había dado en su limitada vid amorosa. Aunque había un poco de injusticia… los besos de Harry se limitaban a Cho Chang y Ginny Weasley… en cambio Pansy había besado a millones de sapos, príncipes y uno que otro mendigo (en un sentido metafórico), había estado entre millones de sabanas y manejaba perfectamente las artes de un beso, pero aún así… la pobre y mortificada chica, no podía sacar los apetecibles labios de Harry de su mente.
Las semanas fueron pasando y el humor de las serpientes era cada vez mas extraño. Pansy tenia "discusiones amistosas" con Potter. Hermione caminaba con una sonrisa en los labios todos los días. Su "relación" con Draco no era un secreto. Ella se había sorprendido tanto o más que sus compañeros, cuando al día siguiente, el blondo se sentó a su lado y pasó su brazo alrededor de sus hombros.
La noticia no terminaba de repartirse entre las bocas de los metiches compañeros, cuando a la hora de la cena… no se encontraba ninguna cabeza castaña en la mesa de los leones… Hermione Jane Granger se encontraba entre ¡LAS SERPIENTES! Compartiendo un pudín con Draco y conversando amenamente con Pansy y Blaise.
El pelirrojo en su mesa, no paraba de echar humo por las orejas…
Sus sentimientos por Hermione no eran exactamente amor. Pero no podía pasar por alto que se estaba juntando ¿Qué digo juntando? Estaba INVOLUCRANDOSE demasiado con Malfoy. El peor enemigo de todos sus tiempos. ¿La castaña había perdido el sentido común?
Zabini había hablado con Draco… después de esa comida juntos, el mortificado rubio no podía parar de pensar en la castaña. La chica le quitaba a respiración, el habla y hasta las ganas de dormir.
Juntó todo el coraje en sus venas y se plantó frente a su amigo. Este último, después de uno que otro capricho y leve resentimiento por tanto tiempo de ocultare el secreto, le había contado la verdad. Pero nada era flores y corazones… lamentablemente, esa "confesión" no fue tras la seguridad de las paredes de la sala común de Slytherin, sino cerca de las mazmorras… con un infiltrado que nunca debió pasar por ese lugar…
El mismo infiltrado que corrió tras la leona a contarle todos y cada uno de los detalles.
No la encontró sola, Hermione paseaba con Luna y Pansy ¡si, una Gryffindor, una Slytherin y una Ravenclaw! Todas paseando juntas por los terrenos del castillo. ¿El chico no podía creerlo!
-¡es una trampa Hermione…! ¡él te engaña, siempre lo hizo. Nunca fue cierto!- no hizo falta que Ron dijera algún nombre. La castaña adivinó perfectamente de quien se trataba. Ella misma, en su parte racional, aún no entendía como podía estar tan feliz al lado de uno que durante años fue su peor enemigo… pero su corazón estaba demasiado alterado para que su cerebro escuchara la "voz de la razon".
Se dio vuelta hacia su reciente amiga. Pansy era confiable… ella era la mejor amiga de Draco. Y una vez que se dio el tiempo de conocerla, se dio cuenta que ella era igual al blondo… ambos escondían sus "verdaderos yo".
-yo…- pero la morena no termino su respuesta. Hermione corrió hacia donde sabía que estaba el blondo.
Queria escuchar una explicación de sus propios labios. Que le dijera que todo lo que Dijo Ron no era cierto, solo era un vano intento por separala del hombre que amaba. ¡Porque si! LO AMABA.
Algo extraño empezó a formarse en el pecho de la castaña. Algo en su interior le gritaba qUe se devolviera, pero ella necesitaba escuchar las palabras del blondo. Tres simples palabras: NO- ES-VERDAD.
