Ghost-03: Hola! awww ajaja pucha me ha pasado lo de la luz cuando hago trabajos para el colegio ¡Es fustrante! Espero que no e haya vuelto a pasar. Con respecto al capitulo. Si! Edgar es taaan galan jajajaj Eso no se le puede quitar. Y bueno a Terra todo le afectara tenlo por seguro. Es un sentimiento nuevo para ella :C Y si Edgar también empezará a sentir una serie de sentimientos que deberá superar... esperemos xD.

Con respecto a los moguri eso se verá mas adelante. Serán importantes según lo tengo todo en mi cabeza jajaja. Locke? Bueno es un "cazador de tesoros" Los hábitos son difíciles de dejar. Tendrá que moderarse jajajaja Con lo de Gau se verá mas adelante. Tranqui. Y Mog jajaja claro es el que mas saca ventaja de ser tierno!

En cuanto a la batalla. Me alegra que te haya gustado. Con respecto a Strago debo cooonfesarrr que tambien pensé lo mismo. ¿Que podia hacer el? Pegar bastonazos? No lo vi muy util asi que lo deje para despues y bueno... lo olvide :'( perdooon ajajaja. Pense que no lo notarian xD!. Gau pues si pero era para defender a Relm :') Ya vendrán batallas mejores. Con las habilidades. ¡Claro! Se supone que ellos hacian esas cosas antes de conocer la magia. Por ende es como si volvieran a la realidad. Y si, pensé en lo mismo que tu. Terra debe ser agil en espada si o si. Lamentablemente no he juado dissidia pero lo que he visto si, la dejan bastante debil. Espero jugarlo algun dia :C

Bueno espero que te guste este cap. Esta mas enfocado en Terra y Edgar en su futura relación. No hay acción por ahora :( Necesito fortalecer ese vinculo que se les viene difícil las cosas.

Saludos!

Silvermist Wattson: Hola! Me alegro que te haya gustado el capitulo! :) Y si lo de Locke ajajaja yo también lo encontraba gracioso cada vez que lo leía. Es tan Locke jajaja. Y bueno Mog siempre aprovechando su ternura jajaja. Edgar no puede dejar de ser pervertido y galán. pero pronto se le pasara jajajaa Y a los moguri pues si. Ellos de por si son seres extraños xDDD Bueno este capitulo no hay acción pero si cosas que unen poco a poco a Edgar y a Terra :) Saludos!

Muchas gracias espero sus Reviews!

AVISO: Se actualiza los lunes.

DISCLAIMER: NINGÚN PERSONAJE DE FF ME PERTENECE. SOLO LOS HE USADO PARA CREAR UNA HISTORIA. GRACIAS :D

Capitulo VII

Terra abría los ojos lentamente. Se sentía mareada. ¿Dónde estaba? Vio el cielo de la carpa donde durmió esos días. Intentó levantarse pero al apoyar el brazo derecho su hombro le dolió.

- No Terra – dijo una voz.

Terra se dio vuelta y vio a Relm en un mini escritorio sentada con sus ¿ropas? Rápidamente se miró y vio que tenía envuelta en ella una sábana. También vio una masa blanca con un pompón amarillo en la cabeza descansando pegado a su abdomen. Lo reconoció de inmediato. Era Mog pero durmiendo profundamente. Ella sonrió y miró a la chica una vez pudiendo sentarse.

- ¿Qué.. que paso? – habló y Relm la miro – Lo único que recuerdo es aquella bestia y las llamas que le tiré y luego todo es confuso.

- Pues – dijo la chica – Te desmayaste por el golpe. Tu hombro se dislocó.

- ¿Y la bestia?

- Murió Terra – y ella sintió un alivio inmenso.

- ¿Mog está bien?

- Oh si – dijo divertida la chica – Tenia frío y dijo que como tu tendría más calor se durmió contigo - Luego terminó de mover las ropas de la chica - ¡Listo!

- ¿Qué hacías?

- Oh bueno – Relm se levantó y le dejó las ropas en la cama a Terra – La bestia rompió tu vestido y tus calzas, así que tuve que arreglarlas. Tenía algo de hilo dorado y unas cosas de costura – la chica se ruborizó al confesar.

- Muchas gracias – dijo Terra y tomó a la chica de la mano tirando hacia ella para darle un beso en la frente

- Es lo de menos – contestó apenada - ¡Nos salvaste!

- No Relm – contestó ella – Tú lo hiciste, si no me hubieses dicho del anillo no estaríamos acá – luego miró su mano - ¿Dónde está?

- ¡Oh lo tengo yo! – y saco rápidamente el anillo – Es tuyo Terra. Lo hice para tí. También le tengo varios a los chicos. A todo esto, llegaron los demás.

- ¿Enserio? – preguntó con algo de nervios - ¿Quién llego?

- Oh pues Setzer en su nave con Locke, Celes, Sabin y Edgar – ante el nombre del último miembro Terra sintió un cosquilleo en su estómago. Estaba ansiosa de verlo.

"Quiero verlo" Pensó para ella. Si. Lo extrañaba.

- Ums ¿Terra? – la voz de Relm se escuchaba con un toque divertido. Pero ella no reaccionaba. Decidió probar algo – Edgar estuvo gritando como loco cuando escucho que estabas lastimada, quería verte.

- ¿Qué? – dijo sorprendida Terra con un leve rubor en sus mejillas.

- ¡Ajam! – dijo divertida la chica - ¡Te gusta! ¡Lo sabía! Tranquila, no se lo diré a nadie.

- Yo… yo no sé de qué hablas Relm – dijo algo apenada Terra – No me gusta Edgar.

La pequeña la miró extrañada. Pero luego vio sus ojos y estos estaban brillosos, con mucha vida y también sus mejillas seguían sonrojadas. "¡Oh ella no lo sabe! ¡Que tierna!" Pensó Relm. Enseguida se alejó un poco de ella y sacó a la bola peluda del estómago de la chica.

- ¿Pero qué…? – exclamo medio dormido el Moguri - ¡Que pasa kupo!

- Buenos días – le dijo Relm en los brazos – Dejemos a Terra que se vista. Vamos con los demás

- ¿Eh? – fue lo último que dijo Mog medio dormido. No entendía nada.

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Todos seguían en una carpa grande. Locke y Celes eran los únicos que no estaban. Habían ido a dejar el mensaje personalmente a Cyan.

- Solo tenemos que esperar la respuesta de Cyan para mandar la mitad de los cristales – dijo Sabin – Mientras debemos pensar quien robó las gemas del fondo de la cueva.

- Y si estaban transformadas - agregó Setzer y todos lo miraron - ¿Qué? ¿No me digan que no lo pensaron? ¡Terra es la única que puede transformarlas que nosotros sabemos! Quizas no es la única.

- ¿Qué estás diciendo? – Dijo Strago

- Lo que oyen – continuo el jugador de cartas – Si alguien sabia la existencia de estas piedras debe saber para que se usan. Debe saber que en su estado de roca no sirven, entonces ¿Por qué decidió llevárselas de igual modo?

- Claro – dijo Edgar mirando el té encima de su mesa. Apoyo si mano en la barbilla – debe saber que se pueden transformar…

- …Y debe saber otro modo de hacerlo – termino su frase Sabin.

- Hola a todos – dijo Relm entrando en la carpa – Mog está despierto

- Oh si si – dijo rascándose los ojos perezosamente - ¿Qué cuentan kupo?

- Estamos esperando la respuesta de Cyan para saber dónde quiere que nos llevemos la mitad de las gemas.

- Ah entiendo kupo – dijo sentándose con Relm en una silla desocupada – Bueno mi pueblo aún tiene energía para seguir explorando.

- Es estupendo – comentó Edgar – Debemos conocer a profundidad esta cueva. Si Gau no conocía ese lugar significa que alguien si sabía de todo esto.

- ¿Y qué haremos con el ladrón de joyas, kupo? ¿Saben quién es? ¿Dónde buscar? ¿Qué trama, kupo?

- Eso estábamos pensando Mog – contestó Sabin.

- Dios mío – dijo Edgar parándose de la silla – ¡No puedo pensar así! ¡Esperen! ¡Algo se nos tiene que ocurrir!

- Eh… buenos días – dijo una suave voz tímidamente entrando en la carpa.

- ¡Terra! – Dijo Relm contenta – Que alegría que estés mejor – Luego vio la ropa de ella - ¡Te ves hermosa!

Terra sintió el rubor en sus mejillas y se sintió avergonzada. Intento abrazarse a ella misma sin éxito. Todos la miraban asombrados. Sobretodo Edgar que al estar parado podía ver el cuerpo completo de la chica.

Sentía que le daría un infarto ahí mismo. En la puerta estaba su Terra con el cabello suelto, dejando ver esos lisos cabellos turquesa caer bajo sus hombros. Sus hombros estaban descubiertos igual que siempre. Pero su vestido, ya no era vestido, era un peto rojo con bordes dorados con figuras que le llegaba a 5 cm arriba del ombligo. Luego le seguía la falda que claramente era de la misma tela anterior, con los mismos bordes dorados. Edgar podía ver lo diminuta que era la falda mostrando esas piernas blancas hermosas de la peli verde, ya que sus calzas no estaban, En cambio eran dos medias hechas con el material de las calzas que le llegaban a 4-5 cm arriba de las rodillas con sus botas rojas características y sus guantes largos rojos.

"Mierda" Se dijo Edgar. Con esas ropas sí que podía ver toda la anatomía de la chica. Y afirmó que si la chica estaba más desarrollada que hace dos años. Fijó sus ojos en el rostro apenado de la chica. Se veía más que adorable, se veía deseable.

- ¿Edgar? – dijo tímidamente la chica viendo al rey algo apenada y sonrojada.

Edgar salió del trance inmediatamente ¿Cuánto rato habrá estado observándola? ¿Se habría dado cuenta ella? ¿O los demás?

- Perdón mi lady – y rápidamente corrió hacia ella tomándola de la cintura – tome asiento con nosotros.

Terra sintió una corriente eléctrica al sentir los dedos descubiertos de Edgar por el guante de batalla que llevaba en su piel. Se sentía extraña, nunca sintió eso. Y se avergonzó ella misma descubriendo que le gustaba sentirlo.

- Te ves hermosa – dijo Edgar sacándola de sus pensamientos.

Terra lo miró a los ojos y por primera vez se dedicó a examinar al rey. Sus largos cabellos rubios eran atrapados en dos lazos azules, sin embargo muchos de estos estaban sueltos dándole un toque salvaje con aquellos mechones sueltos. Sus cejas estaban bien delineadas arriba de sus ojos zafiros. Nunca se había dado cuenta de la nariz respingada del rey, sin duda le daba el toque de grandeza. Siguió a los labios de él, eran pequeños pero rosados. Es más, eran armónicos a toda su cara tan delgada y delicada. Bajo y vio su pecho cubierto por una camisa azul debajo de una armadura negra que cubría su pecho y uno de sus brazos completamente. Su abdomen era cubierto por un cinturón de cuero azulado con un pañuelo azul más claro cubriéndolo abajo. Y usaba un pantalón a juego con su camisa. Sus botas eran negras a mitad de la rodilla sin mucho detalle real. Y con su capa blanca que demostraba que estaba en frente de un rey.

Sin duda sabía a lo que venía, sin dejar de perder su estilo. Era atractivo, tenía que confesarlo. "Muy atractivo" Miró sus ojos por segunda vez perdiéndose en ellos, pero un detalle no pasó desapercibido para ella. Edgar tenía ojeras. Ahora que lo decía se veía algo cansado "¿Abra dormido mal como yo estos días?" Se encontró pensando en ese día que la encontró semi desnuda en el baño de roma. "Me ha visto en toalla"

- ¿Mi lady? – la voz de Edgar la saco de sus pensamientos. Él a veía con una sonrisa - ¿Esta bien?

- ¿No tendrá fiebre? Esta roja – dijo Sabin.

- Yo… yo – dijo nerviosa y con el corazón acelerado ¿Acaso fue muy obvia su mirada? – Estoy bien

- ¿Quieres té Terra? – interrumpió Relm a su lado. Terra estaba agradecida que la chica la salvara y asintió positivamente.

- Gracias – dijo tímidamente ya más calmada. Relm solo le respondió con una sonrisa. – ¿En que iban antes que interrumpiera?

- Yo decía si conocían al ladrón de joyas, kupo – Dijo Mog - ¡No tenemos pistas!

- Pues la verdad – confesó la chica – Creo que lo mejor sería sacar las piedras de acá e investigar abajo. Algo debe de haber entre los rastros.

Edgar por otro lado solo se dedicaba a mirar el rostro de la chica. Realmente se veían bien con sus cabellos sueltos. Nunca había notado los gestos de la chica al hablar o pensar. "Se ve feliz" y el corazón de Edgar también lo estaba.

- ¿Tú qué crees Edgar? – Dijo tímidamente Terra esquivando sus ojos.

- Creo – dijo algo para llamar la atención de la chica – que deberías mirarme Terra ¿no estoy tan feo, o si?

- Perdón – confesó apenada y lo miró. Edgar podía ver ese brillo en su mirada. Tan intensa. "Demasiado expresiva" pensó rápidamente.

- Si – dijo finalmente sin perder la mirada de la chica – Mi lady tiene razón. Si bien debemos encontrar al ladrón no podemos permitir que estas caigan en malas manos. Setzer

- ¿Si? – contestó algo confundido. No podía evitar mirar a la chica de vez en cuando. Era muy llamativa en esas ropas.

- Partiremos - contestó y vio que este miraba a su compañera. El frunció el ceño algo molesto – Iremos primeros a Fígaro a dejar la mitad que debo proteger. La otra la llevaras luego a Doma después de dejar a los chicos moguri. El viaje lo auspicio yo si de costos se trata.

- Hmm – dijo simplemente sin dejar de mirarla.

- ¿De acuerdo? – dijo serio Edgar – Terra y Sabin irán conmigo.

- Oh – dijo saliendo del trance – Pensé que la señorita Terra querría ir a Doma. Yo la puedo dejar si gustáis.

- Ella ira a Fígaro – dijo decidido Edgar. No quería que estuviera cerca de otro hombre. Podría jurar que su amigo no tendría buenas intenciones – Strago, Relm y Shadow irán a Doma también.

- ¿Y Celes con Locke? – Preguntó Terra – ¿Ellos a dónde irán?

- Oh ellos – dijo divertido el rey – Llegaran a Fígaro algo más… tarde. Los esperaremos allí.

- De acuerdo – dijo ella devolviéndole una sonrisa.

- ¡Excelente! – contestó alegre el rey – Partiremos mañana en la mañana. Dejaremos cargado todo ahora antes de que anochezca

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Ya estaba oscureciendo en los terrenos de Voltz. Terra miraba a la entrada de la cueva como el atardecer iba descansando para dar turno a la noche. Los leves rayos de sol anaranjados se dormían en el horizonte y con ello despertaban corrientes de aire.

- ¿Qué es lo que sería de ellos? ¿Qué seria del ladrón? El grupo de amigos había investigado pero no dejaron que ella se uniera por la condición de su hombro.

- ¿Terra? – Dijo la pequeña Relm detrás de ella.

- Dime pequeña – contestó con una sonrisa.

- ¿Estás ocupada? – La peliverde negó – Quiero elegir unas piedras para mí y para…. Gau – dijo el último nombre sonrojada levemente. A Terra le pareció adorable.

- A ver – dijo girando a la chica – ¿Cuáles tienes?

La chica sonrió con sus hermosos ojos azulados. De sus ropas sacó una bolsa de género morada con bordes dorados y un paño de igual color. Extendió el paño dorado y vació el contenido de la bolsa en él. Se podía observar una gran variedad de gemas y de colores.

- Creo que esta piedra es la de curación. Una peridoto – Relm tenía entre sus dedos una gema verdosa tan clara de un verde oliva brilloso.

- Esa te la puedes quedar Relm – Dijo Terra – deberías tener esa y una de ataque

- Si lo pensé también y quise elegir el fuego – y las mejillas se sonrojaron – como tu Terra.

- Es una buena opción- y le pasó un rubí a la chica – Ahora para Gau…. ¿Algo de tierra puede ser?

- ¿Esto es un Topacio verdad? – Terra miró la mano de la chica tenía una gema café claro y asintió – Esta le servirá. Es tierra.

- ¿Las harás en anillos? – La chica negó.

- Para Gau le haré un collar – y saco otra bolsa con un collar de acero con un colgante. Coloco fijamente el topacio del chico y luego le mostro a Terra y ella asintió asombrada – ¿Ves? Ahora busca uno para ti.

- Pero yo tengo el rubí.

- Te preparé este cintillo con broche de pelo con otra peridoto – respondió Relm sacando de la bolsita de collares un cintillo dorado.

Terra miró asombrada tomando el cintillo. Era de oro. El broche lo tenía al lado izquierdo, una pequeña forma redonda con unas hojas talladas todo en oro y abajo tenía la gema verde deslumbrando y brillando.

- Es hermoso Relm – dijo Terra sin dejar de mirar el cintillo - ¿De dónde lo sacaste?

- La verdad…. – dijo divertida – Me pidieron que te lo diera.

- ¿Cómo? ¿Quién?

Relm recordó el momento en su mente.

La pequeña pintora estaba en la carpa donde había estado horas antes Terra y Mog descansando. La reunión había terminado y ella quería terminar de darles las gemas a sus amigos. Era importante que todos tuvieran al menos una magia para defenderse.

- Hace un hermoso trabajo mi pequeña lady – dijo una voz detrás de ella. Relm supo de inmediato de quien se trataba.

- Muchas gracias por sus palabras rey Edgar – dijo educada. Ella quería demostrar que era lo suficientemente madura para confiar en ella en la misión. Debía ser educada sobretodo sabiendo que Edgar era el rey.

- ¡Oh que formalidad es esa! ¡me haces sentir viejo! – exclamó dolido el rey y Relm rio – llámame Edgar

- Entonces… muchas gracias por tus palabras Edgar.

- De nada – Luego miró las gemas a un costado de la mesa - ¿Esas son las gemas que creó Terra? – Relm asintió – Ya veo… me dijeron que creaste un anillo con el rubí de fuego ¿Es verdad?

- Si – dijo orgullosa – es mucho más práctico y menos incomodos tenerlas así que sueltas en las ropas.

- ¡Eres una chica muy inteligente! – exclamó Edgar - ¿Te puedo pedir un favor entonces? – Relm lo miró – Tienes alguna gema de curación.

- Si – Relm busco entre las gemas que le había pasado su abuelito – Esta, toma.

- Edgar tomó la gema curioso, examinándola, pensando como esa bella piedra tendría el poder de la magia en él.

- ¿Podrías hacer uno de tus anillos con este?

- Claro, no solo anillos – confesó la chica pintora – tengo acá materiales para hacer también collares, pendientes.

- ¡Oh interesante! ¿Entonces puedes colocar las gemas donde quieras?

- Hmmm – dijo pensando Relm – No sé si en todo. Pero podría ver para saber si se puede o no

Edgar sacó entre sus bolsillos una bolsita morada con bordes dorados. Relm miró curiosa como la dejaba en frente de ella y asintió para que la abriera. Abrió la bolsa y adentro había otro pañuelo, del mismo color que la bolsa, afelpado. Relm abrió las puntas suavemente y encontró un hermoso cintillo dorado con aquel detalle en la parte izquierda. ¡Era hermoso! Relm miró en el lado izquierdo.

- Si puedo – dijo finalmente y apuntó al detalle del cintillo – Aquí puedo colocarla. Espérame unos minutos.

Edgar asintió. Vio como la chica sacaba instrumentos de una cajita especial y luego de un rato colocó la gema.

- Toma Edgar – dijo Relm finalmente – Esta muy lindo.

- ¿Verdad? – dijo orgulloso – Esta hecho con las mejores láminas de oro producidas en Fígaro ¡Es una belleza! ¡Es el regalo perfecto!

- ¿Se lo darás a Terra? – dijo finalmente Relm divertida. El rey silenció inmediatamente mirando fijamente a la chica.

- Es… ¿es muy obvio? – Relm solo encogió los hombros sonriente.

- Si pienso en tu actitud cuando llegaste, si – contestó – Se nota mucho que te importa Terra. ¿No te gusta que se lastime verdad? – Edgar asintió – Creo que es el regalo perfecto entonces.

- Relm – dijo secamente el rey - ¿Podrías dárselo tú? – La chica miró asombrada.

- ¿No quieres que sepa que tú se lo diste?

- No – y el rey negó con la cabeza – No es eso, no me importa si ella sabe o no. Pero sé que no me lo aceptará. ¡Es testaruda! Antes le quise regalar algo y me lo rechazó – encogió los hombros – no debo ser un rey muy encantador para que me rechacé. Pero si tú se lo das estoy segura que no se negará. Y la verdad…. – Edgar se detuvo unos momentos – Realmente quiero que lo tenga a mano. Temo por su seguridad.

- Te entiendo – dijo Relm. Ella se levantó de la silla. Se colocó al frente de Edgar con su pequeña aun estatura. Edgar la miró extrañado – Estaré encantada de realizarle este favor al gran rey de Fígaro.

- Oh Relm – dijo divertido y ambos rieron – Gracias.

Relm sonrió al recordar aquel momento hace unas cuantas horas atrás.

- ¿Relm? – la llamo nuevamente Terra.

- ¿Eh? Disculpa, ¿Me podrías repetir lo que me preguntaste?

- Que quien te pidió que me lo dieras

- Edgar – dijo divertida Relm. Vió como sus mejillas se coloreaban de un rosa suave. – Me dijo que eras testaruda y no se lo recibirías. – Terra rió.

- Si – contestó divertida – es lo más probable.

- Pero Terra – dijo Relm mirándola fijamente- por favor tómalo. Te ayudará mucho para tu seguridad. Además, harás muy feliz a Edgar si lo usas.

Terra volvió a mirar el cintillo. Era realmente hermoso. Miró a la chica y le sonrió. Se colocó el cintillo en sus cabellos. Combinaba a la perfección, resaltaba más al contraste de sus cabellos verde turquesa.

- ¡Te queda hermoso Terra! – confesó la chica – Realmente eres muy linda ¡Quiero ser así de hermosa como tú!

- Vamos Relm – dijo divertida la ex soldado – Tu eres hermosa y cuando seas mucho más grande lo serás aún más. – Luego miró el resto de las gemas – también quiero hacerle un regalo.

- Bueno – dijo Relm – busca una piedra que creas que sería para él.

Terra asintió y buscaba entre las gemas, ¿pero que buscaba realmente? Podía elegir entre todas. Podía elegir por poder, pero no sería lo que ella buscaba. ¿Por color? No, tampoco.

- ¿Qué ocurre? – Dijo Relm viendo el rostro de molestia de Terra.

- No encuentro una que pueda darle – contestó desanimada – Todas son hermosas pero no veo alguna que sea significativa

- ¿Cómo que buscas?

- Quiero una que demuestre ese brillo, el poder que tiene Edgar cuando camina, ese brillo que tiene el rey de Fígaro – dijo Terra cerrando los ojos – Quiero una que pueda describirlo a él, que también uno lo vea y pueda recordar su figura a instante.

- Relm pensaba en la descripción de Terra. Realmente le gustaba Edgar. Sonrió sin que la chica peli verde lo notara. Cuando inconscientemente recordó algo.

- Terra – dijo interrumpiendo su descripción. Relm busco entre sus bolsillos. "Juraría que lo deje acá" Hasta que lo encontró – Toma, esta piedra la encontré abajo, por lo que veo es diferente. Podrías ver como se transforma

Terra tomó en sus manos la pequeña roca viendo destellos espaciales. Poco a poco la piedra se iba transformando en un cristal completamente celeste. Terra lo vio con detalle ¡Era hermoso! Brillaba enormemente. Un ópalo con mucha variedad de celestes. Terra lo miró fijamente unos segundos más. "¡Son como los ojos de Edgar! Claros, brillantes, tan expresivos"

- ¡Es hermoso! – dijo finalmente mirando a la chica – Es ideal para él.

- Ahora tendremos que averiguar que hace.

Terra asintió. Tomó la piedra en una de sus manos y en la otra esperó a que algo pasara. Rápidamente se podía ver como agua aparecía de la mano de Terra en forma de esfera. "¡Era un ópalo de agua!"

- Agua – dijo Terra – Agua tan clara y transparente como sus ojos.

- Es muy lindo Terra – dijo Relm - ¿Quieres que sea un collar o anillo?

- No – dijo y quedo en silencio un minuto – Quiero que sea un pendiente. Quiero que puedan admirar el brillo de sus ojos y el brillo de la gema.

- Está bien – dijo Relm y saco su cajita – Terra ¿Quieres hacerlo tú?

- ¿Puedo? – preguntó asombrada – Pero me quedara feo.

- No tranquila – contestó divertida – yo te guiaré en las cosas que tienes que hacer. Venga ¡Comencemos!

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Edgar estaba en la zona del robo. El lugar estaba totalmente iluminado gracias a la ayuda de los Moguri. El resto de su equipo había ido arriba a descansar. El prefirió esperar, quería pensar, ligar cosas, tener pistas de lo que pasó y de lo que podría pasar. Caminaba lentamente con su clásica pose pensadora, su mano sobre su mentón y su ceño algo fruncido. ¿Por qué no podía encajar nada? Setzer tenía razón, el ladrón sabía de la existencia de las piedras, sabía la ubicación, y sabe cómo transformarlas. Pero ¿Cuál sería su propósito? ¿Una guerra? ¿Propagar la magia para el bien? No, el ladrón debía saber que solo la gente que usó magia podría usarla, no podría esparcirla o venderla. ¿Entonces una guerra?

- ¿Edgar?

El chico se dio vuelta viendo la delicada figura de la ex soldado magitek.

- Oh mi lady – dijo Edgar sonriente. Estaba feliz de poder volver a verla. Luego su sonrisa se esfumó – ¿Qué hace acá? Es peligroso.

- Yo bueno… - continuó nerviosa – Te busqué por el campamento cuando los demás regresaron pero no estabas. Entonces decidí buscarte acá.

- Oh – su rostro serio se había relajado. Y luego le dedico una sonrisa - ¿Desea algo?

- Quería darte las gracias – dijo sonriente con un rubor en sus mejillas. Luego se tocó el cintillo – Muchas gracias por el regalo. ¡Es hermoso!

- Me alegra que lo recibieses y que además te gustase Terra – contestó Edgar. La examinó y luego sonrió – A ver quizás así se te vea mejor.

El rey se acercó a la chica y acomodaba lo delicados cabellos de la chica. Terra nuevamente sentía ese extraño pero agradable cosquilleo en su cuerpo. Edgar luego sintió la mirada fija de la chica. Lo miraba como en la reunión.

- ¿Ocurre algo? – dijo curioso de saber por qué lo miraba así. No le molestaba, amaba esa mirada.

- Estás cansado – dijo de repente sacando a Edgar de sus pensamientos.

- ¿Cómo? ¿Qué dices? – contestó algo confundido. La chica rio y dirigió sus manos al rostro del rey.

- Eso – dijo Terra tocándole las ojeras a Edgar - tu rostro tiene ojeras ¿No has dormido bien?

Edgar se sorprendió ante dos cosas. La primera era de la astucia de la chica. ¿Tan notorio era su cansancio? Efectivamente sus noches eran terribles. Incluso prefería trabajar en el día que dormir. Lo segundo era que el contacto de los dedos de la chica con su piel hizo que se le erizara toda la piel. "Como una corriente eléctrica, pero agradable"

- ¿Dije algo malo? – escucho hablar a Terra.

- No – dijo rápidamente y sonrió – Tienes razón, me has pillado – Terra le devolvió el gesto y bajo sus brazos – Efectivamente no he estado en mis mejores días.

- Yo tampoco – confesó la chica retirando el rostro de él y mirando al costado – Desde que estuve en Doma no estoy tranquila – Rápidamente miró a Edgar - ¡no son pesadillas!

- Tranquila, tranquila – Reía Edgar – Te creo. Adelante, continua

- No son pesadillas, sino que… - tomo una pausa y suspiró – despierto asustada, buscando algo o alguien. No sé qué es pero siempre es lo mismo.

"Curioso" pensó Edgar. Lo mismo le sucedía a él.

- Bueno mi lady – dijo Edgar tranquilo – Quizás debamos ir a intentarlo una vez más ¿no crees? Quizás hoy podamos dormir algo mejor.

Y Edgar puso sus manos en los hombros de la chica. Era suaves pero estaban fríos. Rápidamente se sacó su capa y se la colocó en los hombros de la muchacha.

- ¿Edgar? – miro confusa.

- Estás helada, tápate con ella – contesto él y Terra asintió – No quiero que te enfermes. Mejor vayamos a descansar. Es tarde y mañana se madruga

Edgar inicio la marcha seguida por Terra a su lado abrazándose con la capa del rey. Olía al perfume de Edgar, a él. A Terra le encantó ese olor. Era un olor tan varonil, tan imponente "Tan de Edgar" pensó rápidamente. El rey miraba de reojo a la chica que se aferraba con muchas ganas a la capa.

- Si quieres puedes quedarte con ella – dijo Edgar rompiendo el silencio de la marcha

- ¿Qué? – exclamo confundida.

- La capa – dijo divertido – Tienes mucho frío verdad

- ¿ah? Oh si… frió – dijo rápidamente – La verdad no lo había pensado

- Terra – dijo Edgar y paró en seco. Terra se dio vuelta para ver el rostro de él, serio. - ¿Me puedes prometer algo?

- ¿Qué cosa? – el rey suspiró. Y de la nada la abrazó.

- Quiero que te cuides más – confesó – No sabes cuánto me duele saber que te lastimas o cuando te pasa algo malo.

Terra no respondió. Edgar la tenía aferrada a su pecho, su aroma era más intenso. Pero lo que le llamaba la atención eran los latidos del corazón del rey. Armoniosos, vivos, fuertes. En cambio sentía que el de ella explotaría en cualquier momento, que se saldría por la boca. ¿Qué le pasaba?

- ¿Terra me estas escuchando? – hablo Edgar. Terra lo miró a los ojos – No quiero repetir todo

- Si escuché Ed – dijo Terra rápidamente.

- ¿Ed? ¿Y eso? – él levanto una ceja, curioso.

- ¿No te gusta?

- ¡No he dicho eso! – "¿Habré sonado molesto?" pensó el rey.

- A mí me gusta – confeso sonriendo y miró sus ojos – Suena menos formal que Edgar

Edgar enfocó la mirada en ella. Oh! ¡Cómo le relajaban esos ojos! Se sentía en tranquilidad y agradecía eso porque lo necesitaba más que nunca.

- Oh Ed – dijo Terra y se soltó un poco del abrazo del rey – Toma

- ¿Y esto? – dijo Edgar soltando el abrazo y tomando el pañuelo. Sabía que era el que le había dado a Relm.

- Ábrelo – dijo sonriente. Feliz.

Edgar lo abrió y vio rápidamente una gema que brillaba mucho en un pendiente. Era como un arcoíris de tonalidades celestes. Realmente era bello.

- ¿Te gusta?

- Es muy lindo Terra – dijo mirándola

- Es tuyo

- ¿Mío? – Edgar la miró asombrado. Luego miró nuevamente el ópalo - ¿Tú lo hiciste?

- Bueno…. – y Edgar miró sus mejillas avergonzadas – Sé que no esta tan bien hecho como el que los hace Relm

- Entonces tú lo hiciste – hablo rápidamente - ¿Para mí?

- Si – dijo sonriéndole – Quería agradecerte por tu regalo haciéndote uno. Quería una gema que fuera digna del rey de Fígaro - Edgar reía y Terra escuchaba feliz. Su risa realmente le agradaba.

- ¿Así que este ópalo es digno del rey? ¿Segura?

- ¡Por supuesto! Además tus ojos – continuó – Este ópalo de agua me recuerda a tus ojos cristalinos, tan celestes como el agua.

- Gracias – dijo finalmente Edgar. Con agilidad se sacó el pendiente que llevaba y lo guardo. - ¿Seria este pendiente tan afortunado de ser colocado en el rey por esta bella dama?

- ¡oh Ed! ¿Te burlas de mí? – exclamo con sus manos en jarra actuando molesta.

- Por supuesto que no – confesó sonriente – Me gustaría mucho que tú me colocaras el regalo que me has dado. Me haría muy feliz.

Terra sonrió y tomo el pendiente nuevo, se acercó al rostro del rey. Edgar maldijo aquello porque no pensó en lo agradable que sería el aroma de la chica. Además su rostro estaba demasiado cerca de él. Podía sentir las respiraciones de la chica en su oído. Quería abrazarla.

- Listo – dijo finalmente Terra y antes de que pudiese alejarse Edgar la abrazo muy fuerte. Como aferrándose a ella. Sintió el rostro de Edgar en su cuello, respirándole suavemente. Terra sintió su corazón nuevamente explotar y sentía arder su rostro - ¿E-Edd?

- Espera – decía Edgar con los ojos cerrados – Déjame estar así un rato más ¿Si? – le confesó.

Terra no contestó, solo lo abrazó de vuelta. Ella también quería quedarse así por mucho rato. Ambos se quedaron sintiendo el aroma del otro, guardándolo en cada célula de ellos.

FIN CAPITULO VII