^^ Termino mi cumpleaños, subiendo el siguiente capítulo. ¡Y me voy de fiesta, que me esperan!
Jueves, durante el día
-Le hemos hecho enfadar, pero no me importa- dijo Aioria quitándole hierro al asunto.
Los caballeros de Leo, Aries, Libra y Piscis caminaban rumbo a sus respectivas habitaciones para descansar, tras el espectáculo de magia que ofrecieron.
-Bueno, nosotros teníamos ventaja- opinó Mü
Afrodita resopló indignado.
-¿Ventaja? Si es que él era torpe, se veían perfectamente los trucos que empleaba-
-Independientemente de si era torpe o nosotros tenemos ventaja por nuestros poderes, ahora debemos descansar- zanjó Dohko abriendo la puerta de su cuarto.
Shaka apareció a lo lejos del pasillo, con aire triunfal en el rostro.
-Espera Dohko, que yo no tengo llave-
-¿Y tú de dónde vienes?- preguntó el lemuriano.
-De dejar en ridículo a una pitonisa-
-Desde luego, te quejas de dejar a solas a Dohko por si la lía parda, pero tu no te quedas corto-
Shaka frunció los labios.
-Se lo merecía, por mentirosa e intentar sacarle los cuartos a la gente-
A continuación se despidió de los demás y desapareció dentro del cuarto junto al caballero de Libra.
Afrodita bostezó y se despidió de sus compañeros.
El griego y el lemuriano se acercaron a su puerta y se metieron dentro.
Aioria encendió la luz. Un quejido se escuchó proveniente de un bulto oculto bajo las sábanas.
Mü se acercó cautelosamente y tiró de las telas. Milo apretó los párpados ante la fuente de luz.
-Apaga esa maldita luz quiero dormir- protestó.
El lemuriano le volvió a tapar y fue a lavarse los dientes.
Aioria, sin embargo, se quedó sentado en el borde de su cama, observando la figura de su compañero.
-Qué raro que estés tan temprano durmiendo…creí que estarías por ahí ligando-
-Tengo sueño, además he llegado hace unos minutos. Déjame en paz, gato tiñoso- el bulto se revolvió dentro de las sábanas y se dio media vuelta.
El caballero de Leo suspiró y se puso el pijama para dormir.
Mü salió del baño y desatando su larga cabellera se escurrió dentro de su cama. Aioria aprovechó para entrar al baño.
Pronto los tres jóvenes estaban durmiendo a pierna suelta.
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-¡Joder, dejad de cortarme el rollo!- protestó el caballero de Cáncer, cubriéndose con las sábanas.
Afrodita se sacudió la melena celeste y miró despectivamente a Deathmask.
-Te recuerdo que esta habitación no es sólo tuya-
-¿Y? Si ves que estoy con una mujer ¿por qué no te piras?- masculló incómodo.
La mujer que disfrutaba de la noche junto al siciliano emitió un chasquido con la lengua mientras salía de la cama y recogía sus pertenencias.
-¿Pero dónde vas?...¡Espera, que aún no hemos terminado!-exclamó Deathmask recogiendo sus ropas del suelo y saliendo detrás de la mujer. Se giró hacia donde estaba el sueco y le apuntó con el dedo.
-De esta te acuerdas- dijo saliendo del cuarto.
Afrodita se metió en el baño ignorando las amenazas de su compañero.
Unos leves golpes resonaron en la puerta.
-Afro, abre, que soy Kanon-
El sueco salió rápidamente a abrir a su compañero.
-¿Dónde estabas?-
-Pues vengo de…- meditó sus palabras -…de esperar a que Deathmask saliera para poder entrar. Vine hace unos minutos, pero no quiso abrirme porque estaba tirándose a una mujer-
Afrodita entrecerró los ojos y suspiró, dejando pasar al aprendiz de Géminis. Éste se desplomó sobre su cama dolorido. Se quedó dormido enseguida, mientras el sueco se entretenía en el baño iniciando su ritual de acicalamiento nocturno.
Cuando finalizó su ritual de belleza, se acostó en su cama y colocándose dos tapones en los oídos, se quedó frito.
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-¡Somos riiiiicos, riiiicos, RIIIICOOOOOOSSSSS!-
Aioros y Shura vociferaban por el pasillo bastante afectados. Agarrados por los hombros, trataban de no perder el equilibrio. Shura sujetaba una botella de champán con la mano que le quedaba libre. De vez en cuando se paraba para echar un trago y se la ofrecía a su amigo.
Sin querer, Shura tropezó y la botella se escurrió de sus manos, vertiéndose el líquido elemento por el suelo. Aioros se tiró y empezó a lamer la alfombra.
El español se dejó caer al suelo, presa de una fuerte borrachera de éxito y alcohol.
-Pero tíoooo…qué haaaacessss..el suelo no she shuuuupaaaa- y empezó a reírse incontroladamente. Las palabras salían arrastradas de la garganta del moreno, que observaba a su amigo.
Aioros dejó de lamer la alfombra y dejó la lengua fuera, cubierta de pelusas y demás mierda. Con todos sus sentidos afectados, el griego trató de coordinar sus movimientos para quitar la pelusa, pero lo único que hacía era darse pellizcos en las mejillas o pasarse la mano por la barbilla.
El español se reía a carcajada limpia, incorporándose como buenamente pudo y se acercó a gatas a su compañero.
-Sho te ashudo- dijo alcanzando la botella de champán. Con el poquito alcohol que quedaba dentro, vertió sobre la lengua del griego el líquido, que arrastró las pelusas pegadas a la reseca lengua del caballero de Sagitario. Éste fue a limpiarse la bebida que se escurría por los labios y la barbilla, pero antes de que pudiera levantar la mano, Shura le agarró de la muñeca.
Sin decir nada, apoyó sus labios sobre los de Aioros.
Como el griego no opuso resistencia, el español continuó lamiendo de la boca de su amigo el alcohol, mientras se reclinaban hacia el suelo. Los dos se enzarzaron sobre la alfombra en una escaramuza de besos, donde las lenguas peleaban por conquistar la del otro.
-¿Pero qué estáis haciendo?- preguntó una voz grave.
Los dos caballeros dejaron de revolcarse y miraron la figura que se alzaba imponente ante ellos. Shura se pasó la mano por la boca y sonrió.
-Le esssstaba quitando lasss pelussaaaasss a mi amigo…¿a que sí?-
Aioros se relamió y asintió, estallando los dos en carcajadas de nuevo.
-Vaya dos merluzos bien cocidos tengo aquí…luego soy yo el que hace el ridículo…venga vamos, que os meto en vuestro cuarto-
Saga hizo un gesto con la mano a dos mujeres que esperaban impacientes e hizo incorporar a los dos caballeros. Aioros rebuscó entre sus bolsillos como pudo la llave de la habitación.
El caballero de Géminis abrió la puerta y arrastró a ambos hacia dentro.
Mientras Saga se ocupaba de meter a Aioros en la cama, Shura salió al pasillo de nuevo.
Una de las acompañantes de Saga se acercó a cotillear y se dio de bruces con el español.
-Holaaaa guapa ¿quiés salami?-
En ese momento la mano del gemelo agarró al español del brazo y lo metió dentro de su cuarto de nuevo.
-Deja de hacer el payaso, que me las ahuyentas- gruñó obligando a Shura a meterse en su cama.
-¿Pero quiés salami o no quiés salami?-
-Salami no, pero una buena ristra de ostias te voy a dar mañana como no te quedes aquí metido- amenazó el gemelo.
Y dejando a Aioros roncando y a Shura mascullando incoherencias de borracho, Saga cerró la puerta y fue a su cuarto a disfrutar de sus acompañantes.
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Aldebarán caminaba encogido, agarrándose la tripa. Emitía quejidos de dolor, y de vez en cuando dejaba escapar un eructo.
-Bebe más- dijo Camus tendiéndole un vaso de tónica.
El brasileño puso cara de asco.
-Sabe muy amarga-
-Ya, pero te ayudará a hacer la digestión- insistió el francés.
Aldebarán agarró el vaso y le dio un trago largo. Seguidamente eructó escandalosamente.
Camus abrió los ojos asustado.
-Está bien que eructes, pero hazlo más bajito- dijo mirando alrededor a la gente que pasaba riéndose.
Los dos caballeros salieron del bar y se encaminaron a sus habitaciones.
El galo ayudaba a su compañero en la ardua tarea.
-Buenas noches, caballeros- saludó una voz. Camus sintió un frío recorriendo su espinazo.
Se había pasado toda la noche evitándola, pero ella se las arregló finalmente para toparse con él.
-Buenas noches señora.- concedió cortésmente, mientras continuaba su camino del brazo de Aldebarán, que seguía doblado.
-¿Qué le ocurre a tu amigo?- la camarera insistía en entablar conversación con Camus.
-Nada grave, una indigestión. Cenó demasiado-
-¿Y a ti?-
-¿A mi qué?- preguntó incómodo.
-Pues que qué te pasa, te estás pelando-
-Es que en realidad soy un lagarto y estoy mudando mi piel- contestó de manera cortante.
Sin embargo, la camarera no se dio por vencida.
-¡Qué gracioso eres!- dijo soltando una risa coqueta.
Camus tiró de su compañero para que se diera prisa.
-Vámonos, que esa señora está mal de la cabeza-
-Pero es que no puedo ir más deprisa, me duele mucho la tripa- gimió el brasileño, eructando de nuevo.
-Vaya, sí que estás mal ¿quieres sal de frutas? Tengo en mi camerino un poco- invitó la mujer.
Antes de que Aldebarán contestase, Camus le cortó.
-No hace falta, si con la tónica tendrá suficiente. Gracias-
La mujer se adelantó a agarrar el brazo del acuariano, pero al sentir la mano de ella, apartó el brazo bruscamente y se quedó con un pedazo de piel en la mano.
Camus arrastró a la fuerza a Aldebarán de allí. Antes de que se fueran, el brasileño se dio la vuelta para ver a la mujer. Lo que vio lo dejó traumatizado.
Cuando llegaron al pasillo de sus habitaciones, el caballero de Tauro se despidió de Camus.
-Tenías razón, esa señora es muy siniestra. Se ha quedado oliendo el trozo de piel que te arrancó y se lo ha guardado en su mandil-
El francés miró a su compañero.
-Me da miedo-
Seguidamente ambos se metieron en sus cuartos a dormir.
Como todos los días, el sol amaneció por el este. Una leve claridad empezaba a iluminar la estancia donde Afrodita y Kanon dormían plácidamente.
El gemelo abrió los ojos suavemente y movió el brazo herido. Ya no le dolía. La herida de la espalda también había cicatrizado.
Giró el cuerpo para mirar el despertador, eran apenas las 6:30 de la mañana. Miró a su compañero que estaba de espaldas completamente dormido. La mata de pelo celeste ni siquiera se inmutó cuando el aprendiz se golpeó el dedo meñique del pie contra la pata de la cama. Kanon ahogó el grito de dolor y una lagrimita se escurrió por su ojo derecho.
Cojeando agarró la manilla de la puerta y la giró lentamente. Sustrajo la tarjeta llave del compartimento de la pared y cerró la puerta con suavidad.
Apoyó la oreja en la puerta de su hermano y escuchó atentamente. Le pareció oír la tos de una mujer y un ruido de sábanas moverse. Sonrió perversamente y se encaminó al pasillo.
Bajó las escaleras y acudió a recepción. El recepcionista nocturno estaba recogiendo sus enseres para ceder su turno a su compañera de la mañana.
-Disculpe ¿enfermería por favor?-
El recepcionista se asustó al ver a un cliente despierto tan temprano.
-No creo que la enfermera esté trabajando aún. Su turno no comienza hasta dentro de hora y media-
-Es que es una urgencia, me duele mucho la herida, necesito que me mire- pidió Kanon lastimeramente.
El recepcionista suspiró y llamó con el teléfono. Intercambió un par de palabras con la enfermera y colgó.
-De acuerdo, dice que esperes diez minutos y enseguida te atiende.-
-Gracias-
Kanon fue directo a la enfermería y esperó fuera.
Al cabo de más de diez minutos, la muchacha apareció por el pasillo.
-Eres Kanon ¿verdad?- preguntó.
-Sí, estuve aquí ayer, ¿recuerda?- contestó tratando de aguantar la risa.
La enfermera se tornó colorada. Abrió la puerta de la consulta y cerró.
-Bien, ¿qué te pasa?- dijo colocándose unos guantes de látex.
-A mí nada-
La enfermera abrió los ojos al máximo.
-¿Entonces para qué me haces llamar?- reclamó enfadada.
-A ver…es que bueno…ayer me dijiste que tuviste algo con mi hermano gemelo ¿verdad?-
La joven asintió escéptica.
-Seré directo ¿a ti te gusta mi hermano? Quiero decir…si te gusta para algo más que un polvo de una noche-
Ella se quedó callada unos instantes mientras meditaba la respuesta.
-La verdad es que…hay algo entre él y yo, si te soy sincera. De hecho, anoche íbamos haber cenado juntos, pero tuvimos que cancelarlo porque me dijo que le había surgido una videoconferencia con su jefe y no podía retrasarlo-
Kanon se quedó estupefacto. Las mentiras de su hermano eran elaboradas.
Carraspeó algo incómodo
-Bueno, parece que él siente algo por ti también, y me da pena que no pudiérais estar anoche juntos. Por eso tengo esta llave, la de su habitación…¿qué te parece si le das una sorpresa antes de trabajar? Aún te queda poco más de una hora- insinuó a la enfermera.
La joven se ilusionó y sin pensarlo sonrió alegremente mientras cogía la llave que le tendía Kanon.
-¿En serio dice que siente algo por mi? ¡Es maravilloso! Muchísimas gracias…ehm…-
-Kanon-
-Eso, Kanon- sonrió agradecida.
Acto seguido se atusó el cabello y salieron de la enfermería.
Cuando llegaron al pasillo de las habitaciones, Kanon se apoyó en la puerta de su cuarto.
-Bueno, os dejo a solas. Pasadlo bien- dijo guiñándole un ojo, mientras cerraba la puerta.
La joven tosió e introdujo la tarjeta en el cuarto de Saga.
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Camus se levantó de la cama con ojeras desmesuradas. Shaka, madrugador como siempre, se puso a hacer estiramientos antes de practicar yoga.
-Vaya cara tienes ¿no has dormido nada?- preguntó.
-Qué va…no he dejado de tener pesadillas con la camarera esa loca-contestó el francés mirándose al espejo. Chasqueó la lengua y retiró pielecillas muertas de los brazos.
Dohko emitió una risa.
-Pero si es un encanto de mujer, quejica-
Camus se giró con los ojos enrojecidos.
-Si la conocieras, no dirías que es un encanto- musitó tenebrosamente.
-¿Pero qué hizo para que te de tanto miedo ahora?- dijo Shaka curioso.
-Anoche estaba con Aldebarán…y en un momento dado me agarró del brazo, llevándose un trozo de piel muerta. Pues según me dijo Alde, la señora olisqueó ese pedazo de piel y se lo guardó en el delantal-
Dohko y Shaka se miraron asombrados.
-Eso es macabro…a ver si te va a hacer vudú- musitó Dohko. Shaka le miró con reproche.
-Deberías hablar con ella Camus, y zanjar el asunto antes de que vaya a más. Si te da mal rollo, entonces llama a recepción para pedir que no sea ella quien suba el desayuno. Si aún así continúa acosándote, deberías pedir al director o directora del centro que le de un toque de atención- aconsejó el indio.
Camus fue a responder cuando se escucharon unas voces del cuarto de al lado.
Los tres caballeros abrieron la puerta alarmados.
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-¿Quién está vociferando a estas horas?- exclamó Mü, que se levantó con taquicardia.
Aioria tenía el pelo alborotado y se levantó de un salto hacia la puerta. Milo permaneció tumbado en su cama con las manos detrás de la cabeza.
- Que tranquilo estás ¿no tendrás tu algo que ver, verdad?- preguntó Mü.
El escorpión aguantó la sonrisa.
-No, yo no sé...-
-Al loro tíos, la que se va a liar aquí- dijo Aioria susurrando.
Los otros dos saltaron de sus camas y se asomaron a la puerta.
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Aldebarán abrió la puerta de su cuarto y se asomó. Vio a sus vecinos de enfrente escudriñando, y a lo lejos a Dohko, Camus y Shaka asomados también.
Aioros se llevó las manos a la cabeza mientras se asomaba.
-Puta resaca…¿pero qué diantres pasa?-
-Hay movida…-musitó el brasileño.
Shura se acercó a la puerta. Aioros se giró y al cruzarse las miradas, ambos se sonrojaron y el español carraspeó.
-¿Saga y Kanon de nuevo?-
Aldebarán negó con la cabeza.
-Una joven está cargando contra Saga. Qué carácter…-
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-¿Qué has liado ahora Kanon?- exigió Afrodita agarrando del cuello de la camiseta al gemelo.
-Pero si no he hecho nada, lo juro- dijo poniendo cara lastimera.
El sueco soltó a su compañero y se acercó a la puerta.
Kanon sonrió perversamente mientras fue a encerrarse al baño.
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Deathmask caminaba por el pasillo silbando alegremente. Cuando estaba llegando hacia las habitaciones de sus compañeros, se quedó parado al verlos asomados en las puertas.
Los gritos eran cada vez más audibles y fue a refugiarse en la habitación de Aldebarán, Shura y Aioros.
-¿Quién es esa y por qué grita?- preguntó a sus compañeros.
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-¡ERES UN HIJO DE PUTA, CABRÓN, OJALÁ TE PUDRAS EN EL INFIERNO!-
La enfermera estaba histérica.
Saga mantuvo la frialdad mientras aguantaba el chaparrón de insultos y trataba de calmar a la joven. La agarró de los brazos.
-¡TE ODIO, NO QUIERO VOLVER A VERTE JAMÁS!¡CAPULLO!- dijo golpeándole el torso desnudo al caballero de Géminis.
-¡Ariadna espera, escúchame!- pidió Saga, agarrando de las muñecas a la joven.
Ella se zafó de su agarre y se marchó llorando por el pasillo.
Saga miró a sus compañeros que observaban la escena incrédulos.
-Mierda…- musitó mientras salía corriendo detrás de la muchacha.
Cuando Kanon apareció en el marco de la puerta de su cuarto, todas las miradas apuntaron a él.
-Esta vez, no he sido yo- se excusó.
La rubia y la pelirroja con las que se había acostado Saga, salieron de la habitación aturdidas.
-¿Qué?¿Nos vamos a desayunar al bar todos juntos?- propuso Dohko.
Todos asintieron y se prepararon.
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Saga alcanzó a la joven, pero ella se escurrió dentro de la enfermería y cerró la puerta.
El caballero de Géminis suspiró.
-Por favor Ariadna, escúchame, esto ha sido un malentendido, te lo puedo explicar. Ábreme-
La joven se secaba las lágrimas con una gasa.
-No hay nada que explicar, esas dos…rameras estaban contigo en tu cama. No soy idiota. Vete por favor, quiero estar sola-
Saga se pasó la mano por la melena azul.
-Vale, sí, me acosté con ellas. Pero no fue porque quisiera. Te lo juro. Déjame entrar y te lo explico-
La joven no respondió. Saga la oía sollozar a través de la puerta.
-Ariadna…por favor…-un par de lágrimas se deslizaron por sus mejillas.
-Pues hasta que no me abras, no pienso moverme de aquí. Y me da igual estar ocho horas esperando-
La enfermera finalmente abrió la puerta. Saga se secó las lágrimas y miró a la joven.
Ella tragó saliva e hizo pasar al caballero.
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Los caballeros habían pasado la mañana en la piscina termal.
Tras haber comido, se dirigieron en piña a la exterior.
-Aioros, ¿te vienes con Shura y conmigo a hacer una carrera?- preguntó Mü.
El caballero de Sagitario negó con la cabeza.
-Tengo algo de resaca…creo que anoche bebí demasiado y no me encuentro con fuerzas para competir-
Shura esquivó las miradas de su amigo y se marchó con el lemuriano. Aioros suspiró pesadamente.
Mientras tanto, Camus al fin podía disfrutar de la piscina. Sonreía feliz de poder estar en el agua.
-Ni se te ocurra congelarla- pidió Aioria.
Milo se acercó a su amigo.
-Vas dejando restos por ahí- dijo retirando una nueva capa de piel muerta. El francés le dio un manotazo-
-Deja de quitarme piel, y no la tires por ahí, recógela-
-¿Que haga qué?- preguntó sorprendido Milo.
-Que recojas ese trozo que me has arrancado y me lo des-
-¿Para qué quieres guardar esas pieles? Qué asco- replicó el griego.
-Es por la señora que me acosa…si no recojo yo mis pielecillas, las recoge ella y se las guarda…y a saber qué hará con ellas…-
-A ti la insolación te ha afectado al cerebro- contestó Milo.
Aldebarán se sentó en una silla a comer un bocadillo. Al verlo, Camus lanzó un ataque y el bocadillo quedó encerrado en un cubo de hielo. El brasileño miró con pena su comida congelada.
Afrodita se untaba la piel con crema solar.
-¿Y bien Deathmask? ¿Quién era ella?-
-¿Quién?-
El sueco resopló.
-¿Quién, quién? Pues quién va a ser, la chica con la que estabas anoche-
-Ah…esa…una que conocí en la fiesta- respondió sin dar importancia.
-¿Cómo se llamaba?-
-No sé, no me acuerdo-
-¿Pero cómo que no te acuerdas?¿Te acuestas con tías y no sabes su nombre?-
-Bueno yo que sé…no me interesa su nombre, sólo quiero sexo y punto.-contestó molesto el siciliano.
-Bueno, tampoco era para tanto…poca mujer- juzgó el sueco.
Deathmask miró a su amigo.
-¿Estás celoso?- preguntó inquisitivo.
-No-
Afrodita trató de sonar convincente.
-Estás celoso, te fastidia que me acueste con mujeres- exclamó Deathmask.
El sueco se tornó rojo como sus rosas.
-¡Eso no es verdad! ¡Me da igual con quién te acuestes!-
El siciliano reía a carcajada limpia mientras continuaba picando a su amigo.
Shaka meditaba en el césped junto a Dohko.
Unos silbidos les desconcentraron. Un grupito de jóvenes saludaba coquetamente al caballero de Virgo. Éste las ignoró y siguió a su rollo.
Pero las muchachas volvieron a la carga. Dohko saludó a las chicas.
-Eh guapas, ¿por qué no venís a meditar conmigo?-
Shaka abrió los ojos aterrorizado ante la idea.
-Que no viejales, que podrías ser nuestro abuelo. Es usted un viejo verde, nosotras queremos a tu acompañante- replicaron.
El indio se disgustó.
-¿Que soy un qué? ¡Ya veréis un día de éstos, ya veréis! ¡Os arrepentiréis de vuestras palabras!- exclamó Dohko visiblemente afectado.
Las jóvenes se levantaron y se cambiaron de lugar.
-Shaka.- llamó el anciano.
-Dime Maestro-
-¿Tú no podrías…?- y Dohko formuló la pregunta en voz baja. Shaka abrió los ojos completamente.
-Ni de broma, y menos para esas intenciones- fue la respuesta tajante del indio.
-Por favor…aunque sólo sea una hora- pidió el anciano.
Shaka se mantuvo en sus trece.
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La noche había caído sobre el balneario, y tras una ligera cena los caballeros se ocultaron en sus respectivos cuartos para dormir.
Saga estaba acompañado en su cuarto, de Ariadne. Los dos en la cama, desnudos, tras una intensa sesión de sexo.
Ella tenía la cabeza apoyada en los abdominales del caballero de Géminis, mientras él acariciaba el cabello de la joven delicadamente. Las manos izquierdas de ambos jóvenes estaban entrelazadas.
-Entonces ¿qué me dices?¿Vas a ayudarme?- la pregunta que había formulado esa mañana en la enfermería a Ariadna, exigía una respuesta.
Ella suspiró.
-Sí, te ayudaré-
Saga sonrió de medio lado y se reclinó sobre la muchacha. Ella se incorporó para encajar sus labios con los del griego.
NOTAS:
Capítulo ajetreado, pero al fin lo he terminado. Espero que os haya gustado, y como siempre, contesto por MP.
¡Un saludo a todos mis lectores!
